[*Opino}– Acerca de ‘ere’ y ‘erre’

30-08-2017

Carlos M. Padrón

La letra R suena a veces como ‘ere’ y otras como ‘erre’, pero la RR suena siempre como ‘erre’, lo cual es lógico porque tiene dos ‘eres’. Así que opto por llamar ‘ere’ a la letra R, y llamar ‘erre’ a las dos ‘eres’, o sea, a la RR.

Además, ‘erre’ es más corto que ‘doble erre’.

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30-08-2017

‘A quemarropa’, no ‘a quema ropa’

La expresión a quemarropa se escribe con quemarropa en una sola palabra y con erre doble, y no ‘a quema ropa’ ni ‘a quemaropa’.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Un policía de Utah mata a un hispano con 16 tiros a quema ropa»,
  • «Helbert Soto pateó a quema ropa y Liebeskind se vistió de héroe para mantener a su equipo vivo en el partido» o
  • «Se le acercó y le hizo una pregunta a quemaropa».

Tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas, la locución a quemarropa se escribe con quemarropa en una sola palabra y con erre doble, ya sea con el significado de ‘desde muy cerca’ o ‘de manera brusca’.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado correcto habría sido escribir 

  • «Un policía de Utah mata a un hispano con 16 tiros a quemarropa»,
  • «Helbert Soto pateó a quemarropa y Liebeskind se vistió de héroe para mantener a su equipo vivo en el partido» y
  • «Se le acercó y le hizo una pregunta a quemarropa».

Lo mismo sucede con la locución a bocajarro, de significado similar, que se escribe con bocajarro en una sola palabra y no a boca jarro, si bien en este caso también es posible optar por la forma original a boca de jarro:

  • «El paradón de Oblak al remate a bocajarro de Benzema» y
  • «Le preguntó a boca de jarro si él o sus familiares tenían cuentas en paraísos fiscales».

Fuente

[*Opino}– Cuando una mosca se posa en tu comida

Si fuera cierto el riesgo que cita el artículo Lo que realmente ocurre cuando una mosca se posa en tu comida, yo habrá muerto siendo adolescente, pues habiéndome criado en un pueblo agropecuario y, por tanto, en la cercanía de muchos animales domésticos y lidiando a diario con ellos, que una mosca cayera en el plato de comida de cualquiera de ese pueblo era algo que ocurría casi a diario, y nadie, al menos nadie de mi entorno, botó comida por eso.

Es más, por una apuesta me comí una vez dos moscas. … y aún vivo.

[*UA}– Cómo enviar por e-mail algo publicado en Padronel

Si quieres que alguien que usa correo electrónico vea un artículo/post publicado en Padronel, la forma más rápida y fácil es enviarle por e-mail el «permalink» de ese post (enlace permanente, o URL exclusiva de ese post).

Para ello,

1.- Ve al post que quieres que ese alguien vea,

2.- Clica sobre el título de ese post.

3.- Selecciona y copia la dirección que aparecerá arriba, en la ventana Direccón/Address del buscador/browser, que será la URL del post, y que lucirá como ésta:

https://padronel.wordpress.com/2008/06/13/apf-famous-quotes-business-3/

4.- Pega esa URL en el texto de un e-mail y envíalo

Cuando el destinatario de ese e-mail clique sobre esa URL, el sistema le pesentará el post correspondiente

[*Opino}– De nuevo, la ouija

30-08-2017

Carlos M. Padrón

Es increíble que todavía haya quien promocione la ouija como juguete, y más increíble que haya medios, supuestamente serios, que acepten tal promoción. Pero el artículo que copio abajo da fe de ambas cosas.

La ouija, como ya conté y expliqué en estos artículos:

es un objeto peligroso que no deberían usar ni niños ni adultos, pero, como dice el refrán, poderoso caballero es don dinero.

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Cómo se convirtió la Ouija en un juego para niños de 8 años

Es un juguete de la empresa estadounidense Hasbro. Antes se usaba más para ligar que para hablar con antepasados

La Ouija es un juego fabricado por la empresa Hasbro, también propietaria de marcas como Transformers y Nerf. Lo recordaba en Twitter el guionista de cómics @DNMRules, que compartía una imagen de una edición en rosa de la tabla, ya descatalogada, en un mensaje que da inicio a un hilo sobre el juego y que se ha compartido más de 2.000 veces desde el lunes.

La Ouija es un juego fabricado por la empresa Hasbro, también propietaria de marcas como Transformers y Nerf. Lo recordaba en Twitter el guionista de cómics @DNMRules, que compartía una imagen de una edición en rosa de la tabla, ya descatalogada, en un mensaje que da inicio a un hilo sobre el juego y que se ha compartido más de 2.000 veces desde el lunes.

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clip_image001Guionista Comunista @DNMRULES

Aprovecho para recordaros que Ouija es una marca registrada de Parker (ahora Hasbro) y que se vende en jugueterías porque es un juguete.

19:21 – 28 ago. 2017

Esta Ouija rosa fue polémica en 2010 por sexista y también por peligrosa. Pero lo cierto es que se vende como juguete para los más pequeños desde hace al menos 50 años.

Aunque en España no se comercializa, según nos confirma la empresa, sí podemos encontrar la tabla en la web estadounidense de Hasbro, aunque en sus colores habituales. Cuesta 19,99 dólares (unos 17 euros), poca cosa si pensamos que nos sirve para comunicarnos con nuestros antepasados. El texto de presentación no deja lugar a dudas: se recomienda a niños de “al menos 8 años”:

 

¡Entra el mundo de lo misterioso y lo incomprensible con la tabla de Ouija! Tienes preguntas y el mundo de los espíritus tiene respuestas… ¡Y la extraña tabla de Ouija es tu forma de conseguirlas! ¿Qué quieres saber? Haz tu pregunta con un amigo y usa la tabla, pero sé paciente y concéntrate porque no se puede meter prisa a los espíritus. ¡Trata la tabla de Ouija con respeto y no te decepcionará.

 

Entre las opiniones de Amazon, encontramos críticas como: “Mis hijos han jugado con sus amigos y han disfrutado el regalo”, “los niños se divierten con ella” y “la compré para mi hija de 10 años (…). Dice que la han visitado Michael Jackson y Gandhi”. Hay un comentario que advierte de que la Ouija no es un juego, pero la historia más terrorífica es la de quienes se lamentan porque el tablero solo es de cartón y no de madera.

También hay anuncios de televisión. Como este de 1991, en el que los niños preguntan si harán un mate o si sus padres les dejarán ir a un concierto. Al final se dice: «Es un juego. ¿O no lo es?».

El origen de este pasatiempo

El psicólogo Richard Wiseman explica la historia de la Ouija en su libro Paranormality

A mediados del siglo XIX, los asistentes a sesiones espiritistas comenzaron a hacer preguntas a los muertos, que contestaban con un golpe para decir sí y dos para decir no. Los participantes pasaron poco después a recitar el alfabeto en voz alta, para que el muerto pudiera ir indicando a golpes las letras de sus mensajes.

