[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: José Morales Lemus

Este hombre eminente nació en el mar ocho días antes de llegar al puerto de Jíbara a bordo del buque de sus padres que venía del Puerto de la Cruz de La Orotava, en Canarias. Y he ahí que, por eso, lo colocamos entre los naturales de nuestra provincia.

El hombre es hijo de donde le cupo encarnar, pero no donde ha nacido o bautizado: lo primero forma la causa que lo origine; lo segundo, los efectos que se manifiestan.

Muchos han calificado a Morales Lemus de gran revolucionario en el sentido verdadero de la palabra, pero no era nuestro compatriota sino un propagandista liberal consumado y de buena fe. Lo conocimos y tratamos personalmente.

Una vez nos decía en el Cerro, en su propia casa: «Hay en la redacción de El Siglo jóvenes de talento y entusiastas por la causa de Cuba, que nos quieren precipitar a la guerra, pero el país no está preparado, hoy por hoy, para sostener una encarnizada lucha con los elementos conservadores de la Península… la misión del periódico El Siglo es, pura y simplemente, de propaganda pacífica, con el fin de que esta Perla de las Antillas pueda, dentro de treinta años, llegar al goce de todos sus derechos civiles y administrativos sin derramamiento de sangre ni convulsiones políticas de especie alguna…».

Tal era la manera de pensar de Morales Lemus en los asuntos de Cuba, y si más tarde se lanzó a la revolución armada, culpa fue de las temerarias intransigencias de los elementos perturbadores del país, que a ello lo precipitaron en unión de Aldama y de otros patricios para así apoderarse de los cuantiosos bienes de éstos, bajo la fórmula de «bienes embargados» y así lo consignará indudablemente en su día la Historia. Pero dejemos ahora hablar al ilustrado escritor Enrique Piñeiro, que dice así:

«Morales Lemus nació en el mar y fue bautizado en Holguín, y, a despecho de su falta de recursos, comenzó allí sus primeros estudios que continuó luego en el convento de San Francisco de La Habana y Universidad.

Hasta aquí, como Noda, todo lo debió a sus propios esfuerzos, pero una herencia inesperada lo sacó de la miseria, y pasó a Puerto Príncipe donde se recibió de abogado en 1835, después de lo cual, regresando a La Habana, logró crédito de hábil jurisconsulto y funcionario integro, "siempre se le oyó con asombro y simpatía cuando su voz se alzaba en la Audiencia en defensa de algún criminal, con la autoridad de una larga carrera de triunfos, en que tanto lustre han dado a nuestro foro su probidad y su ciencia".

Morales Lemus, abolicionista por convicción, temprano dio libertad a sus esclavos, mientras sus principios liberales le hicieron participar de las tentativas de López —1851— y le comprometieron más aún en las conspiraciones de Pintó —1855—, por razón de las cuales tuvo que expatriarse y pasar a los Estados Unidos.

No por eso dejó de ejercer después los más altos empleos, y de ser en la época de Dulce uno de los redactores de El Siglo. En el año 66, nombrado comisionado por Remedios para la Junta de Información a Cortes, acrecentó de tal modo su popularidad que fue en Madrid nombrado presidente de ella. Sin embargo, tuvo la audacia de enfermarse la mañana que fueron los miembros de la Junta a besar la mano a Isabel II, y también, comprendiendo todo lo que podía esperarse de aquella farsa, fue el primero que opinó por retirarse y redactar una protesta.

Regresó en marzo de 1867 para asumir el ejercicio de su profesión, mas en octubre del siguiente año estalló la insurrección a la que su carácter no podía ser ajeno. El 30 de enero, cuando por los dominadores de la situación se le buscaba con empeño, dejo ocultamente su casa y logró escapar a los Estados Unidos, por lo que en abril del mismo año le fueron embargadas todas sus propiedades y, conjuntamente, las de su consorte.

En Nueva York se le nombró presidente de la Junta Cubana que allí radicaba y pasó a Washington a pedir derechos de beligerancia a favor de los insurrectos, mas no logrando, a pesar de sus vivas y repetidas gestiones, vencer la tenacidad de Mr. Hamilton Fish, regresó a Nueva York donde se ocupó en excitar los ánimos y agenciar socorros para la revolución.

Trabajando incesante por la libertad de Cuba, falleció en la ciudad de Nueva York el 28 de junio de 1870. Jamás tuvo reposo.

También el padre Jorge Basabe, ilustrado sacerdote, cura párroco de la Iglesia de San Nicolás, nació, como Morales Lemus, en el mar, a pocos días de viaje de nuestras Islas, y por lo mismo lo consideramos natural de las Canarias por más que haya recibido las aguas purísimas del bautismo en la populosa ciudad de La Habana.

Hay que respetar la sublime ley de las reencarnaciones. Luego vienen las pruebas y expiaciones a que todos estamos sujetos, que son efectos de la gran causa.

[*Otros}– Danza de Enanos, número típico de la Bajada de la Virgen de Las Nieves (S/C de La Palma)

16-06-10

José Guillermo Rodríguez Escudero

“(…) ¿Qué son los Enanos? De ellos puede decirse mucho: un prodigio de inocencia, originalidad e ilusión: puede decirse, con Nervo: quien los vio no los puede jamás olvidar. De ellos puede decirse todo, menos decir qué son. Porque no basta describir y decir que hay un premioso paseo de treinta magos cansados, o frailes agobiados, o astrólogos lentos, o romanos tardos, o cardenales torpes, según convengan en aparecer cada lustro: en todo caso se mueven apoyados en lanza, cayado, vara, báculo, rejón, según convengan cada lustro, y cantan cansinos, hasta que el propio cansancio y la impaciencia de la gente los mueve a entrar por una de las dos puertas de una pequeña caseta. En ese instante irrumpe una polca schnell y los que van entrando salen por la otra puerta de manera inmediata convertidos en enanos saltarines, ágiles, alegres, prodigiosos y danzan y danzan y danzan y trenzan la magia de la danza que la gente danza mientras los vive…”. Luis Cobiella Cuevas. Pregón de la Bajada de La Virgen, 2000.

Su origen lo encontramos en las fastuosas representaciones primigenias del Corpus Christi. Desde el primer instante en el que las primeras familias de los conquistadores se asentaron en la “Villa del Apurón”—como se conocía a la incipiente capital palmera—, se iniciaron los solemnes cultos al “Cuerpo y la Sangre del Señor”.

Se fueron representando las celebraciones intramuros con gran ornato y, ya en el exterior de los templos que se iban edificando, procesiones multitudinarias, sentidos autos sacramentales y graciosas danzas en honor al Santísimo, actos muy aplaudidos por la feligresía.

El Obispo de Canarias, don Diego de Deza y Tello, ordenó el 19 de agosto de 1558 que en la fiesta de Corpus se iniciara la piadosa costumbre de hacer un teatro en la misma puerta de la iglesia de El Salvador donde se entronizara al Santísimo Sacramento, y allí se llevasen a cabo dignamente las representaciones, danzas y regocijos en su honor.

Es precisamente en estos importantes actos donde surgen unos “Xigantes” en el siglo XVII, sufragados por el antiguo Cabildo de la Isla (hoy Ayuntamiento capitalino). Junto con esos mascarones gigantes también actuaban “cabezudos y enanos” como se hacía tradicionalmente en algunos pueblos y ciudades peninsulares.

Así, por el Siglo de las Luces, aparecieron en las entrañables fiestas palmeras unas figuras regordetas y fachosas que satirizaban a la gente del común y a las personalidades de la época, a las altas instituciones, etc., todo ello envuelto en el más socarrón y exquisito buen humor.

El desaparecido historiador palmero Fernández García nos informaba de que “los enanos quedaron como una singularidad en la fiesta lustral de La Palma, a diferencia de los que se llevaban a cabo en la Península, puesto que nuestra danza y las figuras reúnen unas características especiales”. Así mismo, los festejos se completaban con unas espectaculares loas marianas y carros alegóricos y triunfales en honor a Nuestra Señora la Virgen de Las Nieves, Patrona de La Palma y de los Palmeros. Existe un antiguo manuscrito de1744 en el que dice ser el “Primer auto mariano”.

