Siguiendo con la serie de temas de este tipo que fueron tratados en 2003 mediante intercambio de e-mails, aquí va uno que trata de algo casi paranormal.
Carlos M. Padrón
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23-09-2003
A finales del año 1957 me asignaron tres instalaciones: Aeropostal, MOP, y el Ministerio de Educación, aunque a veces me sacaban de ahí para atender otros problemas.
En Aeropostal tenía yo un problema, especialmente con las tabuladoras 405, y era que se cortaban los manojos de cables internos (había cientos) que conectaban puertas, CBs, etc. y el problema era causado por los ratones que, de noche, hacían su agosto.
Los cortes eran como si los hubieran hecho con sierra. y los problemas derivados de ellos eran de película.
Después de hablar mucho con el jefe de la instalación, pusieron veneno dentro de las máquinas y no funcionó. Entonces les sugerí que se consiguieran un par de gatos y los soltaran en la instalación por la noche.
No sé si me hicieron caso, pero a partir de ese día se acabó el problema.
Además, soy muy amigo de los gatos; tengo dos.
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03-10-2003
Leonardo Masina
Los técnicos teníamos siempre problemas, ya que, por lo general, nos sentíamos un poco marginados de lo que era IBM, y una reunión de departamento podía durar toda una tarde sin llegar nunca a una conclusión satisfactoria.
Recuerdo una vez que a una reunión fue invitado Alejandro Rivero, que era el responsable de GSD. Como en toda reunión, siempre se empezaba con hipocresías y frases a medias, sin llegar nunca a decir claramente cuál era el problema.
Normalmente, las cuentas de gastos eran el problema mayor, ya que mucha gente olvidaba que un jefe había sido técnico antes que jefe, y que las reivindicaciones que uno hacía eran a veces cosas que ya se pedían en el pasado.
Después de dar vueltas por más de dos horas y no llegar nunca a explicar claramente cuál era el problema, y haberse quedado a un lado escuchando sin decir palabra, recuerdo que Alejandro dijo:
—Si no he entendido mal, estamos ante un problema económico.
Hubo silencio en el grupo ya que Alejandro había dado en el clavo, o sea, había entendido de qué se trataba. Para eso, ¡no hacía falta tener mucha imaginación!
De repente se oyó una voz discordante que dijo:
—Éste no es un problema ECONÓMICO, ¡es un problema de DINERO!
Todo el mundo se quedó sorprendido ante tal conclusión, y Alejandro preguntó:
—¿Y qué diferencia hay?
Empezaron entonces dos bandos a discutir las posibles diferencias entre dinero y economía, y creo que estuvimos un par de horas elucubrando sobre el tema.
La postura mayoritaria era que dinero era lo que uno ingresaba (lo tangible) mientras que la economía era lo que IBM se ahorraba no pagando ciertos servicios o cuentas.
Como de costumbre, la reunión acabó sin concluir nada; y pobres éramos y pobres quedamos.
Todavía hoy no he entendido cuál es la diferencia entre economía y dinero. Para mí son lo mismo, pero para varios de mis compañeros aparentemente no.



«Debuté» en IBM el 01-12-1957 y recuerdo muy bien las instalaciones referidas por el amigo y CABALLERO Ramón López.
LAV, en el Silencio, con y sin ratones pero con un presidente que cuando lo conocí me impresionó pues parecia un Boeing 747 en posición vertical por lo alto y fornido que era. En esa época yo medía 1.88 mts. y él me pareció un gigante; imagínenselo.
El MOP lo conocí tambien hasta sus finales de instalación de Unit Record cuando pasó a sistemas avanzados, pero no olvido la sala de máquinas gigante que tenian en el Centro Simón Bolivar, y menos aún olvido a dos personajes que allí trabajaron como empleados del MOP. Uno fue el Jefe de la instalación, que apodaban «Pollino», y el otro el jefe de sistemas, «Yamin», que se hizo millonario cuando montó una cadena de tiendas que distribuía VHS de películas y equipos relacionados.
En el Ministerio de Educación viví la estresante pesadilla de una mudanza de equipos Unit Record siendo de las máquina más pequeña, las tabuladoras 421 y la calculado 602 que tuvimos que subir en un elevador muy pequeño, pero no dentro del elevador sino colgadas por debajo de la cabina, directamente en la fosa del mismo, ya que ni soñar que entraban dentro del elevador.