Pero, claro, solo los espíritus tienen toda la eternidad por delante para ir desvelando misterios familiares, así que los participantes en estas sesiones comenzaron a escribir las letras en papel. El espíritu, con ayuda de dedos ajenos, podía entonces mover un vaso para confesar dónde escondió todo su oro antes de morir.

El sistema tuvo tanto éxito que en 1891 una empresa estadounidense comenzó a producir “versiones comerciales del sistema, llamadas tablas de Ouija». El nombre, según Wiseman, procede de las palabras francesa y alemana para «sí’», aunque otras versiones apuntan a que la palabra fue, de hecho, el resultado de preguntarle a una tabla de Ouija: la médium aseguró que ese término significaba «mala suerte».

Para la década de los años 20, añade el psicólogo, estas sesiones habían pasado de moda, probablemente tras la aparición de otra forma de entretenimiento que también permitía oír voces lejanas: la radio.

¿Y cómo se convirtió en juguete?

En parte, siempre fue un juguete. Tal y como explica Smithsonian Magazine, la primera patente registró la tabla en la categoría de “juguete o juego”. Eso sí, el responsable de la oficina exigió una prueba de que funcionaba antes de aceptar el trámite: en una sesión improvisada, la tabla deletreó su nombre.

Esta Ouija fabricada por la Kennard Novelty Company fue un éxito de ventas, hasta el punto de que, como recuerdan tanto la misma publicación como el hilo de @DNMRules, los médiums expresaron su oposición hacia un invento que consideraban peligroso. Por supuesto, era sobre todo peligroso para sus ingresos, ya que hacía innecesaria su presencia: cualquiera podía comprarse una tabla y comunicarse (en teoría) con el más allá.

Se hizo tan común que incluso aparece en una obra de 1919 de Norman Rockwell, el pintor que retrató la vida cotidiana en Estados Unidos. La obra retrata a una pareja estableciendo contacto con el más allá. @DNMRules apunta que la tabla se usaba para ligar, cosa que confirman las instrucciones del juego que se pueden encontrar en la web de Hasbro. Estas instrucciones aconsejaban colocar el tablero en el regazo de dos personas, “preferiblemente dama y caballero”. Como explica The Atlantic, la Ouija era «una excusa para la proximidad física» que permitía mantener el decoro. Por aquel entonces el juego se consideraba «una diversión buena, limpia y familiar».

En 1967, la juguetera Parker Brothers compró los derechos a la Fuld Company, propietaria desde 1919. Parker Brothers, fundada en 1883, era conocida por juegos como Monopoly (1935), Cluedo (1948), Risk (1958) y Trivial Pursuit (1981).

El hilo también menciona las películas sobre la Ouja de 2014 y 2016, producidas tras un acuerdo entre Hasbro y Universal. No es la única película basada en juegos y juguetes propiedad de Hasbro: está Battleship, inspirada en Hundir la flota, Cluedo, G. I. Joe y, por supuesto, la saga de Transformers.

Cómo funciona este juego

Para que el puntero se mueva no es necesario invocar a María Antonieta o a John Lennon. Tal y como relata Wiseman, en la década de 1890 el psicólogo estadounidense Joseph Jastrow llevó a cabo una serie de experimentos usando un aparato llamado automatógrafo que explican por qué la Ouija deletrea palabras y frases.

Los participantes tenían que colocar la mano sobre una placa de modo que cualquier mínimo movimiento provocaba que a su vez se movieran unas bolitas de bronce. Aunque no se daban cuenta, cuando se les pedía que pensaran en una dirección, la máquina registraba un movimiento en ese sentido. Por supuesto, estas personas aseguraban que su mano permanecía completamente inmóvil.

Los movimientos, “llamados acciones ideomotoras”, explican que se mueva el puntero a través de la tabla de Ouija: “La gente que usaba esas tablas no estaba hablando con los muertos y en comunión con el Diablo. Hablaban con ellos mismos”. Ni siquiera hace falta un engaño consciente por parte del más gracioso del grupo. Que eso también puede pasar, claro.

De hecho, como sugiere Wiseman, la forma más sencilla de demostrar que la Ouija no revela nada es escribir las letras en trozos de papel y ponerlos bocabajo, pero desordenados. El vaso se acercará a estos papeles, pero el mensaje desvelado no tendrá ningún sentido. Esperemos.

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[*Opino}– Los smartphones y la estupidez humana

29-08-2017

Carlos M. Padrón

Si no es por frivolidad, ostentación social, provocación de envidia entre tontos y otras “virtudes” humanas afines, ¿cómo es posible que alguien acepte pagar más de mil euros por un smartphone cuando los hay de menos de 200 € que hacen lo mismo?

Ahora, hasta el color de ese aparatejo es motivo de mayor precio (que no valor), y ya me imagino a los “niñatos de papá” (me refiero a los dos géneros, ya que no quiero caer en la estupidez de usar para eso el signo de @) presionando a sus progenitores para que les compren uno más caro que el de sus amigos, y sólo para acceder a Fraudebook y a otras fuentes de “alto valor” cultural.

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Los «smartphones» rompen la franja de los mil euros: Apple y Samsung lucharán por su cuenta

El próximo iPhone 8 llegará el 12 de septiembre y costará al menos 999 dólares, según nuevas filtraciones, pero a cambio ofrecerá hasta 512 GB de capacidad, lo nunca visto antes en un teléfono celular móvil.

[*Opino}– De mapas y gentilicios, como ‘americanos’… y hasta ‘fútbol’

28-08-2017

Carlos M. Padrón

Me ha alegrado sobremanera dar con el artículo que copio abajo en el que Amdno de Miguel me da la razón (ver lo resaltado en amarillo) en lo que he sostenido durante años y que ha hecho que, copiando el término acuñado por Pío Moa, llame useños a los naturales de USA, pues eso de que ellos se autodenominen americanos es una apropiación indebida, como lo es el que llamen fútbol a lo que no pasa de ser un espectáculo salvaje en el que poco se usan los pies.

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25-08-2017

Amando de Miguel

Los absurdos de los mapas

Es muy difícil el consenso de los Estados sobre las graves cuestiones del mundo (refugiados, terrorismo, armas nucleares, etc.), cuando ni siquiera se ponen de acuerdo con la nomenclatura geográfica.

Para empezar, la nación más poderosa de la Tierra (USA) ni siquiera posee un gentilicio claro. Sus nacionales a sí mismos se llaman «americanos», pero en América hay una treintena que podrían reivindicar esa misma etiqueta. Puede parecer claro el rimbombante título de Estados Unidos de América, pero la nación mexicana también se denomina Estados Unidos de México. Por lo menos México solo es uno, pero América son muchos.

A los habitantes de los USA los llamamos también «norteamericanos», pero ese rótulo serviría igualmente a los canadienses, que también son parte de América del Norte. Por cierto, los aborígenes de América son llamados «indios», aunque nada tengan que ver con la India.