Llegaron las reales órdenes prohibiendo las danzas y los gigantes en las sacras procesiones en tiempos del rey Carlos III (1780). Previamente el Obispo de Canarias, don Fernando Suárez de Figueroa, había censurado este tipo de actos en las iglesias palmeras a finales del siglo XVI, pero nunca dejaron de representarse en los festejos, aunque haciéndolo en las plazoletas y lugares públicos.

El simpático y entrañable mascarón, tradicional en las fiestas castellanas de Corpus, que pasaría a Valencia y a otros lugares, había suscitado el interés y curiosidad en las cortes y círculos culturales europeos desde el inicio de la civilización occidental y que “en 1833, veinte años después de la muerte de Viera y Clavijo, iba a iniciar por sí mismo, gracias a la fe y a la creatividad de los palmeros, una nueva singladura histórica en la capital de La Palma”.

Los viejos que aquí se ven
y cantamos con afán,
le imploramos a Miriam
nos dé siempre la salud;
y que torpe nuestro ser,
a pesar de nuestras canas,
como flores más lozanas,
en alegre juventud.

Coro de Viejos. Domingo Carmona, 1905

Alberto José Fernández García nos informaba de que “la noticia más antigua que hemos encontrado de la Danza de Los Enanos, nos la da el sacerdote don Celestino del Castillo Martín (1817-1874) con motivo de la real proclamación de Isabel II”.

El clérigo había escrito el 27 de diciembre de 1833 que “a las ocho, además de la iluminación, empezó en las plazas y calles un graciosísimo baile de seis enanos y otras tantas enanas vestidas a la española antigua, y terminó a medianoche”. Este primer documento conocido se conserva en el archivo particular del cronista de la capital palmera don Jaime Pérez García.

Un soplo de juventud
torne a nuestro corazón
reliquia de inspiración
del tiempo aquel que se fue.

Y de la danza al compás,
nuestras antiguas gargantas
a Miriam estrofas santas
cantarán llenas de fe.

Coro de Viejos. José Felipe Hidalgo, 1910

La investigadora palmera Hernández Pérez complementaba y ampliaba esta primera data documental con una referencia inédita hasta entonces: “a las ocho de la noche del veinte y siete empezó en la Plaza principal una graciosísima contradanza de seis enanos e igualmente número de enanas perfectamente imitados y vestidos a la Española antigua, costeados y ejecutados por varios jóvenes, bajo la dirección de Don Miguel Torres, con cuya diverción todo el Pueblo estuvo muy gustoso y entretenido hasta tarde de la noche”. Reseña documental escrita por el escribano del Cabildo palmero Manuel del Castillo Espinosa, con motivo de la proclamación de doña Isabel II como Reina de España, el 26 de diciembre de 1833. Se halla custodiada en la Biblioteca Pública Municipal de Tenerife.

Hendido el pecho de dicha y gloria,
vibrantes himnos canté a María,
llevando un triunfo nuestra alegría
dulces cadencias hasta su altar.

Y con las palmas de cien combates,
fieles, alcemos verde dolceles
que, en noble ofrenda, nuestros laureles
sus sienes castas han de nimbar.

Coro de Guerreros. José Felipe Hidalgo, 1910.

Existe otro folleto sin firma, atribuido a José Díaz Duque y publicado en 1985, donde se dice que Miguel de Salazar y Umarán tuvo la brillante idea de la transformación con doce hombres vestidos del siglo XVII y “las enanas ya transformadas se introducían en la segunda parte”.

Pérez García y Garrido Abolafia nos informan de que “don Miguel Torres Luján dirigió la primera danza de enanos, que se conoce documentalmente, celebrada con motivo de los festejos que se hicieron en Santa Cruz de La Palma para conmemorar la Real Proclamación de Isabel II, en 1833. A don Miguel Torres se unió también don Miguel Salazar Umarán en la presentación de este espectáculo…”.

Sin que se den más detalles ni se aporte fuente documental alguna, se afirma que fue ideada para la Bajada de la Virgen de 1835. Así, de esta feliz idea salió la representación de “unos danzantes con levita, ajustado calzón y bicornio francés”. Las enanas surgieron ante el éxito de los enanos. Fue doña Josefa Salazar Arrocha quien “presentó réplicas femeninas, aderezadas a la española, con miriñaque, mantilla, flor y peineta para tapar el secreto”.

“(…) Los enanos de La Palma, nos comenta Juan Julio Fernández, son desproporcionados, pero elegantes, algo fachendosos, pero no fanfarrones; un tanto narcisos, más petimetres. Y, por encima de todo, son simpáticos, alegres, confiados y ¡entrañables! Siguen siendo, a pesar de mostachos y perillas, y crecidas melenas, un mucho niños y un tanto locos, rendidamente entregados a la historia y al mito en esta gruta encantada que sigue siendo la isla donde la última referencia es la Virgen de Las Nieves (…)” . Miguel Martín, «La Danza de Los Enanos».

Una nueva referencia histórica tiene lugar en el periódico local El Time en 1865. Allí se comentaba que en la “Danza de este año intervinieron doce parejas de enanos de ambos sexos, perfectamente figurados”. En esa edición se contó con la dirección de Miguel Torres Luján.

Continuaron las menciones en los diferentes periódicos en sucesivas ediciones. Así, en La Palma (1875) se nos informa de que “se ejecutó la antigua danza de enanos”; en El Eco (1885): “por la noche se ejecutará la antigua y conocida danza de enanos de ambos sexos”; en El Adalid (1895) ya se menciona como uno de los números más tradicionales de las Fiestas Lustrales que recorrieron las calles y plazas de la capital un jueves 16 de abril de aquel año.

Peregrinos de la fe
en la sacra religión,
venimos con devoción
a rendir culto a Miriam.

Y pedirle con afán,
al pie de su ara bendita,
nos dé su gracia infinita
para nuestra salvación.

Coro de Peregrinos. José Acosta Guión, 1915.

Fernández García nos los describía así: “las figuras fachosas se vestían de igual forma a como lo hacen en la actualidad, pero suplían el gorro actual por un miriñaque de abrir y cerrar al centro, en el arco inferior. Al comenzar al baile, lo elevaban sobre la cabeza, y al cerrarlo, en forma de abanico, quedaba formado el sombrero. Las enanas también vestían de miriñaque, que no elevaban, pero el cuerpo del bailarín era cubierto por una capota o con mantilla y peineta adornada con flores”.

Como podemos apreciar, una apariencia muy diferente a la actual. La presencia de estas enanas en el baile duró hasta 1900, pero siempre fueron hombres los figurantes y nunca mujeres.

“Jueves, noche. 8 de abril de 1875: la tradicional Danza de Enanos, vestidos con exquisito esmero, especialmente las hembras. Salió de la Plaza de San Francisco…”

“Jueves, 25 de abril de 1895: la danza de enanos, muy mal ejecutada […]; las enanas vestidas con muy poca regularidad, unas demasiado grandes y otras muy chicas; las enanas más elegantes fueron las vestidas por las Stas. de Kábana y la vestida por las de Pérez Jaubert…” .

“Jueves, 10 de julio de 1980: Danza de los Enanos (ahora sólo bailan los hombres). Espectáculo entrañablemente unido a la fiesta de la Bajada. De gran ingenuidad y gracia. Letra: Manuel Henríquez Pérez. Música: Domingo Santos Rodríguez…”.

Cuando en 1905 se anunciaron los Viejos que, después de una danza coreada —con letra del poeta satírico Domingo Carmona Méndez (1854-1906), y música del culto doctor Elías Santos Abreu (1856-1937)— se transformarían en Enanos por invención de Miguel Salazar Pestana, la capital lucía aseada y romántica con el primer alumbrado público del Archipiélago: los focos eléctricos sustituían las hachas y teas en las iluminaciones.

Madre, de tu altar al pie,
llenos de cristiana unción,
nuestra eterna salvación
te venimos a implorar.

