[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare V: Tigalate

15/07/2025

Felipe Jorge Pais Pais*

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare V: Tigalate

El topónimo Tigalate, que ha pervivido hasta la actualidad, hace referencia a uno de los barrios más grandes y populosos de Villa de Mazo

7.- El cantón de Tigalate

«“El quinto señorío, Tigalate y Mazo hasta Tedote … Y de esta tierra eran señores Juguiro y Garehagua, hermanos, y a éste le llamaron de este nombre, porque al tiempo que nacía, dicen que cercaron a su madre muchos perros; y porque haguayan quiere decir en su lengua ”perro“, por eso le pusieron el nombre, el cual era mal acondicionado y muy belicoso(J. Abreu Galindo, 1977: 267)».

El topónimo Tigalate, que ha pervivido hasta la actualidad, hace referencia a uno de los barrios más grandes y populosos de Villa de Mazo. Según Ignacio Reyes García, se podría traducir como “…corral de cría…” (2011: 416). Muy cerca de allí, hacia el este y a una cota algo más baja, también se conserva el caserío de Tiguerorte-Tigorte-Tiguerote-Tiguirorte, con el significado de “…aprisco, cercado (circular)”, (I. Reyes García, 2011: 417), siendo una variante de tagoror.

Ambos nombres están muy vinculados al aprovechamiento pastoril de estos parajes, el cual se mantuvo tras la conquista de Benahoare. También podría hacer referencia a las numerosas cabañas que están desperdigadas por todo el territorio, siendo la forma de hábitat más característica de este cantón, si bien también aprovecharon las cavidades naturales que se abren en las márgenes de barrancos, barranqueras, acantilados costeros y laderas de volcanes.

Respecto a su relación con el topónimo tagoror (recinto circular para celebrar reuniones) es interesante destacar que en este primitivo bando se conserva una enorme construcción, de planta oval, situado en la zona de la desembocadura de Barranco Hondo (Porís de Tigalate. Villa de Mazo), junto aun poblado de cabañas y cuevas sepultados, en parte por las lavas de la erupción del Volcán Tigalate-Martín en 1646, que muy bien pudo tener esa funcionalidad.

Posible tagoror en la desembocadura de Barranco Hondo (Porís de Tigalate. Villa de Mazo) (Foto: Jorge Pais Pais).

El cantón de Tedote sufrió la devastación de distintas erupciones volcánicas. Sin duda, una de las más virulentas y perfectamente datada es la de la Montaña de Los Valentines en Monte Pueblo, que se produjo en torno al año 300 después de Cristo. Sus coladas lávicas, de gran anchura y espesor, sepultaron, con toda probabilidad, un buen número de asentamientos benahoaritas de cabañas, si bien en medio de las manchas y manchones (kipukas), aún es posible rastrear la presencia indígena como, por ejemplo, en las inmediaciones de la Pista de Los Callejones. Y, de hecho, como veremos más adelante, no tuvieron inconveniente en ocupar los tubos volcánicos que se formaron en los nuevos malpaíses una vez que las rocas se enfriaron.

Montaña de Los Valentines desde Los Callejones (Foto: Jorge Pais Pais)

Las lavas de la Montaña de Los Valentines rodearon completamente el conjunto arqueológico del Roque de Los Guerras, un gigantesco pitón de granzón compactado en torno al cual vivía una gran cantidad de aborígenes en cuevas y cabañas de las que sólo se salvaron las del frente oriental.

En esta zona se llevaron a cabo, en 1984, unas catas estratigráficas (É. Martín Rodríguez, 1988: 97-101). Entre el 6 y el 29 de octubre de 1995 se realizaron otros tres sondeos, entre los que destaca un paquete sedimentológico, de unos dos metros de espesor, que quedó aprisionado por un enorme bloque desprendido de la parte superior del risco durante los “temblores” de la erupción de Los Valentines (F. J. Pais Pais, 1997: 78-82).

Evidentemente, la población benahoarita que vivía en estos parajes y realizaba rituales mágico-religiosos en torno a los conjuntos de canalillos-cazoletas y petroglifos dispersos por distintas zonas del roque, se vio obligada a abandonar la zona ante la marcha imparable de la lava que rodeó y sepultó buena parte del afloramiento rocoso. A pesar de todo, regresaron al lugar una vez que pasó el peligro y se establecieron de forma permanente durante más de 1.000 años, hasta que las huestes de Alonso Fernández de Lugo conquistaron Benahoare en 1493.

Roque de Los Guerra rodeado por las coladas de Los Valentines (Foto Jorge Pais Pais)

Al oeste del Roque de Los Guerra, en medio de las coladas de la Montaña de Los Valentines, existe un gran tubo volcánico, conocido como Cueva de Lázaro, que es un claro ejemplo, al igual que el Roque de Los Guerras, de que la población indígena aprendió a vivir con el peligro constante que suponían las erupciones volcánicas.

Esta cavidad, que se creó en medio de las coladas del volcán, en el año 300, fue ocupada como vivienda permanente durante cientos de años, a pesar de las dificultades para caminar sobre ella y la imposibilidad de hacer un uso agrícola o ganadero de estos parajes. Pero constituía un excelente refugio contra las inclemencias del tiempo. (F. J. Pais Pais, 1997: 70-73).

