[Canarias}> Jean de Bethencourt, el colonizador de las Islas Canarias que no consiguió conquistar Tenerife

16-06-2025

Á. Van den Brule A.

Jean de Bethencourt, el colonizador de las Islas Canarias que no consiguió conquistar Tenerife

En 1401, Jean de Bethencourt partió rumbo a unas islas donde la magia, el silencio y la resistencia indígena marcarían el inicio de una feroz conquista

Desde las naves normandas al servicio del rey castellano, conforme se acercaban a costa, se veía un paisaje mágico a la par que desolador. De día, una temperatura muy agradable con una brisa amable; de noche, un cielo estrellado con miles y miles de candelarias navegando por el espacio. La profundidad del cosmos era asombrosa. Y del asombro, se pasó al silencio, al silencio más absoluto. Cuando desembarcaron aquellos hombres hasta los grillos callaron; algo intuían…

Siglos antes que la expedición del faraón egipcio Necao (610—595 a.C.), en su periplo africano de este a oeste bordeando el sur de África, siguiendo la corriente de Benguela, se estima que, carenó naves en la Bahía de Arguin, en Mauritania, y tras ello, contorneó las costas del Magreb atlántico; es probable que desembarcara para hacer aguada y llevarse algunas docenas de cabras en Fuerteventura (isla en la que, por cierto, hay más cabras que habitantes autóctonos y residentes juntos). Hasta entonces, las islas Canarias vivían en el silencio del anonimato geográfico. Pero aquel ecosistema de paz y relajada existencia se vería comprometido por la eterna ambición de conquista del ser humano.

Durante un viaje a Génova, a petición de esta república mediterránea en su lucha contra los inasequibles piratas de Berbería, se enteró de la existencia de unas tierras lejanas próximas a la costa oeste de los berberiscos

Jean de Bethencourt, en su niñez, fue despojado de toda la dignidad aristocrática acumulada tras generaciones. Una rebelión normanda contra la mano de hierro del rey de Francia, Carlos VI, le había desposeído de su castillo, propiedades, muebles e inmuebles. Además de matar a su padre, lo había dejado desnudo y sin futuro.

Durante un viaje a Génova, a petición de esta república mediterránea en su lucha contra los inasequibles piratas de Berbería, se enteró de la existencia de unas tierras lejanas próximas a la costa oeste de los berberiscos. Y ahí, es donde empieza esta historia…

Rumbo a Canarias

Era el año de 1401 y para armar la expedición a Canarias, había vendido todos sus bienes y creado un club de accionistas ante la previsión de futuros beneficios. De paso, se había fundido la dote de su mujer, la cual, obviamente, tenía muchas ganas de perderlo de vista. Su buen amigo, el conde Braquemont, un gentilhombre de la corte del rey francés, se financió sus gastos para acompañar a su compinche en esta extravagante tarea, y así pusieron rumbo a un hecho que cambió la apacible historia de un formidable pueblo de gentes valientes, irreductibles y orgullosas.

‘Le Canarien’, es un famoso texto escrito por dos monjes franciscanos insertos en la expedición normanda; es una crónica de los acontecimientos sucedidos a partir de la toma a tierra de aquellas gentes europeas estupefactas ante lo que decididamente parecía otro planeta. Bethencourt y La Salle vivían pasmados ante su descubrimiento. La primera isla en la que se detuvieron fue en la Graciosa; hubo un conato de motín, pues la magia de la isla atrapó a los tripulantes. Aplacado el levantamiento con algunas monedas extra, siguieron hacia Lanzarote.

El 22 de enero de 1403, el antipapa residente en Aviñón, Benedicto XIII, declara una bula para someter a los irredentos “Majos” de Fuerteventura y que, en el caso de no pasar por el aro, sean ejecutados. Obviamente, el tema se comienza a complicar. Mientras, entre La Salle y Bethencourt surgen diferencias más que notables; el primero hizo una fuerte apuesta económica en la empresa de conquista, y el segundo fue el beneficiado por un laudo real en el que el monarca castellano falló a favor de Bethencourt. En éstas, el ya otrora amigo del normando decide abandonar la expedición y volver a Francia. Queda Bethencourt solo con una ligera guarnición en Fuerteventura.

