[Col}> El persistente eco de la vida /Soledad Morillo Belloso

08-05-2025

Soledad Morillo Belloso

El persistente eco de la vida

La soledad es un mar inmenso, a veces calmado, otras veces furioso. En sus aguas aprendemos a flotar, a nadar contra corriente, a dejarnos llevar por la marea cuando la lucha se vuelve agotadora. Vivir es eso, aprender el ritmo de las olas y encontrar en cada nuevo amanecer una razón para seguir.

Hubo un tiempo en que respirar era mecánico, una repetición sin sentido. La luz del sol entraba por la ventana, pero no me calentaba. Las voces a mi alrededor se convertían en murmullos lejanos, ajenos, como si el mundo hubiese decidido avanzar sin mí. Perderse en esa niebla es fácil, pero salir de ella requiere una fuerza interior que muchas veces creemos inexistente.

El primer paso fue minúsculo. Un instante de curiosidad, una chispa en la oscuridad. Un libro abierto, una melodía que de pronto sonó diferente, el aroma del café con recuerdos olvidados. Pequeñas señales de que la vida todavía quería hablarme, aunque susurrara en vez de gritar.

Seguir viviendo no es olvidar el pasado, ni pretender ignorar el dolor. Es aprender a convivir con él, encontrarle un espacio en nuestra historia sin permitirle dictar nuestro futuro. Es abrir los ojos y, pese a todo, buscar belleza en lo cotidiano: en la textura de una hoja bajo los dedos, en la forma en que el viento juega con el pelo de alguien en la calle, en el reflejo tembloroso de la luna sobre el agua.

El peso del mundo es invisible hasta que lo sientes sobre los hombros. Se acumula en los pliegues del tiempo, en las palabras no dichas, en los recuerdos que parecían inofensivos pero que, con los años, revelan su verdadera intensidad. Vivir no es simplemente avanzar, es aprender a sostener lo que cargamos sin que nos hunda. Es encontrar equilibrio entre lo que fue y lo que aún nos queda por descubrir.

Hubo momentos en los que creí que la vida era un laberinto sin salida. Cada paso parecía llevarme al mismo punto, el mismo callejón sin respuestas. Me aferré al silencio, a las rutinas que me protegían del vértigo de la incertidumbre. Pero la existencia no se detiene por miedo; sigue su curso, indiferente a nuestras dudas. Aprendí que el cambio es inevitable, y que resistirse a él es como intentar detener el viento con las manos.

Seguir viviendo es aceptar la transformación, incluso cuando no la comprendemos. Es confiar en que la oscuridad de hoy no es eterna y que, en algún lugar, la luz siempre espera su turno. Porque si algo nos enseña el tiempo es que la vida se mueve en ciclos: la pérdida trae aprendizaje, la despedida nos prepara para nuevos encuentros, la caída nos recuerda que siempre podemos levantarnos.

En mis días más fríos, encontré consuelo en los pequeños gestos: una mirada que entendía sin palabras, la calidez de una voz que me llamaba por mi nombre, la fragancia de un libro recién abierto. Fueron esas diminutas maravillas las que me recordaron que la vida no sólo se mide en los grandes acontecimientos, sino en los momentos cotidianos que, poco a poco, nos devuelven el sentido.

Seguir viviendo no significa olvidar el dolor ni borrar la historia. Significa integrarlo en nuestra narrativa sin permitir que nos defina. Es mirar hacia adelante con la certeza de que, aunque el camino no sea fácil, sigue siendo nuestro. Porque la vida no nos pide perfección, sólo que sigamos andando, que sigamos buscando, que sigamos sintiendo.

Y así, entre amaneceres y noches sin sueño, entre risas y lágrimas, seguimos viviendo. Porque al final, la existencia no se trata sólo de sobrevivir, sino de encontrar la fuerza para hacerlo con propósito, con amor, con esperanza.

Porque la vida nunca deja de llamarnos, aunque a veces el ruido del sufrimiento nos impida escuchar. Y cuando finalmente logramos hacerlo, nos damos cuenta de que siempre estuvo ahí, esperándonos, paciente y fiel. Seguir viviendo es eso: aceptar la invitación y volver al mundo.

Cada noche me duermo escuchando música. Anoche fue Fito Páez quien me acompañó: “Cada vez que pienso en vos… Fue amor, fue amor…”

[Canarias}> El guaidil y los canarismos

30/04/2025

Pedro Luis Pérez de Paz

El guaidil y los canarismos (Convolvulus floridus / Convolvulaceae)

En la provincia occidental se conoce también con otros nombres sonoros: anuel (La Palma) y sándalo (La Gomera)

El guaidil en primavera
florece como un vergel;
en La Palma es el anuel,
y sándalo en La Gomera.

Con floración de primera,
corolas afoniladas,
blancas o poco rosadas,
dispuestas en ramilletes,
vive en riscos y risquetes
de medianías templadas.

Jócamo, 28.IV.2025

El guaidil, que algunos escriben guaydil o dicen guaidín, es un endemismo canario de la familia Convolvuláceas, presente en todas las islas, aunque raro en Lanzarote y Fuerteventura. En la provincia occidental se conoce también con otros nombres sonoros: anuel (La Palma) y sándalo (La Gomera).

Mientras que guaidil y anuel parecen ser guanchismos o canarismos autóctonos, heredados de los aborígenes, resulta llamativo el nombre de sándalo, que nada tiene que ver con el sándalo (Santalum album) de la familia Santaláceas, un árbol exótico originario de Asia, apreciado en ebanistería y explotado para la obtención de aceites esenciales, usados en medicina popular y sahumerios.

