[LE}> Gerundio, uso adecuado

21-07-2025

El gerundio es una forma verbal que plantea dudas, sobre todo en lo relativo a aquel que expresa posterioridad (¿es adecuado en ‘Se graduó, marchándose a trabajar al extranjero’?), por lo que a continuación se ofrecen una serie de claves para su uso en cierto número de casos.

  1. Gerundio de posteridad, usos
  • Es apropiado el gerundio si éste expresa una acción o un suceso inmediatamente posterior a lo otro que se expresa: ‘Se cayó, rompiéndose una pierna’.
  • Es admisible si entre las dos acciones se puede establecer una relación o sucesión lógica, como de causa-efecto, aun cuando no exista inmediatez temporal, de acuerdo con la segunda edición del Diccionario panhispánico de dudas: ‘Se graduó, marchándose a trabajar al extranjero’ (el hecho de graduarse tiene como consecuencia que pueda irse a trabajar a un lugar), ‘Hizo una maratón de capítulos, terminando de ver la serie en un mes’ (el ritmo al que se ve la serie lleva a que se acabe en unas semanas).

Favorece que se pueda entender este tipo de relación la presencia de elementos temporales con el gerundio, como luego, después, más tarde, etc. (Madrugaba bastante, dedicándose luego a hacer sus tareas), o de elementos referidos a lo anterior, como así, por ello, con ello, etc. (Ahorró muchos años, pudiendo pagarse así el viaje de sus sueños).

  • No es adecuado si no hay inmediatez temporal ni se puede establecer con claridad esa relación entre las acciones: Se fue a casa y leyó una novela pendiente, no Se fue a casa, leyendo una novela pendiente.
  1. Una vez añadido, no una vez añadiendo

No se emplea el gerundio para hablar de algo terminado, sentido que sí se puede expresar con un participio: Una vez añadida la salsa, se remueve, no Una vez añadiendo la salsa, se remueve.

  1. Un libro que tiene tapas duras, no un libro teniendo tapas duras

El gerundio puede referirse a un sustantivo para indicar un proceso o una acción (Una atleta corriendo por la pista), pero en general no se usa si se refiere a algo que no cambia, sino que es estático, como sucede, en función del contexto, con verbos como tener, contener, significar, constituir… (‘Un libro que tiene tapas duras’ o ‘Un libro con tapas duras’, no ‘Un libro teniendo tapas duras’).

  1. Una ley que reforma los precios, no una ley reformando los precios

Tampoco se recomienda emplearlo, como a veces se hace en textos legales y administrativos, para especificar a qué elemento se está aludiendo de otros posibles: ‘Una ley que reforma los precios’ o ‘Una ley de reforma de los precios’, no ‘Una ley reformando los precios’. Se exceptúan casos como hirviendo (agua hirviendo), ardiendo (clavo ardiendo) o tirando (un lugar tirando a pequeño).

  1. Gerundio en títulos, uso adecuado

Se consideran válidos los gerundios independientes que aparecen en títulos de obras, programas, etc.: ‘Buscando a Nemo’, ‘Cocinando con Pepe’. También lo son los que aparecen en pies de foto (Trabajadores entrando en la oficina) y memes (Yo fingiendo que lo he entendido).

Fuente

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[FP}> Nos ha dejado un para mí más que querido amigo: Álvaro (Adolfo) Taño Perera (q.e.p.d.)

19-07-2025

Carlos M. Padrón

Por problemas respiratorios de vieja data falleció hoy, día 19, cerca del mediodía, en el Hospital General de La Palma. Su verdadero nombre era Adolfo, pero siempre se le llamó Álvaro.

Aunque éramos primos terceros, poca importancia tuvo eso en nuestra amistad que data del verano de 1955. Una amistad de tipo no muy frecuente porque entonces Álvaro tenía 20 años y yo sólo 16. Tal vez por una para mí afortunada casualidad, para ver jugar billar nos sentamos un día en una mesa del Bar Central y, como ambos éramos de Letras, por ahí se inició una conversación que luego siguió varios días cada semana y en el mismo lugar.

Fue Álvaro quien despertó en mí el interés por la Colección Austral y otros libros, y por las vidas de personajes españoles importantes, como Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Lope de Vega, Gustavo Adolfo Bécquer y varios más.

Como no sabíamos nadar, decidimos aprender juntos en un estanque vecino a su casa que habían recién limpiado, y allí, con salvavidas que hicimos con corcho de palma, practicamos varios días hasta que, ya sin salvavidas, pudimos cruzar el estanque.

Esas reuniones fueron a menos, sobre todo por la necesidad que ambos teníamos de atender a clases (fue un excelente estudiante), y se interrumpieron cuando en 1957 me fui a trabajar y vivir en Tenerife.