Los dos reyes Majos (apócope de majoreros, gentilicio de los habitantes de Fuerteventura) en aquel tiempo, estaban a la greña. Los pobladores de la isla maja no llegaban a los 400 habitantes en un territorio de aproximadamente 1.660 Km² y los normandos y castellanos ya incorporados a la segunda expedición dieron el golpe de gracia a aquellos naturales que vivían de la pesca y derivados de las cabras, en un paraíso donde los haya.

Con miras a dar un salto cualitativo a sus conquistas y a su ya consolidado e indiscutible prestigio, decide ir la isla de Gran Canaria, pero eso son palabras mayores. La isla estaba habitaba a la sazón por más de 10.000 nativos con malas pulgas y una excelente organización militar. 

 Pero las circunstancias barométricas derivan a las tres naos hacia La Palma, donde, con la idea de capturar esclavos, se enfrentan con los palmeros en una formidable lucha por la supervivencia de ambos bandos. El mejor armamento castellano impone su ley. Los vientos siguen en contra de la idea de asaltar la isla, por lo que son llevados hasta El Hierro donde no tienen un buen recibimiento; en la isla de El Hierro la población numéricamente no tiene entidad, por lo que, o se convierten al cristianismo, plan A, o salen encadenados a los mercados de esclavos de Berberia. La elección está clara: los Bimbaches (Herreños) se rinden y los que no pasan por las Horcas Caudinas lo llevan crudo.

Hoy se sabe —antes se suponía, según las crónicas de Le Canarien— que Tenerife, la llamada Isla del Infierno, por la demostrada ferocidad de los guanches, nunca pudo ser invadida por Bethancourt. Esta espina clavada en su historial militar se la llevaría a la tumba tras habitar durante 63 años este extraño planeta. Más tarde, Castilla remataría la faena tras una ardua lucha contra unos guerreros imposibles. Hoy, España goza de este lujo mágico llamado Canarias.

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[Col}> Qué es el cielo / Soledad Morillo Belloso

13-06-2015

Soledad Morillo Belloso

Qué es el cielo 

Dicen que el cielo guarda la forma de los recuerdos, que en su azul inmenso se reflejan los días luminosos, las horas en que la felicidad era tan sencilla como sentir  el viento en la cara o permitirse la risa que no pide permiso.

El cielo es el espejo de mi infancia, de los días en que correr no era un escape sino un juego. Es la luz dorada sobre la plaza donde aprendí a esperar, es la brisa que acarició mi piel en esa ciudad donde amé por primera vez.

A veces, al mirar hacia arriba, creo reconocer una sombra, una textura, un matiz único que me pertenece. Veo un rincón de nubes donde aún resuena aquella canción, una grieta de luz en la tarde que tiene el color exacto de un atardecer.

El cielo no es sólo el techo del mundo, es el guardián de las emociones que me marcaron. Y cuando lo miro con los ojos de la memoria, descubro que en algún rincón de su infinito azul aún brilla el lugar donde fui feliz.

El cielo no es sólo un manto azul suspendido sobre mi cabeza. Es un espejo de mi memoria, un reflejo de los lugares donde la felicidad alguna vez me tocó con su suave aliento. No es un espacio distante, es un umbral. Y cuando lo miro con nostalgia en la piel, me doy cuenta de que guarda la forma de días luminosos, la textura de ciertos  momentos en que el tiempo no pesaba sobre mis hombros.

El cielo es mi infancia desparramada en el horizonte, la luz dorada que acariciaba el jardín donde aprendí a correr sin miedo. Es la brisa del primer beso de amor, un coro de voces lejanas que aún escucho cuando sopla el viento. Es el azul profundo que cubría esas  noches cuando mi mundo era pequeño y el futuro un murmullo muy lejano.