Quizás el nombre en Canarias tenga algo que ver con esta última práctica, que también se haya podido realizar con la leña fragante del guaidil. En cualquier caso, no parece que el arraigo temporal del término sea anterior a la conquista castellana de las islas.

Nuestro vínculo con la Academia Canaria de la Lengua (ACL), comporta la tarea docente de divulgar los nombres comunes que reciben muchas especies de la flora canaria, así como otros conceptos morfológicos, topográficos, corológicos o ecológicos relacionados con las mismas.

La décima que adjuntamos es un buen ejemplo de ese compromiso. No es casual el uso, hasta el abuso, de canarismos como: afoniladas (embudadas o infundibuliformes); ramilletes (panícula racemosa) risquetes (roque o resalte topográfico de moderada altitud); medianías (faja comprendida entre la costa y la montaña con clima intermedio entre ambas zonas).

Fuente

[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare II: Tihuya

23-04-2025

Felipe Jorge Pais Pais

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare II: Tihuya

La facilidad de acceso a sus costas, junto con Aridane, hacía que estuviese sometido a numerosas razias de los señores feudales de La Gomera y El Hierro que buscaban esclavos, ganado, quesos, pieles, etc.

4.- El cantón de Tihuya

Según J. Abreu Galindo: “El segundo señorío fue el término de Tijuya, hasta la montaña llamada Tamanca; y de esta tierra era señor un palmero que se decía Chedey, hijo de un palmero señor de aquella tierra, en cuyo tiempo decían los palmeros antiguos que había derretídose la montaña de Tacande … y el que, según decían, había pronosticado la ruina de esta montaña, que era en aquel tiempo la más fértil y poblada de gente que había en esta isla de La Palma. (J. Abreu Galindo, 1977: 267).

Este volcán, actualmente conocido como Montaña Quemada, ”… cuando se derritió y corrió por aquel valle, era la más viciosa de árboles y fuentes que había en esta isla, y que en este valle vivían muchos palmeros, los cuales perecieron …“ (1977:264-265).

La cita textual anterior es muy interesante y podemos abordar una buena cantidad de temas. Pero antes de ello consideramos necesario abordar otras cuestiones que nos hablan de la importancia que tuvo este cantón y de lo maltratado que fue en la segunda mitad del siglo XV. La facilidad de acceso a sus costas, junto con Aridane, hacía que estuviese sometido a numerosas razias de los señores feudales de La Gomera y El Hierro que buscaban esclavos, ganado, quesos, pieles, etc. En una de ellas sabemos que “…viniendo Guillén Peraza a La Gomera y al Hierro, quiso hacer un asalto en la isla de La Palma. Y así apercibió su gente y navíos, y embarcándose, vino a surgir en la costa de Tihuya señorío del capitán Ehedey…” (J. Abreu Galindo, 1977: 278).

Ehedey, también nombrado como Echedey, fue, con toda probabilidad, el padre de Chedey, capitán del cantón de Tihuya, cuando llegaron los conquistadores en 1492.

Ehedey-Echedey “… como vió los navíos, juntó su gente y púsose a la defensa, dando el cargo de la resistencia a un hermano suyo menor, muy valiente y ardid en cosas de guerra; y, apellidando los capitanes comarcanos y junta la gente, dio sobre los cristianos, dando de repente y de improviso, y con tanto ánimo, que los desbarataron.

Y mataron más de doscientos cristianos, y entre ellos a Guillén Peraza, el cual quiso detener su gente, que iba huyendo; y, poniéndose delante, le dieron una pedrada, de que murió, según oí afirmar a los antiguos … Y los demás que escaparon del furor de los bárbaros y pudieron embarcarse, se fueron a La Gomera …Así se quedó por entonces sin proseguir por Guillén de Las Casas la conquista de la isla de La Palma.” (J. Abreu Galindo, 1977: 278).

Esta batalla se desarrolló en 1447 muy cerca del lugar del desembarco de los invasores que debió producirse en alguna de las playas del cantón de Tihuya: Puerto Naos, La Bombilla o Los Guirres, sepultada por el Volcán Tajogaite en 2021. El dolor y la frustración por la derrota y la muerte del hijo del señor feudal de La Gomera dieron lugar a la que se considera una de las primeras obras de literarias de Canarias: Endechas a la muerte de Guillén Peraza en cuyo texto quedan claramente reflejados esos sentimientos, así como una auténtica maldición para Benahoare-La Palma cuando señalan “tus campos rompan/tristes volcanes,/no vean placeres/sino pesares,/cubran tus flores/los arenales.”. Estos versos, proféticos y terribles, se hicieron realidad, tristemente, unas pocas décadas después, con la erupción del Volcán Tacande-Montaña Quemada.

El topónimo usado para denominar este cantón es, indistintamente, Tihuya o Tijuya que, en la época actual, ha pervivido en Tajuya, un caserío que comparten los municipios de Los Llanos de Aridane y El Paso. Según Ignacio Reyes, el significado podría ser el de “…gritos, llamadas, invocaciones, alertas…” y añade: “Esta expresión parece vincularse a la actividad pastoril que se registró en la zona incluso durante la colonización europea, aunque también el vulcanismo pudo producir sonidos de referencia.” (2011: 419).

Y, efectivamente, este territorio ha sido muy maltratado por las erupciones volcánicas subhistóricas e históricas ya que, en algo más de 500 años, ha sufrido, directamente, nada menos que tres volcanes: Tacande-Montaña Quemada (1470), Las Manchas-San Juan (1949) y Tajogaite (2021). A ellos tendríamos que añadir la del Tihuya, en 1585, en la parte alta de Jedey, lo cual supone la mitad de las erupciones que han tenido lugar en la Isla de La Palma.

