[*Otros}– Los Acróbatas en la semana grande de la Bajada de la Virgen de las Nieves, y programa de la Bajada

Los acróbatas

José Guillermo Rodríguez Escudero

“De las postrimerías del siglo XIX, cuando se presentó el cinematógrafo en La Palma, al tercio inicial del siglo XX, los Acróbatas suplieron la presencia de los circos, que vendían, como espectáculos, las pruebas de agilidad, fuerza y riesgo. A los acordes del pasodoble “Manolo” y con mallas y lentejuelas, una veintena de jóvenes compone figuras en el suelo y acrobacias sobre las escaleras paralelas que sostiene un forzudo portor. Devueltos a su origen y ambiente, los Acróbatas tienen un puesto entrañable en la Bajada y aparecerán en cualquier edición (la última celebrada el martes 8 de julio de 1980 en la Plaza de Santo Domingo, representaciones que continuaron en las calles O’Daly, Plaza de España, Pérez de Brito y Plaza de la Alameda), con sus hachos de tea, atuendos ajustados y capas de seda, paso marcial y sencillas piruetas, ganándose los aplausos del público en las calles poco iluminadas”. Luis Ortega Abraham, 2000
(En el año 2000, el investigador y periodista palmero Luis Ortega añoraba este número emblemático de la Bajada de la Virgen. Afortunadamente fue rescatado para la edición lustral de 2005, treinta largos años después).

“…Felizmente ya los tenemos aquí de nuevo. No más trayectoria intermitente; que su regreso marque la consolidación de de esta simpática función, mezcla de destreza y vistosidad, entre aquellas de mayor arraigo y tradición de las Fiestas. Lo merece una existencia de sobra centenaria…”. José Eduardo Pérez Hernández, 2005

Como la inmensa mayoría de los juegos y danzas que tenían lugar en nuestras Fiestas Lustrales (muchos de ellos perdidos y olvidados), los singulares equilibristas locales tenían sus raíces en los frecuentes contactos que se daban a lo largo de la historia entre la población palmera, sobre todo intelectuales, con los circenses, “titiriteros” y miembros de la farándula en general.

Estas comitivas festivas recalaban en el puerto capitalino en sus constantes viajes de ida y vuelta a las Américas. Encontraban un excelente terreno abonado en La Palma, isla cuyos habitantes desde siempre han demostrado una gran capacidad para las Artes en general y, en concreto, para el teatro, la música, la literatura, e, incluso, para cualquier espectáculo que se preciase.

Al público palmero en general le encantaban las funciones de variedades circenses, que se constituyeron en los espectáculos foráneos más frecuentes, populares y numerosos, “hasta el punto de propiciar sus émulos palmeros”.

Nos recuerda Pérez Hernández que no sólo eran pequeñas compañías peninsulares las que ofrecían todo tipo de números “ecuestres, gimnásticos, acrobáticos, cómicos, mímicos y pirotécnicos en los patios y plazas de los antiguos conventos capitalinos”, sino también procedentes de remotos lugares del extranjero.

Hay constancia de que en el Circo de Marte ya tenían lugar estas especiales representaciones desde 1871. Gracias a este recinto, estos vistosos espectáculos se verían popularizados y reforzados entre 1879 y 1882. Tengamos en cuenta que aproximadamente en la década de 1880, “España había hecho de la gimnasia una de las primeras manifestaciones deportivas organizadas”. Estas competiciones comenzaron por aquella época como una nueva costumbre sana y moderna entre la clase acomodada, convirtiéndose en un inequívoco signo de distinción social.

Pérez Hernández, en la prensa local, nos informaba de que “en diciembre de 1881 fue constituida oficialmente la sociedad gimnástica La Patriótica, presidida por Manuel Vandewalle y Pinto, si bien su arranque efectivo se produjo al año siguiente”.

Recordemos también que sus socios podían acudir a hacer ejercicio, entrenarse y formarse en un gimnasio completo. El mismo investigador palmero continuaba: “Durante el verano de 1882 los asociados mejor preparados presentaron al gran público algunas funciones atléticas y acrobáticas que, al decir de la crónica periodística, causaron asombro general por la habilidad y maestría en el desempeño de los ejercicios…”

De esta manera, y poco a poco, los jóvenes gimnastas iban representando estos aplaudidos números circenses en varias fiestas y homenajes que se celebraban en Santa Cruz de La Palma, calando cada vez más en su público. Trataban de emular a los acróbatas profesionales “en el escenario cuando, embutidos en leotardos, hacían evoluciones en el trapecio, y equilibrios sobre cuerdas y alambres, cilindros y bolas; pero nunca más allá de la afición, como ponía de relieve el carácter filantrópico de sus funciones”.

La Gimnástica, como popularmente se conocía, alcanzó su apogeo en la “Bajada de la Señora” de 1885, creando para los festejos lustrales una exitosa puesta en escena titulada “Danza de Gimnastas”, representada en la noche del lunes 13 de abril en la plaza de Santo Domingo. Más tarde la repetirían en las calles O’Daly y Pérez de Brito (en aquella época, ésta se llamaba Santiago).

Se trataba de uno de los más espectaculares y esperados números que, aunque fue estrenado en la Bajada de 1885, llegó a integrarse completamente en el nutrido programa de festejos en honor a Nuestra Señora de Las Nieves.

Recordemos que estas magníficas fiestas, desde sus orígenes, contaban con una gran tradición danzarina: danzas coreadas infantiles, de enanos, de gigantes, etc.

Así, durante la noche del 24 de abril, durante la Bajada de 1895, los jóvenes participantes, en número de 25, iniciaron su ansiado itinerario nocturno ante la desaparecida ermita de Santa Catalina de Alejandría, para continuar ante la casa número 56 de la calle Santiago, en la Placeta de Borrero, en el número 3 de la Calle Santiago (Hotel), la Plaza de la Constitución, y tres representaciones más ante las mansiones localizadas con los números 4, 13 y 27 de la Calle O’Daly.

En las Fiestas Lustrales de 1910, la danza acrobática estaba a cargo de Nicolás Sosa, uno de los pioneros de la ya extinta sociedad gimnástica. En esa edición, las representaciones se iniciarían dentro del Circo de Marte y nuevamente recorrerían posteriormente las principales calles capitalinas hasta altas horas de la madrugada.

Desde 1920 se empezó a denominar “Danza de Acróbatas”. Pérez Hernández aportaba nuevos datos: “El espectáculo inició entonces una etapa de estabilidad en las Fiestas Lustrales prolongada hasta mitad de la centuria (sólo faltó a la edición de 1940). Así pudo consolidar algunas de sus características distintivas. Los brillantes vestidos de la veintena larga de acróbatas, por ejemplo, adecuados a la dimensión nocturna de sus actuaciones (en aquella época en el mes de junio): camisetas, camisillas, calzoncillos, zapatos (alpargatas para los ensayos)…, en fin, una indumentaria ceñida, flexible y colorista de tipo surá, muselina o terciopelo, con galones dorados y plateados…” .

El propio investigador palmero nos recuerda también que sería en la Bajada de 1925 cuando aparecen documentadas por primera vez las escaleras de mano, las famosas escaleras de mano.

El Diario de Avisos, en su edición especial por la Bajada de 1935, alababa también la importancia de la música en la cita lustral. Para el periódico, “la música era un elemento vital para conseguir la maravillosa y sorprendente ejecución rítmica, limpia y precisa de los acróbatas danzantes, capaz de atrapar al espectador…”.

Continuaba diciendo que la danza “acompañada por la música resulta muy uniformada y el público aplaudió calurosamente. Empezó por el extremo sur de la calle O’Daly siguiendo hacia la Alameda… un gran gentío siguió por las calles a los acróbatas improvisados y se apiñaba en los balcones”.

En el programa festivo de la Bajada de 1950, se leía una bella evocación escrita por autor anónimo sobre nuestra peculiar danza:

“En dos escaleras sostenidas por un solo hombre, que las mantiene erectas, al son de la música se realizan variadísimos ejercicios. El hombre generalmente robusto, parece estar fijo a suelo. Se nos asemeja estar soldado por alguna fuerza misteriosa a las escalas que sostiene. Parece una estatua representativa de la fuerza, mientras los demás siguen el ritmo de la música. Representan el movimiento hecho arte que elabora figuras plenas de plasticidad y destreza. A lo que contribuye la brillantez de los trajes que lanzan variados destellos bajo las luces artificiales…”.

En el programa de la Bajada de 1860, uno de los más antiguos conservados, se lee: “Dia 17 de abril: por la noche saldrá una Contradanza que dará principio en la plaza de San Francisco, siguiendo la calle de Santiago por la plazuela de la Cruz y continuando la de O’Daly hasta el muelle”.

Dos días después se repitió la contradanza (baile de figuras que ejecutan muchas parejas a un tiempo) con el mismo itinerario. En dicho programa no se aprecia ninguna otra actuación en la que conste que se efectúen acrobacias. Pero en el de 1885 si se precisa que: “Lunes 13 de Abril: Por la noche tendrá lugar en las plazas y sitios de las calles que oportunamente se designarán una ingeniosa Danza de Gimnastas, con variedad de grupos y figuras”.

La población llegó a bautizarlo como uno de sus “números principales y acto ya tradicional”.

     Entusiasmo juvenil de una noche atlética,
chicos elásticos que saltan, doblan, suben,
bajan como gatos por una escalera.
Demostrando a miles de mirones, su acrobacia,
Mil figuras al aire con sus cuerpos doblados
(como si fueran de goma).
Atletas masculinos que se pasan toda la noche
Jubiloso con sus artes de arriba-abajo y
Los otros sobre los hombros formando
La acrobacia de estrellas de la noche”.
                             “Los Acróbatas”. José Juan Pérez Morera.