Parte superior de la Cueva de Lázaro en medio de las lavas de la Montaña de Los Valentines (Foto Jorge Pais Pais)

La población benahoarita de Tigalate vio como otra erupción volcánica, aunque desconocemos fecha y lugar, afectó a una de las necrópolis más interesantes de la antigua Benahoare: La Cucaracha (Montaña de Las Tabaibas) cuya primera excavación, en septiembre de 1963, fue llevada a cabo por Miriam Cabrera Medina, Ramón Rodríguez Martín, Antonio Soler, etc.

Entre los materiales rescatados sobresalen unos bloques de lava con restos humanos incrustados (F. J. Pais Pais, 2001:19), cuyo origen ha suscitado numerosas hipótesis. Las primeras teorías apuntaban a que se formaron durante una erupción volcánica que afectó al yacimiento funerario.

Las investigaciones de un grupo de vulcanólogos plantearon que se trataba de unos huesos humanos que fueron cubiertos por las lavas de La Malforada-Nambroque, en la dorsal de Cumbre Vieja, que tuvo lugar en torno al año 1090, y desde ahí se trasladaron a La Cucaracha (J. C. Carracedo, F. J. Pérez Torrado, H. Guiiou y F. Calvé, 2001: 18).

Finalmente, las nuevas excavaciones, realizadas a partir de 2014 por Nuria Álvarez Rodríguez y Jorge Pais Pais, parecen apuntar a que los bloques de lava con restos humanos se produjeron en la zona donde se encontraron. Esta hipótesis parece corroborarse tras la erupción del Volcán Tajogaite, en 2021, y lo sucedido en el Cementerio de Los Llanos de Aridane, junto a la Montaña de Cogote, que nos han aportado una serie de indicios para desentrañar este misterio.

Bloque de lava con restos humanos en la necrópolis de La Cucaracha (Montaña de Las Tabaibas) (Foto: Jorge Pais Pais)

El cantón de Tigalate, al igual que sucedió en Aridane y Tihuya, sufrió las razias de los señores feudales de El Hierro que venían a Benahoare a buscar sebo, cueros, ganados y, sobre todo, esclavos. En una de esas incursiones arribaron «“…en el término y señorío de Juguiro y Garehagua, que fue en Tigalate. Donde, puesto que hallaron gente, les huyeron; y los cristianos que fueron en su alcance prendieron un palmero y una palmera, hermana del capitán Garehagua. La cual, como se vió presa, volvióse contra el cristiano herreño, que se decía Jacomar, y púsolo en tanto aprieto, que le convino favorecerse de las armas; y así le dio de puñaladas y la mató.

Pero no se difirió mucho la venganza; que, de allí a algunos días, los palmeros hicieron treguas con los herreños y, debajo de estas paces, venían los cristianos a La Palma, a contratar; entre los cuales vino Jacomar, el que había muerto a la hermana de Garehagua, y, no sabiendo quién era la que había muerto, se dio por amigo de este Garehagua, y en conversación le contó el suceso que le había acontecido con la palmera. Garehagua pregúntole por las señas de la palmera; y, entendiendo por ellas ser su hermana, le dijo que, pues su ventura lo había traído allí, era para que su hermana no quedase sin venganza; y así, volvió una asta, que tenía puesto por hierro un cuerno de cabra, y dióle por la barriga y matólo, sin poder ser socorrido; por lo cual se vinieron a romper las treguas hechas (J. Abre Galindo, 1976: 278-279)».

La conquista de Benahoare fue un episodio traumático y duro para la población indígena, a pesar de la capitulación pacífica que algunos intentan promover. Y no lo decimos nosotros, sino que aparece claramente reflejado en las fuentes etnohistóricas, en las que se habla de muertes y esclavitud cuya magnitud, sin duda, fue mucho mayor de la que se indica en los documentos escritos.

La primera escaramuza sangrienta entre conquistadores y aborígenes tuvo lugar en el cantón de Tigalate:

«“…hasta que llegó a Tigalate y Mazo, territorio y término del capitán Jaguiro y Garehagua, donde halló la gente toda alterada y puesta en arma; porque, como no tenían hechas amistades…”

“Viendo Alonso de Lugo que no aprovechaban halagos ni promesas, hizo apercebir toda su gente, para dar sobre ellos. Como los enemigos vieron el rostro que los cristianos hacían, temiendo el encuentro, fuéronse retrayendo hacia Tinibucar (Risco de La Concepción. Cantón de Tedote); pero los cristianos fueron en su seguimiento y alcance, donde mataron algunos palmeros que se ponían en defensa, y cautivaron muchos…”» (J. Abreu Galindo, 1977: 282-283)».

La leyenda dice que la Cueva de Belmaco era el lugar donde vivían los capitanes del cantón de Tigalate, los hermanos Juguiro y Garehagua. Por tanto, cabe suponer, que este enfrentamiento tendría lugar en esta zona.

Cueva de Belmaco (Foto: Jorge Pais Pais)

En el cantón de Tigalate se localiza el yacimiento arqueológico más antiguo de la arqueología de Canarias, siendo dado a conocer en 1752 por Domingo Van de Walle de Cervellón. Sus grabados rupestres de tipo geométrico ejecutados con la técnica del picado estuvieron, durante mucho tiempo, en el centro de la polémica sobre el origen y procedencia de la población indígena, así como el posible significado de estas enigmáticas inscripciones pétreas.

