[*Opino}– La plaga de la impuntualidad

04-06-14

Carlos M. Padrón

Sobre la maldición de la impuntualidad ya he opinado varias veces.

Aunque de ella trata el artículo que copio abajo, no estoy de acuerdo con los remedios que contra este mal se proponen en él, al menos es lo que deduzco de mis experiencias con personas sistemáticamente impuntuales.

En lo que sí estoy de acuerdo es en que la impuntualidad repetida es una flagrante e intolerable falta de respeto contra las personas a quienes afecta, porque —y esto es lo más grave— les hace gastar el recurso menos renovable que tenemos: TIEMPO.

Con los impuntuales que he conocido —casi todos notables por un cierto grado de caos en sus vidas— ha sido inútil razonar, pus, como bien dice el artículo, siempre tienen a mano un pretexto que, en los más de los casos, es un insulto a la inteligencia de quien lo recibe; sólo las medidas de fuerza han dado resultado, como las de fijar una hora para comenzar una reunión de trabajo, y cerrar a esa hora las puertas del recinto en que ésta se celebre.

Ante el riesgo de una severa reprimenda o, lo que es peor, de la pérdida del trabajo, resulta casi ofensivo que nunca más esos «llegatardistas» llegaron tarde a tales reuniones.

Sospecho que es desde el seno familiar desde donde puede ponerse correctivo a este mal hábito, pero si los familiares toleran sin protestar los abusos y robos de tiempo de un pariente «llegatardista», será muy difícil que éste se corrija.

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03 de junio de 2014

Natalia Martín Cantero

Cómo superar el mal de la impuntualidad

Aunque hay diferentes tipos de ‘llegatardistas’, todos ellos suelen caracterizarse por tener una excusa siempre a mano y ser incapaces de romper con la manía. Sin embargo, hay soluciones.

¿Es un hábito? ¿Un gen? ¿Una enfermedad? ¿Un embrujo? ¿Mal de ojo? ¿Todo lo anterior? Si eres portador de este virus o has cometido la imprudencia de poner llegatardistas en tu vida, quizá hayas observado que es más fácil que el camello entre por el ojo de la aguja que romper la costumbre, bastante extendida en este país, de la impuntualidad.

Aunque hay diferentes tipos de llegatardistas, como se verá enseguida, todos ellos suelen caracterizarse por tener una excusa siempre a mano, y ser incapaces de romper lo que a veces parece una manía de la que es imposible zafarse.

A causa de su costumbre de llegar siempre tarde, la consultora Diana DeLonzor sufrió graves problemas en el trabajo, conyugales y entre sus amistades; a pesar de todo, no consiguió cambiarlo. Esto es, hasta que escribió su libro, titulado Never be late again (Nunca llegues tarde de nuevo), y comenzó a dar talleres y seminarios sobre el asunto (monetizando con habilidad su mal). “Decirle a alguien que llega crónicamente tarde, que sea puntual es como plantearle a una persona a dieta que no coma tanto”, señala DeLonzor. “La gente puntual no lo entiende. Creen que es algo que tiene que ver con el control, pero es un problema mucho más complejo”.

En el estudio que la autora realizó en la Universidad de San Francisco, encontró que el 17% de los participantes llegaban crónicamente tarde, y entre ellos se repetían algunos patrones: tendían a posponer más las cosas pendientes, y sufrían más dificultades relacionadas con el autocontrol y la atención.

A partir de esta modesta investigación, en la que participaron 225 personas, De Lonzor agrupó a los llegatardistas en siete categorías:

  • Los productivos. Se caracterizan porque desean hacer lo máximo en el menor tiempo posible. Estos tipos tienden a utilizar el “pensamiento mágico” que consiste en infravalorar la cantidad de tiempo que lleva, en la realidad, completar las tareas pendientes. Como odian malgastar el tiempo, se organizan de forma que vayan a emplear cada segundo de cada minuto, aunque sea a costa de hacer esperar a los demás.
  • Los que apuran hasta el último momento. Estas personas aseguran que son más productivas si se encuentran bajo presión. A veces es difícil motivarlas si no hay algún tipo de crisis de por medio.
  • Los distraídos. Fácilmente identificables por la cantidad de vuelos y trenes que pierden, no tienen noción del tiempo, y se les olvidan desde los cumpleaños de sus madres a las entrevistas de trabajo.

Al lado de estos tres grandes grupos se encuentran otros cuatro:

  • los que nunca admiten su falta y saltan de excusa en excusa
  • los que carecen de autocontrol
  • los que buscan hacerse los interesantes llegando tarde, y, por último,
  • los rebeldes, que utilizan la falta de puntualidad como una forma de demostrar su poder.

Lo más habitual, sin embargo, es pertenecer a dos o más categorías al mismo tiempo.

Como en tantas cosas, el primer paso para cambiar es ser consciente de ello —palabras mayores entre el llegatardista que siempre tiene alguna excusa a mano—, y analizar el fenómeno de cerca, planteándose cuestiones como estas:

  • ¿Llegas tarde sistemáticamente a todo, o sólo en determinados asuntos, como las reuniones familiares?
  • Una vez en la calle ¿te invade súbitamente la duda de si te dejaste la luz del baño encendida y has de volver a casa?
  • ¿Eres de los que ha de enviar ese último e-mail antes de salir de la oficina?
  • ¿Crees que quedarás absuelto a base de SMS en los que avisas de tus retrasos?

Un escollo importante para cambiar es que, como habrán notado quienes hayan pasado temporadas en países como Estados Unidos o la mayoría de los europeos, la impuntualidad es algo aceptado en nuestra sociedad.

Un experto en productividad personal recuerda que en las reuniones de trabajo es habitual que se concedan diez minutos de cortesía a quien llega tarde. “Penalizamos a los asistentes y nos compadecemos de los no presentes”, señala. “Por supuesto, cualquiera puede no ser puntual excepcionalmente a causa de un imprevisto. El problema surge cuando se convierte en un hábito, y con ellos se mustra una falta de compromiso, cuando no de respeto. Algo que repercute, como es lógico, en la productividad”.

