[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Soy

En mi opinión, el que sigue es, por lo que del poeta D. Antonio Pino Pérez he leído hasta ahora, el más bello de sus sonetos. Tal vez por eso su hijo, mi amigo Juan Antonio Pino Capote, lo usó como piedra angular de su artículo “Ni el rencor los nombra”, (publicado en el Diario de Avisos del 21 de septiembre de 2003), en el que rememora la lucha de su padre cuando, en funciones de alcalde de El Paso, luchó en defensa de lo que a su pueblo correspondía.

Carlos M. Padrón

***

                                   SOY

De esos hombres abiertos, derramados,
que dicen con rudeza cuanto sienten,
y que, aunque les convenga, nunca mienten
y en alta voz confiesan sus pecados.

De los que viven y se dan confiados
y en alegrías su dolor convierten,
ni la traición, ni el desamor advierten,
a sus propios amores consagrados.

De los que alcanzan luz entre las sombras
y cuando pasan, ni el rencor los nombra
porque en la lucha fueron generosos.

De los que buscan con ahínco el cielo,
y se aligeran para alzar el vuelo
rompiendo sus cadenas silenciosos.

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Plenitud

PLENITUD

Es mediodía. El pleamar te llena
y tú sabes, con toda exactitud,
que has llevado a la muerte que serena
tu ganada y rotunda plenitud.

Nada falta ni sobra. Ríes plena
el triunfo que atesora tu virtud,
y corregida de extravíos, buena,
te sostiene la paz en la quietud.

Arriba estás en el cenit de altura
sumergida en las anchas claridades
que te descubren su mayor hondura.

Ya no subas ni bajes. Permanece
y espera, en posesión de tus verdades,
a la verdad suprema que amanece.

1959

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Plegaria del campesino

“El reinado eterno” es el nombre de uno de los varios ‘carros’ que han sido re presentados en El Paso con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Allá llamamos ‘carro’ a esta especie de breve auto sacramental, recitado y cantado, que se escenifica sobre la plataforma de un vehículo grande preparado como escenario especialmente para esa ocasión. La movilidad propia del vehículo permite que la representación se haga en un lugar desde el que sea visible para un número de personas que no cabrían en un teatro. De ahí, de esa movilidad, nació el nombre de “carro”.

Cuando termine con la publicación del contenido de “Dándoles vueltas al viento” me propongo pasar a la de la letra, guión u otros datos de los ‘carros’ que en El Paso han sido representados.

Carlos M. Padrón

***

PLEGARIA DEL CAMPESINO
(Fragmento de “El reinado eterno”)

Soy un pobre campesino;
no tengo palabras bellas
para contar mis querellas
a tu corazón divino.

Pero hacia Ti me encamino
con una oración ferviente,
cual un viejo penitente
que, aunque de torpes maneras,
sabe bien que tú lo esperas;
esperanza del creyente.

Tú me diste paz, consuelo,
un hogar sin inquietudes
y perfumadas virtudes
que embalsamaron mi anhelo.

Cuando contemplé ese cielo
siempre admiré tu grandeza
y bendije mi pobreza
obedeciendo tus leyes.
Fui más grande que los reyes
sintiendo Tu Realeza

Luchando con alegría
tuve fe, Señor clemente,
cuando arrojé la simiente
que por tu amor brotaría.

Y en un milagro nacía,
y en otro en frutos cuajaba,
y agradecido rezaba
a tu bondad infinita
por la cosecha bendita
que mis esfuerzos premiaba.

Cuando herido de traiciones
sentí sangrar mis heridas,
cuando en las horas temidas
me acosaron las pasiones,
recordé las oraciones
que mi madre me inculcó
y de nuevo a Ti volvió
mi espiritual sencillez
con esa grave honradez
que esta tierra me enseñó.

Sobre la tierra curvado
—profunda interrogación—
yo escribí tu religión
con los surcos de mi arado.

Y sepulté mi pecado,
mal cizaña en mí nacida
junto a simiente escogida
que con mi sudor regaba,
y con dolor enterraba
porque eran mi propia vida.

