[Col}– Los cuidados de una abuela canaria / Estela Hernández Rodríguez

17-07-2009

¿Quién, cuando es niño y se enferma, no tiene a su lado la presencia de su abuela, a la que tanto quieren los nietos ya sea por su complacencia o por su excesivo cariño hacia nosotros?

Pues sí, en esos momentos de mi niñez también mi abuela Lola jugó un papel fundamental. En más de una ocasión pude palparlo, y aunque yo, gracias a Dios, no era muy enfermiza, pues de mis tres hermanos era la más fuerte, también pude conocer de sus cuidados.

La autora, Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba).

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Un remedio canario para bajar la fiebre

Siempre recuerdo cómo mi abuela me bajaba la fiebre, pues todavía guardo esa forma suya de hacerlo y que mis padres le respetaron.

En el torbellino de la fiebre que me ardía en todo el cuerpo, la veo frente a mí con el paño blanco y aquellas hojas de naranja derritiendo el cebo de carnero encima de ellas —ya fuera con una vela prendida o con un simple fósforo o con lo que apareciera en ese momento— a lo que le agregara polvo de café. Lo importante para ella era ponerme esa cataplasma en la planta de mis pequeños pies para bajarme la fiebre.

Aunque eso no iba más allá de un fuerte calor en éstos, cada vez que me acuerdo de aquel momento se me pone la carne de gallina.

Lo cierto es que era una costumbre canaria y mi familia no podía pasar por alto esa tradición. Además, mi abuela era también la isleña mayor, que aplicaba sus conocimientos y, en verdad, daban resultado, pues nunca me pasó nada malo. Al contrario, al final se me bajaba la fiebre; quizás por el susto, pero la fiebre se iba. No aconsejo hacer eso; yo sólo recordaba nada más las tradiciones de mi abuela canaria Lola.

Claro, ahí no paraba la atención, pues durante la enfermedad, o sin ella, me cargaba, y además de las historias que me contaba, pues también me cantaba: Pero de todas las canciones me gustaba mucho una relacionada con un niño que se estaba enfermo de sarampión.

Pepito tenía un caballo
color castaño,
para su hijito,
que está malito,
¡ay, ay, ay! del sarampión.
Que está malito,
¡ay, ay, ay! del sarampión.

Era una tonada traída de El Paso, cortica pero que se pegaba. A mí me gustaba y se la hacía repetir una y otra vez, hasta que me dormía.

Luego, todos en la casa, como tradición, se la cantábamos a los más pequeños.

También recuerdo que estuviera yo enferma o no, todas las noches mi abuela me cargaba y me dormía en un sillón, tendría yo unos cinco o seis años. Pero antes me preparaba un poco de agua tibia con azúcar, que me ponía en una botella de refresco vacía y con una tetilla, como biberón, que se usaba entonces, sin más roscas ni nada, y adornada de hermoso pomo como se hace en la actualidad.

Aunque pasara por la casa el vendedor de pocicles —como le decíamos al helado de paleta1, de marca Guarina, que vendía un señor que halaba de un carrito— y aunque se oyeran desde lejos las campanadas que anunciaban su entrada en el barrio, para mí lo importante era mi agua con azúcar, pues ésa no podía pasar por alto. Hasta que no la tomaba y me mecía abuela en el sillón, yo no me dormía.

Cosas de muchachos. Ahora pienso que sólo esa complacencia la hace una abuela y para mi orgullo, mi abuela canaria.

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(1) Especie de mango, generalmente plano, por donde sujetar ese tipo de helados.

[*Otros}– Despierta el Gran Telescopio de Canarias (GTC), el mayor cazador de galaxias

19/07/2009

Rosa M. Tristán

"El Gran Telescopio de Canarias (GTC) es un milagro, el reto que muchos consideraban imposible". La euforia del director del Instituto Astrofísico de Canarias, Francisco Sánchez, reina en todo el sector astronómico español.