Se sugiere atajar el problema calculando llegar a la cita quince minutos antes. Eso dará cierto margen para los inconvenientes de la vida real (el tráfico, las colas, las averías, etc.). Parece que de esa forma sería uno quien perdería el tiempo si llegara antes; para evitarlo, hay que llevar algo que hacer durante la espera.

Es útil, por otra parte, coger lápiz y papel y escribir cuánto tiempo, en realidad, lleva emprender una tarea. Por ejemplo, por la mañana, en lugar de utilizar el “pensamiento mágico” (me ducho, me arreglo y desayuno en cinco minutos) tomar nota del tiempo real y actuar en consecuencia.

Otro experto cree que para cambiar se necesita una fuerte motivación. Ésta puede enmarcarse dentro de un plan de mejora personal más amplio, o ser muy específica: lograr ese ascenso en el trabajo, estar preparado para una presentación, o no volver a perder una avión. La solución pasa por una buena gestión del calendario. Si se tiene todo recogido en el calendario y se lo revisa a diario, no se pasa nada. Solemos dejar que nuestra mente nos recuerde las cosas, y ya sabemos que no es el mejor lugar para guardar fechas, reuniones, etc., dado que cuando lleguen no nos avisará.

Quizá pensar en el otro sea el mejor estímulo para romper el hechizo. Cuando no se es puntual, se está robando a la persona afectada uno de sus recursos limitados más valiosos: su tiempo. Ser impuntual puede mermar la confianza en una persona, y esta situación puede llegar a generar mucho estrés. Uno tiende a fiarse poco de las personas que llegan tarde sin avisar, sobre todo si no se las conoce, pues, si a una primera cita llega tarde, ¿qué ocurrirá después?.

Fuente

[*ElPaso}– Discurso de don Manuel Galeno, politólogo pasense ‘de secano’

28-05-14

Juan Antonio Pino Capote

De El Paso de Arriba a El Paso de Abajo y de norte a sur, este prosopopéyico caballero andante recorría el pueblo en su caballo blanco, que le servía como tribuna para discutir sus elaboradas teorías y filosofía de la vida.

 

Anoche, en mis sueños, se me apareció don Manuel y, a modo de susurro cómplice, me dijo en tono despectivo:

—¡POLÍTICA DE GALLINERO!

—¿Qué cuento de gallinas es ése, don Manuel?

—Calla y escribe, tú que eres instruido.

Y me dictó el siguiente discurso:

POLÍTICA DE GALLINERO

Europa desnortada

Con motivo del desastre electoral al Parlamento Europeo en mayo de 2014

«Y toda la Humanidad está desnortada, desquiciada, y el planeta polucionado y perdido por los desechos de de sus pobladores.

La Europa de la Ilustración, la de la cultura, la de los grandes progresos y descubrimientos, también está engolfada en esta POLÍTICA DE GALLINERO. Como gallinas en un corral, se vive de los picotazos que nos damos y de los granos que violentamente arrebatamos a la homóloga o prójima, sin orden ni justicia, sino por la ley del más fuerte.

Pero todas cacareando mucho y protestando porque no están conformes con su estatus. Y cada vez son más en el mismo gallinero y, como solía decir el mago: “Más gallinas en un gallinero, más mierda y menos huevos”. Pero todas las que pueden estiran su cuello picoteado y enmierdando para salir en la foto, o para cacarear su también enmierdado discurso. Y luego salen a bombo y platillo en todos los medios cuando alguna logra un cacareo extraño o estridente. La estridencia y los gritos, están de moda.

Un poeta festivo solía decir:

Este mundo es un relajo
en forma de gallinero,
que los que suben primero
se cagan en los de abajo.

Mas, si sube algún guanajo
de peso no muy ligero,
puede que se parta el gajo
y se vayan pa’l carajo
los que subieron primero.

La mayoría de estos enmierdados discursos son de autobombo y de falsas promesas que no apuntan a las verdaderas realidades y exigencias de las circunstancias, sino a lo que les gusta oír a las demás gallinas. Más abundantes son los discursos descalificadores, condenatorios y hasta calumniosos y un “quítate tú para ponerme yo”. Y así una legislatura tras otra, dando vueltas a la noria de nuestro desdichado destino.

Una gallina sale volando del corral

Dos generaciones que tienen que ponerse de acuerdo; no sólo protestar, que no es más que cacarear. Alguien dijo “¿Por qué andar como las aves de corral, cuando podemos volar como las águilas?”. Sencillamente porque no sabemos más que cacarear, dar picotazos y, si es posible, no hacer ni un esfuerzo para poner un huevo. Y si alguien intenta volar, se llevará los mayores picotazos. Nadie se atreve a volar, y todos siguen jugando a lo mismo.

Después de tantos años de democracia, nadie remonta el vuelo; todos siguen dando picotazos y cacareando sobre lo mismo. Después de que Felipe González repitiera la frase de Mao: “Gato blanco, gato negro, qué más da si caza ratones”, entendí que las filosofías, las ideologías y los principios habían periclitado.

Hemos comprobado que las alternativas de poder no son más que eso: alternativas de poder para aprovecharse lo más posible de manera alternativa. Todos prometen arreglarlo todo, y luego, más de lo mismo. Pero nadie se pone a pensar en el descubrimiento que pueda resolver los problemas de toda la Humanidad a gran escala, a escala mundial.

Claro que eso no da votos ni poder ni chollos. Siguen con los picotazos y los cacareos. En el cuarto trastero está la filosofía de Sócrates, Platón, Jesucristo y hasta del propio Marx, que nunca soñó con las grandísimas diferencias y explotaciones que íbamos a tener.

Tampoco soñó que la democracia iba a servir para que los políticos nos vendieran al mejor postor capitalista. Por esto, después de los cacareados 100 años de honradez, los progresistas también han perdido el norte y no nos conducen a ningún progreso real y efectivo a gran escala, salvo al cacareo descalificador.

