[*FP}– Del baúl de los recuerdos: No me tocaba ese día

11/01/2008

Carlos M. Padrón

Cuando entré a trabajar en IBM de Venezuela ya José Francisco trabajaba allí, desde hacía un tiempo, alternando sus tareas como vendedor IBM —igual que yo lo fui después del ELT (= Entry Level Training, o cursos de entrenamiento inicial)— con otras propias de su profesión, lo cual ocasionaba que muchas veces anduviera escaso de tiempo y se retrasara en algunas de las importantes para IBM.

Eso molestaba a nuestro gerente, Jesse Alfonso —individuo eficiente en su trabajo, pero ambicioso de poder y de carácter autoritario— que parecía esperar la ocasión oportuna para salir de José Francisco, tarea nada fácil porque en la IBM de entonces —a la que hoy, no sin cierto aire peyorativo, llaman, en inglés, “regular IBM”, para distinguirla de la de ahora— despedir a un empleado era casi misión imposible dado el empeño de IBM en ofrecer a todos un trabajo de por vida.

A menos que el empleado robara, llevara a cabo dentro de la compañía otras acciones violentas o inmorales, o incurriera en la comisión de delitos considerados causa de despedido según la Ley del Trabajo, IBM no lo despedía.

A finales de 1972, DataEnd —un cliente asignado a José Francisco y que le había puesto los cuernos a IBM al irse con la competencia un par de años atrás, por lo cual IBM quería que se le diera excelente trato para ver de hacerlo volver al redil— se quejó, con o sin razón (vaya usted a saber), de falta de atención por parte de José Francisco, su representante IBM, lo cual bastó para que Jesse Alfonso le sacara a José Francisco la atención a DataEnd —o sea, “le sacara esa cuenta”, como decíamos en nuestro argot— y, porque Jesse Alfonso lo quiso así, me la diera a mí.

Como era natural y de esperar, este cambio no agradó a José Francisco; pero no fue tan natural que él me creyera culpable de lo ocurrido, y medio se enemistara conmigo arguyendo que le habían sacado la cuenta DataEnd porque yo había conspirado con Jesse Alfonso para que así lo hiciera.

Aunque eso no me gustó, pues no era cierto, no quise buscar pleitos sino que me dediqué a mi trabajo, y en especial, y desde enero de 1973, a DataEnd, pues no quería que ésta presentara quejas sobre mí como, supuestamente, lo había hecho sobre José Francisco.

Éste, por su parte, dado como era a los hobbies, adoptó el de coleccionar armas de fuego, pues Felipe Laredo, que también trabajaba en nuestra Sucursal, ya practicaba ese hobby desde hacía un tiempo.

El 05/09/1973, sobre las 11 de la mañana, la situación con DataEnd llegó a su punto, y aceptaron mi propuesta por un nuevo computador IBM main-frame con varios periféricos. Como el negocio era importante, a petición mía Jesse Alfonso fue a reunirse con el gerente de DataEnd, mientras yo me entregaba de lleno, ayudado por Milena Micaso, la secretaria de la Sucursal, a preparar los contratos.

Cuando tenía listo un borrador, tomaba un taxi y me iba a DataEnd. Allí, entre los tres —el gerente de DataEnd, Jesse Alfonso y yo— discutíamos sobre el caso, y cuando se acordaba alguna nueva modificación, yo tomaba un taxi de vuelta a IBM, donde, sin haber ido a almorzar, había quedado esperando Milena Micaso. Ella hacía en su máquina de escribir las debidas modificaciones, y yo, de nuevo en taxi, volvía otra vez a DataEnd con los contratos modificados.

Esto se repitió varias veces, y cuando era como la 1 de la tarde y yo estaba sentado en mi puesto de trabajo haciendo la modificación número ‘n’, entró José Francisco muy agitado.

Apenas verlo, Milena le contó que el negocio con DataEnd se firmaría en cuestión de horas. Aquí también cabe esperar que eso no le gustara a José Francisco, pero él, sin decir nada al respecto, se acercó al lugar que ocupaba en el mesón frente a mí —mesón que por un extremo estaba adosado a la pared— vio, por supuesto, que yo estaba preparando contratos, pero, permaneciendo en pie, se limitó a llamar a Felipe Laredo y, mostrándole una reluciente pistola plateada, le dijo con acento triunfal: “Felipe, ¡mira lo que conseguí!”.

Al tiempo que le explicaba en detalle cómo la había conseguido, comenzó a hacerle a Laredo una demostración mientras movía la pistola en un barrido de 45° que iba desde el mesón frente a ellos, donde yo estaba sentado, hasta donde estaba Milena Micaso —a la derecha de ellos— pasando por el lugar que ocupaba Manolo González, otro vendedor de la Sucursal que tenía su sitio —y estaba al momento sentado en él— en el mencionado mesón, a la derecha del de José Francisco y en diagonal con el mío.

Tanto Manolo González como Milena Micaso expresaron en voz alta y airada su inconformidad con lo que José Francisco estaba haciendo, pues —le dijeron— el arma podría dispararse y causar una tragedia. Y, además, Milena mencionó la prohibición de portar armas dentro de IBM. Pero José Francisco no hizo caso, se limitó a contestar que la pistola NO estaba cargada, y siguió con su demostración

Yo, no queriendo añadir leña al fuego, me limitaba a mirar de reojo, y seguía en la modificación de los contratos para, una vez listos, pasárselos a Milena y que ella los mecanografiara de nuevo.

De pronto, y apenas fracciones de segundo después de que yo inclinara un poco mi cabeza hacia el documento en el que estaba haciendo anotaciones, escuché el seco sonido de un disparo seguido de un alarido femenino, y sentí que algo áspero salpicaba mi cara.

Instintivamente, como para protegerme, hundí la cabeza entre los hombros y la incliné más hacia el escritorio, y luego, sin levantarla, alcé sólo los ojos hacia José Francisco y vi que en su mano, temblorosa, sostenía aún la pistola de cuyo cañón salía humo, y que, lívido y yerto como un cadáver, no apartaba la vista de algo que había en la pared por encima del punto en que la mesa estaba pegada a ella, y a una altura media entre su cabeza, estando él de pie, y la mía estando yo sentado.

Miré hacia donde así miraba él, y a escasos dos palmos por encima de mi cabeza vi en la pared un hueco que penetraba como un centímetro en el concreto, y que tenía unos 30 de diámetro. Sobre el escritorio estaba esparcido el friso arrancado por la bala que después de pegar en ángulo contra ese punto en la pared y abrir el hueco en ella, desvió su trayectoria hacia mi cabeza, que no alcanzó porque yo la había inclinado hacia el escritorio un milisegundo antes, y terminó estrellándose contra el piso a mi izquierda.

