[Canarias}> Estas cinco expresiones canarias deberían estar en tu vocabulario si vives en la Península

08-07-2025

Jorge Siverio

Estas cinco expresiones canarias deberían estar en tu vocabulario si vives en la Península

Desde 1999, la riqueza del habla canaria está registrada en la Academia Canaria de la Lengua

Cuando se piensa en Canarias, es habitual imaginar paisajes increíbles, aguas cristalinas y un clima que parece vivir en primavera todo el año, aunque ya la realidad es bien distinta. Sin embargo, estas islas en medio del Atlántico son mucho más que un destino turístico. Su gente, tradiciones y cultura conforman un espacio propio en el que incluso el lenguaje adquiere matices diferentes.

Aquí recogemos cinco de estas curiosidades del lenguaje canario que, si visitas el Archipiélago —o incluso si no lo haces—, te serán útiles y seguramente te arrancarán una sonrisa.

Agüita

Es una interjección que denota asombro, sorpresa o incluso admiración, dependiendo del contexto y del tono. Por ejemplo: “¡Agüita lo que cobró ese restaurante por un café!”. Es tan expresiva porque evoca emociones de forma gráfica y sonora, como ese escalofrío cuando te cae agua fría.

Choso

Es una forma coloquial de referirse a una casa o vivienda, sin importar su tamaño o estilo. Por ejemplo: “Vamos a mi choso a jugar». Nos encanta porque es directa, cercana y tiene un aire desenfadado, mucho más divertida que decir simplemente «casa».

Tolete

Aunque su significado literal es más bien anatómico (órgano reproductor masculino), en el uso cotidiano se convierte en un insulto leve, casi cariñoso, para llamar a alguien torpe o ingenuo. Por ejemplo: “¡No seas tolete y presta atención!”. Lo curioso es que puede ser ofensivo en otros lugares, pero en Canarias tiene un tono mucho más familiar y desenfadado, como parte del humor isleño.

Tenderete

Es mucho más que una fiesta. Se trata de una celebración improvisada, generalmente entre amigos o familia, con abundante comida, bebida y, a menudo, música. Por ejemplo: “Vaya tenderete el del viernes». Enamora porque en Canarias saben que la buena mesa y la buena compañía merecen su propio término.

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[Canarias}> La impresionante resurrección de La Palma bajo el mar: así están, cuatro años después, las fajanas creadas por el volcán

07-07-2025

 Laura Bautista

La impresionante resurrección de La Palma bajo el mar: así están, cuatro años después, las fajanas creadas por el volcán

Las imágenes submarinas de ‘I Love The World’ muestran cómo la fauna va conquistando este nuevo hábitat, en medio de impresionantes formaciones geológicas

La vida se abre paso. Casi cuatro años después de la destrucción del volcán de Cumbre Vieja, La Palma renace bajo el mar, con una explosión de vida en la costa de las dos nuevas fajanas o deltas lávicos de Tajogaite, la tierra más joven de España.

En un planeta cuya edad alcanza la friolera de 4.500 millones de años, el paisaje y el ecosistema submarinos creados por la erupción del Tajogaite tienen menos de cuatro años de edad. La productora audiovisual I Love The World ha realizado inmersiones en un viaje al fondo del mar encargado por la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) en el marco del proyecto Delta, con el fin de estudiar la evolución de este nuevo ecosistema, tanto terrestre como subacuático, surgido donde antes solo había mar y que constituye, además, un laboratorio natural para documentar cómo renace la vida desde cero.

«Estamos realizando todo tipo de estudios sobre este medio marino: la biodiversidad, la estructura geológica, las emisiones de gases… porque se trata de un patrimonio natural que representa un nuevo valor para la isla, del que además puede beneficiarse la economía de La Palma», afirma el director de PLOCAN, José Joaquín Hernández, entrevistado por ElValledeAridane.com, la web editada por la asociación Tierra Bonita gracias al libro ‘Las otras historias del volcán’.

Fotos cedidas por ‘I LOVE THE WORLD’

Para este doctor en Ciencias Químicas, que desde 2019 está al frente de PLOCAN, «el volcán ha sido una desgracia» por todos los daños materiales que ha causado, «aunque no será la primera ni la última vez en un archipiélago volcánico«.

Hernández considera que «debemos adaptarnos» con el objetivo de «generar actividad económica sostenible mediante un turismo científico, basado en la observación de los nuevos ecosistemas, que puede contribuir a crear empleo en La Palma». Para hacerlo posible, ha dicho, «es necesario llevar a cabo un seguimiento de esta joya natural que son las nuevas fajanas, donde la crispada naturaleza de las rocas volcánicas se ven sometidas a la fuerza del oleaje y a su propio proceso de asentamiento».