Por tanto, no debe sorprendernos que sea uno de los yacimientos más estudiados con numerosas campañas de excavación que han demostrado que esta cavidad fue utilizada como lugar de habitación, como enterramiento y como encerradero de ganado menor. En 1999 se convirtió en Parque Arqueológico (F. J. Pais Pais, 2017) y será uno de los yacimientos estrellas en todo el proceso para que los petroglifos benahoaritas puedan ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Grabados rupestres en la Cueva de Belmaco (Foto: Jorge Pais Pais).

En las fuentes etnohistóricas no aparece ni la más mínima referencia sobre sus límites territoriales con los cantones vecinos. La frontera sur, con el cantón de Ahenguareme, podría situarse, aproximadamente, en la misma zona de Montes de Luna donde confluyen los actuales municipios de Fuencaliente y Villa de Mazo.

Es probable que la erupción volcánica de Tigalate-Martín, en 1646, cuyas lavas discurren por estos parajes, sepultase alguna barranquera que permitiera establecer esa separación. Mucho más impreciso sería el límite septentrional con el cantón de Tedote, que podríamos establecerlo siguiendo el criterio de los municipios de Villa de Mazo y Breña Baja que viene marcado por el trazado de antiguos caminos, de posible tradición prehispánica que parten desde la Montaña de La Breña, Camino de Las Mesitas, Camino del gato Negro y Camino de la Higuera Negra hasta llegar a la Caleta del Palo. Otra posibilidad es situarlo algo más al norte, siguiendo el trazado del Barranco de Amargavinos que desemboca en Los Canajos.

Bibliografía general

  • -ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
  • -ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).
  • -CARRACEDO, J. C.; PÉREZ TORRADO, F. J.; GUIIOU, H. y F. CALVÉ: Identificación de la erupción volcánica asociada con la necrópolis prehistórica de La Cucaracha, Revista El Municipio (Villa de Mazo), Nº 5, (Tenerife), abril 2001, Pág. 18.
  • -MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: Excavación de urgencia en El Roque (Mazo. La Palma), Investigaciones Arqueológicas en Canarias I, (Santa Cruz de Tenerife), 1988, Págs. 97-101.
  • -PAIS PAIS, F. J.: El bando prehispánico de Tigalate-Mazo, (Tenerife), 1997.
  • -PAIS PAIS, F. J.: La necrópolis de La Cucaracha, Revista El Municipio (Villa de Mazo), Nº 5, (Tenerife), abril 2001, Pág. 19.
  • -PAIS PAIS, F. J.: Belmaco, (La Orotava), 2017.
  • -REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

*Felipe Jorge Pais Pais es doctor en Arqueología

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[Canarias}> El ‘árbol de sangre de dragón’, símbolo milenario que une a Canarias con una isla remota del Índico

08/07/2025

 El ‘árbol de sangre de dragón’, símbolo milenario que une a Canarias con una isla remota del Índico

Las antiguas curanderas canarias utilizaban la savia de color rojo en sus curas, rezos y ungüento

El ‘árbol de sangre de dragón’, símbolo milenario que une a Canarias con una isla remota del Índico.

El perfil de divulgación Cultura Inquieta ha compartido recientemente una publicación en la que describe al árbol de sangre de dragón como “uno de los árboles más singulares y fascinantes del mundo”. En ella se detalla su origen, propiedades y usos tradicionales, así como su presencia tanto en la isla de Socotra como en las Islas Canarias.

El texto compartido en redes destaca que este árbol crece de forma natural en Socotra, un archipiélago del océano Índico que pertenece a Yemen y que se desprendió del continente africano hace aproximadamente 10 millones de años.

 La especie que se encuentra en esta región es la Dracaena cinnabari, cuya savia de color rojo le da el nombre común de “árbol de sangre de dragón”. Puede vivir una media de 600 años y se encuentra en los restos del antiguo bosque prehistórico Dragonsblood, sobre montañas de granito y mesetas de piedra caliza. La especie está considerada en peligro de extinción.

En el caso del archipiélago canario, la especie que se encuentra es la Dracaena draco, conocida popularmente como drago. Cultura Inquieta indica que “las antiguas curanderas canarias utilizaban la savia color rojo en sus curas, rezos y ungüentos”, y añade que esta resina se ha empleado tradicionalmente como medicina para “la disentería, diarrea, los cortes en la piel, las úlceras y la fiebre”, además de utilizarse como colorante y para elaborar incienso.

También recoge que esta sustancia se cosecha una vez al año, lo que explica su valor. A partir del siglo XVIII comenzó a utilizarse como barniz para violines y actualmente sigue presente en distintos sectores como pigmento rojo para madera, adhesivo, ingrediente en pintalabios y pasta de dientes.

La publicación está acompañada por una imagen del fotógrafo naturalista Daniel Kordan, en la que se muestra un ejemplar de esta especie en su entorno natural.

En los comentarios, algunos usuarios relataron experiencias personales relacionadas con esta especie. Una usuaria canaria afirmó: “Me extrañó muchísimo ver uno gigante en Sídney, en el jardín botánico muy cerca de la casa de la ópera”, y explicó que, al comprobar la cartela, confirmaba que era un drago que, pese a haberse inclinado tras caer, seguía creciendo. También aseguró haber visto más ejemplares de dragos en otros lugares de Australia.

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[Canarias}> Leyenda de la Virgen de los Remedios / María Victoria Hernández

03-07-2025

María Victoria Hernández*

Leyenda de la Virgen de los Remedios

Virgen de Los Remedios, La Patrona. Archivo: DOMINGO CABRERA

La imagen, datada en el segundo tercio del siglo XVI, es una talla de Flandes traída por los primeros colonos, portadores del arte de sus tierras de origen

Sobre la advocación de la Virgen de los Remedios, Los Llanos de Aridane, existe una bella leyenda recogida por el que fuera cronista oficial de la ciudad, Pedro Hernández y Hernández (1910-2001).