Los alegres e ingenuos saltimbanquis palmeros han tenido intermitentes apariciones a lo largo de todos estos últimos lustros. Después de su última aparición en 1980 —año en que se cumplían sus 120 de existencia—, se recuperó para la edición de 2005, esto es, un período de seis “Bajadas” sin contar con ellos.

En este año fueron aproximadamente unos 55 gimnastas los encargados de interpretar y rescatar el número. Por fortuna, tampoco en esta ocasión se discriminará a los acróbatas por su sexo. Recordemos que en la Bajada de 1975 todos los miembros eran varones.

El Diario de Avisos (10 de julio de 1975) se deshacía en elogios: “Uno de los más espectaculares actos de los que integraron el excelente programa de las Fiestas de este año 1975 fue el llevado a cabo por la danza de Acróbatas. Una espléndida actuación a cargo de estos magníficos ejecutantes de un arte que siempre tuvo y habrá de seguir teniendo un éxito y un interés indiscutibles”.

Efectivamente, este número llegó a considerarse una de las manifestaciones festeras rescatadas en esa Bajada “del acervo de actuaciones tradicionales de las Fiestas”. La crítica de la prensa y de los asistentes no pudo ser más favorable.

Fueron destacados el bello colorido de los trajes, su férrea disciplina, su artística y difícil intervención en las escaleras, así como el magnífico adiestramiento de los muchachos “que constituyeron un ejemplo notabilísimo que entusiasmó hasta grados insospechados” a los miles de asistentes que asistieron embelesados al acto. Varias actuaciones tuvieron lugar por la Calle Real y vías adyacentes hasta altas horas de la madrugada.

En el Programa de 1980 se leía: “Martes: Danza de Acróbatas: actúan en distintos lugares, durante toda la noche, hasta el amanecer, y lo hacían en la Alameda”. “Las figura en el suelo eran dibujadas por las niñas, mientras los chicos se encargaban de soportar el peso de la escalera. El secreto para conseguir una buena preparación y abstraerse del mundo exterior, coordinándose y principalmente logrando una óptima sincronización con la música que hace sonar la Banda de Música Municipal de San Miguel de Santa Cruz de La Palma”.

Recuperando lo que se decía en el programa de 1975: “Una espléndida actuación a cargo de estos magníficos ejecutantes de un arte que siempre tuvo y habrá de seguir teniendo un éxito y un interés indiscutibles”. Continuaba informando de que “esta danza de los acróbatas ha sido una de las manifestaciones festeras rescatadas en el presente año del acervo de actuaciones tradicionales de las Fiestas”.

El itinerario de ese año lustral coincidió con el de 1980, iniciándose en el patio del Hospital de Dolores, donde se reunía un gran coro expectante de ancianos y enfermos emocionados. Después se desplazaron a la Plaza de Santo Domingo donde ofrecieron dos funciones a la fascinada concurrencia.

En alguna edición era tal la multitud que tuvieron que repetir el espectáculo por tercera vez. Cada pirueta, contorsión, equilibrismo… eran nuevamente vitoreadas por la muchedumbre. Al sudor de los volatineros se añadían las sonrisas de satisfacción a ver a su público cada vez más enfervorizado.

Efectivamente, tan sólo por ver el colorido de los trajes de los forzudo, y no tan forzudos, participantes, su férrea disciplina, su “artística y difícil intervención en las escaleras”, y también el “espléndido grado de adiestramiento de los muchachos, constituyeron un ejemplo notabilísimo que entusiasmó hasta grados insospechados a los miles de espectadores que presenciaron esta gran exhibición, la que tuvo efecto el martes, 8 de julio, por la Calle Real y vías adyacentes hasta altas horas de la madrugada…”.

Pérez Hernández, en su trabajo sobre esta peculiar danza, recordaba:“Tristemente el panorama ha sido bastante pobre en la segunda mitad del siglo XX en lo referente a nuestro espectáculo acrobático. Las últimas noches mágicas acontecieron del 8 al 9 de julio de 1975 y de 1980, prolongándose hasta el amanecer”.

Es necesaria una precisa compenetración que se logra alcanzar tras las interminables sesiones de entrenamiento. Para llegar a la ansiada sincronización, a fin de evitar incidencias y sorpresas desagradables, se necesitaba, no sólo fortaleza física, sino también capacidad mental.

Era una larga y agotadora noche hasta que se finalizaba en torno a las siete de la mañana en La Alameda, junto al Barco de la Virgen, como homenaje a la “Morenita”, ante su inminente llegada, y a la que se ofrecía el tremendo esfuerzo e impagable sacrificio.

Cada una de las representaciones dura aproximadamente una media hora, tiempo en el que los Acróbatas —en la actualidad, de ambos sexos— realizan series de figuras, tanto en el suelo, como las llamadas “escaleras humanas”. Aquí los equilibrios sobre las manos, muslos y hombros tienen un claro protagonismo. Se añaden los ya típicos arcos, pinos y resto de piruetas características de este lustral espectáculo que, como colofón, “tendrá la realización de la figura del barco en la que participan todos los acróbatas”. (M.C., 2005)

“La desaparecida Danza de los Acróbatas o gimnastas, que se venía representando desde el siglo XIX por hombres jóvenes, consistía en realizar habilidades propias de un circo sobre dos escaleras al compás de un pasodoble (el más popular, el pasodoble Manolo). Esta danza comenzaba en diferentes lugares, según las distintas ediciones de las fiestas lustrales, una en la Cruz del Tercero, otra, en el Circo de Marte, etc., y continuaba ejecutándose por la Calle Real durante toda la noche, seguidos por un animado público que con palmas les coreaban. Las últimas ediciones comenzaban en la plaza de Santo Domingo”. Loló Fernández, 1995

Afortunadamente, este entrañable acto tradicional fue rescatado para la Bajada de 2005, con gran expectación por parte de un público entregado que con grandes ovaciones pedía una y otra vez su repetición. Fueron cincuenta los participantes —de entre 10 y 18 años, de los cuales veintidós eran muchachas— dirigidos por Francisco García Pérez, Josefina Gutiérrez Sánchez y Juan Carlos González Martín.

Estos jóvenes lograron ejecutar un digno espectáculo donde la fuerza y el equilibrio se articularon para realizar con destreza una serie de ejercicios y figuras sincronizadas que recordaron las antiguas actuaciones de los especialistas en los legendarios circos.

El Diario de Avisos informaba de que “en las actuaciones realizaron hasta ocho figuras sobre la escalera de mano, soporte sobre el que realizan los más peculiares ejercicios, al tiempo que ejecutaron otra serie de figuras en el suelo, como equilibrio sobre hombro, equilibrio sobre muslo, pinos, arcos, etc. Además realizaron una figura en la que intervinieron todos los acróbatas de muy bella factura y que denominaban el barco”.

En el programa se leía: “Domingo 10 de julio. 21:30h. Actuaciones de los Acróbatas, en el Hospital de Nuestra Señora de Los Dolores, Plaza de Santo Domingo, Calle O’Daly, Plaza de España, Calle Anselmo Pérez de Brito (Acera Ancha) y Plaza de la Alameda. Con la participación de la Banda Municipal de Música San Miguel, de Santa Cruz de La Palma y la Banda Municipal de Música de Tazacorte”.

La omnipresente Banda Municipal de Música “San Miguel” interpretaba una y otra vez la popular obra de E. Cebrián Ruiz titulada Manolo, bajo la dirección de Julio José Hernández Gómez y José Gabriel Rodríguez González.

El acto señero y centenario vuelve a llegar con fuerza y emoción a la Bajada de cuyo programa nunca debió de desaparecer.

      Elásticos bisoños de la prueba,
Rumboso el porte de lo masculino,
Pasan atletas, de la casa, a punto.
(de goma sólo, lo demás, cartílago).
Fuerza, vigor, su sangre, los portores,
Transfusionan a los demás acróbatas;
Bichos que trepan, saltan y se escurren,
Empinan, desempinan y transforman.
Gatos por escaleras y tejados;
Fantasma con resorte y cuerda viva;
Hados en el misterio y la acrobacia.
Mil figuras al aire con sus cuerpos,
Son almas –lentejuelas de sus hombros
Pirotécnica de estrellas en la noche.

                                           Fernández Perdigón, 1980

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BIBLIOGRAFÍA

  • PÉREZ HERNÁNDEZ, José Eduardo. «Así surgió la Danza de los Acróbatas en la Fiesta Lustral», Danza de los Acróbatas, [Programa de mano] Bajada de la Virgen, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2005
  • Idem. «La Danza de Acróbatas en las Fiestas Lustrales de La Palma», Diario de Avisos, (9 de julio de 2005)
  • BERMÚDEZ, Felipe. Fiesta Canaria. Una interpretación teológica, Publicaciones del Centro Teológico, Las Palmas de Gran Canaria, 2001
  • «El recuerdo de antiguas representaciones», La Voz de La Palma, Especial Bajada 2000.
  • «El retorno de los Acróbatas», Diario de Avisos, (11 de julio de 2005)
  • «Entre acrobacias, velas y flores», M.C. Mirador Canario, Creación 7, S.L., 2005
  • «Equilibrio e imaginación», Diario de Avisos, (15 de agosto de 2005)FERNÁNDEZ, Loló. Baja la Virgen. Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 1995.
  • FERNÁNDEZ PERDIGÓN, Miguel. «’Números primos’ de la Bajada de la Virgen», Diario de Avisos, (13 de julio de 1980)
  • «Las Fiestas Lustrales recuperan el número de los Acróbatas tras 25 años», La Voz de La Palma, n º 229 (del 13 al 26 de mayo de 2005).
  • ORTEGA ABRAHAM, Luis, «Collage de la Bajada», [Programa] Bajada 2000, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2000.
  •  Idem. «Semana Grande», [Programa] Bajada 1995, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1995.
  • PÉREZ MORERA, José Juan. «Los Acróbatas», Achamán (Asociación Juvenil), Santa Cruz de La Palma, Edición Especial, 1980.
  • Programa de la Bajada de la Virgen, 1860. [manuscrito], Archivo General de La Palma/Colección FSFC.
  • [Programas] Bajada de la Virgen, 1950,1975, 1980, 1990, 1995, 2000, 2005.