Los ojos del volcán

La productora ‘I Love The World’, que se convirtió durante los meses de erupción y en la etapa postvolcán en los ojos de la sociedad palmera en las zonas de exclusión, han ido más allá para bajar de los cielos para adentrarse en las profundidades. Las imágenes submarinas muestran cómo la fauna va conquistando este nuevo hábitat, en medio de impresionantes formaciones geológicas.

Alfonso Escalero, ya conocido en La Palma por su ayuda altruista a los afectados del volcán, ha estado al frente de esta expedición, junto a Alejandro Gil Roldán, y han contado con un equipo del que formaron parte especialistas en distintas ramas de la imagen y la exploración.

Entre ellos destacan el fotógrafo submarino Francis Pérez, ganador del World Press Photo y colaborador habitual de National Geographic, o el videógrafo submarino Juan Raya, reconocido por su talento para capturar la belleza de los océanos, entre otros.

El equipo cuenta también con expertos en imagen aérea, operadores de drones, técnicos en exploración marina profunda mediante ROVs capaces de descender hasta los 200 metros de profundidad, y narradores visuales. Han tomado 1.500 fotografías, tanto aéreas como submarinas, utilizando drones adaptados a cada uno de estos medios.

«Para nosotros, que hemos documentado esta catástrofe desde el principio y hemos estado al lado de los afectados, ver cómo se recupera la vida en estos fondos marinos es un subidón de adrenalina, y de algún modo es una metáfora de lo que nos gustaría que pasara con la población damnificada: que más pronto que tarde pudiera recuperar sus proyectos de vida en esta isla maravillosa que ha sufrido tanto con esta catástrofe», afirma Escalero.

Este material audiovisual será divulgado en un reportaje, en su mayor parte con imágenes submarinas, que contará con locución en español e inglés.

Sobre la situación actual de estos nuevos fondos marinos, el director de PLOCAN detalla que se han encontrado zonas donde la vida se ha recuperado más rápidamente de lo que se pensaba, con muchas especies ya habitando ese entorno.

También se han detectado otra áreas aún sin vegetación, «lo que nos da idea de que ahí las condiciones no son aún apropiadas para la vida», debido a emisiones de CO₂ que acidifican el agua. Sin embargo esos lugares, añade, son también «pequeños laboratorios, pequeñas ventanas en el tiempo, para estudiar lo que pasará en 50 o 100 años en el planeta por el incremento del CO₂ en el medio marino de todo el mundo«.

Por ejemplo, en ese ambiente corrosivo no se desarrollan las conchas de los organismos marinos, que son de carbonato cálcico, aunque otras especies sí se adaptarán mejor». En tierra, concretamente en Tazacorte, PLOCAN está comenzando a construir un laboratorio de 200 metros cuadrados que permitirá a los científicos llevar a cabo sus investigaciones.

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[Canarias}> Canarias tiene razón: la explicación que deja claro por qué decir ‘papa’ es la forma correcta

02-07-2025

Canarias tiene razón: la explicación que deja claro por qué decir “papa” es la forma correcta

Un vídeo ha reabierto el debate sobre cómo se debe llamar realmente al tubérculo más consumido en el mundo

Papas arrugadas y mojo verde o rojo. Plato típicamente canario

Un vídeo divulgativo de Turismo de Sanlúcar de Barrameda, publicado en TikTok y con más de 1,2 millones de visualizaciones y 56.000 ‘me gusta‘, ha reabierto el debate sobre cómo se debe llamar realmente al tubérculo más consumido en el mundo: ¿papa o patata?

En la publicación se explica que, tras el descubrimiento de América, Sanlúcar de Barrameda —puerto clave en las rutas transatlánticas— fue uno de los primeros lugares donde llegaron productos del nuevo continente. El primer tubérculo en introducirse fue la batata, que se adaptó rápidamente al clima de la zona. Años más tarde llegaría la papa, inicialmente una variedad morada, similar en apariencia a la batata.

El error, según se explica, surge cuando la papa comenzó a confundirse con la batata ya conocida. Como consecuencia, en gran parte de la península se popularizó el término patata, una deformación que mezcla ambos nombres: “papa” (de origen quechua) y “batata” (del taíno).

