[*Drog}– San Valentín y las películas románticas

15-02-2016

Carlos M. Padrón

Me resulta muy reconfortante descubrir que es una mujer quien escribe el artículo que copio abajo, en el que se denuncian varias de las nefastas consecuencias que, según he dicho varias veces en este blog, tiene el drogamor.

Por ejemplo, recuerdo haber dicho que “Pretty woman” es la más pornográfica de las películas que he visto; y tanto que debería ser prohibida.

Y sí, estoy de acuerdo en que, como dice Yolanda Domínguez —a quien felicito— esas películas que enfatizan e insisten en vender como indiscutibles verdades el «para toda la vida», el «más allá de la muerte», el “vivieron por siempre felices”, el “es el amor de mi vida”, el “no puedo vivir sin él/ella” y otras mentiras de igual calibre, deberían estar prohibidas porque, como dice Yolanda, perjudican gravemente la salud —o, lo que es peor, pueden arruinar toda una vida— y, cuando menos, deberían llevar por ley la misma pegatina (calcomanía) que las cajetillas de tabaco, advirtiendo de su peligro.

Pero no, desgraciadamente hay y seguirá habiendo millones de personas ingenuas, y no todas adolescentes, que siguen drogados con ideas como éstas, basadas todas en la creencia de que el drogamor es natural, válido, el camino seguro para formar pareja y, por supuesto, para alcanzar la felicidad. ¡Pobre gente!

Insisto en que dentro de todos los programas de educación debería haber por ley, desde los últimos años de Primaria, educación pormenorizada, social y científicamente documentada, sobre los peligros del drogamor, igual que se hace, o debería hacerse, sobre los peligros de la cocaína, heroína y los muchos otros venenos que arruinan millones de vidas.

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13/02/2016

Yolanda Domínguez

Las películas de amor perjudican gravemente la salud

Cuidado con celebrar San Valentín haciendo maratón de películas románticas. La mayoría de estos films deberían llevar la misma pegatina que las cajetillas de tabaco, advirtiendo de su peligro. Acudimos en tropel a las salas de cine y nos exponemos, a pelo y sin ningún tipo de protección, a escenas de amor cuyas consecuencias son más nefastas que los rayos de sol a las tres de la tarde. Somos unos temerarios.

Algunas mentes rápidas ya estarán objetando que la ficción no tiene ninguna influencia en nuestra vida real. Lo cierto es que el cine es una fuente de conocimiento, creencias y educación, igual que lo son los juegos, el colegio o las relaciones sociales. El problema, como casi siempre, no es el vehículo sino el contenido, que reproduce sistemáticamente ideas falsas sobre el amor con las que luego medimos nuestros idilios.

Éstas son sólo algunas de las perlas que nos tragamos, junto a las palomitas dulces, en los romances blockbusterianos:

El éxito social pasa por estar en pareja

La realización, el culmen de la historia, llega cuando el protagonista deja de ser uno y se convierte en dos. La princesa prometida, “Desayuno con diamantes” o “Pretty woman” cierran con la técnica del fundido en beso, reforzando esta idea de final feliz. La realidad es que ser single está penalizado: en los restaurantes no suele haber mesas para un solo comensal, y las habitaciones de hotel individuales son mucho más caras.

La durabilidad

El «para siempre» y «más allá de la muerte». Cuántos berrinches nos habríamos ahorrado si alguien nos contara que las relaciones no son eternas y que tener varias parejas a lo largo de la vida es recomendable.

Películas como “Ghost” o “Carta de amor” difunden la idea de que el amor verdadero es capaz de traspasar las barreras del tiempo y de la muerte. Con el listón tan alto, es imposible no sentirse fracasado cuando termina una relación de años, meses o incluso de días.

La sumisión de la mujer

Desde los primeros cuentos, las niñas ya sabemos que conseguir el amor romántico es prioridad en nuestra vida. Para ello hay que estar dispuesta a todo: sacrificarse, sufrir e incluso morir. “Cincuenta sombras de Grey”, “Crepúsculo” o “Rompiendo las olas” son ejemplos de mujeres resignadas a pasar a segundo plano y renunciar a todo en nombre de su amado.

Luego nos escandaliza no saber nada de nuestras amigas cuando se echan novio, o que permanezcan impasibles cual postes de tendido eléctrico en relaciones que no las hacen felices. Violencia de género y amor es una mezcla que debería levantar de la butaca a cualquier espectador.

La monogamia

Más de uno, pero menos de tres: la fórmula de la felicidad no entiende de ecuaciones complejas. La atracción por una tercera persona es fuente de caos, sufrimiento y desastres. “Los puentes de Madison”, “El paciente inglés” o “Closer” alertan del alto coste de los idilios fuera de la pareja. Como para lanzarse a la aventura…

La heteronormatividad

Chico conoce a chica, o chica conoce a chico. Faltan películas que normalicen otro tipo de relaciones y que no sean historias tristes o atormentadas. “Brokeback Mountain” o “La vida de Adèle” visibilizan historias homosexuales pero tienen desenlaces trágicos. Son lo contrario al fundido en beso, es decir, amores imposibles.

Él lleva la iniciativa

Los hombres son los eternos galanes, los que dan el primer paso, los que declaran su amor a la chica. Los tiempos han cambiado, y el cine se ha quedado atrás en este aspecto. Hoy nosotras también proponemos citas y nos llevamos alguna que otra cobra. Las que aún no se han puesto las pilas, continúan en bucle refrescando Facebook a la espera de un mensaje nuevo.

Cantidad vs. calidad

O los ubicuos estereotipos. Las películas de adolescentes universitarios tipo “American Pie” y “Chicas malas” valoran en ellos la cantidad: tirarse a muchas; y en ellas, la calidad: elegir al bueno. La versión moderna de estas cintas son las de relaciones abiertas basadas en el sexo (“Amigos con derecho a roce”, “Sin compromiso”, “Y de repente tú”), pero acaban tirando su propia teoría por la borda finalizando con la pareja feliz en modo tradicional.

Hay muchas más perlas, que darían para siete posts, pero el conflicto que plantean es siempre el mismo: la falta de variedad, el discurso dominante. Al ser todas las tramas tan similares, lo que no se ajusta a ese relato lo consideramos defectuoso o anormal.

La ficción sí nos influye, porque lo que sentimos al ver esas imágenes es real, y son las emociones las que nos guían a la hora de tomar decisiones y crear mapas de comportamiento. Por supuesto, el grado de impacto en cada persona es diferente y depende de más factores, como la personalidad, aspiraciones, experiencias… A veces el cine sólo refuerza creencias que ya tenemos instaladas por otros medios.