 

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Programa de las fiestas de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, Santa Cruz de La Palma.

Para verlo clicar AQUÍ.

Cortesía de Antonio Felipe Rocha González

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hdez. y Castillo: Prólogo, introducción y dedicatorias

Mi tío-abuelo, Pedro Martín Hernández y Castillo, más conocido en El Paso como Don Pedro Castillo, y a quien he mencionado ya en este blog en los artículos

Don Pedro Castillo, hijo ilustre de El Paso / Antero Simón
La eficacia del “Colegio El Paso” / Ismael González
Detallista y perfeccionista: de casta le viene al galgo
De la juventud y carácter de mi hermano Raúl

entre otros, escribió un libro de poemas titulado «La Verdad – Notas Canarias o Espejo de la Vida«, que fue publicado en 1920.

Para mis padres, hermanos y hermanas, él era Tío Pedro, y como su casa estaba a 10 metros de la nuestra, yo, de niño, la visitaba a diario y por horas, y así fue tanto el tiempo —hasta 1949 en El Paso, y luego hasta 1961 en S/C de Tenerife— que conviví con Tío Pedro y con su mujer, Petronila González Guélmez, Tía Nila, que algunas personas han concluido que ellos fueron mis segundos padres.

El 19/07/1961, día en que a bordo del Bianca C salí de S/C de Tenerife rumbo a Venezuela, fui a despedirme de Tío Pedro y Tía Nila, y él me obsequió, dedicado de su puño y letra, el libro arriba mencionado.

Ese día fue la última vez que vi a Tío Pedro, pues murió en S/C de Tenerife el 11/06/1963, estando yo en Venezuela.

Como un tributo a su memoria, hoy, primera semana del 5° año de Padronel, comienzo a publicar el contenido de su libro de poemas.

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PRÓLOGO

DOS PALABRAS

Mi meritísimo amigo, don Pedro Martín Hernández y Castillo, me pide escriba unas líneas que a modo de prólogo, figuren al frente de su libro de poesías, titulado Notas Canarias o Espejo de la Vida.

No soy escritor y mucho menos crítico literario, y ya que no puedo adelantar al lector el valor que ha de encontrar en las poesías que al volver las hojas hallará, diré algo del autor, a quien profeso afecto y cariño.

El joven poeta ocupa hoy en ]a ciudad de El Paso, donde nació, posición envidiable, por su cultura y raras aptitudes. Modesto como nadie, sin medios de fortuna y de protección, don Pedro Martín Hernández y Castillo adquirió conocimientos generales que le han permitido dedicarse a la enseñanza, siendo su colegio el mejor centro docente de aquella localidad; músico verdaderamente notable, compositor y ejecutor a la vez; orador y escritor, ha ganado distinciones en certámenes en que, empujado por sus amigos, ha tornado parte.

Pedro M. Hernández y Castillo, ciudadano íntegro, jamás ha puesto sus méritos al servicio de ideas y aspiraciones bastardas. Sirvió a la Patria como soldado, y del cuartel se fue a la escuela, donde le presta aún mayores y más fecundos ser?vicios.

Éste es el autor; ahora, lector, juzga tu su obra poética.

Alonso Pérez Díaz

Santa Cruz de la Palma, diciembre de 1920.

***

                  DEDICATORIA

A mis hijos que son de mi alma esencia,
auténticos destellos de mi ser,
les quiero en mis amores ofrecer
el fruto de mi pobre inteligencia:

este libro que expresa mi pensar,
este libro quo encierra mi sentir,
los ritmos que armonizo en mi vivir,
mis notas arpegiadas al llorar;

mis notas pasajeras de alegría,
mis fúnebres canturrias de dolor,
las gamas que preludio por amor
a la siempre divina Poesía.

A mis hijos dedico estas verdades,
este espejo de mi alma entristecida;
también del mundo y do la falsa vida,
espejo do sus tristes realidades.

***

                     AL LECTOR

Por el amor que siento a la Belleza,
a las Artes y Ciencias, lo sublime,
y a todo lo que al hombre le redime
y le lleva a un estado de grandeza;

por el amor que siento hacia los seres
que me ofrecen ansiosos sus amores;
que comparten conmigo sus dolores,
tristezas, alegrías y placeres;

por el amor que siento al patrio suelo,
e inspirado del mundo en lo real,
y en lo excelso y divino, lo inmortal,
allende del azul claro del cielo,

este libro he querido publicar,
con las notas humildes de mi lira:
tristes ritmos de un alma que suspira,
la farsa de la vida al meditar.

                        ~~~

Por el amor, que es germen de la vida,
que es divina pasión, puro cariño,
que he sentido en mi pecho desde niño,
muchas veces por causa indefinida,

por fin aqueste libro, tan sincero,
he publicado, obstáculos venciendo…
Por eso, y opiniones presintiendo,
al que lea mis versos decir quiero:

«Si algún error, contrario a tu creencia,
en mi libro pudieras encontrar,
si del tuyo discrepa mi pensar,
yo confío, lector, en tu indulgencia».

***

             INTRODUCCIÓN

                       – I –

Notas canarias son
de mi patria las rítmicas folías;
arpegios de tristezas y alegrías,
divina inspiración.

Y todo, cuando en calma,
el cerebro armoniza ideas remotas,
son otras tantas inspiradas notas
que ansiosa ofrece el alma.

Por eso at escribir
en verso mi sentir,
de la vida en las horas solitarias,
en mi libro primero,
mis humildes cantares llamar quiero
también «Notas Canarias».

                      – II –

Desde mi tierna edad, sin experiencia,
empecé a contemplar las falsedades
que tanto el mundo encierra en su opulencia,
triturando mi pecho esas verdades.

Y al seguir, desde entonces, mi ideal,
han surgido en mi mente soñadora,
ya cadencias de amor a lo inmortal,
ya lúgubres arpegios de dolora;

ya anónimas al hecho censurable,
inspirado del Arte en la belleza,
triturando lo vil y miserable
y ensalzando del Orbe la grandeza.

                         ~~~

Ecos de mi alma que remonta el vuelo
inspirada en las horas solitarias…
Si por sentirlos en mi patrio suelo,
cual folias, llamé, «Notas Canarias»,

por reflejar del mundo realidades,
que mi alma advierte de dolor transida,
llamar también yo quiero esas verdades,
«Espejo de la Vida».

***

        ECOS DEL ALMA – 1ª Parte

DEDICATORIA

A vosotros, autores de mi ser,
y a ti, fiel compañera en mi querer,
de mis notas de amor, hechas con calma,
os quiero en este libro hoy ofrecer
las páginas que encierra «Ecos del alma».

[*Otros}– Veintitrés años sin Alberto-José Fernández García

22 de abril de 2010

José G. Rodríguez Escudero

Hoy, 22 de abril de 2010, se cumplen 26 años del fallecimiento de este gran artista.

“En la vida ocurren casos que nos parecerán siempre que no podían haber sucedido sin haber alguna ley ni razonamiento explicable. Sólo son factores espirituales los que nos hacen pensar así y es esto lo que nos ha sucedido a los que en vida conocimos a Alberto José Fernández. Nos parecía que no podía desaparecer de esta vida terrena. En el carácter de Alberto-José concurría el artista, el conversador ameno, el que distraía a los que íbamos a acompañarle en el lecho del que nunca se levantaría…”. Manuel Poggio y Sánchez.

Nacido en Santa Cruz de La Palma el 22 de julio de 1928, Alberto-José Fernández García fue hijo de Maximiano Fernández de Armas y de Juana García Fernández. Un polifacético artista que sintió desde su niñez una señalada inclinación hacia la pintura y el dibujo.

Su juventud estuvo muy marcada por el entorno familiar. Las enseñanzas de don Felipe Felipe Afonso tuvieron amplia repercusión en la personalidad artística de Alberto-José.

Así, éstas se reflejaron bien temprano en el uso magistral del dibujo y, como dijera Garrido Abolafia, “en un sentido innato de la proporción y de la estética, así como un amor, vocación vital a la postre, por el Arte en todas sus manifestaciones”.

Autodidacta en su formación artística, en sus obras, ceñidas a los cánones académicos, cultivó el retrato, los bodegones, la pintura religiosa, las marinas, etc.

Era un apasionado de la historia de La Palma, y un minucioso investigador de nuestro pasado, de las fiestas populares y las tradiciones. Unos completos trabajos que han sabido potenciar y difundir de manera ejemplar los valores culturales de su Isla. Unas publicaciones que, en su mayoría, vieron la luz en la prensa provincial, para el deleite de todos los ciudadanos y no sólo de una minoría intelectual. Entre ellas predominó su buen quehacer en el tema artístico-religioso.

Muchas horas de investigación que era difundida con gran asiduidad en la prensa, muchas veces conjuntamente con su primo, Jaime Pérez García (éste, cronista oficial de la ciudad, dedicó a su memoria una de sus obras: la “Calle Trasera de Santa Cruz de La Palma”). Constituye un estudio de inevitable referencia para el conocimiento e interés del patrimonio histórico artístico de La Palma. Sería preciso y necesario que todo este trabajo fuese recopilado en un mismo libro.