Aunque el próximo viernes, día 24, los Reyes inauguran la que es la mayor instalación científica del país, las lentes de este telescopio vieron la primera luz hace ya dos años, y desde marzo ya se han producido importantes hallazgos gracias a su espejo que, con 10,4 metros de diámetro, es el más grande del mundo y una herramienta competitiva para los astrónomos españoles, cuya evolución numérica ha sido espectacular, pues en 30 años han pasado de la veintena a más de 600 investigadores".

Telescopio

El Gran Telescopio Canario, sobre el mar de nubes de La Palma. / EFE.

El GTC sitúa a España en la vanguardia científica internacional y supone un elemento dinamizador del progreso económico y social de las regiones en las que se ubica.

Una década ha tardado en ser realidad lo que era un sueño de los astrónomos canarios; un artefacto, heredero de aquél que inventó Galileo hace 400 años, que es capaz de ver los orígenes de las primeras galaxias y estrellas. Sánchez lo define como "Una máquina que viaja en el espacio y el tiempo y que nos ayudará a buscar planetas similares al nuestro, gracias a una óptica adaptativa [corrige las turbulencias de la atmósfera] que permite ver con un detalle impresionante los objetos estelares".

Artículos sobre el mismo tema:

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Situado en el Roque de los Muchachos, en la isla canaria de La Palma, el GTC comenzó a fraguarse hace más de una década. Desde el principio se pensó en dotarle con el mayor espejo primario del planeta, que se realizó segmentado en 36 piezas perfectamente engranadas, y con los instrumentos más sofisticados. Su costo, 130 millones de euros, se lo han repartido entre el Gobierno central y el autonómico, con una pequeña participación, internacional (un 10%), de México y EEUU.

Últimos ajustes

Desde que en 2007 vio su primera luz, los expertos se han dedicado a ajustar las sofisticadas lentes, un arduo trabajo que aún no ha terminado. De hecho, aún hoy, la mitad del tiempo de observación se destina a estos trabajos, entre los que está el problema pendiente de que se abra toda la cúpula. En el resto del tiempo se hace ciencia.

En los tres últimos meses ya se han llevado a cabo siete investigaciones con el único instrumento científico instalado hasta ahora en uno de los focos. Se trata del espectógrafo Osiris, desarrollado en colaboración con la Universidad de México, que capta ondas electromagnéticas. El siguiente será la cámara CanaryCam, que será capaz de medir los objetos más fríos del Universo y ya está a punto de instalarse. Los otros dos espectógrafos, de segunda generación, estarán disponibles a partir de 2012.

Sin esperar al corte regio de la cinta, un acto al que acudirán 500 invitados, los astrónomos se han puesto las pilas. José Miguel Rodríguez, director científico del Gran Telescopio, asegura que han recibido ya unas 80 peticiones en el último semestre, propuestas de observación que son seleccionadas por un comité que evalúa si se trata de proyectos viables.

Una vez aprobados, el personal técnico del GTC realiza las observaciones, tal como les indican los científicos, y les envían los resultados. Adiós a la vieja imagen de Galileo mirando por su primitiva lente. Ahora, los grandes hallazgos se hacen a miles de kilómetros de las instalaciones.

Rodríguez confía en que "Esta herramienta, que es de las más avanzadas por el tamaño de su lente y su calidad, nos sitúa como líderes mundiales en Astronomía, donde hoy ocupamos el octavo lugar".

Los logros del GTC

Las expectativas sobre los hallazgos que puede hacer el Gran Telescopio Canario se están cumpliendo. Sólo ha estado cuatro meses haciendo ciencia con él y ya ha dado muestras de su capacidad en varias investigaciones, que han empezado a publicarse. Éste es el caso de la detección de un brote de rayo gamma que se produjo el 4 de abril por una colisión entre dos estrellas de neutrones de una galaxia muy lejana de la nuestra.