Se cuenta que el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, después de la derrota que sufrió en el lugar de Adamancasis (El Paso), se retiró al lugar de Los Llanos de Aridane.

Allí, en el campamento de invierno, estudió con sus capitanes el definitivo asalto al jefe aborigen Tanausú; en su desesperación, exclamó: «—¡No encuentro fácil el remedio para acabar con la dureza y poderío del príncipe de Aceró!». Una joven mujer que escuchaba dijo con voz clara y dulce: «—La Señora del Cielo tiene remedio para todo».

Castellanos y aborígenes cristiani­zados no olvidaron la oración de aquella mujer y, terminada la conquista, erigieron una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de los Remedios, hoy parroquia Matriz del Valle de Aridane. El 2 de julio se celebra la festividad.

La imagen de la Virgen de Los Remedios, datada en el segundo tercio del siglo XVI, es una talla de Flandes traída por los primeros colonos, portadores del arte de sus tierras de origen.

Talla de Flandes, siglo XVI, de Nuestra Señora de Los Remedios. Archivo: DOMINGO CABRERA

La Virgen porta sobre el brazo derecho, cubierto con el manto, al Niño Jesús desnudo y con ojos azules iguales a los de su madre; éste acaricia el mentón de su madre y muestra su rostro al pueblo y ella, a su vez, le ofrece una pera, símbolo de la Encarna­ción.

La imagen emana majestuosidad, elegancia, ternura, sereno mirar. La profesora Constanza Negrín Delgado (1956-2011) apunta que bien pudo ser el acaudalado benefactor del templo, el flamenco Jacques Groenemberg —nacido en la ciudad alemana de Colonia—, quien trajese a Los Llanos de Aridane esta imagen de “connotaciones renanas y rasgos estilísticos de innegables origen brabanzón —y más concretamente, bruselenses y antuerpienses— advertidas en la talla de Nuestra Señora de los Remedios”.

La Virgen de los Remedios es nombrada en toda la isla como La Patrona. No hay que especificar su advocación, los palmeros así la han reconocido y la han llamado desde hace siglo.

Pedro Hernández, poeta y cronista oficial. Foto: Archivo MVH

 *María Victoria Hernández es cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

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[Col}> Escucharme / Soledad Morillo Belloso

13-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Escucharme

Hablar conmigo misma no es un hábito que escogí conscientemente. Surgió como una necesidad. Al principio eran pensamientos sueltos, frases que flotaban mientras caminaba por la calle o me quedaba en silencio frente al espejo. Conversar conmigo misma   es una forma sutil de conectarme con quien soy. No es simplemente “hablar sola”; es dialogar internamente desde distintas esquinas de mi propia identidad: mi insufrible y estricta mente racional, mi comprensiva parte emocional, la voz del recuerdo, del deseo, de la frustración, la rabia o la esperanza.

Es como tener una brújula que me orienta cuando el mundo exterior me abruma. En estos diálogos coexisten voces contradictorias: la que anhela y la que desdeña, la que sueña y la que duda.

Con el tiempo, esos monólogos se volvieron más claros, casi como si me sentara a conversar con una amiga de toda la vida. Y tal vez, en el fondo, eso soy para mí: una compañía leal que a veces me escucha, otras me ignora, pero que siempre está ahí.

En mis diálogos internos hay frases  que repito hasta el cansancio, palabras cuyo significado cambia con los días, silencios que dicen más que las palabras. Me interrogo con curiosidad, me reprendo con dureza. A veces, me sorprendo debatiendo dos formas contrapuestas de enfrentar la vida. ¿Me rindo ante el maquillaje frívolo de la viuda sonriente, o me deshago de todo vestigio de disfraces banales?

Lo primero es muy tentador y me ganaría aplausos. Lo segundo es lealtad a la verdad y eso no es popular en la sociedad de “pasar la página”.  No llego aún a una conclusión, pero me doy cuenta de que pensar en voz alta, aunque sea en la voz del pensamiento, me obliga a mirarme de frente.

Hablar conmigo misma es como detener el mundo por un momento. Es cerrar la puerta y sentarme con mis sombras y mis luces, con mis alegrías y mis feroces  contradicciones.

En ese espacio no hay máscaras. Soy simplemente yo, sin adornos. Es allí donde logro encontrar claridad en medio del caos, como si mi propia voz pudiera guiarme cuando todo afuera deja de tener sentido.

También he aprendido a tenerme paciencia. Porque no siempre me entiendo. Hay días en que mis pensamientos son un remolino y no logro seguirles el paso. Pero incluso en esos momentos, hablar conmigo me recuerda que estoy viva, que estoy aquí, intentando comprenderme.

Hablar conmigo es también un acto de memoria. Me traigo al presente fragmentos del pasado, recuerdos que creía archivados, versiones antiguas de mí que dejaron huellas invisibles.

En esos momentos, la conversación se vuelve un puente entre quien fui y quien soy. Me escucho como si pudiera entenderme mejor con la distancia del tiempo, como si al narrarme pudiera perdonarme por errores que aún duelen o agradecerme por el coraje de decisiones que tuve que tomar. Es curioso cómo, al hablarme, descubro historias que aún no había contado, ni siquiera a mí.