Estos cataclismos han provocado que la inmensa mayoría de los dominios de este cantón hayan sido sepultados por enormes campos de lavas que arrasaron todo vestigio de vida. Por ello, es muy difícil rastrear la presencia benahoarita en estos parajes, aunque en el estado actual de la investigación arqueológica, sabemos que las partes altas y las medianías de Tihuya estaban repletas de vestigios prehispánicos, especialmente asentamientos en cabañas que, desgraciadamente, han sido cubiertos por las lavas del Volcán Tajogaite. (F. J. Pais Pais, 2022: 165-174).

Al llegar a este punto nos vamos a detener un poco más en la erupción del Volcán Tacande-Montaña Quemada que, como hemos apuntado, tuvo lugar poco antes de la llegada de los conquistadores castellanos en 1492, y debió ser una enorme catástrofe para una buena parte de la población benahoarita del cantón de Tihuya quienes, en cuestión de días, lo perdieron absolutamente todo, incluso la vida, tal y como indican las fuentes etnohistóricas. Esos terrenos quedaron absolutamente privados de todo signo de vida durante cientos de años. Mucha gente debió trasladarse a otros lugares menos peligrosos y donde pudiesen continuar con su forma de vida. No es baladí que el volcán se llamase Tacande, cuyo significado es “…piedra quemada, producto de la actividad volcánica.” (I. Reyes García, 2011: 356).

Algún poblado, como el del Barranco de Las Ovejas (Pinar de Matanza. El Paso), a pesar de su cercanía a Montaña Quemada y ser cubierto por una gruesa capa de arena y granzón, como se aprecia en las catas llevadas a cabo en 2011, consiguió sobrevivir y siguió reutilizándose durante cientos de años. Tampoco la furia del Tajogaite consiguió acabar con las cabañas, a pesar de que sus muros y techumbres fueron cubiertos por una capa de cenizas volcánicas de entre 40 y 70 cms de espesor.


Cabañas del Barranco de Las Ovejas (Pinar de Matanza. El Paso) cubiertas por la arena y el granzón lanzados por el Volcán Tajogaite (29 de junio de 2022) (Foto: Jorge Pais Pais)

En el capítulo anterior hicimos referencia a los límites del cantón de Tihuya con Aridane que, debido a las lavas de la erupción del Tacande, en 1470, es imposible precisar. Sin embargo, las fuentes etnohistóricas si establecen una línea divisoria clara en la Montaña de Tamanca (Las Manchas). Lo más probable, y a modo de hipótesis, es que la separación entre ambos bandos viniese marcada por el Barranco de Tamanca, que delimita la montaña homónima por el frente meridional.

Además, es interesante reseñar que en esta zona aún se conserva una Cueva del Rey, que la leyenda sostiene que fue la morada del capitán del cantón de Tihuya.

Este barranco desemboca en Puerto Naos donde, seguramente, desembarcaron las huestes de Guillén Peraza, por lo que Echedey solo tuvo que seguir el cauce de esta barranquera para cortarles el paso en algún punto del antiguo acantilado costero: La Muralla, Salto de Los Perros, Cruz de Puerto Naos, etc.

El límite con Tedote vendría marcado por un tramo de La Hilera, a la que más recientemente se le ha puesto el nombre de Cumbre Nueva. Las personas mayores de El Paso siempre se referían con ese topónimo al tramo entre la Montaña de Los Tomillos, junto al Refugio El Pilar, y las Vueltas Viejas, el topo donde finaliza El Reventón y ya se empieza a bajar hacia la vertiente oriental.

Bibliografía general

-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
-MARRERO RODRÍGUEZ, Manuela: Los procuradores de los naturales canarios, Homenaje a Elías Serra Ráfols I, (La Laguna), 1970, Págs. 351-367.
-PAIS PAIS, Felipe Jorge: El Volcán de Tajogaite y el cantón de Tihuya, Revista EL PAJAR (Cuaderno de Etnografía Canaria), III Época, Nº 36, (Tenerife), diciembre 2022, Págs. 165-174.
-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

Fuente: La Palma Opina

[Canarias}> Silbo Gomero: la voz que no se imita

28-04-2025

Silbo Gomero: la voz que no se imita

El Silbo Gomero no es sólo un sonido que surca los barrancos: es el alma sonora de un pueblo que ha hecho del ingenio una forma de vida. Hoy, esa voz única de La Gomera se enfrenta a una amenaza tan silenciosa como peligrosa: la imitación.

La reciente proliferación de iniciativas que buscan replicar su esencia fuera de su contexto original obliga a recordar qué es, y qué no es, el Silbo Gomero. En su XV aniversario como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, conviene reafirmar su carácter irrepetible.

El Silbo Gomero es un lenguaje silbado articulado. No es una colección de señales o llamadas pastoriles, como pueden encontrarse en otras partes del mundo, sino un sistema fonológico completo, basado en seis unidades sonoras, que permite codificar el español en su integridad. Este código, transmitido durante siglos entre gomeros y gomeras, hace posible que una conversación se desarrolle a varios kilómetros de distancia, desafiando el relieve de la isla con creatividad sonora.

Ese carácter lingüístico, junto a su arraigo comunitario, fue determinante para que en 2009 la Unesco lo declarara Patrimonio de la Humanidad. Un reconocimiento que no se otorga a una técnica aislada, sino a una manifestación cultural viva, funcional y compartida. El Silbo Gomero no es una invención individual ni un proyecto académico: es un modo de comunicarse que emana de un territorio, una historia y una comunidad.

Precisamente es esa comunidad la que ha garantizado su pervivencia. Desde 1999, el Silbo se enseña como asignatura obligatoria en los centros educativos de La Gomera, formando a nuevas generaciones de silbadores con el mismo respeto y rigor con el que se transmitía en las medianías.