Este fenómeno lingüístico está documentado por diversas fuentes etimológicas. La Real Academia Española reconoce que el vocablo “patata” resulta de una fusión de ambas palabras, y que “papa” es el nombre original del tubérculo andino.

Durante el siglo XVI, se usaban indistintamente ambos términos, pero a partir del siglo XVII, “patata” se impuso en muchas regiones peninsulares, mientras “papa” se mantuvo en zonas más conectadas con América, como Canarias y Andalucía Occidental.

En Canarias, el uso de “papa” sigue vigente y nunca se ha perdido. Este hecho coincide con lo que ocurre en la mayor parte de Hispanoamérica, donde el término “papa” es el único empleado. Países como Perú, Colombia, Argentina o México utilizan exclusivamente esta denominación, alineándose con el origen indígena del nombre.

A diferencia de la Península, donde se generalizó el término deformado, en Canarias se ha conservado el nombre original, lo que convierte al archipiélago en uno de los pocos territorios europeos donde se mantiene viva la raíz histórica y cultural de este alimento.

Al principio, el término «papa» se mantiene, pero, una vez que se va extendiendo por España y Europa, se va deformando la palabra ya que se confunde con el otro tubérculo y se mezcla el nombre de «papa» y «batata» resultando en «patata».

Este legado lingüístico y cultural nos recuerda el enorme intercambio de saberes, alimentos y costumbres que se produjo a raíz del encuentro entre continentes.

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[Col}> Tiempos difíciles / Soledad Morillo Belloso

03-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Tiempos difíciles 

Hay dificultades que no estallan de golpe. Se filtran sigilosamente en la cotidianidad, se cuelan entre los resquicios de la confianza, llegan  como una brisa helada que eriza la piel. No anuncian su llegada con estruendo; de la nada, aparecen. Y entonces todo es distinto, aunque la luz siga siendo luz y los relojes sigan marcando el tiempo.

La realidad se vuelve líquida, resbaladiza, como si el mundo fuese un espejo al que nadie se atreve a mirar de frente. Lo presunto se desmorona, las palabras pierden peso, y lo que fue comienza a sonar más fuerte que el presente.

Los tiempos difíciles se instalan en los rincones, en las pausas entre palabras, en la mirada esquiva de quien ya no busca respuestas. Son tiempos de caminos que se bifurcan sin señales claras, de silencios que pesan más que cualquier voz. La farsa se disfraza de promesas vacías y rimas impostadas. Nos aferramos a etiquetas, a narrativas tranquilizantes, a la ilusión de que comprender es lo mismo que controlar. Pero la realidad es más compleja, más cruda, más implacable.

Esos tiempos, los difíciles, nos desafían, y exigen un nuevo pacto con eso que algunos llaman esperanza. Nos confrontan con nuestras propias sombras, nos obligan a diferenciar entre la calma y la resignación, entre el miedo y la prudencia, entre la espera y el abandono. El mundo parece encogerse y las sombras se alargan. Son tiempos de silencios densos, de preguntas que nadie responde, de sendas sin señales.  El dolor se apodera de todo.

Los tiempos difíciles nos revelan de qué estamos hechos. Nos arrancan las certidumbres cómodas y nos obligan a andar descalzos sobre terreno agreste. Cada paso es una apuesta sin garantías. Cada decisión, una tertulia con el destino. No hay fórmulas exactas ni rutas predefinidas. Sólo hay instinto, una voz que nos dice que no hay que ceder ante la niebla, que hay que respirar. En esos momentos en que el mundo pesa demasiado, algo tan mínimo y elemental como respirar  se convierte en sublevación, en rebeldía de la esperanza.

Un día, sin previo aviso, el dolor se cansa de agredirnos, de ahogarnos, de cegarnos. Y vemos un destello. No es grande, no es obvio, pero ahí  está, existe. Es una línea que resiste, una chiribita que se defiende de la extinción. Miramos de frente a la incertidumbre. En silencio. Y allí nacen revelaciones, resuena la verdad. Allí habita lo esencial.

Sí, la esperanza es elusiva, frágil, casi imperceptible. A ratos es apenas un reflejo en la distancia, una tenue luz asfixiada por el peso de los días. Viaja en la brisa de la incertidumbre. Es leve, pero resistente. Ligera, pero indispensable. Se despliega con cautela, tambaleante al principio, hasta que aprende a sostenerse en el aire. La esperanza, como las alas de la mariposa, carga la delicadeza de lo efímero, pero también el brío de lo que se rehúsa a desaparecer. Nos advierte que toda oscuridad sucumbe ante el amanecer. La esperanza no tiene cláusulas de fiel cumplimiento, y el rumbo que toma no sortea las tormentas, pero nos permite seguir avanzando, nos concede no quedar atrapados en el suelo.

