Llorando, la mucama, Ramona Soledad Espinosa, a media mañana agarró su valija y sus dos bolsos, y se despidió de la patrona.
Sorprendida, la señora, Golde Gikevate, le preguntó:
—¿A dónde vas, Ramona?
—Vuelvo a mi pueblito, a morir cerca de los míos.
—Pero, ¿qué pasa? ¿por qué decís eso?—, replicó la señora.
—Señora Golde, usted misma dice que su esposo, el Dr. Iankl Bogomolvsky, es un excelente médico y que nunca se equivoca en sus diagnósticos.
—Sí, sí, eso es cierto, él nunca se equivoca en un diagnóstico. Pero, ¿qué tiene que ver eso con tu salida de nuestra casa?
— ¡¡Por eso precisamente!! Esta mañana el doctor me apretó y me acarició el culo, y diagnosticó: «¡De esta noche no pasás!».
Cortesía de Fernando Lacoste