Los chicos del 15-M consiguieron congregar multitudes, pero sólo para decir que no estamos de acuerdo con el rumbo de nuestra sociedad. Y no se mostraron dispuestos a cambiar algo ni con propuestas viables ni con una actitud perseverante. Se diluyeron por carencia de programas e ideales.

Los grandes cambios socioeconómicos perversos invalidaron las teorías económicas de John Adams Smtith y las de Keynes, tenidas como axiomáticas en las escuelas de economía de hace algún tiempo. Las bondades del libre mercado han perecido por el libertinaje desmadrado con que nuestros gobiernos les han permitido actuar, con los grandes Bancos como cómplices, sin que nadie les haya cortado las alas.

Así estamos, pues las causas de la actual crisis son de sobra conocidas, pero las gallinas siguen enfrascadas en su afán de poder y del mayor picoteo, en la pura inmediatez gallinácea

En nuestra sociedad hay grandes economistas y grandes hombres que podrían ayudar mucho en la corrección de todos los desafueros perpetrados, pero les faltan los altavoces que manejan unos medios amordazados por los gobiernos y el capital. A los aguerridos jóvenes del 15-M no les hicieron falta estos medios asalariados para aglutinar unas multitudes reivindicativas en Madrid.

Queda claro que con un DIALOGO ENTRE GENERACIONES se podrían plasmar unos grandes principios y actitudes generales para ofrecer unos NUEVOS HORIZONTES PARA LA HUMANIDAD. Y éste sería el nuevo y verdadero progresismo, y no el de boquilla que han querido imponer como una moda de los jóvenes, los guapos, los inteligentes y los solidarios, haciendo el juego a cualquier partido o perro con distinto collar.

No les he oído pronunciarse contra el moderno totalitarismo sibilino de la GLOBALIZACIÓN, que no es para el bien de los consumidores, sino para una mejor explotación de los mismos a nivel planetario, y para acumular un poder ante el cual tiemblen los gobiernos. Pobres gobiernos mal paridos en las urnas y secuestradores de votos, amordazados por el capital.

No discutamos entre nosotros, en nuestros pobres y enmierdados corrales, y tratemos de volar como las águilas en las alas de un nuevo progresismo solidario y activo, y capaz de poner el cascabel al gato, sin temor a represalias. Una tarea de un sindicalismo potente y superior, apoyado por grandes mayorías y con la salvaguarda de la Policía —y hasta de los ejércitos, si fuera necesario—, aunque seguramente no tendrán armas por no tener dinero, asfixiados por los poderosos capitalistas.

Alguna alternativa deberá servir para lograrlo. No basta con pedir trasparencia y honradez, que sería mucho, sino llegar el meollo de la gran especulación del libertinaje financiero que no conoce límites ni reglas.

Entrarían en la escena dos grandes protagonistas complementarios: Los sabios pensadores, filósofos y experimentados conocedores de la realidad que formularían los principios generales y la carta de navegación con argumentes inequívocos y contundentes; y los jóvenes progresista y aguerridos que proclamarían, exigirían y ejecutarían el programa. Por definición, los autodenominados progresistas deberían dedicarse primordialmente a este cambio y no a jugar a nuevos ricos o a imitar a los dictadores bananeros disfrazados de socialistas.

Debe quedar claro, como dijo Stephen Convey: “Si sigues haciendo lo que estás haciendo seguirás consiguiendo lo que estás consiguiendo”. Y lo que estamos consiguiendo no sirve y es necesario un NUEVO ORDEN SOCIAL, por el bien de cuantos habitamos este maltrecho planeta que es la Tierra.

Y mi admirado don Manuel se despidió diciendo: “No digas a nadie que he vuelto, y firma como tuyo lo que te he dictado”».

Don Manuel, desde su humildad, no sabe que en El Paso su firma tiene más prestigio que la mía, y por eso no le voy a guardar el secreto. Lo entenderá y me perdonará.

Artículo relacionado:

[*Opino}– Una magistral lección de vida

25-05-14

Carlos M. Padrón

Como muchos millones de personas ya saben, sean o no aficionadas al fútbol, ayer el Atlético de Madrid y el Real Madrid disputaron en Lisboa la final de la Champions de este año.

En este blog, y también en e-mails y conversaciones personales, había yo dicho que me gustaría que ganara el Atlético de Madrid porque, entre otras cosas, siendo un equipo humilde en todos los aspectos, había hecho una campaña admirable que le había llevado a ganar Liga Española. Ganar la Champions habría sido para el Atlético alcanzar la gloria, en especial para su entrenador, el argentino porteño Diego Pablo Simeone, artífice del milagro de haber recibido un equipo débil y desmotivado, y haberlo elevado a cotas que le permitieron, a base de tesón, coraje, entrega, convicción y entusiasmo permanentes, lograr lo que lograron.

Creo que Simeone, apodado ‘el Cholo’, es, además de uno de los mejores —si no el mejor— entrenador del momento, un excelente psicólogo. Sin embargo, ayer, en el último momento, la gloria se le escapó de las manos, a él y a todos los de su excelente equipo.

Según cuenta el artículo que sigue —basado en ese partido de fútbol, y que el autor, a quien de veras felicito, dedica a un hijo suyo, no sé si real o imaginario—, ante tal derrota, el porteño Simeone exclamó «Lo tenés todo, tenés nada«, frase que sirve de título a este excelente artículo que copio porque contiene una magnífica lección de vida aplicable a cualquier derrota, a cualquier revés o contratiempo que amenace con liquidar nuestras esperanzas y fuerzas para seguir adelante.

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25/05/2014

Lorenzo Silva

«Lo tenés todo, tenés nada»

Sabes, hijo, que no considero que el fútbol sea importante, o desde luego no tan importante como parecen creer todas esas personas, incluidos jefes de estado y de gobierno, que le dedican un entusiasmo tan sincero e intenso como no ponen en otras cuestiones, a lo mejor más dignas de su atención y entrega. Sin embargo, en cualquier aspecto de la vida, por insignificante que sea, te aguarda una lección. Y cualquier hombre, por poco que esperes de él, puede ser el maestro que te la imparta.