Y cuando el mundo parece ir demasiado rápido, cuando todo afuera exige respuestas inmediatas, me refugio en ese espacio donde puedo hablar sin presión, donde no tengo que demostrar nada, ni rendir cuentas, ni estar bien todo el tiempo.

Me doy permiso para sentir, para llorar sin pretextos, para burlarme de mí misma y reír de mis torpezas. Es en esa intimidad donde encuentro lo más parecido a la libertad: ser yo, sin filtros. Y quizá eso sea, al final, lo más valioso de todo este diálogo interior: que me devuelve a mí misma, una y otra vez, con más comprensión.

Hablar conmigo misma con comprensión, y no desde la autocompasión, implica un acto de madurez emocional: no se trata de justificarlo todo ni de buscar consuelo fácil, sino de asumir mí  realidad con honestidad. La comprensión no adorna el dolor, pero sí lo escucha con respeto. Reconozco mis errores sin minimizar su impacto, pero también sin castigarme eternamente por ellos. Es ese equilibrio delicado entre la exigencia y el perdón.

Cuando me hablo, me hago preguntas difíciles sin ponerme contra la pared. Me invito a reflexionar, desde el deseo de crecer, no desde la culpa. Es una mirada interna que no suaviza la verdad, pero que tampoco hiere. Es decirme: “esto pasó”, “sí, fallé”, y al mismo tiempo: “sigo aquí, voy a entenderme y a avanzar”. Es una forma de introspección serena, en la que mi voz es guía y no juez.

Hablarme con comprensión implica escucharme sin dictar veredictos. No se trata de negar mis errores o evitar la autocrítica, sino de cambiar el tono con el que me hablo: transformar la dureza en amabilidad, la impaciencia en espera, el reproche en sosiego. Una conversación comprensiva es ese instante en que, en lugar de reprocharme “¿por qué fracasé?”, me digo “hice lo mejor que pude”.

También es darme el permiso de estar mal, de no tener todas las respuestas, de sentirme vulnerable sin censura. Es sostenerme con palabras en vez de exigencias, y recordar que no tengo que ser perfecta para ser valiosa.

Tal vez algún día no necesite tanto estas conversaciones, o quizás las necesite más. No lo sé. Pero hoy sigo hallando en ellas un rincón silencioso donde puedo ser quien soy. Sólo yo, hablándome, escuchándome, acompañándome, comprendiéndome.

Y es que hablar conmigo misma es, en el fondo, una forma de cultivar una relación de cuidado con quien siempre está: yo. Ya no se trata de vencerme ni de convencerme, sino de acompañarme.

Porque entiendo que no necesito estar completa para estar presente, ni tener todo resuelto para merecer paz. En esa voz que me escucha sin interrumpirme, que no me humilla cuando me equivoco ni me idolatra cuando acierto, voy descubriendo una nueva manera de habitarme: con honestidad, sin dramatismos, con profundidad.

Así, cada conversación interna se convierte en un acto de restauración. No porque todo se cure con palabras, sino porque nombrarme con verdad me salva del olvido. Hablarme con comprensión es recordarme que soy hogar, incluso cuando todo afuera es incertidumbre. Que en medio del ruido puedo encontrarme, y que el mayor gesto de amor propio es ese: quedarme conmigo, sin condiciones… sólo quedarme.

[Col}> Próximo y prójimo / Soledad Morillo Belloso

10-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Próximo y prójimo

Empatía. Cuatro sílabas que cargan un peso enorme. No es un concepto, ni un valor. No es una virtud aprendida de caletre. Es un acto radical de presencia. Porque sentir con otro, exige mucho más que oídos atentos: exige corazón expuesto y dispuesto.

En un mundo cada vez más ruidoso, veloz y fragmentado, la empatía se alza como un gesto relevante. Lejos de ser una cortesía superficial, es una práctica radical de humanismo. No nace del deber, sino de la decisión de abrir el corazón y dejar que lo ajeno nos importe.

No, la empatía no es cómoda. Tampoco es rápida. No consiste en decir “te entiendo” como quien pasa de largo. Requiere una presencia dispuesta. El acto de sentarse junto al dolor del otro sin intentar taparlo, arreglarlo o explicarlo.

La empatía mira con profundidad. Dice: “Te veo en tu caos, siento tu belleza rota, y aquí estoy”. No necesita escenarios grandilocuentes. Sucede en una pausa oportuna, en un silencio que acompaña, en una mirada que no juzga. Es una ternura que no pretende brillar, sino sostener.

Y qué importante es recordar que esta empatía también debe dirigirse hacia adentro. Porque con demasiada frecuencia somos nuestros peores jueces, incapaces de ofrecernos la compasión que sí damos a otros.

Empatizar con uno mismo es atreverse a perdonar nuestras propias caídas, a comprender nuestras flaquezas, a abrazar con suave piedad lo que aún no entendemos de nosotros.

La empatía no es fácil. Es renunciar a tener respuestas y, en cambio, ofrecer compañía. A veces, sólo eso. Porque cuando alguien nos mira con honestidad y no intenta arreglarnos, se nos devuelve una parte perdida de nosotros mismos.

Vivimos en un mundo que simplifica. Y en medio del batiburrillo de la banalización, la empatía es un gesto profundamente humano. Es decir: “te veo en tu dolor. Y por eso, me quedo”. Es un pacto silencioso, casi sagrado, de comprensión. No necesita ruidosas demostraciones ni se pasea por las frases hechas. Basta un abrazo en silencio, una mano que sostiene, un pañuelo que se ofrece para enjugar lágrimas.