La esperanza persiste, como un susurro apenas audible en la noche. Se acurruca en las sombras, en el latido cansado de quienes aún no se rinden. No promete finales felices ni remedios automáticos. No disuelve la pena ni borra las cicatrices, pero camina a nuestro lado.

Avanzamos, con el dolor sedado  sobre los hombros y la esperanza como un hilo tenue que apenas se percibe, pero que nunca se rompe del todo. No hay promesas de un mañana más fácil. Pero hay un mañana. Hay pasos por dar, páginas por escribir. Y eso, en los tiempos difíciles, es suficiente.

[Col}> Los pasos por venir / Soledad Morillo Belloso

29-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Los pasos por venir

A veces el camino se dibuja con claridad, otras veces es sólo una intuición lejana en la penumbra. Me aferro a la certeza del avance, al impulso de seguir adelante, sin saber lo que me espera.

Cada paso es una decisión, un acto de voluntad, un salto hacia lo desconocido. Hay quienes caminan con prisa, con la urgencia de llegar sin detenerse a mirar el paisaje que los rodea. Otros avanzan con cautela, temerosos de lo que puedan encontrar. Y algunos se detienen, miran atrás, preguntándose si el sendero recorrido los ha llevado al lugar correcto.  Yo camino, como la superviviente que soy, y lo hago sin hacerme preguntas necias.

El suelo que piso es memoria viva. Contiene el eco de mis aciertos y errores, la huella de lo que fui, la sombra de lo que aún no soy. Pero mi pasado no dicta mi futuro; el porvenir es una página en blanco que espera ser escrita.

No sé si el próximo paso me llevará a la cima o al abismo. No sé si la ruta será fácil o estará otra vez plagada de escollos. Pero sí sé que cada paso es una afirmación de mi  existencia.

Entonces, camino. No porque tenga garantías, sino porque la incertidumbre es la esencia misma de la vida. Y en ese vértigo de lo posible, busco mi propósito.

Los pasos por venir no son sólo trayectos físicos, son viajes internos, son movimientos del alma. Y al final, no importa cuán lejos llegue, sino cuánto aprendí en el camino.

El camino no es ni bueno ni malo. Es simplemente el camino. Ante cada paso, lo único que puedo controlar es mi respuesta: la voluntad con la que sigo adelante, la actitud con la que enfrento lo inevitable.

No importa lo que me aguarde, porque no está en mi poder cambiar el destino. Lo que sí está en mis manos es mi manera de recibirlo, mi  capacidad de aceptar y adaptarme sin lamentos, sin resistencia inútil.

Cada piedra en el sendero es una prueba, pero no una maldición. No hay obstáculos, sólo desafíos. Lo que parece adversidad es, en realidad, una oportunidad para fortalecer mi espíritu, para templar mi carácter, para recordar que soy  dueña de mi mente aunque el mundo exterior sea incierto.

Las circunstancias cambian, el azar juega su papel, pero mi virtud permanece firme. Si el próximo paso me lleva a la ruina, que no me quite la serenidad. Si me lleva al éxito, que no me nuble la razón. Sólo aquellos que comprenden que el futuro es incierto, pero que su dominio sobre sí mismos es absoluto, caminan con verdadera libertad.

Así avanzo. Lentamente y en silencio. No porque la esperanza me ilusione, sino porque la razón me guía. No porque crea en un destino favorable, sino porque sé que, venga lo que venga, lo enfrentaré con dignidad.

Los pasos por venir no son lo que me define. Lo que me define es cómo los doy. La verdadera fortaleza no reside en dominar lo externo, sino en reconocer que mi  única posesión real es la manera en que elijo enfrentar lo inevitable. No controlo el rumbo del viento, pero sí mi respuesta a él. En esa elección consciente, en esa aceptación sosegada de lo que no puedo cambiar y la firmeza ante lo que sí, encuentro la fuerza para levantarme todos los días.

[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare IV: Ahenguareme

25-06-2025

Felipe Jorge Pais Pais

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare IV: Ahenguareme

El cantón de Ahenguareme

“El cuarto señorío era desde El Charco hasta el término de Tigalate, y a toda esta tierra llamaban antiguamente Ahenguareme; y de esta parte eran señores Echentire y Auquahe, dos hermanos; y éste llamaron de este nombre por ser muy moreno, y Azuquahe quiere decir “moreno” o “negro” en su lengua (J. Abreu Galindo, 1977: 267).