Lo fácil es dar más de lo mismo. Lo valiente es ofrecer alternativas diferentes para que podamos reorganizar nuestras expectativas con otros referentes. Lo mejor es dejarnos de historias prefabricadas y lanzarnos a vivir nuestra historia sin esquemas (y aplicarnos protección 70 antes de encender el proyector).

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[*Opino}– Cuestionada la psiquiatría y la utilidad de lo que recetan los psiquiatras

11-02-2016

Carlos M. Padrón

Excelente el artículo que sigue, que trata sobre las investigaciones que acerca de la psiquiatría y su uso ha hecho un periodista.

Es especial me gustó la afirmación de que lo que los useños exportaron al resto del mundo (o el mundo los imitó en esto, como lo ha hecho en mil otras cosas, no muy buenas en su mayoría) «… fue una nueva forma de vivir. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento».

Esto me recuerda que M. Scott Peck comienza su formidable libro, “The road less traveled” —el mejor y para mí más importante que he leído—, con la frase «La vida es un problema”, algo que no gusta a quienes creen que vinieron a este mundo para ser felices.

Y, claro, si «… nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones» y éstas no incluyen la felicidad, pues se concluye que estamos enfermos, que alguien, pero no nosotros, tiene la culpa, y recurrimos al psiquiatra y a las pastillas, porque « antes la gente sabía que había que luchar en la vida, y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional […]. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida».

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07 FEB 2016

La psiquiatría está en crisis

Todo empezó con dos preguntas. ¿Cómo es posible que los pacientes de esquizofrenia evolucionen mejor en países donde se les medica menos, como India o Nigeria, que en países como Estados Unidos? ¿Y cómo se explica, tal y como proclamó en 1994 la Facultad de Medicina de Harvard, que la evolución de los enfermos de esquizofrenia empeorara con la implantación de medicaciones, con respecto a los años setenta?

Estas dos preguntas inspiraron a Robert Whitaker para escribir una serie de artículos en el Boston Globe —finalista en el Premio Pulitzer al Servicio Público— y dos polémicos libros. El segundo, “Anatomía de una epidemia”, fue galardonado como mejor libro de investigación en 2010 por editores y periodistas useños.

En el curso de esa indagación, una cascada de datos demoledores: en 1955 había 355.000 personas en hospitales con un diagnóstico psiquiátrico; en 1987, 1.250.000 recibían pensiones en EE UU por discapacidad debida a enfermedad mental; en 2007 eran 4 millones. El año pasado, 5. ¿Qué estamos haciendo mal?

Whitaker (Denver, Colorado, 1952) se presenta, humildemente, las manos en los bolsillos, en un hotel de Alcalá de Henares. Su cruzada contra las pastillas como remedio de las enfermedades mentales no va por mal camino. Prestigiosas escuelas médicas ya le invitan a que explique sus trabajos. “El debate está abierto en EE UU. La psiquiatría está entrando en nuevo periodo de crisis en ese país porque la historia que nos ha contado desde los ochenta ha colapsado”.

—Pregunta. ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?

—Respuesta. La historia falsa, en EE UU y en parte del mundo desarrollado, es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debía a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.

—P. En “Anatomía de una epidemia” viene a decir que los psiquiatras aceptaron la teoría del desequilibrio químico porque prescribir pastillas les hacía parecer más médicos, los homologaba con el resto de la profesión.

—R. Los psiquiatras, en Estados Unidos y en muchos otros sitios, siempre tuvieron complejo de inferioridad. El resto de médicos solían mirarlos como si no fueran auténticos médicos. En los setenta, cuando hacían sus diagnósticos basándose en ideas freudianas, se les criticaba mucho. ¿Y cómo podían reconstruir su imagen de cara al público? Se pusieron la bata blanca, que les daba autoridad. Y empezaron a llamarse a sí mismos psicofarmacólogos cuando comenzaron a prescribir pastillas, lo que mejoró su imagen y aumentó su poder. En los ochenta empezaron a publicitar su modelo, y en los noventa la profesión ya no prestaba atención a sus propios estudios científicos. Se creyeron su propia propaganda.

—P. Pero esto es mucho decir, ¿no? Es afirmar que los profesionales no tuvieron en cuenta el efecto que esos fármacos podían tener en la población.

—R. Es una traición. Fue una historia que mejoró la imagen pública de la psiquiatría y ayudó a vender fármacos. A finales de los ochenta se vendían 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones.

—P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.

—R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.

—P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, si mal entendido, puede ser peligroso.

—R. Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, pues hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarlas puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?

El recorrido de Whitaker no ha sido fácil. Aunque su libro esté altamente documentado, aunque fuera multipremiado, desafió los criterios de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y los intereses de la industria farmacéutica.

Pero, a estas alturas, se siente recompensado. En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la dirección que él apuntaba: cita a los psiquiatras Martin Harrow o Lex Wunderink, y cuenta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.

—P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?

—R. Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad useña empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que, si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.

—P. Buscamos el confort, y el mundo se va pareciendo al que describió Aldous Huxley en “Un mundo feliz”…

—R. Desde luego. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida, de que a veces es muy difícil controlar tu mente; las emociones que sientes hoy pueden ser muy distintas de las de la semana o el año que viene. Y nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones.

—P. Demasiado centrados en nosotros mismos…

R. Exacto. Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Antes la gente sabía que había que luchar en la vida, y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional. Con los niños, si no se portan bien en el colegio o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.

P. ¿La industria o la APA están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?

R. Están creando mercado para sus fármacos, y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.

P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?

R. La ansiedad y la depresión no están tan lejos la una de la otra. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas, con el Valium. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta, la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.

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[*Opino}– Búsqueda online de vuelos: más caros la segunda vez que la primera

09-02-2016

Carlos M. Padrón

Efectivamente, y como dice el artículo que copio abajo, en las búsquedas online de pasajes aéreos, el sitio en el que se busca —o vendedor— suele tomar nota de la IP (Internet Protocol) desde la que buscamos, y la próxima vez que busquemos nos dará un precio superior al de la vez anterior.

Esto lo he comprobado varias veces, y no sólo con pasajes aéreos. La forma de evitar el pago del sobreprecio es efectuar la segunda búsqueda desde una IP que, para el vendedor, sea diferente a la que usamos en la primera.

Para eso, creo que más efectivo que el cambiar de computador o borrar las cookies, es ocultar o cambiar, mediante proxy o VPN, el servidor desde donde “nos vieron” la primera vez, lo cual conlleva cambio de IP.