 

Fíjate, por ejemplo, en ese hombre de negro que comparece ante los periodistas, después de haber perdido en el minuto 93 una copa de Europa que lo habría catapultado a la gloria. Fíjate, en primer lugar, en cómo admite que su equipo falló en la segunda parte, en la que el rival lo arrinconó hasta hacerle encajar en el tiempo de descuento ese gol lacerante y demoledor.

Primera lección: no responsabilices de tus fracasos, jamás, a otro antes que a ti mismo; ni siquiera aunque tengas pretextos. No cargues contra los árbitros, aunque te parecieran adversos; no despotriques contra el rival, aunque la fortuna haya estado de su parte; no mires al cielo para quejarte de que en el momento decisivo no decidiera inclinar la balanza de tu lado sino del contrario.

Siempre pudiste hacer más, hacerlo mejor. Hazte dueño de tus derrotas, porque ellas, algún día, servirán para hacerte dueño de tus triunfos; si es que está en tu mano, tu condición y finalmente tu suerte llegar a alcanzarlos.

Es amargo, sí, tenerlo todo en la mano y, al instante siguiente, ver ese todo en las manos de otro, y las tuyas aferrando solamente el vacío. El hombre de negro, con el golpe recién encajado, lo resume a la perfección: «Tenés todo, y tenés nada».

Merece la pena que lo recuerdes, así, con su giro porteño, porque probablemente es la frase más trascendente y significativa de la noche. Mucho más trascendente y significativa, desde luego, que las declaraciones de los vencedores, que no aciertan a salir —tampoco hay que reprochárselo mucho— de los lugares comunes. Todo lo que un día creas poseer, todo lo que sientas que es tuyo, no es más que una ilusión que en cualquier momento se lleva el viento. Lo único que será tuyo de veras es el modo en que lo tengas, mientras te toque llevarlo, y la forma en que lo pierdas, ese día que, más temprano o más tarde, puedes estar seguro, acabará llegándote, tal y como el hombre de negro dice, sin transición ni previo aviso. Y entonces, afróntalo con serenidad. Un hombre es la contención que sabe aplicar a sus emociones.

Toma ejemplo del hombre que reconoce la amargura de haber perdido, mientras reivindica el orgullo de haber luchado, incluso cuando las fuerzas ya no estaban con los suyos y el oponente era superior. Que te venzan, pero que nunca te rindan.

Y, hablando de emociones y vencedores, tampoco dejes que te alteren las exhibiciones que puedan hacer quienes entre ellos no sepan contener las suyas, incluso quienes den en caer en la arrogancia. Piensa que quien se quita la camiseta para lucirse, aunque en ese acto pierda la elegancia en la victoria, hizo un esfuerzo y logró algo que tú no supiste impedir. Ofenderte por ello es mezquindad y resentimiento, algo en lo que no debes caer: el estilo consiste, también, en saber convivir con los excesos de los demás, sin hallar pie en ellos para los excesos propios.

En esta noche de mayo de 2014, algunos han llenado un poco más sus ya repletas vitrinas. Otros, no han conseguido nada que poner en ellas, pero han sido dignos perdedores.

No es plato de gusto la amargura, y menos la derrota, pero sazonada así, no mengua sino que hace crecer. Siento que pierdas esta oportunidad. Siento que seas madridista. Con todo el cariño de tu padre, enhorabuena por esa merecida Décima.

Fuente

[*Opino}– Vida en pareja y miedos asociados

22-05-14

Carlos M. Padrón

Lo que quiero destacar del artículo que copio abajo es eso de que «Tenemos que aprender que la vida es una experiencia solitaria», pues desde hace años descubrí que es una gran verdad, y de ahí que a mi lista de sentencias guía añadiera yo en 1987 la de «Eres uno solo, continuarás solo, y en el momento difícil estarás solo. Cuida de ti primero«.

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22/05/2014

M. J. Pérez-Barco

Los diez miedos a los que se enfrentan las parejas

A veces aparecen en momentos puntuales, durante una temporada o bien como un aviso de que algo no va bien.

Los miedos y temores en la pareja pueden acabar con una bonita relación. En ocasiones son sólo inseguridades de uno mismo. «El miedo es la manera que tiene nuestro cerebro de avisarnos de que no sabe lo que tiene que hacer en determinadas circunstancias, o de que no dispone de herramientas suficientes para afrontarlas», afirma la psicóloga Mila Cahue.

Pero otras veces el miedo es una señal que nos avisa para que nos alejemos de quien no nos conviene. Entonces queremos salir corriendo, o se nos encoge el estómago.

Éstos son los diez miedos que afrontar en la pareja:

1. Miedo a decir «te quiero».

Hay mil formas de decir «te quiero» a nuestra pareja todos los días, transmitir esa emoción es maravilloso en una relación. Sin embargo, muchas personas tienen miedo de decirlo porque temen la reacción del otro: ¿entenderá que ya está todo hecho?, ¿se va a relajar…?. Se aconseja afrontar este miedo con la comunicación (para aclarar los términos), con la asertividad (para marcar los límites sin ofender) y con la negociación.

2. Miedo a decirle a alguien «ya no te quiero».

Decir «ya no te quiero» es muy doloroso, tanto para quien escucha esa frase como para quien la emite. De hecho, muchas personas continúan con una relación porque no se atreven a decirlo. Para no tener ese miedo a comunicar al otro el desamor se necesita

  • humildad, para reconocer que nos hemos equivocado
  • empatía, para entender el «shock» que sentirá nuestra pareja
  • escucha activa, para aguantar el chaparrón
  • asertividad, para poder ser firme en la decisión; y
  • una buena dosis de autoestima, para que no nos hieran calificativos.