Además, la labor conjunta de instituciones, asociaciones culturales y centros universitarios ha permitido su estudio, difusión y protección. Entre ellos destaca la Cátedra Científico-Cultural de la Universidad de La Laguna, que impulsa su conocimiento sin perder de vista su raíz popular.

Frente a este legado profundamente enraizado, inquietan algunas iniciativas recientes nacidas en otras islas del archipiélago —como El Hierro o Gran Canaria— que, bajo el amparo de la buena voluntad o del entusiasmo turístico, han intentado crear versiones propias del Silbo.

El problema no es que existan expresiones sonoras locales —todas las culturas las tienen—, sino que se presenten como equivalentes al Silbo Gomero cuando carecen de su estructura articulada, su historia de uso continuo o su legitimidad comunitaria.

Por ello, preocupa, y duele, observar cómo ciertos intentos de “recrear” el Silbo en otros lugares ignoran sus fundamentos históricos, técnicos y humanos. Hablar de “silbos herreños” o “silbos grancanarios” como si fueran equivalentes no sólo carece de base científica, sino que contribuye a diluir el significado profundo del Silbo Gomero.

Estas imitaciones no cuentan con una comunidad que lo haya practicado tradicionalmente, ni con una estructura fonológica definida, ni con un proceso de transmisión cultural que las legitime. Estas prácticas, por más que usen técnicas similares, no reproducen un lenguaje articulado, sino apenas un reflejo superficial. Y suplantar un bien protegido no sólo genera confusión: puede comprometer su enseñanza, su prestigio social y su salvaguarda jurídica.

Recordemos que el Silbo Gomero cuenta con reconocimiento expreso en el artículo 27 del Estatuto de Autonomía de Canarias, así como en la Ley de Patrimonio Cultural del archipiélago. No es un ornamento del pasado, sino un derecho cultural vigente.

Quienes promovemos su defensa no buscamos monopolios ni exclusividades. Buscamos rigor, respeto y verdad. Porque sin la comunidad gomera que lo practica, enseña y defiende, el Silbo no sería más que una técnica vacía. Es el pueblo quien le da vida. Y esa vida no puede exportarse ni reinventarse sin perder su sentido.

El patrimonio cultural no se improvisa. No basta con silbar para hablar Silbo. Hace falta pertenencia, conocimiento, transmisión y un compromiso ético con aquello que representa.

El Silbo Gomero no es una curiosidad: es una joya de la creatividad humana que debe preservarse en su forma auténtica, sin distorsiones ni banalizaciones. Defenderlo es un acto de amor a nuestra tierra y un deber hacia el patrimonio común de la humanidad. Que su eco siga cruzando barrancos y generaciones, como lo ha hecho durante siglos, libre de imitaciones y lleno de verdad.

Fuente: https://diariodeavisos.elespanol.com/2025/04/silbo-gomero-la-voz-que-no-se-imita/

[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare I: consideraciones generales, Aridane y Gazmira

04-04-2025

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare I: consideraciones generales, Aridane y Gazmira

A finales del siglo XV (1492), cuando arriban las huestes de Alonso Fernández de Lugo, Benahoare, actual isla de La Palma, estaba dividida en 12 bandos o cantones independientes que, excepto Aceró (Caldera de Taburiente) que no tenía salida al mar, iban desde la costa a las cumbres más elevadas

1.- Consideraciones generales

La actual Isla de La Palma fue conocida por sus primeros moradores, de origen amaziq, como Benahoare, cuyo significado es “…el lugar del ancestro…” que, en sentido figurado, se podría traducir como “patria” (I. Reyes García, 2011: 122). A finales del siglo XV (1492), cuando arriban las huestes de Alonso Fernández de Lugo, estaba dividida en 12 bandos o cantones independientes que, excepto Aceró (Caldera de Taburiente) que no tenía salida al mar, iban desde la costa a las cumbres más elevadas.

Cada demarcación territorial (Tixarafe, Tagalguen, Tagaragre, Adeyahamen, Tenagua, Tedote, Tigalate, Ahenguareme, Guehebey, Tihuya, Aridane y Aceró) estaba gobernada por uno, dos y hasta tres hermanos.

Cantones y capitanes de Benahoare (Dibujo: Juan Alberto Fernández Pérez)

En la mitad norte de Benahoare los primitivos cantones coinciden, prácticamente, con los actuales municipios palmeros. La única diferencia destacable es que Puntagorda estaba incluida dentro del bando de Tixarafe y que los topónimos de cada demarcación territorial han variado: Tixarafe-Tijarafe, Tagalguen-Garafía, Tagaragre-Barlovento, Adeyahamen-San Andrés y Sauces, y Tenagua-Puntallana.

Esta distribución se mantuvo así, con toda probabilidad, porque la accidentada orografía, con enormes barrancos que van de mar a cumbre, permitía establecer unas líneas territoriales claramente definidas. El cantón de Tedote, formado por los actuales municipios de Santa Cruz de La Palma, Breña Alta y Breña Baja, es una anomalía que participa de las dos mitades, puesto que la frontera norte está muy clara en Barranco Seco, pero no sucede lo mismo en el frente sur donde los barrancos apenas si han comenzado a formarse.

Las diferencias entre la etapa prehispánica y la época histórica sí son muy distintas en la mitad meridional o neopalma, especialmente en la vertiente occidental (Valle de Aridane) y suroccidental. Los territorios del lado oriental estaban ocupados por los cantones de Tedote (Santa Cruz de La Palma, Breña Alta y Breña Baja) y Tigalate, que se corresponde con el actual municipio de Villa de Mazo. El extremo sur (actual municipio de Fuencaliente) se denominaba Ahenguareme.