En su inmensidad, se esconden los trazos de una noche eterna, las pinceladas de oro y fuego que coloreaban los atardeceres de mi  juventud. En sus límites indefinidos, se deslizan los más sutiles recuerdos como nubes pasajeras, imágenes fugaces de esos breves instantes que alguna vez fueron el todo.

En ocasiones, al mirarlo, me parece ver los rostros de quienes compartieron mi dicha, sus perfiles  dibujados en la luz, sus risas entre las ráfagas de aire. Es como si el cielo fuera el aposento de los más bellos paisajes, de emociones y  suspiros inolvidables.

El cielo es la cercanía de lo que amo, es el altar de las sonrisas de todos los que he querido. Es el custodio de lo que fue hermoso, el techo de los espacios donde la felicidad me habitó por completo. No es el pasado ni el futuro, es el instante donde aún vive la versión intacta de mí que alguna vez fue libre y plena.

Y cuando alzo la mirada, y lo contemplo, descubro que no es el cielo lo que me recuerda mis mejores días, sino el pedazo de mi alma que en ellos dejé. Porque el cielo, en su preciosa  calma, en su azul moteado con nubes que parecen algodón de azúcar, es el reflejo de lo que nunca dejé de buscar.

El cielo se parece mucho a ese lugar donde alguna vez fui feliz.

[Canarias}> Un experto, sobre la navegación y los antiguos pobladores de Canarias

12-06-2025

Ricardo Herrera

Sobre la navegación y los antiguos pobladores de Canarias

“Quizás hay que cambiar la pregunta que nos hacemos”. «Había contacto entre las poblaciones de Tenerife y Gran Canaria, alrededor del siglo XII»

Los antiguos pobladores de Canarias siguen despertando muchas dudas y misterios. Uno de ellos es el de la navegación. Su llegada al Archipiélago e, incluso, la posibilidad de desplazarse entre Islas sigue siendo una de las claves que muchos expertos tratan de desvelar.

“Para dar respuesta a determinadas preguntas, muchas veces es necesario cambiar la pregunta: ¿navegaban? Quizás lo que hay que preguntar es por qué dejaron de hacerlo”, asegura José Farruija, historiador y arqueólogo.

En el espacio Cometa Halley podcast, Farruija resalta una investigación de Jacob Morales, a partir del estudio de semillas. “Había contacto entre las poblaciones de Tenerife y Gran Canaria, alrededor del siglo XII. Vemos como Leonador Torriani habla de cómo los indígenas de Lanzarote y Fuerteventura, para robar ganado, usaban pequelas embarcaciones”, señala.  “Hay argumentos para pensar que sabían navegar pero que, por motivos que desconocemos, es algo que abandonan”, finaliza.

El origen de los antiguos pobladores de Canarias

La colonización de las Islas Canarias por poblaciones bereberes comenzó en Lanzarote entre finales del siglo I y principios del III de nuestra era y se completó en el resto del Archipiélago unos dos siglos después, según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States (PNAS).

La investigación, liderada por el arqueólogo Jonathan Santana, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha utilizado por primera vez en Canarias un modelo estadístico bayesiano combinado con un protocolo de “higiene cronométrica” para analizar las dataciones de radiocarbono.

El trabajo, en el que también participan las universidades de La Laguna y Linköping (Suecia), defiende que los primeros pobladores bereberes llegaron a las Islas de forma independiente con sus propias embarcaciones, desechando así la hipótesis de un traslado forzoso por parte del Imperio romano. Antes de la llegada amazige, el primer asentamiento humano conocido en Canarias fue romano, localizado en el islote de Lobos en el siglo I a.C., donde establecieron una factoría para la extracción de púrpura.

El modelo aplicado por el equipo de Santana indica que mientras Lanzarote fue la primera isla colonizada, Gran Canaria fue la última, alrededor de los años 490-530. Sin embargo, los investigadores advierten de un posible sesgo en las dataciones de Gran Canaria debido a la escasez de muestras correspondientes a los primeros siglos de la era. En Tenerife, la ocupación inicial se sitúa entre los años 205 y 410.