3. Miedo a agobiarse.

Hay personas que se agobian porque no saben poner límites o decir «no», algo que forma parte de unas relaciones sanas en las que dos partes expresan lo que quieren. Para superar este miedo hay que ser asertivo: sentirse cómodo con lo que se quiere decir.

4. Miedo a perder.

Una relación supone una inversión de afecto e ilusiones. Por eso, no queremos tener la sensación de vacío ni de haber perdido un tiempo precioso cuando vemos que la relación no avanza o se ha acabado. Para perder este miedo hay que tolerar la frustración, ya que no siempre se gana en las cosas que nos gustarían.

5. Miedo a quedarnos solos.

Muchas parejas están juntas por miedo a la soledad. Cuando la sensación de estar acompañados se ha satisfecho, nos fijamos en los defectos del otro y le pedimos que se convierta en quien no es. Tenemos que aprender que la vida es una experiencia solitaria. Si eres de los que le aterra la soledad, consulta a un especialista y entrénate en habilidades sociales, para hacer amigos y mantenerlos.

6. Miedo a equivocarnos.

Es un miedo bastante comprensible; a nadie le gusta equivocarse, pero ocurre. Por eso hay que intentar afrontar los errores con su parte positiva: si nos hemos equivocado es porque todavía tenemos que aprender. Lo mejor es relativizar el error y generar soluciones.

7. Miedo a tomar decisiones.

El miedo a cometer errores nos lleva a no ser capaces de tomar decisiones, y eso también tiene sus consecuencias. Lo más lógico es superar primero el miedo a equivocarnos para poder después decidir. Para ello hay que aprender que al derecho a equivocarse le sigue la obligación de corregir.

8. Miedo al rechazo.

No podemos gustar a todo el mundo, por tanto hay que aprender a no hacer un drama cuando uno es rechazado. Para ello, hay que evitar tener pensamientos extremos, como autoflagelarse y entrar en la dinámica de soltar improperios hacia quien nos rechaza.

9. Miedo a no gustar.

El miedo a no gustar al otro genera una gran tensión interna, porque siempre pensamos que somos nosotros quienes no vamos a gustar, en lugar de pensar si nos gustará el otro a nosotros. Y eso es lo que hay que hacer: dirigir la atención hacia el otro (¿estará igual de inseguro que yo? ¿me gustará a mí?) y asumir la realidad si no le gustamos, con naturalidad.

10. El peor miedo: a la mentira y al engaño.

Nuestro cerebro puede quedar neutralizado por quien nos está mintiendo. Los mentirosos son expertos en disfrazarse del personaje que haga falta en el momento que se requiera, sin que tengamos capacidad de distinguirlo. Se puede producir un cortocircuito, si además despiertan otros pensamientos aprendidos con anterioridad:

  • Todo el mundo es bueno. Admitir que hay gente experta en engañar de forma consciente. No nos preguntemos por qué lo hacen, afrontemos sencillamente que lo hacen.
  • Mentir es normal, todos lo hacemos. En efecto, pero cuando la mentira supone un daño, o utilizar al otro en el propio interés, eso no tiene que ver con el amor. No hay que dejarse conmover por los cuentos chinos de quien nos engañó.
  • Cada uno tiene su versión de la verdad. Es cierto que cada uno puede tener una percepción distinta sobre algo, pero el mentiroso siempre intentará echar la culpa al otro.
  • A mí no me engaña nadie. Hay que convencerse de que todos somos susceptibles de ser engañados.
  • Quien miente con tanta falta de remordimiento tiene un trastorno mental. La mentira no está necesariamente asociada a un trastorno mental, aunque resulta difícil de aceptar que exista alguien tan insensible como para provocar ese daño.

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[*Drog}– Reglas clave para vivir en pareja

18-05-14

Carlos M. Padrón

Buena parte de lo que he publicado en la sección Drogamor habla de las reglas que menciona el artículo que copio abajo, reglas todas ellas acertadas y muy saludables.

Entre las observaciones hechas en ese artículo se me ocurre destacar las que se refieren a los «pecados» más frecuentes, como

  • Creer que si hay verdadero amor, los miembros de la pareja no pueden vivir el uno sin el otro. Eso es necesidad y dependencia, no amor.
  • El que las películas, novelas, canciones, etc. nos venden el enamoramiento y el amor romántico —o sea, el drogamor— como camino a seguir. Ya dije, y repito, que eso es más pornográfico que lo que se tiene por porno. Por ejemplo, la película «Pretty girl» es pornografía pura; algo que debería usarse para ilustrar lo que es preprar el desastre de una relación, lo que NO debe hacerse.

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05/05/2014

Carlota Fominaya

Tres reglas básicas (pero muy básicas) para estar en pareja

Con una buena base de pareja, lo que construyamos será sólido y, si es necesario hacer modificaciones en el futuro, podremos realizarlas sin que tiemblen los cimientos de nuestra afectividad.

Pero para ello es necesario tener muy claras tres pautas básicas para entender la efectividad. Son muy obvias, pero demasiado a menudo nosotros nos encontramos en consulta con personas que las obvian.

Una pasa por entender que el propio bienestar o felicidad dependen de uno mismo, no de segundos, ni terceros, o cuartos.

Otra, que el objetivo de estar en pareja es el bienestar afectivo de los dos, no sólo de la otra persona, y

Tercera y última, que el amor no tiene nada que ver con el sufrimiento y el dolor.

Regla número 1. El propio bienestar o felicidad dependen de uno mismo.

Esta regla permite romper con la lacra de la dependencia emocional, según la cual sólo se puede ser feliz en función de que alguien nos ame. Uno de los «tufillos» que todavía colean del amor romántico es la idea, muy arraigada, de que uno no puede vivir sin el otro.

Películas, novelas, canciones, etc., nos inoculan a diario esta actitud inmadura condimentada con unas gotas de masoquismo. Hoy en día todavía muchas personas lo denominan «amor verdadero», cuando en realidad se trata de una conducta que se encuentra a punto de superar el límite de lo patológico o que incluso ya lo ha rebasado».