En esa búsqueda incesante de mundos similares al nuestro que puedan albergar vida, otra de las observaciones que se está realizando es el estudio de la atmósfera de planetas que orbitan en otras estrellas. Gracias al GTC no sólo se ven los tránsitos de ese planeta cuando pasa por su sol, sino que se mide la luz que absorbe su atmósfera, y así se determina su composición química.

Precisamente la búsqueda de exoplanetas, de los que se han localizado ya 353, es una de las demandas “estelares” del Gran Telescopio de La Palma.

Otro fenómeno que se ha observado es la llamada mancha fría del fondo cósmico de microondas. Este fondo es el equivalente a un fósil de la creación del Universo, es decir, la radiación remanente de la gran explosión del ‘Big Bang’. Y la mancha fría es una pequeñísima fluctuación de temperatura cuya explicación aún es un misterio.

Entre estas primeras investigaciones también está la búsqueda de enanas marrones y pistas sobre la formación de las estrellas.

El Mundo

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Fray Pedro de Bethencourt

El venerable religioso de quien vamos ocuparnos nació en el pueblo de Vilaflor de la isla de Tenerife.

Fue Pedro de Bethencourt el fundador de la Orden de Betlemitas, de los hospitales de caridad y de los primeros institutos de enseñanza gratuita de Guatemala.

Los betlemitas pertenecieron a una congregación de religiosos que existió en Inglaterra hacia el año 1257, pero se tienen muy pocos datos acerca de esos monjes. Lo que se sabe con toda certeza es que su hábito se diferenciaba del de los dominicos por una estrella roja de cinco puntas en cuyo centro se destacaba un diminuto disco de color azul en memoria de la misteriosa estrella que condujo a Belén a los Reyes Magos de Oriente.

Un autor dice que esa institución no llegó a ser muy conocida, que sólo lo fue la instalada por los hijos de las Canarias para cuidar a los enfermos, «sobre todo la fundada por Pedro de Bethencourt, gentil hombre de Cámara, que nació en 1619 de una familia noble del pueblo de Vilaflor, el cual instaló en Guatemala un "Hospital de Canarias", un convento y una escuela gratuita para enseñanza de los pobres, bajo la vocación de Ntra. Sra. de Belén».

De manera que dejamos comprobado que fray Pedro de Bethencourt fue el primer apóstol de la caridad, propagandista sapientísimo de la enseñanza gratuita en Centroamérica.

Otro distinguido cronista refiere la vida y hechos de este hijo de las Afortunadas en la forma siguiente:

«El piadoso varón cuya vida de abnegación y virtudes vamos a referir vio la luz por vez primera en el pueblo de Vilaflor de Chasna, de Tenerife, el 16 de marzo de 1619. Fueron sus progenitores Amador Bethencourt y Ana García. Poco refieren las crónicas de aquel tiempo de los primeros pasos de este humilde siervo de Dios, los cuales transcurrieron en la obscuridad más completa y a cargo de una tía en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Se sabe que aprendió latín en el convento de franciscanos de aquella ciudad, y que desde muy temprano se entregó al estudio de los Santos Padres. Sirvió algunos años en el citado convento, ejercitándose con frecuencia en obras de caridad. Visitaba diariamente el hospital y se ofrecía siempre a cumplir los trabajos más humildes y las obras más serviles, con tal de que fueran en alivio de la humanidad doliente. Pero este hijo benemeritísimo de las Canarias maduraba en el fondo de su corazón lo que pudo más tarde poner en ejecución.

Comprendió desde luego que su patria natal no era el teatro a propósito para establecer con sólidas bases el benéfico instituto que se proponía fundar. Era preciso ante todo contar con hombres decididos a sobrellevar con valor y constancia una vida de abnegación y pobreza, y se propuso encontrar en América los elementos necesarios a su proyecto.