Manolo González se abalanzó sobre José Francisco con intenciones de golpearlo, pero Laredo se interpuso. Milena, a grito limpio, sacó a baleo a los ancestros de José Francisco, y a él lo llamó de todo menos bonito.

Le pedí a Milena que no se alterara más, pues no había pasado nada, y que, por favor, terminara los contratos porque el cliente me esperaba, bolígrafo en ristre, para firmarlos. Y ella así lo hizo, no sin antes mirarme extrañada por mi aparente tranquilidad y falta de emotividad ante lo ocurrido.

Cuando 5 minutos después del incidente, y mientras continuaba la reyerta verbal de Manolo González contra José Francisco, estuvieron listos los contratos, los metí en una carpeta, salí de la oficina a la calle, tomé un taxi para ir a DataEnd,… y apenas sentarme en la parte trasera del auto y cerrar su puerta tras de mí, comencé a temblar como un azogado. Las piernas me saltaban solas, sin control alguno; un sudor frío me bañaba todo el cuerpo, corriendo a chorros por mi rostro y mi espalda; un nudo en la garganta me hacía difícil respirar, y mis manos no se quedaban quietas.

Tartamudeando y apenas con un hilo de voz de tono angustiado, le di al chofer la dirección a la que yo quería ir, y soné tan mal que el hombre giró en su asiento para poder verme de frente y, preocupado, me preguntó si yo me sentía bien. Con un gesto de mi cara y mi mano le di a entender que sí, y el taxi se puso en marcha.

Afortunadamente, pues aún eran horas del mediodía, había bastante tráfico y eso me dio tiempo de medio recobrar la compostura para cuando llegué por fin a la oficina del cliente,…. ¡que me firmó los contratos! Con eso alcanzaba yo el 360% de mi cuota anual, y me hacía acreedor a todos los premios de ventas previstos ese año por IBM de Venezuela.

Ya en el taxi que me llevó de vuelta a IBM caí en cuenta de que José Francisco estaba acabado, pues Jesse Alfonso tenía ya el tan esperado motivo para salir de él, y no precisamente transfiriéndolo a otra unidad dentro de la compañía, sino despidiéndolo.

Pero lo más grave era que todo el que en IBM conociera el problema que José Francisco se había inventado acerca de mí y su pérdida de la cuenta DataEnd —y, como mínimo, toda la fuerza de ventas conocía ese problema— estaría predispuesto a pensar que el disparo no había sido accidental, sino intencionado porque yo estaba a punto de firmar ese día el contrato que él habría podido lograr si no le hubieran sacado esa cuenta. Y eso, además de despido, era posiblemente cárcel.

Y de pronto mi alegría por la excelente venta se vio empañada por el triste destino que esperaba al pobre José Francisco, un hombre casado y con hijos.

Con estos sentimientos encontrados —alegría por la venta lograda, y tristeza por lo que esperaba a José Francisco— llegué de regreso a la oficina. José Francisco no estaba allí, lo cual vi como normal. Milena, Manolo y Laredo me abrazaron y felicitaron por el éxito en la venta, pero enseguida me sentaron y me contaron lo que habían acordado apenas yo había salido para DataEnd después del disparo y desde que, emocionalmente destruido, José Francisco se había retirado sin decir palabra.

Si lo ocurrido allí ese mediodía salía fuera de nuestro conocimiento —me dijeron— José Francisco estaba perdido; le ocurriría exactamente lo que yo temía, y eso era demasiado, pues ninguno de nosotros creía que el disparo había sido intencional. En consecuencia, ellos propusieron —y yo acepté de inmediato, y con un tremendo alivio— que todos cerráramos la boca y no dijéramos ni pío, no sólo acerca del disparo sino también acerca de la traída del arma al interior de la oficina.

Y para ocultar el corpus delicti habían conseguido un afiche promocional de la convención de ventas a celebrarse el próximo año, y lo habían pegado de forma que tapara totalmente el hueco que la bala había hecho en la pared.

Cuando en la tarde llegaron los demás miembros de la Sucursal, todos supieron de la venta a DataEnd, hicimos planes para celebrar al final de la jornada,… y se les dijo —también a Jesse Alfonso— que el afiche pegado en la pared, junto a mi puesto de trabajo, era una especie de reconocimiento anticipado, y de recordatorio para todos, de que los premios de esa convención que anunciaba el afiche eran, desde ya, para Carlos Padrón. Todos “compraron” la historia, y nosotros —Milena Micaso, Felipe Laredo, Manolo González y yo— cumplimos nuestra promesa de hermético silencio.

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José Francisco estuvo desaparecido por un par de días, esperando en su casa, según le dijo después a Laredo, a que de IBM lo llamaran para que pasara por el Departamento de Personal a finiquitar su liquidación de despido. Pero como no lo llamaron decidió volver al trabajo.

Laredo fue el encargado de explicarle lo de nuestro pacto de silencio, y él, creo que más por pena que por orgullo, nunca me dijo nada sobre el disparo ni yo se lo mencioné, pero poco a poco comenzó a hablarme de nuevo hasta que, a la vuelta de un mes, podría decirse que su relación conmigo era “normal”.

En abril de 1975 nos mudamos al Edf. IBM, en Chuao, y sólo entonces, al retirar el afiche que desde septiembre de 1973 había permanecido ocultando el corpus delicti, Jesse Alfonso vio el hueco, preguntó qué diablos era aquello, y Milena Micaso, sabiendo que ya era tarde para sanciones, le contó la historia del disparo.