Fue una verdadera pesadilla. Entre tantos gratos recuerdos que el paso del tiempo ha dejado, al apreciado Ramón López lo recordaremos casi todos con su esbelta y delgada figura, su corbatín de lacito, su permanente cordialidad, y su limitación de tomar cafecito negro para que no lo confundieran con un termómetro. Un gran y cordial abrazo, Ramón, y saludos a tu familia.
Al amigo Leonardo le comento brevemente que economía es para mí lo teórico del dinero, como lo ven los economista y los planificadores; mientras que el dinero, efectivo en mano, cash on hand o billullo, es lo tangible que siempre nos ha escaseado pero que tampoco es sinónimo de felicidad, y que nos hemos tenido que embraguetar para tener una economía familiar medio saneada.
Abrazos Leonardo, y felicitaciones por tus simpáticos comentarios que redactas para nuestro beneplácito.
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Oscar, para darte un ejemplo acerca del técnico de la «Economía vs. dinero», el Viejo Morales conservaba celosamente una cuenta de gastos del año 1969 hecha por ese técnico por el monto de UN REAL (Bs 0,50) ya que, con toda su razón, cuando el técnico se la presentó para que se la autorizaran dijo que eso er lo que se había gastado esa semana en una carrera de carrito por puesto.
Ante la sugerencia del Viejo Morales de que añadiera ese gasto a la cuenta de la semana siguiente, el técnico alegó que él se había gastado SU DINERO y tenían que abonárselo YA.
Entonces el “viejito” sacó de su bolillo un real y, dándoselo al técnico, le dijo: “¡Te la compro!”. Y se la compró.
De hecho, muchos años después, estando el “viejito” en Chuao me volvió a enseñar la tal cuenta de gastos, pues la seguía guardando celosamente protegida en un plástico. Esa cuenta era para él una de las tantas anécdotas que solía contar de los viejos tiempos.
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Las cuentas de gastos fueron el reconocimiento a muchos llantos que hubo allá en los viejos tiempos.
Sucedía que, como los clientes que te eran asignados eran tus clientes, no podías pasar cuentas de gastos por el trabajo que hicieras en ellos, pues se entendía que ese trabajo incluía los viajes a tales clientes, que eran como «tu territorio».
Cuando se hacia una cuenta de gastos era por haber salido de tu territorio a prestar ayuda porque alguien tenía en su propio territorio un problema que realmente requería ayuda.
En ese caso, generalmente el Field Manager (Conchita), te llamaba, te señalaba dónde debías ir y a quién ibas a ayudar.
Los aires del tiempo traen a mi memoria que, en Maracay, por las dificultades de transporte, había una asignación que se pasaba como cuentas de gastos. Era de Bs 10,00 semanales, que cuando se dejaban acumular durante un mes daban la astronómica suma de Bs. 40,00.
Cuando empecé, el año 1959, mi trabajo inicial fue en CANTV de Maderero, con Lacoste y el Sr. Bilbao, y el Sr. Morales —mi primer jefe— me dijo que yo no tenía territorio sino que iba a trabajar como ACE.
A mi pregunta de que era un ACE, me respondió muy jocosamente: «Mijito, usted es como el jabón ACE: HACE DE TODO».
Así continué por un tiempo, hasta que me transfirieron a Maracay por 3 meses… que se convirtieron en 5 años.
De paso, cuando un día le presenté una tarjeta de sobretiempo por un trabajo que realmente era urgente y que se hizo fuera de hora, el Sr. Morales me dijo: «Mijito, ¿cómo es posible que vaya a cobrar por la oportunidad de destacarse?», Y, simplemente, guardó la tarjeta en su escritorio y nunca supe de ella de nuevo.
Y el bono de comida, de cuando uno se quedaba trabajando, había que pasarlo y no abusar, porque eso no era muy bien visto.
¡Así eran las cosas en aquellos tiempos!
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José, de todos los cuentos echados aquí hasta ahora acerca de hechos ocurridos en IBM, ése de no pagarte usando el argumento de que lo que querías cobrar había sido para ti una oportunidad de destacar, me parece de lo peor.
¡Cosas veredes, Sancho!