Las pautas esenciales que esta psicóloga nos ofrece para sintetizar esta regla son las siguientes:

  • No dejar en manos de otra persona la decisión de lo que a uno le hace feliz.
  • No cargar con la responsabilidad de tener que decidir sobre la felicidad de otro.
  • Yo estoy bien. Tú estás bien. Estamos bien… y juntos.

Regla número 2. El objetivo de estar en pareja es el bienestar afectivo de ambos.

Demasiado evidente, ¿verdad? Podría serlo, pero hay que profundizar en ello porque otra de las señales que encuentran los psicólogos es que la mayoría de la gente que inicia una relación en pareja tiene el objetivo prioritario, probablemente inconsciente, de irse a vivir juntos.

A veces parece la consecuencia de una improvisación sobre la base de «primero nos vamos a vivir juntos y luego… ya veremos», que de un proyecto analizado, planificado, y consensuado entre los dos. La gente debe saber que vivir juntos no es indicativo de estabilidad emocional ni de calidad en la relación. La convivencia no necesita de urgencia, sino de intimidad psicológica y compatibilidad.

Por todo esto, antes de irnos a vivir con una pareja conviene hacer lo siguiente:

  • Darse tiempo para conocerse más a fondo.
  • Saber si somos compatibles en la convivencia.
  • Saber qué lugar ocupan las familias de origen, los ex, los amigos, las aficiones o el trabajo en su nueva vida.
  • Trazar proyectos comunes o metas consensuadas.

En esta segunda regla, un segundo objetivo que se encuentra entre las parejas es el de querer tener hijos. ¿Cuántos niños son el producto de un intento de recomponer una relación deteriorada o finiquitada entre los padres? ¿Nos tomamos el tiempo necesario para arreglar una relación afectiva antes de vernos involucrados en compartir la responsabilidad de traer a alguien a este mundo, y educarlo para que sea feliz? ¿O más bien pensamos, «como estamos juntos, ya toca tener hijos en algún momento»? Conviene más bien reflexionar sobre si la calidad afectiva no existe, mediante el planteamiento, en voz alta, de las siguientes preguntas: «¿Qué contexto estamos preparando para todos los hijos? ¿el de la inevitable separación? ¿el de la gélida convivencia?.

Éstas serían las pautas esenciales para sintetizar esta regla:

  • Para que exista una intimidad afectiva de calidad debe haber un espacio de bienestar en el que cada uno se encargue de su propia felicidad.
  • Ambos miembros de la pareja han de saber pronunciarse mutuamente acerca de experiencias felices.

En este contexto, los objetivos que se propongan podrán desarrollarse con las ventajas del terreno fértil en el que cualquier cosa que se plante crecerá fuerte.

Regla número 3: El amor no tiene nada que ver con el sufrimiento y el dolor.

Esto lo tenemos que borrar de nuestro cerebro; no juguemos con fuego. No hay que confundir el dolor sano producido por la introducción de cambios saludables en nuestras vidas, con el dolor provocado por un daño inesperado, intencionado, y destructivo que es, precisamente, lo antagónico de lo que debe producir una relación amorosa.

Éstas son las pautas esenciales que ella aconseja para sintetizar esta regla:

  • La aparición del dolor nos está indicando que es el momento de hacer cambios.
  • Los cambios pueden ser de lugar, persona o pensamiento. No estar atentos a esta señal y continuar haciendo lo mismo de igual manera trae consigo el sufrimiento y la aparición de heridas profundas que, cuando sean atendidas, necesitarán con probabilidad una intervención profesional.

La buena noticia es que tiene tratamiento y que se puede curar. Simplemente, hay que escucharlo.

Fuente, del libro «Amor del bueno».

[*Opino}– De perros y gatos

18-05-14

Carlos M. Padrón

Desde que leí el título del artículo que copio abajo pensé que el perro no era tal sino una de esas miniaturas que, como los chihuahua, no merecen que se les considere perros.

Son animales a los que en muchos países se les califica como falderos. No ladran sino que chillan: a todo pulmón, como si, los estuvieran matando, y de cualquier cosa; son irascibles, peleones y, muchas veces, hasta maniacos sexuales.

Cuando vi el VÍDEO confirmé mi sospecha: el «perro» de esta historieta es casi del tamaño de la gata; de haber sido un perro de verdad, la gata no se habría arriesgado.

Para mí, los perros de verdad o son grandes o medianos. De tamaños inferiores, o falderos, son, como los dos que tiene mi hija, uno «cuota inicial» (un whippet) y el otro «opción de compra» (un salchicha).

Por otra parte, en casi todos los Estados de USA, los perros y los gatos están esterilizados, y dudo mucho que un gato esterilizado, ya sea hembra o macho, tenga arrestos para atacar a un perro.

En cuanto al vídeo, en éste, como en muchos otros, resulta sospechoso que alguien pudiera hacer una filmación tan oportuna que comienza antes de que aparezca el gato. Con tal de hacerse viral en la Red, todo vale.

El para mí supuesto ataque del gato me hace recordar que mi tío-abuelo —Juan Sosa Sánchez, hermano de mi abuela paterna—, cuya casa compartía patio con la mía natal, tenía para con los animales un don tan especial que entrenó a un gato, de los varios que tuvo, para que enfrentara y pusiera en fuga a un perro que constantemente lo perseguía.

Era algo que había que ver para creerlo, pues el gato, más ágil que el perro —que tampoco era un perrazo, sino uno de tamaño medio— comenzaba a girar en círculos alrededor del can y, cuando lograba colocarse detrás de él, saltaba sobre el lomo de éste, le clavaba las uñas en el cuello, y el perro huía aullando y despavorido con el gato cabalgándolo cual jinete sobre un caballo. Cuando habían recorrido unos 50 metros, el gato se lanzaba al piso y regresaba junto a su dueño.