Y así fue ella quien pagó los platos rotos, pues Jesse Alfonso montó en cólera porque le habían birlado la oportunidad, por él tan deseada, de salir de José Francisco al menor costo.

~~~

A poco de estar en Chuao, José Francisco fue transferido a otra área de la compañía, y a comienzos de los años 80 dejó IBM, sin que nunca más habláramos del disparo. Y pocas veces lo vi desde entonces.

Cuando a comienzos de 1996 regresé de España me lo encontré un día en un curso. En el intermedio, o coffe-break, me llevó fuera del aula, me saludó con visibles muestras de alegría, y me contó de los avatares de su vida desde que había dejado IBM, que no habían sido pocos.

Allá por marzo del año 2002 nos contactamos por Internet y comenzamos a intercambiar chistes. A mediados de junio de ese año me contó, siempre por Internet, que estaba por tomar vacaciones hasta septiembre pero que antes quería invitarme a que almorzáramos juntos.

Él fijó fecha, hora y lugar, y allí estuve yo, puntual y según lo convenido. José Francisco había llegado antes y escogido mesa, y al momento del café adoptó un aire solemne y me dijo:

—Desde hace mucho tiempo tengo una deuda contigo, y he decidido pagártela antes de irme de vacaciones.

—Que yo sepa, nada me debes—, fue mi respuesta.

—Eso creerás tú, pero yo siento que estoy en deuda contigo desde aquel día, hace 30 años, cuando estuve a punto de matarte de un tiro. Te juro que el tipo que me vendió la pistola me aseguró que estaba descargada, y yo, de pendejo, lo creí sin comprobarlo.

Y metiendo su mano bajo la mesa sacó lo que parecía ser un cuadro ya enmarcado pero cubierto con papel, y al ver mi cara de extrañeza me preguntó qué creía yo que era aquello. Le dije que un cuadro, y él me confirmó que sí, que era un cuadro al óleo que a principios de 1972 le había comprado a un pintor que había expuesto en el Hogar Canario-Venezolano, en Caracas, y que lo que le había gustado de ese pintor paisajista era que en sus óleos usaba tierra del lugar que pintaba. Este cuadro, que él quería regalarme —me dijo—, era un óleo campesino de Canarias, y en ese óleo había, mezclada con el aceite de la pintura, tierra del lugar que el pintor había plasmado en su obra.

Colocó el cuadro sobre una silla frente a mí, le arrancó la envoltura de papel, y se volvió curioso a mirar mi reacción.

Cuadro de JFLa cara que puse cuando analicé el cuadro que muestra esta foto, sobre todo el monte del fondo y las nubes blancas sobre él, le extrañó mucho a José Francisco, pues mi expresión tuvo que ser de una gran incredulidad porque ése fue el sentimiento que me embargó en grado sumo.

—¿Estás seguro —le pregunté— de que no sabes de dónde es ese paisaje?

—Charlie (él solía llamarme así), te juro que sólo sé que es de Canarias, y que creí que por eso te gustaría. Lo he tenido en mi casa durante 30 años pero quiero regalártelo. ¿Es que no te gusta?

—Pues la pegaste, José Francisco, porque ese paisaje, lo creas o no, ¡es de mi pueblo natal! El monte al fondo es La Cumbre Nueva, y la nube blanca sobre ella es nuestra famosa “brisa” comenzando a hacer su aparición. ¡Eso es inconfundible!

Y ahora fue él el asombrado, y hasta el emocionado porque, me dijo, así el regalo tendría para mí mayor valor, lo cual era muy cierto.

~~~

Cuando en 2003 fui a El Paso, con la ayuda de Chepina y guiándome por los detalles de la foto que adrede me llevé conmigo, comencé a ubicarme para tratar de dar con la casa del óleo. Llegamos al Camino Viejo, barrio en el que, de seguro, tenía que estar o haber estado esa casa, pero no terminaba yo de encontrarla.

En el lugar conocido como Los Cuatro Caminos, en el Camino Viejo, entramos en una venta de comestibles, como un abasto, y al mostrarle la foto a la señora que atendía detrás del mostrador, y que supo enseguida quién era yo, ésta me dijo sin más:

—¡Vaya, Carlos, cómo no! Ésa es la casa de Juana Marcelo. La recuerdo bien porque yo me crié en la que está casi enfrente.

Y acto seguido nos explicó cómo llegar —subiendo por el mismo camino, unos pocos metros antes del abrevadero de la Montaña Colorada, a la izquierda— pero también nos advirtió que de la casa, tal y como se veía en la foto, casi no quedaba ya nada.

Efectivamente, una vez en el lugar pude encontrar el punto exacto donde el pintor había colocado su caballete, y desde ese punto tomé esta foto que deja claro que el pintor, haciendo uso de las licencias que le facilita su arte, acercó La Cumbre Nueva a la casa para darle a ésta un fondo, o más bien un marco, de mayor resalte.

Casa del cuadroLo que señala la flecha azul es lo que hoy queda de la casa que ilustra el óleo pintado en 1972, óleo que desde 2002 está colgado en el salón de mi propia casa, no sólo como lugar apropiado para un paisaje de mi querido pueblo, y que contiene tierra de él, sino como recordatorio de que el 05/09/1973 no me tocaba morir.

Gracias, “José Francisco”, por el cuadro y por el accidental disparo, pues de no ser por él, el cuadro no estaría donde está.

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Commentarios

Comment from charo [Visitor]
Time 18/01/2008 at

Vaya historia la que cuentas, parece sacada de una película de intriga. Que cierto es que la realidad supera siempre la fantasía. Saludos. Charo

Comment from Carlos M. Padrón [Member]
Time 18/01/2008 at

Como ya dije, la segunda y última parte, que saldrá el próximo viernes, es más de esas cosas que sólo se ven en las películas de ficción.

¿Y dónde está el doble punto? ¡Cosas de ficción!clip_image001

Comment from Manuel A. Gutiérrez [Visitor]
Time 18/01/2008 at

Estimado Carlos, estoy seguro que Manolo González compartió momentos de nerviosismo y luego de alegría al haber logrado tus objetivos y los de la IBM. Sin duda alguna salvaron a José Francisco de muchas penalidades.

Milena Micaso creo que le escondió el incidente a Jesse Alfonso, al igual que muchos de los que fueron testigos de lo sucedido, por un corto tiempo.

¡Qué historia tan increíble, que no se encuentra dentro de los archivos de IBM! ¡Qué maravilloso episodio en tu vida y en la de quienes lo vivieron contigo! Sobre todo lo sucedido treinta años después. Ese 05/09/73 pudo haber sido tu último día, pero no era tu día para ese fin. El Sr. José Francisco volvió a vivir o renació.

Manny Guty

Comment from charo [Visitor]
Time 18/01/2008 at

Me encantan las historias que acaban bien y el óleo es precioso, tiene una gran fuerza. saludos. Charo

Comment from Silvia de Navarro [Visitor]
Time 21/01/2008 at

Carlos, ¡qué historia tan interesante¡ pero sobre todo resalta tus valores personales e integridad, así como el aprecio por esos pequeños detalles y el amor a tu tierra. Chepina, como siempre, apoyándote en tus vivencias. El regalo de José Francisco me imagino que debe ser uno de los mejores que hayas recibido.

Cariños y felicidad para ambos.

Comment from Carlos M. Padrón [Member]
Time 21/01/2008 at

Pues sí, Silvia, ese regalo tiene para mí un valor especial, no sólo por la imagen del óleo sino por cómo éste llegó a mí. Parece ser una confirmación del dicho de que no hay mal que por bien no venga, o, de este otro que me gusta más: “Nada ocurre por azar”. Hace tiempo que no creo en casualidades.

[*FP}– De Carpádrez: Balance de 40 años de vida laboral

1997

En el bagaje de experiencias y recuerdos que después de 40 años de vida laboral he acumulado, no destacan los éxitos profesionales, los premios o los reconocimientos recibidos de mis superiores, sino la percepción de la realidad y de mí mismo que mis pares, y sobre todo mis subordinados, me enseñaron, y la satisfacción de haber podido ayudarles.