Nuestra fe te consagramos
y por reina te aclamamos
de la tierra y de la mar.

Coro de Monjes. José Acosta Guión, 1920

La peculiar y extraordinaria Danza mágica contó con libretos del versátil José Felipe Hidalgo (1884-1971) y de José Acosta Guión (1881-1967); José Lozano Pérez (1890-1951) escribió inspirados y sutiles madrigales entre 1925 y 1950; Félix Duarte Pérez (1895-1990) firmó las loas estudiantiles de 1955 y las cardenalicias de 2000.

Manuel Henríquez Pérez, entre 1960 y 1995, aún después de su muerte, batió el récord de permanencia como autor de la letra de los coros que dan paso a la transformación de los enanos. El letrista, nacido en 1923 en la capital palmera y de la que llegó a ser su cronista oficial, falleció el 24 de julio de 1993. Su último “homenaje” de amor a Nuestra Señora de Las Nieves fue en la Bajada de 1990, participando en la “Peña” de los Enanos, ese año, con el atuendo alegórico de “navegante”.

De nuestros remotos reinos
hemos venido a adorar
a la Virgen de Las Nieves
Reina y Madre Celestial.

Como es nuestra protectora,
con un no mentido afán
nuestras espadas fulgentes
defenderán a Miriam.

Coro de Reyes. José Lozano Pérez, 1925

A partir de 1905 (Viejos) y por este orden, se sucedieron las distintas representaciones y sus autores: en 1910, Guerreros y después Viejos en dos transformaciones con letra de José Felipe Hidalgo; 1915, Peregrinos; 1920, Monjes Blancos, de José Acosta Guión; 1925, Reyes; 1930, Japoneses; 1935, Romanos; 1940, Doctores; 1945, Nazarenos; y 1950, Consejeros, todas con versos de José Lozano Pérez; 1955, Estudiantes, de Félix Duarte Pérez; 1960, Taumaturgos; 1965, Atenienses; 1970, Dominicos; 1975, Astrólogos; 1980, Musulmanes; 1985, Peregrinos;1990, Navegantes; 1995, Vikingos; 2000, Cardenales, todas debidas a la pluma de Manuel Henríquez Pérez. En la edición de 2005 la alegoría fue la “Marcha de los Caballeros”, con letra de Luis Ortega Abraham y música de Juan Francisco Medina.

La Danza de Enanos consta de dos partes:

Primera.- Al son de una marcha sencilla y pegadiza, siempre de autor local y a coro unísono, se interpretan emocionadas salves y loas a la Virgen de Las Nieves; una ofrenda interpretada por hombres “de tamaño normal” vestidos con suntuosas capas y varas largas (en forma de bastón, báculo, farol, remo, cayado, lanza… según sea la alegoría representada) que les sirven de apoyo durante la función, mientras “componen una añeja coreografía de filas, rombos y corros”.

El coro o “la Peña”, grupo de cantantes ataviados de la misma guisa que el resto —que representan personajes, que cambian de una fiesta a otra, y que suelen encarnar unos híbridos de la historia y de la fantasía—, se ha situado en una tarima y, en un tono más alto, interpreta a dos voces las siete estrofas de la loa. Repiten hasta ocho veces el estribillo.

Durante la interpretación de éste, “los danzantes se paran y, desde filas paralelas y cara al público, repiten en tono mayor sus orígenes lejanos y su encendida devoción”. Aquí cantan danzarines y Peña. Año tras año, y con estos cambios de personalidad, van cambiando también las letras y la música, aunque ésta es siempre tan parecida con las anteriores, que podría afirmarse que no cambia, que ha sido siempre la misma.

 

“Suena la música, y a su son, salen a través de una pequeña caseta de dos puertas, dos hileras de hombres, ataviados de largas túnicas, que por sus dibujos, nos dejan conocer la personalidad de quienes las visten; un año han sido estudiantes, otro doctores, otro astrólogos; cada año son distintos los personajes, que viene a ofrecer sus cantos a la Virgen de Las Nieves, porque esto es lo que nunca cambia sus canciones, son siempre loas a la Virgen:

Desde remotos confines
hemos venido soñando,
sobre las ondas del mar,
y a la Virgen de Las Nieves
nuestra loa le ofrecemos
porque con fervor queremos
verla en su trono reinar.

Coro de Astrólogos, Félix Duarte, 1960.

Y mientras ellos cantan el estribillo, cinco escogidas voces, subidas sobre una peña, van lanzando al aire sus enfervorizadas letras a María. Félix Duarte, Bajada de La Virgen – Historia.

Segunda.- Supone la mágica transformación en enanos fuera de la vista del público en el interior de la caseta bellamente decorada y de dos puertas. “Cuando el tránsito por el túnel diáfano de la Caseta materializa el secreto y cambia peregrinos (guerreros, astrónomos, estudiantes, nazarenos, reyes, frailes, viejos, navegantes…) por los minúsculos danzarines, la emoción sólo deja sitio al baile ingenuo y trepidante, a la agilidad, destreza y gracejo de los liliputienses, cuyos pasos, cada vez más rítmicos y veloces, el gentío palmea ilusionado”. (El Secreto del Enano)

“Protagonistas indiscutibles de las Fiestas Lustrales de La Bajada de La Virgen, la Danza de Los Enanos evoca un sentimiento especial para los palmeros y a todos aquellos que nos visitan, siempre sorprendidos por unos segundos de misterio y magia en la noche del jueves durante la transformación, momentos en los que aparece, de repente, el primer enano. Es el instante del milagro, el feliz encantamiento que se refleja en las mil expresiones de la cara de las gentes(…)”. Miguel Martín, «La Danza de Los Enanos».

“Los graves trovadores se retiran con el último compás y, con un leve fru-frú de tela, un simpático fanfarrón abre la cortina y otea a la audiencia con descaro; ésta le responde con aplausos y asombros, y el Enano número 1 adelanta su pie derecho, calzado con zapatilla de charol y hebilla dorada, y da el primer paso; rompe a bailar y otros, a su espalda, le secundan y forman filas simétricas que, con marcialidad y gracia, trenzan la celebérrima polca, que principia solemne y acaba frenética”. El secreto del Enano

“Ya han terminado los cantos y las evoluciones, ahora empieza lo grande, lo misterioso, lo que verdaderamente llama la atención de esta danza, ahora es cuando después de pasar a través de la misma caseta, los vemos salir de nuevo, pero… ya no son aquellos hombres, ahora, son pequeños y simpáticos enanitos, ataviados de gran sombrero e impecable levita. ¿Cómo han logrado transformarse?

Ésa es la pregunta que ronda todos los cerebros de nuestros visitantes, la noche de la Danza de Enanos. Y los simpáticos Enanos, no saben cantar, por eso, le ofrecen a la Virgen lo que saben hacer, bailar maravillosamente una alegre polka…”. Bajada de La Virgen – Historia.

El momento de la transformación es, pues, cuando culmina la tensión emotiva de los espectadores, y está marcado por la interrupción de la música y coros de la primera parte y el comienzo inmediato de la polka que bailan los enanos que empiezan a salir de la caseta cuando todavía están entrando por su parte trasera los danzantes todavía no transformados.

Era y es muy importante la preservación del “secreto del Enano”. Es un asunto “sagrado” para los palmeros. Recordemos cómo en la Bajada de 1895, el anónimo autor del manuscrito —perteneciente a la Biblioteca Cervantes, fondo histórico de La Cosmológica— se queja cómo “la danza de enanos (estuvo) muy mal ejecutada; después que se ha divulgado por la Provincia va perdiendo su oportunidad […] El personal, la escoria del pueblo que iba sacándose los sombreros con las caras descubiertas; en fin, un triste recuerdo de lo que era esta danza en otros tiempos en que la dirigían Don Miguel Torres y Don Miguel Salazar y Umarán”.

El polifacético Beneficiado de El Salvador Manuel Díaz, popularmente conocido como el “Cura Díaz”, confeccionó algunas caretas para Los Enanos. Era un hombre liberal, destacado constitucionalista y amante de las artes plásticas y los regocijos populares.