El oeste de Benahoare, por el contrario, estaba compartimentado en 4 cantones que, salvo Aceró (Caldera de Taburiente), tenían unos límites muy imprecisos (Guehebey, Tihuya y Aridane) derivado de la ausencia de marcadores topográficos destacables y, especialmente, la inexistencia de grandes barrancos con cauces claramente definidos ya que, dada su reciente formación geológica, el territorio apenas si había comenzado a erosionarse y los barrancos apenas si había comenzado a labrarse su curso. (N. Álvarez Rodríguez y J. Pais Pais, 2011: 19).

A ello hemos de añadir las auténticas catástrofes que supusieron las erupciones volcánicas que sepultaron y modificaron enormemente el relieve prexistente. Si en los últimos 500 años ha habido siete volcanes que han afectado a esta porción de la Isla y tenemos en cuenta que la población benahoarita ocupó este territorio durante 1.500 años, y mantenemos la misma proporción, estaríamos hablando, como mínimo, de una veintena de erupciones. Estas cuestiones las iremos abordando al referirnos a cada uno de los doce cantones.

2.- El cantón de Aridane

A la hora de referirnos a los 12 cantones vamos a seguir el mismo orden que, en su momento, estableció J. Abreu Galindo. Por tanto, el primero al que haremos referencia es al de Aridane que, como veremos en la cita textual, se nombra como Adirane que, en principio, podría ser el topónimo aborigen y que, tras la conquista, se convirtió en el que ha pervivido hasta nuestros días: Aridane:

“Al tiempo que esta isla se conquistó, había los capitanes siguientes: Comenzando desde donde se ganó, que fue Tazacorte y Los Llanos, hasta donde dicen las Cuevas de Herrera, Amagar, Tijuya, todo este espacio y término de tierra llamaban antiguamente los palmeros en general Adirane, y era señor o capitán un palmero que se decía Mayantigo, por su gentileza y buena apostura; porque en su lenguaje llamaban al cielo Tigotan y, queriéndolo comparar al cielo, Mayantigo, que quiere decir ”pedazo de cielo“. Y, como en estas islas se ponían los nombres, por la mayor parte, según los hechos y sucesos que acaecían a los hombres, pusieron después a éste otro nombre, que fue llamarle Aganeye, que quiere decir ”brazo cortado“ …” (J. Abreu Galindo, 1977: 266-267).

El topónimo Adirane-Aridane tiene el significado de “lugar llano” o “los lugares llanos” (I. Reyes García, 2003: 40), lo cual cuadra perfectamente con la orografía del territorio, especialmente en las medianías de la mitad sur del cantón que, actualmente, forman parte de los municipios de Tazacorte, Los Llanos de Aridane y El Paso.

La cita textual de J. Abreu Galindo es muy imprecisa en cuanto a los límites de este cantón, ya que se limita a nombrar una serie de lugares (Cuevas de Herrera, Amagar y Tihuya) sin mayores datos. Sabemos que las huestes de Alonso Fernández de Lugo desembarcaron en El Puerto de Tazacorte, que pertenecía al cantón de Aridane, desconociendo totalmente cual era su línea divisoria con Aceró (Caldera de Taburiente).

Por otro lado, se indica que Amagar, actualmente en Tijarafe, formaba parte de este bando prehispánico. En algún lugar, que desconocemos, la frontera entre Aridane y Aceró cruzaba el Barranco de Las Angustias y luego, pensamos, seguiría el borde superior del Pico Bejenao, El Paso de Adamancasis (La Cumbrecita) y treparía hacia la Punta de Los Roques desde donde tiraría hacia el sur siguiendo el borde de Cumbre Nueva-La Hilera hasta su encuentro con Tihuya, de cuya línea divisoria no sabemos absolutamente nada, por cuanto buena parte de este territorio fue sepultado por las lavas de la erupción del Tacande-Montaña Quemada, que tuvo lugar poco antes de la conquista de Benahoare, en torno a 1470, aproximadamente. Seguramente, ese punto vendría marcado por un barranco o barranquera que desapareció bajo este cataclismo natural.

3.- Gazmira

En la cita de J. Abreu Galindo se indica que uno de sus límites estaba en las Cuevas de Herrera, cuyo topónimo se ha conservado hasta nuestros días, y se trata de un importante poblado de cuevas situados en las faldas del Pico Bejenao, que se aglutina en un amplio risco que forma la margen derecha del comienzo del Barranco del Riachuelo.

Esta zona también se conocía, en la etapa prehispánica, como Gazmira que, a tenor de algunos datos etnohistóricos, formaba una demarcación territorial independiente de Aridane o al menos con cierta entidad y autonomía, tal y como se refleja en esta cita:

“En junio de 1500 Francisco de Espino está obligado a dar información y poner remedio en los siguiente: Hace unos siete años tomó por cuenta propia unos treinta y tres vecinos de La Palma, del bando de Gazmira, donde dicen las cuevas de Herrera, y los redujo a esclavitud con sus mujeres y niños: los había cogido después de conquistada la Isla. Todas estas personas, unas doscientas en total, eran cristianas y de paces, aseguradas por los Monarcas y por sus capitanes, y pagaban tributos y diezmos de sus ganados.” (Manuela Marrero rodríguez, 1970: 363).

Tras la conquista de Gran Canaria, en 1483, los nuevos colonos y antiguos canarios llevaron a cabo una serie de razias en Benahoare, cuyo fin último era la posesión de este nuevo territorio, aunque en la mayoría de las ocasiones, se contentaban con la captura de esclavos, ganado, pieles, etc.