También mi tío-abuelo hizo lo contrario: entrenar a un perro para acabar de forma efectiva con un gato. El truco consistió en que, cuando el gato se veía acorralado, el perro adelantaba una de sus patas, y el gato, que se abalanzaba de inmediato a morderla, quedaba cabeza gacha muy cerca del perro, posición que éste aprovechaba para rodear con sus fauces el cuello del gato, y con unas cuantas sacudidas muy violentas, y a veces mortales, mandarlo a paseo.

Y no, que no vengan ahora con cuentos: el perro —el de verdad— es el mejor amigo del hombre.

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16/05/2014

Vídeo: una gata salva a un niño del ataque violento de un perro en California

Tara, la gata de una familia de California, ha roto con todos los tópicos sobre los felinos. Estos animales no son interesados ni pasan de los suyos. Al contrario, son unos grandes protectores.

Cuando Tara percibe que el pequeño de la familia, Jeremy Triantafilo, está siendo atacado a mordiscos por un perro, no tarda ni dos segundos en ir a su rescate. Llega incluso antes que la madre. De la nada, la gata salta sobre el can y luego le persigue para darle su merecido.

Tal y como se expresa al comienzo del vídeo, el niño salvó la vida gracias a la rápida intervención de su mascota. La cosa quedó en un susto, un mordisco en la pierna en el que ha tenido que recibir pocos puntos de sutura.

«Es mi heroína», asegura el niño, que quiere más que nunca a su gata. «Yo realmente ni siquiera me di cuenta lo que había sucedido hasta que mi marido no me mostró el video de vigilancia», dice la madre del pequeño, Erica Triantafilo.

«Nunca he visto a un gato a hacer eso», asegura el padre, Roger Triantafilo. «Esto demuestra lo mucho que realmente quiere a esta familia».

El vídeo se ha difundido de forma viral a través de las redes sociales. El perro, propiedad de uno de los vecinos que viven en la zona, se encuentra en estos momentos en observación. Es difícil mantener aquello de que el perro es el mejor amigo del hombre.

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[*Opino}– Algunos términos usados en el ámbito de internet

16-05-14

Carlos M. Padrón

Como ya dije en este blog, lo del punto 2 del artículo que copio abajo es para mí una buena noticia porque siempre he usado clicar por tres razones que me resultan válidas y que aplico con frecuencia:

1. Ridiculez. Lo de pinchar me parece ridículo, y ya tiene otros significados

2. Evitar confusión al lector. Pues clicar no tiene otro significado

3. Economía. Clicar es más corto que hacer clic y que cliquear

En cuanto al punto 8, parece que el uso está metiendo en un mismo saco lo de link y URL, en detrimento del segundo, pues URL (Unique Reosurce Locator) es esa a veces muy larga lista de caracteres que comienza con HTTP y que constituye la dirección única de algo en internet; o sea, al clicar en una URL bien formada (si de ella se elimina aunque sólo sea un caracter, ya no estará bien formada), el usuario será llevado siempre al mismo sitio o página. Por ejemplo, la URL de este blog es https://padronel.blog/

En cambio, se llama LINK a una palabra o frase que lleva embebida —o incrustada— una URL, y que generalmente aparece escrita a color y subrayada, y que al posar el cursor sobre ella se despliega una especie de menú que muestra la URL que lleva embebida. Por ejemplo, si quiero hacer de Padronel una palabra que sea un link a mi blog, resultaría esto: Padronel. En este artículo, el ‘ya dije’ que aparece al comienzo es un link, y la palabra ‘Fuente‘ que aparece al final es también un link a Fundéu, pues es Fundéu la fuente de donde tomé el artículo.

Si bien el uso de streaming se me antoja difícil de eliminar, lo de webinar me parece ridículo.

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16/05/2014

Internet: claves de redacción

Con motivo del Día de Internet, que se celebra el 17 de mayo, se repasan algunos extranjerismos muy utilizados en internet que tienen alternativas en español, así como algunos términos que plantean dudas en cuanto a su escritura:

  1. Cloud computing, en español, se denomina computación en nube.
  2. Hacer clic, clicar y cliquear son tres formas adecuadas para indicar la presión o golpe que se hace con el ratón del computador, en lugar de la voz inglesa click.
  3. Medios sociales es el equivalente recomendado a la expresión inglesa social media.
  4. Anonimizar es un verbo correctamente formado para referirse a la acción de ocultar una identidad.
  5. El prefijo ciber- se escribe unido a la palabra a la que acompaña: ciberataque, cibercomercio, etc.
  6. SOPA, sigla de Stop Online Piracy Act, se escribe con mayúsculas y sin puntos.
  7. Blog, bloguero y bloguear son términos adecuados en español.
  8. Link tiene traducción: enlace o vínculo.
  9. El plural de web es webs.
  10. Usabilidad, que en diseño y programación es un atributo de calidad que evalúa la facilidad de uso de las webs, es un término adecuado y bien formado en español.
  11. Banear, como la acción de restringir o bloquear el acceso de un usuario, puede traducirse por verbos como bloquear, suspender, prohibir o restringir.
  12. Acechar, espiar, husmear o acosar son alternativas preferibles a stalkear.
  13. La palabra inglesa password tiene como equivalente en español contraseña.
  14. Bot es un acortamiento válido en español para referirse al ‘programa que recorre la Red llevando a cabo tareas concretas, sobre todo creando índices de los contenidos de los sitios’.
  15. El término wifi es válido y puede ser masculino o femenino: el wifi o la wifi.
  16. Online puede traducirse por conectado, digital, electrónico, en internet o en línea.
  17. Las puntocoms, en redonda, en una sola palabra y con plural terminado en ‘s’, es la forma adecuada de referirse a las empresas que desarrollan su actividad principal en internet.
  18. Seminario web es una alternativa apropiada para el anglicismo webinar.
  19. Emisión en directo o en continuo, según los casos, son alternativas válidas a streaming.