Además de los hallazgos cronológicos, el estudio subraya la autonomía cultural y tecnológica de los colonos bereberes, quienes habrían desarrollado conocimientos de navegación que les permitieron trasladarse desde la costa norte de África —concretamente zonas como Agadir, Sidi Ifni o Massa— hacia las Islas. Los análisis genéticos y lingüísticos, junto con los restos arqueológicos, refuerzan este origen.

La investigación también confirma que, más allá de los casos de Lobos y Lanzarote, no existen pruebas de presencia romana o interacción cultural significativa con los bereberes en el resto del Archipiélago. Los primeros asentamientos amaziges, señala Santana, se establecieron siempre en zonas costeras, aprovechando los recursos marinos y demostrando habilidades de adaptación costera, recolección, pesca y agricultura.

Este trabajo forma parte del proyecto IsoCAN, financiado por el Consejo Europeo de Investigación con 1,4 millones de euros, y proporciona, según Santana, “un marco verificable para futuras investigaciones sobre el poblamiento inicial de Canarias”.

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[Col}> Trato y maltrato / Soledad Morillo Belloso

10-06-2015

Soledad Morillo Belloso

Trato y maltrato 

Camino por la vida acumulando gestos, palabras, silencios que han marcado mi historia. Recuerdo las manos que alguna vez me sostuvieron, los abrazos sinceros, las miradas que no necesitaban palabras para hacerme sentir vista, comprendida, querida. El trato justo, el respeto mutuo, la empatía. Pequeños actos que construyen un refugio en este mundo incierto.

Pero también recuerdo los  maltratos. La indiferencia que hizo tambalear mi confianza, la palabra cruel que se incrustó en mi memoria, el desdén que me apagó poco a poco. El maltrato no siempre grita; a veces se arrastra sigiloso, se disfraza de rutina, se camufla en la normalidad de lo injusto. Lo he sentido en palabras afiladas, en ausencias inexplicables, en miradas que ignoraban mi existencia como si fuera un espectro.

Me pregunto si el trato y el maltrato son el reflejo de quienes somos, de lo que llevamos dentro. ¿Somos capaces de elegir cómo tratamos a los demás, o simplemente repetimos lo que nos enseñaron, lo que alguna vez nos hicieron sentir? He intentado ser consciente, romper ciclos, construir con respeto lo que alguna vez me hicieron con desprecio.

Porque al final, el trato que damos define el trato que recibimos. Preferible ser un refugio y no una tormenta, un eco de bondad y no de heridas. A veces me detengo a pensar en las cicatrices invisibles que el trato y el maltrato han dejado en mí. No todas duelen de la misma manera, algunas apenas son un rasguño borroso, otras siguen latiendo como una herida abierta. Me pregunto cuántas veces una palabra amable me salvó sin que yo lo supiera, cuánto daño podría haberse evitado con algún gesto de compasión. Porque el trato justo no es sólo cuestión de educación, es una decisión, un acto de rebeldía contra la rudeza del mundo.

Y en medio de todo, sigo buscando maneras de sanar. Aprecio a  quienes entienden el peso de una mirada sincera, a quienes ven más allá de lo obvio y saben que todos cargamos batallas invisibles. Me aferro a la idea de que el trato que damos y recibimos moldea nuestra historia, y elijo, cada día, construir una en la que el respeto y la gentileza sean la norma, no la excepción.

Al final del día, somos el eco de los encuentros que nos han moldeado. Las palabras que nos elevaron y las que nos destruyeron, las miradas que nos abrazaron y las que nos hicieron sentir invisibles. Pero también somos la suma de nuestras elecciones, la forma en que decidimos responder a lo que la vida nos ofrece.

Yo elijo el respeto, la ternura, la dignidad. Elijo ser la voz que calma, la mano que sostiene, el trato que sana. Porque cada gesto deja huellas, y quiero que las mías dejen  recuerdos de bondad, no de maltrato. Yo elijo ser caricia y no herida. Elijo la pluma y no la daga.