En una de esas intentonas desembarcaron en la cota de Aridane y llegaron, precisamente, hasta las Cuevas de Herrera donde capturaron, entre otras personas, a una joven que, tras su traslado a Gran Canaria, pasó a ser esclava, hasta su bautizo con el nombre de Francisca de Gazmira, llamada así, precisamente, porque su lugar de procedencia fue en el cantón de Gazmira.

Esta mujer, de un valor y una entereza extraordinarias, luchó denodadamente para conseguir la libertad de muchas personas aborígenes, como vimos en el párrafo anterior, que fueron injustamente convertidos en esclavos/as. Estos datos etnohistóricos nos dan pie a pensar que esta demarcación territorial también podría abarcar todo el Barranco del Riachuelo.

Bibliografía general

-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
-MARRERO RODRÍGUEZ, Manuela: Los procuradores de los naturales canarios, Homenaje a Elías Serra Ráfols I, (La Laguna), 1970, Págs. 351-367.
-REYES GARCÍA, Ignacio: El habla prehispánica de La Palma: Estudio histórico etimológico, (Islas Canarias), 2003.
-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011

Fuente

[Canarias}> ¿Me podrían aclarar si se dice beletén, beleté o belete y tafor o tafós?

21-04-2025

¿Me podrían aclarar si se dice beletén, beleté o belete y tafor o tafós?

Los canarismos beletén, beleté o belete, todos ellos de origen prehispánico, aluden, en distintas zonas de las Islas, a la leche que da la hembra de ciertos animales, como las cabras o las vacas, los primeros días después de parir, aunque, según los lugares, presentan algunas particularidades.

En Tenerife, para hacer referencia a esta leche se utilizan, además, las formas tafor, tafós, tafosa o tafora, que muestran, asimismo, sentidos parcialmente distintos dependiendo de los lugares de la isla en que se usen. Estas voces tienen también procedencia guanche. Todas ellas, al igual que las que citamos en primer lugar, son variantes legítimas.

Palabras nuestras

dado, da
1. adj. Abierto, extravertido. Enseguida simpatizas con él porque es una persona muy dada.
2. adj. Generoso, espléndido. Era muy dado con las personas necesitadas.
desandado, da
1. adj. Lz., GC., Tf. y LP. Inquieto, excitado, bullicioso. Lleva unos días desandado, y no veo la hora de que vengan los padres y se hagan cargo de él.
2. adj. GC. Atolondrado, aturdido.

Información sobre la localización de voces y acepciones

Fv: Fuerteventura
GC: Gran Canaria
Go: La Gomera
Hi: El Hierro
LP: La Palma
Lz: Lanzarote
Tf: Tenerife
Occ: Islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro)
Or: Islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria)

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[Canarias}> La identidad onomástica de los canarios (1)

13/04/2025

Francisco García-Talavera Casañas

La identidad onomástica de los canarios (1)

Este artículo es una sinopsis de mi último libro publicado recientemente: 1.100 apellidos arraigados en Canarias, en el que amplío y compendio mis anteriores trabajos sobre la temática de la onomástica canaria, titulados: 69 Apellidos canarios (2019), Apellidos portugueses en Canarias (2022) y Bethencourt y 66 variantes (2023). No se trata de un libro sobre genealogía ni de heráldica, es un trabajo en el que prima fundamentalmente la estadística, sin dejar de lado la historia y la demografía, pues pensamos que este tipo de investigación puede aportar datos y conclusiones importantes, que a veces se nos escapan, a futuros estudios históricos y culturales.

También pretendo contribuir con ello, como lo he venido haciendo en anteriores publicaciones, a la puesta en valor de tres hechos que considero esenciales en el devenir histórico y cultural de este archipiélago:
1) La clara y mayoritaria pervivencia de los guanches después de la conquista, como lo ha demostrado, fundamentalmente, la genética en los últimos tiempos,
2) La enorme influencia demográfica y cultural de los portugueses al mestizaje y conformación de la nueva sociedad isleña, a cuyo conocimiento también han contribuido los recientes estudios genéticos. Y
3) La gran aportación, ignorada, minusvalorada, y hasta silenciada en gran parte, de los canarios a la colonización, al mestizaje y a la evolución histórico-cultural y lingüística de las nuevas naciones americanas. Y para este propósito acudimos a uno de los principales sellos identitarios de las personas: el apellido, con toda la carga genealógica e histórica que lleva implícita. Tras su estudio hemos visto que Canarias cuenta con una serie de apellidos que se pueden considerar como propios.

Metodología

Los cuadros estadísticos de cada apellido que se plasman en el libro han sido elaborados a partir de los datos actualizados del INE (2023), según la provincia de nacimiento, y su distribución en el Estado español. Y, debido a la imperante limitación de espacio, hemos omitido todas las provincias excepto Madrid porque, en nuestra opinión, se puede considerar como un compendio demográfico de España y, por supuesto, incluimos las dos provincias canarias.

En ellos se puede observar el número de portadores de cada apellido, tanto si figura como primero o como segundo. También se detalla el caso en que un apellido se repite en una misma persona, así como el de los nacidos en el extranjero, muchos de ellos descendientes de canarios que emigraron a América y que ahora han retornado. Estos datos fueron completados con su prevalencia a nivel mundial, en este caso por país de residencia, y adaptados a este estudio con las cifras aproximadas (las hemos redondeado) ofrecidas por el portal Forebears (Surnames).

