28-11-08
José Guillermo Rodríguez Escudero
«… la villa de San Andrés es uno de los pueblos más antiguos de esta isla y fue de mucha importancia, puesto que en los primeros años de la Conquista se le dio titulo de villa, según se ve en todos los documentos públicos de aquella época…».
Se sabe que el templo del patrón en el núcleo poblacional norteño de San Andrés y Sauces —una de las mejores edificaciones religiosas canarias— se había erigido antes de 1514, según se desprende de las Sinodales de Fernando Vázquez de Arce. El prelado constató la existencia de dos iglesias en la zona: San Andrés de los Sauces y Santa María de Montserrat.
«Otrosi, en el lugar de San Andrés de los Sauzales de la dicha Isla, criamos Iglesia Parroquial Baptismal en la Iglesia de San Andrés, la cual se anexa la Iglesia de Santa María de Montserrat»
Se trata de uno de los primeros recintos religiosos de La Palma, cuyo papel como elemento articulador de la trama urbana fue de gran importancia. Historiadores y estudiosos, como el palmero Pérez Morera, incluso datan la construcción del templo a finales del siglo XV, tras la conquista de Benahoare.
Sea como fuere, en 1515 ya tenía rango de parroquia, lo que da una idea de su antigüedad. Este nombramiento fue confirmado mediante la Real Cédula de Carlos V en 1533.
Esta población llegó a ser la segunda en importancia, tras la capital palmera, en el siglo XVI, no sólo por su nombramiento como villa, sino porque fue el único pueblo (salvo la capital, Santa Cruz) que tuvo escribanos públicos.
El título de Villa ya se usaba para San Andrés en documentos antiguos, así en las datas de 23 de diciembre de 1507 en que el Adelantado dio a Gabriel de Socarrás y al Bachiller Alonso de Belmonte terrenos en Las Lomadas, y otra de 1518 en que se da a Miguel Martín un terreno de 200 pasos para que fabricara dos casas en la Villa de San Andrés.
La antigüedad de la localidad a los momentos de la conquista va paralela a la antigüedad de la fundación de su primer lugar de culto, llevado a cabo por el conquistador Marcos Roberto de Montserrat en las tierras de Adeyahamen (nombre del cantón en idioma aborigen ahuarita). Este templo aparece confirmado como parroquia en el Sínodo que lleva a efecto el Obispo Vázquez de Arce, promulgado entre 1514 y 1515. Se decía que: “… en el lugar de Santo Andrés de los Zarzales de la dicha isla criamos Iglesia Parroquial e Bautismal la de Santo Andrés a la cual se aneja la Iglesia de Señora Montserrat que es en los Ingenios donde se fundó la dicha Iglesia…”
El Beneficiado de San Andrés fue aprobado por el Emperador Carlos V el 15 de diciembre de 1533. Su primer titular conocido fue Juan Lorenzo por 1548, quien inicia el Libro Primero de Bautismos. En 1566 tomó posesión Francisco Rodríguez Lorenzo, primer “cura de título real”. En virtud de aquella Real Cédula se crearon los tres beneficios de El Salvador, el de Puntallana y el de San Andrés y Sauces, siendo estos los cinco beneficios que hubo en La Palma.
Lorenzo Rodríguez nos informa de que a este templo se le anexaba la iglesia de Montserrat, distante un cuarto de legua, servidas ambas por un mismo párroco, excepto la Semana Santa y la Pascua de Resurrección, en que los vecinos de Los Sauces costeaban un sacerdote que sirviera aquella iglesia.
En lo espiritual está agregada una parroquia a la otra, pero en San Andrés se celebraban las fiestas principales en sus propios días y en Montserrat los domingos infraoctavos, hasta que, en 1855, dispuso el ordinario que, para cortar rivalidades antiguas entre ambos pueblos, se alterase el orden de fiestas, es decir, que se hicieran las fiestas principales en sus propios días, un año en una parroquia y otro en la otra, y que ambas se considerasen como iguales.