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09 FEB 2016

Karelia Vázquez

Un estudio desvela el mejor día para comprar vuelos baratos

Hoy es el mejor día para comprar los billetes de Semana Santa. Así lo asegura el último informe del comparador global de vuelos Skyscanner, que se acaba de hacer público.

Según sus datos, siete semanas antes del viaje es el momento óptimo para comprar en España. De hecho, recomiendan que el usuario reserve ya sus billetes de Semana Santa si quiere conseguir un ahorro del 10%.

En estos años se han popularizado las webs dedicadas a rastrear, literalmente, los precios de aerolíneas y agencias de viaje, con la esperanza de poder establecer un patrón fiable y recomendar a sus clientes los mejores días para comprar. El comportamiento hiperactivo de las cuentas de Twitter de estas plataformas, dando una recomendación ahora, luego otra, y más tarde, la contraria, muestra, mejor que cualquier analítica, cómo cambian los tercios casi a diario y a veces cada hora.

La recomendación estrella la dio en el diario The New York Times, George Hobica, fundador de Airfarewatchdog, una de estas webs que vigila la oscilación de los precios online. Hobica advirtió: “Aunque las últimas investigaciones indiquen que los fines de semana son el mejor momento para comprar, si usted ve una oferta el jueves, cómprela, no espere al sábado”.

Su experiencia de veinte años estudiando el mercado de billetes en Internet le dice que las compañías están permanentemente jugando con los precios, lo cual hace que cada vez sea más difícil acertar con los pronósticos.

El citado informe de Skyscanner revela que comprar con tiempo es más barato que hacerlo a última hora. La cifra de siete semanas coincide con los 57 días de antelación recomendados por las plataformas Expedia y FareCompare para el mercado. En cambio, los datos Hooper, firmados por el científico de datos Patrick Surry (@patricksurry), indican que hay margen hasta 15 días antes de viajar. A partir del día 14º, los precios se disparan hasta un 29%, aseguran.

Pero en este negociado las predicciones no se deben interpretar como reglas. Advierte Hobica que en los vuelos a Asia (desde Estados Unidos) es frecuente encontrar grandes descuentos de hasta 500 euros en ofertas de último minuto.

Diferentes destinos

El metabuscador Skyscanner, después de analizar millones de reservas de los últimos tres años, está en condiciones de asegurar que cada destino europeo tiene sus tiempos recomendados para encontrar la ganga: “Se pueden obtener descuentos de entre el 17% y el 20% si los viajes a Londres y a Bruselas se gestionan con dos meses de antelación, mientras que París requiere 10 semanas. En el caso de Roma o Ámsterdam es recomendable reservar tres meses antes”.

Viajar a estos destinos en invierno supone un ahorro de entre el 19% y el 30%, y enero es el mes más barato para todos, excepto para París donde recomiendan volar en noviembre. Agosto sigue imbatible como el momento más caro para viajar a cualquier lugar del mundo.

Según sus datos, febrero es el mes perfecto para viajar a Bangkok y a Lima (15% de ahorro), también a Buenos Aires, aunque los grandes chollos para la capital argentina abundan en marzo. Viajar en noviembre a Nueva York y a La Habana puede suponer un descuento del 22% y 10%, respectivamente. Para los destinos de larga distancia, el buscador recomienda reservar con una antelación de entre 21 y 28 semanas para conseguir un buen precio.

Ante tanta incertidumbre, el autor de los informes Hooper sólo tiene cinco cosas claras. A saber: los precios de una ruta determinada fluctúan en función del número de pasajeros; los precios sufren cambios predecibles en las diferentes estaciones del año, especialmente en los picos del verano y las navidades; en la temporada alta las aerolíneas suben los precios no sólo porque hay más personas que quieren viajar sino porque, además, están dispuestas a pagar más dinero por un billete.

Y, por último, después de una gran revalorización (o de una caída importante) de un destino, los precios se moverán en sentido contrario. “Adivinar el futuro no es un trabajo fácil, y muchos factores que influyen en los precios son inesperados, pero explotando los factores previsibles es posible extraer algunas conclusiones sobre su evolución a corto plazo”, escribe en su último informe.

El extraño caso de los precios hiperactivos

Usted ha estado mirando billetes (ha repetido varias veces la búsqueda y ha insistido en el mismo destino), ha encontrado un buen precio, una ganga en toda regla. No se ha decidido (usted siempre viviendo al límite) y se ha ido a comer, cuando ha vuelto, a la ganga le habían salido 100 euros por encima. También puede ser que la próxima vez que entre usted al buscador empiecen a saltarle mensajes tranquilizadores: “¡Quedan dos plazas!” o “¡Hay 45 personas mirando esta oferta!”.

Evidentemente alguien ha identificado su punto débil, concretamente un software ha trazado su comportamiento y monitoreado su computador, y ha aprendido que le interesa comprar ese billete, y usted acabará pagando un poco más.

Una práctica de dudoso gusto y legalidad que al menos en Francia se está investigando en serio. Un estudio de la Universidad Politécnica de Cataluña apuntaba a la frecuencia de este modus operandi al que llamaron “discriminación de búsqueda en Internet. Para sortearlo se pueden usar dos navegadores o dos dispositivos distintos, uno para buscar y otro para comprar. También funciona borrar las cookies del navegador habitual.

Usted que hasta hoy no sabía para qué servía el big data, aquí tiene un buen ejemplo.

[*Opino}– Los hábitos de los pasajeros en un avión

01-02-2016

Carlos M. Padrón

En algún post de este blog dije que pasé casi quince años de mi vida viajando en avión, y en vuelos internacionales, dos y a veces tres veces al mes.

Por suerte, fue en los tiempos en que viajar no era, como sí lo es ahora y a causa de los benditos controles de seguridad implantados después del atentado del 11-09-2001, una especie de tortura china.

De mi experiencia en estos vuelos puedo decir que, refutando o ampliando lo de los 10 puntos del artículo que copio abajo, que:

Si un pasajero reclina el asiento es porque el asiento es reclinable. Y si eso molesta al pasajero que está detrás es culpa de la línea aérea que, con tal de llevar más pasajeros en cada vuelo, ha reducido el espacio entre asientos.

Lo de mala educación lo he visto más bien al revés: de la tripulación para con los pasajeros. Recuerdo que, volando en Iberia en los años 60, una anciana sentada junto a mí y que, por lo visto, nunca antes había viajado en avión, se mostró confusa cuando pusieron ante ella la bandeja con la comida. La pobre señora no tocó nada, sino que esperó a que pasara a su lado la aeromoza que le había servido, y, tocándole el brazo, le preguntó:

—¿Y dónde está la sal?