Incluimos los 10 países en los que el número de portadores es más abundante. Todo ello nos ha permitido constatar la ingente presencia de los canarios, a través de sus apellidos, en todos los países americanos, en especial los del Caribe, a los que llegaron masivamente. Y también vemos con sorpresa cómo muchos de esos apellidos, incluso algunos de origen guanche, han llegado hasta Filipinas. Así mismo, en su caso, presentamos una breve biografía de personajes canarios destacados, portadores de algunos de los apellidos reseñados.

Además, encabezamos cada apellido con una breve síntesis sobre su origen, siempre que ha sido posible —pues en algunos casos figuran como de origen incierto o desconocido— así como de su evolución histórica en el archipiélago. Para ello nos basamos y tomamos como referencia dos obras que creemos son fundamentales para este cometido: ‘Los apellidos en Canarias’, de Carlos Platero Fernández (1992), y ‘Heráldica de los apellidos canarios’, de Lino Chaparro d´Acosta (1980), las cuales, a su vez, se han basado, en parte, en el ‘Nobiliario y Blasón de Canarias’ (1878-1886), de Francisco Fernández Bethencourt. Datos que hemos complementado con los de la obra del genealogista portugués Manuel de Sousa (2002) ‘As origens dos Apelidos das Familias Portuguesas’, editado en Portugal. De igual manera fueron consultados los valiosos trabajos, que nos ayudaron en gran manera, publicados sobre esta temática (genealogía, onomástica, antroponimia, etc.) de muy diversos autores. Y también fueron de gran ayuda los listines telefónicos de las islas, de Lisboa y de los archipiélagos macaronésicos portugueses.

Origen de los apellidos canarios

Todos sabemos que la nueva sociedad canaria se fue conformando desde el mismo momento en que comenzaba su conquista, a principios del siglo XV. Pero es durante el último cuarto de ese siglo —años en los que acabaron de someterse las islas más pobladas (Gran Canaria, Tenerife y La Palma), llamadas de realengo— hasta las primeras décadas del XVI, cuando se produce un ingente aporte poblacional procedente del exterior: Algunos conquistadores y muchos colonos europeos, fundamentalmente portugueses, como lo mostramos aquí, y castellanos “sensu lato”, además de un gran número de esclavos africanos, y, en menor medida, normandos, genoveses, flamencos, judíos conversos, etc., muchos de ellos reconocidos mercaderes y traficantes. Y fue el mestizaje de estos colectivos con los guanches (en gran parte bautizados con apellidos foráneos), lo que dio origen a la nueva sociedad canaria. Y así se fueron conformando y arraigando los apellidos en el archipiélago.

Todo ello ha quedado corroborado en un reciente estudio (2023) del ADN mitocondrial de la población canaria, llevado a cabo por investigadores del ITER (Cabildo de Tenerife), el CSIC, las Universidades de La Laguna y Fernando Pessoa, y el Instituto Carlos III, publicado en la revista iScience —el más amplio que se ha realizado hasta el momento sobre la actual población canaria de varias generaciones (896 personas de todo el archipiélago)— los resultados confirman que la herencia materna es entre el 50 y el 60 % norteafricana (guanche-bereber). Y de la otra mitad, no aborigen, el 40% es de origen ibérico. De esa huella ibérica, el peso más importante se lo llevan los linajes identificados como portugueses y gallegos (nosotros los denominamos portugalaicos), que representan el 49.8 % de esa otra mitad no aborigen.

Apellidos distintivos de los canarios

En este grupo hemos seleccionado aquéllos que consideramos como más representativos porque, o son originarios de las islas (es el caso de los de origen guanche), o bien fueron introducidos por los conquistadores normandos y castellanos, o por los colonizadores y comerciantes europeos (portugueses, genoveses, flamencos…) desde las primeras décadas después de la conquista del archipiélago, muchos de los cuales fueron castellanizados o transformados, para adaptarlos a una mejor lectura y comprensión por parte de los nuevos administradores.

Con los datos que tenemos sobre la bibliografía y documentos consultados, creemos que el total de apellidos que había arraigados en Canarias (guanches, normandos, portugalaicos, castellanos y otros españoles, flamencos y genoveses, fundamentalmente), a mediados del siglo XVII, no sobrepasaba los 400. Además, pocas décadas después de la conquista ya dominaban los Hernández, González y Rodríguez, al igual que en la actualidad, y ello debido —en gran parte, como hemos visto— a la aportación guanche y portuguesa.

También incluimos en este apartado aquellos apellidos que llegaron a las islas en los siglos XVIII y XIX, se asentaron en el archipiélago, e incluso sufrieron alteraciones en la grafía, y con el paso del tiempo son más abundantes en Canarias que en el resto del Estado. Y así, estos apellidos, ya arraigados en las islas, se expandieron por todo el orbe, especialmente en América, a través de la incesante y numerosa emigración “isleña” hacia el Nuevo Mundo. También incluimos como canarios los que, aun teniendo su origen fuera de las islas, o que tienen un origen incierto, son muy prevalentes en Canarias con respecto al resto del Estado español.

Además, se da el caso curioso de que apellidos cuyo origen claramente hace referencia a este archipiélago, como es el de los gentilicios Canario y Canarias, que no se encuentran actualmente en estas islas y, sin embargo, hay casi cuatro mil portadores (3.883) en la República Dominicana y casi dos mil (1.974) en Brasil del primero, y 770 en Filipinas, portadores del segundo.

Otro hecho resaltable, resultado de la evolución de los apellidos en Canarias, es la clara diferencia que, fundamentalmente por las razones históricas y culturales que comentamos, existe en la onomástica antropológica entre Canarias y la del Estado español. La podemos observar en el orden de prevalencia de los diez apellidos más abundantes.