Quizá la empatía no sea sólo un puente entre dos. Tal vez sea, en su esencia más profunda, el refugio que construimos cuando al fin entendemos que nadie debe caminar solo.

¿Quién soy yo, si no puedo sentir lo que tú sientes? ¿Quién soy si tu dolor me es ajeno, y tus angustias  me resbalan por la pendiente de la indiferencia?

Empatía… esa palabra que suena breve pero pesa como un mundo. No es sólo comprender, es habitar por un instante el universo compungido de otro. Calzarse sus zapatos, andar sus caminos, mirar por sus ventanas, respirar su aire.

A veces me pregunto si la empatía no es sino un acto deliberado de valentía. Porque hay que ser valiente para abrir el corazón y dejar que entre lo ajeno. Hay que ser corajudo para decir: “No comprendo del todo, pero estoy aquí, contigo”. En esa vulnerabilidad, en esa apertura, se tejen los lazos más humanos.

¿Y si al final la empatía no fuera sólo sentir al otro, sino permitirnos ser transformados por ese sentir?

Empatía no es “estar por cumplir”. Es ofrecer nuestra piel para que la otra piel duela un poco menos.

La empatía no es un concepto inocuo flotando entre letras. Se vuelve carne y hueso en los gestos, calma en las ausencias, refugio en medio del vendaval. No necesita pedestal, ni aplausos. Sólo sentimientos.

Porque tal vez, el corazón humano no pide soluciones. Sólo pide que alguien esté próximo y diga: “no estás solo. Me duele lo que te duele”. Y eso, en algunos momentos, lo es todo.

No sorprende que la palabra “prójimo” comparta raíz etimológica con “próximo”. Porque empatizar es acortar distancias. Es no dejar que alguien camine solo, y entender que el consuelo no siempre tiene forma de solución.

A veces, basta con alguien que diga en voz baja: “Estoy aquí, contigo”.

En ese simple gesto —estar, acompañar— ocurre algo luminoso: una grieta en la coraza del mundo. Y por ahí, entra la luz.

[Canarias}> Estas cinco expresiones canarias deberían estar en tu vocabulario si vives en la Península

08-07-2025

Jorge Siverio

Estas cinco expresiones canarias deberían estar en tu vocabulario si vives en la Península

Desde 1999, la riqueza del habla canaria está registrada en la Academia Canaria de la Lengua

Cuando se piensa en Canarias, es habitual imaginar paisajes increíbles, aguas cristalinas y un clima que parece vivir en primavera todo el año, aunque ya la realidad es bien distinta. Sin embargo, estas islas en medio del Atlántico son mucho más que un destino turístico. Su gente, tradiciones y cultura conforman un espacio propio en el que incluso el lenguaje adquiere matices diferentes.

Aquí recogemos cinco de estas curiosidades del lenguaje canario que, si visitas el Archipiélago —o incluso si no lo haces—, te serán útiles y seguramente te arrancarán una sonrisa.

Agüita

Es una interjección que denota asombro, sorpresa o incluso admiración, dependiendo del contexto y del tono. Por ejemplo: “¡Agüita lo que cobró ese restaurante por un café!”. Es tan expresiva porque evoca emociones de forma gráfica y sonora, como ese escalofrío cuando te cae agua fría.

Choso

Es una forma coloquial de referirse a una casa o vivienda, sin importar su tamaño o estilo. Por ejemplo: “Vamos a mi choso a jugar». Nos encanta porque es directa, cercana y tiene un aire desenfadado, mucho más divertida que decir simplemente «casa».

Tolete

Aunque su significado literal es más bien anatómico (órgano reproductor masculino), en el uso cotidiano se convierte en un insulto leve, casi cariñoso, para llamar a alguien torpe o ingenuo. Por ejemplo: “¡No seas tolete y presta atención!”. Lo curioso es que puede ser ofensivo en otros lugares, pero en Canarias tiene un tono mucho más familiar y desenfadado, como parte del humor isleño.

Tenderete

Es mucho más que una fiesta. Se trata de una celebración improvisada, generalmente entre amigos o familia, con abundante comida, bebida y, a menudo, música. Por ejemplo: “Vaya tenderete el del viernes». Enamora porque en Canarias saben que la buena mesa y la buena compañía merecen su propio término.

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[Canarias}> La impresionante resurrección de La Palma bajo el mar: así están, cuatro años después, las fajanas creadas por el volcán

07-07-2025

 Laura Bautista

La impresionante resurrección de La Palma bajo el mar: así están, cuatro años después, las fajanas creadas por el volcán

Las imágenes submarinas de ‘I Love The World’ muestran cómo la fauna va conquistando este nuevo hábitat, en medio de impresionantes formaciones geológicas

La vida se abre paso. Casi cuatro años después de la destrucción del volcán de Cumbre Vieja, La Palma renace bajo el mar, con una explosión de vida en la costa de las dos nuevas fajanas o deltas lávicos de Tajogaite, la tierra más joven de España.

En un planeta cuya edad alcanza la friolera de 4.500 millones de años, el paisaje y el ecosistema submarinos creados por la erupción del Tajogaite tienen menos de cuatro años de edad. La productora audiovisual I Love The World ha realizado inmersiones en un viaje al fondo del mar encargado por la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) en el marco del proyecto Delta, con el fin de estudiar la evolución de este nuevo ecosistema, tanto terrestre como subacuático, surgido donde antes solo había mar y que constituye, además, un laboratorio natural para documentar cómo renace la vida desde cero.

