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Cortesía de Roberto González Rodríguez
11-05-2011
Carlos M. Padrón
Desde que en abril de 1949, y en el estanque de la plaza de la catedral de La Laguna (Tenerife), vi por primera vez un pato, quedé fascinado por este animal al que, como niño que entonces era yo, califiqué de “gallina que nada”.
Y prácticamente me acerqué a ese estanque casi todas las veces que desde entonces fui a La Laguna, que fueron muchas.
Ya en Venezuela, en mis viajes por el interior del país y en los varios que hice a otros países, dondequiera que encontré patos me detuve a contemplarlos.
En febrero de 1976, con mi entonces mujer y nuestras dos hijas, me mudé a la casa en que aún vivo, en La Trinidad (Caracas), y sorpresivamente un tío materno de mis hijas, que vivía con nosotros, les trajo de regalo dos patos pequeños, totalmente blancos, que me crearon un problema de logística, pues si bien podía ponerlos en el pequeño cerro de la parte posterior y montañosa del jardín de la casa, no veía yo forma de facilitarles el agua para ellos tan necesaria.
Poco a poco, y a medida que crecían los que para entonces supe que posiblemente eran patos de raza Pekín, fui acondicionándoles el lugar siguiendo los consejos que encontré en los manuales guía que compraba yo en mis frecuentes viajes a EEUU.
Por estos manuales supe acerca de las características de los huevos de pato y de sus ventajas sobre los de gallina, en especial si éstos eran comprados en un mercado o a los buhoneros que solían venderlos en Caracas en la calle, a veces a pleno sol, y sin refrigeración alguna.
Y el día que en el cerro de la casa apareció uno de esos huevos y me lo comí frito, decidí que traería a mi casa más patas.
Pero antes de que ese huevo apareciera noté repetidas veces que uno de los dos patos fungía como macho y cubría al otro, que en realidad resultó ser «otra», y que fue la que puso el huevo al que siguieron muchos más.
Una detallada observación me hizo notar que el supuesto pato macho no tenía pene, o sea, que era también hembra, y que los hechos daban la razón a lo que acerca de estos casos decían los mencionados manuales: si se tienen sólo patas, una de ellas terminará fungiendo como macho, cubrirá a las patas como tal, y no pondrá huevos.
Ante esto recorrí los puestos que en el mercado de Quinta Crespo o de Coche, ambos en Caracas, vendían aves para matar, y en uno de ellos compré tres patos Pekín adultos y los puse en casa junto con la hembra que fungía como tal y con la otra que lo hacía como macho y que, si bien a la llegada de un verdadero macho dejó de hacerlo, nunca recuperó las funciones de su sexo, no al menos en lo de postura de huevos.
Me hice cliente asiduo de estos puestos y de los que vendían polluelos de pato, también en el mercado de Quinta Crespo o de Coche y, aplicando las guías para tratar de averiguar el sexo de esos polluelos, analicé docenas de ellos y me traje a casa los que creí hembras.
Con el tiempo, mi acierto en la escogencia llegó casi al 80% y así me hice con una docena de patas.
En uno de mis viajes al mercado de Coche descubrí que tenían a la venta una pequeña incubadora para un solo huevo.
La compré, leí bien las instrucciones de uso, la monté en una mesa de lo que entonces era la biblioteca que yo tenía en mi casa, metí en la incubadora un huevo que, dada la activa presencia del pato macho, supuse fertilizado y, cuando ya sentí que el polluelo iba a nacer, corrí emocionado hasta el colegio en que estaban mis hijas y, luego de pedir permiso, me las traje a la casa para que presenciaran el fausto acontecimiento que, además, filmé con una de aquellas cámaras que usaban película Súper-8.
Un patito a punto de nacer. Si se le ayuda, será un inútil que seguramente morirá pronto.
Y ese nacimiento fue lo que me decidió a profundizar en la cría de patos, animales que los chinos consideran cósmicos.
Estos animales son muy voraces y, por supuesto, defecan mucho. Y, tal vez por lo mucho que comen, las hembras son auténticas máquinas de poner huevos, por lo que en casa dejamos casi de comprar huevos de gallina, y todos consumíamos los de pato porque, aunque de sabor ligeramente diferente, eran mayores, más nutritivos y, sobre todo, indudablemente frescos.
Con el tiempo, y por los mismo motivos de escapismo que ya conté antes, en el mencionado cerro —que originalmente era un talud con un declive de 45° en el que muy poco podía hacerse— hice construir tres terrazas, cada una con superficie plana y completadas con tierra fértil, y acondicioné sólo para los patos la más baja de ellas, en la que, con la ayuda de un cuñado —el esposo de mi hermana mayor— que era maestro de obras, construí un estanque con facilidad para verter en la cloaca pública el agua sucia y llenarlo con limpia, y al lado una caseta acondicionada con un largo nido con capacidad para acomodar simultáneamente a varias patas.
Como los llamados “Patos de Padrón” se hicieron populares en IBM, a uno de los muchos compañeros que me preguntó por ellos le conté de las andanzas patunas y de que a algunos les había puesto nombre, como Langaruto.
El famoso Langaruto frente a la caseta principal adosado a la cual estaba el estanque.
Al escuchar esto, María Elena Veronese, quien había trabajado conmigo en la sucursal de la que fui gerente, preparó y me entregó esta lista de nombres sugeridos, que enseguida puse en práctica, y a la que luego contribuyeron con más nombres (los escritos a mano) familiares y amigos.
Lista de nombres sugeridos para mis patos. Los tachados o con asterisco fueron asignados.
Y por esto de mi «patología», no fue de extrañar que en el kickoff de 1977 se me obsequiara un pato como parte chistosa del premio al que me había hecho acreedor.
Milagro Micó, el pato «criollo», y Carlos M. Padrón.
Milagro Micó fue la encargada de entregarme el pato, y creo que también quien «parió» (aunque estaba encinta) la idea de dármelo.
Lo que Milagro no sabía es que el pato que escogió era de la raza que en Venezuela llaman «criolla», que se caracterizan por ser muy grandes, feotes, que escapan volando si no se les cortan a tiempo las plumas guía, y cuyas hembras son poco ponedoras y no muy buenas madres.
De hecho, ese pato escapó de casa, volando, algo así como un mes después de que me lo dieron.
Allá por comienzos de los ’80s mi hija Alicia, que es amante de los animales, gustaba de jugar con los perros y dar de comer a los patos,
Alicia Padrón llama a los patos para darles comida, mientras Sam (el Labrador amarillo) y Mencey (el Kuvasz blanco) juegan en el jardín.
Varios de los patos descansan bajo los árboles en el lado izquierdo del área reservada para ellos.
Con el tiempo, además de la faceta práctica de los huevos descubrí que la contemplación de la forma en que los patos usaban a veces el estanque era para mí fuente de tranquilidad y sosiego.
Los Pekín en el estanque; los de otra raza, aparte o fuera. ¿Discriminación racial?
Sobre todo al atardecer gustaban de dejarse flotar sobre el agua manteniendo escondida la cabeza bajo una de las alas, como si durmieran, mientras la brisa que rizaba la superficie del estanque y de su plumaje mecía lentamente sus cuerpos.
Y también descubrí que la manada era para el macho un harén en el que una de las patas era su favorita y las otras eran meros objetos sexuales.