“Su tarea ordenadora de sistematización documental, su rigor al tratar las fuentes, su prudencia interpretativa, así como sus aportaciones históricas marcan un antes y un después en la historiografía insular”. Fernando Gabriel Martín Rodríguez

Artículos publicados en la prensa periódica fueron, por ejemplo:

  • «La Esclavitud y Hermandad del Santísimo Rosario. Fiesta de la Naval»
  • «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma»
  • «El Señor de la Portería»
  • «Semana Santa en Los Llanos de Aridane»
  • «Historia de Las Nieves»
  • «Semana Santa en la Villa de San Andrés y Sauces y otras noticias histórico-religiosas»
  • «Apuntes históricos: San Sebastián»
  • «Notas históricas de La Palma: San Telmo»
  • «Santa Lucía (Puntallana), su historia y festividad»
  • «Ermita de Nuestra Señora del Carmen»
  • «Historia de Breña Baja»

El arte llenaba su vida. El Museo de Arte Sacro anexo al Real Santuario de Las Nieves fue una de sus obras predilectas que fue especialmente valorada. Trazó su fachada (a tamaño natural), las vitrinas expositivas, la cubierta.

Lamentablemente aún no está abierto al público. Poggio nos decía en la prensa local que Alberto-José había volcado en él su arte y la fe del corazón.

Otra de sus obras maestras fue la fachada de la sede de la Sociedad “La Cosmológica” en la trasera de la Parroquia Matriz de El Salvador. Para ella adoptó la composición y los elementos definitorios de la arquitectura tradicional palmera. Pudo verla terminada y “no se puede pedir más armonía dentro del estilo canario”.

No pudo admirar, sin embargo, la magnífica restauración (bajo su dirección) del Palacio Salazar de la Calle Real, ni tampoco el Museo Insular en el recinto del extinto convento “Real de La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”, antiguo cenobio franciscano que 2008 cumplió 500 años de existencia, ambas obras destinadas a fines culturales. No pudo cumplir otro sueño, esta vez en el edificio noble de la Plaza de España donde se alberga el Centro Asociado a la UNED.

Eran conocidas las tertulias vespertinas y nocturnas en su casa de la Calle Trasera de la ciudad. Como todo buen anfitrión, gustaba agasajar a sus invitados con comidas y azucarados postres palmeros. Según sus allegados y contertulios, era altamente valorada su conversación, llena de tino y sabiduría.

En estas reuniones, según Galante Gómez, “se hablaba de todo, se discutía por todo y se sentía por todo”. De pícara y vivaz mirada, dialéctico y embrollador con la palabra, nuestro culto y hospitalario vecino era un gran dominador de la palabra, divertido y humorista, sagaz para entresacar, hábil para eludir, y buen cultivador de la ironía. Era anfitrión de todos los historiadores del arte que venían a La Palma en busca de conocimientos, información, etc. Era el referente para cualquier tema palmero y hacía que su pasión se consolidara en todos y cada uno de sus invitados.

“Esa gran casa está llena de palabras, de presencias, de momentos imborrables. Las conversaciones podían durar hasta que el sol aparecía por el horizonte, que veíamos por las ventanas que dan al mar. Era el reino de la palabra, de la comunicación plena, y en los momentos donde tocábamos el resorte de la nostalgia surgían sus recuerdos de juventud o de su madre…”. Fernando G. Martín Rodríguez

Precisamente este profesor que firma el párrafo fue guiado por todas las ermitas e iglesias de La Palma así como por las colecciones de arte privadas de mano de Alberto-José de quién aprendió y disfrutó muchísimo.

Así era nuestro investigador, frenético, incansable, que amaba enseñar las entrañas de su Isla y sus tesoros. Esta generosidad fue compartida por numerosos universitarios que se desplazaban a La Palma: “Alberto José fue el puente de unión entre la Universidad de La Laguna y sus jóvenes investigadores”.

Su relación con dicha entidad era muy estrecha y ayudaba a estos estudiosos mediante brillantes orientaciones y documentación inédita. Ya no se concebía un viaje a La Palma sin contar con él. Esta misma entrega la tuvo años más tarde con la Universidad de Las Palmas (entonces politécnica), especialmente con la Escuela de Arquitectura y de la Historia del Arte.

En cuanto a su obra pictórica, se aprecia una preferencia por el trazo firme y lineal resuelto por medio de composiciones bien equilibradas. Después de sus pequeñas primeras obras, como un exquisito paisaje marino de Garafía, Alberto-José probó con el género del retrato.

Galante nos informaba de que “son óleos con fondos de colores neutros, acentuando de esta manera el protagonismo de los homenajeados, todo ello en la tradición del retrato clásico del siglo XIX”. El mismo profesor nos relacionaba en un artículo cómo destacaba en este capítulo los retratos de sus bisabuelos o el de su prima María de los Ángeles Pérez García.

Entre los bodegones y naturalezas muertas, el artista sintió una especial predilección por una delicada rosa blanca en un vaso sencillo que regaló a su sobrina política un día de su onomástica. También para su primo, el decano de los cronistas oficiales de Canarias, don Jaime Pérez García, realizó el cuadro más grande dentro de esta temática: bodegón con jarrón, concha y caracol.

Otra de sus grandes obras es el enorme óleo cuyo tema es el combate de dos galeones en un embravecido mar que se custodia en la Casa Cabrera. También pintó un cuadro de los Reyes Católicos que fue robado de una exposición que tenía lugar en el Museo Naval (Barco de la Virgen).

Mención aparte en este capítulo merece destacar su producción religiosa, como reproducciones de la Virgen de Las Nieves y de la Inmaculada Concepción. La primera —vera efigie— es considerada la más importante obra de este apartado. Un excelente óleo donde destacan con gran precisión de detalles las telas y joyas que la arropan. Dedicó el trabajo a su abuela Enriqueta Fernández González de García Massieu.

En la rúbrica aparece también la fecha: 3-5-1955. Así mismo, es obra suya el retrato del obispo García Jiménez —fundador de la Bajada de la Virgen en 1676— en cuyo cuadro incorporó una imagen de la “Morenita” y de San Miguel (inspirado en el arcángel barroco de Breña Baja).

Su labor abarcaba muchos ámbitos del arte y la cultura. También logró diseñar con gran destreza y habilidad numerosos dibujos de calados en mantelerías, muebles, joyas, platería, etc. Ayudado por su gran amigo Felipe Henríquez Brito, dibujó juegos de cama, encajes de mantelería, juegos de té… Unos ornamentos a base de motivos florales, vegetales y geométricos.

Un modelo que fue ampliamente difundido fue el conocido como María la de todos. Al igual que todos los demás “cisnados”, éste cambiaba de calidad según la tela, la bordadora, el hilo, etc. porque las mantelerías se hicieron muchas veces. Recordemos que también llegó a ser el director del taller de costura de diferentes Bajadas de la Virgen.

En cuanto al diseño de muebles, su actividad creadora parecía no tener fin. Fue muy admirado el espléndido conjunto que diseñó para la familia Lugo Castillo-Olivares en Buenavista (dos consolas, una mesa comedor de estructura elíptica y un aparador) así como la vitrina que tenía en su vivienda. Su estilo llegó a denominarlo como “barroco francés”, inspirado, tal vez, por las revistas gráficas que a menudo consultaba.

Otra de sus obras también fue un numeroso catálogo de diseños de metales preciosos, como gargantillas y broches. Un ejemplo fue la reproducción del escudo del Tenisca en oro y perlas colgantes que el club deportivo donó a su Patrona, la Virgen de Las Nieves. También obra suya fue el diseño de la excepcional peana de plata repujada de la custodia procesional del Corpus de El Salvador.

Realizó numerosos diseños para conmemorar diversos actos de la Bajada de la Virgen. Por ejemplo, el vestuario para el Minué —tanto masculino como femenino—, o la caseta y los atuendos de los Enanos cantantes de la Loa a la Virgen, antes de su mágica transformación.

Se pudieron contemplar en la exposición que tuvo lugar en el Palacio Salazar de Santa Cruz de La Palma entre el 13 y el 30 de septiembre de 2004. Fue organizada por la Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma para homenajear al polifacético artista cuando se cumplían veinte años de su fallecimiento. Allí se expusieron los miriñaques de las damas y las casacas de los caballeros, ejecutados en finas telas cuajadas de lentejuelas. Otro de sus diseños fue el escudo de la ciudad que aún hoy en día se siguen colocando en las puertas delanteras de los taxis.

Participaba directa o indirectamente en todas las fiestas de la ciudad y también de la Isla. Amaba los villancicos de “los divinos” de la capital y el “nacimiento” de Las Nieves ante el altar mayor. La Semana Santa era también muy especial en su vida y participaba en todas las procesiones. Cuando alguna de ellas pasaba bajo su casa de la Calle Trasera, siempre se le veía en su ventana. Era casi una pieza más de la estampa que no podía faltar.

También en las Fiestas de Las Nieves, de la Concepción del Risco, del Señor de El Planto, de La Encarnación y de La Luz y San Telmo de la capital, San Pedro de Breña Alta, Santa Ana de Breña Baja, el Corpus de Villa de Mazo, El Sagrado Corazón de El Paso, y así un largo etcétera. Su presencia en todos los festejos hacía que se empapara de esa magia que luego transmitía tan bien, tanto en forma escrita como verbalmente en sus lecciones magistrales.

Disfrutaba con los polvos de talco en “los Indianos” cada lunes de Carnaval. Era un amante y gran apasionado de las fiestas palmeras, sobre todo de su Bajada de la Virgen, manifestación festiva por excelencia en La Palma. Cantaba, y con “muy buen oído”, las letras de los “Carros Alegóricos y Triunfales”, de la “Loa” a la Virgen, de los “Enanos”.

