Un estadounidense, un francés y un israelí van en un avión sobre el Pacífico. De pronto fallan los motores y el avión cae en una isla, donde los tres son apresados por una tribu de caníbales.
El jefe de la tribu les dice que les van a conceder un último deseo, sea lo que sea. El estadounidense dice:
—Quiero un big steak texano con papas fritas y una Coca-Cola.
El jefe manda a su gente y les trae la comida. El estadounidense come y lo mandan a la olla de agua hirviendo donde grita desesperado.
El francés pide:
—Yo quiero un vino francés, con suffles a la parisienne.
Van los caníbales y se lo traen. El francés come y lo mandan a la olla de agua hirviendo donde grita desesperado.
El israelí dice:
—Yo quiero que me patees el culo lo más fuerte que puedas.
El jefe caníbal lo mira y dice:
—¿Estás seguro?
—Sí —contesta el israelí—, patéame el culo lo más fuerte que puedas.
El jefe caníbal toma carrera y le pega al israelí un patadón enorme. Al caer, el israelí saca una pistola y mata a todos los caníbales.
El francés y el estadounidense salen de la olla y le dicen:
—¿Por qué, si tenias un arma, esperaste hasta el último momento y no les disparaste desde el principio antes de que nos hicieran algo a nosotros?
Y el israelí responde:
—¿¡QUÉEEE!?, ¿y arriesgarme a que la ONU, la Comunidad Internacional y los intelectuales del mundo me acusen de «sobreactuar» y atacar sin suficiente provocación?