A los países asiáticos más cercanos a Europa los llamamos «Próximo Oriente» o también «Oriente Medio». Parece un dislate que los japoneses o los australianos tengan que compartir ese mismo sistema onomástico, puesto que ese «Oriente» para ellos es «Occidente». Por lo mismo, Japón se considera parte del Extremo Oriente, pero es claro que se sitúa al Occidente de América.

No está claro por qué una parte sustancial del continente americano pasa a ser Latinoamérica o América Latina. Resulta extravagante que Jamaica o las Bermudas, por ejemplo, tengan que sentirse latinas, a pesar de su tradición anglicana. ¿Habría que admitir a Quebec (provincia de Canadá con cultura francesa) como parte de Latinoamérica? Más sentido tendría que los territorios que un día formaron parte cultural del Imperio Romano fueran hoy latinos, pero tal concepto no existe.

En el mundo se cuentan diversas civilizaciones, pero resulta harto confuso que a la nuestra la denominemos «civilización occidental». A ella pertenecen, por ejemplo, naciones como Nueva Zelanda, Argentina o Polonia. No hay forma de identificar en qué occidente se sitúan esos países y otros muchos.

Ahora a los negros de África los designamos «subsaharianos». Pero ocurre que por debajo del Sahara habitan también muchas personas que no son negras. A los negros de los Estados Unidos de América se los denomina oficialmente «afroamericanos», gentilicio aún más desconcertante.

España tampoco se ve bien definido geográficamente. Desde Canarias se suele decir «la Península» (se entiende «Ibérica») para referirse al resto de España. Así que se incluye a Portugal y se excluye a Baleares, Ceuta y Melilla. Ya de paso, otra cosa que irrita es que en Canarias sea una hora menos que en el resto de España. ¿Por qué hay que repetirlo a todas horas en la radio?

Dentro de España se alojan otras incongruencias. Se empieza por hacerla equivalente del «Estado», por lo mismo que las regiones son oficialmente comunidades autónomas. ¿No será más autónomo el Estado de España?

Cunde ahora la idea progresista y alocada de que España es una «nación de naciones». ¿Será posible, entonces, que pueda haber dos naciones, Castilla y León, dentro de una misma comunidad autónoma? Hay una comunidad autónoma, La Rioja, que engloba a una parte de la región de La Rioja y a otra que no lo es, la Tierra de Cameros. Áteme usted esa mosca por el rabo.

Ya sabemos que en el espacio no existe la noción de arriba o abajo. Los astronautas lo tienen muy claro. Pero, entonces, no se comprende que los mapas de la Tierra sitúen siempre el norte en la parte de arriba de las representaciones cartográficas. Parece que a los australianos les molesta mucho esa arbitrariedad, aunque al final se la toman a broma.

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[*Opino}– Acepciones del término ‘performance’

17-08-2017

Carlos M. Padrón

Que me perdone Fundeu, pero en el artículo que copio abajo se le da a performance una sola acepción, aunque en inglés —idioma origen de esa palabra— tiene varias, siendo tal vez la más usual, al menos en USA y en Hispanoamérica, el rendimiento que alguien ha tenido en la ejecución de una tarea, de sus funciones en el trabajo o en el desempeño de su cargo.

Un buen performance (en América del sur performance es femenino; en Venezuela es masculino) amerita un aumento de sueldo, un bajo performance, no.

Según el diccionario Oxford, performance es “A task or operation seen in terms of how successfully it is performed ‘pay increases are now being linked more closely to performance’.

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16-08-2017

‘Performance’, en cursiva

El término perfomance, que se emplea para denominar un tipo concreto de actividad artística, se escribe en cursiva por tratarse de un extranjerismo.

En la prensa podemos encontrar frases como

  • «Octave One, un performance de otro mundo en Bogotá» o
  • «Reflexiona sobre el proceso desarrollado por la artista conectando de manera íntima la performance».

La palabra performance, según recoge el Diccionario Académico, es la ‘actividad artística que tiene como principio básico la improvisación y el contacto directo con el espectador’ y es un extranjerismo no adaptado procedente del inglés, de género femenino.

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «Reflexiona sobre el proceso desarrollado por la artista conectando de manera íntima la performance» y
  • «Octave One, una performance de otro mundo en Bogotá».

Junto a ese significado concreto, es cada vez más frecuente el uso de la voz performance con el más general de ‘función que se representa ante un público’, a veces con un sentido figurado como en «La era de la política performance». En estos casos resultan preferibles las alternativas en español espectáculo, representación o actuación («La era de la política espectáculo»).

Para aludir a lo relacionado con este tipo de actividad artística, se emplea en ocasiones el adjetivo performativo («un espectáculo performativo», «artes performativas»…); no precisa ser destacado en cursiva, según se indica en las Advertencias del Diccionario de la lengua española, porque se considera un derivado del extranjerismo no adaptado al español performance.

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[*FP}— Mi charla sobre «Léxico de El Paso de mi entorno familiar y vecinal de antaño» e «Historia de Pepe»

17-08-2017

Carlos M. Padrón

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2017-08-20=Carmona CMPAndrés Carmona, concejal de cultura del Ayuntamiento de El Paso, y Carlos M. Padrón, durante la introducción al acto

Léxico de El Paso de mi entorno familiar y vecinal de antaño

Buenas tardes a todos, y gracias por venir a esta charla organizada por Andrés Carmona, a quien también doy las gracias.

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Se cuenta que a don Gregorio Marañón le dijo un día un gran admirador suyo: “Don Gregorio, ¿cómo es posible que usted, que sin guía alguna dicta a sus alumnos unas clases magistrales, para una conferencia traiga escrito lo que quiere decir?”.

La respuesta de don Gregorio fue “Por respeto al público”.

Por lo mismo, lo que quiero decirles lo he traído escrito y voy a leerlo.

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Como ya dije a nuestro concejal de cultura, Andrés Carmona, tengo experiencia en lo que en América llaman presentaciones, que serían como conferencias en las que alguien diserta ante un auditorio sobre un tema que conoce; en mi caso, ese tema era informática aplicada a la banca.

Esas presentaciones eran muy formales, pero espero que esta llamada charla —figura con la que no estoy familiarizado— no sea así de formal; me gustaría que fuera algo coloquial e interactivo entre ustedes y yo.

Entiendo que en una charla entre dos, ninguno tiene el monopolio de la palabra, sino que intervienen los dos. Y es a eso a lo que me refiero con coloquial e interactivo: a que ustedes puedan interrumpirme en cualquier momento para hacer preguntas o pedirme explicación de algo que yo haya dicho.

Como lo dice su anuncio, esta charla tratará de léxico, o sea, de palabras.