Embarcose, pues, con este propósito en abril de1650 para Veracruz. Recorrió los principales estados de México, dirigiéndose más tarde a Guatemala, en cuya ciudad se estableció fundando en 1655 su Instituto de Hospitalidad y Enseñanza Gratuita de primeras letras.

Auxiliado el venerable Pedro de Bethencourt por otros virtuosos compañeros, rehusó con singular modestia el título de prefecto general de la Orden de Betlemitas que acababa de fundar, pero fueron vanas sus razones. La orden crecía y los pueblos de esas comarcas la acogían con entusiasmo por entonces, siendo aprobada en 1674 por el Papa Clemente X, confirmándola después — así como sus capitulares— el 26 de marzo de 1687, el Pontífice Inocencio XI, señalándole la regla de San Agustín.

Durante doce años estuvo al frente de su congregación el celoso hijo de Vilaflor, desempeñando su delicado ministerio con grandes ejemplos de virtud. Propagó la enseñanza entre los pobres indios e hijos del pueblo, y cuidó con mucho esmero de los hospitales que se hallaban a cargo de la orden; Pero mucho más habría hecho el bondadoso tinerfeño si una enfermedad aguda no hubiera venido a privarle de su preciosa vida el 25 de abril de 1667. Cuarenta y ocho años tenia el venerable Pedro de Bethencourt cuando la humanidad lo perdió.

La forma de su virtud, de su caridad sin par, de sus constantes desvelos en beneficio de los pobres y enfermos, de su particular abnegación, de su excesiva humildad, hizo que el 30 de junio de 1771 el Papa Clemente XIV, por un decreto firmado y publicado en la Sacristía de los Doce Apóstoles, declarase que el venerable hermano siervo de Dios, Pedro de San José Bethencourt, fundador de la Orden de Betlehemitas, era virtuoso en grado heroico, lográndose poco después su beatificación.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Silvestre Balboa de Troy Quesada

Este ilustre poeta era natural de Las Palmas. Llegó muy joven a Camagüey, avecindándose en la ciudad de Puerto Príncipe hasta su fallecimiento, acaecido el año de 1620.

El ano 1608 escribió un poema épico en octavas, titulado Espejo de Paciencia, tomando por asunto, como dice Calcagno, algunos hechos históricos de la isla de Cuba, ensalzando el valor de Salvador Colomón, negro esclavo de Bayamo, que en 1604 fue el héroe principal de la refriega que dieron los bravos bayameses, capitaneados por Gregorio Ramos, a quien dio muerte y a quien el poeta canta en esta forma:

       ¡Oh! Salvador, criollo negro honrado,
       vuele tu fama y nunca se consuma
       que en alabanza de tan buen soldado
       es bien que no se cansen lenguas ni plumas.

El poema ha desaparecido, lo cita Morell de Santa Cruz en su Historia de la isla y catedral de Cuba. Pero el nombre del esclarecido literato Balboa no desaparecerá nunca, pues la historia de Cuba lo consagra en una de sus mejores páginas.

[*Otros}– Nuestra Señora de Candelaria, Santa cruz de la Palma

Nuestra Señora de Candelaria y su almenada e histórica ermita en el pago de Mirca. Santa cruz de la Palma

José Guillermo Rodríguez Escudero

Esta bella y acicalada ermita, ubicada en el pago capitalino de Mirca, que costeó de su propio caudal el Maestre de Campo de las Milicias Insulares y Alguacil Mayor de La Palma, don Andrés Maldonado, la dedicó a Nuestra Señora de Candelaria, San Andrés — patrono del fundador— y San Bernabé.

Después del pueblo norteño de Tijarafe, el pago santacrucero de Mirca consagró el segundo templo palmero a la Purificación de María.

 

El caballero fundador de la ermita, Andrés Maldonado, fue un acaudalado comerciante que había hecho una enorme fortuna mediante el tráfico de vinos y esclavos. Otorgó en 1626 poder en razón del pleito que seguía contra los bienes y herederos de Gaspar González de los Reyes, “que pereció en la mar viniendo de La Hauana para España, por naufragio que le subçedió, por ayer cobrado el proçedido de las pipas de vino, esclavos y otras cossas míos propios que los reçebió, vendió y administró”.