Lorenzo también nos decía que en la parroquia de San Andrés se había fundado algunas mandas pías para dar de comer a los pobres en ciertos días del año, así como de casar huérfanos. Más tarde las autoridades eclesiásticas las destinaron al hospital de la capital.
En el libro de mandatos de la parroquia se leen curiosas disposiciones episcopales. Un ejemplo es la del Obispo Francisco Martínez de 1603. En su visita se enteró que muchas parejas aprovechaban las devotas procesiones y sentidas rogativas por falta de agua fuera del término, etc. para quedarse rezagados y así dormir en los campos, etc. El prelado declara que lo que provocan estas deshonestidades es que Dios se indigne y no conceda lo que se le pide.
Más curioso aún es el mandato del 22 de abril de 1610 en el que el vicario general del obispado Gaspar Rodríguez del Castillo ordena que “ninguna mujer entre en el templo con sombrero, pasados cuatro pasos, so pena por la primera vez, dos reales; por la segunda, cuatro; y la tercera, el sombrero perdido por tercias partes, Juez, Fiscal y el Santísimo Sacramento”.
Batista Medina y Hernández López describen este histórico y magnífico recinto en su obra sobre el municipio norteño. Presenta una planta en cruz latina cuyos brazos hacen de capillas. La del lado de la Epístola pertenece a Nuestra Señora del Rosario y la del Evangelio dedicada a Nuestra Señora de la Victoria. Las dos magníficas imágenes marianas titulares de ambas capillas son de estilo flamenco.
Precisamente, es en la cripta de la capilla de la Victoria donde fue enterrada María Liberata de Guisla (1725-1806), muy conocida por su carecer enérgico. Según testimonios de la época y unas excavaciones efectuadas a finales del siglo XX, se da veracidad la teoría de que esta mujer, de importante rango nobiliario y de carácter déspota, había sido enterrada viva. Según las leyendas románticas así habría sido.
El sacristán del templo, que había entrado al templo a tocar Oración, había oído voces pidiendo auxilio, así como golpes en el suelo de la capilla la noche siguiente al sepelio, pero había callado por miedo a que lo tomaran por loco, y había huido despavorido. Era la hija del Marqués de Guisla-Guiselin y esposa del Gobernador de Armas y Regidor de La Palma, don Domingo Vandewalle Cervellón, el personaje más importante del norte de La Palma a fines del siglo XVIII.
En 1814 abrieron la cripta para enterrar al sacerdote Ambrosio Arturo de Paz, y en la escalera habían encontrado el esqueleto de Liberata con un ladrillo en la mano: la habían enterrado viva. Es entonces cuando el sacristán confesó lo que había estado ocultando.
En 1986, Juan Francisco Navarro Mederos y su equipo de arqueólogos excavaron en la cripta y encontraron dos bancos con los restos de los curas Andrés Fernández Bautista (fallecido en 1657) y Ambrosio De Paz (en 1814). En el suelo estaba el esqueleto desarticulado de una anciana, sin duda, María Liberata de Guisla.
Los materiales empleados en su construcción fueron la cantería y el mampuesto, quizá por influencia portuguesa. Posee dos entradas laterales —curiosamente no tiene entrada principal al pie de la nave principal— y su cabecera está orientada hacia el naciente. Su frente sólo ostenta un pequeño balcón de tea y un óculo. Importante es resaltar, entre otras características, que sus vanos son de medio punto, los volúmenes en línea recta y la techumbre mudéjar.
La profesora Fraga indica que la mayor parte de su construcción actual data del siglo XVII, puesto que la actual fábrica es el resultado de la suma de las diversas intervenciones y ampliaciones que fueron modificando profundamente el primigenio oratorio.
Se sabe que a principios de aquel siglo se derrumbó parte de su techumbre por un gasto de 62 reales que pagó el mayordomo al carpintero Domingo González en 1616. La nave se cerró en 1629 y en 1666 se terminó el presbiterio y en esa centuria también se le añadió la capilla lateral de la Epístola, fundada por el presbítero Andrés Hernández Bautista.
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Bibliografía al final de la entrega 3/3.