El topónimo Ahenguareme puede referirse a dos plantas canarias: ruda (Ruta ramosissima) y el incienso (Artemisia thuscula) (I. Reyes, 2011: 57).

Los arbustos de incienso son muy abundantes por las medianías del actual municipio de Fuencaliente. Es una planta medicinal, por lo que era muy apreciada, en la época histórica, por sus cualidades estomacales, ayudando a expulsar los gusanos intestinales y aumenta la secreción de orina. Se utilizaban sus hojas y flores en infusiones y en sahumerios (F. J. Pais Pais, 1996: 178). Este uso curativo, con toda probabilidad, también sería conocido por la población aborigen.

El cantón de Ahenguareme se extendía por una de las zonas más áridas y secas de la antigua Benahoare, ocupando todo su extremo meridional y extendiéndose a ambas vertientes (oriental y occidental) de Cumbre Vieja. A pesar de todo, contaba con magníficos pastizales herbáceos y arbustivos, ideales para el mantenimiento de rebaños de cabras y ovejas, que ocupan desde la orilla del mar a la crestería, que alcanza los 1.656 metros en la Montaña de La Manteca.

Por ello, no debe extrañarnos que, tras la conquista, este territorio fuese explotado como una dehesa comunal a la que tenía acceso, mediante el pago de los correspondientes cánones, la comunidad pastoril de La Palma.

Este aprovechamiento y riqueza se desprende de esta cita textual, tras la erupción del Volcán Martín-Tigalate en 1646: “…deshizo las tierras de Foncaliente y otras circunvecina, y se destruyó y quemó todo el pinar y monte de Foncaliente, y se ha perdido y perdió mucha cantidad de ganado que se apazentaba en aquellas partes, y se impidió el uso de pastos de la mayor parte del ganado desta Isla que, por su término, de todos los vecinos se usaba de echar allí en el invierno…” (M. Santiago, 1960: 321). Es muy posible que, en diferentes momentos de la etapa prehispánica, estos parajes tuviesen un uso ganadero que fue esencial a partir de su incorporación a la Corona de Castilla.

Las prospecciones superficiales que realizamos en 1995 para la elaboración de la Carta Arqueológica de Fuencaliente nos permitieron constatar un poblamiento aborigen bastante intensivo entre la orilla del mar y los 800 metros de altitud, aproximadamente.

La escasa presencia de cavidades naturales obligó a la población indígena a establecerse en poblados de cabañas que, a juzgar por la riqueza en restos arqueológicos superficiales (fragmentos de cerámica, piezas líticas, fragmentos de fauna doméstica y conchas marinas) fue especialmente destacable en Las Indias, Los Quemados y Las Caletas.

No obstante, también habitaron en pequeñas covachas, amplios cejos y tubos volcánicos, entre los que sobresale la Cueva de Los Palmeros, dispersos por las coladas lávicas que recorren toda su orografía. También destacan algunos yacimientos funerarios y de carácter mágico-religioso entre los que sobresale la estación de grabados rupestres del Roque Teneguía, así como conjuntos de canalillos-cazoletas.

Grabados rupestres del Roque Teneguía (Foto: Jorge Pais Pais)

Resulta interesante destacar la atención que le dedican las fuentes etnohistóricas a dos puntos de agua muy importantes situados, precisamente, en la zona más árida de la Isla, como son Tagagrito-Fuente Santa y Uquén-El Tión.“La parte más estéril de agua que esta isla de La Palma tiene, es la que care a la banda del Sur; porque, si no es alguna fuente de muy poca agua, no hay otra; y aun de ésa no se puede aprovechar todas veces, porque una fuente que nace a la orilla del mar no se pueden aprovechar de ella, si no es de baja mar, porque, cuando crece, la cubre; y sale tan caliente que, puesta una lapa del mar en el nacimiento de la agua, se despide de la concha. Y salir tan caliente lo causa el minero de azufre por donde pasa el agua: Los naturales antiguos llamaban este término en su lenguaje Tagragito, que es “agua caliente…” (J. Abreu Galindo, 1977: 264). Según Ignacio Reyes, este topónimo tiene el significado de “pequeña corriente de agua muy caliente” (2011: 366).