Así mismo fue mayordomo de fábrica de la Iglesia Parroquial de El Salvador de esta capital bajo cuya administración se construyó la magnífica capilla mayor. También lo fue de la casa-hospital, entre 1603 y 1610, a la que donó en 1614 una cruz de plata que había costado en Sevilla 1.650 reales.

Después de acabar con la construcción de la ermita, en unos terrenos de viña que poseía en una hacienda de Mirca, el provisor del Obispado, el licenciado Ruiz de Alarcón, “hallándose decente”, autorizó y dio licencia para la celebración de la misa el 3 noviembre de 1626. Lorenzo Rodríguez, alcalde constitucional de la capital palmera, escribe que fue el mismo día y mes pero distinto año: 1623.

Para celebrar en ella, fundó una capellanía perpetua de una misa todos los domingos y señaló de limosna 3 reales y medio por cada una, para lo que destinó el importe de dos tributos. Así lo dejó escrito en su testamento, otorgado en 1629, a fin de atender las necesidades espirituales de los vecinos. Fue servida regularmente por los religiosos franciscanos.

Juan Bautista Lorenzo, en su obra Noticias para la historia de La Palma, explica: “El Don Luis Maldonado, primer patrono de esta ermita, agregó este patronato a la vinculación que hizo del décimo de Argual. Testamento ante Juan Alarcón en 2 de Mayo de 1659”.

Como en la partición de sus bienes no se hallaron bastantes para la ejecución de este legado, puesto que los tributos asignados habían tenido que darse en pagamento de ciertas deudas, los partidores señalaron la cantidad de 4.000 reales para que, con los 200 que rentasen, se pagaran 182 por las misas y los 18 restantes para los reparos del templo. Con este cargo se adjudicó la hacienda de Mirca a María Maldonado y Monteverde, esposa del genovés Juan Ángel Poggio, Maestre de Campo de La Palma.

El patronato de esta ermita recayó con posterioridad en sus herederos, los Poggio Monteverde, quienes disfrutaron desde 1679 del privilegio de poseer oratorio privado en las casas de la hacienda. Fue concedido por el Papa Inocencio XI al licenciado Juan Bautista Poggio Monteverde –el célebre poeta y dramaturgo- y a su hermana Petronila Poggio a título de nobleza y enfermedades.

Ambrosio Poggio, descendiente también de Luis Maldonado, es inicialmente confundido por Lorenzo Rodríguez, como el fundador de la ermita. Más tarde corrige este error donde también amplía que Poggio, patrono también de la iglesia, fundó allí una capellanía de misas rezadas en los domingos del año.

La ermita pasó por momentos de ruina y abandono. Tal es así que en 1672 se encontró “muy maltratada y caídas en parte las paredes, de suerte que no se podía celebrar en ella”.

Tras una serie de actuaciones y mejoras, en 1681 el célebre licenciado Juan Pinto de Guisla, Visitador eclesiástico, la halló “de mejor calidad, pero el suelo sin ladrillar, como a estado siempre desde que se fabricó, excepto la peana del altar”.

Sobre las celebraciones que se hacían en honor de la Virgen, concretamente en el día de la Purificación, “por su deuoción, nombrando para cada año dos o tres que cuiden de dicha fiesta con mayordomos y se haze con sermón y procesión con la ymagen de Nuestra Señora de Candelaria, que es de talla, en andas…”.

El sacerdote recibía, según se cuenta en 1733, “dos ducados y la cera del altar, para lo cual esta se labrada tan delgada que se faltaba a la decencia”.

