[LE}— ‘Con tal de’, no ‘por tal de’

21-11-2018

La secuencia con tal de + infinitivo, y no por tal de + infinitivo, es la adecuada para indicar una condición necesaria para algo («Iré al concierto con tal de estar de vuelta pronto») o la finalidad con la que se realiza una acción: «Le dieron la razón con tal de dejar de oírlo».

En los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «Los aficionados pasaron toda la noche ante las taquillas por tal de conseguir entradas»,
  • «La empresa percibirá una compensación superior a los 12 millones de dólares por tal de poner punto final a esta batalla legal» o
  • «La cantidad se repartirá entre todos los demandantes por tal de que ninguno se quede sin ayudas».

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, con tal de significa ‘con la condición de’: «Iré, con tal de estar de vuelta a las tres». 

Por su parte, el Diccionario Feneral de VOX señala que la locución con tal de, seguida de infinitivo, no por tal de, puede indicar la finalidad con la que se realiza una acción —esto es, puede equivaler a para o a fin de que—, lo que se ilustra con el siguiente ejemplo: «Es capaz de lo que sea con tal de ir al concierto».

Si, en lugar de un infinitivo, sigue una subordinada introducida con que, el Diccionario Panhispánico de Dudas afirma que resultan igualmente válidas las locuciones con tal que y con tal de que: «Prometió que lo apoyaría en la votación con tal (de) que le garantizase un puesto en la directiva».

Así pues, en los ejemplos iniciales lo adecuado correcto habría sido escribir

  • «Los aficionados pasaron toda la noche ante las taquillas con tal de conseguir entradas»,
  • «La empresa percibirá una compensación superior a los 12 millones de dólares con tal de poner punto final a esta batalla legal» y
  • «La cantidad se repartirá entre todos los demandantes con tal de que ninguno se quede sin ayudas».

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[LE}— Feminismo no es lo contrario de machismo

23-11-2018

El término feminismo no es antónimo de machismo.

En los medios de comunicación no es infrecuente encontrar frases en las que estas dos voces se usan como opuestas: «Afirma que no es machista ni feminista, sino que busca el equilibrio».

Según el Diccionario Académico, feminismo es el ‘principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre’ y el ‘movimiento que lucha por la realización’ de esa igualdad.

Por su parte, la misma obra define machismo como ‘actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres’ y ‘forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón’.

Como puede apreciarse en las definiciones, no se trata de dos términos equiparables, ya que, mientras que el feminismo es la búsqueda de la igualdad entre sexos, el machismo supone una preponderancia del varón.

Para cubrir ese hueco semántico, el de una palabra que aluda a una defensa de la superioridad de la mujer sobre el varón, se emplea en ocasiones el término hembrismo. Se trata de una voz correctamente formada y que se emplea en ocasiones como par lingüístico de machismo.

Sin embargo, mientras que machismo designa tanto una actitud como una estructura social históricamente asentada, el hembrismo no se define como un sistema con existencia real, sino meramente como la actitud particular de algunas personas que abogan por la prevalencia de las mujeres sobre los hombres.

No obstante, muchos colectivos rechazan el término, pues entienden que se emplea de forma peyorativa para atacar los postulados feministas y que designa una realidad que no existe.

Conviene subrayar que la voz hembrismo, que está adquiriendo ese significado en los últimos tiempos, tiene otro menos usual y restringido a los campos de la psicología y la sociología. En concreto, algunos especialistas emplean esa voz para aludir a una exagerada actitud de sumisión, pasividad y resignación de la mujer frente al hombre.

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