[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Don Eduardo Pineda y Díaz

Nació este inteligente tipógrafo en la real ciudad de La Palmas el 10 de octubre de 1847.

con notable aprovechamiento cursó sus estudios de primera y segunda enseñanza en el colegio de San Agustín, que fundó y dirigió el eminente jurisconsulto Dr. D. Antonio López Botas, famoso entre los famosos periodistas y escritores públicos de su época.

Fue condiscípulo de León y Castillo, Perez Galdós y otros distinguidos Canarios que son en la actualidad honra y prestigio del Archipiélago y de la madre patria.

En 1867, habiendo sufrido grandes quebrantos los bienes de su familia, emigró con sus hacendosos y honrados padres, que lo fueron Don Adrián Pineda Bethencourt, y Concepción Díaz Jiménez, a la República Oriental del Uruguay, estableciéndose en Montevideo, en cuya hermosa capital residió diez años, durante los cuales llegó a ser, por algún tiempo, regente del lujoso y rico establecimiento tipográfico de los señores Flores, hijos del justamente sentido Don Venancio, presidente de aquella república y asesinado traidoramente el 19 de febrero del 67, y cuya imprenta. que costó en Paris $40.000. fue conocida con el nombre La Idea, título que sirvió a la vez a una excelente publicación de grandes dimensiones en la cual colaboró Pineda y Díaz (1873) con los doctores Dupont, Súñer y Capdevila (don Francisco), Alonso y Criado, y los señores Flores, Barros y otros.

Fue fundador v director de los periódicos satíricos El Tapón y El rum-rum, que desaparecieron bajo la férrea presión de las despóticas dictaduras de D. Pedro Varela v D. Lorenzo Latorre en aquella época de efervescencia política, que dio por resultado la muerte de eximios patricios, la caída de la Presidencia de la República del doctor D. José Ellauri y el destierro, en la barca Puig, de importantísimas personalidades uruguayas custodiadas por el esbirro comandante Courtin.

Fue además por aquellas latitudes secretario del gremio de tipógrafos, y a su iniciativa y discreción se obtuvo la reducción de las horas de trabajo y aumento de sueldo, dentro de la equidad, la razón y la justicia, para los obreros de su noble arte.

En 1877 se trasladó a La Habana, donde actualmente reside, después de haber pasado por la amarga pena en Suramérica de haber Perdido a los seres más queridos de su familia.

En 1879 contrajo matrimonio con una joven habanera de la que ha tenido dos hijos, pero, presa siempre de su mala suerte, ha perdido el mayor, así como ha sufrido otras y nuevas desapariciones eternas en su familia, que han amargado más y más su ya combatida existencia.

Ha sido en La Habana, y por mucho tiempo, secretario del gremio de tipógrafos y director por elección del Boletín Tipográfico, órgano oficial del citado gremio; fundó y dirigió los periódicos El Artesalto, El Ariguanabo, La Evolución y la Revista de las Callanas, y ha colaborado en el Diario de Cárdenas, El Album del Bazar Parisién, El Combate, La Fisga, de Santiago de Cuba, El Globo, de Güira de Melena, El Eco de Canarias, y otros.

Periodista de firmes y profundas convicciones, imprime a sus trabajos el vigor de sus ideas, que transmite al papel después de pasarlas por el crisol de la razón, la justicia y el derecho y, una vez estampadas para el público, se convierte en paladín irreductible ante la fuerza o la soberbia, y humilde ante el sano consejo del sabio.

Periodista viril, sostuvo un duelo en que dejó bien alto el honor de su patria, de él idolatrada, y su propio honor, ambos ultrajados por quien, desde este suceso, reposa en el seno de la muerte.

Inició y realizó en Santiago de las Vegas la idea de propagar la instrucción pública (1888) por medio de suscripción popular entre las damas de aquella bella ciudad y a costa de mínima cuota, sustituyendo el número (800 suscriptoras) a la calidad y logrando la fundación de dos escuelas, una de niñas, con 80 alumnas, y otra de varones, con 130 educandos.

Por espacio de cuatro años desempeñó el importante cargo de secretario general de la Sociedad de Beneficencia Canaria con su centro de instrucción y recreo, habiendo obtenido varios votos de gracia y uno de admiración, asentados en las actas del citado instituto a petición de los asociados.

Hombre de buenas amistades y grandes influencias, vive siempre en la pobreza, pues sólo alumbra su mala estrella, la de su eterna adversidad, y las condiciones excepcionales de su carácter no le permiten pisar terrenos impropios de quienes, como él, tienen el alma templada al fuego santo de la virtud, la honradez y el trabajo.

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