Señor, yo quisiera darte,
—ya que a mi pueblo le das
tu nombre que vale más
que cuanto pueda ofrendarte—
algo que pueda agradarte,
como una inmensa oración
donde te implore perdón
fundido en eterno abrazo
todo este pueblo de El Paso
del Sagrado Corazón.

Mas, soy tan pobre, Señor,
que de nada al fin soy dueño
porque hasta tuyo es el sueño
que mitiga mi dolor.

Tuyo el prodigio de amor
que en mis noches amanece,
y el milagro que florece
luz de tus ojos abiertos
en los almendros despiertos
donde tu luz esclarece.

Nada tengo que ofrecerte
como no sea obediencia
ante el temor de ofenderte,
servirte y obedecerte
para tu gracia esperar
y, mientras viva, rezar,
pedirte a voces perdón
y entregarte el corazón;
lo más que te puedo dar.
1949

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: El Catalino

31-12-2007

Carlos M. Padrón

Tampoco era de El Paso y tampoco sé de dónde vino; creo recordar que alguien dijo que era de un pueblo del norte de la isla.

Ocupó el kiosco que por años estuvo en la Plaza Nueva frente a la entrada principal de la iglesia. Era dado a la bebida, y cuando se le pasaba la mano se tornaba belicoso.

Un día de Semana Santa, terminada la procesión del Santo Entierro la gente se retiraba a sus casas, y luego regresaban La Plaza aquéllos que querían asistir a la Procesión del Retiro.

Yo fui uno de los que regresé, pero bastante antes de la hora de esa procesión, y al llegar al cruce de calles en la esquina de la Plaza Vieja, justo cuando subía a la acera donde, también por años, estuvo el mojón del kilómetro 1, noté que alguien venía corriendo, y gritando, por la calle donde estaba la barbería de don Pedro Gabino. Me detuve en espera de que apareciera, pero en cuanto lo hizo me lanzó una piedra que me golpeó en el costado izquierdo, a la altura de la cintura, y me noqueó instantáneamente. De haberme alcanzado en la cabeza me habría matado.

Las personas que me auxiliaron me dijeron, cuando medio desperté, que la piedra me la había lanzado El Catalino porque creyó que yo era uno de los muchachos que lo habían estado molestando por largo rato.

Éste tuvo también su anécdota romántica, pues estando un día cierta señora parada en la puerta de la venta de don Vicente Pino, en la Cruz Grande, vio que por la cuesta venía subiendo El Catalino. Como ella era, según entonces se decía, muy “zafada” (o sea, que decía y hacía cosas consideradas impropias de una dama), cuando El Catalino pasó frente a ella, y estando la venta llena de parroquianos, le dijo:

—Oye, Catalino, ¿quieres dormir conmigo esta noche?

Sin titubear ni inmutarse en lo más mínimo, El Catalino le respondió:

—No, gracias. Estoy comprometido.

Creo que de las anécdotas acaecidas en el pueblo, ésta era la que más risa le causaba a mi madre.

Refiere el amigo Juan Antonio Pino que su padre, don Antonio Pino, le contaba que El Catalino era tan fanático de todo lo frito que decía “¡Fritos me como yo hasta los moñigos de burro!». Y que un día, por algo como una afección intestinal, hubo de ser hospitalizado en estado grave, pero por más que el personal sanitario se esforzó no consiguió que El Catalino diera del cuerpo. Informado de que era necesario que lo hiciera, pidió que en el suelo, junto a su cama, le pusieran un saco.

Así lo hicieron, y entonces, con la debida ayuda, bajó de la cama, se puso de cuclillas sobre el saco y cagó a placer, mientras decía: “¡Muero en mi ley!”.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Josefita

24-12-2007

Carlos M. Padrón

La conocí como una viejita solterona, que vivía en el Camino Viejo y siempre vestía de negro y portaba una pequeña caja metálica en la que llevaba tabaco en polvo, pues su vicio era “fullar” (= inhalar) ese producto (como se ve, lo de inhalar coca tampoco es tan nuevo) y siempre tenía la nariz impregnada de él.