Algunas han llegado hasta nosotros en un lamentable estado de conservación. Otras habían sido pasto de las llamas en el pavoroso incendio del Casino capitalino donde se hallaban guardadas el 8 de julio de 1931. Recogiendo el relevo artístico, debemos al artista palmero Félix Martín Pérez, la continuación de la ejecución de análogas figuras.

Al querido vecino y profesor de la escuela de Arte y Oficios de la capital le debemos, no sólo la ardua labor de forja y modelado de las caras de los veinticuatro enanos, sino la complicada, emotiva y delicada ceremonia tradicional de vestir al enano desde la tarde de ese jueves. Es, junto al misterioso y mágico instante de la transformación, el secreto mejor guardado.

Del imperio del Mikado,
a esta ínsula llegamos
porque todos profesamos
de Cristo la santa fe.

Y pedimos a la Virgen
de Las Nieves venerada
sea siempre la abogada
del cristiano japonés.

Coro de Japoneses. José Lozano Pérez, 1930.

Es precisamente un hijo de este artesano, Luis A. Martín Rodríguez, quien actualmente se ocupa en la restauración, reciclado y mantenimiento de las caretas de los enanos en su taller del Barrio de La Canela (San Sebastián).

Para él, “lo de las doce parejas de Enanos, numerados con o sin punto, tiene su origen en el número mágico, bíblico: los doce apóstoles, los signos del Zodíaco, los meses del año, la docena de huevos…” .

Heredó de su padre, hace más de treinta y cinco años, esta afición artesanal, por vocación y tradición. Carga con la delicada responsabilidad de adaptar las caretas a las características físicas y medidas de los danzantes. Para este artista, “la iconografía de los Enanos proviene de una burla deliberada del estilo militar napoleónico. Una mirada irónica fijó el vestuario: bicornio galo, casaca, zapatos con hebillas, camisas con chorreras y lazo, medias, peinados… Lo más importante de la Danza es la transformación, que es un acto de prestidigitación, magia”.

El palmero Francisco Arrocha Méndez, conocido popularmente por “Quico el Cigarrito”, sigue siendo recordado en El Paso por haber aceptado el reto de organizar una Danza de los Enanos en aquella ciudad sin el permiso de las competentes autoridades capitalinas, aceptando la petición que le hiciera el alcalde pacense don Vicente Santana.

Cirilo Leal Mújica nos recuerda en un artículo de prensa local que “de aquella intentona aún se guarda memoria y testimonio gráfico”. Continúa informándonos de que “la evocación de este episodio contestatario de su existencia le produce risa, la algazara de un veterano bailarín que conoce todos los secretos del arte de la metamorfosis de los gigantes que se transmutan en un santiamén en enanos en las tripas de la barraca de los milagrosos”.

En el artículo, titulado «Los enanos apócrifos. Una aventura que nació y murió en El Paso» recoge las palabras de aquel vecino: “Les hice seis enanos y seis enanas. La actuación se hizo en el cine. La música fue la misma, la polca de los enanos”.

Del Sacro Romano Imperio
somos libres ciudadanos
fervientísimos cristianos:
el Cristianismo es la luz.

Y cantamos a la Virgen
de Las Nieves, milagrosa,
Madre la más amorosa
Del devoto de la Cruz.

Coro de Romanos. José Lozano Pérez, 1935.

El año lustral de 1935 ha pasado, como nos dice María Victoria Hernández —cronista oficial de Los Llanos de Aridane— “por ser la primera vez, que sepamos, que salieron de Santa Cruz de La Palma, donde nacieron los Enanos de la Bajada de la Virgen. Otras representaciones extraordinarias posteriores también son ya historia y, como siempre, el palmero defendió su permanencia sólo en el año lustral y en honor de la Virgen y Patrona de la Isla, Nuestra Señora de Las Nieves”.

Fue precisamente ese año cuando la palmera danza salió de las fronteras insulares. Como reflejaba el Diario de Avisos (29 de noviembre de 1935): “En el Vapor ‘León y Castillo’ embarcaron anoche para Tenerife el personal de la ‘Danza de Enanos’ y sus directivos, don José Massieu y García y don Pedro Díaz Batista, que van contratados para dar unas representaciones en la Plaza de Toros de la capital provincial”. En la edición de 1935, los Enanos, en su primera parte, habían vestido el traje de romanos, cuya letra había sido escrita por don José Lozano Pérez.

Debido a las fuertes lluvias registradas en Santa Cruz de Tenerife, no pudo representarse la danza en la Plaza de Toros, pero sí en el Teatro Guimerá. La cronista llanense nos recuerda cómo se reflejó el espectáculo en la prensa de entonces, concretamente en el periódico tinerfeño Hoy: “… el domingo último se celebró en el Teatro Guimerá una magnífica fiesta de arte, en la que figuraba como número de fuera la presentación de la ‘Danza de los Enanos’ de La Palma”. Continuaba relatando: “No cabe duda que los Enanos palmeros constituyen un número de sorprendente realidad y de gran vida escénica, sobresaliendo la rapidez de la transformación, que el público acogió con fervoroso entusiasmo”.

En los antiguos liceos,
estudiando intensamente,
conquistamos, noblemente,
la eficiencia del Doctor.

Y a la Virgen de Las Nieves
le cantamos esta noche,
en prodigioso derroche
de católico fervor.

Coro de Doctores. José Lozano Pérez, 1940

El periódico Acción Social había sido tajante en cuanto a que esta tradición saliese de La Palma, puesto que “cada cosa tiene su escenario y su momento, que el caso de hoy no podrá ser nunca otro que las calles de Santa Cruz de La Palma una madrugada de la primavera, rebosante de rojos cortinones y de gentes que corren, luchan por un sitio que luego perderán, seguramente, por ver un instante el monstruo, y luego a empujar, a engañar a un guardia, y … a no poderlos ver tampoco… será pues, preciso llegar a la Alameda — si yo sé me acuesto a las 8 y me levanto de madrugada— habrá quien lo diga … y esto también forma parte indudable de ‘los Enanos’ …”.

Esa misma publicación había hecho pública la siguiente reflexión: “Que la gente joven quiera darse ese paseíto a la capital de la provincia, hasta ahí llegamos, pero las personas mayores, esas que presumen de amar su tierra, de patriotas y hasta de religiosos, no deben consentir que se haga esa máxima tontería que nos desacredita y desluce las fiestas lustrales, contribuyendo no poco a que llegada la ocasión disminuya el número de coprovincianos que nos visiten. Hay que pensar un poco más en La Palma”.

Del alma un intenso grito
de magníficos fervores,
rica faceta de amores,
reliquia de santidad.

Y es la Virgen de Las Nieves
que al Nazareno da alientos
y en la noche sentimientos
de inquebrantable piedad.

Coro de Nazarenos. José Lozano Pérez, 1945

Volviendo con los “auténticos y únicos Enanos”, en el año 1905, la letra fue escrita por el prestigioso médico e investigador palmero Elías Santos Abreu (1856-1937), mientras que su hijo, Domingo Santos (1902-1979), fue el creador de la actual y pegadiza polka.

Una popular música contagiosa y encantadora que ha hecho bailar a viejos, peregrinos, guerreros, reyes, romanos, astrólogos, monjes, japoneses, doctores, nazarenos, consejeros, estudiantes, taumaturgos, atenienses, dominicos, musulmanes, navegantes, vikingos, cardenales, caballeros…

Todos ellos protegidos por fabulosos ropajes usados en la primera parte de la sentida loa a “La Morenita”, desprendidos de ellos mágicamente en el interior de la caseta, donde tiene lugar el repetitivo prodigio del jueves anterior a su Bajada.

El primer enano surge de las entrañas ocultas y se convierte con la polca, ante un enfervorizado público, en un ser especial, en un mágico y feliz pregonero de La Virgen, que baja ya. Una simbología única e insustituible en nuestras tradiciones y nuestras fiestas.

A la Virgen de Las Nieves,
consejeros ponderados
cantan enfervorizados
esta noche una oración.