Álvaro, que con muy buenas notas había ganado unas oposiciones a Correos, un buen día llegó a Santa Cruz de Tenerife a hacer una pasantía en la oficina de Correos de allí. Como esa oficina estaba muy cerca de donde yo me alojaba, él se alojó ahí también y a diario íbamos a comer en la misma casa de comidas caseras.

Su novia, Edita, que estudiaba Magisterio, residía en La Laguna, donde también residía la novia mía, y algunos domingos salíamos los cuatro a dar un paseo por esa ciudad. Las que siguen son tres de las fotos que tomé en 1960 durante esos paseos.

Junto al monumento en honor del  Padre Ancheta

Frente al busto del poeta Manuel Verrdugo

Cerca del Camino Largo

En 1961 me fui a Venezuela, pero cada vez que volví a El Paso, donde Álvaro ejercía como administrador de Correos, era para mí obligada la visita para departir con él y con Edita.

Cuando en 2017 regresé a Canarias y me asenté aquí, varios amigos iniciamos reuniones semanales de las que participaban Alvaro y Edita, pero a comienzos de 2024 dejaron de asistir por los problemas de salud de Álvaro.

En uno de los paseos laguneros ya mencionados, tomé a Álvaro una foto que luego me devolvió él con una dedicatoria que hoy valoro más que entonces.

Gracias por  lo mucho que para mí significaste, y que descanses en paz, querido amigo Álvaro.

[Col}> El viento que no responde / Soledad Morillo Belloso

20-07-2025

Soledad Morillo Belloso

El viento que no responde

La soledad no es el vacío de una habitación, ni la quietud que se instala cuando cae la noche. Es un silencio que resuena dentro, una presencia intangible que acompaña incluso en medio de la multitud. Es la certeza de que nadie escucha lo que se grita hacia dentro, la ausencia de un reflejo en la mirada de otro.

Estar a solas es una condición más simple, más tangible. Se puede estar a solas en una casa vacía, en un café cualquiera donde nadie nos conoce, en un camino donde los pasos se mezclan con el polvo y la brisa.

La soledad tiene sombras que alcanzan los rincones donde antes había luz. Es el rumor de una conversación que quedó a medias, el peso invisible de una silla que no se mueve, la huella de unas manos que ya no acarician. La soledad tiene memoria, guarda el archivo de cada instante compartido y lo  despliega como páginas de un libro que nunca se termina.

No todos los días son iguales. Hay días en que la soledad muerde, días en que su peso aplasta el pecho, días en que su presencia se convierte en el único sonido reconocible. Y luego, están los días en que es simplemente un velo tenue, una brisa tibia que toca sin destruir, una compañía que ya no es una extraña.

Estar a solas puede ser una elección, como quien escoge guarecerse en un refugio. La soledad, en cambio, es una tormenta que llega sin preguntar, un invierno sin tregua, un amanecer sin promesas.

La soledad enseña, muchas cosas. A escuchar el propio pensamiento, a entender el lenguaje del viento, a comprender lo que dice el olor del café, es el mensaje que alberga la textura del papel bajo los dedos, lo que vemos cuando cerramos los ojos.

La soledad no pregunta, sólo se sienta en el alma y deja un vacío que ninguna voz logra llenar.

Es el nombre que ya nadie pronuncia, el reflejo que vive en la bruma de la memoria. La soledad no grita, observa en silencio cómo pasa el tiempo. En realidad, no es vacío, es todo lo que ya no está.

Es ese otoño que se queda, aunque el mundo insista en que ha llegado la primavera. Es un diálogo truncado, una pregunta suspendida en el aire, esperando una voz que nunca vuelve. Es ese espacio entre las palabras no dichas. Es una herida abierta que no sangra, un vacío sin pretextos, una penumbra que continúa cuando el día amanece. Es un reloj sin agujas, un calendario sin fechas. Es una carta sin respuesta, un verso incompleto, un poema que nunca encuentra su última línea

La soledad convive con la vida. Se  hace costumbre. Es el viento que no responde. Habla, pero no devuelve palabras. Tiene el poder del silencio. La soledad es un pacto silencioso, una conversación sin palabras entre el tiempo que sigue y la ausencia que pesa. Es aprender a caminar con sombras, a reconstruir espacios sin olvidar lo que los llenó alguna vez. La soledad no pide permiso. Y el alma, poco a poco, aprende a vivir con ella.

Y así, en algún rincón del silencio, descubrimos que aún queda algo por hacer, algo por vivir. Aunque sea distinto, aunque sea frágil. Aunque sea sólo nuestro.

[SE}> Este filósofo cree que nos hemos convertido en cangrejos (y por qué nuestro futuro depende de ello)

Este filósofo cree que nos hemos convertido en cangrejos (y por qué nuestro futuro depende de ello)

Un extraño fenómeno evolutivo observado en la Naturaleza ha terminado convertido en una teoría para Michael Garfield sobre nuestra sociedad contemporánea, atrapada entre la tecnología y los límites del poder