La diferencia de trato era también fuente de relax, pues cuando el macho quería cubrir a una que no fuera su favorita se le echaba encima sin previo aviso —a veces en el estanque, pero las más de las veces fuera de él— y la cubría si miramientos, mientras la pata “agraciada” y las demás gritaban asustadas.
Pero el relax no estaba en el cubrimiento de esas patas sino en el de la favorita.
Cuando ésta estaba sola en el estanque, flotando a la deriva, el macho entraba, y entre ambos comenzaba una especie de danza que los ponía a nadar lentamente en círculos por un rato.
Luego, llegado un momento que nunca pude anticipar, el círculo descrito por el nado del macho comenzaba a estrecharse, y ambos, macho y hembra, movían sus cabezas de arriba hacia abajo como si asintieran.
Y cuando al fin el estrechamiento de su círculo ponía al macho en contacto con su favorita, la montaba con delicadeza —aunque sujetándose fuertemente con su pico al cuello de ella—, no había aspaviento alguno de parte de la manada y, una vez que terminaba el apareamiento, se daban ambos unos tremendos chapuzones graznando de jolgorio.
Animado por lo que acerca de patos leía yo, y lo que me contaban los criadores de estos animales con los que hablé en diferentes lugares de EEUU, compré en ese país un par de incubadoras electrónicas con capacidad para 36 huevos cada una —una la traje yo, y la otra me la trajo el amigo exIBMista Reinaldo Perdomo—, y con la producción sacada de ellas hubo un momento en que, entre polluelos, adolescentes y adultos, tuve en mi casa 42 patos, cada grupo en su lugar individual. Para esa fecha ya había ganado yo fama de “patólogo”. 🙂
Luego de colocar en la pata derecha de cada pata (parece redundancia, ¿no?) una anilla con un número, puse en práctica un sistema de control que me permitía saber cuántos huevos podía yo esperar encontrar cada mañana, pues las patas ponen preferiblemente en la madrugada.
Como eran entre 20 a 30 huevos cada día y, por supuesto, no podía usarlos todos en casa, opté por vender en IBM el excedente, casi siempre a Daulah López, una compañera de trabajo cuya entonces pequeña hija se crió, según lo que su madre me contaba, con una dieta en la que abundaron los huevos de pato.
Un día noté que la cantidad de huevos encontrados en la mañana en los nidos de la caseta junto al estanque era menor que el resultado de la palpación hecha a las patas la noche anterior, y disminuía cada día.
Fue mi cuñado, el maestro de obras, quien descubrió el motivo cuando al quitar de los nidos la viruta que los cubría encontró un túnel que desembocaba bajo ellos.
Siguiéndole la ruta descubrimos que el túnel nacía en el cerro de la casa vecina a la mía.
Echamos dentro del túnel algunos huevos inyectados con veneno para ratas, y tapamos su boca con cemento mezclado con trozos de vidrio de botellas a fin de que si el intruso quería abrir de nuevo la salida del túnel se cortara las patas con esos vidrios.
La producción de huevos volvió a coincidir con el forecast, y, días después, mi vecino, a quien yo había alertado al respecto, me llamó para mostrarme el cuerpo sin vida de un enorme rabí-pelao —especie de rata gigante, astuto y repulsivo, que abunda en Venezuela— que yacía muerto en su cerro, cerca de donde nacía el túnel.
Rabí-pelao
Cuando los nidos de la caseta junto al estanque resultaron insuficientes, mi cuñado construyó, bajo la escalera de subida de la primera a la segunda terraza, una casita de dos pisos con nidos en cada uno y con una rampa que permitía a las patas el acceso al piso de arriba.
La producción de huevos llegó a ser una prioridad para con mis patos, y cuando descubrí que la raza más ponedora es la llamada Khaki Campbell, me puse a averiguar dónde en EEUU podía yo conseguir huevos Khaki Campbell fertilizados, y logré ubicar una granja que, a petición del comprador, los enviaba por courier a cualquier parte de EEUU.
Para asistir en febrero de 1985 a un curso en Chicago me llevé, por supuesto, un buen abrigo. A mitad de la semana que duró el curso me comuniqué por teléfono con el dueño de la granja mencionada y le pedí que a casa de Fernando Lacoste, exIBMista y buen amigo que vivía en Miami, me enviara, bien protegidos, 36 huevos de Khaki Campbell.
Por supuesto, antes de esa llamada ya contaba yo con la conformidad de Fernando.
Terminado el curso volé a Tampa, y allí, donde para entonces vivían varios amigos exIBMistas, Patricia Palacios, esposa de Javier Palacios (uno de tales amigos) tuvo la amabilidad de coser, cerrándolas, las bocas de las mangas de mi abrigo, pues ya en Tampa y Miami no iba yo a necesitarlo.
Al llegar a Miami recogí en casa de Fernando Lacoste la caja con los 36 huevos de Khaki Campbell, me fui a un supermercado y compré tres docenas de huevos de gallina de los más grandes que encontré, cada docena en su respectivo cartón, en los cuales reemplacé con huevos Khaki Campbell los comprados en el supermercado.
Metí en una manga de mi abrigo dos de los cartones, y en la otra uno (total, 36 huevos) para traerlos a Caracas camuflados de esta forma.
Pero como en mi manera de ser no tiene lugar el desperdicio, sentí que sería casi un crimen echar a la basura los 36 huevos de gallina comprados en el supermercado, así que no se me ocurrió mejor cosa que ponerlos todos en una de las bolsas plásticas de ese supermercado y colocarme a la puerta de salida de éste en espera de que apareciera algún cliente empujando un carrito que indicara que había hecho una compra de viandas.
El primer cliente que con tales características salió fue una señora cubana que venía acompañada por quien parecía ser una amiga. Las detuve, y mostrándole a la cubana la bolsa con los huevos, le dije:
—Señora, ¿usted querría estos huevos?
Para mi consternación, la señora se sonrojó, miró a su compañera y luego a mí, y con acento airado exclamó:
—¡Ay, Dios mío! ¡¡Las cosas que una tiene que oír!!
Y, sin más, reinició la marcha con su carrito, de forma tan violenta que me habría atropellado si no me aparto.
El asombro me dejó clavado en el sitio, boquiabierto y con la bolsa de los huevos aún alzada, mientras, sin entender qué había hecho yo de malo, miraba incrédulo a la señora que se alejaba taconeando de una forma que denotaba que todavía estaba molesta.
Aún mantenía yo tan ridícula posición cuando se me acercó un señor, también cubano y que, según deduje, había observado lo que me había ocurrido con la señora. Conteniendo la risa a duras penas, el señor me preguntó qué había pasado.
Para que entendiera bien mi consternación le eché completo el cuento de los huevos fertilizados, los recién comprados en el mercado, y el cambio que yo había hecho. Y, como prueba de esto último, le enseñé el ticket de compra y los cartones llenos con unos huevos que, por su color, no podían haber sido comprados en aquel supermercado.
Cuando terminé mi relato y presentación de pruebas, el señor, riendo ya abiertamente, me dijo
—Amigo, ¡es que a las mujeres no hay quien las entienda! Deme usted los huevos que yo los acepto con muchos gusto.
Se los di, además de darle también las gracias, y puse tumbo al aeropuerto.