Y ante la Virgen Bendita,
en estos bellos momentos
derraman los sentimientos
de su noble corazón.

Coro de Consejeros. José Lozano Pérez, 1950

La Danza de Enanos —desde que fue dirigida en su primera edición por Miguel Torres—, no sólo se ejecutaba como preámbulo a la Bajada de la “Señora del Monte”. Alguna brillante efeméride nacional o conmemoración importante de la Isla era motivo suficiente para que se disfrutase con este entrañable y anhelado espectáculo.

Como ejemplo, se danzó ante Francisco Franco el 20 de octubre de 1950, año lustral, en el Muelle de la capital palmera, y en presencia del Ministro de Gobernación, el palmero Blas Pérez González. Más tarde, ya fuera de su contexto lustral, tan sólo se ha representado ante SS.MM. los Reyes de España en su visita oficial. Tuvo lugar en la renacentista Plaza de España de la misma ciudad en mayo de 1986. Todavía se conserva en las retinas de los testigos el semblante asombrado de la Reina cuando apareció el primer Enano por la puerta de la caseta.

Peregrino de las cumbres
tú que el día veinte y tres
dices que los enanitos
les van a bailar al Rey.

Aunque hay oposición
en diferente opinión,
en nuestro pueblo palmero
habrá gran expectación.

Parodia de la danza de Enanos 1985 para la Visita de SS.MM. los Reyes en su visita el 23 de mayo de 1986. Autores: “Fesafeca y Frapape”.

También se ejecutó la danza durante los actos de la conmemoración del 500 aniversario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma, en mayo de 1993, donde también tuvo lugar una visita extraordinaria de Ntra. Sra. de Las Nieves.

Al estudio consagramos
nuestra juventud, tesoro
más deslumbrante que el oro
adquirido con honor.

Y a la Virgen de Las Nieves
cantamos, pues, su victoria,
¡que es reflejo de la Gloria
que al mundo llenó con amor!

Coro de Estudiantes. Félix Duarte Pérez, 1955

Pese a la tentación de la añoranza, la larga secuencia temporal ha sido, y será, la clave de su atractiva permanencia en el programa, y el seguro de su éxito, porque, cuando por causas puntuales e interesadas, los Enanos salieron de ese marco, peligraron las vértebras del artificio y la sorpresa”.

El desaparecido Pérez García, en referencia a la edición de 1955, escribía en sus crónicas: “Al día siguiente —refiriéndose al 24 de abril de dicho año— después de una tarde con desfile de gigantes y cabezudos, la Danza de Enanos. Como siempre, una multitud de gente abarrotaba la calle real en los trechos destinados para el espectáculo, mucha de ella venida de los campos; la verdad es que se trata de un espectáculo que no se cansa uno de ver y admirar por su originalidad…”.

El maestro Gustavo Gómez Salazar, miembro de la anterior Comisión Técnica, decía emocionado que “a partir de 1900-1905, mi abuelo Miguel Salazar Pestana ideó la transformación en la caseta, así como la utilización del bicornio francés (…)”. También indicaba los requisitos imprescindibles para ser incluidos en el selecto grupo de Enanos: “Para mí, las condiciones exigidas para bailar la mágica danza son tener oído, ritmo, fuerza de voluntad y resistencia física”.

Hay que tener en cuenta que, cuando en 1835 bailaban las figuras de enanos y enanas, los hombres danzantes se transformaban ante el público; incluso, como dice Félix Duarte, “antiguamente no había coros que luego se transformaran, sino que los Enanos salían directamente a bailar”.

Descubrimos una estrella
más brillante que mil soles,
y venimos a ofrendarle
nuestros humildes fervores.

“Estrella de la Mañana”
te llama tu letanía:
alienta nuestros quehaceres
¡oh! ¡Dulcísima María!

Coro de Astrólogos. Manuel Henríquez Pérez, 1975

Miguel Salazar Pestana —junto con Guillermo Pérez Cabrera, José Castro Pérez, Pedro Díaz Batista y Mariano Ferraz de Paz, y algunos otros recordados personajes— se unen a la lista de unos aficionados que corrían a cargo de las pruebas.

En el recuerdo están los primeros ensayos en la ermita de San Sebastián con sus numerosas anécdotas. Antonio Méndez (el Enano “número 1 con punto”), ya retirado después de treinta años de vivencias y recuerdos de las Fiestas Lustrales, rememora aquellos irrepetibles momentos, con Domingo Santos sentado al piano, y Pedro Díaz de pie, “con la caña dando golpes rituales en el suelo y, como no, Felipe Henríquez en el altar del templo, trabajando las cañas y dándole formas a los sombreros. Eran momentos de cariño y alegría con el número principal de las fiestas…”.

Desde el ágora ateniense
a la Virgen de Las Nieves
en unión de los palmenses,
hemos venido a cantar.

Madre del Dios ignorado,
que Pablo de Tarso, un día,
por nuestro bien y alegría
a los griegos descubrió.

Coro de Atenienses. Manuel Henríquez Pérez, 1965

La vestimenta se hacía desde antiguo en las casas de las familias pudientes de la capital palmera. Era estas acaudaladas personas las que sufragaban todos sus gastos. Actualmente es la Corporación Municipal la que corre a cargo de ellos. Una institución que siempre ha cuidado que el precioso número tradicional no vuelva a salir de las fronteras insulares ni sea plagiado.

Efectivamente, lo más delicado y complicado en la preparación de esta danza es el rito doméstico de vestir al enano, porque hay que construirlo materialmente sobre el cuerpo del danzante, cuyo trabajo, hecho en casas particulares que conservan la tradición, lleva muchas horas de la tarde que precede a la representación cinco años esperada, y en él participan afanosamente, con telas, adornos, trapos y puntadas, las manos habilidosas que llevan muchos lustros haciéndolo, y las nuevas que van iniciando.

En cierta ocasión una murga del Carnaval de Las Palmas “Los Marchosos”, vestidos de Enanos palmeros, a cara descubierta, tuvieron la desafortunada idea, en aras de una originalidad mal entendida, de utilizar la “Polka de la Virgen” para uno de sus números. Sus letras, como es frecuente en dichas murgas, estaban llenas de improperios y desprestigios para los tinerfeños. Fue el colmo del mal gusto que, afortunadamente, quedó en un desagradable incidente. Pidieron disculpas y el asunto quedó olvidado, en principio.

Construida con una estructura ligera, con listones y tela para facilitar su transporte por la Calle Real, durante el llamado “kilómetro áureo entre el Muelle y la Alameda”, y decorada con elementos alusivos al argumento elegido para ese lustro, la Caseta es diana de todas las miradas que se clavan en la cortina que oculta el prodigio.

Encendidos en amores
hacia la Reina eternal,
los frailes predicadores
los venimos a cantar:
Madre del Verbo encarnado,
en mi boca pon, Señora,
la Palabra Salvadora.

Coro de Dominicos. Manuel Henríquez Pérez, 1970

Después de las representaciones de la Plaza de Santo Domingo (aunque en la última edición fue en el Recinto Central de las fiestas, en el Muelle), la curiosa comitiva de Enanos se traslada a las adoquinadas y abarrotadas calles de la ciudad, donde se repite incesantemente la portentosa transformación.

Desde hace horas los recintos acotados de las plazuelas y tramos de la Calle Real están repletos de un público expectante y ansioso por renovar la promesa de disfrutar de ellos, después de una espera que ha durado cinco interminables años. Continuarán bailando infatigablemente hacia el Barco de La Virgen, donde llegarán al amanecer, siempre en dirección opuesta al itinerario que hará la “Negrita” dos días después.

Será allí el último escenario, bañado con sudores, sufrimientos, satisfacciones y por los primeros rayos del sol, donde se dará por finalizado el entrañable acto lustral. Se dirá entonces, “¡Hasta el año que viene!”, un año que durará un lustro en el divertido, nostálgico y curioso idioma de los palmeros.