1º Rodríguez García
2º González González
3º Hernández Rodríguez
4º Pérez Fernández
5º García López
6º Martín Martínez
7º Santana Sánchez
8º Díaz Pérez
9º Suárez Gómez
10º Cabrera Martín

La gran diferencia la podemos apreciar, aparte de en el orden, en algunos apellidos como Hernández, tercero en Canarias, mientras que en España ocupa el décimo tercer lugar; Santana, séptimo en Canarias, aparece en el lejano puesto 72 en el ránking español; Suárez, noveno en Canarias, está en el puesto 32 de España y Cabrera en el 58. Aquí ya se deja entrever la gran influencia portuguesa, pues esta diferencia en el orden es debida fundamentalmente a que en los guanches bautizados predominaban los apellidos Hernández (sobre todo), González y Rodríguez, y al gran aporte portugués, como ya comentamos, a través de muchos apellidos homónimos que fueron castellanizados, sustituyendo la ‘s’ final portuguesa por la ‘z’ castellana.

De igual manera, apellidos portugueses que tienen una ‘i’ intermedia, como es el caso de Pereira, Moreira, Oliveira, Ferreira y Medeiros, los castellanizaron al suprimirles esa ‘i’, transformándolos en Perera, Morera, Olivera, Ferrera y Mederos. Y ya el colmo de la castellanización lo tenemos en la pintoresca transformación del Velho portugués (que significa viejo), por Bello (de guapo). También existen otros como Torres, Ramos, Guerra, Moreno, Delgado…que se escriben exactamente igual en portugués que en castellano, y que únicamente podemos diferenciarlos a partir de las fuentes documentales.

Trasplante de apellidos isleños en América y Filipinas

Curiosamente, “isleño” es un término acuñado en los países insulares del Caribe para identificar a los canarios que emigraron a América y sus descendientes, y con ellos llegaron los apellidos. Así, para los cubanos los únicos isleños son los canarios, al igual que sucede en Puerto Rico, en la República Dominicana y en otros países americanos.

Es sabido que la llegada de canarios al Nuevo Continente comenzó desde el mismo momento de su descubrimiento y conquista. Y luego, en los siglos XVII y XVIII, ya en una emigración eminentemente familiar (familias enteras, con mujeres y niños), sobre todo con ánimo repoblador, para cubrir el vacío demográfico que había provocado la cruenta conquista española.

Esto ocurrió especialmente en los países insulares del Caribe (Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico), con la gran mortandad de las etnias taino, caribes y otras, a consecuencia de la guerra, las enfermedades, esclavitud, etc. Y es así cómo aquellas decenas de miles de valientes, honrados y humildes emigrantes y colonos isleños (hombres, mujeres y niños) sembraron América de ciudades y pueblos fundados por ellos, donde dejaron bien patente su honestidad, y capacidad de trabajo, así como su original impronta y cultura isleña. Y también, como es lógico, aportaron su herencia genética. Un ejemplo: Según un estudio (2016) de las Universidades de Puerto Rico, Ponce Health Sciences y Arizona State, publicado en Human Biology, casi el 40% de los puertorriqueños con genes europeos y norteafricanos (bereberes), descienden de Canarias. Y lo mismo sucederá cuando se investigue en la genética de poblaciones de países del Caribe con gran influencia canaria como Cuba, Venezuela, República Dominicana y otros.

Fuente

[Canarias}> ¿Es la palabra ‘cambado’ un canarismo que se puede utilizar o constituye un vulgarismo?

08-04-2025

¿Es la palabra ‘cambado’ un canarismo que se puede utilizar o constituye un vulgarismo?

Cambado es el participio del verbo cambar, canarismo que presenta los sentidos siguientes:
1. Torcer y doblar una cosa poniéndola corva;
2. Perder una cosa su dirección vertical;
3. Torcerse, no seguir las cosas la evolución deseada.

Además, el adjetivo cambado ha desarrollado los valores siguientes:
1. De piernas torcidas;
2. Jorobado, encorvado.

Esta palabra, procedente del portugués, aparece ampliamente documentada en la lengua hablada y escrita de las Islas Canarias, y goza de gran vitalidad. Distintos estudios dialectales registran también su uso en el español hablado en Luisiana (en EE. UU.), Venezuela, Uruguay y Argentina. Se trata, por tanto, de un canarismo léxico que en ningún caso puede considerarse un vulgarismo.

Palabras nuestras

fogalera
1. f. Montón de materias combustibles encendidas que levantan mucha llama. En las fogaleras que se hacen por San Juan se queman los trastos viejos de las casas.
2. f. GC. Calor muy sofocante. Con la fogalera que hace no se puede salir a la calle.
3. f. GC., Tf. y LP. Pendencia, pelea. Cada vez que había verbena, se armaba una fogalera.
4. f. GC. y Tf. Epidemia.
5. f. Tf. y Go. Parranda, juerga.
6. f. Tf. Persona parrandera o farrista.
7. com. Persona que se enfada fácilmente. Nadie quería jugar con él porque era un fogalera.

Información sobre la localización de voces y acepciones

Fv: Fuerteventura
GC: Gran Canaria
Go: La Gomera
Hi: El Hierro
LP: La Palma
Lz: Lanzarote
Tf: Tenerife
Occ: Islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro)
Or: Islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria)

[SE}> Contra el odio de Gran Bretaña: así humilló el pueblo de Tenerife al todopoderoso Nelson

Contra el odio de Gran Bretaña: así humilló el pueblo de Tenerife al todopoderoso Nelson

El célebre almirante inglés quiso conquistar Canarias hace doscientos años y mandó a más de mil soldados a arrasar las islas por sorpresa, aunque jamás se imaginó que estaba a punto de sufrir la peor derrota de su historia ni que iba a perder su brazo en el intento