Recordemos que para la Bajada de 1945, los que gestaron la magnífica idea del “Minué” fueron, junto con Alberto-José, Argelio Pérez Algarrada, Álvaro Rodríguez Fernández, Celestino Cabrera, Ezequiel Pastor Cuevas Cabrera, y Celio Díaz. Encargaron al músico palmero Luis Cobiella Cuevas, primer Diputado del Común de Canarias, la composición de la música y el texto de un ballet inspirado en los jardines palatinos de Versalles.

El profesor Galante también nos informa de que Alberto-José también se atrevió con diseños para utensilios de carácter industrial, como algunos faroles que aún existen en su vivienda: “éstos son de estructura poligonal con láminas metálicas en forma de perillones torneados y guarnecidos entre hojas de acanto, cuyos cristales están adornados a base de óleos y motivos vegetales en vibrantes colores de tintes oros, azules y rojos”.

En el apartado de las restauraciones de obras históricas —que ejecutó con gran delicadeza, sin alterar contenidos o perjudicar a las piezas— es interesante reseñar las pinturas de óleos sobre lienzo, como el espléndido San Felipe Neri, actualmente colgado junto al retablo de la Milagrosa (en la nave colateral del Evangelio de El Salvador).

O también los magníficos y antiguos exvotos marineros: el de la capilla del Rosario (iglesia de Sto. Domingo, el más antiguo de España) y los del Santuario de Las Nieves (entre ellos el segundo más antiguo del país); una Santa Elena (propiedad de los herederos de la familia Castillo Olivares y Sotomayor); un Santo Domingo y la Virgen del Rosario (colección propia); los Desposorios de La Virgen (Santuario de Las Nieves), un San Antonio (pintura sobre lienzo propiedad de don Felipe Henríquez Brito).

Así mismo restauró esculturas, como la Virgen de La Salud (de la parroquia de Montserrat de Los Sauces, antiguamente del convento de La Piedad de San Andrés). Se considera esta última como la actuación más afortunada “en la que aplicó un esmerado estofado y recuperó la policromía original de la talla”.

Fue también el inspirador del Belén napolitano que inició en el mismo Santuario el actual rector, y fue el autor del dibujo del precioso bordado en oro del dosel de la Patrona palmera —realizado en el monasterio del Císter de Breña Alta— sobre terciopelo encargado en París. Por cierto, vistió a la usanza hebrea a las más antiguas figuras del Nacimiento del Santuario, hasta entonces revestidas con los trajes típicos de La Palma.

Fue alma de varias exposiciones de arte sacro dentro y fuera de la ciudad. Muy recordada fue la del Congreso Eucarístico Arciprestal de Santa Cruz de La Palma, por ejemplo. También fue inspirador y gestor de diversas donaciones artísticas al Santuario Real hechas por instituciones, familias y particulares.

Entre estas restauraciones, efectuadas con cariño y celo, se recuerda, por ejemplo, la de la imagen de la Virgen de la Luz, patrona de la Villa de Garafía. En su taller, de puertas abiertas, el artista recibía la visita de numerosos curiosos que acudían a ver la talla con sus nuevos ropajes. Con un grupo de amigos y colaboradores, él mismo la llevó a la parroquia norteña para presentarla tras su actuación.

También restauró, aparte de numerosos abanicos antiguos, la decoración de la cubierta de la ermita de Las Angustias (concluida más tarde por Isabel Santos, restauradora del Cabildo Insular), y las tres hornacinas del altar mayor de la parroquial de Los Remedios, templos ubicados en Los Llanos de Aridane.

Actuación suya en otra ermita, ahora en la capital, fue el diseño del nuevo campanario en piedra de la parroquia de Candelaria de Mirca, aprovechando su restauración. Por cierto, cuando se demolió la mansión llamada “Del Mayorazgo de Guisla”, Alberto-José —que vivía enfrente, en la calle Álvarez de Abreu, 41— recogió algunas piezas de la cubierta, que actualmente se conservan en la decoración de la galería de su casa y en el forro de la escalera del Museo Insular de Arte Sacro, en el Santuario de Las Nieves, donadas por sus herederos.

Tiene publicado un libro titulado Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves (Everest, León ,1980) declarado de “interés turístico” por la Secretaría de Estado de Turismo, por resolución de 16 de marzo de 1981. En esta magnífica obra, Alberto-José plasmó su amor por la actividad investigadora. Fue presentado en 1980 en Santa Cruz de La Palma por su gran amigo y maestro, el también palmero don Juan Régulo Pérez.

Fue fruto de muchas horas de estudio, de consulta de archivos y documentos históricos de gran valor. Ha sido un referente imprescindible para conocer a fondo el primer Santuario nombrado en Canarias. Un brillante y exhaustivo libro que ha recibido el elogio de propios y extraños a través de los años.

Como curiosidad, sirva decir que a su —nuestra— amada Virgencita de Las Nieves sólo se le viste con el llamado “traje de duelo” —confeccionado en valioso terciopelo de seda morado bordado en hilos de oro fino con ornamentación floral de mediados del siglo XX— en establecidas ocasiones excepcionales: con motivo del fallecimiento de Francisco Franco, del Papa (ocurrió con Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II), del Obispo de la Diócesis, del Párroco del Santuario (Andrés de las Casas Guerra), del Capellán de Honor de la Virgen (Luis Van de Walle Carballo) y, como decisión extraordinaria, se revistió con motivo del fallecimiento de Alberto José, persona muy vinculada a la Virgen y al Santuario, con el que siempre mantuvo una estrecha colaboración.

Recordemos que durante muchos años corrió a su cargo el aderezo de la Sagrada Imagen, y con absoluto desinterés hizo multitud de diseños y asesoró en temas histórico-artísticos a los responsables del templo. Esto sucedía con los tres últimos párrocos: don Antonio Pérez Hernández (hasta 1958), don Andrés de las Casas Guerra (hasta 1970) y don Pedro M. Francisco de las Casas (hasta 1984).

Como anécdota diremos que estos dos últimos sacerdotes, miembros de la misma familia, vivieron en la misma calle que Alberto-José, muy cerca de su casa. La frecuentaban para hacer encargos para el Santuario, para pedirle consejo sobre materias histórico-artísticas, para recrearse con su polifacética actividad cultural o, simplemente, para cultivar una respetuosa y sincera amistad.

Así mismo, fue un desinteresado colaborador de sucesivos párrocos de El Salvador en asuntos relacionados con la ornamentación del templo, los Monumentos del Jueves Santo y de la preparación de los tronos para las diversas procesiones. Ocurría esto desde la época del inolvidable don Félix Hernández Pérez.

Precisamente para él era una jornada muy especial e íntima el momento de la muda del traje de la “Morenita” y luego su enjoyado. Con gran calma, emoción y seriedad, el devoto maestro cambiaba las vestiduras de diario a las festivas. Esta ceremonia tenía lugar antes de la onomástica de la Virgen cada cinco de agosto, o en mayo en las Fiestas de Las Madres —fue su creador, junto con el Santuario y los Coros y Danzas de La Palma— y, por supuesto, antes de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen.

Las ocho o nueve horas que tardaba Alberto-José en cambiarle los ropajes y en engarzar una a una todas las riquísimas joyas en el manto triangular, lejos de agotarle, esta lenta y solemne ceremonia lo sumía en un estado de emoción y felicidad tal que su rostro irradiaba algo especial. Así lo decían quienes tenían el privilegio de ser testigos del acto.

Entre otros muchos obsequios, muestra de su gran generosidad y altruismo, Alberto-José legó a la Virgen un espléndido rosario, un busto de Cristo Yacente (s. XVII), una Magdalena, el rostro de la Virgen de la Soledad, etc.

En 1975 Nuestra Señora de Las Nieves, con motivo de su Bajada Lustral, estrenó un pesado y precioso sillón de viaje (el actual), una gran urna rematada por una corona real tallado por Pedro Daranas Roque, dorado por Fernández Molina y diseñado por Alberto-José Fernández García.

Fue autor también del templete de la Loa en la Bajada Lustral, así como de la escenografía del Minué y del Carro Alegórico y Triunfal. Otras muestras de cómo su nombre quedará para siempre ligado a la “Negrita”.

Amaba también la música y la primavera. López García nos decía que nuestro artista era “la persona que la sociedad necesita para que el arte no muera”. Le gustaba admirar la naturaleza de La Palma —su gran pasión—, y se recreaba e inspiraba viendo la tierra vestida de verde y engalanada de flores.

Quedaba extasiado al oír ópera en el Teatro Circo de Marte o en el Guimerá, o en cualquier otro lugar dentro y fuera de su querida Isla, y también a las orquestas procedentes de lejanas y grandes ciudades. Dotado de gran oído musical, tenía una cálida voz con la que muchas veces interpretaba arias de ópera o motetes del Padre Díaz mientras pintaba, restauraba o diseñaba.

Alberto- José fue un auténtico dinamizador de la actividad cultural, desarrollando una intensa labor en la creación artística y en la investigación científica. Disfrutaba con la belleza y ésta lo inspiraba. Francisco Galante escribía que “perteneció a una cultura en extinción en la que se valoraba la ilusión por descubrir nuevos mundos, la transparencia y la honestidad por el trabajo bien hecho y, sobre todo, la generosidad y el sentido inmutable y permanente de la amistad.”