El vuelo salió a tiempo, y, mientras duró, mantuve sobre mí el abrigo con el precioso y frágil cargamento.
En la aduana de Caracas no tuve problema alguno pues, tal y como yo había supuesto, regresando de EEUU en pleno invierno a nadie le extrañaría que un viajero trajera en su brazo un abrigo bien doblado.
Apenas llegar a mi casa dejé en reposo por 24 horas los 36 huevos, que es lo indicado para ellos después de un viaje, y al día siguiente los puse en una de las incubadoras electrónicas.
El resultado, también dentro de las previsiones, fue que, durante los días 13 y 14 de marzo de 1985, de los 36 huevos salieron sólo 5 patitos, pues era de esperar que la mayor parte de los huevos sufrieran daños por el ajetreo de los viajes, sobre todo del que los trajo hasta Miami, y por los cambios de temperatura.
Esos cinco Khaki Campbell crecieron, y oficialmente fueron bautizados con los nombres de quienes ayudaron a que fuera posible que nacieran en Venezuela.
Aquí, en la participación oficial que del bautizo preparé para los interesados, están los nombres de los patos y de sus padrinos/madrinas:
Dos de las Khaki Campbell hicieron historia, pues Ibémita batió el record de mis patas ponedoras porque llegó a poner 340 huevos en un año, y Trapicia fue adoptada como mascota por mi hija Alicia, a quien seguía a todos lados, como un perrito, o se echaba a sus pies cuando mi hija se sentaba a estudiar.
Tal vez por eso, Trapicia perdió algunas de sus habilidades patunas y murió al no poder poner un huevo que resultó demasiado grande para ella.
Patos Pekin y Khaki Campbell.
La gente del Departamento de Comunicaciones de IBM de Venezuela que, entre otras actividades, editaba Dimensión, la revista interna de la compañía, supo de mi hobby patuno y en el número del primer trimestre de 1985 publicó al respecto este reportaje que he partido en trozos para, escaneando cada uno por separado, facilitar su lectura.
Las fotos son parte del reportaje y venían intercaladas entre los textos. Las explicaciones bajo todas ellas, excepto una, las añadí yo a efectos de este post.
(Comienzo del reportaje)
La segunda incubadora que tuve. La traje de USA
Patos adultos, de varias razas, en el patio frente a la caseta de postura.
Con mi hija menor, Elena Padrón, y varios polluelos de Khaki Campbell.
(Fin del reportaje publicado en Dimensión)
Carlos M. Padrón poniendo algunos polluelos de Khaki Campbell en la estación de crecimiento.
Cuando en junio de 1993 IBM me mandó a España en asignación de trabajo por dos años, llevé a un zoo todos los patos que entonces tenía excepto el casal de esta foto:
El último casal
Al regresar de España decidí remodelar mi casa, y eso implicaba salir de todos los patos.
Vendí las incubadoras y demás implementos patunos, llevé a un zoo aquel último casal que había dejado en casa cuando me fui a España, y así puse fin a un hobby que me entretuvo durante 17 años, y que hoy, 14 años después de haberlo dejado, aún lo añoro.
COMENTARIOS
CMP
En respuesta a Herbert.
Hola, Herbert. No creo que en Venezuela consigas esos patos; al menos no los había originales cuando yo me dedicaba a eso como hobby. Por tanto, la solución que se me ocurre es traer de USA, a mano y con mucho cuidado, huevos fertilizados como ofrecen en esta página.
El vendedor de esta otra está en Florida, así que habría que ir en carro desde Miami hasta allá.
Herbert
Buen día, Sr. Carlos.
Soy un principiante en esto de la cría de aves, y en especial estoy interesado en los patos Campbell, por su capacidad de producción. Si está en su posibilidad quisiera que me orientara sobre dónde puedo adquirirlos y qué clase de cuidados son más oportunos.
Soy venezolano y vivo en Anzoátegui.
CMP
En respuesta a Alicia Padrón.
Gracias, hija; también yo los echo de menos.
Esos animalitos tan especiales me traían paz de espíritu cuando me pasaba largos ratos viéndolos abandonarse en el agua con la cabeza oculta bajo un ala.
Alicia Padrón
Me encantó leer esto, papi.
Unos de los recuerdos más lindos que tengo de mi infancia es el de cuidar y ayudarte a criar patos. Me encantaba llegar del colegio directo a tu oficina a chequear las incubadoras, poner anillos en las patas de los patos pequeños, y cuidar a los más chiquiticos que estaban en la jaula con un bombillo para darles calor.
“Pati” fue muy especial para mí, y el bond de un pato con uno es fuerte, muy parecido al de un perro.
Les he contado todos estos cuentos a mis hijos muchas veces, y Alexandra dice que soy una “suertuda” por haber tenido 40 patos en la casa.
xo
CMP
En respuesta a Eugenia.
Gracias, Eugenia.
Eugenia
Me encantó su relato, Sr. Padron. Lo felicito.
CMP
En respuesta a Elena Quesada.
Gracias, Elena. Y saludos a tus hijos.
Elena Quesada
¡¡¡Excelente Carlos!!! Soy testigo de esos huevos. Mis hijos lo comían a diario. Disfrute mucho tu articulo. Un abrazote
CMP
En respuesta a Gustavo Cabezas.
Muchas gracias, Sr. Cabezas. Espero que lea Padronel más a menudo.
Gustavo Cabezas
Le felicito. Vengo siguiendo su blog hace poco tiempo, soy (investigador social) y me han interesado sus publicaciones antiguas. Lo leo más o menos a prisa, pero este artículo lo he leído dos veces. Gracias por compartirlo.
A ver si con esta entrega extraordinaria (extraordinaria por lo fuera de fecha y tan «pegada» a la anterior) me pongo al día en el orden cronológico con estas cuatro fotos que encontré desperdigadas.
OJO: esto no quiere decir que no sean más que bienvenidas fotos de antes de 1977.
Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha, o en el sentido de las agujas del reloj cuando las personas estén en círculo.
Si no sé ni el nombre ni el apellido de alguna de las personas en la foto, pondré un signo ‘?’ después del número; y si no sé el nombre o no sé el apellido, pondré una ‘X’ en el lugar en que éstos deberían ir,… y, con gracias anticipadas, espero que alguien me «despeje» las ‘?’ y las ‘X’.
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Foto 1.- De mi cosecha. Kickoff de 1976.
1, Carlos M. Padrón; 2. Iranzu Bilbao de Rangel; 3, Runy Romero
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Foto 2.- Cortesía de Enrique Novella. Kickoff de 1976.
1, Milagro Micó; 2, Enrique Novella
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Foto 3.- Cortesía de Oscar del Barco. Tomada el 14-06-1976 durante un curso de coaching en el hotel Conahotu, en Maracay.
Fila trasera: 1, Antonio Parravano; 2?; 3, William Gil †; 4, Rafael Mora; 5, Braulio Huen; 6, Oscar del Barco; 7, Eduardo Perretti; 8, Antonio Subero †; 9, Jaime Trillas †.
Fila delantera: 1?; 2, Miguel Romero; 3, Jorge Páez †; 4, Alberto Pereira.
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Foto 4.- Cortesía de Enrique Novella. Tomada en 1977.
