Punta del Hidalgo, y la playa del Arenal
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Punta del Hidalgo
Fotos tomadas por Juan Manuel Viera que me han llegado por cortesía de Roberto González Rodríguez.
Punta del Hidalgo, y la playa del Arenal
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Punta del Hidalgo
Fotos tomadas por Juan Manuel Viera que me han llegado por cortesía de Roberto González Rodríguez.
12/11/2013
Carlos M. Padrón
Ahora es con los adjuntos (attachments), según explica el artículo que copio abajo.
No entiendo lo que Google persigue con los repetidos cambios en Gmail, cambios que me molestan, como sé que también molestan a muchos de mis contactos a pesar de que ellos, al contrario que yo, sólo tienen en Gmail una cuenta, pero igual les molestan los cambios de formato, apariencia, y ubicación de las opciones de manejo, pues, como bien dicen, cuando ya han aprendido a manejar un cierto formato, vienen los cambios y se sienten perdidos y obligados a perder tiempo aprendiéndolos.
Tal vez el propósito de Google sea —a pesar de lo ya dicho acerca de muchos de mis contactos— obligar al usuario a manejar el correo y demás desde dentro de la cuenta de Gmail, lo cual es algo que no puedo permitirme porque, como he dicho repetidas veces en este blog, tengo una media docena de cuentas Gmail y no puedo caer en el suplicio de entrar a cada rato en cada una de ellas. Por tanto, las tengo vinculadas a mi Outlook, y desde Outlook envío por cualquiera de esas cuentas, y en Outlook recibo lo que me envíen a través de ellas.
Por cierto,el artículo que sigue tuve que pasarlo por los filtros COGER para que quedara decente. Uno de sus gazapos, o colección de ellos, es esta explicación puesta a una imagen (ver abajo):
que contiene nada menos que tres errores, pues debieron escribirla así:
Una vez más me pregunto si, por lo menos. no usan correctores. Tal vez si se les pregunta dirán que son técnicos en informáticas y no expertos en lengua española. Si es así, que se dediquen a su técnica pero que, por favor, no escriban para el público. Algo que tampoco entiendo es por qué el medio digital para el que escriben les publica sus barrabasadas.
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12/11/2013
Ya no será necesario en Gmail bajar los archivos adjuntos
Google ha anunciado que los usuarios ya no tendrán que bajar los archivos adjuntos en Gmail para poder obtenerlos.
Arriva, como se verán las vistas previas pequeñas, bajo, la completa
Han actualizado Gmail con una mayor integración con Google Drive, que permite guardar los archivos directamente en la «nube» de Google Drive sin tener que abandonar la página de Gmail.
Ahora, cada vez que un usuario abra un email que contenga archivos adjuntos, podrá ver, al final del email, una vista previa, muy pequeña, del tipo de documento. Cuando el usuario clique sobre alguno de estos archivos, aparecerá una vista previa completa, han dicho a través de su blog oficial.
Pero no sólo esto, sino que la persona que quiera bajar el documento —o, mejor dicho, guardarlo— para luego imprimirlo o usarlo, tendrá que pasar el cursor del ratón sobre la vista previa pequeña y clicar en el botón de «Drive».
El contenido se guardará directamente en la cuenta de Google Drive del usuario. Con esta posibilidad, el usuario podrá disponer del archivo en cualquier dispositivo, eso sí, necesitará conexión a internet para acceder a él.
Claro está, que se mantiene aún la opción de bajar a un dispositivo. Para hacerlo sólo hace falta clicar sobre la flecha que aparece sobre la pequeña vista previa. Esta opción estará disponible para la versión de escritorio de Gmail y se empezará a aplicar la próxima semana.
13/11/2013
El español es la lengua que compartimos 500 millones de personas.
Es la lengua en la que pensamos y dialogamos, en la que juramos y discutimos, en la que nos equivocamos.
La corriente de la consciencia de estos 500 millones de personas fluye en este idioma que, según tantos indicios, cada día cuidamos menos. Nadamos en esa corriente, y con nosotros fluyen nuestras dudas.
Tantas dudas como hablantes o más. Para todos se ha creado una guía muy útil en el Instituto Cervantes, publicada por Espasa. Resume en 500 casos muchos millones de consultas frecuentes, de tropiezos y trabalenguas en los que caemos a menudo. El que tiene boca se equivocam y el que tiene Twitter no digamos.
No maltrate el español
Saber si en los SMS se permiten faltas de ortografía, o abreviaturas sin puntos, poder consultar de un vistazo todas las dudas, ordenadas a tal efecto, es el fin de este libro. Aunque también es un gusto hojearlo (y ojearlo, a la caza de nuestros propios errores) .
En el acto, que tuvo lugar ayer en el Instituto Cervantes de Madrid, se presentó el volumen «Las 500 dudas más frecuentes del español», un volumen que da continuidad al publicado el pasado año: «El libro del español correcto».
Pero para Víctor García de la Concha, director del Cervantes, habría que dar un paso más y emprender una campaña: «No maltrate el español. Hable y escriba bien».