López García también nos informaba de que a este cordial humanista le preocupaba constantemente el acontecer insular. Recuerda en su artículo cómo le disgustaba ver el estado de abandono del Castillo Real de Santa Catalina, El Castillete. Defendía esta fortaleza con entusiasmo, especialmente por su vínculo a la figura de Anselmo Pérez de Brito, a la que tanto admiraba. Tampoco le gustó que le pusieran el nombre de Benahoare a la actual Urbanización capitalina. Comentaba que era un nombre demasiado importante para un grupo de Viviendas.

Lo más que quería Alberto-José —persona efusiva, generosa, hospitalaria, honesta y transparente— era a su Isla de La Palma. Nunca viajó por el extranjero, aunque sí estuvo en la Península y en el resto de Canarias. Sobre este punto, Poggio terminaba su artículo sobre el maestro diciendo que “por encima de todo, para él estaba residir en su querida isla natal, investigando su historia de la que tanto dejó escrita. Dentro y fuera de la isla ensalzaba sus bellezas naturales, su historia y sus costumbres”.

Alberto- José —pintor, restaurador, escritor, investigador, poeta, diseñador, decorador— falleció en Santa Cruz de Tenerife el 22 de abril de 1984.

El Pleno de la Corporación de Santa Cruz de La Palma, en sesión celebrada el día 11 de marzo de 1996, acordó aprobar inicialmente el Proyecto de Urbanización denominado calle Alberto-José Fernández García, a espaldas del que fue solar del Parque de Recreo, el antiguo cine de la Plaza de la Alameda, hoy ocupado por un gran edificio en las cercanías del Barco de la Virgen.

Un gran hombre y un gran artista, merecedor del Premio Canarias a título póstumo y también de una calle, no de un callejón.

“Era él quien distraía a sus familiares y amigos dentro de su enfermedad. La sátira fina del terruño y de la familia, con su buen humor que jamás perdió, nos hacía olvidar su enfermedad y aún viéndole muerto el Domingo de Resurrección su semblante era para meditar que en ese día tan propicio había nacido a la vida eterna. Se notaba en él un semblante de paz y tranquilidad”. Manuel Poggio y Sánchez.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Exposición in memoriam. Alberto José Fernández García (1928-1984), Santa Cruz de La Palma: CajaCanarias, Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma, 2004:
  • GALANTE GÓMEZ, Francisco. «Alberto José Fernández García, el vivo testimonio de una cultura extinguida»
  • GARRIDO ABOLAFIA, Manuel. «Prólogo»
  • LÓPEZ GARCÍA, Juan Sebastián. «El imaginario de una isla. Alberto José Fernández García: semblanza de La Palma (Canarias)»
  • MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel. «Evocación del artista y amigo»
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime. Fastos Biográficos de La Palma, CajaCanarias, La Laguna, 1985.
  • Idem. Casas y Familias de una Ciudad Histórica: la Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995
  • POGGIO, Manuel. «Alberto-José, en La Palma para siempre», El Día, (1 de mayo de 1984).
  • Mi agradecimiento especial a don Pedro Rodríguez Castaños, don Felipe Henríquez Brito, don Manuel Poggio Capote, don Fernando Leopold Prats y a don Pedro M. Francisco de Las Casas.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: 048 – Ruiz de Padrón

El insigne José Antonio Ruiz de Padrón nació en la villa de San Sebastián de La Gomera.

Fue doctor en sagrada teología, amigo íntimo del patriarca de la libertad americana, Jorge Washington, y de Benjamín Franklin, y diputado a cortes en 1812.

Un elocuente orador parlamentario a cuya arrebatadora palabra, elevados raciocinios y eruditos trabajos se debe la abolición en España del funesto Tribunal de la Inquisición.

Sus discursos, mandados a imprimir por el Congreso de sabios españoles de aquella memorable época —sesión del 24 de enero de 1813—, corren aún de mano en mano como uno de los mejores monumentos de elocuencia de nuestra historia parlamentaria.

La fama de este notable hijo de las Canarias al atacar de frente a un Tribunal tan terrible y poderoso, y en momentos tan críticos por los que atravesaba España y la Europa entera, le hizo eminentemente universal, pues esa radical reforma contra el más negro y absurdo de los despotismos que ha podido concebir el cerebro humano fue la base del progreso moral, intelectual y material que hoy alcanzamos.

Ruiz de Padrón llegó al puerto de La Habana hacia fines del siglo XVIII, de paso para los Estados Unidos de Norteamérica, con el fin de visitar y estudiar las costumbres de ese prodigioso país, donde tuvo la oportunidad de conocer personalmente a sus hombres más eminentes en todos los ramos del saber humano, asistiendo a diario a sus conferencias.

Allí tuvo la oportunidad de defender a España, en más de una ocasión, de los graves cargos que los hombres políticos más importantes de esa nación le hacían con suma frecuencia. He aquí la forma en que en las cortes españolas —1813— nuestro compatriota Ruiz de Padrón daba cuenta incidentalmente de ese suceso al ocuparse del Tribunal llamado del Santo Oficio, que ha desaparecido del mundo para no volver jamás.

«Estas mismas conversiones —decía el ilustre hijo de las Afortunadas respecto a la Inquisición en España— se repetían en casa de Jorge Washington, que llegó por aquellos días a Filadelfia —1787 a 1788—.

No pude averiguar a qué secta pertenecía este distinguido y célebre general, pero el filósofo Franklin estaba afiliado a la de los arminianos, según los principios de Felipe Lumbourg. Él fue quien me provocó a producirme en público en prueba de mi sinceridad, y no dificulté un momento en predicar en la Iglesia Católica de Filadelfia la misma doctrina que había proferido en mis conversaciones de amistad privada, a cuya función asistieron todos los españoles de las fragatas de guerra La Herve, La Loreto, y de ocho o diez buques de la Florida que estaban allí.

A petición de las congregaciones de los católicos, se vertió literalmente mi discurso en inglés, y a los ocho días lo pronunció el Sr. Buston, uno de los dos curas de aquella parroquia.

El concurso de todas las sectas fue tal que yo mismo apenas pude ocupar un estrecho lugar en el presbiterio, a pesar de mi amistad con aquellos curas.

Los ministros protestantes quisieron sin duda desengañarse de la sinceridad con que un hijo de las Canarias iba a hablar sobre la Inquisición, y lo consiguieron.

Mi sermón fue el primero que se predicó en nuestro idioma en aquellas vastas regiones, y creí asimismo esparcir esta doctrina en las provincias de Nueva York hasta Baltimore que recorrí, ya por curiosidad, ya por examinar los progresos que la religión católica podría hacer en aquel inmenso territorio.

Aseguré a los señores diputados que jamás hubiera hablado en público de este gravísimo asunto sino forzado de la necesidad de hacer ver que La Inquisición es un obstáculo a la propaganda del Evangelio. Su nombre sólo llena de terror a los espíritus más fuertes, pero cuando se desengañan de que la Inquisición no es un tribunal inherente ni esencial a la Religión Católica, sino la obra de una bastarda política del despotismo de los hombres, se abre la entrada al santuario, a la Iglesia de Jesús.

Desengañados muchos angloamericanos de este error, mudaron de dictamen. Más de ochenta familias protestantes hicieron bautizar a sus hijos en la parroquia de los católicos, de que yo fui testigo, y lo mismo ejecutaron otras infinitas a las que no pude concurrir.

Pero, ¿qué más? Desde aquella época que fue el año 1788, se trató seriamente de exigir la primera silla episcopal en aquellas inmensas regiones, con anuencia de aquel soberano congreso, aunque compuesto casi todo de protestantes.

Yo fui uno de los encargados para promover y llevar a cabo la realización de este importantísimo asunto con el señor nuncio apostólico, María Vicenti. Y el Santo Padre Pio IV nombró por primer obispo al señor Carroll que era a la sazón su vicario apostólico.

Es increíble el incremento que ha tenido el catolicismo en aquellos países en poco más de veinte años, pues tengo entendido que se han fundado ya hasta cinco sillas episcopales.

Si por desgracia la Inquisición hubiera sentado allí su predominio, estoy bien seguro que no habría ninguna.

Este extraño acontecimiento, en que yo tuve por casualidad una pequeña parte, fue público en Filadelfia, ciudad floreciente y populosa. Nunca hice mérito de este hecho, sin embargo de haber sido el suceso más feliz de mi vida y el más grato a mi corazón».

Y concluía nuestro compatriota, Ruiz de Padrón, su brillantísima perorata con estas palabras: «Quien, pues, puede extrañar que yo pinte al Tribunal de la Inquisición como contrario al espíritu del Evangelio a pesar de que muchos acaso lo elogiaran con la mejor buena intención».

En aquel acto tomaron así mismo parte nuestros inolvidables compatriotas Liarena, Murphy, Gordillo —que más tarde fue canónigo de la Catedral de La Habana—, Echevarría y otros.

[*Otros}– La Pandorga, anuncio de la llegada de la Virgen de Las Nieves (S/C de La Palma)

16-05-10

José Guillermo Rodríguez Escudero

Popular cabalgata de luz y color que anuncia la llegada de la Virgen de Las Nieves

“Sucesora de los juegos orientales (figuras de caña y papel iluminadas con velas) que importaron los misioneros de la Compañía de Jesús al Mediterráneo europeo y que, desde el Levante, se extendió a toda la Península, la Pandorga palmera es la única y feliz superviviente de cuantas frecuentaron las vísperas y las octavas de las ferias insulares en las cuatro últimas centurias, “acompasadas o desconcertadas” con los instrumentos populares que precedían y escoltaban a una muchedumbre bulliciosa”. Luis Ortega Abraham, «Letras de Bajada».

La primera cita histórica se refiere a los festejos para conmemorar el augusto nacimiento de Felipe IV el 14 de abril de 1605 en Valladolid, donde se “organizaron pandorgas y fugas, con tambores, cornetas, panderos, triángulos, flautas y pitos…”.