1, Pierre Fluché †; 2, Enrique Novella
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Si quieres agrandar una foto para verla mejor y en más detalle, haz esto:
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COMENTARIOS
CMP
En respuesta a Antonio Lalaguna.
Gracias, Antonio. Ya incluí a la Sra. Bilbao.
Antonio Lalaguna
Carlos, en la foto 1 estás tú, Iranzu Bilbao de Rangel, y Runni Romero.
CMP
En respuesta a Oscar A. del Barco E..
Gracias, Oscar, por tus elogios. Ya hice la acotación en la foto.
Oscar A. del Barco E.
Felicitaciones, Carlos. Tu constancia es admirable y envidiable.
El curso fue de Coaching, en el hotel Conahotu en Maracay, y los participantes en esa ocasión fuimos fotografiados para la posteridad. Algunos ya no están con nosotros en esta dimensión; se los llevaron.
Las cuatro fotos que publico hoy son de las que se me van quedando en el tintero, y luego, en un repaso, las encuentro.
Las tres primeras son de mi colección; la última me la envío Leonardo Masina.
Foto 1.- Tomada en Roma el 01-04-1974 cuando fui a Europa con una delegación de gerentes DP de la Banca venezolana.
Pedro Pablo Puky —para entonces DP Mgr del Banco Nacional de Descuento (BND), desaparecido 20 años después— y Carlos M. Padrón
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Foto 2.- Tomada el 09-11-1974 durante el Congreso Latinoamericano de Automatización Bancaria (CLAB) celebrado en Lima (Perú)
Francisco Urbina, para entonces DPD Mgr del Banco Latino, y Carlos M. Padrón
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Foto 3.– Tomada el 22-11-1974 durante el Congreso Latinoamericano de Automatización Bancaria (CLAB) celebrado en Lima (Perú).
Francisco Urbina y Carlos M. Padrón con sus entonces respectivas cónyuges, Idania Martín y Cecilia Hernández.
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Foto 4.- Tomada en marso de 1975 en el campo de fútbol del Club Germania, que estaba en La Trinidad (Caracas) donde hoy está el Edf. Procter & Gamble.
Equipo de fútbol de IBM de Venezuela con su madrina, Lydia Suárez.
De pie: Garrido, Mendicoa, a. Pardo, Lydia Suárez, Mauricio Barachi, Erensto Villamor, Stefano Crisafi
En cuclillas: J. Pardo, Henry Latozefsky, Claudio García, Cheo Blanco, Roberto alibardi, Walter Aquino
AMAR Y SER AMADO
La aurora matinal radiante y pura,
rasgaba de la noche el negro velo,
cuando, en pos de lo bello, en mi desvelo,
extático quedé por tu hermosura.
Desde entonces tu imagen peregrina
en mi mente aparece, aunque intangible,
y ocupas sola tú mi alma sensible
porque eres ideal, mujer divina.
Desde entonces tu angélico mirar
me dice la grandeza de tu ser
porque eres, por lo bella, la mujer
más digna por tus gracias de admirar.
Desde entonces un bello idealismo
invade a mi alma que por ti soñaba
en mis ansias, mujer, ¡cuando buscaba
amor puro sin mezcla de egoísmo!
Lo sublime que halaga el corazón
y del alma ennoblece el sentimiento,
lo grandioso que eleva el pensamiento
lo infinito, de Dios emanación.
Anhelo que infundió la Providencia
al darle al primer hombre compañera.
Desde entontes, el mundo en su carrera
sigue de Dios la mística sentencia.
——————
«Amar y ser amado» es de la vida
el más grande y estático poema;
«amar y ser amado» es aquel lema
que, en mis ansias de amor, mi pecho anida.
——————
El tiempo pasará, mas mi alma pura
nunca podrá olvidar aquel momento
que, en pos de mi ideal, por tu portento,
extasiado quedó por tu ternura.
***
En el campo mujeril,
buscando una pura rosa,
te encontré, divina diosa,
de incomparable valor.
Te ofrecí de mi cariño
las delicadas primicias
y entono dulces albricias
como un candoroso niño.
Desde entonces en mi mente
imperas, casta mujer,
como reina de mi ser,
a quien estoy consagrado,
y a quien digo con ternura,
al verte de amor henchida:
El poema de la vida
es amar y ser amado.
Carlos M. Padrón
Los otros artículos de esta serie de 5:
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Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha, o en el sentido de las agujas del reloj cuando las personas estén en círculo.
LAS PALMAS
El sábado 02 de abril (02/04) volé de La Palma a Las Palmas para recibir a Chepina que llegaría desde Caracas.
En Gando, aeropuerto de Las Palmas, me esperaba el amigo Francisco Lorenzo, un pasense residente en esa ciudad.
Y mientras hacíamos tiempo hasta la llegada del vuelo en el que Chepina vendría, Francisco me llevó desde Gando —que está a nivel del mar, y donde al momento había una temperatura de unos 20°C—, hasta un lugar llamado Ingenio en el que, por su enclave más elevado, había unos cuantos grados menos y, para colmo, soplaban ocasionales ráfagas de aire frío.
Con el brusco cambio de calor a frío, mi dolencia gripal, con fuerte impacto en la garganta, se agravó, e hizo crisis cuando esa tarde, por llamada telefónica desde Caracas, me informaron de que mi hija menor, Elena, había sido hospitalizada de emergencia en San Francisco (California, USA).
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A la hora de llegada prevista para Chepina, regresamos a Gando, y mientras esperábamos el vuelo desde Madrid, que se anunciaba con retraso, caí en cuenta de que la última vez que yo había estado antes en ese aeropuerto fue el 09-01-1969, lo cual recuerdo porque fue ahí cuando, esperando por la llegada del vuelo que nos llevaría a Caracas, mi hija mayor, Alicia, caminó por primera vez.
Cuando llegó Chepina —con casi dos horas de retraso y sin maleta (Iberia no la transfirió del vuelo Caracas-Madrid al Madrid-Las Palmas, pero prometió que llegaría esa noche en el vuelo de las 20:00)—, Francisco nos paseó por varios lugares de la ciudad de Las Palmas, en los que, dado ya mi creciente malestar, no tomé foto alguna.
Y cuando al fin nos dejó esa tarde en el hotel, Chepina sacó de su equipaje de mano, y me entregó, dos pendrives que contenían, grabada también en Caracas por mi yerno, casi la totalidad de la información perdida con la rotura del disco duro externo de la Mierdaptop, percance que ya mencioné en la primera entrega de esta serie.
Y digo ‘casi’ porque la información generada durante la semana inmediata anterior al 20 de marzo, fecha en que volé hacia el otro lado del charco, se perdió del todo, pues es mi costumbre pasar a Mierdaptop lo que tenga yo en Obama (así llamo a mi desktop, o computadora de escritorio) y quiera llevar conmigo al viaje, y trabajar con Mierdaptop durante esa semana a fin de poder corregir, estando aún cerca de Obama, cualquier falla de operación que se presente, pues, según acertadamente asegura Murphy, siempre se presenta alguna.
Pero, como ya dije en la entrega anterior, pasados diez (10) días desde que Chepina despachó por MRW, hacia El Paso y desde Caracas, los DVDs que contenían esa misma información, éstos no habían llegado a El Paso.