Durante la presentación del textom dirigido por Florentino Paredes y en el que han colaborado Salvador Álvaro García y Luna Paredes Zurdo, García de la Concha se refirió al Cervantes como la «casa del bien hablar y bien escribir» y señaló que los institutos «están en la calle de muchos países. Se trata de enseñar un español correcto pero muy vivo».
El esfuerzo de resumir las infinitas dudas en las 500 más habituales ha sido ímprobo. «Dudar es comenzar a acertar», dicen sus responsables, y el libro pretende responder a «esas dudas que todos tenemos y que es importante que tengamos».
La tecnología ha sometido a nueva presión al idioma, ya que nos comunicamos en cada vez más plataformas. Como consecuencia, en los últimos años internet y el uso de los teléfonos celulares han acelerado el proceso de mutación y han traído consigo numerosos cambios significativos, variando la forma en la que nos comunicamos.
El lenguaje está más vivo que nunca, y las dudas son un mar cada vez más inmenso. Este libro permite navegarlo.
Rigor y claridad son las virtudes buscadas, y a buen seguro logradas, en el proyecto: es «fácilmente legible evitando los tecnicismos gramaticales» y es actual, «ya que se ajusta a lo que hoy es la norma, que se va transformando con el paso del tiempo».
Por eso tiene tres apéndices sobre la bibliografía utilizada, un índice de dudas y un índice de palabras, expresiones y materias. Todo ello ayudará a una mejor utilización del español en el que es imprescindible, en opinión del director del Instituto Cervantes, la lectura.
Pero no se aprende a hablar bien leyendo tratados, por más que ayuden; de lo que se trata es de aprender leyendo. Y en eso, García de la Concha reconoce que España, al menos, no lo está haciendo bien. Cada día llegan estudiantes más incapacitados para la expresión y el raciocinio a la Universidad. Hablemos bien.
García de la Concha: «Todos somos unos deslenguados»
–¿Cuáles son los errores más comunes?
–Depende. Unos se hacen comunes en una época, otros desaparecen. Hay cosas que empiezan siendo errores y al final dejan de serlo. Álgido es frío desde el punto de vista léxico, y ya todos lo entendemos como el punto candente. Casi todo el mundo dice «de este agua no beberé», en lugar de «de esta agua…» que es lo correcto.
–¿Y los medios somos culpables?
–Basta que, en un programa del corazón alguien haya dicho «punto y final» para que todo el mundo lo repita.
–¿Qué fue del dequeísmo?
–Pues hubo una época en la que todo el mundo era dequeísta, y ahora ha decaído hasta el extremo de que la mayoría es queísta. Cada gazapo va evolucionando, porque la norma es cambiante
–Pero la fija la Academia.
–La norma la hace el pueblo. Porque el lenguaje es dominio del pueblo, y el uso es el que hace que una cosa sea considerada más o menos correcta.
–¿Hay alguien que no cometa errores?
–Sería alguien bastante intratable.
–¿Y Víctor García de la Concha? ¿Cuál fue su último error, o duda?
–El otro día estaba escribiendo y dudé si «a gusto» era junto o separado. Primero pregunté a la secretaria y ella tampoco estaba segura, así que fuimos al diccionario los dos para resolverlo. La duda surge de la manera más estúpida.
–Usted dice que usamos un español zarrapastroso…
–Lo dije el año pasado y ha tenido mucho eco. Estamos en una etapa de poco cuidado de la lengua. Tendríamos que hacer una campaña: «No maltrate usted el español, hable bien y escriba bien». Lo maltratamos. Todos sabemos que no es lo mismo hablar coloquialmente que en un discurso, pero lo que está ocurriendo es que el lenguaje conversacional se ha deslenguado. Somos todos unos deslenguados. La vida social comportaba condicionamientos antes. Hoy una chica de 14 o 16 habla como un carretero. Con el respeto que merecen los carreteros que era una profesión muy digna, pero trabajaban con las bestias y no las decían: «Caballo, adelante por favor».
–¿No es de temer la fragmentación que provoca el SMS y el Twitter?
–Le tengo menos miedo, es un lenguaje convencional. La escritura nació con abreviaturas porque el espacio era poco…
–Sí, el español nació en los márgenes, con las glosas.
–Sí, y aprovechaba la abreviatura para ganar espacio a la comunicación.
–¿Pero es culpa de los periodistas?
–Los periodistas son profesionales del lenguaje que no son muy proclives a cometer errores, lo que ocurre es que cuando los cometen son mucho más evidentes.
–¿Echa en falta «El dardo en la palabra», aquellos artículos de Lázaro Carreter?
–Marcaron una época. Pero muchos de aquellos pecados son hoy virtudes.
–¿No es un dardazo este libro?
–No, es un libro que invita a repensar.
–Un ciudadano que habla peor…
–Es menos libre y está empobrecido. La riqueza lingüística de la persona no va al terreno de ser erudito, se trata de un problema que afecta al ser. Es que somos lengua, y si nuestra lengua se degrada, se degrada nuestro ser. ¡Se degrada nuestro ser! Nuestra capacidad de pensar, enjuiciar, defender, reclamar…