La querida y venerada imagen de la Virgen de Candelaria es una pequeña talla de madera dorada y policromada del primer tercio del siglo XVII, a la que se adorna con ampulosos ropajes y gran manto, joyas, corona imperial, una vela bellamente decorada, etc. Es coetánea de la consagración del recinto y, junto con el Niño Jesús que porta en su brazo izquierdo es, sin duda alguna, su pieza más valiosa.

Las fiestas en honor a la Patrona de Mirca se celebran todos los años en su onomástica, 02 de febrero, siendo éstas de un marcado carácter religioso.

A principios del mes de julio tienen lugar las Fiestas Mayores, con un amplio programa de festejos, en el que se incluye la Romería de San José, verbenas, actuaciones folklóricas, actos deportivos, culturales, fuegos artificiales, etc. Es en esta época del año cuando hay más visitantes y es cuando los jóvenes estudiantes del pago capitalino regresan para disfrutar de sus vacaciones. También hay un mejor clima que en febrero, para así desarrollar los actos sin los incidentes que pueden ser producidos por las lluvias y el viento.

En la demarcación del Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, además de esta Parroquia, existían otras dos iglesias en los términos de Mirca, la de Nuestra Señora de Candelaria, y en Velhoco, la de San Vicente Ferrer. Sus respectivos vecindarios, con el apoyo del Rector del Santuario de Las Nieves, don Pedro Manuel Francisco de Las Casas -iniciador entusiasta de ambas instituciones-, elevaron solicitud al Sr. Obispo de la Diócesis Nivariense para la concesión de tales fundaciones. El prelado, don Luis Franco Gascón, respondió positivamente mediante decreto episcopal fechado el uno de febrero de 1977, Víspera de la Onomástica de la Virgen de Candelaria.

Junto a la carretera y en un agraciado recinto almenado —ampliado recientemente como plaza— la ermita de Candelaria, como la inmensa mayoría de las de La Palma, dispone de espadaña, en este caso con dos campanas y balcón, aquí techado, sobre la puerta principal. Entre 1978 y 1981 se llevó a cabo la reconstrucción de la única nave. Cuenta con sacristía, despacho y dispensario para los vecinos, responsables de la restauración y mejoras interiores, como las cubiertas de madera y el coro.

Podemos admirar en su interior dos óleos de escuela francesa de fines del siglo XVIII en los que se representan a San Andrés y San Bernabé, ambos pintados de medio cuerpo, y que son obra del pintor neoclásico francés Luis Le Gros, residente en Tenerife entre 1796 y 1827.

San Bernabé, que viste túnica y palio como los apóstoles, aparece con un semblante asustadizo, mirando con grandes ojos abiertos hacia su derecha y empuñando un cuchillo. Este atributo personal no es muy frecuente en la iconografía del santo. Se cree que, después de haber sufrido el tormento del fuego, fue decapitado hacia el año 61. Se le suele presentar sosteniendo el Evangelio de San Mateo en la mano, con el que, según la leyenda curaba a los enfermos. También una lanza, cuerda al cuello, sobre la hoguera… Incluso el arte medieval lo llegó a representar con piedras en la mano, con un hacha o cruz… pero no con un puñal.

La ermita posee también un escaño de madera con la fecha 1696 y los nombres de sus donantes, Carlos y Andrés Tadeo, éste último mayordomo del convento de Santa Clara en 1704 y arrendador del estanco de tabaco entre 1707-1709.

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BIBLIOGRAFÍA:

• FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves. León, 1980

• FERRANDO ROIG, Juan. Iconografía de Los Santos. Ediciones Omega, Barcelona, 1950

• LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma. La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1985

• PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma. Madrid, 1995

• PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una ciudad. CajaCanarias, Santa Cruz de La Palma, 2000

[Col}– El gofio en casa de mi abuela Lola / Estela Hernández Rodríguez

21-06-2009

El gofio en casa de mi abuela Lola

Todo en los descendientes canarios se hace costumbre, y de ello podemos hablar cuando tratamos el tema del gofio. ¿Quién de ellos no conoce este alimento que en ocasiones saboreamos en distintas formas y usos?

