[Hum}— El catador sudaca

A un establecimiento de Madrid, especializado en vinos de marca, llegó un día un catador sudaca que, tomando asiento, llamó a un camarero y le dijo:

“Hace exactamente 22 años que estuve aquí la última vez. ¿Aún son ustedes los mejores del país en materia de vinos españoles de marca?”

“Pues vaya, hombre, ¡claro que lo somos!”, contestó orgulloso el camarero.

“Bien”, prosiguió el sudaca. “Tráigame, por favor, una botella de Valdeperas del año 1936”

“Enseguida, caballero”, replicó el camarero. Y se alejó deprisa.

Al rato volvió con una botella llena de polvo, la descorchó con sumo cuidado, escanció en una fina copa un poco de su contenido, y ofreció la copa al sudaca, quien, con aire de autoridad, la paseó primero bajo su nariz, aspiró el delicado aroma, se la llevó luego a los labios, y, retirándola violentamente, le dijo al camarero:

“¡Esto no es Valdeperas! Cierto que es de la cosecha de 1936, pero no es Valdeperas sino Valdepeñas”

“¡Perdón, caballero!”, exclamó azorado el camarero, y, tomando la botella, se fue más deprisa que antes.

Al rato volvió con otra botella tan llena de polvo como la anterior.  La limpió con sumo cuidado en presencia del catador sudaca, le mostró la etiqueta   –que decía  “Valdeperas, cosecha de 1936”–, la descorchó, y escanció un poco de vino en una copa limpia que ofreció luego al catador.  Éste repitió la ceremonia anterior, pero esta vez sonrió y, complacido, exclamó, mientras miraba al camarero:

“¡Éste sí es Valdeperas del 36!” 

Pero el camarero, lejos de alegrarse por la satisfacción del cliente, visiblemente molesto adoptó el aire de quien sienta cátedra  (o sea, reaccionó muy a la española) y le dijo:

“Caballero, llevo 30 años trabajando en el negocio de los vinos españoles de marca, y me precio de ser uno de los mejores en el ramo.  Con la autoridad que esto me confiere, debo decirle que es imposible que usted pueda distinguir un vino Valdeperas de uno Valdepeñas, por la simple razón de que esos dos viñedos son prácticamente uno, pues yo los conozco y puedo asegurarle que ¡los separa apenas una delgada cerca de alambre!”

Sin inmutarse, el catador sudaca respondió:

“Señor, su argumento de la poca separación no prueba nada, pues menor separación hay entre el culo y la totona, ¡y hay que ver la diferencia de bouquet!”

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