Carlos M. Padrón

[*FP}– De Carpádrez: "Rehacer la vida"

1997

La mayoría de las mujeres con quienes he hablado al respecto opinan que un hombre como yo, al igual que cualquier otro en mi condición ─divorciado y muy cerca de los 60─ debe buscar pareja estable o, para usar la expresión que ellas más usan, debe ‘rehacer su vida’.

Salvo contadas excepciones, las razones que me dan son cuatro:

Por lo menos hasta el momento ni siquiera las cuatro razones juntas justifican para mí la formalización de un vínculo de pareja estable, pues lo que yo espero de ésta es algo más, algo de índole menos material y más elevada, menos de actitudes y más de valores.

Lo que hay tras esas cuatro razones es, aunque válido, algo que se puede fingir y comprar; lo que hay tras lo que yo busco, no.

Carlos M. Padrón

[*FP}— 20 años de mi ‘opera prima’: SUICHE 7B

13/11/2007

Carlos M. Padrón

Por la parte que me corresponde en la creación y puesta en marcha de la Corporación SUICHE 7B, C.A., fundada el 31/08/1987, considero a SUICHE 7BSU Ingreso Cómodo Hacia la Electrobanca los 7 días Bancarios cada semana— el feliz resultado de la opera prima de mi vida profesional.

El pasado martes 30/10/2007 tuvo lugar la celebración de su 20° aniversario,

En ese evento se destacó cómo SUICHE 7B ha sido referencia para proyectos similares en varios países de América Latina, y se dieron las cifras que al momento maneja. Al escucharlas no pude menos que sorprenderme, y no porque las comparara con las de su primer año de vida, cuando arrancó, el 8/8/88, con sólo cuatro Bancos (Provincial, Venezuela, Caracas, y Venezolano de Crédito) que interconectaron entre ellos apenas 50 cajeros automáticos, o ATMs (= Automated Teller Machine), sino con las que tenía a finales del año 1999 cuando, al dejar yo IBM, perdí —y no por mi gusto— el contacto que con SUICHE 7B había mantenido desde su gestación.

Las cifras dadas para el período Sept./2006-Sept./2007 son las siguientes.

1.- Red actual

Esta conformada por más de 5.300 ATMs, ó 75% de los 7.107 que existen en el país, y por las siguientes 22 Instituciones Financieras, listadas en orden alfabético;

• Agrícola de Venezuela
• Banesco
• Banfoandes
• Banorte
• Canarias de Venezuela
• Confederado
• Caribe
• Carona
• Casa Propia
• Del Sur
• Del Tesoro
• Exterior
• Federal
• Guayana
• Industrial de Venezuela
• Mi Casa
• Nacional de Crédito
• Occidental de Descuento
• Provincial
• Sofitasa
• Venezolano de Crédito
• Venezuela

2.- Servicios que presta

a) Enrutamiento de transacciones en las operaciones de ATMs entre los Bancos afiliados, que permite efectuar,
– Retiro de efectivo
– Consulta de saldos
– Transferencia entre cuentas en el mismo Banco
– Avance de efectivo con tarjetas de crédito.
– Administración de reclamos de operaciones POS (Punto de Venta)

b) Interconexión con la red Conexus

c) Administración front-end de ATMs de terceros, para conexión directa y procesamiento, monitoreo y desarrollo de transacciones

d) Compensación y liquidación interbancaria

e) Servicio del Sistema de Control de Riesgos Electrónicos para prevención de fraudes

6.- Volúmenes

• Transacciones procesadas acumuladas: 106.453.584 (un crecimiento del 13% con respecto a septiembre del 2006).

• Acumulado de bolívares dispensados: 7.160.005.477.000 (un crecimiento del 56% con respecto al cierre de septiembre 2006).

• Promedio diario de transacciones: 394.272, y Bs 26.518.538.000 en retiros efectuados.

• Promedio mensual de transacciones: 11.828.176, y Bs 795.556.164.000 en retiros efectuados.

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Foto de del equipo fundador de SUICHE 7B (falta Antonio Díaz, Vicepresidente de Informática del Banco Venezolano de Crédito), tomada en agosto/1988.
De izq. a derecha.- De pie: Jaime Puig, Vicepresidente Ejecutivo del Banco Provincial; Gilberto Quezada, Vicepresidente de Informática del Banco Caracas; Carlos M. Padrón, Gerente de Sucursal Finanzas de IBM de Venezuela, y líder del proyecto CTP→SUICHE 7B por parte de IBM; Alfredo Vitale, Vicepresidente del Área Comercial del Banco Provincial y abogado a cargo de la parte legal de SUICHE 7B. Sentados: Carlos Garrido, Vicepresidente Ejecutivo del Banco de Venezuela; Orlando Lókpez, que si bien no formó parte del equipo fundador, fue el primer gerente general que tuvo la Corporación SUICHE 7B una vez fundada.

Y publicada, al igual que la que la mía que sigue, en la revista “Contacto IBM”, en una edición especial con motivo de los 50 años de IBM de Venezuela, cuya portada, como aquí puede verse, fue alusiva a SUICHE 7B.

Foto mía publicada en la mencionada revista.

Esta foto me fue tomada durante una entrevista en relación a SUICHE 7B, y como dije a quien me entrevistó, lo de SUICHE 7B fue un acuerdo histórico porque nunca antes se habían puesto de acuerdo cuatro bancos venezolanos para adelantar un proyecto común de iniciativa propia.

En la consecución de esa meta, como líder del proyecto por parte de IBM le puse a éste el nombre de CTP (Computación por TeleProceso) y recorrí, desde enero de 1985 y más de una vez, todas las ciudades en las que algún banco tuviera su sede principal, haciendo a los presidentes y varios directivos de prácticamente todos los del país, presentaciones detalladas de CTP, o sea, de los qué, cómo, cuándo, cuánto y dónde del proyecto que se quería llevar a cabo.

Y, como muy bien dijeron Pedro Mazzei y Rosa Masferré en sus comentarios, vender CTP a los bancos me fue difícil, pero mucho más difícil me fue venderlo dentro de IBM. En el esfuerzo de lograrlo vi los primeros indicios de lo que, en mi opinión, motivó el gran cambio que esa compañía experimentó poco después.

Un ejemplo de la gran oposición interna a CTP lo vivió Alejandro Rivero, entonces Presidente y Gerente General de IBM de Venezuela, con un jerarca de la sede central de IBM en New York, uno cuyo apoyo era importante para la aprobación de CTP y que, a raíz de una presentación que de ese proyecto le había yo hecho en su oficina en New York, deduzco que, siendo un burócrata, entendió bien que, si CTP tenía éxito, IBM tal vez ganaría mucho al final, pero, si ese proyecto continuaba adelante, no sería ‘tal vez’ sino seguro que él iba a tener más trabajo.