“Sucede que, en la noche del Jueves Grande de la Bajada, unos misteriosos Enanos de redondeados bicornios —sátira y mofa de Napoleón Bonaparte en sus lejanos comienzos— se echan a las calles palmeras, y es tan bello, gracioso y hondo su baile, tan alegre el sacrificio que impone a danzarines y mirones, que quien los recuerda no se los pierde, y quien los ve por primera vez no los olvida”. El Secreto del Enano.

***

BIBLIOGRAFÍA

  • ACOSTA, María Eugenia. «Danza de los Enanos», InfoMagazin: Especial Bajada, Santa Cruz de La Palma, 2000.
  • «Antonio Méndez, “el uno con punto”: treinta años de vivencias y recuerdos». La Voz de La Palma, Especial Bajada, nº 108 (del 23 de junio al 7 de julio de 2000)
  • COBIELLA CUEVAS, Luis. «Pregón de la Bajada de La Virgen. 2000». La Voz de La Palma, nº 109 (del 7 al 28 de julio), 2000.
  • DE PAZ SÁNCHEZ, Manuel. La Ciudad. Una historia ilustrada de Santa Cruz de La Palma. Santa Cruz de La Palma: Ayuntamiento; La Laguna: Centro de la Cultura Popular Canaria, 2003.
  • DUARTE, Félix. «Danza de Enanos». Bajada de La Virgen – Historia. [Manuscrito]. 1964. Archivo General de La Palma/ Colección FSFC.
  • «El secreto del Enano». Danza de Enanos, Patronato Municipal de la Bajada de La Virgen. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2000
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  • HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001.
  • Idem. «1935. La danza de los enanos en Tenerife». Diario de Avisos (9 de junio de 2002), p. 29.
  • MARTÍN, Miguel. «La Danza de Los Enanos» La Voz de La Palma. Especial Bajada 2000, nº .109 (del 7 al 28 de julio), 2000.
  • «Los enanos apócrifos. Una aventura que nació y murió en El Paso». Diario de Avisos (15 de febrero de 2004) p. 47.
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime. Memorias Insulares, 1953-1960, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Santa Cruz de La Palma, 2009
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime; GARRIDO ABOLAFIA, Manuel. «Año de 1895. Noticias referentes a la Bajada de Nuestra Señora de las Nieves en el presente lustro», en Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, núm. 1, Madrid, 2004

[*Otros}– Antiguas danzas infantiles en honor a la Virgen de Las Nieves

06-06-2010

José Guillermo Rodríguez Escudero

Lamentablemente, han sido muchos los números tradicionales que se han ido perdiendo a través de los lustros.

Desde 1885, por ejemplo, existían unas danzas especiales preparadas para ser interpretadas durante los actos de la Bajada de Nuestra Señora de Las Nieves.

“Hace su viaje esta Reina por el paraje más alto que domina la Ciudad, que se llama La Dehesa; descúbrese en un repecho que se dice del Frontón en donde salió a encontrarla una danza de doce niños vestidos costosamente de serranas y serranos, sin que los dueños de ropas y prendas tuviesen algún reparo en que salían al prado y podían defraudarse los adornos, pues como si danzaran en la corte los vistieron para bailar en el campo…”. Anónimo de 1765.

“… a los dos lados del Carro iban doce niños de diez a doce años, vestidos de blanco todos, a imitación de la nieve, cuyos ropajes se compusieron de velillos y lamas de plata de clarines, con sus cintos primorosos, y tocados de lo mismo, muy adornados de prendas. Estos hacían los doce atributos de la Virgen (…) Iban de escolta en esta fiesta más de 60 jóvenes, de fusil, tan famosamente compuestos que, además de ser las chupas, que era el superior vestido, todas de telas de plata y oro y ricos géneros galonados de lo mismo (…) Acabado esto, danzaban dichos niños y recibían los atributos; la cual danza acabada, proseguían por todas las calles de la ciudad (…)”. Anónimo de 1765

De tiempo inmemorial viene prestándose en La Palma a grandes fiestas la Bajada de la Imagen de Nuestra Señora de Las Nieves. Y en este año no son menos los festejos, a juzgar por el programa que los periódicos de allí han publicado. Comenzarán hoy y durarán ocho días. Una Danza de Indios -¿de dónde la habrán sacado?- inaugurará las fiestas; en ellas, los que vayan podrán admirar Gigantes y Enanos, Carro Triunfal Alegórico, danzas de niños, gran baile, fuegos artificiales, y qué sé yo cuantas cosas más”.L. Río Oseleza, 1880

“Sociedad ritual y divertida que igual celebraba galas necrológicas que montaba bromas sonadas, con la complicidad general, e inventaba y ensayaba loas, juegos y danzas infantiles para recibir a la Virgen de Las Nieves en sus quinquenales bajadas”. Luis Ortega Abraham, 2000.

En el Archivo General de La Palma existen varios documentos donde, por ejemplo, se informa de que en aquel año de 1885, se ejecutaba “una Danza de Gimnastas con variedad de grupos y figuras”. También una “Danza Coreada de niños con un pequeño aparato”. Una década más tarde, en la edición de 1895 se inició la representación de la entrañable y emotiva “Danza de las Mariposas”. Allí se dice que se interpretó entre 1900 y 1940, año en que dejó de hacerse.

En 1905, 1910, 1915 se sucedieron las “Danzas Coreadas”. En 1925 tuvo lugar la “Danza de las Niñas” y la “Danza de las Flores”. Esta última se volvió a representar en la edición de 1930. En la Bajada de 1935 se interpretó la “Danza de los Copos de Nieve” y en 1940 la “Danza de las Margaritas”.

El documento informaba de que, “estas danzas de las mariposas, copos de nieve, de las margaritas y coreadas, sólo se representaban alternativamente a partir del año 1885 hasta 1940, inclusive”. El anónimo autor escribía que, “en general, todas estas danzas consistían en lo mismo, pero con diferencia de que cambiaba la letra, el decorado (solía ser muy parecido) y la música que variaba por lo general muy poco”.

“… Yban de escolta en esta fiesta más de 60 jóbenes, de fuzil, tan famosamente compuestos que, además de ser las chupas, que era el superior vestido, todas de telas de plata y oro y ricos géneros galoneados de lo mismo, llevavan sombreros bordados todos de perlas, joyas, brillantes, esmeraldas y junquillos, de modo que en algunos se vio desmentid la essencia de los sombreros, por ser todo lo que se veía perlas (…) estos, en dos alas acompañaban al Carro, retirando el innumerable concurso y detrás del Carro los ynstrumentos tocando, con los quales acompañado, dava principio el niño de la fama al festín, cantando con primorosa voz de esta manera:

       ‘Palmez incauto que vives en tan árido vergel,
mira que la Nieve vaxa a regar nuestra aridez.
A Ympulso de gratitudes lográis cada lustro ver
los candores de la Nieve desde los montes correr (…)’

A cada uno de estos versos respondían los doce niños, en airosa música, lo siguiente:

       ‘Venid, Venid, Venid, Corred, Corred, Corred,
Aurora nevada, bella Candidez’.

Acabado esto, danzaban dichos niños y recibían los atributos, la qual danza acavada, proseguían por todas las calles de la Ciudad, repitiendo lo mismo en las plazas y casas principales, por lo qual se comensó esta función a las 7 de la noche y acabó a las 2 de la madrugada, por la solemnidad con que se executó y mucho concurso, que no dava lugar a la aceleración…” Anónimo de 1765.

***

Danza coreada de 1880

Existe un manuscrito anónimo perteneciente al fondo histórico de la Biblioteca Cervantes de la Real Sociedad La Cosmológica de Santa Cruz de La Palma sobre la Bajada de 1880. En él se narra cómo un grupo de doce niños y doce niñas procedentes de la Villa de El Paso contribuyó a solemnizar las Fiestas Lustrales de esa edición.

Venían elegantemente vestidos con trajes de seda, y portaban unos arcos “adornados con esquisito gusto, con los que hacían variedad de figuras de gran efecto, particularmente la que figuraba una canastilla”.