Llegaron el día 7 de abril (07/04) luego de reiteradas llamadas a las oficinas de MRW en Caracas, Madrid y Barcelona, y a las de sus corresponsales en Canarias.
La excusa dada por MRW para tan inaceptable retraso fue que el paquete estaba retenido en la aduana.
Cuento todo esto por si algún lector que esté en Venezuela quisiera enviar algo a Canarias por medio de MRW.
Pasadas las 20:00 nos fuimos al aeropuerto a buscar la maleta que, según Iberia dijo, llegaría a esa hora, pero nada de nada; nos la entregaron pasadas las 23:00. ¿Serán parientes Iberia y MRW? Bueno, al menos son de la misma nacionalidad.
El martes 03/04 nos sacó Francisco fuera de la capital y hacia lugares donde los paisajes me recordaron, más que en la ciudad de Las Palmas, a la Canarias que conozco.
Francisco Lorenzo y Carmen J. (Chepina) Pernía frente a un balcón de flores, en Teror
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Francisco Lorenzo y Carmen J. (Chepina) Pernía frente a balcones canarios, en Teror
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Carlos M. Padrón y Carmen J. (Chepina) Pernía frente a una fuente pública, en Teror
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Arucas vista desde el mirador.
Toma un tanto de lejos
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Toma de más cerca
Por su arquitectura, el edificio de la catedral me parece algo fuera de lugar, o, mejor aún, traído al lugar por una máquina del tiempo.
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Otras vistas desde el mismo mirador.
Parte de Arucas. Autopista a Las Palmas
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Carmen J. (Chepina) Pernía en primer plano. La Isleta a lo lejos
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La Isleta un tanto más cerca
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Francisco Lorenzo y Carmen J. (Chepina) Pernía frente a la catedral de Arucas.
El miércoles 04/04 anduvimos, a pie y en guagua-tour, por nuestra cuenta, y el jueves 05/04, muy temprano, volamos desde Las Palmas a La Palma.
La foto que sigue fue tomada al 04/04 en el Centro Comercial El Muelle, en Las Palmas.
***
LA PALMA II
El 08/04, ya de vuelta en El Paso con Chepina, en las afueras del bar en que acostumbramos a reunirnos los amigos para celebrar nuestros debates «filosóficos» y rememorativos de tiempos pasados, —bar que está en la calle a la que jocosamente apodan «Corredor de la Muerte» (porque en uno de los bancos que hay en ella se sientan muchos hombres de avanzada edad), o también «Wall Street» (porque es la calle en que están todos los Bancos que hay en El Paso)—, que nos encontramos con doña Amanción, una nonagenaria pasense por quien, por lo visto, no pasan los años.
Carmen J. (Chepina) Pernía, y Amanción López
***
Ese mismo 08/04, almuerzo de familia en el restaurante La Abuela, en Las Dos Palmas (El Paso).
María Celia Padrón, María del Carmen Padrón, Víctor Hernández, y Carmen J. (Chepina) Pernía
***
El 09/04 tuvo lugar un almuerzo con los mismos amigos del almuerzo anterior, pero esta vez acompañados de sus medias naranjas y en el restaurante El Secadero,.. donde no saben lo que son papas fritas molancas. ¡Qué vergüenza!
Érika (de Luis Herrera), Carmen J. (Chepina) Pernía (de Carlos M. Padrón), Edita (de Álvaro Taño), Isabel (de Javier Simón), Marianela (de Fidel González)
Y como Rigoberto (Berto) Rodríguez no pudo asistir porque Eyilda, su mujer, tuvo que trabajar ese día, nos invitaron luego a almorzar, el 10/04 y en su casa, lo que el propio Berto, buen sibarita y mejor cocinero, preparó para ese almuerzo.
Rigoberto (Berto) Rodríguez ejerciendo de cocinero en su garaje
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Las dos fotos que siguen fueron tomadas durante ese almuerzo. Ésta, como testimonio de que hubo vino, y del bueno.
Rigoberto (Berto) Rodríguez, Eyilda Infante, su mujer
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Y ésta frente a lo que quedaba de una bandeja que escasos minutos antes estuvo llena de papas arrugadas.
Rigoberto (Berto) Rodríguez, Eyilda Infante, su mujer, y Marta Rodríguez Infante, hija de ambos
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En el Recinto Ferial de El Paso durante el festival del domingo 10/04, día antes de nuestra salida del pueblo rumbo a Tenerife, también olvidé —y por los motivos que explicaré en otras entregas— tomarnos una foto con Rosa María (Rosita) Rodríguez, que amablemente vino hasta ese lugar para vernos. ¡Mis disculpas, Rosita! Pero sí le tomé a mis hermanas esta foto cuando estaban en el Recinto Ferial:
Mis dos hermanas, María del Carmen, y María Celia
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COMENTARIOS
Vicencio Díaz
¡Na’ tan GÜENA!
Tenían que darte algo para equilibrar tan maravilloso regalo. Te quisieron dar más tiempo, y tú pendiente de tu blog.
Todos sanos, felices de verte, acompañado y bien acompañado, vino, quesos, lajas, durcitos, risas y sonrisas, no pocas carcajadas. Viento de barlovento, olor a huerta, brisa tempranera y, al atardecer, esas fotos….
Eso se llama un niño consentido.
CMP
En respuesta a Germán Álvarez.
Es que los viajes son como las tecnologías: ni buenos ni malos. Todo depende de cómo se usen (las tecnologías) y de cómo le vaya a uno (si los viajes).
Germán Álvarez
Ah, pero el acontecido eres tú, no el viaje.
Este modesto y notable comprovinciano nació en la ciudad de Las Palmas.
Fue discípulo aventajado del colegio de San Agustín, del que era director el inolvidable Antonio López Botas.
Pasó a cursar sus estudios a la Universidad Central de Madrid, hasta obtener el grado de Doctor en Leyes, con las notas de sobresaliente.
Se trasladó luego a La Habana este ilustrado canario desempeñando aquí el cargo de auditor de guerra, plaza que obtuvo por oposición y en buena lid, honrado por el tribunal de exámenes con el número primero entre más de cien opositores.
Carlos M. Padrón
Como consecuencia de una para mí afortunada reunión vecinal habida el pasado año cerca de mi casa natal, en El Paso, Martín Pérez Taño, hijo también de El Paso donde todos lo hemos llamado siempre Miguel Ángel, me hizo llegar un ejemplar de su novela «Raúl».
Ya en mi artículo Mi llegada a la computación y a IBM – Un tributo a quienes influenciaron mi vida. Hechos y anécdotas, mencioné a Miguel Ángel entre las personas que de algún modo influyeron en mi vida, y él es una de las que, estando ambos en Venezuela, me hizo un gran favor.
Comoquiera que los protagonistas de tal novela son un muchacho de El Paso (La Palma, Canarias) y una muchacha de San Cristóbal (Venezuela), cuando esta primavera de 2011 fuimos Chepina y yo a El Paso me llevé el ejemplar de «Raúl», fuimos a visitar a Miguel Ángel, y luego de los saludos le dije que tenía frente a él la réplica de los protagonistas de «Raúl», pues Chepina es de San Cristóbal y yo de El Paso.