«Estamos realizando todo tipo de estudios sobre este medio marino: la biodiversidad, la estructura geológica, las emisiones de gases… porque se trata de un patrimonio natural que representa un nuevo valor para la isla, del que además puede beneficiarse la economía de La Palma», afirma el director de PLOCAN, José Joaquín Hernández, entrevistado por ElValledeAridane.com, la web editada por la asociación Tierra Bonita gracias al libro ‘Las otras historias del volcán’.

Fotos cedidas por ‘I LOVE THE WORLD’

Para este doctor en Ciencias Químicas, que desde 2019 está al frente de PLOCAN, «el volcán ha sido una desgracia» por todos los daños materiales que ha causado, «aunque no será la primera ni la última vez en un archipiélago volcánico«.

Hernández considera que «debemos adaptarnos» con el objetivo de «generar actividad económica sostenible mediante un turismo científico, basado en la observación de los nuevos ecosistemas, que puede contribuir a crear empleo en La Palma». Para hacerlo posible, ha dicho, «es necesario llevar a cabo un seguimiento de esta joya natural que son las nuevas fajanas, donde la crispada naturaleza de las rocas volcánicas se ven sometidas a la fuerza del oleaje y a su propio proceso de asentamiento».

Los ojos del volcán

La productora ‘I Love The World’, que se convirtió durante los meses de erupción y en la etapa postvolcán en los ojos de la sociedad palmera en las zonas de exclusión, han ido más allá para bajar de los cielos para adentrarse en las profundidades. Las imágenes submarinas muestran cómo la fauna va conquistando este nuevo hábitat, en medio de impresionantes formaciones geológicas.

Alfonso Escalero, ya conocido en La Palma por su ayuda altruista a los afectados del volcán, ha estado al frente de esta expedición, junto a Alejandro Gil Roldán, y han contado con un equipo del que formaron parte especialistas en distintas ramas de la imagen y la exploración.

Entre ellos destacan el fotógrafo submarino Francis Pérez, ganador del World Press Photo y colaborador habitual de National Geographic, o el videógrafo submarino Juan Raya, reconocido por su talento para capturar la belleza de los océanos, entre otros.

El equipo cuenta también con expertos en imagen aérea, operadores de drones, técnicos en exploración marina profunda mediante ROVs capaces de descender hasta los 200 metros de profundidad, y narradores visuales. Han tomado 1.500 fotografías, tanto aéreas como submarinas, utilizando drones adaptados a cada uno de estos medios.

«Para nosotros, que hemos documentado esta catástrofe desde el principio y hemos estado al lado de los afectados, ver cómo se recupera la vida en estos fondos marinos es un subidón de adrenalina, y de algún modo es una metáfora de lo que nos gustaría que pasara con la población damnificada: que más pronto que tarde pudiera recuperar sus proyectos de vida en esta isla maravillosa que ha sufrido tanto con esta catástrofe», afirma Escalero.

Este material audiovisual será divulgado en un reportaje, en su mayor parte con imágenes submarinas, que contará con locución en español e inglés.

Sobre la situación actual de estos nuevos fondos marinos, el director de PLOCAN detalla que se han encontrado zonas donde la vida se ha recuperado más rápidamente de lo que se pensaba, con muchas especies ya habitando ese entorno.

También se han detectado otra áreas aún sin vegetación, «lo que nos da idea de que ahí las condiciones no son aún apropiadas para la vida», debido a emisiones de CO₂ que acidifican el agua. Sin embargo esos lugares, añade, son también «pequeños laboratorios, pequeñas ventanas en el tiempo, para estudiar lo que pasará en 50 o 100 años en el planeta por el incremento del CO₂ en el medio marino de todo el mundo«.

Por ejemplo, en ese ambiente corrosivo no se desarrollan las conchas de los organismos marinos, que son de carbonato cálcico, aunque otras especies sí se adaptarán mejor». En tierra, concretamente en Tazacorte, PLOCAN está comenzando a construir un laboratorio de 200 metros cuadrados que permitirá a los científicos llevar a cabo sus investigaciones.

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[Canarias}> Canarias tiene razón: la explicación que deja claro por qué decir ‘papa’ es la forma correcta

02-07-2025

Canarias tiene razón: la explicación que deja claro por qué decir “papa” es la forma correcta

Un vídeo ha reabierto el debate sobre cómo se debe llamar realmente al tubérculo más consumido en el mundo

Papas arrugadas y mojo verde o rojo. Plato típicamente canario

Un vídeo divulgativo de Turismo de Sanlúcar de Barrameda, publicado en TikTok y con más de 1,2 millones de visualizaciones y 56.000 ‘me gusta‘, ha reabierto el debate sobre cómo se debe llamar realmente al tubérculo más consumido en el mundo: ¿papa o patata?

En la publicación se explica que, tras el descubrimiento de América, Sanlúcar de Barrameda —puerto clave en las rutas transatlánticas— fue uno de los primeros lugares donde llegaron productos del nuevo continente. El primer tubérculo en introducirse fue la batata, que se adaptó rápidamente al clima de la zona. Años más tarde llegaría la papa, inicialmente una variedad morada, similar en apariencia a la batata.

El error, según se explica, surge cuando la papa comenzó a confundirse con la batata ya conocida. Como consecuencia, en gran parte de la península se popularizó el término patata, una deformación que mezcla ambos nombres: “papa” (de origen quechua) y “batata” (del taíno).