Continuaba: “La danza empezaba al pie de un pedestal, del que salía una cruz que se iba elevando cuando dichos niños cantaban los versos siguientes:

Los hijos de El Paso,
cristianos devotos,
ofrecen sus votos
al pie de la Cruz.

Divina aureola
de amor y consuelo
que envía del Cielo
la sagrada Luz.

Los medios arcos de que nos hemos ocupado se hallaban colocados en dicho pedestal, formando una granada. La danza terminaba agrupándose los niños al pie de una palma, de la que se desprendía un tronco y aparecían dos ángeles que tenían en sus manos, uno el nombre de María, y el otro un letrero que decía: ‘La Villa de El Paso á’ terminando en el nombre de María. En la parte alta de la Palma, se levantaba un lujoso pabellón que cubría a los mencionados ángeles, descubriendo otro nombre de María [xxx] despidiendo el ramaje de la Palma lluvia de fuegos artificiales, cantando los niños los versos siguientes:

Virgen de Las Nieves,
ved su nombre santo,
acepta este canto
del coro inocente.

De tantos milagros
que cuenta la historia,
exalte su gloria
plegaria ferviente.

La Palma giraba alrededor, mientras los niños cantaban los anteriores versos. Los ángeles que estaban en el tronco de la Palma, bajaban con el nombre de María, y seguían hasta el pedestal donde estaba la cruz, seguidos de los demás niños, los cuales volvían á colocar en el pedestal los medios arcos.

Esta danza gustó muchísimo, tanto por lo ingeniosa, como por la precisión y soltura con qu[e] los niños la desempeñaban, no se arriesgaba nada, si se asegura que fue lo mejor que hubo en las fiestas de la Bajada de Nuestra Señora (…). Dicha danza fue dirigida por D. Antonio Herrera Martín”.

Hernández Bravo menciona en su trabajo una serie de referencias sobre otra danza infantil en honor a la Virgen de Las Nieves que un grupo de El Paso representó en la Bajada de 1900. Fue ensayada por un aficionado de apellido Herrera, natural de Santa Cruz de La Palma y apodado “El Sacristán”. Es probable que se trate de Antonio Herrera Martín, director de la danza en 1880.

El investigador nos informa de que no dispone de “documentos que permitan confirmar si la danza de 1900 es la misma que se bailó en el año 1880 o se trata de un espectáculo completamente nuevo”. Para Hernández Bravo es posible que “pudo tratarse quizá de una versión o adaptación de la anterior, con ciertos cambios estróficos, ya que hay testimonios que ratifican que constaba de una parte recitada o cantada de la cual se conserva la siguiente estrofa que no aparece en la danza de 1880:

De El Paso venimos
aquí a la Ciudad,
a gozar de la Virgen
en su festividad».

Estos datos —la estrofa, la existencia de la danza y la personalidad del responsable de los ensayos— se los facilitó Juana Pérez Sánchez, natural de El Paso y nacida en 1905, “que supo de esta danza y aprendió la estrofa de su cuñada, Celinia Hernández, nacida en 1889, y que participó en la representación teniendo unos 11 años”.

***

Danza coreada de 1885 y 1915

“A su frente se ostenta un aparato que figura una peña, cubierta de nieve, y sobre ella van colocados cuatro niños de ambos sexos que cantan las estrofas, y al otro lado se encuentra un pedestal, sobre el cual se leen las siguientes inscripciones: ASIETA y UNIÓN OBRERA; se rompe la música y empiezan a danzar los 25 niños, confundiéndose en bonitas figuras, prorrumpiéndose a la vez en un coro.

CORO

Cantemos siempre constantes
con júbilo y alegría,
porque la Virgen María
está próxima a bajar.

Cantemos, que nos ampara
la Madre de Dios sincera
que dice a la Unión Obrera
“Marcha al pobre a consolar”.

ESTROFA 1

¡Castísima azucena
de Jericó bendita
en el Tabor escrita
por toda eternidad!

ESTROFA 2

Virgen sagrada y pura,
La Palma, con anhelo,
cual líbano del cielo
se rinde a tu piedad.

ESTROFA 3

Arca de eterna alianza,
luna que no se eclipsa,
torre que diviniza
la excelsa majestad.

ESTROFA 4

Dulcísima Judith,
de protección inmensa.
Ciprés de rica esencia,
éter de nuestro altar

ESTROFA 5

Sagrario del eterno
Sol fúlgido del cielo,
que esparces el consuelo
de que eres manantial.

ESTROFA 6

Refugio del que peca,
auxilio del cristiano,
de dulce amor arcano
con rostro angelical.

(Al ir pasando los niños por el pedestal sobre el cual se ostentan las inscripciones antes señaladas, habrá tomado cada niño una de las letras, de modo que, al formarse la figura, se lea en medio de ellas las mismas inscripciones).

ESTROFA 7

Palma, laurel, corona,
nardo, violeta, hermosa,
fina, celeste, rosa
de aroma sin igual.

ESTROFA 8

Ven, Reina de esperanza,
auxilio del que llora.
Ven, refulgente aurora
de saludable paz.

(Al cantarse la estrofa habrá aparecido lentamente el nombre de MARÍA sobre la peña, alrededor de la cual se habrán arrodillado los niños e iluminado el cuadro de luces).

ESTROFA 9

Ven, Virgen cariñosa.
Ven, diamantina estrella.
Ven, nieve suave y bella.
Ven, Madre celestial…

(Entre las estrofas canta el Coro)”.

***

Danza coreada de 1905 y 1910

“Estrofas cantadas por cuatro niñas, que representaban las cuatro estaciones del año; coro compuesto de 28 niños de ambos sexos, vestidas las niñas de aldeanas y los niños de obreros.

Al romper la música, los 14 niños emprenden la marcha, partiendo desde una casa, representación del trabajo y harán algunas artísticas figuras; después las niñas partirán desde el campo, confundiéndose ambos en artísticas figuras.

Terminadas éstas se cogerán ambos tras el aparato principal saliendo luego entrelazándose en varias figuras. Entre estrofa y estrofa terminará la danza con un coro final entre una hermosísima apoteosis, donde se brindan policromas flores a la Virgen”.

***

Danza de las flores. Año 1930

CORO

Bellos ritmos de ilusión,
a la nieve de María.
Las flores en este día
danzan con veneración.

ESTROFA 1

Admirables aromas campesinas,
al trono de Miriam lanzan las flores.
Muestran de sus corolas los primores
las regias azucenas nacarinas.

ESTROFA 2

Preciosa floración de floraciones,
ideal eclosión de los vergeles.
Ofrecen a la Virgen los claveles
sus tesoros de mil coloraciones.

ESTROFA 3

Divinales hechizos de armonía
a la Virgen rinden primorosas
su radiante y lisal policromía
el tesoro brillante de las rosas.

ESTROFA 4

María de las Nieves soberana,
entre trigos, como colmadas olas,
bellas flores de púrpura galana
son un mar de sangrientas amapolas.

ESTROFA 5

Un efluvio de aromas ideales
a la Virgen ofrecen los jazmines,
y en un lindo ornamento de jardines
los bellos crisantemos orientales.

ESTROFA 6

Al trono de la Virgen a porfía,
cual trasunto de fantasía inquieta,
ofrecen cual liral de poesía
exquisitas fragancias de violetas.

ESTROFA 7

Sentimientos de mágica hermosura
en las hojas de los lirios morados.
Motivos de emoción y de ternura,
recuerdo de Jesús Crucificado.

ESTROFA 8

De gallos heliotropos un derroche,
a María, en fervores inefable,
ofrecen en la magia de la noche
sus selectos perfumes admirables

ESTROFA 9

Un milagro de lindas porcelanas
las camelias ofrecen majestuosas.
Son las flores más regias y galanas
rendidas a la madre cariñosa.

ESTROFA 10

Las magnolias son lírico presente
adornando el altar regio y sagrado
de la Virgen, que se ofrenda eminente,
de belleza y perfume gran dechado.

ARIA FINAL

Como un milagro de amor
de magnífica armonía
en un rompiente de flores
brilla el nombre de MARÍA.