La increíble respuesta de la aeromoza —una vieja fea y antipática, como, a diferencia de otras aerolíneas, eran la mayoría de las aeromozas que en esa época tenía la entonces arrogante Iberia—, tomó de la bandeja la bolsita de papel donde estaba la sal, y sacudiéndola ante la nariz de la anciana, le dijo:

—En esta bolsita, ¡idiota!—, y, sin más, botó la bolsita en la bandeja.

Si el equipaje de mano es más o mayor del permitido, la culpa es de la aerolínea, no del viajero abusador.

Y si lo de hablar alto es ahora un problema, no imagino cómo será si algún día las aerolíneas ofrecen servicio celular gratuito.

Y lo que más echo en falta en la lista es lo que parece haber sido mi sino en muchos de los vuelos: detrás de mí hay, sentado en el regazo de una persona mayor, un niño que no para de patear el respaldo de mi asiento sin que el adulto a su cargo haga nada por evitarlo. Y, lo que es increíble, que se moleste si uno le dice que evite que el niño haga eso.

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01/02/2016

P. Santamaría

Los 10 peores hábitos de los pasajeros en un avión

Por muchas veces que se viaje en avión los nervios son inevitables.

Desde que se entra en el aeropuerto son muchos los trámites que hay que hacer hasta subir finalmente al avión. Facturar, pasar el control de seguridad o encontrar la puerta de embarque son, sin embargo, preocupaciones menores comparadas con aquéllas que pueden surgir en pleno vuelo. No son pocos los pasajeros que deben aguantar las manías, gritos o conductas algo maleducadas de sus compañeros de viaje. 

London City Airport ha elaborado una encuesta para ver cuáles son los 10 peores hábitos de los pasajeros.

Los resultados de la encuesta ponen de manifiesto la importancia que se atribuye al espacio, ya que el 63% de los encuestados consideran que el peor hábito es reclinar el asiento, seguido de aquéllos que ocupan en exceso el reposa brazos. Por ejemplo, y en esta misma línea, invadir con los pies el espacio entre ambos asientos se posiciona en octavo lugar.

Los compañeros de viaje que son maleducados con la tripulación ocupan el tercer lugar en este ranking, y las guerras que se generan por el equipaje de mano se encuentran entre los cinco primeros, como era de esperar.

Ranking completo

  1. Reclinar el asiento de forma que ocupa prácticamente todo tu espacio.
  2. Plantar los codos en el reposa brazos sin dejarte apenas espacio.
  3. Ser maleducado con la tripulación. Un «gracias» nunca está de más.
  4. Llevar equipaje de mano claramente superior a lo permitido generando que otra persona tenga que poner el suyo en la bodega
  5. Hablar tan alto con los acompañantes que te entre dolor de cabeza.
  6. Olvidar los modales al bajar del avión sin importarle lo que haya a su alrededor, siempre y cuando pueda ser el primero en la cola del pasaporte.
  7. Estar levantándose constantemente para coger cosas del compartimento superior.
  8. Poner los pies en el espacio entre los sitios invadiendo tu espacio.
  9. Hablar alto sin preocuparse si está molestando.
  10. Acaparar la ventana sin dejarte espacio para poder mirar.

Así se hizo la encuesta

Los datos provienen de una encuesta online a 234 pasajeros realizada por London City Airport en noviembre de 2015. Los encuestados podría seleccionar múltiples respuestas.

Fuente

[*Opino}– ‘Proteger la internet de las cosas’ y el irrespeto a las normas de escritura

26-01-2016

Carlos M. Padrón

La falta de consistencia es también un irrespeto al lector, como lo es el obligarlo a adivinar qué es lo que realmente quiso decir quien escribió algo.

En el artículo que copio abajo hay falta de consistencia en el uso de siglas, pues si bien el autor (o tal vez el traductor) usa para Inteligencia Empresarial las siglas BI usadas en inglés para Business Intelligence, luego, al hablar del Internet de las Cosas usa las siglas IC, siendo que en inglés se usan las siglas IoT (Internet of the things), y al hablar de Tecnología de Información usa las siglas IT, siendo que en inglés se usan las siglas TI (Technology of information).

¿En qué quedamos? ¿Se respeta la versión de origen o no?

Por otra parte, no cumple con la norma de que los nombres propios deben escribirse con mayúscula inicial, y así escribe ‘internet de las cosas’ en vez de Internet de las Cosas, ‘inteligencia empresarial’ en vez de Inteligencia Empresarial, etc.

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25 enero 2016

Ahmed Banafa

Proteger la Internet de las Cosas (IC)

La Internet de las Cosas (IC) como concepto es fascinante y apasionante, pero la clave para convertirla en un verdadero valor empresarial es la comunicación efectiva entre todos los elementos de la arquitectura, para poder desplegar las aplicaciones de forma más rápida, procesar y analizar datos a velocidad de la luz y tomar decisiones tan rápido como sea posible.

La arquitectura de la IC se puede representar por medio de cuatro sistemas:

1. Cosas. Se definen como nódulos identificables de forma única, sensores primarios que se comunican sin interacción humana mediante la conectividad IP.

2. Puertas de enlace. Actúan como intermediarios entre las cosas y la nube para ofrecer la conectividad, seguridad y manejabilidad necesarias de internet .

3. Infraestructura de red. Está formada por enrutadores, agregadores, puertas de enlace, repetidores y otros dispositivos que controlan el flujo de datos.

4. Infraestructura en la nube. La infraestructura en la nube contiene grandes grupos de servidores virtualizados y almacenamiento que están conectados en red.

Las tendencias de nueva generación —esto es, redes sociales, macrodatos, computación en la nube y movilidad— han posibilitado muchas cosas que no se podían hacer hace tan sólo unos años, a lo que cabe añadir la convergencia de tendencias y acontecimientos globales que están impulsando los avances tecnológicos actuales y posibilitando la innovación, entre otros:

  • Iniciativas de eficiencia y reducción de costes en el mercado vertical fundamental.
  • Incentivos públicos que fomentan la inversión en estas tecnologías.
  • Menores costes de fabricación para dispositivos inteligentes
  • Menores costes de conectividad
  • Comunicaciones por cable más eficientes y comunicaciones inalámbricas.
  • Redes móviles ampliadas y asequibles.