Conste que no soy experto en filología ni en lingüística, sino que soy un pasense que ama a su pueblo, y no pretendo sentar cátedra de nada sólo quiero desenterrar, buscando que no se pierda, una parte de nuestra cultura, un conjunto de palabras y expresiones que fueron de uso corriente hace años y que muchos de los jóvenes, y no tan jóvenes, de hoy jamás han escuchado y tal vez no entiendan, aunque a veces, y por obra de la sabia onomatopeya —o sea, de cómo suenan— y del contexto en que las oigan, logren deducir su significado.

El uso corriente de estos términos y expresiones se dio dentro de mi familia, y entre ella y nuestros vecinos. No les extrañe, por tanto, que otros canarismos muy comunes no aparezcan en mi lista, ésa que se ha puesto a disposición de ustedes.

Se dice que la lengua es un organismo vivo, algo que he coprobado personalmente. A comienzo de los años 90, en Madrid la expresión más común para despedirse era “Sta luogo”, pronunciada así, con una S líquida. Los expertos afirmaban que el aparato fonador de los españoles no estaba preparado para ese sonido. Pero ahora todos dicen “Hasta luego”.

Espero que ocurra lo mismo, y pronto, con el horrible “Tamién”.

Porque la palabra existe en boca de quien la usa, y se arraiga y contagia en el ambiente en que viven quienes la usan, mencionaré también rasgos y características un tanto anecdóticas de algunos de esos usuarios integrantes del entorno familiar al que alude la invitación a esta reunión, pues todo esto, palabras, usuarios y anécdotas, forma parte de la historia y cultura de El Paso y, al fin y al cabo, de historia de nuestro pueblo se trata esta charla.

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Lo que aparece en la lista que ustedes tienen —y que no es exhaustiva porque, por ejemplo, mi amigo Luis Herrera, aquí presente, me recordó la palabra guisio, que no está en la lista y que era el pequeño cascabel que mi tío Juan Sosa hacía para poner a los hurones— comencé a recopilarlo metódicamente hace unos 30 años, allá por 1985, cuando caí en cuenta de dos cosas:

1. Que esas palabras y expresiones —que son muy nuestras, y tan coloridas, sonoras y gráficas que los más de los canarios podrían por intuición descubrir su significado— corrían riesgo de morir en el olvido.

2. Que mi madre, principal fuente que para obtenerlas tenía yo, se nos podría ir porque ya había cumplido 80 años.

En las reuniones familiares que en Caracas solíamos hacer en su casa me dediqué a tirarle de la lengua trayendo a colación incidentes de viejos tiempos o anécdotas de personajes de antaño por ella conocidos, a fin de que afloraran a su memoria las palabras que ella asociaba a esos motivos.

Y así, entre mi madre, mis hermanas, y vecinos y familiares residentes aquí y a los que yo visitaba cada vez que venía por estos lares, fui coleccionando poco a poco las palabras y expresiones que están en la lista.

Muchas de ésas son de origen cubano y otras muchas son de origen portugués… pero vamos por partes.

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Primero, lo cubano.

Lo de cubano no es de extrañar porque mis padres habían estado en Cuba —de sus cinco hijos soy el primero que nació en Canarias— y los más de nuestros vecinos, algunos de ellos familiares, o habían estado en Cuba también o se habían casado con cubanas.

La excepción era mi tío-abuelo Pedro Castillo quien por ese motivo sufrió burlas.

Mi casa natal colindaba compartiendo patios con la de dos tío-abuelos míos, uno por vía paterna, y el otro por vía materna.

El por vía paterna era Juan Sosa Sánchez, conocido en el pueblo como Juanillo Sosa (en casa lo llamábamos tío Juan) y hermano de Celia Sosa Sánchez, abuela mía porque era la madre de mi padre; por tanto, tío-abuelo mío.

Tío Juan, que también había estado en Cuba —y creo que, al igual que mi abuela Celia, había nacido allá—, se casó con María Padrón Fernández, hermana de Luz Padrón Fernández quien fuera abuela del actual alcalde de El Paso, Sergio Rodríguez Fernández.

Tanto María como Luz eran primas-segundas de mi padre, y por eso ellas, y también Sergio, su madre, tías y descendientes de éstas, aparecen en mi “Árbol genealógico de la familia Padrón de El Paso” que al momento contiene nueve generaciones con 1.412 personas.

Podría contener más, pero, lamentablemente, no he recibido información acerca de muchos miembros Padrón de la novena generación, y nada o casi nada sé de ninguno de la décima.

En cuanto a la vía materna, mi tío-abuelo por esa línea era, como ya dije, Pedro Martín Hernández y Castillo, conocido en el pueblo como Pedro Castillo, al que en casa llamábamos tío Pedro.

Pedro Castillo era hermano de la madre de mi madre (de ahí lo de tío-abuelo mío) y alguien de quien, estoy seguro, todos ustedes han oído hablar porque fue un valor humano de nuestro pueblo, un autodidacta, maestro de primaria de varias generaciones de pasenses, además de enseñar música, de crear y dirigir orquestas y bandas de música, y de crear piezas musicales, la mejor de las cuales, en opinión mía y de muchos otros que de música saben más que yo, es la marcha fúnebre “Ante un cadáver” que por años se interpretó en Semana Santa en la iglesia de este pueblo durante la otrora imponente ceremonia del Santo Entierro.

Por no haber estado en Cuba, y por no ser hombre de campo, tío Pedro pasó algunos malos tragos. A sus espaldas, algunos se referían a él de forma despectiva, y, por ejemplo, una vez con su banda interpretó —o, mejor dicho, quiso interpretar— un son cubano.

En aquel tiempo, sin discos ni radio ni internet, era muy difícil captar la esencia de la música típica de un país o región —ese toque que no está en la partitura, que la identifica como propia de un cierto lugar y que denota así su origen—, y por eso tal interpretación poco se pareció a un son cubano, lo cual le hicieron notar a tío Pedro algunos que sí habían estado en Cuba y que, valga la redundancia, habían bailado al son de un son cubano.

Como tío Pedro era de temperamento irascible y no toleraba bien las críticas, su reacción no fue muy cordial, y ante eso alguien le dijo “¿Y tú qué sabes de Cuba si nunca te atreviste a cruzar el charco?”.

Así, palabras o expresiones como, a noventa, comemierda, echao pa’lante, guanajo, estar salado, trancazo, haber pollos que atajar, quedar puesto y convidado, etc. eran de uso común entre mi entorno familiar y vecinal, pero no las usaba tío Pedro.

En El Paso de aquella época, las personas mayores de la familia y del vecindario tenían derecho a intervenir, y algunas lo ejercían, en la educación de los muchachos.

Y en El Paso de aquella época no creo que hubiera dos vecinos tan próximos y tan diferentes entre sí como mi tío Pedro y mi tío Juan. Por la proximidad física y familiar que conmigo tuvieron, y por cómo me trataron, ambos fueron claves en mi formación.

Por ello me crié como el jamón del sándwich, pero entre panes muy distintos, y eso marcó mi vida.