Luego le pedí que me dedicara el ejemplar que me había hecho llegar a Venezuela, y no sólo nos lo dedicó sino que nos regaló ejemplares de otras dos novelas suyas: «El Terrenito o Nicht Zu Verkaufen» y «Así murió Tanausú», de las cuales no tenía yo noticia alguna.
Después de haber leído esas tres novelas, creo que (y comento por orden cronológico):
1.- «El «terrenito», o Nicht Zu Verkaufen» (2000)
Es una fiel estampa anecdótica de la vida localista de El Paso en los tiempos en que comenzó a llegar a nuestro pueblo el turismo que vino para quedarse.
La descripción de los personajes y de las situaciones por ellos creadas corresponde exactamente con la realidad.
Mención aparte merece el genial toque de humor que me mantuvo riendo durante casi todo el tiempo que duró un vuelo entre Tenerife y Madrid, tal vez porque Rumenigue, el personaje de la novela, me hizo recordar a algunos alemanes que conocí en IBM de Venezuela.
2.- «Raúl » (2003)
Destaca el gran valor de la reseña histórica acerca de cómo era la vida en El Paso —en La Palma y tal vez en gran parte de Canarias— en la década de los años ’40s y antes; cómo en esa década, y comienzos de la siguiente, emigraron clandestinamente a Venezuela, arriesgando sus vidas, muchos jóvenes palmeros; y cómo fue luego en Venezuela la vida de muchos de ellos, tanto de los llegados legalmente como de los que lo hicieron ilegalmente.
Todo esto está narrado de una forma que resulta tan realista que toca muy de cerca al menos a quienes, como yo, supimos de esos hechos que, aunque presentados en una novela, fueron reales.
3.- «Así murió Tanausú» (2007)
Dejando de lado la faceta romántica, me resultó realmente impresionante, por lo valioso, el cóctel de ficción, hechos históricos e investigación que Miguel Ángel hace en esta novela y que sirve, o al menos me sirvió a mí, para aprender mucho sobre los aborígenes Canarios, sobre la cruenta conquista de las Canarias y, sobre todo, para ver las conclusiones —por demás meritorias y basadas en una lógica que se me antoja sólida— a que el autor llega acerca de cómo y por qué murió Tanausú, que es el meollo de esta obra.
Es realmente una lástima —y me atrevería a decir que hasta una vergüenza— que el autor haya tenido que financiar de su bolsillo la publicación de estas tres novelas.
Alguien pudiera argumentar que no son un dechado de arte literario, pero de haberlas considerado así creo que el autor las habría presentado a concurso, cosa que no sólo no hizo sino que una de las novelas fue publicada sin haberle hecho corrección de texto.
No soy crítico literario, pero sí amante de El Paso, mi pueblo, y para mí no es de orden literario el propósito que animó al autor a escribir estas novelas.
No, su mérito es de otro tipo que tiene un gran valor histórico, pues creo que, «El «terrenito», o Nicht Zu Verkaufen», y «Raúl» son lectura obligada para la mayoría de los pasenses vivos hoy.
En el caso de «El terrenito», para que recuerden o sepan cómo fue nuestro pueblo a mediados del siglo pasado. Y en el caso de «Raúl» porque un altísimo porcentaje de esos pasenses vivos a día de hoy, o están/estuvieron en Venezuela o, sin son descendientes de quienes estuvieron, tiene para ellos un beneficio especial empaparse de los detalles del medio social en que, en La Palma y en Venezuela, tocó vivir a quienes entonces emigraron a este país.
Sin embargo, la triste realidad es que, con dos excepciones, ninguno de los muchos pasenses a quienes he hablado de «Raúl» sabía de su existencia, y lo cruel es que no podrán leer ni ésta ni las otras dos, aunque con gusto comprarían las tres, porque, sencillamente, no están a la venta; no están ni nunca estuvieron en las librerías.
Esto escribió acerca de «Raúl» el pasense Adolfo Taño Perera, autor de Soldado de aquella guerra.
«Así murió Tanausú» es también lectura obligada para quienes, Canarios o no, deseen hurgar en la conquista de las Canarias, y tanto si dieron por válido como si no lo que acerca de este tema escribieron hace muchos años autores de renombre como, por ejemplo, Chil y Naranjo, Abreu Galindo o Viera y Clavijo.
Creo que es notable el valor que para la historia de La Palma tiene el novedoso enfoque que Miguel Ángel da a su conquista, y las conclusiones a que llega.
Desde aquí, hago público una vez más mi agradecimiento a Miguel Ángel Pérez Taño, mis felicitaciones por esas formidables novelas, y reitero mi deseo y esperanza de que sean publicadas y puestas al alcance del público cuanto antes.
UNOS COMIENZOS QUE MUCHOS DESCONOCEMOS
“Nuestra empresa tiene futuro…
…y un pasado del que todos nos sentimos
orgullosos…
…ese futuro se prolongará más allá de nuestras
vidas”.
T. J. Watson Sr, 1926
Los inicios
– International Time Recording Company (1889-1914)
La compañía International Time Recording (ITR) empezó como Bundy Manufacturing Co. en Auburn (NY).
Bundy Manufacturing, que había sido fundada por los hermanos Bundy, se fusionó con otras dos empresas dedicadas a la producción de relojes marcadores y crearon la International Time Recording Company (ITR).
Mirando el árbol genealógico de IBM, una de las primeras ramas llevaría a Binghamton (NY), sede de la Bundy Manufacturing Company en 1889, que producía relojes inventados por Willard L. Bundy.
Esta foto muestra a un grupo de empleados de Bundy en 1900, justo dos años antes de que su compañía, junto a otras dos fabricantes de productos relacionados con el sector del control de tiempo, fueran consolidadas en la International Time Recording Company.
La propia ITR formó parte de la Computing-Tabulating-Recording Co. (C-T-R), la nueva empresa que se formó en 1911 y que fue renombrada, años después, como IBM.
La línea principal de productos de la ITR estaba compuesta por relojes marcadores y fichadores, inventados y patentados por Willard L. Bundy en 1888.
En 1911, ITR llego llegó a formar parte de la C-T-R, predecesora de IBM.
1907. Empleados de International Time Recording Co. en Endicott, N.Y.
Siete años más tarde, formarían parte de una empresa que se extendería por todo el mundo.
En 1891, Edward Canby y Orange O. Ozias, hombres de negocios originarios de Dayton (Ohio, USA) adquirieron las patentes de unas nuevas balanzas calculadoras y las incorporaron a Computing Scale Company para la producción de balanzas comerciales.
En 1885 Julius Pitrap, de Gallipolis (Ohio), patentó la primera balanza calculadora. Seis años después, Edward Canby y Orange Ozias, de Dayton (Ohio), adquirieron de Pitrap esas patentes, las incorporaron a la Computing Scale Company e hicieron de ella la primera empresa mundial de balanzas calculadoras.
Cuatro años más tarde, la Computing Scale Company introdujo en el mercado la primera balanza calculadora automática, que se ve en esta foto.
En 1911, la Computing Scale Company se fusionó con la International Time Recording Company and Tabulating Machine Company para formar la Computing-Tabulating-Recording Company (C-T-R).
– Tabulating Machine Company (fundada en 1896 in Washington, D.C.)
Tabuladora y clasificadora HollerithEste equipo es representativo del sistema de tabulación inventado y construido por Herman Hollerith (1860-1929) para la Oficina del Censo de USA.