[Canarias> ¿Por qué en Canarias decimos “queque”?

10-06-2025

 ¿Por qué en Canarias decimos “queque”?

El origen de una palabra tan dulce como popular

Su uso se ha extendido por todo el Archipiélago, convirtiéndose en una forma de identidad lingüística y gastronómica

En Canarias, pocas palabras despiertan tanta familiaridad como “queque”, ese bizcochón esponjoso que forma parte de desayunos y meriendas de toda la vida.

Aunque suene a invención, el término tiene un origen tan internacional como inesperado: proviene del inglés “cake”, que significa “tarta”, pero fue adaptado y popularizado por los canarios hasta convertirse en una de las palabras más usadas en el habla cotidiana del Archipiélago.

El uso de “queque” está firmemente arraigado en la cultura popular de las Islas. Aunque el vocablo tiene especial presencia en la provincia de Las Palmas, su uso se ha extendido por todo el Archipiélago, convirtiéndose en una forma de identidad lingüística y gastronómica.

 La influencia británica en Canarias, especialmente en los siglos XIX y XX, no sólo se notó en la economía o la arquitectura, sino también en el lenguaje. Así, muchas palabras inglesas fueron “canarizadas”, es decir, adaptadas al habla popular de las Islas. En este contexto, “cake” pasó a pronunciarse y escribirse como “queque”, con el encanto sonoro propio del español canario.

Aunque en otras regiones de España se prefiere el término “bizcocho” o “bizcochón”, en Canarias es habitual oír frases como “vamos a hacer un queque de yogur” o “me traje un trozo de queque para el café”, sin que nadie se plantee su procedencia.

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[Col}> Que valga la pena / Soledad Morillo Belloso

07-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Que valga la pena

Hay quienes pasan la vida esperando. El momento adecuado, la señal precisa, el golpe de suerte que cambie el rumbo. Se les escapan los días en rutinas sin alma, en excusas bien hiladas, en temores disfrazados de prudencia.

Hay un momento, quizá al final o en algún rincón de la memoria, en el que nos preguntamos: ¿dónde están los días que no vivimos?  No son los días que pasaron, sino los que dejamos ir sin siquiera tocarlos. Los momentos que pudieron ser pero no fueron. Las oportunidades que nos miraron a los ojos y las dejamos marchar. Las palabras que queríamos decir y callamos. Las emociones que sofocamos tal vez por miedo a sentir demasiado.

Desperdiciar la vida no es sólo dejarla pasar. Es permitir que la duda sea más fuerte que el deseo. Es aceptar la monotonía como un destino inexorable. Es posponer la felicidad porque “ya habrá tiempo más adelante”, sin atinar a comprender que el tiempo es un recurso natural no renovable.

Nos convencemos de que habrá más oportunidades, más “momentos perfectos”. Nos decimos que “mañana sí será el día”, que después nos atreveremos. No se puede llegar tarde a la vida. Es como intentar abordar un barco que ya zarpó. La vida no espera, no se detiene a ver si finalmente reunimos el coraje para subir a bordo. O nos atrevemos a navegar, o la vemos alejarse desde la orilla, dejándonos con la mirada fija en el horizonte de lo que pudo ser.  El tiempo sigue, implacable. Poco le importan nuestras excusas y postergaciones. Y cuando nos damos cuenta de que hemos estado esperando demasiado, muchas veces el barco ya es solo un punto que desaparece en el mar.

Desperdiciar la vida es postergar vivirla. Pero la vida no se detiene por nuestras dudas ni concede tregua a nuestra indecisión.  Y cuando al fin comprendemos el valor de un instante, muchas veces ya es demasiado tarde. Porque el tiempo desperdiciado no regresa. Se convierte en sombra, en el eco monótono de lo que pudo haber sido. Postergar la vida es mirarla desde lejos, como si fuera un paisaje ajeno en lugar de algo que nos pertenece por completo. Postergar vivirla es esperar la certeza absoluta, esa seguridad que nunca llega.