Pues, como ya dije, tío Pedro era dado a lo religioso y cultural (católico practicante, docencia, poesía, música…), pero tío Juan, a quien no recuerdo haber visto nunca en la iglesia, era un manitas y un hombre sencillo dado a lo agropecuario, un hombre con un don especial para tratar con los animales —por ejemplo, domesticó un cernícalo y un gato—, y que poco respeto mostraba por un varón que no fuera bueno en los menesteres agropecuarios.

Como los niños son radares y esponjas que detectan y absorben todo, desde niño supe que yo no era santo de la devoción de tío Juan, y la confirmación la tuve casi 60 años después, nada menos que en 2014, por boca de un pariente quien de niño solía ir con su abuelo a visitar a mi tío, y recuerda que, estando en una de esas visitas, al ver mi tío Juan que yo pasé con libros bajo el brazo comentó “A ése no le gusta el campo, pero dicen que bobo no es”. Al menos me dejó con una opción de salida.

2017-08-20=PublicoVista parcial de la mitad del auditorio

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Y ahora lo portugués.

En cuanto a las palabras o expresiones de origen portugués caí en cuenta de ellas cuando tuve que tratar con brasileños (ellos se llaman a sí mismos brasileros; nótese la desinencia –ero, que mencionaré luego).

En Brasil hay, como en muchos otros países, una división social interna basada en el trabajo y en la contribución a la riqueza nacional.

Por ejemplo,

· En Italia, los de Milán, al norte del país, dicen que ellos son los que trabajan para mantener a los del sur.

· En USA —o EEUU de América—, los de Nueva York (en la costa Este) dicen que son los que contribuyen a la riqueza de la cual se aprovechan los de California (en la costa oeste).

· Y en Brasil, los de Sao Paulo, llamados paulistas, dicen lo mismo acerca de los cariocas, que son los de Río de Janeiro. Y al respecto dicen los paulistas que el Cristo de Río —o Cristo del Corcovado, por el llamado Cerro del Corcovado, en cuya cima está esa enorme estatua— tiene los brazos abiertos para “pegar a aplaudir” (o sea, para empezar a aplaudir) cuando un carioca trabaje.

Un detalle para mi anecdótico del portugués de Brasil, que difiere mucho del portugués de Portugal, es que el que hablan los paulistas se entiende mejor que el que hablan los cariocas, y que, sobre todo entre los cariocas, parece no existir el adverbio afirmativo , pues si uno pregunta “¿Tienes hambre?” la respuesta, si es afirmativa, no es “Sí”, sino “Tengo”. “¿Quieres ir al cine?”, “Quiero”. “Te gusta aquella muchacha?”, “Me gusta”….

Y, llevado por una debilidad que me ha acarreado muchos problemas (la defino como que “Si veo que alguien pone los dedos en el marco de una puerta, la cierro”), esto era mi tema para gastar bromas a los brasileros diciéndoles que un idioma en el que se use ese giro no es un idioma, sino un dialecto.

Víctima de esa misma debilidad, durante un tour en la ONU el guía se expresó en varios idiomas excepto en chino. Un chino, compañero mío en un equipo de trabajo y que estaba a mi lado, comentó en voz alta su disgusto al respecto, y no se me ocurrió mejor cosa que decirle “Es que el guía sólo habla idiomas civilizados”.

Menciono esto porque lo que ocurrió después mereció la expresión, de origen cubano, “¡Y hubo pollos que atajar!”.

Ese chino, que tenía malas pulgas y escaso o nulo sentido del humor, más nunca me miró bien.

Y, por cierto, la expresión correcta en castellano es “nunca más”; el “más nunca”, que se usa en Canarias y en Hispanoamérica —donde hablamos español—, viene del portugués “mais nunca”. Y nuestro “más nada” viene del portugués “mais nada”.

En Sao Paulo y en la casa de un compañero de trabajo, casa que tenía una piscina, un padre le dijo a su hijo “¡No te margullas!”.

Quedé extrañado porque esa palabra, que aparece en mi lista, se usaba aquí para la acción de lanzarse al agua de cabezas, mientras que en portugués es para nadar bajo la superficie del agua.

Lo de nuestros portuguesismos se entiende porque los portugueses estuvieron en Canarias en los siglos 18, 19 y 20, y de ahí que de ellos hayamos copiado palabras o expresiones como “pegar a” —que con el significado de “comenzar a” ya mencioné antes— y, entre otras, éstas, no todas incluidas en mi lista:

· Millo
· Bosta
· Liña
· Fechar
· Rente
· Escarrancharse
· Fañoso
· Entullo
· Cambado
· Petudo

Y hasta el apellido Padrón, pues una familia Padrón contribuyó activamente en la construcción de la Torre de Belén, en el río Tajo, a la altura de Lisboa, y por ello fue premiada con título de nobleza.

También heredamos muchas otras palabras que terminan en –ero, sobre todo referidas a árboles, pues nosotros decimos naranjero (en castellano, naranjo), almendrero (en castellano, almendro), castañero (en castellano, castaño), etc.

En su obra “Los portugueses en Canarias” dice José Pérez Vidal que los portuguesismos en Canarias son cerca de un millar. Otros dicen que muchos más.

Esta relación entre portugueses y canarios me causó problemas en Venezuela, pues un día se me ocurrió contarla en una reunión de trabajo, y por meses tuve que soportar burlas porque en cierta clase social de Caracas consideraban entonces a portugueses y canarios como gente ignorante y bruta, y creo que fue por eso por lo que muchos canarios que emigraron a Venezuela contaron muy poco o nada de sus orígenes a sus descendientes.

Unos 20 años después pude sacarme esa espina, pero está claro que con el paso del tiempo eso se ha diluido, pues es tal la cantidad de venezolanos de origen canario que hay en Venezuela —pues por motivos del idioma (otra vez las palabras) la mezcla entre venezolanos y canarios es mayor que entre venezolanos y portugueses— que no tiene sentido la discriminación, y menos la burla, ya que eso sería tirar piedras al tejado propio.

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Como ya dije, las palabras de este léxico de El Paso de mi entorno familiar y vecinal son muy gráficas, coloridas y sonoras, como lo demuestra la historia de Pepe, una historia que bien pudo ocurrir en El Paso de los años 40 o 50 y que les contaré ahora para ilustrar el uso de algunas de las palabras y expresiones de mi lista, pues no es lo mismo leerlas, como en la frialdad de un diccionario, que escucharlas en contexto y en su propia salsa.

Antes debo decir lo que suele aparecer al comienzo de algunas películas: “Los hechos y personajes son ficticios. Cualquier similitud es pura coincidencia”.

Historia de Pepe

Pepe, un espingardo rejalbido, salió del guachinche con una buena templera, porque, sin acondutar nada, se había empujado una catripada de carne con papas, media docena de teneques de queso, y una mano de panquinazos de un vino ríspido y emboldriado.

Por lo meneque, pegó a caminar biscorniado y bamballo porque estaba desajornado.

En un mal paso se enredó las canillas, pegó un macanazo contra una pared y quedó empurrado.

