[SE}> Y si te quedas… / Soledad Morillo Belloso

28-09-2025

Soledad Morillo Belloso

Y si te quedas…

Y si te quedas, que sea sin prisa, sin el apuro de quien teme perder el tren o de quien mira el reloj como si el tiempo fuera enemigo. Que te quedes como quien aprende el ritmo de esta casa, con sus silencios largos que no incomodan, con sus rituales pequeños que se repiten como plegarias: el café a las siete, el pan tostado con mantequilla, la siesta que no siempre se duerme pero siempre se respeta. Que te quedes como quien enciende la luz de la cocina en la madrugada y se sirve un té sin preguntar, porque ya sabe dónde están las tazas, porque ya pertenece, porque ya es parte del murmullo que habita los rincones.

Si te quedas, que sea con los ojos abiertos y el corazón dispuesto a temblar. Que no huyas cuando la ternura se vuelva torpe, cuando el abrazo no sepa cómo cerrarse, cuando el amor se diga en gestos que no siempre se entienden pero que laten igual. Porque quedarse también es aprender a estar sin certezas, sin mapas, sin promesas escritas en piedra. Es aceptar que el amor no siempre tiene forma, pero sí presencia. Que a veces se manifiesta en una mirada que dura más de lo previsto, en una mano que se posa sin pedir permiso, en una risa que estalla en medio del silencio.

Y si te quedas, que no sea para llenar un hueco, sino para compartirlo. Para mirar juntos el techo cuando llueve, para reír de lo que no tiene sentido, para llorar sin esconder la cara ni pedir disculpas. Que te quedes como quien sabe que el amor no es urgencia, sino paciencia. Que quedarse es un verbo lento, como sembrar, como esperar que brote, como aprender el nombre de cada sombra que se posa en la pared. Que te quedes como quien escucha el canto de los pájaros sin querer traducirlo, como quien respeta el silencio de la tarde sin querer llenarlo de palabras.

Y si te quedas, que sea con los pies descalzos y el alma abierta. Que no te asuste la desnudez del corazón, ni el temblor que llega cuando se dice “me importas” sin decirlo. Que te quedes como quien sabe que el amor también es cocina, también es sobremesa, también es olor a cebolla sofrita y a chocolate caliente. Que te quedes como quien entiende que amar es acompañar sin invadir, es mirar sin juzgar, es estar sin exigir.

Y si no puedes quedarte, deja al menos una palabra que abrace. Una nota en la mesa, un aroma que no se va, una canción que se repita en la memoria como eco suave. Porque a veces el amor no sabe quedarse, pero sabe volver. Y en ese volver, hay ternura. Hay estremecimiento. Hay pasión. Hay un lugar que sigue esperando, con la luz encendida y el té servido, por si acaso decides volver a quedarte.

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