Luego de observar cómo un revisor de tren perforaba billetes para identificar a los pasajeros, Hollerith concibió y desarrolló la idea de utilizar perforaciones para registrar hechos sobre las personas.
Estas máquinas fueron utilizadas para compilar en USA el censo de población de 1890. Las tarjetas fueron codificadas por edad, estado de residencia, etc., y los censores perforaban los huecos en las tarjetas para insertar toda la información.
Los resultados del censo fueron “… terminados con meses de antelación sobre lo previsto, y a un menor costo de lo presupuestado”.
Debido al éxito con el censo, en 1896 Hollerith fundó su propia empresa, la Tabulating Machine Company. En ese año introdujo la Tabuladora Integral, en la que incorporó números codificados en las tarjetas y no sólo la capacidad de contar los números de perforaciones. Las tarjetas se seguían leyendo manualmente utilizando pines y contactos de mercurio.
La patentes de Hollerith fueron luego adquiridas por la C-T-R, lo que resultó la base del sistema de las tarjetas perforadas IBM.
Para llevar las cuentas, las tabuladotas Hollerith utilizaban contadores similares a relojes. Cuando un circuito eléctrico se cerraba (en una predeterminada posición de la tarjeta), cada contador se activaba por medio de un electroimán.
Al igual que la aguja de un reloj, el contador se movía un paso cada vez que el electroimán se energizaba. El circuito al electroimán se cerraba por un proceso manual tipo prensa: el operador insertaba la tarjeta en la lectora, bajaba la palanca y, luego de que las perforaciones fueran leídas, removía la tarjeta.
La Dayton Scale Company, originalmente conocida como Computing Scale Company, fabricó y mercadeó en 1891 las primeras balanzas calculadoras. Formaba parte de la C-T-R creada en 1911.
En 1911, el financiero Charles R. Flint dirigió la fusión de la International Time Recording Company, la Computing Scale Company, y la Tabulating Machine Company para formar la CTR. Fairchild fue el presidente de la nueva compañía.
(George W. Fairchild)
Nacido en Oneonta (NY) en 1854, fue primero campesino, luego fotógrafo, publicador de periódicos, hombre de negocios, y seis veces congresista republicano, antes de ser presidente y luego Chairman of the Board de la C-T-R.
Fairchild es considerado uno de los pioneros de la industria de los relojes marcadores. En 1896 empezó en Bundy Manufacturing Company como inversor y director. En los siguientes años, Bundy efectuó una serie de fusiones con otras empresas, adquisiciones y consolidaciones, incluyendo la creación de la International Time Recording Company, de la cual fue Fairchild presidente en 1900.
Las tabuladoras C-T-R se fabricaban en la planta de Endicott (NY)
En 1914 Thomas J. Watson Sr fue nombrado gerente general de la C-T-R. Watson puso énfasis en la investigación y la ingeniería, e introdujo en la compañía el famoso motto o lema “THINK” (= Piensa, o reflexiona).
Thomas J. Watson Sr, y George FairchildThomas J. Watson Sr (a la derecha), presidente de Computing-Tabulating-Recording Co (C-T-R), en una foto de 1920 con George W. Fairchild Chairman of the Board de C-T-R.
Cuando en febrero de 1924 la C-T-R fue renombrada como IBM, Fairchild mantuvo el cargo hasta su muerte, ocurrida en diciembre de ese mismo año.
Copia del documento de cambio de denominación de C-T-R a IBM:

Nueve años después de que en 1911 fuese formada la C-T-R, se publicó este folleto ilustrando algunos de sus productos.
La compañía ofrecía una variedad de relojes, incluyendo fichadoras (parte superior), equipos de tabulación (abajo izquierda), como clasificadoras verticales y perforadoras de tarjetas; y balanzas (abajo derecha) de uno o dos brazos.
La empresa era pequeña pero los sueños no tenían límite.
Las compañías que constituían el grupo empresarial C-T-R, algunas de ellas fundadas a finales del siglo XIX, eran sumamente variadas. Fabricaban productos que abarcaban desde balanzas comerciales, máquinas de cortar carne y queso, y equipos industriales de medición del tiempo, hasta tabuladoras y fichas perforadas.
Con todo, en 1914 Thomas J. Watson Sr Decidió unirse a esta empresa como director general. Watson ya había destacado en la National Cash Register (NCR), primero como vendedor y más tarde como director de ventas. Pero tras una discusión con el tempestuoso presidente de NCR, John H. Patterson, se vio obligado a dimitir.
Proporcionó a la nueva empresa un renovado ímpetu y la convicción de que C-T-R se convertiría en una próspera e importante compañía.
(Thomas J. Watson Sr)Thomas J. Watson Sr fue un pionero en el desarrollo de las máquinas calculadoras, tabuladoras y computadoras que utilizan hoy en día instituciones gubernamentales, de ciencia e industria. Durante sus 42 años en IBM creó una industria de proyección mundial.
Watson había nacido en Campbell (NY) el 17 de febrero de 1874. Su primer trabajo fue, a la edad de 18 años, como contable en Clarence Risley’s Market, en Painted Post (NY). Luego pasó a vender máquinas de coser e instrumentos musicales antes de entrar como vendedor en la NCR, en Buffalo (NY). En NCR llegó a posición de Gerente de Ventas.
En IBM, Watson fue nombrado chairman en septiembre de 1949. Un mes antes de su muerte, ocurrida el 19 de junio de 1956, Watson hizo nombrar a su hijo mayor, Thomas J. Watson Jr, como chairman de IBM.
Su otro hijo, Arthur K. Watson, fue nombrado presidente de la IBM World Trade Corp., la división de la compañía que trabajaba con el mercado internacional.

En Junio de 1919, W. S. Armstrong era el jefe responsable de la sección de grabadoras de cerraduras para puertas, y en la foto que sigue se ve a algunos de sus empleados ensamblando los dispositivos que dejaban registro grabado de la apertura y cierre de las puertas en oficinas, fábricas y almacenes.
Ensambladores de Marcadores de Tiempo (1919).El grupo de A. E. Mead, en Endicott, en una imagen del verano de 1919 ensamblando y comprobando marcadores de tiempo.
Línea de montaje de tabuladoras
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Estudiantes de Servicio Técnico (CEs)A lo largo de los años, el entrenamiento fue siempre para IBM algo de vital importancia, y lo aplicaba con la filosofía del “hands on”, o lo que puede significar experiencia práctica para todos sus técnicos de campo.
En la foto de arriba, de 1924, una clase de técnicos CE (Customer Engineers) trabajando en una línea de ensamblaje en la planta de Endicott (NY).
Clase para vendedores, en 1930A las 9:35 a.m. del 3 de febrero de 1930, E. E. Ford, vice-presidente de la división IBM International Time Recorder (ITR) da la bienvenida a los 66 estudiantes en las instalaciones de Endicott (NY).
Perforadoras de tarjetas, tabuladoras y relojes no fueron los únicos productos de la joven IBM. En esta foto de 1930 puede verse a trabajadores de la IBM Dayton Scale Company ensamblando Dayton Safety Electric Meat Choppers (moledores de carne). Estos aparatos ganaron la Medalla de Oro en 1926 en la Sesquicentennial International Exposition en Filadelfia.