Algunos autores también coinciden en que este acto alegre tiene sus raíces en las antiguas celebraciones germánicas de noviembre en honor a San Martín, conocidas en alemán como “Die Laterne” (cuya traducción al español es “faro, farol, linterna, farola, lámpara…”) donde los más pequeños también protagonizan la fiesta.

Sea como fuere, y como suele suceder con muchos de estos actos, en La Palma se les ha dotado de personalidad propia, evolucionando en algunos casos, o simplemente incorporándoles una idiosincrasia propia y singular.

A este grupo pertenece La Pandorga, ya que sigue basada en los farolillos o farolas que portan los pequeños, comenzando por una estructura de madera en la que se da rienda suelta a la imaginación para formar diferentes motivos con papeles de colores, principalmente vegetal para tratar de que la luz que proceden de las velas encendidas de su interior se transparente al máximo para alumbrar la noche palmera. Se tratará de que las calles, plazas y callejuelas por donde circule la multitudinaria y festiva procesión tengan la luz eléctrica más tenue posible a fin de realzar las luces multicolores.

Ortega Abraham nos recuerda que fue a finales de esa misma centuria (refiriéndose a la mencionada fecha 1605, esto es, al siglo XVII), “casi por las fechas de la fundación de la Bajada, cuando aparecieron en las celebraciones palmeras, especialmente en las fiestas de los barrios populares (San Francisco y Santo Domingo) dirigidas en un principio por los frailes amañados y protagonizadas siempre por la chiquillería; por su razonable costo (se confeccionaban en las casas particulares) y su gran rendimiento visual su entrada en la Bajada de la Virgen fue sólo cuestión de tiempo”.

Existen también opiniones que confirman que este número era tradicional en las fiestas capitalinas de la Purísima Concepción, y que de forma ininterrumpida se viene representando desde la Bajada de 1945. En el resto de ediciones “pasaban de puntillas porque no eran demasiadas las personas que participaban”.

En la visita que el obispo nivariense Luis Folgueras Sión efectuó a la capital palmera en diciembre del año lustral de 1830 se recoge lo siguiente: “los primeros días, luego que cesó de llover, el venerable clero de la ciudad celebró la venida de su ilustrísimo prelado con regocijos públicos, una noche con el carro y la danza de niños y música, y otra con una iluminación abundante, que los naturales llaman la Pandorga, además de las iluminarias de las tres noches primeras, y repiques generales que son de costumbre”…

En uno de los programas más antiguos conservados sobre la Bajada, escrito a mano, es el de la de 1860. En él se lee: “Día 18 de abril, por la noche habrá una pandorga, cuya salida será de la indicada plaza de San Francisco y seguirá el mismo tránsito que la Contradanza”.

José María Fernández Díaz, periodista y figura singular en el ambiente cultural capitalino, escribió una crónica sobre la Bajada de 1860 en el que se lee: “Otra noche – Hubo una «Pandorga». Fiesta que, al decir de los extranjeros y peninsulares, y demás forasteros, es puramente palmera. Esta fiesta siempre gusta, y a pesar de que iba algo desordenada y escasa de caperuzas, estuvo buena”.

Existen muchos otros ejemplos de cómo se anunciaba la cabalgata nocturna de delicadas y multicolores luminarias en los programas de las siguientes ediciones. Así, en la Bajada de 1865 se publicaba la noticia de que una pandorga compuesta por un “gran sol y otras varias figuras” saldría jubilosa por la capital palmera. Vemos aquí otros ejemplos:

“7 de abril de 1875, Miércoles, noche: una lucida Pandorga, compuesta de infinidad de caballos, casas, coches, peces…iluminados”. Programa de la Bajada, 1875

“En la noche del martes recorrió las calles la tradicional pandorga cuya iluminación ambulante, a pesar del corto tiempo en que se confeccionó, estuvo bastante lucida…”. La Nueva Palma, 22 de marzo de 1880

“Día martes, 14 de abril de 1885: en la noche de este día saldrá de la Alameda una brillante Pandorga que recorrerá las calles de Santiago, O’Daly y Trasera”. Programa de la Bajada, 1885.

En un manuscrito anónimo conservado en la Real Sociedad La Cosmológica de esta ciudad se informaba de que el martes 6 de abril de 1880, “en esa noche se efectuó una pandorga, la que no estuvo con el lucimiento de otros años, sin embargo, agradó bastante. La iluminación como de costumbre”.

“Ingenuo oriente
de papel colores
figuras de la noche
a mediavela.

       Serenas, silenciosas,
como un mito
pasan, de corazones encendidos,
farolas y dragones y jirafas,
sampanes y pagodas encantados.

       De la Alameda al muelle
a la explanada,
mito del fuego,
noche de chiquillos,
—de saltahogueras, pelos chamuscados—
donde apagan sus luces las farolas
donde doblan su cuello las jirafa”.

Miguel J. Fernández Perdigón. “Números primos de la Bajada de la Virgen”

Más curiosa parece la narración anónima de otro manuscrito conservado en el fondo histórico de la Biblioteca Cervantes (Sociedad La Cosmológica). El 21 de abril de 1895 tuvo lugar “por la noche, pandorga, que estuvo muy Buena por la multitud de caballitos y figuras raras que se presentaron, distinguiéndose un vapor que capitaneaba Don León Felipe. En ella toma parte mi hijo Pepe a la edad de 5 ½ años, que iba en su caballo manejándolo admirablemente”.

Como curiosidad, digamos que se conoce por “pandorga” a la cometa —juguete volador—, tanto en Paraguay como en zonas de Argentina, y también en partes de Uruguay y de Brasil. Se trata de una cometa artesanal, normalmente de forma hexagonal u octogonal que se hace de cañas y de papel. Probablemente se trate de un portuguesismo.

Por otro lado, la voz pandorga era recogida en el Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua, tomo V, como “junta de variedades de instrumentos, de que resulta consonancia de mucho ruido”. En otras palabras: ambiente festivo.

En La Palma evolucionó hasta convertirse en lo que hoy conocemos: formas como la cometa sin hacerla volar acompañada de ruido: bulla, alboroto, tambores y música de bandas. No volarán físicamente, pero su efímera vida acaba con la quema en una gran pira en el cauce del barranco de Las Nieves. Pura simbología. Barranco arriba sí llegarán al Santuario en forma de humo arrastrado por el viento una vez se consuman los farolillos de colores convertidos en rápidas ascuas incandescentes.

El alcalde constitucional, cronista y periodista Lorenzo Rodríguez (Santa Cruz de La Palma, 1841-1908) escribía, —refiriéndose a la época que le tocó vivir, es decir, finales del siglo XIX y principios del XX— en los siguientes términos: “por lo regular los 8 días antes de la bajada se destinan a festejos públicos, como son: danzas, carro triunfal, pandorga, gigantes, etc., todo en medio de un concurso numerosísimo, puesto que concurre gente de todos los pueblos de la isla aun de la provincia, sin que nadie se haya cometido jamás ningún desmán, lo que prueba la cordura de este vecindario…”.

En la Bajada de 1980 era encargado del taller Fernando Leopold, quien informaba en la prensa de, entre otros asuntos, cuánto tiempo se empleaba para la confección de la pandorga. El ilustre y polifacético vecino, que llevaba trabajando en este tema desde 1965, decía que, para ello, “estuvo el carpintero trabajando todo el día, con horario laboral normal, aparte de las que venimos todas las noches desde las nueva hasta las doce o la una”. En esa edición se sacaron aproximadamente unas trescientas figuras “con motivos geométricos, figuras de animales, caras, etc.”.

La Pandorga es el acto que congrega la mayor participación popular de todos los actos de la Bajada de la Virgen. Se calcula que alrededor de mil integrantes tomaron parte en este desfile en el año 2005. En él, tanto los niños como los jóvenes tienen un protagonismo muy destacado, aunque la contribución de los adultos es también significativa, sobre todo la de los padres y madres de los más pequeños que ayudan a éstos a portar las pandorgas durante todo el largo recorrido.

Un equipo de más de setenta personas de todas las edades trabaja diariamente de forma altruista en la elaboración de los singulares farolillos chinescos de madera y papel que conforman este singular número festivo de la Bajada. Para la Bajada de 2010 se pretende concluir unas mil quinientas unidades, aproximadamente.

Se requiere mucha paciencia ya que se trata de una concienzuda labor manual que parte de las estructuras de madera de pino que previamente elabora el taller de carpintería del municipio. Este voluntariado se encarga de su decoración tras haberse diseñado las figuras elegidas. Los materiales usados van desde el frágil papel de seda de colores, hasta el transparente celofán, las manipulables cartulinas, el brillante papel de charol…

Luego se une ese delicado cuerpo con alma de vela a una vara de madera de algo más de un metro de largo por donde el portador sostiene y eleva su farolillo, con mucha destreza y cuidado para que éste no arda antes de tiempo. Efectivamente, este desfile de figuras de papel, a modo de multicolores y ligeras farolas, recorre las empedradas calles de la capital palmera, “iluminando el camino que hará la Virgen unos días más tarde”.

Todos estos ritos tradicionales tienen como único fin homenajear a Nuestra Señora de Las Nieves. Aquí arderá, en el cauce de Su Barranco y junto a Su Barco. Es un homenaje a la Morenita, en forma de purificación y plegaria. Es, en definitiva, una loa de luz para “Asieta”.