No era una pordiosera ni pedía limosna. Su rasgo folclórico consistía en que si alguien que la encontrara en la calle le pedía que cantara, ella contestaba que no podía porque andaba con prisas. Pero esto no pasaba de ser una excusa para hacerse de rogar, y a la segunda o tercera petición, guardaba en un bolsillo la cajita metálica, se acercaba a una pared y poniendo sobre ella los sarmentosos dedos de sus arrugadas manos comenzaba a accionar como si tocara el piano al tiempo que cantaba “Canta, pajarito, canta; canta al son del piano. Cai, cai”, como muy bien la representa Wifredo Ramos en este dibujo,

Y ahí finalizaba el concierto.

Al parecer, alguien desconsiderado, que no faltaba quien abusara de estas gentes, la tomó una vez por su cabellera y la introdujo por la boca de una aljibe como si fuera a soltarla para que cayera el fondo y se ahogara, y por eso cuando le preguntaban si creía en las brujas contestaba:

—Sí creo porque a mí me agarró una por los pelos y quería botarme en la aljibe.

Esther Padrón me recuerda algo que me dejé en el tintero: cuando a Josefita le preguntaban cuántos años tenía, su respuesta —muy femenina, por cierto— era siempre la misma:

—¡Veinticinco virando pa’quince!

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Brisa en la cumbre

De nuevo es la brisa el tema de otro hermoso poema de este autor. A uno publicado antes, Mensajera la brisa, adjunté una fotos de nuestra muy típica brisa; a éste adjunto otra, cortesía de Roberto González, tomada desde lo alto del Bidigoyo en el momento en que la bruma corona la Cumbre Nueva, y antes de comenzar a “caer” hacia el Llano de las Cuevas, extremo Este y más alto del Valle de Aridane.

Carlos M. Padrón

***

BRISA EN LA CUMBRE

Para A. Gómez Felipe, cordialmente.

En la quieta molicie de la tarde infinita
me llamaron las rosas de las nubes volantes,
la cascada de bruma de los vientos reinantes
que regaron la tierra con la lluvia bendita.

Bidigoyo y Behenauno, los eternos puntales,
Limitaron el río de la brisa impetuosa,
Que por toda la cumbre —mar de nubes— rebosa,
Cual la comba de gloria de los arcos triunfales.

Va cayendo en vellones de blancura celeste
con la gracia increíble de promesas aladas.
Tiene todo el encanto de las cimas nevadas,
Trae todas las furias de los vientos del Este.

Va cayendo y no cae… en riada incesante,
llega en lenguas de nubes al Santuario del Pino,
y lo besa y lo envuelve en fugaz torbellino
que se eleva a los cielos en la tarde inquietante.

Cataratas de espuma de los mares del cielo
perfumadas de lluvia y alocadas al viento,
os lleváis el mensaje del mejor pensamiento
y pasáis como sombras en el triunfo del vuelo.

Alumbráis con ensueños de blancura indecible,
como rayos de luna de las fuentes astrales,
y caéis con fulgores de luces siderales
en sonrisa de brumas de belleza increíble.

En la brisa despierta, que amanece en las vidas,
—agitada, revuelta, cantarina, soñada—
la hemos visto en las flores del almendro cuajada
y en las blancas mejillas de rubor encendidas.

Yo la he visto en las noches de mi vida andariega
luminosa cayendo sobre el Valle dormido,
y cantar en los árboles el vibrante alarido
de una fuerza sin nombre que de lejos nos llega.

Bienhechora del Valle, curandera de alturas
que en los mares ahogas impurezas de males.
¡Yo quisiera embarcarme en tus fuerzas vitales
y embrujar en tus nieblas mis soñadas locuras!

Y sentir la caricia de tus plumas ligeras
y el concierto solemne de tus músicas rudas
que llevaron las hojas de tus ramas desnudas
y los pétalos muertos de las rosas postreras.

1949

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: El manto de la Virgen

EL MANTO DE LA VIRGEN

La reina de los pinares
tiene un manto de esperanza
extendido hacia los mares
que hasta los cielos alcanza.
¡La virgen de los pinares!