A la Cantv de Maderero fue muchas veces entre 1965-1966 a hablar con Roberto Ferrero cuando yo trataba de venderle las máquinas Olivetti, y, luego de vendidas, a coordinar con él los planes de instalación. Roberto tenía un mano derecha del cual, cosa rara en mí, recuerdo la cara pero no el nombre.
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Carlos, corroboro totalmente lo que escribió José sobre el overtime (sobretiempo), que en el Departamento Técnico era como el ser virgen o no.
Me explico. Hasta que no lo cobrabas eras virgen, y seguías así, como un guevón (o pendejo) trabajando para hacer méritos,… hasta que lo cobrabas la primera vez. Entonces te desvirgabas y, a partir de ahí, ya lo empezabas a cobrar,… hasta que te promovían a excempt y entonces seguía teniendo que trabajarlo… pero no lo cobrabas.
O sea, la promoción no era otra cosa que aumentarte de nivel para no tener que pagarte más el sobretiempo.
Y con eso del sobretiempo tengo que darle las gracias a Eduardo Camblor que, como ya he escrito en un artículo anterior, vino a ayudarme a montar BMs en la UCAB, e impuso a mi jefe, Uwe Petersen, que se me pagase el sobretiempo ya que yo lo estaba trabajando, y de ahí mi “emancipación tempranera”.
Sí, tengo que agradecer a Eduardo el haberme “emancipado prematuramente” ya que me enseñó, además de a cobrar el sobretiempo, a hacer BIEN las cuentas de gastos, a exigir mi derecho de comida y, además, el kilometraje y todo lo que me correspondía cuando viajaba.
Con él hice un MASTER que casi llegó a ser un DOCTORADO.
Para hacerme ganar más y cobrar sobretiempo, estando en la UCAB dijo que era más provechoso trabajar corrido, con una pausa para comer, pagada por IBM, una hora o más de sobretiempo, y luego, al reducir los viajes de 4 a 2, (una ida y una vuelta), también ahorraba en ese concepto.
Eduardo fue un genio en eso. Lo calculaba todo,… y pensar que era madrileño. ¡No me imagino lo que habría hecho de haber sido catalán!
En mi caso, además —y es fue Eduardo quien lo descubrió—, dijo que mi sede natural de trabajo era Plaza Venezuela, y que, por tanto, en mis desplazamientos hacia El Paraíso, Montalbán, Antímano, IVIC, etc. yo cobraría el kilometraje desde Plaza Venezuela hasta esos sitios, mientras que de casa a Plaza Venezuela era por cuenta mía.
José, posiblemente desde que tú entraste hasta cuando lo hice yo (en 1969) lo de los gastos de transporte había cambiado un poco ya que, como bien dices, el viaje de la casa propia al cliente, y del cliente a la casa propia, corría por cuenta de uno porque ése era tu territorio de trabajo; pero todos los desplazamientos intermedios, tanto en la mañana como en la tarde y en cualquier dirección, sí te los pagaban.
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Mis estimados: entonces yo fui la antítesis de Camblor, porque a lo de preparar las cuentas de gastos le dediqué el mínimo tiempo posible.
Yo anotaba en mi agenda los viajes que hacía (taxi o carro propio), y de ahí al formato de la cuenta. Si carro propio, usaba la tabla de kilometraje que habpian preparado para eso.
Como excepción, los almuerzos con clientes. Pero para eso bastaba con la factura,… ¡sin caña!
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Carlos, por eso viene lo referente a lo que escribí hace años y tú estás publicando ahora: los técnicos no teníamos los mismos derechos que tenían los demás empleados, como los vendedores y analistas, pues prácticamente éramos empleados de tercera. Y las quejas de esa reunión tenían muchísimo fundamento, como tú mismo confirmas.
Reconozco que, dentro del grupo de los técnicos, yo fui una «mosca blanca» (aparte de cojonera…) ya que —lo reconozco— los privilegios que yo tenía no los tenían mis compañeros.
Y no hablemos de los sueldos porque ahí sí que empezamos a llorar…
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Pues, Leo, repito: me estoy enterando ahora. Lo cual no es raro porque, como he dicho aquí varias veces, yo no estaba en IBM por el dinero, así que no me perocupaba de lo que ganaran unos u otros.
Sí me di cuenta de notables diferencias en el aparente tren de vida de algunos técnicos, pero pensé que era cuestión de estilo.
