Un tipo fue al psicólogo. Éste le preguntó:
—¿Cuál es su problema?
—Lo mío es serio, doctor. Últimamente cuando me acuesto, me tapo y, antes de apagar la luz, se me aparece delante de mi cara, parado sobre la cobija y sobre mi pecho, un enanito verde que me mira fijo y me pregunta: ‘¿Hiciste pipí?’. Y yo, sin poderlo remediar, ¡me meo en la cama!”
El psicólogo, anonadado, le dijo:
—Bueno, mire, usted va a tener que iniciar un tratamiento psicológico freudiano. Sin duda debe haber una fijación en su niñez de cuando a usted le enseñaron a controlar sus esfínteres. Hay, parece, un problema con la figura paterna, … bla …bla…. —el verso que siempre recitan los psicólogos.
En la próxima sesión, cuando el psicólogo le preguntó al tipo cómo andaba, éste respondió.
—Igual, doctor: me acuesto, aparece el enanito verde, me mira fijo y me pregunta ‘¿Hiciste pipí?’. Y yo no puedo dejar de mearme en la cama.
Entonces el psicólogo tomó una decisión:
—Umm….. Vamos a cambiar a una terapia más directa. Mire, esta noche cuando se acueste y se le aparezca el enanito, usted mírelo también fijamente a los ojos y, con voz firme y decidida, respóndale: ‘Sí, ¡¡hice pipí!!’. Ya va a ver usted cómo se soluciona el problema. Venga mañana y me cuenta.
Cuando al otro día vino el tipo, el psicólogo le preguntó:
—Y bien, ¿cómo le fue anoche?”
—Un desastre, doctor, ¡un desastre!
—Pero, ¿hizo usted lo que le dije?
—Sí, doctor: me acosté, me tapé y, antes de que pudiera apagar la luz, apareció el enanito verde y me preguntó ‘¿Hiciste pipí?’. Yo me acordé entonces de lo que usted me había dicho, lo miré fijamente y, con valentía, le respondí ‘Sí, ¡¡hice pipí!!’. Entonces el enanito me miró también fijamente y me preguntó ‘¿Y pupú?’