Lo bordaron angelitos
con hilos de luz y estrellas,
y en sus pliegues infinitos
recrearon rosas bellas
sus colores inmarchitos.

La Madre buena del monte,
en el milagro del Pino
que domina el horizonte,
está guardando el camino
la Virgen santa del monte.

María de las Alturas,
envuélvenos en tu manto,
arriba en las espesuras
del monte, retablo santo,
pregón de eternas venturas.

¡Madre de los Campesinos!
¡Señora de leñadores!
alumbra en los verdes pinos
con incendiados amores
nuestros inciertos caminos.

Llévanos a tus altares,
a tus alturas benditas,
y esconde nuestros pesares
en ese manto que agitas
entre los verdes pinares.

1948

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Domingo el Bobo

10-12-2007

Carlos M. Padrón

Era un mendigo de uno de los barrios de la parte baja al oeste del pueblo, creo que de El Paso de Abajo, que, dado su aparente admiración por los arrieros, llevaba casi siempre consigo lo que allá llamábamos un zurriago, o sea, un látigo hecho con una vara de almendro, a guisa de mango, a uno de cuyos extremos va ataba una larga trenza de cuero, con la que se inflige castigo.

Al igual que Cuncún no usaba calzado, y sus enormes pies exhibían unos dedos ajados, con uñas melladas, moradas o ausentes, y unas plantas que recordaban la madera, no sólo por el color de las callosidades sino por la dura consistencia que parecían tener.

Para molestarlo o motivarlo, los muchachos solían decirle:

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y, con tono lastimero, contestaba,

—No pue’o, ‘toy enfermo.

De nuevo,

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y ya el tono de la respuesta era más iracundo que lastimero:

—¡Que no pue’o, coño! ¡‘toy enfermo!’

Y, a la tercera:

—Domingo, ¡a trabajar con los ingleses!

Y, por motivos que al menos yo ignoro y Wifredo también, la mención a los ingleses hacía que Domingo montara en cólera y, agitando con fuerza su látigo ponía en fuga a los muchachos. Pero Wifredo, sabedor de otros detalles acerca de Domingo, lo plasmó así en este dibujo:

Sabemos que los ingleses fueron quienes iniciaron en La Palma el cultivo del plátano, pero no qué tenía Domingo contra ellos.

Lo de que estaba enfermo no era difícil de creer porque de sus dos fosas nasales fluían constantemente unos torniquetes de mucosidad verdiamarilla que él no se molestaba en limpiar. Parecía como si tuviera un catarro permanente, pero, aunque dijera que estaba enfermo —eso se le tomaba como pretexto— no daba muestras de sentirse mal.

Ante esto, una señora que no salía de una afección gripal para entrar en otra, le preguntó molesta a don Juan Fernández, el médico del pueblo, por qué gente como ella, que se cuidaba bien, vivía siempre enferma y, en cambio, un Domingo el Bobo, que en nada se cuidaba, nunca se enfermaba. A lo que don Juan Respondió: «No es así, señora. No es que Domingo el Bobo nunca se enferme, es que nunca ha estado sano».

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Juan el Bobo

Carlos M. Padrón

De entre los que, según recuerdo, recibían el ‘apellido’ de Bobo, éste, también mendigo, era el menos bobo de todos; era bastante pícaro y hasta se aprovechaba de Cuncún cuando nadie los veía,… o él creía eso.

Usaba sombrero y bastón, como aparece en este dibujo de Wifredo Ramos,

y era dicharachero. No recuerdo dónde vivía ni quién era su familia, pero sí recuerdo muy bien que nunca faltó a ningún entierro, y era de los primeros entre los acompañantes del cortejo fúnebre de cualquiera que hubiera muerto en el pueblo.

Sé que Juan el Bobo y algunos otros de su condición mental y social fueron llevados a una especie de hospicio en Tenerife, donde murieron y nunca más supe de ellos. Pero no creo equivocarme al asegurar que si Juan el Bobo hubiera muerto en El Paso, habría dado lugar al entierro más multitudinario en la historia de nuestro pueblo.