Es una de las fiestas nocturnas por excelencia de la Bajada. Cientos de ingenuas sorpresas iluminadas, de farolillos de formas y colores variados —como trenes, elefantes, pájaros, ratones, jirafas, casitas, velas, candelabros, gatos, delfines, hurones, payasos…— son llevados con alegría calle abajo y calle arriba por una abigarrada y joven multitud, acompañados por gentes de todas las edades. “Una masa de luces conquista por unas cuantas horas la ciudad, envuelta por el olor de la cera de las velas, la animosa música para banda y el sonado griterío de la chiquillería”.

A la ilusión de los pequeños se une también, por qué no, la de los más grandes, que empuñan al final de la abigarrada y animada procesión las más ostentosas y gigantescas efímeras figuras.

La historiadora Hernández Pérez, al referirse a la Pandorga, nos dice que “el colorido, la luz destellante de las velas encendidas en su interior, la música de la banda y el bullicio de la gente configuran uno de los números más entrañables de estas fiestas”.

«Calles resplandecientes
de colores de papel, multitud de
la noche figuran a mediavela.

       Rito que caminan, pasos silenciosos
farolas, dados, jirafas..
enchufadas a mediavela.

       De la Alameda al Muelle y de ahí
al Barranco Nieves, rito del fuego,
noche de chiquillos, hogueras vivas,
multitud silenciosa, donde apagan
sus luces las farolas, donde doblan sus
cuellos las jirafas…
Pandorga de arriba-abajo, hoguera feliz”.

José Juan Pérez Morera, «La Pandorga»

Desde 1860, como hemos visto, existen referencias descriptivas a este número fuerte y tradicional de los festejos en honor a la “Virgen Negra de La Palma”. Siguiendo con su itinerario primigenio, este alegre cortejo, de inequívoca influencia oriental, salía desde la Plaza de La Alameda, junto al Barco de la Virgen, y recorría la Calle Real y se abría paso entre una multitud expectante que abarrotaba ambas aceras.

Hasta 1995, la esperada y fantasmagórica “Pandorga” tenía lugar en la llamada “Semana Chica” de las Fiestas Lustrales, pero en la edición de 2000 fue trasladada al lunes de la “Gran Semana” (como se conocía antes).

Esta modificación fue aprobada por el pleno de la corporación municipal a propuesta del concejal encargado de la misma, Antonio Luis Hernández Riverol. Otro concejal delegado era Miguel Angel Batista Casañas. Se reconocía así que se trataba de un acto lustral merecedor de estar en la Semana Grande.

En el programa lustral de 1945, por ejemplo, se leía: “Sábado, día 18 de junio, a las 10 de la noche, Pandorga que partiendo de la Placeta del Muelle, recorrerá las calles de O’Daly y General Mola hasta la Plaza del Generalísimo”.

Así mismo, Pérez García, en sus Memorias Insulares, escribía que en 1955, “en los primeros días de la llamada ‘semana chica’, sólo hubo conciertos por la banda de música, pruebas deportivas, paseos amenizados, verbenas y, el sábado, la pandorga”. El fallecido cronista de la ciudad, al referirse a la Bajada de 1960, añadía que la primera semana de festejos “terminó el sábado con a pandorga, para regocijo de los niños y también de los mayores viendo como aquellos disfrutaban”.

En el programa de 1990, la cabalgata tuvo lugar el lunes, 2 de julio, a las 10 de la noche: “Participará desde la Plaza de la Alameda, la tradicional Pandorga que recorrerá las calles Pérez de Brito, Plaza de España y O’Daly, hasta la plazoleta del Muelle, regresando al punto de partida donde tendrá efecto la quema”.

Una novedad que se incluyó en la Pandorga del año 2000 fue que toda la Calle Real fue adornada con farolillos iluminados por luz artificial, que imprimió aún más belleza mañanera y más magia nocturna al Lunes Grande. En una descripción pormenorizada de las iluminaciones empleadas en las calles de la ciudad 235 años antes, en la Bajada de 1765, Pérez García transcribe: “faroles, transparencias, láminas, reproduciendo motivos relacionados con la fiesta, junto a monte, flores naturales, animales vivos y flores de Génova”.

Desde el mes de febrero de dicho año lustral, más de setenta y cinco personas intervinieron desinteresadamente en la elaboración, creación y diseño de las pandorgas. Fueron un total de mil cien figuras hechas con tres mil quinientas velas, tres mil metros de papel de colores y unos veinticinco metros cúbicos de madera. El presupuesto ascendió a dos millones de pesetas. El “pandorguista” más joven era de doce años y el mayor sesentón. La pandorga más pequeña fue un farolillo llevado por un niño, y la más grande un tren de varios vagones portado por adultos.

Otra novedad que sorprendió en la Bajada de 2000 fue la creación de una Escuela Taller en la que se formasen futuros artesanos, de forma que se contase, como decía Hernández Riverol “con personal cualificado para diseñar y elaborar pandorgas”.

En el programa de la Bajada de 2005 se lee: “Semana Grande. Lunes 11 de julio. 21:30h. Noche de Pandorga, desde el Camino Velachero, por la calle Antonio Rodríguez López, Plaza de la Cruz del Tercero, calles Pérez de Brito, O’Daly, Lemus, Alvarez de Abreu, Avenida El Puente, calles Pérez de Brito, Doctor Pérez Camacho. Con la participación de la Banda Municipal de Música San Miguel, de Santa cruz de La Palma, la Banda Municipal de Música de Puntallana y las bandas de tambores y cornetas “Gayfa” y “El Paso”.

Probablemente así se ha contribuido aún más a revalorizar y destacar este número en el que los niños y jóvenes tienen un especial protagonismo. Al igual que los grandes actos festivos de la “Semana Grande” —como se conoce en la actualidad, como el Minué, los Acróbatas, la Danza de los Enanos y el Carro Alegórico y Triunfal—, la Pandorga se desarrolla por la noche. Ocupa uno de los momentos más genuinos de la amplia programación tradicional en honor a “Nuestra Señora de La Palma”. Éstos son “sólo algunos ejemplos representativos del protagonismo que la nocturnidad tiene y ha tenido en el arco temporal de las semanas lustrales”.

“La Pandorga se trata de un desfile, al estilo asiático, de infinidad de figuras confeccionadas con palos y papel de seda, iluminadas con velas desde el interior y adornadas con platinas de colores recortadas, que portadas por niños y jóvenes a través de las calles principales de la población, terminan en una gran hoguera en el Barranco de Las Nieves, junto al Barco de la Virgen. Este evento parece que fue introducido en nuestra Isla por los frailes franciscanos o dominicos en el siglo XVI y es uno de los pocos que figuran en todos los programas que se conservan de las fiestas”. Fernando Leopold Prats.

En palabras de Luis Ortega: “hoy como ayer, en la hora prevenida, y con todas las luces apagadas, chicos y grandes enarbolan figuras ostentosas, de considerable volumen y escaso peso, que encarnan personajes terribles y bufos, fantásticos animales y objetos reales e imposibles, creados para un único paseo y destinados a una común y final hoguera a la orilla del mar”.

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BIBLIOGRAFÍA

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  • FERNÁNDEZ PERDIGÓN, Miguel J. «”Números primos” de la Bajada de la Virgen», Diario de Avisos, (13 de julio de 1980)
  • HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001.
  • LEOPOLD PRATS, Fernando. «Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de la Isla de La Palma (I)», disponible AQUÍ. Consultada el 15 de mayo de 2005)
  • – Idem. «Este año sacamos 30 mascarones y 300 figuras en la Pandorga», Diario de Avisos, (13 de julio de 1980)
  • [Manuscrito], anónimo, Bajada de la Virgen, 1880, Real Sociedad La Cosmológica
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna, t. I, 1975.
  • ORTEGA ABRAHAM, Luis. «Letras de Bajada», [Programa] Bajada de 2000, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2000
  • PÉREZ MORERA, José Juan, «La Pandorga», Edición Especial de la Bajada 1980, Achamán, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, junio-agosto, 1980.
  • PEREZ GARCÍA, Jaime. «La Bajada de la Virgen de 1860, de José María Fernández Díaz», Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, núm. 0, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2004.
  • Idem. Memorias Insulares, 1953-1960, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2009
  • PEREZ GARCÍA, Jaime; GARRIDO ABOLAFIA, Manuel. «Año de 1895. Noticias referentes a la Bajada de Nuestra Señora de las Nieves en el presente lustro», Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, núm. 1, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2005.
  • Idem. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma. Año de 1815, Escuela Municipal de Teatro, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, Excmo.Cabildo Insular de La Palma, CajaCanarias, 1997
  • [Programas] Bajada de 1860, 1875, 1885, 1890 y 1945. Archivo General de La Palma, Archivo de FSFC.
  • [Programa] Bajada de 2005, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, CajaCanarias, 2005.
  • [Programa]Bajada de 1990, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, CajaCanarias, 1990.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: 047 – Francisco de Armas y Alberto Bencomo

Natural de Santa Cruz de Tenerife, vino a Cuba a fines del pasado siglo XIX y se avecindó en la ciudad de Puerto Príncipe, donde, casándose con Doña Josefa Carmona, dio origen a la familia cubana, de ilustres patricios y hombres distinguidísimos en las letras, que lleva su honroso apellido.

Dedicado nuestro compatriota al comercio en Camagüey, su probidad le valió ser nombrado para diversos cargos municipales y destinos que desempeñó con notable celo, y sin sueldo.

Obtuvo, entre otros, el de subdelegado de la renta de tabaco —época del Estanco— mientras ejercía la Factoría principal de la misma renta el inolvidable Don Francisco Arango y Parreño, quien acostumbraba decir con frecuencia que «los únicos empleados del ramo de tabacos que eran acérrimos enemigos del Estanco eran él y Armas», de donde puede colegirse todo el bien que estos patricios hicieron a los vegueros, que, por entonces, no podían vender sino al Erario sus ricas producciones.