Después de que, afortunadamente, yo le había contado a Alejandro mi experiencia en New York con el tal jerarca, éste llamó a Alejandro y le pidió que abortara “ese proyecto de Carlos Padrón porque, además de que no se parece a nada que IBM haya hecho antes, está en manos de Padrón, que es un tipo muy desordenado”.

La respuesta de Alejandro, quien se había comprometido con los bancos promotores y en su posición tenía la autoridad para darla, fue: “Fulanito, lo que Carlos Padrón te presentó no es su proyecto, es el de IBM de Venezuela. Tal vez algo como el Proyecto CTP no se haya hecho antes en IBM, pero siempre hay una primera vez, y, en este caso, varios de nuestros muy buenos clientes entre los bancos venezolanos quieren ese proyecto. Por otra parte, Carlos Padrón podrá tener todos los defectos que quieran ponerle, pero es el tipo más endemoniadamente ordenado que he conocido en mi vida. Por tanto, el Proyecto CTP seguirá adelante”.

De inicio, los bancos promotores fueron el Venezuela y el Provincial, y después aceptaron Banco Caracas, y Banco Venezolano de Crédito. Luego fueron incorporándose más y más hasta llegar a los de la lista precedente, aunque de ella faltan los que desaparecieron durante la crisis financiera de 1994.

1988 fue el gran año para IBM de Venezuela, y no porque conmemorara su 50° aniversario, sino porque en resultados finales de ventas, y gracias al producto del proyecto CTP→SUICHE 7B, quedó, por primera vez en su medio siglo de existencia, a la cabeza de todos los países de América Latina, a pesar de no ser el mayor de ellos.

Como causa y efecto de CTP→SUICHE 7B, todos en la línea jerárquica de marketing a la que yo pertenecía, que de de abajo hacia arriba éramos:

1. Tres de los gerentes que en 1988 reportaban a mí, a saber,
• Jesús Enrique Zambrano, Marketing Manager
• Raimundo Hevia, Marketing Manager
• Roberto Pederzoli, System Engineer Manager

2. Yo mismo, Carlos M. Padrón, Gerente de Sucursal Finanzas, la que se ocupaba de las ventas al sector financiero (Bancos, Seguros, Financiadoras, etc.).

3. Víctor Almeida (aka FEBO) Gerente Nacional de Operaciones; y,

4. Wilmer Gueçaimburú, Presidente y Gerente General, el jefe máximo.

Todos, repito, ganamos en 1988 el Golden Circle (= círculo de oro), el mayor premio de ventas que otorgaba IBM y que el 24/05/1989 nos fue entregado en San Francisco (California, USA) en el acto de premiación en el que IBM de Venezuela prácticamente arrasó con los trofeos disponibles.

Y eso se debió a que 1988 fue también mi gran año en IBM, y la posibilidad de liderar de su lado CTP, el proyecto que en realidad arrancó —repito: para IBM arrancó, no culminó, como creyeron algunos— con la puesta en marcha de SUICHE 7B, me fue dada en diciembre de 1984 por Alejandro Rivero, entonces Presidente y Gerente General de IBM de Venezuela, quien además fue ante la sede central de IBM, en New York, incondicional defensor del mismo, y me brindó su apoyo personal en todo momento, como en el caso referido en que se me tachó de desordenado.

Por este medio hago llegar a Alejandro mi público agradecimiento, pues CTP→SUICHE 7B fue para mí una verdadera tabla de salvación, no sólo en lo profesional sino también en lo personal.

Esta foto de Alejandro apareció en el mismo número de “Contacto IBM” antes mencionado:

Integrantes del equipo fundador que estuvimos presentes en la celebración, el 21/11/2002, del 15° aniversario de SUICHE 7B:

De izq. a derecha: Antonio Díaz, Jaime Puig, Carlos Garrido, Carlos Padrón, y Gilberto Quezada (q.e.p.d). Quienes al momento de la creación de SUICHE 7B eran representantes, respectivamente, de: Banco Venezolano de Crédito, Banco Provincial, Banco de Venezuela, IBM, y Banco Caracas.

¡Cómo pasa el tiempo! En este caso, al menos ha permitido que uno vea crecer a sus hijos.

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Por cortesía de Giovanni Novellino recibí ayer, 12/11/2007, las siguientes tres fotos tomadas durante la celebración motivo de este artículo.

En dos de ellas aparezco con cara que pone en evidencia los estragos de una afección bronquial, que para ese momento tenía ya 17 días y que aún no me abandona, y que hizo aconsejable que yo usara cuello de tortuga para proteger mi garganta.

Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao con el conjunto Ensamble Gurrufío. A cargo de ellos estuvo la parte artística de la velada.

De izq. a derecha: Francisco López, de SUICHE 7B, Carlos M. Padrón, y Francisco Pacheco, de Diebold OLTP.

De izq. a derecha: Félix Gallo, Presidente y Gerente General de IBM de Venezuela; Giovanni Novellino, Gerente General de SUICHE 7B; Rodolfo Gasparri, Vicepresidente de Informática de Banco Mercantil; y Carlos M. Padrón.

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Comentarios, Notificaciones de enlace (Pingbacks)

Comentario de: Anna Colucci [Visitante]

Carlos, las fotos me llamaron la atencion… sobre todo la foto en la que aparece la pipa … los tiempos realmente han cambiado … en este momento, seria casi peor entrar a IBM con con una pipa/tabaco que entrar con un revolver ! La historia de los 20 años de Suiche me recordo mi propia entrada a IBM… paso en el mismo año ! Y me recordo que por un poquito, casi casi entraba a Finanzas a trabajar contigo.

03/11/2007 @ 21:06

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Comentario de: Rosa Masferré [Visitante]

Carlos, me emocionó muchísimo este artículo. Sabes que te apreció y, además, eres una de las personas que admiro por la perseverancia y el tesón que pones para alcanzar las metas planteadas. Los que lean el artículo y no conozcan la organización IBM deben saber que tratándose de una corporación tan grande, lograr coronar un proyecto tan complejo como SUICHE 7B, requirió de parte de Carlos como líder unas habilidades y destrezas inusuales que se encuentran en poquísimos empleados, me atrevo a decir que a nivel mundial.
¿No tienes ninguna foto de la reunión que hiciste en tu casa para celebrar la puesta en marcha de SUICHE 7B?

05/11/2007 @ 21:29

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Comentario de: Pedro Mazzei [Visitante]

Carlos, mis sinceras felicitaciones .. vi muy de cerca tu tenacidad para llevar este proyecto adelante, creo que peleaste más dentro de IBM que con los clientes .. las ganaste todas !!!!