***

Danza de las margaritas

Un grupo de niñas luciendo trajes alegóricos a su denominación, representó esta singular danza en honor a la Virgen de Las Nieves el martes 3 de julio de 1940, dentro de los actos programados en la Semana Grande de las Fiestas Lustrales de ese año.

1895. Danza de las Mariposas

CORO

De la Virgen de Las Nieves
a sus gracias infinitas
cantan divinas plegarias
las preciosas margaritas.

ESTROFA 1

Como celestial trofeo
de santísima emoción
elevemos esta noche
nuestro noble corazón.

ESTROFA 2

A la Reina de los Cielos,
en esta noche vernal,
cantemos nuestras plegarias,
sentida ofrenda lustral.

ESTROFA 3

En las lomas campesinas,
las flores bellas y leves
ofrendan sus hermosuras
a la Virgen de Las Nieves

ESTROFA 4

Dios te salve, Virgen Madre,
de tu corazón se lanza,
como perfumes de amores,
un manantial de esperanza.

ESTROFA 5

Socorre a los desgraciados
hijos de Eva nacidos,
que en este valle de lágrimas
viven tristes y afligidos.

ESTROFA 6

Ofrezcamos la hermosura
que la margarita encierra
a la Virgen de Las Nieves,
Reina de Cielos y Tierra.

ESTROFA 7

Bajo el palio de la noche
surgen voces a millares
que a la Santa Madre entonan
sus magníficos cantares.

ESTROFA 8

Celestiales emociones
de inefable poesía
ofrecen las margaritas
a la Nieve de María.

ESTROFA 9

Como preseas de amor,
llenas de santas canciones,
entonan las margaritas
venerables oraciones.

ARIA FINAL

En los celestes espacios
de brumas, las gasas leves,
surge el sacrosanto nombre
de la Virgen de Las Nieves.

***

Danza de las mariposas

En un manuscrito anónimo de 1895, custodiado en La Cosmológica y publicado por Pérez García y Garrido Abolafia, se lee que, el día 23 de abril de dicho año, “la danza de las Mariposas compuesta de 30 niñas y 4 niños de ambos sexos, cuya descripción se acompaña, estuvo muy bien ejecutada y agradó mucho”.

“La Palma nos anuncia
que ya la Nieve brilla.
Doblemos la rodilla
al pie del pedestal…”.

Pérez García informaba de que dicha danza se representó más de una vez en las fiestas lustrales. “Con letra de don Domingo Carmona Pérez, periodista de profesión y destacado poeta local, y música del ya nombrado don Elías Santos Abreu, fue dirigida por don José Acosta González, después Capitán de Infantería del Batallón de La Palma, y por don Melquíades Lorenzo. Sobre el número de los componentes, el autor se explica mal; en realidad actuaron treinta y seis niños de ambos sexos”. Garrido Abolafia también confirma que “la letra fue publicada como folleto de ocho páginas por la imprenta La Lealtad, 1895”.

En 1895, la Danza de Las Mariposas se representó en doce puntos de la ciudad: En la Plaza de la Alameda; en los números 78, 70, 56, 35 de la Calle Santiago; en la Placeta de Borrero; en el número 5 de dicha calle Santiago; en la Plaza de la Constitución; y en los números 6, 14, 27 y 35 de la Calle O’Daly.

En la Bajada de la Virgen de 2010, se celebran 120 años de esta candorosa danza, ejecutada por niños de ambos sexos en honor a la Patrona Insular, Nuestra Señora de Las Nieves. El autor de este centenario baile fue el eminente entomólogo palmero Dr. Elías Santos Abreu (1856-1937) al que se le hizo un emotivo homenaje con motivo del centenario de su fundación por parte de la Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma, dirigida por Antonio Abdó y Pilar Rey.

A las 12 del mediodía del día 4 de julio de 1995, durante los fastos de la Bajada, se descubrió una placa en su casa familiar de la calle Álvarez de Abreu de esa bella ciudad. Allí se ejecutó la danza de niños y niñas en honor a la Virgen y en recuerdo a su autor, acompañados por la Banda Municipal de Música “San Miguel”. Después del aplaudido acto, se continuó representando la preciosa y delicada danza por varias calles y plazas de la población.

“Entrañable también es la danza de las mariposas. Esta danza coreada, interpretada por un grupo de niños de entre 4 y 12 años de edad, recobró la obra compuesta por Elías Santos Abreu en 1895, con letra de Domingo Carmona Pérez, en una plegaria para que la Virgen no dilate más su bajada al templo de El Salvador. Al frente de la función estuvieron Antonio Abdó y Pilar Rey, directores de la Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma, mientras que el vestuario fue diseñado por Raquel Paz Hernández y confeccionado por las propias madres y abuelas de los niños”. Diario de Avisos, (15 de agosto de 2005)

Es encomiable la labor realizada por esta Escuela de Teatro en la búsqueda y rescate de piezas teatrales y líricas que han ido conformando el acervo cultural de las Fiestas Lustrales de la Virgen. Poco a poco han ido mostrando a propios y extraños sus hallazgos a través de la edición y realización escénica de los antiguos textos.

Esta especial danza del admirado maestro Elías Santos Abreu dejó una honda huella en la historia de la Bajada a lo largo de estos doce decenios de existencia.

La producción corrió a cargo de la Escuela; el vestuario se confeccionó en el Taller del Patronato de La Bajada; su diseño fue de Juan Luis Curbelo; la coreografía y dirección fue de Pilar Rey y Antonio Abdó; la Banda de Música fue dirigida por Julio Gómez; en el cuerpo de baile intervinieron dieciséis niñas y seis niños.

“A través de las pegadizas notas de su vals, la letra de don Domingo Carmona Pérez urge a la Virgen su venida, a lo largo de siete estrofas: en la primera, la reclama (“Ven”); en la segunda, la piropea (“por bella”); en la tercera, se refiere a la isla como “don” suyo (patria); en la cuarta, la compara con “faro” que guía; en la quinta, insiste en la llamada (“ven”); en la sexta, ofrece el propio acto de la danza y el canto (“acoge … nuestro infantil cantar”); en la séptima y última invita al pueblo a reverenciar a la Virgen (“doblemos la rodilla”) en su inminente bajada”. Antonio Abdó y Pilar Rey. Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma, 28.06.1995.

***

Danza de las sirenas

Para la edición de 2010, se estrenará una nueva danza infantil coreada en honor a la Virgen de Las Nieves. Se trata de la “Danza de las Sirenas”, acto infantil que ha sido aprobado por el Consejo de Gerencia de las Fiestas Lustrales.

De forma altruista, la poetisa palmera Elsa López ha escrito la letra, y el polifacético Luis Cobiella Cuevas se ha encargado de ponerle música. Gracias a la magnífica labor investigadora del recientemente nombrado Cronista Oficial de Santa Cruz de La Palma, Manuel Poggio Capote, la nueva danza verá la luz en estas Fiestas Lustrales.

La prensa local decía que “contiene muchos de los elementos característicos de los actos tradicionales de las fiestas: sencillez, originalidad y una sabia mezcla de emoción, inocencia y ternura”. Sustituirá en esta edición la mencionada “Danza de las Mariposas”, como hemos visto, originaria de 1895 y reestrenada un siglo después. Se interpretó entre las Bajadas de 1995 y 2005. Recordemos otras danzas como la de las “Flores” de 1930, la de los “Copos de Nieve” de 1935, o la de las “Margaritas” de 1940, entre otras muchas.

La prensa decía también que: “el motivo de la «Danza de Sirenas» se inspira en una de las joyas más emblemáticas de la Virgen de las Nieves, así como en la relación de Santa Cruz de La Palma con el mar. La propuesta aprobada por el Consejo de Gerencia pretende recuperar la antigua tramoya escénica de este entrañable espectáculo con la inclusión de una carroza o «peña» y la realización de al menos dos representaciones en las vías públicas de Santa Cruz de La Palma. Este acto estará coordinado por las concejalas Mariela Francisco y Nuria Herrera”.

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BIBLIOGRAFÍA

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