Este fenómeno lingüístico está documentado por diversas fuentes etimológicas. La Real Academia Española reconoce que el vocablo “patata” resulta de una fusión de ambas palabras, y que “papa” es el nombre original del tubérculo andino.

Durante el siglo XVI, se usaban indistintamente ambos términos, pero a partir del siglo XVII, “patata” se impuso en muchas regiones peninsulares, mientras “papa” se mantuvo en zonas más conectadas con América, como Canarias y Andalucía Occidental.

En Canarias, el uso de “papa” sigue vigente y nunca se ha perdido. Este hecho coincide con lo que ocurre en la mayor parte de Hispanoamérica, donde el término “papa” es el único empleado. Países como Perú, Colombia, Argentina o México utilizan exclusivamente esta denominación, alineándose con el origen indígena del nombre.

A diferencia de la Península, donde se generalizó el término deformado, en Canarias se ha conservado el nombre original, lo que convierte al archipiélago en uno de los pocos territorios europeos donde se mantiene viva la raíz histórica y cultural de este alimento.

Al principio, el término «papa» se mantiene, pero, una vez que se va extendiendo por España y Europa, se va deformando la palabra ya que se confunde con el otro tubérculo y se mezcla el nombre de «papa» y «batata» resultando en «patata».

Este legado lingüístico y cultural nos recuerda el enorme intercambio de saberes, alimentos y costumbres que se produjo a raíz del encuentro entre continentes.

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[Col}> Tiempos difíciles / Soledad Morillo Belloso

03-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Tiempos difíciles 

Hay dificultades que no estallan de golpe. Se filtran sigilosamente en la cotidianidad, se cuelan entre los resquicios de la confianza, llegan  como una brisa helada que eriza la piel. No anuncian su llegada con estruendo; de la nada, aparecen. Y entonces todo es distinto, aunque la luz siga siendo luz y los relojes sigan marcando el tiempo.

La realidad se vuelve líquida, resbaladiza, como si el mundo fuese un espejo al que nadie se atreve a mirar de frente. Lo presunto se desmorona, las palabras pierden peso, y lo que fue comienza a sonar más fuerte que el presente.

Los tiempos difíciles se instalan en los rincones, en las pausas entre palabras, en la mirada esquiva de quien ya no busca respuestas. Son tiempos de caminos que se bifurcan sin señales claras, de silencios que pesan más que cualquier voz. La farsa se disfraza de promesas vacías y rimas impostadas. Nos aferramos a etiquetas, a narrativas tranquilizantes, a la ilusión de que comprender es lo mismo que controlar. Pero la realidad es más compleja, más cruda, más implacable.

Esos tiempos, los difíciles, nos desafían, y exigen un nuevo pacto con eso que algunos llaman esperanza. Nos confrontan con nuestras propias sombras, nos obligan a diferenciar entre la calma y la resignación, entre el miedo y la prudencia, entre la espera y el abandono. El mundo parece encogerse y las sombras se alargan. Son tiempos de silencios densos, de preguntas que nadie responde, de sendas sin señales.  El dolor se apodera de todo.

Los tiempos difíciles nos revelan de qué estamos hechos. Nos arrancan las certidumbres cómodas y nos obligan a andar descalzos sobre terreno agreste. Cada paso es una apuesta sin garantías. Cada decisión, una tertulia con el destino. No hay fórmulas exactas ni rutas predefinidas. Sólo hay instinto, una voz que nos dice que no hay que ceder ante la niebla, que hay que respirar. En esos momentos en que el mundo pesa demasiado, algo tan mínimo y elemental como respirar  se convierte en sublevación, en rebeldía de la esperanza.

Un día, sin previo aviso, el dolor se cansa de agredirnos, de ahogarnos, de cegarnos. Y vemos un destello. No es grande, no es obvio, pero ahí  está, existe. Es una línea que resiste, una chiribita que se defiende de la extinción. Miramos de frente a la incertidumbre. En silencio. Y allí nacen revelaciones, resuena la verdad. Allí habita lo esencial.

Sí, la esperanza es elusiva, frágil, casi imperceptible. A ratos es apenas un reflejo en la distancia, una tenue luz asfixiada por el peso de los días. Viaja en la brisa de la incertidumbre. Es leve, pero resistente. Ligera, pero indispensable. Se despliega con cautela, tambaleante al principio, hasta que aprende a sostenerse en el aire. La esperanza, como las alas de la mariposa, carga la delicadeza de lo efímero, pero también el brío de lo que se rehúsa a desaparecer. Nos advierte que toda oscuridad sucumbe ante el amanecer. La esperanza no tiene cláusulas de fiel cumplimiento, y el rumbo que toma no sortea las tormentas, pero nos permite seguir avanzando, nos concede no quedar atrapados en el suelo.

La esperanza persiste, como un susurro apenas audible en la noche. Se acurruca en las sombras, en el latido cansado de quienes aún no se rinden. No promete finales felices ni remedios automáticos. No disuelve la pena ni borra las cicatrices, pero camina a nuestro lado.

Avanzamos, con el dolor sedado  sobre los hombros y la esperanza como un hilo tenue que apenas se percibe, pero que nunca se rompe del todo. No hay promesas de un mañana más fácil. Pero hay un mañana. Hay pasos por dar, páginas por escribir. Y eso, en los tiempos difíciles, es suficiente.