06/11/2007 @ 13:17

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Comentario de: Adolfo Casulo [Visitante]

Estimado y bien querido Carlos,
Con gran admiración hacia tu persona te envío mis felicitaciones por este grandioso logro tecnológico que viví de cerca dentro de IBM de Venezuela y doy fe de tu gran exitazo, manejando este gran proyecto a tu cargo.
Muchos saludos y recibe un fuerte abrazo.

06/11/2007 @ 14:49

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Comentario de: Debora Dorfman [Visitante]

Hola!!!!: FELICITACIONES!!!!!!!!!!! se lo duro que trabajaste por llevar adelante este proyecto y hacerlo una realidad!!!!!

07/11/2007 @ 07:46

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Comentario de: Eduardo Garcia [Visitante]

Muy buenas las fotos y ademas esos logros traen grandes satisfaccines de proyectos bien logrados.
Saludos como siempre y gracias

07/11/2007 @ 09:29

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Comentario de: Juan Antonio Pino Capote [Visitante]

Tienes razón Carlos. Para mí, ese testimonio de tu compañero Pedro Mazzei, vale más que cualquier reconocimiento por parte de IBM u otras instituciones.
Para nuestro pueblo de El Paso es un orgullo. Y eso es algo más que un piropo merecido.

07/11/2007 @ 12:20

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Comentario de: Carlos M. Padrón [Miembro]

Me he llevado un disgusto y también una grata sorpresa. La grata sorpresa, por el contenido y autor de cada uno de los varios comentarios. El disgusto porque el sistema no me había avisado de ninguno de ellos; Juan Antonio Pino me alertó por e-mail, vine a revisar y aquí estaban y, por tanto, no los había visto ni revisado ni publicado ni contestado. Mis disculpas, y MIS GRACIAS A TODOS.
Creo que Ana tiene razón en dos cosas: en lo de la pipa y en que estuvo en «riesgo» de ir a trabajar conmigo. ¡Te salvaste! 🙂 🙂
Sí, Rosa, tengo muchas fotos de la reunión que llamé «La quema de CTP». Veo que no la has olvidado. Me has dado una idea. Gracias.

10/11/2007 @ 08:23

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Comentario de: Germán Álvarez [Visitante]

Carlos, de veras que debe darte muchísmo orgullo que haya permanecido en el tiempo este esfuerzo. Debe haber sido bien interesante todo el proceso de planificación y justificación dentro de IBM cuando ese concepto de servicios de tercerización no existía. Coincido con Rosa Masferré en que tus habilidades y personalidad influyeron positivamente en que esta iniciativa se concretara. Además tu iniciativa de documentar, de servir de cronista, es también digna de reconocimiento.

13/11/2007 @ 16:08

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Comentario de: Nelson Fermin Biardeau [Visitante]

Grandes momentos gracias a tu perseverancia. Felicidades por tu exito. nelson

13/11/2007 @ 16:57

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Comentario de: Alberto Lopez Tabares [Visitante]

Carlos, nuevamente, felicitaciones!!!!! Siempre se ha visto y se vera tu tenacidad en los proyectos en los cuales has y estas participando. Por las fotos me queda decir: «QUE TIEMPOS AQUELLOS», y estos son los momentos en que uno recuerda los bellos y gratos ratos que vivimos en aquella IBM que uno siempre recuerda. Aprovecho esta para tambien dar un gran saludo y abrazo a todos aquellos compañeros IBEMISTAS que de alguna manera ven tu blog.
Abrazos, Alberto

13/11/2007 @ 18:43

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Comentario de: Albertina López [Visitante]

Felicitaciones, Carlos. Esas son las satisfacciones que le quedan a quién hace su trabajo con entusiasmo y mucho cariño. No importa el tiempo ni todo el empeño, lo importante es lo que queda.
Albertina

13/11/2007 @ 20:36

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Comentario de: Ana Teresa Gomez [Visitante]

Carlos, que alegria recordar aquellos tiempos. Tu fuiste un pionero y sumamente creativo.
Saludos, Ana T.

13/11/2007 @ 21:37

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Comentario de: Carlos M. Padrón [Miembro]

Y tú, Anaté, me ayudaste mucho con el bendito papeleo. ¿O no? También pudiste poner trabas, pero no lo hiciste, y eso habla a tu favor.

13/11/2007 @ 22:04

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Comentario de: María Luisa Olsen [Visitante]

Usted fue nuestro profesor, asesor y guía en aquella memorable presentación…Siempre la tengo presente…Felicitaciones..Pionero de lo que aún se mantiene y mantendrá vigente….Vale…
Saludos,
María Luisa Olsen

14/11/2007 @ 01:06

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Comentario de: Alberto Lema S. [Visitante]

Carlos Felicidades!!!, que tiempos aquellos tan “Excitantes y Revolucionarios», me refiero a esos «Milestones» Tecnológicos de la Banca en Venezuela, creo que después del primer sistema «On Line», que gesto IBM en el país, el SAFE, son hitos que marcaron pauta y vanguardia, con visión de futuro, mas aun el tesón y esmero que pusieran para que se hicieran realidad gracias a gente como tu, aunque yo no estaba en tu Sucursal en esa época de IBM, siempre te considere un ejemplo a seguir, aunque mi pasión en ventas y desorden creativo no lo permitieron, pero me fue muy bien también en un poco mas de 23 años allí.
Lo que no entiendo es como el gringo de NY, decía que eras desordenado…todo lo contrario, tenias un sistema de seguimiento y control que no te quiero contar…, al menos esos decían tus subordinados. Por lo persistente, constante y tal vez un poco de testarudo, poeta y loco… (todos tenemos algo de eso, nos se si por la contaminación de la virosis tecnológica de largos años dentro d e IBM o la genética misma…)
FELICITACIONES de nuevo!! Carlos, te tendré muy cerca para los consejos profesionales en este tema que ahora esta nuevamente esta evolucionando en Venezuela… por los retos de los servicios que se apoyan en estos ATMs de nueva generación!!!!, que dispensan y reciben de todo!!!!, ya no solo dinero…

14/11/2007 @ 08:28

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Comentario de: Catira7 [Visitante]

Y digo yo, ¿por qué diantre a la gente se le jubila cuando más experiencia tiene y cuando puede disfrutar de sus obras en sus puestos de trabajo?
No hay más que ver tu labor en este blog para comprobar que todo a lo que metes mano es un acierto y un éxito. Qué pena que tengan tan desperdiciada una mente como la tuya, que todavía puede dar más triunfos en cualquier empresa que acometas. Me he emocionado mucho, ¿y yo pa’no, verdad? Muchas de estas cosas no las conocía. Gracias por dejarme saber más de ti. Cada día me sorprendo más
¡¡¡¡Mil felicitaciones!!!! y que la vida te retribuya tanto como has dado y nos sigues dando, maestro.
Un fuerte abrazo y un beso.

