Una mujer casada a la que le diagnosticaron una enfermedad terminal, y, como mucho, le dieron sólo dos meses vida, decidió ir a un pintor para que le hicieran un retrato y así dejar un bello recuerdo a su familia.
El día que llegó al taller del pintor, se sentó para posar y el pintor comenzó su trabajo.
Al cabo de un rato, ella le dijo:
—Perdón, ¿podría pintarme una diadema de diamantes en la cabeza?
—Sí, señora, por supuesto.
Apenas minutos después. dijo de nuevo la señora:
—¿Y un collar de perlas en el cuello?
—Por supuesto, señora.
Y así fue pidiendo que le pintara también una sortija con un rubí, una pulsera de oro macizo, etc.
Cuando después de muchas horas estuvo listo el retrato que mostraba a la señora llena de joyas, el pintor, sin poder contenerse, le preguntó:
—Perdone usted, señora, ¿para qué ha querido que le pinte tantas joyas?
—¡Para que la zorra con la que se case mi marido se vuelva loca buscándolas!
Cortesía de Esteban Zajía

JA JA JA.BUENISIMO ME ENCANTO EL HUMOR!!!!!1
Me gustaMe gusta