Al recular pa’tras cayó como un tasarte dándose un partigazo que levantó una polvasera; pegó el totizo contra un matacán, se dio un jeito que le desconchó el codo, y soltó un barraquido.

No fue fácil levantarlo porque estaba desguanjilado, zurumbo y molanco, con un temblejeque y un tutubelo en la cabeza, y lelito, lelito mirando las luzuras.

Los que le ayudaron dijeron que esta vez sí había quedado escafidiendo, puesto y convidado, aunque cuando lo pescusaron luego dijo que todo pasó porque él tenía flojetud.

En el bolsillo del pantalón que usaba al estricote se le notaba un murufullo como si dentro llevara un beldorico.

Los que le ayudaron metieron la mano en el bolsillo, del que salía un fatume tremendo, resfistoliaron dentro y encontraron un fillorisco de comida vieja y una libreta con unos rivilitacos que parecían un barboleto. Pepe se creía dibujante.

Desde niño, en el pueblo sabían que, tal vez porque fue el de la teta de atrás, era medio guanajo, pero también fue un findingo culinche que cuando se reunía con la caterva de sus amigos capacetes e insurretos hacían pasar a los vecinos un verdadero matuperio que los tenía opilados.

Se decía que había salido así porque en el momento en que estaban enjereciéndolo sonó afuera un camarazo tan fuerte que a su madre le dio un estérico y el muchacho nació tolanca.

Ya de mayor, Pepe se volvió un arritranco desviolinado, y un rebenque a quien todos le tenían cerote.

Sin embargo, no se apalastraba, sino que aquellaba de todo, y trabajaba tanto que siempre se le veía ariado y espernegado, pero lo que ganaba lo farriaba en comistrajes, con el entullo que fuera, y nunca se enturriaba.

Véase vos lo que le pasó que, a pesar de ser acuitadito, le dio una veneta y pegó a enamorar a Domitila, una muchacha malencabada que tenía fama de tareco y que se lo pasaba fullando tabaco.

Pero Pepe se encalavernó con ella y, torrontudo como era, si alguien le decía algo malo de la muchacha, se enrabiscaba, se enfolingaba y salía con refungadas.

Un día se dijo en el pueblo que Pepe había engañado a Domitila. Y, sin refriserio, una vecina, que además de goliflona era alilaya y alquitreta, regó al ventestate que de engaño nada, que lo que pasó es que Domitila desde muchacha fue una correntona lambida, y ya de mayor se volvió una lagartona y una zafada que andaba siempre buscando ferretreque.

Y así termina la historia de Pepe.

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Y con esta “muestra de alto valor literario” termino lo que considero la primera parte de este acto, pues, como al final de las llamadas presentaciones que mencioné al principio, se abría una sesión de preguntas y respuestas, me gustaría hacer ahora lo mismo.

Así que, por favor, si tienen preguntas o comentarios sobre el contenido de la lista o sobre algo de lo que yo haya dicho, agradeceré que los hagan. Trataré de contestarlos lo mejor que pueda.

2017-08-20=CMP bajandoFinal del acto

P.D.: La lista de palabras que fue entregada durante el acto puede verse clicando AQUÍ.

[*ElPaso}– Una luchada en la Cumbre Vieja

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PRIMERA PÁGINA DEL DIARIO DE AVISOS, sábado 1 de septiembre de 1951

Una luchada en la Cumbre Vieja

Por Antonio Pino

Transcripción del periódico por Juan Antonio Pino Capote

Una memorable noche de verano de 1880, en los arenales de la Cumbre Vieja y a más de 1.400 metros de altitud sobre el nivel del mar, se dieron cita para celebrar este singular encuentro de luchas canarias —que con harta frecuencia se repetían— los luchadores de uno y otro de los dos bandos en pugna.

El escenario de las fiestas deportivas fue sabiamente escogido por los guanches para sus ejercicios bélicos, sus danzas alegres e ingenuas, sus cantos gemebundos, que rimaban a la perfección con la música de los pinares que circundaban estos arenales desérticos, y para sus adoradores al verdadero Dios, señalado hacia arriba a perpetuidad por el cono victorioso, yermo e inconmovible de Bidigoyo, una de tantas antenas pétricas de la Isla, agudeza hacia los cielos en ascensiones increíbles…

En estos llanos, donde flota el polvo de tantas leyendas olvidadas, han tenido lugar, después de la conquista e incorporación a la Corona de Castilla, grandes luchadas, que terminaban en fiestas ingenuamente alegres, que empezaban con el morítimo canto de los Aires de Lima para acabar danzando el Sirinoque. Ningún lugar mejor que éste para terrero de nuestra noble lucha. Atravesados por la Cumbre vieja —camino de enlace primitivo entre una y otra parte de la Isla— estos Llanos de los Jables, en el centro de los principales caseríos, y lugar limítrofe de varios pueblos, fue también centro equidistante de varios reinos benahoritas, y tanto ellos como nosotros nos hemos ejercitado en este viril deporte de la lucha, sobre estas llanuras abiertas a la noche estrellada, dominadora de alturas, enmarcadas entre bosques de pinos e invadidas en parte por los brezos y los amagantes.

No encontraremos mejor sitio que éste para escenario único de la luchada aborigen, pues su arte de maravilla no cabe en los vallados terrenos de la tierra baja, y mucho menos en los locales cerrados donde no alcanza el fuerte aliento de los pinos y donde no alumbran, con dulcedumbre inefable, lámparas celestiales.

Al aire libre de las alturas incontaminadas, en la quietud profunda de la noche canaria, besados por las brisas perfumadas del monte y bañados por la luz blanda y femenina de la Luna, estas llanuras —a lo que en La Palma llamamos llanuras y a las que para ser africanas del todo sólo le faltan las palmeras— saben de la honda identificación de los luchadores de todos los tiempos, de la hermandad en los ritos deportivos, de la fusión de caracteres a pesar del tiempo y de la Conquista.

Por todas partes aparecen hombres de todas las edades: unos llegan por el viejo camino de la Cumbre Vieja, que en fila india escalan por una y otra vertiente; otros llegan por la misma cima de la Cumbre que se extiende al norte y al sur de Bidigoyo; algunos avanzan a campo traviesa orientándose en la noche por el pico-vigía dormido en fuego de purificaciones; y todos suben y suben, pues la Isla es un rabioso accidente geográfico, desde las Breñas, Mazo, Fuencaliente y Santa Cruz de La Palma, por un lado, y por el otro desde Los Llanos, El Paso, Tazacorte, Tijarafe y Fuencaliente también, desde distancias no inferiores a los ocho kilómetros de recorrido.

Los Llanos de los Jables y de la Brujas se ven invadidos por una gran muchedumbre en las primeras horas de la noche, cuando hace su aparición en los cielos, la luna, que es la misteriosa lámpara de la naturaleza que alumbra y decora estos parajes, rielando sobre el mar de arenas de un par de kilómetros en cuadro, exceptuando los característicos accidentes montañosos, que tampoco podían faltar aquí, por ser definidores de cualquier pedazo de la Isla por reducido que este sea.