14/11/2007 @ 21:57

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Comentario de: Esther V.Aguilar [Visitante]

Gracias, por enviarme este documento, en el cual se encuentra Gilberto Quezada mi esposo con el cual tambien viví entre comillas el trabajo enorme que tenian todos, muchisimas gracias por poder revivir esos tiempos.
Mil felicidades a todos con mucho cariño
Esther

17/11/2007 @ 15:28

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Comentario de: Carlos M. Padrón [Miembro]

Gracias a usted, Sra. Esther. Fueron muchos los años de trato, y del bueno, que tuve con el amigo Gilberto, y su muerte me impactó sobremanera. Al igual que muchos otros que para bien pasaron por mi vida, el amigo Gilberto vivirá siempre en mi agradecido recuerdo.

17/11/2007 @ 15:46

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Comentario de: Fernando Camacho. [Visitante]

Don Carlos: Me siento plenamente agradecido de no «haberme salvado» de trabajar con Ud. en el Sector Finanzas, como menciona Ana. Como discípulo suyo, en varias ocasiones me ha correspondido hacer tradición oral de su historia como uno de los pioneros de la innovación bancaria en nuestro país. SAFE, como mencionó Alberto Lema; SUICHE 7B, objeto de este artículo; PLA/ASE; la traída a Latinoamérica de los Modelos de Information FrameWork, diez años después convertidos en productos para Inteligencia de Negocio específicos de industria y procesos bancarios para servicios financieros, base para la nueva moda SOA; entre otros ejemplos, dan cuenta no sólo de su visión anticipada de los caminos por donde se desarrollaría el negocio bancario, sino de su perseverancia para convertir esos caminos en realidades concretas, de uso en la sociedad. Aprendí que eso precisamente hacen los innovadores: Insertan los inventos en la sociedad.
Felicitaciones por el 20 aniversario de una de sus innovaciones más lograda, y gracias por el privilegio de haberme permitido trabajar con Ud.
Saludos,
Fernando.

04/12/2007 @ 11:18

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Comentario de: Carlos M. Padrón [Miembro]

Muchas gracias, Fernando. Tal parece que sí sacaste provecho de tu paso por el Sector Finanzas, lo cual celebro. Todo esto que escribes amerita una respuesta que, por lo larga, te daré por e-mail. Un abrazo, y gracias de nuevo.

04/12/2007 @ 20:56

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Comentario de: Mardely Vega [Visitante]

Querido Carlos, tenia anotado contestarte en MIS ….. PENDIENTES CON …. (nunca los olvidaré!!). Mis felicidades por este artículo que mantiene vivas muchas historias en la mente de cada uno de nosotros!! Gracias por las enseñanzas que aún hoy día nos sigues dejando. Eso habla mucho de tu espíritu de mejorar, exigir y enseñar!!!
Un beso grande, Mardely

13/12/2007 @ 23:24

[*FP}– De Carpádrez: Características subjetivas y coyunturales

1997

Algunas características personales son cualitativamente subjetivas y coyunturales, pues a veces resultan elogiadas por algunas personas, y otras veces condenadas por esas mismas personas o por otras. Así, quienes tienen mala memoria y lo saben suelen negar las aseveraciones para ellos inconvenientes que hagan quienes la tienen reconocidamente buena.

Carlos M. Padrón

[*FP}— Sadismo y arrogancia campeando en la ignorancia. Confesión 54 años después

Carlos M. Padrón

Alfonso Moncada (no es su nombre real) llegó a La Palma desde otra isla canaria para impartir en El Paso clases de bachillerato.

Se decía que había estudiado en un colegio religioso, pero a juzgar por su comportamiento habría que deducir que ese colegio era una mezcla de MIT (Instituto Tecnológico de Massachuset) y La Sorbona de París, pues el señor se permitía dictar cátedra de Ciencias, Letras, y cualquiera otra area del conocimiento humano, a todos los habitantes del pueblo, excepto a sus mecenas (por simple precaución), al cura (por conveniencia política) y al médico (por miedo a ser descubierto).

Tal vez por el trato recibido en ese colegio de religiosos, por algún problema de su propio carácter o por una mezcla de ambos factores, Moncada era, en mi opinión, un sádico. Seguro estoy de que en otros aspectos de su persona (como ciudadano, padre, etc.) tenía virtudes, pero en la única actividad en que lo conocí no le vi ninguna, tal vez porque el miedo que yo le tenía no me dejaba verlas, pues con el grupo de sus alumnos al que yo pertenecía practicaba el principio de que la letra entra con sangre, y armado de una vara de membrillero (dura y muy flexible) prodigaba latigazos a nuestras piernas al tiempo que, sin distinción, nos vejaba con epítetos peyorativos,… y todo ante la pasividad de nuestros padres que, por el tradicional respeto a los maestros, no se atrevian o no querían protestar los malos tratos que Moncada daba a sus hijos. Años más tarde supe que el motivo de tal pasividad era simple ignorancia de los daños psíquicos que esos malos tratos podrian acarrear a los menores que los recibían.

El sadismo de Moncada era del dominio público, pues él lo pregonaba con orgullo, y en los cafés del pueblo se jactaba de que sus alumnos —al menos nos llamaba así, y no discípulos— eran fácilmente reconocibles porque “tenían las piernas en tecnicolor”, o sea, llenas de moretones que, por haber sido renovados a diario durante meses, eran unos de color negro, otros grisáceos, otros amarillentos, azulados, etc.

Y, por lo visto, ese sadismo alcanzó tambien a su mujer, pues un día en que se sintió chistoso nos contó en una de sus clases —y fuera o no cierto el cuento, el solo hecho de contarlo a adolescentes, varones y hembras, de entre 12 a 14 años, ya dice mucho de cómo andaba su propia psique— que a poco de haberse casado, dado lo duro del invierno pasense, una vez que él e Isaura, su esposa, se metían de noche en la cama, ella se le pegaba buscando el calor de su cuerpo. Como eso no era del gusto de él, le gastó a Isaura una broma pesada haciendo que cuando una noche quiso ella acurrucarse como de costumbre, se hiriera con los picos (púas) de una penca que, previamente acondicionada, se había atado Moncada a su muslo.

