[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Guillén del Castillo

Francisco Guillén del Castillo fue un bizarro marino cuyas hazañas estarán siempre impresas en los anales de Filipinas, principal teatro de sus glorias navales, nació en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, isla de Tenerife.

Poseedor de un mayorazgo que había fundado su abuelo, el licenciado en Derecho D. Francisco Guillén, se dedicó desde luego a engrandecerlo y hacerlo fructificar, pero la pasión por la aventura le hizo abandonar la vida pacífica del agricultor canario por la peligrosa del marino.

Dotado de algunos conocimientos náuticos, se trasladó a la Península Ibérica, y bien pronto se hizo notar en las galeras de García de Toledo, en las que no tardó en recibir el grado de alférez.

Embarcose luego en los galeones de Tierra Firme, donde empezó a destacarse la prodigiosa bravura y la actividad que formaban la base de su carácter.

En la boca del Orinoco apresó, después de un reñido combate, a una nao portuguesa que pertenecía a !a armada del infante D. Enrique, y al regresar a España fue inmediatamente colocado en !a armada que se aprestaba contra el Brasil al mando de Fadrique de Toledo. Asistió al ataque de Bahía, destruyendo varias rancherías en el río Marañón.

Pasó con nuevo grado a la flota de Nueva España, donde desempeñó todas las comisiones que requerían arrojo, valor y gran pericia. Marchó a Acapulco en el tiempo en que los holandeses hostilizaban aquel puesto, contribuyendo poderosamente a su defensa y poniendo a salvo todas las embarcaciones menores.

Pasado aquel peligro, fue destinado a Filipinas (1640), donde empezó a padecer mucho de una herida que había recibido en el costado derecho, por cuya razón fue nombrado alcalde mayor y capitán de guerra del Distrito de Balayón. Mostrose allí tan hábil administrador como era excelente marino. Fundó un convento, hizo catequizar a los indígenas, protegió los plantíos de especierías, organizó la milicia y formó un astillero.

Restablecida su salud, aconsejó al Gobierno la conquista del Archipiélago de Toló, en cuya empresa tomó una parte activa, hasta el punto de desafiar en singular combate a uno de los jefes enemigos a quien dejó muerto de una estocada. Apenas obtuvo este triunfo, tomó el mando del navío San Nicolás, corrió al socorro de Temato, que se hallaba amenazado por los holandeses, y estrechó el sitio de Boayen hasta que se rindió la plaza.

De vuelta a Manila nuestro paisano fue nombrado comandante de la Armada que debía hostilizar las costas de Minamano; hizo un desembarco en Naray y obligó a las tribus a someterse a España.

De allí retornó nuevamente a Josló paca someter a los que se habían vuelto a rebelar contra la nación, venciendo con su propio puño, en combate personal, a siete caudillos.

Pasó seguidamente a pacificar a los Oroncayos, estableciendo el orden y dejando bien puesto el pabellón nacional.

Tantas hazañas le dieron a nuestro paisano Guillén tan extraordinario nombre en aquel Archipiélago, que el Gobierno le nombró cabo superior de las galeras que debían arrojar de las Molucas a los holandeses. Pasó, pues, con todas sus fuerzas al Reino de Tumor, donde sostuvo reñidísimos combates. De allí paso a descubrir la isla de San José de Chabó, la mesa de Santa Lucía, La Laguna de D. Gil y la isla de Maquén. En todos estos puntos alcanzó siempre nuestro héroe triunfos superiores sobre la poderosa armada holandesa.

Con el nuevo carácter de Alcalde Mayor fue más tarde encargado de someter la provincia de Caraga, lo cual consiguió no obstante la resistencia indomable de los indígenas.

Pacificada aquella importantísima región, trocó nuestro distinguido paisano las armas por el arado, promoviendo tales medidas agrícolas y de fomento que bien pronto fundó varios pueblos con emigrantes canarios, edificando algunas iglesias y fortalezas. En 1656 ya estaba esa región en estado de prosperidad.

Apreciando el Gobierno sus excelentes dotes de mando, lo nombró alcalde ordinario de Manila, y justicia mayor del Parían de los Sangleyes, en cuyos importantísimos cargos permaneció algún tiempo hasta que en 1665 fue nombrado almirante y cabo principal de diez baieles, con una encomienda de mil ducados. Estas fuerzas fueron destinadas a castigar las piraterías de los Malayos, que infestaban los mares de Filipinas, retomando a Manila con su gran triunfo y laureles.

La ciudad de Manila, altamente agradecida, le regaló una espada de honor.

Nuestro paisano falleció a una edad avanzada, después de dejar bien puesto el nombre canario, y muy alto el pabellón español, en los peligrosos y extensos mares de la Oceanía.

Un comentario sobre “[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Guillén del Castillo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s