La gran luchada que esta noche celebran los palmeros en la Cumbre Vieja, en Los Llanos de los Jables y de de las Brujas, adonde confluyen confundidos los hombres que vienen de diferentes y apartados lugares en bulliciosas algazaras, va a comenzar dentro de breves instantes.

Nuestro héroe por ahora, José María, el de Tacande, acaba de cenar entre dos luces, y acto seguido partió raudo hacia el monte en compañía de unos amigos y admiradores que, impacientes, le estaban esperando. Y hablando del tema obsesivo de la lucha, de sus incidencias y anécdotas, trepaban más que subían hacia la Cumbre Vieja. Por malos caminos atajos, veredas, sobre piedras sueltas y resbaladizas, o venciendo la resistencia que oponían a su paso los ramajes del monte bajo, brezos y hayas principalmente, y saltando, más que andando, y corriendo, más que caminando, sobre sus vigorosas piernas que jamás sintieron la fatiga.

En el silencio de la noche dormida sólo se oyen las fuertes pisadas de unos hombres que pasan, ruido de ramas movidas o de piedras que ruedan, o palabras sueltas que tenían significado y fuerza viril de vida en el profundo mutismo de la noche en sombras, que no sé por qué se nos antoja al evocarla como antesala de la quietud suprema.

A la llegada de nuestro héroe a los famosos llanos, éstos se hallan invadidos de hombres que pululan por todas partes. Saludos de bienvenida, risotadas anchas, expresivas de grandes alegrías, saltos, carreras, cantigas, apuestas, discusiones, bullicio y confusión general, hasta que los ancianos de uno y otro bando, veteranos luchadores nombrados jueces de campo, y cuyo fallo inapelable era acatado por todos como rigurosamente justo, anunciaron que la luchada iba a comenzar.

Se hace el silencio espectacular y expectante que anuncia y precede a estos grandes y sonados encuentros, de regocijo sano, pero también de emociones contenidas y pasiones nobles por la victoria de uno u otro bando.

Los espectadores en cuclillas unos, sentados o acostados otros, y algunos, poseídos de nerviosismo, de pie o paseando, mientras los luchadores se visten, cachazudamente, la clásica ropa del deporte: camisa y pantalones de lienzo, arremangados hasta más arriba del codo y de la rodilla. Hay más de veinte luchadores por cada uno de los dos bandos. Y comienza la lucha.

Dos mozalbetes a los que apenas apunta el bozo… Se estiran y se contraen con brío. Dan vueltas en derredor de sí mismos. Hacen esfuerzos físicos innecesarios. Prisa y nerviosismo de la inexperiencia. Las fuerzas en pugna parecen estar equilibradas, pero, de pronto, uno, más hábil, levanta rápido y se contrae veloz, y su contrario cae limpiamente al suelo. El vencedor ayuda a levantarse al vencido y ambos se abrazan y ríen. Aplausos. Los breñuscos acaban de apuntarse la primera victoria de la noche.

Otro del Valle sale por el vencido. Un jovencito alto y delgado, al parecer, de pocas fuerzas. Durante breves instantes se observan después de agarrados y, de pronto, un desvío por parte del luchador del Valle hace perder el equilibrio a su contrario que cae con gran facilidad.

El secreto de esta lucha parece consistir en hacer perder el equilibrio al contrario y aprovechar la coyuntura para derribarlo. En este caso la lucha pareció un simple juego sin esfuerzo alguno. A veces da la sensación, y así parece ser, de que un luchador se tumba a sí mismo; esto suele sucederle a los más fuertes cuando desconocen los secretos del arte. En muchos casos la superioridad física de uno sobre el otro es anulada por lo hábil de una defensa y el sacar partido de las oportunidades, la falsa colocación del contrario, o lo desarbolado que se queda a veces un luchador al tirar ciertas luchas en ocasión propicia para atacarle.

Un nuevo luchador sale al terrero. Es un verdadero atleta. Hombros y brazos poderosos con músculos hipertrofiados, que se dibujan con líneas claras y precisas al contraerse. Como un gladiador avanza lentamente hasta su contrario. ¡Pobre muchacho!

Se agarran a satisfacción de los jueces, levanta rápido como una tromba hasta la altura de su cabeza al luchador del Valle, como si fuera a arrojarlo como un pelele, pero las largas y ágiles piernas de su contrario se enredan al tórax como reptiles, y resbala deslizándose cauto hasta tomar tierra. El atleta tira nuevamente con todas sus fuerzas, pero el muchacho, rápido como el rayo, se contrae hasta quedar en cuclillas y el gigante impelido por sus propias fuerzas rueda dos o tres metros más allá. ¡Bien muchacho! ¡Bravo por tu elasticidad felina!

Los alardes de arte y destreza, agilidad y fuerza, se suceden sin interrupción. Una buena parte de los luchadores de uno y otro bando han sido derribados ya, mereciendo destacar entre todos los luchadores que han tomado parte en este encuentro a un joven imberbe de Las Breñas, de poca estatura y menguada fuerza —comparándolas con las de su adversario— que derribó sin interrupción a cinco de los mejores luchadores del Valle hasta que sucumbió ante la abrumadora y aplastante superioridad física de Matacán, que a su vez fue derribado por Barajo, en un cuerpo a cuerpo hercúleo digno de mención y del cual se habló mucho por entonces.

Y entonces es cuando aparece en el terrero en defensa de los suyos, José María “el de Tacande”, el mejor luchador de la Isla por aquel entonces. Vedlo: alto y alto y fornido como un guanche, enjuto de vientre y seco de adiposidades, de proporciones apolíneas, sus músculos de hacer se demarcan unos de otros por líneas precisas, y es un todo armonioso y rítmico las diferentes partes de su cuerpo. Sin una hipertrofia muscular inútil y llamativa o hiriente, y sin prominencia física alguna que nos dé la sensación de haber sido tallada, pulida, por un concienzudo artífice.

Todo él da sensación de nerviosismo dinámico, de inquietud expectante y recelosa y de agilidad felina. Es diferente de todos los demás; es único. Reina la más profunda de las expectaciones. Se oyen las respiraciones mal contenidas y el susurro blando de la brisa que barre los malos pensamientos y ahuyentan los deseos impuros.

El luchador sonríe con la sonrisa de los fuertes, que confían en sus propias facultades. Barajo, más voluminoso y tal vez más fuerte, lo espera con serenidad austera y reservada. Antes de comenzar la lucha da la impresión de que Barajo va a derribar a su contrario, pero la lucha empieza. La rapidez y seguridad de movimientos del luchador del Valle se imponen. Varias tentativas de luchas son frustradas por Barajo, que no cae por levantada, por desvío, ni por agachadilla. Rápido replica a cuantas luchas le tiran, se defiende a la perfección. Pero José María, tanteando el terreno, parece ya impacientarse de este juego inútil, se levanta seguro sobre su propio cuerpo, que ya es el eje de la lucha, gira alrededor de sí mismo con rapidez de vértigo, carga con la cadera y Barajo cae pesadamente a sus pies.