La Internet de las Cosas (IC) es una gran ganadora en este ecosistema integral. La IC está creando nuevas oportunidades y ofreciendo una ventaja competitiva para empresas en mercados nuevos y actuales. Lo toca todo, no sólo los datos, sino cómo, cuándo, dónde y por qué se recopilan. 

Las tecnologías que han creado la Internet de las Cosas no están cambiando sólo internet, sino las cosas conectadas a ella, como los dispositivos y puertas de enlace en el extremo de la red, que ahora pueden solicitar un servicio o iniciar una acción sin intervención humana en muchos niveles.

La generación y análisis de datos es tan esencial para la IC que se debe tener en cuenta la protección de los datos a lo largo de su ciclo de vida. Gestionar información a este nivel resulta complejo, debido a que los datos fluyen a través de muchos límites administrativos con distintas políticas e intenciones. Por regla general, los datos se procesan o almacenan en dispositivos periféricos que tienen capacidades muy limitadas y son vulnerables a ataques sofisticados.

Dados los distintos componentes tecnológicos y físicos que verdaderamente integran el ecosistema de la IC, resulta oportuno considerar a la IC como un sistema de sistemas. La arquitectura de estos sistemas que ofrece valor empresarial a las organizaciones será, con frecuencia, una tarea compleja, puesto que los arquitectos empresariales trabajan para diseñar soluciones integradas que incluyen dispositivos periféricos, aplicaciones, transportes, protocolos y capacidades analíticas que forma un sistema de la IC en pleno funcionamiento.

Esta complejidad implica retos para mantener la IC protegida y asegurar que una instancia concreta de ésta no se pueda utilizar como un punto de partida para atacar otros sistemas de tecnología de la información empresariales.

International Data Corporation (IDC) estima que el 90 % de las organizaciones que aplican la IC sufrirán una vulneración de los sistemas de TI de administrador en el año 2017.

Retos para proteger las aplicaciones de la IC

Con independencia del papel que tenga un negocio dentro del ecosistema de la IC, el fabricante de dispositivos, proveedor de soluciones, proveedor de la nube, integrador de sistemas o proveedor de servicios, debe saber cómo obtener el máximo beneficio de esta nueva tecnología que ofrece oportunidades tan diversas y en constante cambio.

Gestionar el enorme volumen de los datos existentes y proyectados es abrumador. Gestionar las inevitables complejidades de conectarse a una lista de dispositivos que parece ilimitada, es complicado. Y el objetivo de convertir el aluvión de datos en acciones valiosas parece imposible debido a innumerables retos. 

Las tecnologías de seguridad existentes desempeñarán un papel para reducir los riesgos de la IC, pero no son suficientes. El objetivo es llevar los datos al lugar adecuado con seguridad, en el momento oportuno y con el formato pertinente, lo cual es más fácil de decir que de hacer, y por muchas razones. Cloud Security Alliance (CSA) enumeró en un informe reciente algunos de estos desafíos.

  • Muchos sistemas de la IC están mal diseñados y aplicados, pues usan protocolos y tecnologías distintos que crean configuraciones complejas.
  • Falta de tecnologías de la IC y procesos empresariales maduros.
  • Orientación limitada para el mantenimiento y gestión del ciclo de vida de los dispositivos de la IC.
  • La IC genera preocupaciones sobre seguridad física.
  • Las preocupaciones sobre la protección de datos en la IC son complejas y no siempre evidentes a simple vista.
  • Buenas prácticas limitadas para los desarrolladores de la IC.
  • Falta de normas de autenticación y autorización de los dispositivos de la IC.
  • Falta de mejores prácticas para las actividades de respuesta a las incidencias basadas en la IC.
  • Las normas de auditoría e inicio de sesión no están definidas para los componentes de la IC.
  • Interfaces limitadas para los dispositivos de la IC a fin de interactuar con dispositivos y aplicaciones de seguridad.
  • Todavía no se ha prestado suficiente atención a identificar métodos para lograr una sensibilización situacional de la posición de seguridad de los activos de la IC de una organización.
  • Las normas de seguridad para configuraciones de plataformas de la IC virtualizadas que respaldan un arrendamiento múltiple son inmaduras.
  • Las exigencias y requisitos de los clientes cambian de manera constante.
  • Nuevos usos para los dispositivos, así como nuevos dispositivos, surgen y crecen a velocidad de vértigo.
  • Inventar y reintegrar características y capacidades imprescindibles es caro y consume tiempo y recursos.
  • Los usos de la tecnología de la Internet de las Cosas se están ampliando y cambiando, con frecuencia en terrenos inexplorados.
  • Desarrollar el software integrado que ofrece el valor de la Internet de las Cosas puede ser difícil y caro.

Algunos ejemplos reales de amenazas y vectores de ataque que actores malintencionados podrían aprovechar son los siguientes:

  • Se puede acceder, manipular y ocasionar lesiones, o algo peor, a sistemas de control, vehículos e incluso al cuerpo humano.
  • Los proveedores de servicios sanitarios no pueden diagnosticar ni tratar correctamente a los pacientes.
  • Los intrusos pueden acceder físicamente a hogares o negocios comerciales.
  • Pérdida del control de los vehículos.
  • La información esencial de seguridad, como advertencias de una línea de gas rota, puede pasar desapercibida.
  • Daños vitales a infraestructuras.
  • Personas malintencionadas pueden robar identidades y dinero.
  • Filtración no prevista de información personal o sensible.
  • Seguimiento no autorizado de la ubicación, comportamiento y actividades de las personas.
  • Manipulación de operaciones financieras.
  • Vandalismo, robo o destrucción de activos de la IC.
  • Posibilidad de acceder sin autorización a dispositivos de la IC.
  • Posibilidad de hacerse pasar por dispositivos de la IC.

Abordar los retos y amenazas

Gartner predijo este año en la cumbre de gestión de seguridad y riesgos de Mumbai, India, que en más del 20 % de los negocios que hayan aplicado soluciones de seguridad para proteger sus dispositivos y servicios de la IC en el 2017, estos ampliarán el área de superficie para ataques cibernéticos en los mismos, convirtiendo objetos físicos que solían estar fuera de línea, en activos en línea que se comunican con las redes empresariales. Las empresas tendrán que responder ampliando el alcance de su estrategia de seguridad para incluir estos nuevos dispositivos en línea.

Las empresas tendrán que adaptar la seguridad a cada aplicación de la IC atendiendo a las capacidades únicas de los dispositivos en cuestión y los riesgos asociados con las redes conectadas a ellos. La inteligencia empresarial (BI) espera gastar cinco veces más durante los próximos cuatro años para proteger dispositivos y sistemas de la IC.