Según J. Abreu Galindo, “Hay en esta banda, en un término que llaman Uquen, una fuente en una concavidad debajo de tierra, a la cual se entra por un agujero que está en medio de un llano de losas de piedra viva, tan estrecho que es necesario que entren a gatas, la cara hacia la entrada, por no perder de vista la entrada y su claridad; y de esta suerte entran un trecho, y en el fin se hace una gran sala. Y por entre aquellas losas cae distilaba el agua, en goteras, tan buena que es contento beber de ellas. Los antiguos la llamaron Tebexcorade, que quiere decir “agua buena”. Y no es de maravillar tanto el edificio que allí que allí obra la naturaleza, cuanto el distilar el agua en tierra tan seca y de losas de tan poca humedad y corpulencia; porque están delgada la techumbre de esta cueva, hecha de aquellas losas, que, si encima tocan con cualquiera cosa, atruena toda la concavidad de abajo, que al parecer se figura delgada aquellas losas como tablas, y con cualquiera golpe parece que la horadan y rompen” (1977: 264). Por su parte, Tebexcorade se puede interpretar como “…todo estanque…” (I. Reyes, 2011: 393). Este nombre se conserva en una zona y una galería situada en el Barranco del Riachuelo (El Paso), conocida como Tabercorade. La actual Fuente del Tión podría ser, perfectamente, la de Uquen.

Fuente de Uquen-El Tión en la actualidad (Foto: Jorge Pais Pais)

Según Carmen Díaz Alayón “La zona de Uquén, aproximadamente de treinta hectáreas y entre los 800 y 950 metros de altitud, está situada en el noroeste del municipio de Fuencaliente y distante cinco kilómetros del núcleo de Los Canarios. El área está deshabitada y es objeto de aprovechamiento para pastos y cultivo de viñedos de modo preferente· (1987: 162).

En registros documentales del siglo XVIII se recoge una Cruz de Uquén, Riscos de Uquén y también las variantes Oguén/Oquén y Doguén/Doquén. Tiene el significado de “…encierro, cerramiento…” (I. Reyes, 2011: 435).

También existe el topónimo Uquenes: “De La Costa hasta la cumbre…ya aquí no tienes nada más que mirar, desde La Costa, que allá abajo a donde iba uno, eso habían higueras a montones hermosas. Y después todo eso por ahí pa’rriba, esas Indias, esos fondos esto todo eran higueras. Subes pa’rriba pa contra aquí arriba, llegas a esos Uquenes …”.

La zona de Uquenes estaba llena de “higueras blancas por ahí…y por aquel barranco pa’rriba estaba lleno de higueras y eso se ha secado todo. Pero, ya digo, la gente sembraba higueras…es que daba…¡pero si era la mantención casi de una casa familia muchacho! tu sabes lo que te da a ti que tu llegaras y tuvieras tu dentro de la casa 2 ó 3 ó 4 cajas de higos pasados…”. También se daban muy bien las tuneras: “… después también por aquí arriba esos Uquenes aquello, esas tuneras que están así aquello, muchos no quieren meterle eso, cochinilla, porque después el tuno, salía el tuno y salían muchos manchados con tinta y aquello.

Estos datos, de un enorme valor antropológico y toponímico los legó D. Rafael Díaz García, quien falleció a los 90 años, a su nieto Aythami González Díaz, a quien agradecemos profundamente que nos haya permitido dar a conocer esta preciosa y valiosa información.

El cantón de Ahenguareme, al igual que hemos visto para Aridane, Tihuya y Guehebey, ha sufrido, en la época histórica, una serie de erupciones volcánicas que han sepultado una parte importante de su territorio. La más antigua, Volcán de Tigalate-Martín (1646), aunque reventó en Villa de Mazo, afectó, principalmente al territorio fuencalentero. Es muy probable que sus lavas sepultasen una barranquera que marcaría el límite con el cantón vecino de Tigalate, que veremos en el próximo capítulo, aproximadamente por la misma línea que divide los municipios actuales de Fuencaliente y Villa de Mazo).

Posteriormente, en 1677, reventó el Volcán de Fuencaliente-San Antonio conocido, sobre todo, por el sepultamiento de la Fuente Santa. Este cataclismo provocó daños en una de las estaciones de grabados rupestres más interesantes y grandes de la antigua Benahoare, cual es el Roque Teneguía, que cuenta con 83 paneles de motivos geométricos ejecutados con la técnica del picado.

Fueron descubiertos en 1960 por el geólogo Telésforo Bravo. Buena parte de los paneles habían sido cubiertos por la arena y el granzón lanzados por esta erupción. En 1970 se procedió a la recuperación y desentierro de los petroglifos situados en la base de este impresionante pitón fonolítico. Los trabajos fueron dirigidos por Luis Diego Cuscoy.

