Fidel dice en la plaza:
—Que salga uno solo de entre ustedes que tenga hambre.
Uno levanta la mano y Fidel lo manda a llamar. La gente de seguridad lo coge y lo hacen tomarse un vaso de agua tras otro hasta veinte. Después le traen un plato de langosta y le preguntan:
—¿Lo quieres?
—¡No, noo!—, contesta el infeliz.
Entonces Fidel se vuelve a la gente y dice:
—¿Ven? Lo que tenía era sed y no hambre.