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[*Opino}– Acerca del ‘Derecho al olvido en internet’

14-05-14

Carlos M. Padrón

Por supuesto que, como dice el artículo que copio abajo: «Este derecho puede en ocasiones colisionar con la libertad de expresión». Sobre todo cuando lo de «libertad de expresión» es ya algo que resulta muy difícil definir.

Para muestra, lo ocurrido recientemente con el dueño de un equipo de béisbol que dijo algo contra los negros. Si a ese señor no le GUSTAN los negros, y así lo declara, ¿no está haciendo uso de libertad de expresión? ¿O es que una persona no tiene derecho a expresar sus gustos? Los gustos no son controlables. Podrá ser controlable, y sólo hasta cierto punto, el no expresarlos, pero corriendo el riesgo de caer en la hipocresía, que no es precisamente una virtud.

En cuanto al tal «Derecho al olvido en internet» se ha dicho también que los buscadores deben retirar los enlaces a informaciones publicadas en el pasado si perjudican al ciudadano y no son pertinentes. ¿Y quién va a determinar si son o no pertinentes?

En otra publicación dicen «El Tribunal de la Unión Europea ha fallado en contra de Google y le obliga eliminar de información lícita que afecte a un ciudadano y que ya no sea de interés». ¿Y quién va a decidir si la información es ilícita carente de interés? ¿De interés para quién?

Además —y entrando ya en terreno filosófico—, ¿puede forzarse el olvido? No, no se puede. Por tanto, eso de «derecho al olvido» no resulta precisamente muy apropiado.

Algo que sí deberían evitar en los buscadores —y hasta penalizar— es la existencia de páginas que aparecen cuando uno busca algo, y que no tienen relación alguna con ese algo sino con cualquiera otra cosa, en especial con la sugerencia o venta de programas que, por supuesto, contienen malware. Eso es, simplemente, fraude.

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14/05/2014

Pero ¿qué es el «derecho al olvido» en la Red?

La sentencia del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) que ampara el «derecho al olvido» en la Red, y que es fruto de un litigio entre la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y Google, supone una revolución a la hora de garantizar la intimidad y privacidad de los ciudadanos, según expertos legales.

Pero, ¿qué es eso a lo que nos referimos cuando hablamos de «derecho al olvido» en internet?

El derecho al olvido es un derecho relacionado con el Habeas Data y la protección de datos personales. Se puede definir como el derecho que tiene el titular de un dato personal a borrar, bloquear o suprimir información personal que se considera obsoleta por el transcurso del tiempo, o que, de alguna manera, afecta el libre desarrollo de alguno de sus derechos fundamentales.

Como cabe apreciar, este derecho puede en ocasiones colisionar con la libertad de expresión.

Según la AEPD, «El «derecho al olvido» hace referencia al derecho que tiene un ciudadano a impedir la difusión de información personal a través de internet cuando su publicación no cumple los requisitos de adecuación y pertinencia previstos en la normativa».

La AEPD señala que este derecho incluye limitar la difusión de información de datos de personas, incluso cuando la publicación original sea legítima. «La difusión, hecha a través de los buscadores y de forma universal e ilimitada, de información que ya no tiene relevancia ni interés público, causa una lesión a los derechos de las personas».

El abogado Joaquín Muñoz, representante del español Mario Costeja —convertido, quizás sin proponérselo, en impulsor del llamado «derecho al olvido» en internet, al desencadenar el caso que ha concluido con esta sentencia—, ha destacado su alcance porque confirma el derecho del ciudadano a la privacidad y a decidir quien trata o no sus datos personales.

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[*Opino}– Cada vez me ponen más difícil la interfaz humano-computador

01-05-14

Carlos M. Padrón

Cada vez me lo ponen peor.

Mis teclados preferidos con los que traían las primeras PCs vendidas por IBM, que eran pesados, sólidos, resistentes y con teclas bien espaciadas. Los de ahora ya no son como aquéllos, y si encima me vienen con uno de 30 cm, que es casi como el de las mierdaptops, paso.

Además, eso de tener que tocar la pantalla (touch screen) colocada en forma vertical, o tener que hacer gestos, implica levantar los brazos, algo que al rato causa cansancio.

Como ni al touch screen ni a los gestos le veo ventaja alguna, tampoco es algo para mí. Por eso dije que, mientras pueda, y a falta de seguridad en Windows XP, me quedaré con Windows 7, pues el Windows 8 ya está pensado para touch screen y para la nube (cloud).

Lo de la nube, que tampoco es para mí, me recuerda que, al menos en la Canarias de mis tiempos, el decir que alguien estaba en las nubes era como decir que estaba despistado, ido, o que no sabía ni donde estaba parado.

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30/04/2014

Microsoft desafía a las pantallas táctiles y diseña un teclado con control de gestos integrado

Microsoft Research, la división de investigación de la compañía de Redmond, ha diseñado un teclado con control de gestos integrado.

Este se denomina Type-Hover-Swipe in 96 Bytes y permite al usuario controlar la interfaz mediante el movimiento de su mano, como si fuese una pantalla táctil.

El teclado, de 30 centímetros, está compuesto por sensores infrarrojos de baja resolución, de 64 megapíxeles, pero que detectan el movimiento con facilidad, según lo describe CNET. Estos sensores se encuentran ubicados entre las teclas del teclado y son los encargados de captar cualquier gesto y la proximidad de las manos del usuario.

El reconocimiento gestual se hace efectivo mediante una serie de algoritmos que desde Microsoft Research llaman ‘firmas de movimiento’ (‘motion signatures’, por su nombre en inglés). Se trata de movimientos programados en la base de datos del teclado que le permiten reconocer posteriormente los gestos que haga el usuario como comandos.

Algunos de los mencionados gestos que reconoce este peculiar teclado, según se muestra en un vídeo publicado en YouTube, son el de deslizar verticalmente para hacer scroll, mover la mano por encima de las teclas para navegar, dibujar una línea con el dedo índice para cambiar de aplicación, o incluso el gesto de conducir al volante, para juegos de coches.

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