El Roque Teneguía y sus grabados estuvieron a punto de ser volados con dinamita para dejar paso al canal de agua Barlovento-Fuencaliente. Finalmente, la presión popular consiguió que se salvasen merced a la perforación de un túnel en la base del roque.

Apenas un año después, en 1971, tuvo lugar, muy cerca del yacimiento rupestre, la erupción del Volcán Teneguía a la que, nuevamente, sobrevivieron las inscripciones prehispánicas aunque, igualmente, se vieron afectadas, aunque en menor medida que en 1677, por la “lluvia” de escorias volcánicas.

Bibliografía general

      -ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.

-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria, y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).

-DÍAZ ALAYÓN, C.: Materiales toponímicos de La Palma, (Santa Cruz de Tenerife) 1987.

-LUIS DIEGO CUSCOY, L.: El Roque de Teneguía y sus petroglifos, Noticiario Arqueológico Hispánico, II, (Madrid), 1973, Págs. 59-143.

-FRUTUOSO, Gáspar: Las Islas Canarias (de “saudadec da terra”), Fontes Rerum Canariarum, (La Laguna), 1964.

-PAIS PAIS, F. J., y TEJERA GASPAR, A.: La religión de los benahoaritas, (Santa Cruz de Tenerife), 2020.

-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

-SANTIAGO, M.: Los volcanes de La Palma. Datos histórico descriptivos, El Museo Canario, Nº 75-76, (Las palmas de Gran canaria), Págs. 281-346.

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[Canarias> La palabra ‘emborcar’ de uso común en La Palma, ¿se utiliza en el resto de las islas?

24-06-2025

La palabra ‘emborcar’ de uso común en La Palma, ¿se utiliza en el resto de las islas?

A propósito del canarismo emborcar, de origen portugués, cabe decir que tiene una extensión de uso que abarca casi todo el Archipiélago. No obstante, son las islas occidentales (Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro) el ámbito en el que la palabra que nos ocupa tiene una mayor vigencia, especialmente en el habla rural.

Sus acepciones más comunes son ‛cambiar la colocación de alguna cosa, volviendo lo de arriba para abajo o lo de un lado para otro’ y ‛vaciar un envase o una vasija volviéndolo boca abajo’.

Posee, además, una acepción metafórica con el valor de ‛provocarle la muerte a alguien, intencionadamente o de manera accidental’. Cabe señalar que hay hablantes que consideran, erróneamente, que emborcar no es más que una deformación popular del verbo español volcar.

Palabras nuestras

babiecada

  1. f. Lz., Fv. y Tf. Acción o dicho tonto o simple. No sé cómo aguanta a ese hombre, que no dice más que babiecadas.
  2. f. Lz., Fv. y Tf. Acción o dicho desacertado. Empezó diciendo cosas muy atinadas, pero acabó con cuatro babiecadas que deslucieron su discurso.

bagazo

  1. m. Cáscara de la uva que queda después de prensarla en el lagar. Con el bagazo se hace el aguapié.
  2. m. LP. Escobajo, raspa que queda del racimo después de quitarle las uvas.
  3. m. Tf. y LP. Corazón de la pera.
  4. m. Desperdicio de la caña de azúcar después de exprimida.
  5. m. Tf. y LP. Residuo de los panales al ser fundida y separada la cera.
  6. m. Lz. Escombros de una casa en ruinas.

Información sobre la localización de voces y acepciones

  • Fv: Fuerteventura
  • GC: Gran Canaria
  • Go: La Gomera
  • Hi: El Hierro
  • LP: La Palma
  • Lz: Lanzarote
  • Occ: Islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro)
  • Or: Islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria)
  • Tf: Tenerife

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[Col}> Horizonte / Soledad Morillo Belloso

23-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Horizonte 

No es una línea imaginaria. Es un pacto silencioso entre la tierra y el cielo. Un trazo que promete lo desconocido, una invitación a caminar más allá de lo que los ojos pueden ver. Es el límite que no limita, la frontera que no encierra. Es lo que aún no ha nacido, la silueta de lo que el viento aún no ha tocado.

Lo veo en la piel del mar, en la luz que se disuelve en el ocaso. Lo siento en el pulso del tiempo, en la certeza de que algo más aguarda detrás de lo visible.  Se expande con cada paso. Es un juego entre lo tangible y lo infinito, una invitación a ir más allá, a desafiar el miedo, a entender que lo lejano sólo existe para ser alcanzado.  O, tal vez, no.