Vivir es elegir, es entender que nunca hay garantías pero sí posibilidades. Es decidir que, al final de todo, no queremos mirar atrás y ver una vida que apenas rozamos con los dedos, llena de “después” y “mañana”, como si el tiempo fuera infinito y la voluntad una moneda que siempre se puede gastar más tarde. La vida no se detiene, y, por cierto, no pide permiso. No espera a que nos armemos de valor ni hace pausa para que decidamos qué hacer con ella. Cuando al fin se comprende el valor de cada día, muchas veces ya quedan pocos por delante.

Vivir es entender que lo único desperdiciado es lo que jamás intentamos. Vivir no es esperar el momento perfecto. El tiempo no pregunta si estás listo. No es el tiempo el que se pierde, sino la oportunidad de usarlo. Eso sé. Mis cuentas financieras están en bancarrota. Pero mi vida ha sido intensa. Por eso, a pesar de tener el corazón roto, mi contabilidad no está en números rojos. Puedo morir mañana y vivir habrá valido la pena. Habré dejado huella. Con eso me basta y me sobra.

 

 

 

 

 

Saludos / Best regards,

Carlos M. Padrón

E-mail: Carlos@Padronel.net

Alterno: MADGRI@Padronel.net

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[Col}> Siempre espero que sea martes / Soledad Morillo Belloso

04-06-2025

Soledad Morillo Belloso 

Siempre espero que sea martes

Las semanas se despliegan como interminable retahíla de intentos fallidos, de promesas que no terminan de cumplirse, de sueños que bordean la realidad sin atreverse a tocarla.

Los lunes cargan con el peso de los comienzos forzados, arrastran la urgencia del comienzo, el ímpetu de lo nuevo con la fatiga de lo viejo. Son una puerta que se abre demasiado rápido, sin preguntar si quien cruza está listo para hacerlo. Los miércoles se disuelven en la prisa por llegar al viernes. Los viernes son la promesa ilusoria de descanso, la víspera de una felicidad que a menudo se disuelve antes de haber sido tocada. Los domingos llevan la nostalgia de lo que ya pasó. Son la cuerda floja entre la esperanza y el agotamiento, el instante en que todo avanza sin preguntar si vale la pena. Y de los jueves, mejor ni hablar. Son tontos y torpes.

El martes no es el inicio ni el desenlace, sino la pausa entre lo que fue y lo que será. Es un paréntesis, un instante sin agobio en el que todo parece posible. Una  tregua silenciosa, donde el peso del ayer aún no reclama su deuda y el futuro no ha revelado su saldo. No tiene la impaciencia de un inicio ni la resignación de un final. Es un espacio donde los pensamientos se despliegan como velas en un mar calmo, donde las decisiones aún no han sido tomadas y los errores aún no han cobrado su precio.

Espero cada martes como quien aguarda el primer soplo de aire luego de una larga inmersión. Como quien observa la línea difusa entre el sueño y la vigilia, preguntándose si lo que viene será  luz o sombra. El martes es el punto en que el tiempo se detiene, donde la posibilidad todavía respira. Cada martes es como si fuera una oportunidad nueva, como si de repente el mundo se alineara para regalarme un respiro, una certeza, una pequeña victoria. No es que los martes sean perfectos, sino que en ellos encuentro el espacio para imaginar que todo puede cambiar.  Porque si el lunes es una cuesta empinada y el viernes una despedida anticipada, entonces el martes es esa fracción de tiempo en la que la esperanza no es ingenua, sino necesaria.

Siempre espero que sea martes, porque en ese día suspendido todo puede ser imaginado, todo puede ser recreado. No es la certeza lo que lo hace especial, sino la ausencia de ella: el martes es la fracción de la semana en que el destino aún no ha decidido cuál será su rostro. Es el instante en que la ciudad respira despacio, donde las esquinas no tienen prisa y los relojes parecen olvidar su tarea implacable de contar los minutos. Es el día en que los sueños aún no han sido censurados por la rutina, cuando el aire conserva la vibración de lo posible y las promesas hechas en la madrugada no parecen tan absurdas. El martes no exige decisiones ni despedidas, simplemente deja que la vida se despliegue sin urgencia, como si el tiempo tuviera la cortesía de darnos un respiro.