Hermosa lucha. Aplausos y aclamaciones. Vítores. Por el lugar donde suenan los aplausos y por las aclamaciones, aunque no se hubiera presenciado la lucha se podía saber quién era el vencedor. En un santiamén derribó a la casi totalidad de los luchadores del equipo contrario, que llevaba gran ventaja de luchas.

Por toque por dentro, cango y garabato, que son sus armas favoritas ha diezmado al equipo contrario, al que sólo le queda en pie un solo luchador: Chamusquina, el último y esperanza máxima del equipo contrario. Es todo un hombre. No vacilamos, a fuer de imparciales, en reconocer que es francamente más fuerte que José María “el de Tacande”. Las hazañas de los enormes pesos que levanta o arrastra o carga, son famosas y conocidas en toda la Isla, donde se rinden públicos homenajes de admiración a estos superdotados físicamente, al igual que lo hacían nuestros antepasados los guanches.

Es la última de las luchas, la decisiva, y la expectación alcanza el grado superlativo. Se agarran y, mutuamente, se observan con profundo respeto, sin apenas moverse. Pisan y pesan con fuerza sobre las arenas, donde se encuentran sus pies desnudos. Chamusquina, levanta con fuerza a José María, pero éste coloca sus piernas entre sus muslos y hace infructuosa la levantada, neutralizándose el hercúleo esfuerzo de Chamusquina.

Tomo tierra José María, e intenta levantarlo a su vez, pero es imposible. Forcejean durante breves instantes, dan vueltas, respiran con fuerza, pero, de pronto, Chamusquina se endereza hasta quedar erguido, levantó con fuerza José María dando la sensación de que va a tirarlo a como un pelele. Los dos están en equilibrio inestable, vacilante. Chamusquina inicia un temible garabato, pero José María, con la velocidad del pensamiento, carga todo su cuerpo sobre la extremidad amenazada y replica a su vez con un garabato en la pierna contraria de Chamusquina y, cargando con todo su cuerpo sobre él, éste cae pesadamente hacia atrás llevándose en su caída a José María que cae encima.

¡Magnífica lucha! Es el arte que domina la fuerza. La agilidad y la destreza que se imponen. La lucha ha terminado. ¿Ganaron los del Valle? La gente invade el terrero y se llevan a José María en hombros. Gritos de júbilo. Algazara. La luna se esconde entre las nubes que jugueteando pasan coquetamente y, a la débil luz de las estrellas, los arenales parecen llenos de de incertidumbre. Los gritos de alborozo y alegría que se pierden en la noche, cada instante que pasa parecen lejanos y más profundos.

Pero, de pronto, un nuevo y decidido luchador se presenta en el terrero cogido de la mano de uno de los jueces de campo, que era tío de José María y su mejor maestro. Venía vestido como todos los demás, pero cubierta la cabeza con una montera, con las aletas cogidas sobre la barbilla que ocultaban en parte su rostro. Era insólita su presencia: expectación. Todos hacen corro y aplauden. La fiesta sigue y José María, embriagado por el triunfo, los aplausos y las exclamaciones, salta decidido a luchar con él, seguro de derribarlo.

Tiene la misma estatura que José María. Las mismas cifras del año que corre, 1.800. Su constitución es semejante a la del luchador de Tacande, aunque sus formas son más redondeadas, sus carnes más blancas y caderas más anchas y poderosas. Es fuerte, ágil y nervioso como José María, y profundamente cauteloso. No demuestra prisa, ni impaciencias. Parece la estatua de la serenidad.

Con la cabeza baja se acerca lentamente al luchador de Tacande que, erguido y desbordado de júbilo, lo espera a pie firme en la mitad del terrero. Humildemente, sin pretensiones, parece que viene a probar sus fuerzas con el héroe de aquella jornada, el magnífico luchador de Tacande.

Los breñuscos aplauden con verdadera furia, pues ya tienen la esperanza de que venza por ellos el luchador desconocido. ¿Quién es? ¿De dónde viene? Se preguntan en voz baja. Cuchichean. Pero nadie sabe ni dice nada.

El tío de José María sonríe enigmáticamente. La luna riela de nuevo sobre los muertos arenales, dándole aún más belleza y poesía a la estampa clásica de los dos luchadores. Las fuerzas parecen estar artísticamente equilibradas. Los dos son dignos de vencer. Tal para cual, comentan los espectadores. Los dos se mueven con ritmo grácil, giran, dan vueltas. Parece que juegan. Los movimientos a veces son tan acelerados que se pueden detallar porque la vista es torpe para analizarlos.

Pero ya José María el vencedor de aquella noche, se impacienta del juego inútil, levanta con todas sus fuerzas y encadera, pero su contrario se defiende maravillosamente. Da vueltas, lanza un garabato infructuoso, se agacha y se estira con agilidad increíble. Descansa. Le tira una palmada, pero su contrario parece que la esperaba y huye, esquiva, resbala, la lucha temible es anulada.

Lanza un desvío y, acto seguido, un traspiés, y luego una levantada, pero todo es inútil, infructuoso, este luchador anónimo conoce todos los recursos del arte y se defiende con toda la celeridad que la lucha demanda, y lo que más sorprende es que no replica con una nueva lucha, sino que sigue esperando, como incitando a su contrario a que lo venza sin dejar vencerse. No se impacienta ni se precipita, no ha hecho ningún alarde de fuerza. Estudia a su contrario y espera. Tiene confianza en sí mismo.

José María se exaspera. ¿Quién es este luchador que no lucha sino que se defiende, y que no cae porque no acierta a derribarlo? ¿Se estará burlando de mi? Ahora verás. Gira con todas sus fuerzas alrededor de sí mismo, levanta y encadera en un esfuerzo supremo, pero su contrario se suelta, alza sus brazos hasta colocarlos por las espaldas de José María y, abrazándole el tórax, gira y le enreda una de sus piernas en las suyas. Se suelta, coge con ambos brazos una pierna de José María, lo levanta en el aire con seguridad pasmosa y luego lo deja caer blandamente, con mimo, sobre las arenas, mientras sonríe, con sonrisa dulce, a la multitud enardecida que lo aclama.

Gritos, vivas, algazara, tumulto y confusión. Nunca oyeron los arenales de Bidigoyo, poseídos de silencio y misterio habituales. algarabía tan grande.

José María, avergonzado de la derrota, se levanta muy a pesar suyo y, como un chicuelo travieso y mal educado en un arranque pueril, exclama: “Apuesto lo que quieras a que esa que acaba de tumbarme es mi hermana”.

Y, efectivamente, era su hermana, que repetidas veces lo había tumbado en el huerto familiar donde se entrenaban. Y, al fin mujer, piadosa y compasiva, se acercó a él abrazándolo mimosamente para consolarlo.