Los precios de los productos en 1926 variaban entre $180 y $375. La empresa Dayton Scale Company fue vendida a la Hobart Manufacturing Company en 1934.

Ésta era, en 1927, la vitrina de la oficina IBM en N.Y., ubicada en el número 310 de la Quinta Avenida.La lista de productos en demostración era muy amplia, como puede verse en la foto. Incluía grabadoras de tarjeta, moledoras de carne y de café, balanzas calculadoras para el correo, relojes, y varios productos de y para perforación de tarjetas.
Esta foto de 1925 muestra una camioneta Morris Commercial usada por la International Business Machines Co. Ltd. (IBM). en Londres para repartir los productos Dayton Scale Company, como moledores de café y carne, rebanadoras de pan, embutidos y tocineta.
Este anuncio IBM fue publicado en la edición del 30 de diciembre de 1929 de la revista Time.
Muestra algunos de los productos IBM relacionados con el marcaje de la hora. Incluye un reloj maestro que mantenía sincronizados todos los relojes subsidiarios, fichadores de tarjeta y marcadores para despacho de documentos.
Este otro anuncio IBM fue publicado en la edición del 22 de septiembre de 1930 de la revista Time. Muestra algunos de los productos IBM relacionados con perforadoras, clasificadoras, calculadoras y tabuladoras que se producían en Endicott.
En 1933 IBM adquirió las herramientas, patentes y capacidad productiva de la Electromatic Typewriters, Inc., de Rochester (NY).Al año siguiente, IBM invirtió más de un millón de dólares en rediseñar la máquina de escribir eléctrica, mejorar el grupo de investigación y desarrollo, y establecer centros de servicio.
En 1935, la Modelo 01 IBM Electric Typewriter, que se muestra en la foto de arriba, fue introducida en el mercado. La amplia aceptación que tuvo hizo que se convirtiera en la más exitosa máquina de escribir en Estados Unidos.
Liego, IBM revolucionó el mercado cuando anunció la modelo SELECTRIC que para imprimir utilizaba bolitas intercambiables, cada una con un juego diferente de caracteres.
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– PANELES MARCADORES ELÉCTRICOS (1949)
Si bien IBM siempre fue más conocida por sus computadoras, la empresa, desde sus orígenes, ha producido una gran variedad de otros productos relacionados con el manejo de la información. Por ejemplo, relojes de grandes dimensiones que se montaron en torres, fachadas de edificios y otros espacios públicos, relojes sincronizados para escuelas, fábricas u oficinas, etc.
Entre los productos menos conocidos están los marcadores para eventos deportivos, como el que muestra este anuncio publicado en enero de 1949.
Esta división de productos, la Time Equipment Division, fue vendida en 1958 a la Simplex Time Recorder Company.
En esta foto, de 1957, se ve a un CE que tenía que dar servicio a un amplio territorio en el que había muchas máquinas de escribir eléctricas, como la instalación de Curtiss-Wright Corporation’s cuya planta en Woodbridge (NJ) ocupaba un superficie de unos 10 Km cuadrados.
Para facilitarle su trabajo y traslados, gente de la Curtiss-Wright dotaron al CE de un triciclo especial donde podía transportar sus herramientas y repuestos, agilizando así sus desplazamientos.

International Business Machines (1924-1946)
IBM Reconocimiento Internacional (1972- )
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COMENTARIOS
jose r herrera h
Buenas, buenas. Saludos, salud y felicidad para todos, todos.
Me deleité un puyero con estos recuerdos (varios habían pasado por mis ojos), de lo que con el tiempo terminó siendo “IBM”, que conocí desde 1959. Me uno a mi hermano José Padrón en su pregunta.
Ánimo al compañero Leonardo Masina para el siguiente capítulo.
Saludos a todos.
Manuel A. Gutiérrez V.
¡Excelente artículo! Gracias, Leonardo Masina y Carlos Padrón.
El comentario de Laureano Padilla, maravilloso. Comparto su apreciación de todo lo que él vivió en IBM de Venezuela, pues también para mí son enseñanzas y recuerdos que llevo siempre en la mente y corazón.
Manny
CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).
Pues, José, Leo sólo me mandó lo que publiqué. Y, por cierto, me lo había enviado hacía tiempo, pero con lo del viaje y el percance del disco duro externo de la Mierdaptop, se me había traspapelado.
Si Leo no me lo recuerda, sabrá Dios hasta cuándo habría estado perdido.
José Padrón (El Técnico)
Al amigo Aponte, por fin aparece, al igual que Laureano. Bienvenidos a los seguidores de este magnífico blog.
Buen artículo. ¿Es sólo un capítulo?
CMP
En respuesta a Laureano Padilla.
¡Aleluya, “Paureano”! Por fin diste pruebas de cibervida, pues de los varios e-mails que te ha mandado has hecho caso omiso. Más vale tarde que nunca. No pierdas la costumbre.
Laureano Padilla
Felicitaciones.
Muchas veces he pensado en escribir sobre la IBM que tuve la oportunidad de conocer, y desisto de la idea porque, cuando quiero referirme a algo, siento que es muy difícil hacerlo sin pecar por no reconocer y agradecer a las personas que hacían posible esa realidad.
Tuve la gran dicha de entrar en IBM el 1 de julio de 1965, y la calidad de las personas que ya eran parte de la empresa fue algo que me marcó para toda mi vida, ya que a través de ellas pude superar todas mis limitaciones y explotar mis destrezas.
Quisiera mencionar la visita que hizo Arthur K. Watson a Venezuela, durante la cual se realizó una cena en el Círculo Militar, para conocer más detalles de la misma. Así que, a los que puedan aportar algo sobre este evento, y lo que significó para IBM de Venezuela, les agradezco sus comentarios.
Mi agradecimiento permanente para todos los que me apoyaron y ayudaron a transitar el camino durante mis años en IBM.
Saludos a todos,
Laureano Padilla
CMP
En respuesta a Javier Palacos.
Javier, si no me equivoco, spats = polainas.
Javier Palacos
Muy buen trabajo, muy bien llevado.
Sonreí un poco viendo la foto donde aparecen los socios Fairchild y Watson.
Fairchild parece un “Dilbert” de sus tiempos, mientras Watson es todo un elegante salesman, con spats (no sé cómo se le llama en español esa tela con que cubrían los zapatos).
Carlos Salas
¡Excelente artículo! Los felicito.
La lealtad de Efraín Aponte para lo que le significó IBM en su vida es destacable.
No recuerdo haberlo conocido. Sin embargo, un saludo cordial.
Carlos Salas
¡Excelente artículo! Los felicito.
La lealtad de Efraín Aponte para lo que le significó IBM en su vida es destacable.
No recuerdo haberlo conocido. Sin embargo, un saludo cordial.
Hiram Perez
Excellent job, compact and historically accurate.
hp
Efraín Aponte
Si algo me dejó IBM fue mi vocación de empresario. Dejé IBM para formar mi propia empresa: CENTRO APONTE, S.A.
He luchado hasta lo inimaginable para dejársela a mis hijos. Estando signadas por los principios de IBM.
Es una constructora, base de un consorcio turístico que hoy en día está dirigido a promover en mi tierra, Los Llanos Apureños, el ecoturismo sustentable con el hombre y el ambiente como suhetos de la misma.
Abrazos a todos