Siempre espero que sea martes. Porque es el umbral entre lo que se anhela y lo que se enfrenta, entre el deseo y la realidad. En ese espacio suspendido, todo puede cambiar, todo puede florecer. Y mientras los días pasan como trenes veloces, el martes se queda un poco más, dejando en su pausa la ilusión de que, aunque sea por un momento, el mundo está en equilibrio. Y allí, creo, habita la esperanza.

[Canarias}> ¿Quién es el canario más universal de la historia? La IA lo tiene muy claro

30/05/2025

 ¿Quién es el canario más universal de la historia? La IA lo tiene muy claro

De Galdós a Manrique, de Herrera a Viera y Clavijo: Canarias ha parido a talentos que han trascendido el tiempo y el espacio. Pero, ¿hay un nombre que resuma mejor la huella del Archipiélago en el mundo?

Por siglos, Canarias ha sido tierra de paso, de mezcla y de genios. En cada isla, un nombre; en cada época, una figura que ha llevado el nombre del Archipiélago más allá del océano. Pero entre todos ellos, la pregunta permanece: ¿quién es el canario más universal de la historia?

Benito Pérez Galdós

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, es uno de los primeros nombres que surge en cualquier quiniela. Novelista de proyección internacional, renovador del realismo en lengua española y eterno candidato al Nobel, su obra —con los Episodios Nacionales al frente— es lectura obligatoria en universidades de todo el mundo. Madrid fue su escenario, pero el Atlántico, su raíz. Galdós no sólo es una figura clave en la literatura española: también es uno de los grandes narradores europeos del siglo XIX.

César Manrique

Pero si la literatura tiene su Galdós, el arte cuenta con César Manrique. Nacido en Arrecife (Lanzarote) en 1919, fue pintor, escultor, arquitecto autodidacta y ecologista avant la lettre. Su manera de integrar la arquitectura con el paisaje volcánico de su isla natal lo convirtió en pionero de un modelo de desarrollo sostenible que hoy se estudia como ejemplo. Su obra traspasó fronteras, con exposiciones en Nueva York y Berlín, pero su mayor creación fue, quizás, la Lanzarote que ayudó a modelar.

Óscar Domínguez

En el terreno del arte también destaca Óscar Domínguez, nacido en Tenerife y figura central del surrealismo. Su obra fue reconocida por André Breton, y llegó a codearse con Salvador Dalí, Pablo Picasso y otros iconos de la vanguardia europea. Murió joven, pero dejó una impronta internacional que aún resuena en museos de París y Nueva York.

José de Viera y Clavijo

Para quienes miran al pasado desde el pensamiento, José de Viera y Clavijo fue un ilustrado adelantado a su tiempo. Natural de Tenerife y autor de la Historia de Canarias, fue una figura clave de la Ilustración en el ámbito hispano. Dialogó con los grandes enciclopedistas europeos, defendió el conocimiento y la razón, y proyectó el saber isleño en una época en la que la ciencia y la religión aún debatían su jerarquía.

Domingo García-Sáenz Herrera

Tampoco puede ignorarse la voz de Domingo García-Sáenz Herrera, más conocido como José Herrera, barítono nacido en Santa Cruz de Tenerife, quien alcanzó fama mundial en los teatros de ópera de Europa y América.

Alfredo Kraus

Y si hablamos de música más contenporánea, es imposible obviar el éxito global de Alfredo Kraus, tenor grancanario cuya carrera lo llevó desde La Scala de Milán hasta el Metropolitan de Nueva York.

Rafael Rebolo

En tiempos más recientes, nombres como el del astrofísico Rafael Rebolo, actual director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), o el ingeniero Pedro Duque, nacido en Madrid pero formado en parte en las instalaciones científicas de Tenerife y La Palma, han ayudado a proyectar la excelencia científica ligada a las Islas.