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Es que entre los técnicos, había «perros y perraje». Eso, honradamente, tengo que reconocerlo ya que fui uno de los privilegiados.
Y aunque lo fuese, siempre me consideré compañero de mis compañeros y estuve siempre a su lado en las reivindicaciones que consideré justas.
Hay una definición bastante escatológica: «El peo es grito desesperado de la mierda oprimida». Si armábamos peos, era porque nos sentíamos oprimidos.
Tanto José como yo, y unos pocos más, pertenecíamos a ese restringido grupo, pero, aunque nunca trabajamos juntos, las referencias que he tenido de él es que siempre fue un SEÑOR, y así lo consideraban sus compañeros.
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Carlos, es verdad lo que señalas, pero así eran las cosas, y lo grande es que se tomaba como algo extremadamente normal; la responsabilidad lo llevaba a uno a trabajar fuera de hora sin que nadie se enterara.
Cuando Leo entró ya se había logrado que se pagaran los viajes entre clientes, y el primer viaje corría por cuenta del técnico. Lo que pasa es que la historia de Leo es de 10 años después, cuando ya los técnicos tenían los pantalones largos: había empezado lo que era Petróleo, Técnicos de Sistemas, 360, guardias, stand by, comidas en trabajo fuera de hora, etc.
Hay que dar gracias a gente como Eduardo Camblor, Baracki, y Guillermo Vento, entre muchos otros, que contribuyeron a cambiar las condiciones del cobro por el trabajo realizado.
Claro, hay que decir la verdad también: hubo muchos que, si no veían la posibilidad de un sobretiempo, eran reacios a meterse en problemas.
Algo más de cuando yo empecé: no existían TÉCNICOS, pues en casi todas las instalaciones los llamaban «mecánicos», y en un tono que no era siempre el más amigable.
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José, tienes totalmente razón: la IBM de los años ’70s no era ni la sombra de la de los años ’60s, que fue la tuya. Y coincidirás conmigo en que, en la de los ’80s ya se había perdido todo lo que los técnicos de los ’50s, y luego los de tu generación, habían logrado crear; y con la mía, la de los ’70s, consolidar.
Hasta comienzos de mi generación, en nuestras venas corría sangre del grupo IBM Rh+ luego, empezó a aguarse… y ya ni sé en qué se volvió y qué corría en sus venas.
Ese espíritu de pelear para resolver un problema, no importando la hora que fuese o el sacrificio que hubiera que hacer, se desvaneció totalmente.
Cuando nos trancábamos en un problema y venía alguien con más experiencia a ayudarnos, estábamos ahí como esponjas, intentando absorber toda la sabiduría que ese alguien nos podía transmitir.
Cuando me tocó a mí ir a ayudar a alguien, empecé a notar, con cada nueva generación que entraba, cómo ese interés se iba desapareciendo, hasta el punto de que muchas veces me quedé solo resolviendo el problema ya que el técnico responsable había salido a hablar con las secretarias o perforistas, a tomarse un café, o a comer, o hasta que, inclusive, había abandonado la instalación y se había largado, dejándome solo con su maletín.
Parece que como la “bonanza” que habíamos logrado alcanzar, ustedes primero y nosotros después, a ellos ya les representaba una meta más que suficiente para vivir y no tener que pelear —o, mejor dicho, sacrificarse— para conquistar ese nivel de superación que nosotros ambicionábamos. En otras palabras, las nuevas generaciones se encontraron “la papita pelada” (como se decía en Venezuela) y ya no les interesaba sacrificar nada de su vida para llegar a más altos objetivos.
Realmente no sé si fue causa de la educación escolar que recibían esos técnicos, el ambiente social y político del país, o lo que sea, que ese amor que teníamos algunos “viejos” por IBM, ellos no lo sentían y, de hecho, a la primera oportunidad que tuvieran de largarse, lo hacían sin titubeo alguno.
Ya en mi época, lo de MECÁNICOS todavía se escuchaba, pero más bien a los CEs de tabuladoras y URs, pero cada vez menos. A los de sistemas ya nos llamaban técnicos, posiblemente porque también las máquinas así lo imponía, pues entre ver una tabuladora (mecánica) a ver una computadora (electrónica), había mucha diferencia; de usar martillo, botapines, cambiar correas, etc. a usar el osciloscopio, también la había, y eso mejoró muchísimo nuestro estatus.
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