Yo, con mis 12 años —cursaba segundo de bachillerato—, ya no soportaba más el calvario de ir a clase para recibir malos tratos físicos y morales, pero no encontraba modo de evitarlo como no fuera el renunciar a los estudios, con el consiguiente disgusto de mis padres y perjuicios para mi futuro. Sin embargo, un día en que no había logrado resolver todos los problemas de matemáticas (nunca fui bueno para Ciencias) que como tarea nos había puesto Moncada, al subir las escaleras que llevaban al aula de clase cobré conciencia del castigo que me esperaba y algo se alteró dentro de mí de tal forma que comencé a temblar como un azogado y no podía mover mi pie para subir el último peldaño de la escalera; aunque temblando, me había quedado paralizado.

Se mi hizo claro que, suponiendo que pudiera yo llegar al aula, así no debería entrar en ella, pues mi estado me habría acarreado peores consecuencias, por lo que, cuando pude, di media vuelta, bajé la escalera sujetándome del pasamanos para no caer, y, teniendo en mente el castigo posterior por haber faltado a clase además de no llevar resueltos todos los problemas de matemáticas, me encaminé de regreso a mi casa tramando un plan para intentar solucionar de una vez esa situación en la que yo no podía seguir, pues el miedo a Moncada no me permitía concentrarme para estudiar, ni asimilar en clase las enseñanzas que de otra forma podría haber aprovechado. En resumen, yo estaba gastando el dinero de mis padres y perdiendo mi tiempo, mis estudios y mi salud.

Al verme entrar a la casa, a deshora y con la expresión propia de la angustia que me consumía, mi madre, alarmada, me preguntó qué me había pasado. Sin más, y siguiendo el plan urdido en el camino, le conté en detalle los diarios castigos que yo recibía de Moncada, y le dije, mintiendo deliberadamente, que había regresado a casa porque el miedo a entrar al aula era tan grande que me había desmayado antes de llegar a ella.

La reacción de mi madre no se hizo esperar. Se cambió de ropa y, según supe después, se fue directamente a casa de su hermana, que era la esposa de don Juan Fernández, el médico del pueblo, hombre por demás respetado, y allí contó lo que yo le dije que me había pasado y los motivos que lo ocasionaron.

No sé si fue mi propia madre o mi tía quien se lo contó a don Juan, pero el caso es que éste citó a Moncada, habló con él, y lo que le dijo tuvo la virtud de conseguir que Moncada no me tocara más. Eso sí, evitaba mirarme a los ojos cuando se dirigía a mí, y, cuando yo lo sorprendía mirándome, el rencor en su mirada era algo casi físico, que podría tocarse.

Aún no sé cómo logré aprobar ese segundo año de bachillerato, pero para el tercero me pusieron en la academia de don Santiago García Castro, del cual sí fui discípulo, y me libré por fin del terror de ir a clases —y, para colmo, no poder aprovecharlas—, de las agresiones físicas y morales de que Moncada me hacía víctima, y de su mal contenido rencor hacia mí.

Moncada fue el primero que me dio clases de francés, idioma del que sabía lo que había leído en los libros de texto; definitivamente, el tipo era osado. Tal vez a eso se deba la aversión que desarrollé en contra del francés, y que me llevó a cambiar a inglés tan pronto el pensum académico me lo permitió.

Como en El Paso no había entonces nadie que impartiera clases de inglés, lo estudié yo solo usando libros que mis hermanos me enviaron desde Venezuela, y las consecuencias de haberlo aprendido así las estoy pagando todavía porque, si bien no tengo mayor problema con leer o escribir inglés, para entender bien el hablado necesito “ver” en mi mente las palabras, o sea, verlas escritas, pues las aprendí por libros. Moraleja: la forma de aprender un idioma es la que usan los niños.

Llevado por su osadía, un día —cuando ya yo sabía bastante acerca del inglés y me atrevía a servir de guía a los turistas de habla inglesa que necesitaran uno y aceptaran a un muchacho de 14 años que sólo maltrataba ese idioma—, Moncada abrió clases de inglés, y aún recuerdo mi asombro cuando en uno de los bares del pueblo le escuché “dictar cátedra” acerca del idioma inglés ante un grupo de parroquianos de los que a él lo tenían por muy sabido. Lo que les dijo me hizo entender mejor el nivel de su “sapiencia”, y luego de superada la rabia inicial sentí una cierta satisfacción.

Juan Esteban, uno de los alumnos que picó el anzuelo y asistió a sus clases de inglés, era un muchacho atlético que contaba unos dos años más que yo. Con Moncada protagonizó un incidente que se hizo popular: A la segunda vez que Juan Esteban no pudo acertar con los tiempos de algunos verbos irregulares, Moncada, ante todos los alumnos, le dijo:

—En la clase de la próxima semana te lo preguntaré de nuevo, y si no lo sabes, ¡te voy a dar una ostia!

A lo que, sin inmutarse. Juan Esteban contestó:

—No. Nos vamos a dar.

Y así puso término a la fanfarronería de Moncada.

***

Desde que dejé sus clases, nunca más hablé con Moncada. Algunos años después emigró a Venezuela y supe que su peculiar y violento estilo de “enseñanza” por poco le cuesta muy caro, pues los padres venezolanos no toleraban que maltrataran a sus hijos.

Regresó a El Paso, y seguro estoy de que me vio alguna de las veces en que yo, con residencia ya en Venezuela, volví a mi pueblo, pero ni se manifestó conmigo ni yo lo vi, ni siquiera de lejos. Y me preocupa el hecho de que, posiblemente por lo mucho que me hizo sufrir, no recuerdo su cara; recuerdo bien las caras de todos los maestros y maestras que he tenido en mi vida desde los 6 años de edad, pero no la de Moncada. Si viera una foto suya tal vez la recordaría, pero por ahora no tengo al respecto ni la más pálida idea. Sí recuerdo cómo era su cuerpo y hasta cómo caminaba y se movía en el aula, enarbolando su vara, pero no recuerdo su cara.

La faceta para mí más triste de esta historia es que mis padres nunca supieron que yo les había mentido acerca de mi desmayo. Sin embargo, con mi experiencia de padre —y con lo que de una de mis hijas, doctora en psicología infantil, he sabido al respecto—, si me viera de nuevo en el trance —con padres que, por simple ignorancia, no sólo heredada sino también presente en el medio ambiente, no reaccionaran ante los malos tratos que un Moncada me diera— haría lo que fuera con tal de librarme de él.

Ahora me siento mejor al confesar públicamente la mentira que dije a mis padres hace 54 años, y hacer también público reconocimiento a don Juan Fernández porque me salvó tres veces: cuando yo tenía apenas 4 meses, me salvó de una muerte por neumonía; a los 16 meses me salvó de una muerte por tétanos; y a los 13 años me salvó de los daños que me habría causado continuar sufriendo los malos tratos físicos y morales de que me hacía víctima Alfonso Moncada.

Boca Raton (Florida, USA), 30/08/2007.