La plataforma óptima

Desarrollar soluciones para la Internet de las Cosas exige colaboración, coordinación y conectividad sin precedentes para cada pieza del sistema y en todo el sistema en su conjunto. Todos los dispositivos deben trabajar conjuntamente y estar integrados con todos los demás dispositivos, y todos los dispositivos deben comunicarse e interactuar de forma eficiente con sistemas e infraestructuras conectados. Es posible, pero puede ser caro, difícil y costar mucho tiempo.

La plataforma óptima para la IC puede:

  • Adquirir y gestionar datos para crear una plataforma segura, escalable y basada en normas.
  • Integrar y proteger datos para reducir costes y complejidad al tiempo que se protege la inversión.
  • Analizar datos y actuar extrayendo valor empresarial de los datos para actuar sobre ellos posteriormente.

Y, por último, es necesario integrar la protección en la base de los sistemas de TI con rigurosas comprobaciones de validez, autenticación, verificación de datos, y todos los datos tienen que estar codificados. 

Respecto a las aplicaciones, las organizaciones que desarrollan software tienen que mejorar en la escritura de código para que sea estable, resistente y fiable, con normas de desarrollo de códigos, formación, análisis de amenazas y pruebas mejorados. 

Dado que los sistemas interactúan unos con otros, es esencial contar con normas de interoperabilidad consensuadas, que sean seguras y válidas. Sin una estructura de abajo a arriba sólida crearemos más amenazas en cada dispositivo que se añada a la IC. Lo que necesitamos es una IC protegida y segura, con protección de los datos, es difícil pero no imposible.

Fuente

[*Opino}– Lo que erróneamente se cree que es felicidad

20-01-2016

Carlos M. Padrón

La base del artículo que copio abajo, por fin me ha hecho entender también la base de algo que por años me causó muchos desacuerdos, pues, en contra de la opinión de otras personas, alguna muy cercana a mí, siempre sostuve que en ningún lugar está escrito que yo tenga que ser feliz.

Ahora sé que esas personas entendían por felicidad lo que es hedonismo, mientras que yo entendía, y entiendo, lo que llamans eudaimónica, algo que he sabido por medio de este artículo que, a partir de tal distinción, habla sólo de bienestar —emocional, no material— y de la transitoriedad que le es intrínseca, con lo cual he estado siempre de acuerdo. No así con el tal “estado de bienestar” que tanto se defiende últimamente.

Por cierto, la palabra eudaimónica no aparece en el DRAE, pero el artículo explica muy bien su significado.

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19 ENE 2016

Facundo Manes

¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad?

¿De qué hablan esos finales de los cuentos infantiles cuando dicen que héroes y heroínas vivieron felices por siempre? ¿Cómo es que habrán vivido esos personajes? Y, sobre todo, ¿cómo lograron el bienestar en sus vidas de cuento?

Los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento, por ejemplo, a través de los pensamientos distorsivos. Pero también tenemos la habilidad de poder potenciar nuestro bienestar. Sabemos que sentirse bien tiene un impacto positivo sobre las personas porque actúa como protector en el organismo. Que las personas, cuando se sienten bien, se enferman menos, viven más y tienen una mejor calidad de vida.

La Ciencia se encarga de estudiar los procesos que involucran la felicidad para así poder establecer definiciones justas y precisas. Hoy en día la investigación se enfoca en describir estados que se relacionan con ella, como el placer y también el llamado “bienestar”. Veamos de qué se trata.

Distintas corrientes filosóficas identificaron dos maneras de acceder al bienestar: una es la vía hedónica, que consiste en disfrutar de todo aquello que implica un placer inmediato (una comida, un paisaje, una reunión entre amigos, etc.); y la otra es la vía eudaimónica. Esta última reside en la satisfacción a largo plazo que se genera como consecuencia de los logros obtenidos, de conseguir los frutos que surgen del esfuerzo, el trabajo y la planificación. Ascender laboralmente, graduarse o superar un mal hábito son algunos ejemplos.

Actualmente, más allá de que la Ciencia mantiene esta división, la denominada psicología positiva la especifica a través de tres vías: la de la vida placentera; la de la vida con compromiso; y la de la vida con significado.

Para estudiar al ser humano en toda su complejidad se necesita una disciplina que no sólo resuelva sus problemas sino que también ayude a construir cualidades positivas que permitan potenciar las fortalezas de las personas.

Si nos proponemos mejorar nuestras vidas, es necesario rechazar algunas ideas falsas que resultan contraproducentes para alcanzar el bienestar. Una de ellas consiste en pensar que se lo encuentra un día de manera repentina. Por el contrario, éste se construye y, generalmente, esta construcción requiere de un gran esfuerzo.

Otra idea afianzada comúnmente es que el bienestar es algo que se tiene o no se tiene, sin medias tintas; mientras que, en realidad, podemos considerar que hay un continuum entre el malestar y el bienestar en el que nos hallamos a lo largo del día y, más aún, de la vida.

Por último, las personas erróneamente tratamos de modificar las circunstancias de la vida (dinero, pareja, etc.) creyendo que eso traerá consigo un definitivo bienestar. Debemos saber que, producto de la adaptación hedónica (nuestra capacidad para asimilar grandes transformaciones en la vida), esos cambios “externos” no producirán bienestar duradero.

Cómo aumentar el bienestar

Existen numerosas actividades que podemos realizar para aumentar el bienestar y la salud emocional. Esto significa que pueden ser entrenadas, es decir, pueden desarrollarse, y eso depende en gran medida de la voluntad. Gracias a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales, e incluso de generar nuevas neuronas ligadas a la experiencia, estas actividades también pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro.

El ejercicio físico es muy beneficioso para la salud, ya que reduce la ansiedad, el estrés y el riesgo de contraer enfermedades; también tiene un rol importante en las funciones cognitivas como la consolidación de recuerdos y la memoria de largo plazo. La ejercitación física, a su vez, mejora el flujo cerebral en estados de reposo, incluso a partir de períodos cortos de entrenamiento. Asimismo produce bienestar en el corto y mediano plazo, ya que el ejercicio genera endorfinas, las hormonas que generan sensación de placer y bienestar, además de tener un efecto analgésico en el organismo.

Numerosas investigaciones han comprobado que meditar de manera regular modifica positivamente la estructura y el funcionamiento cerebral. Estos resultados también sugerirían que la meditación cumple un rol en la plasticidad sináptica, es decir, en la capacidad de las neuronas de generar mayor número de “conversaciones” entre ellas. También la meditación se correlaciona con mayores niveles de bienestar y menor número de enfermedades.