Su recuerdo lo asocio con Caimito del Guayabal, un municipio de la provincia de La Habana, donde por una mala situación económica fue a vivir toda la familia, incluyendo a mi abuela Lola, quien siempre nos acompañaba en las buenas y en las malas, y es por eso que allí también estaba ella, junto a nosotros.

Bueno, a decir verdad, eran tiempos muy duros y no de color de rosa. Estaba la dictadura de Fulgencio Batista y había que mudarse de uno para otro lugar a probar suerte, pero ésta parece que se había peleado con nosotros, pues no tocaba a la puerta de nuestro hogar.

Hay quien dice que la suerte la buscan los fracasados, pero “de vez en cuando un poquito de ella no vendría mal”, decía mi abuela canaria.

Por aquellos tiempos, en el año 1951, en la calle La Vereda de esa región había un molino de gofio de trigo cuyos dueños eran de apellido Sosa, también canarios y de El Paso, como mi abuela, y muy amigos de la casa.

Me contaba mi mamá que una amiga de ella, de esa familia Sosa, le había hecho su vestido de bodas, sencillo como los que se usaban en aquella época. Así me dio la impresión cuando vi el retrato una mañana en la que mi progenitora nos lo enseñó, entre muchos, para atraer la atención de mi hermana y la mía cuando estábamos un poco majaderas.

En esos momentos los padres sacan a veces los retratos viejos, y es una buena técnica psicológica, pues se logra acaparar la atención de los pequeños hasta llegar a tranquilizarlos.

En la foto se veía mi mamá junto a mi papá, muy bonita con el fino vestido blanco y sin ese detalle de los colores de ahora, pero no por ello dejaba de ser una muy buena foto de estudio. Mis ojos veían luego otra de las tantas en que aparecía mi abuela, sentada, y mi abuelo Sebastián Rodríguez, un hombre alto y robusto, de pie al lado de ella, y así, una más que otra, iban apareciendo hasta llegar al final de todas. Eran momentos inolvidables.

Pero volviendo al gofio, a abuela Lola le gustaba mucho comprar el que vendían los Sosa, pues no tenía nada de maíz sino que era puro de trigo —decía ella— como el de Canarias. Y como sus fabricantes eran canarios, le daba más confianza el producto que, además, vendían barato, de ahí que, de vez en cuando, pudiéramos adquirirlo.

Recuerdo que lo envasaban en latas muy bonitas, del color del trigo, que tenían el sello distintivo de sus dueños y el escudo de las Islas Canarias. Siempre me llamaron la atención aquellos dos perritos mirando hacia una corona, pues en mis pocos años infantiles no podía yo determinar lo que podrían decir aquellas figuritas, hasta que crecí y pude saberlo.

Del gofio me enseñó mi abuela a comerlo con azúcar, leche, y caldo o fabada, lo cual resulta muy nutritivo. De esta costumbre última fui criticada por algunos de la casa, que no aceptaban comer este cereal con caldos. Sólo mi madre, mi hermana y yo lo comíamos.

Pero la vida continuó, y en momentos determinados de ésta, que fueron bastante duros, y en los que empezó aquí en Cuba el período especial, a aquéllos que me criticaron no les quedó otra opción que comer el gofio escaldado, y desde entonces son buenos solicitantes del famoso plato canario, el cual, además, es muy alimenticio.

Sobre las comidas canarias no aprendí mucho, pues con la situación económica que existía en aquel entonces no se podían adquirir muchas cosas. Pero sí recuerdo a mi abuela en su taburete, único de la casa e inseparable de ella, sentada a la mesa acompañando su comida —aunque no en todas las ocasiones— con tocino y cebolla cruda.

Y de postres, una sabrosa receta de buñuelos isleños propia de El Paso.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba), 21-06-2009