[Canarias}> Las Canarias no se tocan

22/08/2026

Á. Van den Brule A.

Aviso para navegantes y turbantes: las Canarias no se tocan

En 1599, la armada holandesa intentó conquistar Las Palmas de Gran Canaria para expandir su imperio. La encarnizada resistencia canaria neutralizó la invasión en sólo nueve días, firmando una gesta histórica inolvidable

Durante la Guerra de los Ochenta años (Guerras de Flandes) sucedió que Las Palmas de Gran Canaria fue asediada infructuosamente entre el 26 de junio y el 4 de julio de 1599. La enorme superioridad holandesa fue neutralizada por pequeños destacamentos del ejército y un número indeterminado de milicias canarias armadas hasta los dientes por los militares radicados en las islas.

La flota holandesa al mando de Pieter van der Does, levantada contra Felipe II, era literalmente enorme. Más de 74 navíos de alto bordo y cerca de 12.000 marinos y soldados, estaban en los planes de los Países Bajos (actual Holanda, con la salvedad de Bélgica) de cara a conectar puentes geográficos con el establecimiento de sus factorías en las Indias Occidentales y Orientales.

Estratégicamentela idea era sublime, pero, había que someter a unas islas que nadie había conseguido antes reducir, salvo los castellanos en el siglo XVI, algo que les costó 100 años de combates, ni más ni menos… Ya lo habían intentado los fenicios, los cartagineses, la expedición del faraón Nekao, y los ingleses en varias ocasiones, sin resultados.

La intención era asestar un golpe quirúrgico a los españoles, colapsando las comunicaciones entre la península y los virreinatos allende el Atlántico. No obstante, tras hacerse a la mar en Flesinga un 28 de mayo de 1599, la inteligencia española había advertido a toda la costa oeste peninsular de lo que se avecinaba.

Derrotados en La Coruña por una docena de brulotes y pequeñas embarcaciones con sólidos cañones de proa,carentes del abastecimiento básico (aguada y alimentos) que pretendían obtener en esos lares, tuvieron que poner rumbo hacia Huelva y Cádiz para ver si “pillaban” algo, pero toda la costa estaba sobre aviso.

Nuevamente, sendos intentos de ataque sorpresa se fueron al garete y ya, sin agua y sin vituallas, comenzaron una singladura infernal hacia las Islas Canarias.

Desde Amberes, varias goletas y caballerías de postas habían avisado a todos los potenciales candidatos a un ataque holandés a estar ojo avizor, y los canarios, estaban sobre aviso y muy motivados.

La batalla más crucial de esta brevísima invasión se dio en la zona del Batán, alejada de la costa; pero éste era un frente secundario en apariencia, aunque se mostró determinante a la hora de poner en fuga a los osados holandeses.

Los prolegómenos del choque entre las partes durarían cinco horas tras un intenso cañoneo en el que la concentración de fuego de la artillería naval holandesa destruiría íntegramente uno de los fuertes más importantes de la defensa de Las Palmas, el Castillo de la Luz, al que el capitán al mando tuvo que evacuar a toda velocidad tras el intenso cañoneo cuando los holandeses estaban a las puertas de la fortaleza.

Pero los primeros errores y traspiés llegarían a frenar a los rubicundos invasores ante su pretendida autosuficiencia. Los canarios tienen una madera especial. Durante siglos han rechazado a los invasores de todo pelaje, ya fueran éstos estatales o piratas. Sólo recordarla expulsión de Drake, de Hawkin, Fuerteventura (batallas de Tamasite y Cuchillete donde los perros bardinos hicieron estragos) los varios intentos ingleses (Tenerife), etc.; no, no son blandos, y lo han demostrado a lo largo de los siglos.

 Durante el desembarco en la playa de las Canteras,murieron cientos de invasores ahogados ante el fuego concentradode los tiradores canarios que desde los arenales disparaban a placer. Con todo y con eso, se hace necesario recordar que, finalmente, los invasores lograron infiltrarse en algunas áreas de la capital y dedicarse al saqueo. Otros cientos de marinos holandeses quedaron con sus armas inutilizadas por el agua de mar y los hundimientos de las lanchas de desembarco.

El capitán y gobernadorAlonso de Alvarado murió dignamente en la defensa de la ciudad siendo sustituido por Pamochamoso, un líder local descendiente de guanches con el mismo valor, si no más, que el capitán fenecido. La batalla más cruenta se dio en la zona del Batán (hoy barrio residencial cercano a Tafira) al sureste de la capital.

Un segundo frente se situó en un barranco llamado Guiniguada, en la que cientos de holandeses perecieron en una emboscada de la que no había escapatoria. En el balance de estas escaramuzas hubo, en términos aproximados,más de 1000 bajas neerlandesas y alrededor de un centenar de isleñas.

El balance de estas escaramuzas, que duraron nueve días, los empujó de nuevo a la mar desprovistos de vituallas, centenares de heridos de diversa consideración, escasez abrumadora de agua para una travesía que se revelaba muy complicada y, a todo esto, añadir que, el resultado, fue insultante para los holandeses.

Las Canarias no se tocan, oído a navegantes y turbantes.

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