Tener y potenciar las emociones positivas es un recurso que también favorece el bienestar. En los últimos años empezamos a conocer el rol fundamental de las emociones positivas en nuestra vida. Una teoría muy aceptada demostró que no sólo nos hacen sentir bien sino que buscan ampliar nuestro repertorio de recursos positivos y promueven la construcción de nuevas estrategias para mejorar la calidad de vida.

Es así que, cuando llevamos adelante un accionar que produce un resultado positivo, la emoción asociada nos impulsa a querer repetirla en el futuro. Podemos decir que la Ciencia está comprobando que la expresión “ver la vida color de rosa” no estaría tan apartada de la realidad. Un estudio probó que, cuando uno sonríe, el cerebro procesa la información proveniente de rostros con una expresión emocional neutra de la misma manera que cuando procesa rostros alegres.

Mantener relaciones sociales amistosas, afectivas y amorosas también son consideradas fundamentales por la Ciencia para conseguir el bienestar. Se sabe que la presencia de seres queridos altera positivamente la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes. Se demostró que las personas que atravesaban una situación estresante y recibían apoyo verbal de sus afectos tenían menores cantidades de cortisol en el organismo, una hormona relacionada en el proceso que se activa ante el estrés, que aquéllas que atravesaban por la misma situación pero recibían apoyo verbal de un extraño o no recibían apoyo alguno.

Algunas de las claves para lograr construir una vida plena se vinculan con utilizar nuestras propias fortalezas para lograr estar satisfechos. Las fortalezas de carácter son rasgos positivos que todas las personas tenemos en mayor o menor medida. La bondad, la gratitud, el amor, la integridad, la curiosidad, la valentía y la generosidad son algunas de ellas.

Ser generoso, por ejemplo, produce una sensación de bienestar ya que activa un circuito neuronal asociado al placer y la recompensa, además de activar diferentes “químicos” asociados a la felicidad como la dopamina y la oxitocina. Las personas generosas reportan tener más amistades, dormir mejor y superar de mejor manera los obstáculos que las personas mezquinas.

Pero vale la pena decir que lo esencial de esto es que, más allá del favor particular, redundan en un bienestar general porque promueven beneficios para toda la sociedad. Así, maximizar nuestras potencialidades solidarias nos ayuda a todos estar bien.

Como un círculo virtuoso, podemos reiterar que sentirse bien contribuye a nuestro bienestar. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, más bien abunda en la idea de que la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Una posibilidad de escribir nuestro propio cuento con final feliz.

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Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia).

[*Opino}– Dinamarca atenta contra la creatividad y la excelencia

12-01-2016

Carlos M. Padrón

Lo que cuenta el artículo que copio abajo ha hecho que mi valoración de Dinamarca, país que he visitado varias veces, haya caído varios puntos, pues eso de que trabajar horas extras es señal de que se es incapaz de realizar el trabajo a tiempo es, no sólo un argumento burocrático y de corte sindicaloide, sino —y esto es grave— contrario a la creatividad y a la búsqueda de la excelencia.

Este argumento presupone que lo que un empleado deba hacer está perfecta y totalmente detallado en su lista de responsabilidades u objetivos, pero, ¿cuántas de tales listas son perfectas y no susceptibles de mejora?

Yo, que por muchos años fui gerente en dos corporaciones multinacionales que, sobre todo una (IBM), se jactaba de saber fijar a sus empleados no sólo lo que se llamaba “job description” (descripción de las responsabilidades del cargo), sino también objetivos claros —yo tuve que hacerlo con quienes estaban bajo mi dirección—, y jamás vi que esos objetivos estuvieran completos o no fuera posible mejorarlos.

Por ejemplo, aún recuerdo que una vez surgió en IBM la necesidad de instalar durante el año entonces en curso 70.000 puntos —medida usada en estos casos— representados por cientos de terminales bancarias 3600 que reposaban “canibalizadas” —o sea, que habían sufrido la sustracción de piezas— en el almacén de la compañía.

Esta tarea no estaba, no al menos como tal, incluida ni en mi job description ni en mis objetivos para ese año. Por tanto, para poder intentar cumplirla —lo cual conseguí— tuve que dedicarle horas extras, y muchas durante muchos meses.

Según el criterio danés, IBM debió haberme despedido por eso, pero no: me premió porque yo había excedido lo que de mí se esperaba.

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11/01/2016

Un estudiante es expulsado de Dinamarca por trabajar 90 minutos de más

Dinamarca ha dado una muestra más de que, en muchos países del norte de Europa, trabajar horas de más no es percibido como algo positivo. Todo lo contrario. Realizar «horas extra» sin previo aviso es una señal de que el empleado es incapaz de realizar su trabajo a tiempo e, incluso, puede ser motivo de despido.

El caso de Marius Youbi, un estudiante de ingeniería camerunés de 30 años que ha perdido su puesto de trabajo y ha sido expulsado del país danés por trabajar noventa minutos de más, representa hasta qué límite puede llegar la rectitud escandinava.

Según publica «The Guardian», Youbi contaba con un empleo temporal de limpiador en el que invertía 15 horas semanales. Estudiaba en la Universidad de Aarhus, había abonado los 4.600 euros que costaba su matrícula y, según afirman en el centro de estudios al medio británico, «era de los mejores de su clase».

La estancia del estudiante africano en Dinamarca se ha interrumpido de forma brusca después de que Youbi fuera despedido y su permiso de residencia cancelado… por trabajar una hora y media más.

Marius Youbi fue despedido al conocerse el hecho. Dado que la política de inmigración danesa es una de las más estrictas de Europa y se ha intensificado desde la llegada de refugiados, el estudiante africano fue deportado la semana pasada. Antes de abandonar el país, Youbi se presentó a tres exámenes planteados por su universidad, los cuales aprobó con nota.

Es por ello que la universidad ha puesto en marcha un proceso para intentar que Youbi vuelva a Dinamarca, y demostrar así que el país danés «tiene un corazón». El centro ha mostrado en varias declaraciones su «rechazo» a la deportación, y se han recogido unas 18.000 firmas para que el estudiante regrese al país escandinavo.

Mientras tanto, según publica «The Guardian» el afectado se ha limitado a lamentar su expulsión: «Es difícil decir adiós a tanto, había construido algo en Dinamarca».