Cuando lo toco, desaparece, no porque se niegue a ser conquistado, sino porque su naturaleza es el movimiento. No hay final en él. Sólo una historia que continúa, un viaje sin fin, una promesa que nunca deja de llamar.

Se despliega como un lienzo, una promesa suspendida en la distancia, una interrogante que se disuelve con cada paso.  Hay quienes lo miran con nostalgia, creyendo que al otro lado hay respuestas. Otros lo desafían, seguros de que lo inalcanzable es una ilusión del tiempo. Y hay quienes lo contemplan sin urgencia, dejando que su misterio los envuelva, sin prisas, sin certezas.

En la brisa marina, el horizonte es un espejo líquido, un reflejo tembloroso del cielo en el mar. En el desierto, es un filo dorado, una línea que quiebra el silencio de la arena. En las montañas, es un velo de niebla, un límite que el sol desgarra cada amanecer.  En la ciudad, el horizonte es de concreto y cristal, una línea quebrada por torres de hormigón y acero que se alzan como raíces invertidas, buscando el infinito. En la selva, es un caleidoscopio de verdes y sombras, una frontera de hojas que cantan con el viento. En la tundra, es un aliento helado, un suspiro de nieve que se funde con el cielo plomizo.

Nunca es el mismo, y nunca es el final.  El horizonte no detiene, no encierra. Es un puente, un quizás, un punto de fuga donde la realidad se pliega y el futuro empieza. Es el alma de los viajeros, el destino de los soñadores, el último respiro de la luz antes de que la noche lo envuelva.

Cuando la luna se alza sobre él, es un reflejo de plata en la piel del mundo, una puerta abierta a los secretos de la noche. Cuando el amanecer lo acaricia, se incendia con colores imposibles, con trazos de oro y fuego que despiertan la mañana.

Y al acercarme, entiendo su verdadera naturaleza. No es un lugar al que se llega. Es una idea que me tienta, un poema inconcluso que me recuerda que siempre hay más. Mientras haya horizonte, habrá caminos por recorrer, sueños por perseguir e historias por escribir. Es la línea del porvenir, el símbolo de la inmensidad que  invita a avanzar, a descubrir, a persistir.

[Col}> Tiempo y viento / Soledad Morillo Belloso

17-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Tiempo y viento

Cuando el duelo se disuelve en la bruma, queda sólo la tierra húmeda de nuestra propia piel. Queda ese suelo donde la ausencia echó raíces y la memoria germina en formas extrañas.

La herida, al principio, es un abismo ciego, pero entre sus grietas duerme una semilla. El sol aprende a mirar distinto y las sombras ya no son sentencia.

Resurgir no es olvidar; es aprender a bailar con los espectros, es tejer con hilos de dolor una nueva piel, es desplegar alas construidas con cicatrices, y volar… aun con el peso y el dolor del ayer en las plumas.

Así es el renacimiento después del duelo. No es una negación de lo perdido; tampoco es olvido. Es un pacto acordado y firmado con la vida que continúa.

Cuando la noche del duelo cede al alba incierta, descubrimos que la piel doliente ha abierto los poros y ha aprendido a respirar. Descubrimos que los recuerdos dejan de ser hirientes puñales y se transforman en sonidos que abrazan.

El renacer no llega de golpe. No es un relámpago. No es el estruendo de un trueno. Es un goteo lento y suave de luz en las entrañas, una raíz que busca agua bajo la tierra herida, un susurro de vida que se hace música con el tiempo.

Los huesos frágiles de la tristeza se convierten en pilares de lo nuevo. El dolor deja de ser un enemigo y se vuelve arquitecto de la reconstrucción.

Caminar después del duelo es aprender a confiar en la sabiduría de los pies y a amar la sombra. Es  aceptar que la ausencia es irremediable e irreversible, y que nunca se irá del todo. Pero también es saber reconocer esos amaneceres que sólo nacen tras la tormenta.

Así, poco a poco, sin olvidar, sin borrar lo vivido y entendiendo que el duelo es morir un poco,  empezamos a ser la versión que surge de las cenizas. No somos los mismos después de la tormenta que es el duelo, pero tampoco somos sólo la sombra de lo perdido. Somos el fotograma de lo amado, y el guión no escrito de todo lo que aún vendrá.

Y entonces re-existimos, con el viento y la memoria como acompañantes, con el amor como superviviente de una tragedia, con la comprensión de que la vida, terca como es, siempre encuentra su camino. Eso necesito creer.