Sin embargo, si el criterio es la combinación de proyección internacional, legado perdurable y arraigo canario, muchos expertos coinciden: Benito Pérez Galdós sigue siendo, más de un siglo después de su muerte, el canario más universal. Su rostro apareció en los billetes de mil pesetas, su nombre da vida a auditorios, calles y premios literarios, y su obra continúa generando estudios, ediciones y adaptaciones.

En definitiva, Canarias ha dado al mundo creadores, pensadores, músicos y científicos que han dejado huella. El debate queda abierto, pero la historia parece inclinar la balanza hacia un escritor de mirada profunda, verbo agudo y alma isleña.

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[Canarias}> Las mujeres más universales de Canarias según la IA

30/05/2025

Las mujeres más universales de Canarias según la IA

Estas mujeres, desde disciplinas muy distintas, han desafiado los límites geográficos de un territorio insular

Durante siglos, los nombres más reconocidos de la historia canaria han estado encabezados por hombres. Sin embargo, la huella de las mujeres isleñas también ha traspasado fronteras, dejando un legado en la ciencia, el arte, la música y el pensamiento que merece ocupar un lugar destacado. Éstas son algunas de las canarias que han proyectado su talento al mundo.

María Rosa Alonso

Natural de La Orotava, fue una de las primeras mujeres en doctorarse en Filología en España. Intelectual comprometida, escritora brillante y defensora del idioma, vivió exiliada en Venezuela tras la Guerra Civil. Su obra y pensamiento crítico la convirtieron en una figura esencial en la historia cultural de Canarias y en una voz imprescindible en el exilio español.

María Mérida

En el ámbito musical, María Mérida llevó las canciones tradicionales de las Islas a escenarios como el Teatro Real de Madrid o emisoras de América Latina. Fue la primera mujer canaria en alcanzar proyección nacional e internacional a través del folclore. Su carrera sentó las bases para otras artistas que entendieron la música popular como patrimonio y vehículo cultural.

Olga Cerpa

En esa misma línea de renovación y apertura, Olga Cerpa, junto al grupo Mestisay, ha tejido puentes entre la tradición canaria y las músicas del mundo. Su voz ha recorrido festivales internacionales, convirtiéndose en una embajadora de los sonidos del Archipiélago desde una perspectiva contemporánea.

Nancy Fabiola Herrera

Del folclore a la lírica, Nancy Fabiola Herrera ha consolidado una trayectoria internacional como mezzosoprano. Ha actuado en escenarios como el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro Real o la Ópera de Washington. Su talento la ha convertido en una de las artistas canarias con mayor reconocimiento global en el mundo de la música clásica.

Ana Díaz Artiles

En el campo de la ciencia, Ana Díaz Artiles, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, investiga en la Universidad Texas A&M y ha trabajado con la NASA en temas de salud espacial. Especialista en medicina aeroespacial y diseño de hábitats en gravedad reducida, representa a una nueva generación de científicas canarias con impacto internacional.

María Dolores Corbella

También en la investigación y la lengua destaca María Dolores Corbella, filóloga, lexicógrafa y académica de número de la Real Academia Española. Su trabajo ha sido clave para poner en valor el español hablado en Canarias y enriquecer el conocimiento de la lengua en todo el ámbito hispano.

María de León Bello y Delgado

Aunque en un contexto diferente, María de León Bello y Delgado, conocida como La Siervita, ha proyectado su figura más allá del entorno local gracias a su fama como mística y religiosa. Su cuerpo incorrupto, conservado en el convento de Santa Catalina en La Laguna, sigue atrayendo devoción y curiosidad desde distintos lugares del mundo.

Estas mujeres, desde disciplinas muy distintas, han desafiado los límites geográficos de un territorio insular. Han llevado consigo no sólo su talento, sino también una parte esencial de la identidad canaria. Porque la universalidad, como demuestra su legado, también habla con voz de mujer.

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