[*Opino}– Tal vez la impuntualidad crónica sea una enfermedad, pero…

12-01-2016

Carlos M. Padrón

Según el artículo que copio abajo, hay casos en que la impuntualidad se debe a una enfermedad a la que han llamado «llegatardismo», pero con la invasión de smartphones que hay en el mundo actual, ya las víctimas de esa enfermedad no tienen excusa: basta con que activen una alarma cuando hacen un compromiso que les obligue a cumplirlo a determinada hora.

Que por su impuntualidad crónica el señor Jim Dubar —a quien le han diagnosticado «llegatardismo»— haya cosechado todo lo que se cuenta en este artículo, no me extraña, pues así como no me gusta tener cerca a un leproso, aunque sé que no tiene culpa de serlo, no me gusta tampoco tener que lidiar con una persona impuntual.

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12/01/2016

Un hombre consigue que le diagnostiquen «llegatardismo»: la enfermedad de la impuntualidad

Si siempre llegas tarde a los sitios cuando te citas con amigos, o el jefe te echa demasiadas broncas porque no estás a tu hora en la oficina, tal vez ahora tengas un motivo para justificar tu impuntualidad.

Al menos sí lo tiene el escocés Jim Dubar, que literalmente no es capaz de llegar a su hora en ninguna ocasión. Este hecho ha provocado que la vida de este hombre sea un auténtico caos, puesto que a causa de su impuntualidad ha sido despedido de muchos trabajos, ha estropeado posibles relaciones amorosas, y ha perdido alguna que otra amistad.

Casi todos conocemos a alguien que tiene este mismo defecto, pero nunca se nos habría ocurrido que podría tratarse de una patología crónica. Al parecer, a Jim Dubar le han diagnosticado un trastorno que le impide llegar puntual a sus citas. Según los resultados de las pruebas a las que fue sometido, el cerebro de este escocés no es capaz de estimar cuánto tiempo trascurre desde que empieza a realizar una actividad, por lo que no puede calcularlo de forma precisa y, por lo tanto, no puede llegar a la hora acordada, a no ser que se produzca una casualidad.

«Una vez acordé con un amigo en que lo recogería a medio día para irnos de viaje, y llegué cuatro horas tarde. Mi amigo estaba furioso porque perdimos el ferry que teníamos reservado», confiesa al diario Evening Telegraph. «En otra ocasión, otro amigo me invitó a comer y llegué más de tres horas tarde. Me he estado culpando toda mi vida por mi terrible impuntualidad ¿por qué no puedo llegar a tiempo a las citas? Ahora sé que es un trastorno, y esto me ha aliviado mucho», añade este impuntual crónico.

[*Opino}– Estupidez en inglés y en español

29-12-2015

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo, que seguramente fue traducido del inglés, se presentan como sinónimos los términos estúpido e idiota, pero, según el DRAE, una persona estúpida es la que destaca por su torpeza en comprender las cosas, mientras que una idiota es la engreída sin fundamento, la tonta o de corto entendimiento, o la que carece de instrucción.

Tal vez esta aparente contradicción venga de la traducción del inglés, pues en ese idioma estupidez es el comportamiento que denota falta de juicio, de sentido común o de inteligencia.  Mientras que idiota es una persona estúpida o con incapacidad mental.

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29/12/2015

Éstos son los tres tipos de estupidez humana

Decía Albert Einstein que sólo existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez… y que no estaba seguro de que la primera lo fuera en su totalidad.

Sin embargo, la «torpeza notable» (como define la Real Academia esta característica del ser humano) no ha sido nunca fácil de clasificar. ¿Es posible ser poco o muy estúpido? ¿Qué actos se consideran estúpidos? A todas estas preguntas, precisamente, ha tratado de encontrar respuesta un curioso estudio cuyos autores sostienen que es posible clasificar a las personas atendiendo a su grado de idiotez.

La investigación, concretamente, ha sido realizada por la Universidad Eötvös Lornand (en Hungría) y la Universidad de Baylor (en Texas). Titulado «What is stupid?: People’s conception of unintelligent behavior» y dirigido por el psicólogo Balázs Aczél, el estudio fue publicado hace menos de un mes por la revista especializada «Intelligence».

En palabras del experto, se aventuraron a llevar a cabo el análisis tras observar la escasa cantidad de ellos que se han hecho por parte de la comunidad científica en relación a este tema.

Así pues, determinaron que era necesario establecer, en primer lugar, qué actos son considerados estúpidos por la sociedad y, a continuación, los grados de los mismos.

«Teniendo en cuenta la frecuencia con la que nos encontramos con situaciones de la vida cotidiana en las que llamamos a alguien estúpido o cometemos actos estúpidos, cabría pensar que deberíamos entender cuándo y por qué la gente experimenta este sentimiento», explica Aczél en declaraciones al «Medical Daily». Con todo, lo cierto es que a su equipo le costó más de lo razonable desvelar todas las incógnitas e hipótesis planteadas.

«La gente suele pensar que la estupidez está ligada o asociada con un bajo coeficiente intelectual, pero nuestros hallazgos muestran que las personas califican como “estúpidas” tres situaciones independientes. Los resultados nos acercan a la comprensión de la concepción de la gente de la conducta inteligente haciendo hincapié en las perspectivas psicológicas más amplias de estudiar el atributo de la estupidez en la vida cotidiana», añade el experto.

Los tres tipos de estupidez

Atendiendo a los resultados obtenidos, el equipo de Aczél ha clasificado la estupidez (los comportamientos cotidianos considerados torpes o poco prácticos) en tres grados:

1. Ignorancia – confianza

Este grado es el más alto de estupidez y aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo (de cualquier tipo) a pesar de que carecen de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas. Curiosamente, son conscientes de las consecuencias que se pueden suceder.

2. La falta de control

Es el grado medio de estupidez. Se corresponde con aquellos sujetos que tienen un comportamiento obsesivo compulsivo y carecen de autocontrol.

3. Distracción

El grado más leve de estupidez. Aparece en aquellas personas que no solventan una tarea práctica debido a una distracción o porque carecen de las destrezas necesarias para llevarla a cabo.

El método de estudio

Para llegar a esta conclusión, el equipo de Aczél contó con la colaboración de un centenar de estudiantes universitarios húngaros. A éstos les entregaron varias noticias de medios de comunicación, como TMZ, BBC o New York Times, en las que sus protagonistas se veían sometidos a situaciones absurdas. Éstas estaban alteradas para exacerbar todavía más el grado de torpeza de los sujetos.

Finalmente, se les pidió que clasificasen las informaciones atendiendo al grado de idiotez de sus participantes (o la «intensidad de la estupidez que mostraba», según el experto).