[*Opino}– El cerebro humano está en construcción hasta el final de la adolescencia

Carlos M. Padrón

En las declaraciones que los científicos o expertos dan sobre este tema de las diferencias entre el cerebro o la inteligencia de hombres y mujeres, se nota cada vez más el miedo a insinuar siquiera la existencia de alguna diferencia en favor de los hombres. ¿Conquista del feminismo o aumento, por otros motivos, de la cantidad de varones domados?

Cuanta más experiencia gano más me convenzo de que habría que reeditar, o hasta hacer de lectura obligatoria, el famoso libro de Esther Vilar, “El varón domado”, pues tratar con uno de ellos es algo que entraña un riesgo que puede ser grande, como lo es cuando el tal varón trabaja para una corporación que necesita de él en casos imprevistos.

¿Cómo es posible que un supuesto científico se conforme con declarar que “sí se ha demostrado que existen muchas diferencias en los cerebros de hombres y mujeres, tanto en cuanto a su tamaño, como en las conexiones y las sustancias químicas que contienen” sin añadir alguna consecuencia, porque tiene que haberlas, de tales diferencias? ¿No se supone que la inteligencia se basa en el cerebro? Entonces es claro que existe una grandísima probabilidad de que diferencias entre cerebros de hombres y mujeres afecten el nivel de inteligencia de unos con respecto a los otros.

Eso de que “la forma de pensar y de procesar la información de hembras y varones es diferente, aunque al final el resultado es el mismo, pese a que se llegue por vías distintas” no parece que tenga parangón en la Naturaleza; ésta no suele proceder así. Su base es la economía, y no resulta lógico que duplique rutas para llegar al mismo resultado. Si las rutas son diferentes, existe un motivo práctico para que así sea.

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11.12.07

(PD / EFE).- El pediatra estadounidense Jay Giedd ha descubierto que el cerebro humano está en construcción hasta el final de la adolescencia, aunque en esta etapa las neuronas y conexiones nerviosas no crecen, sino que se van “podando” hasta que se alcanza el raciocinio propio de la edad adulta.

Giedd ha llevado a cabo un riguroso estudio con más de 2.000 personas de entre 3 y 25 años, que le ha permitido observar que al final de la infancia el cerebro experimenta un aumento “desmesurado” de neuronas y de conexiones nerviosas, que después se van reduciendo durante la adolescencia.

Esta “poda” neuronal, que culmina con el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, se produce primero en la zona posterior del cerebro y, por último, en la corteza frontal, que es la que controla el razonamiento, la toma de decisiones y el control emocional.

Este hallazgo —que desmiente la tesis, vigente hasta ahora, que sostenía que el cerebro maduraba por completo entre los 8 y los 12 año—, explicaría además por qué muchos adolescentes no empiezan a razonar y a comportarse como adultos hasta una edad tan avanzada, que puede alargarse más allá de los veinte años, según afirma Giedd, director del Instituto Nacional de Salud Mental de Bethesda (Estados Unidos).

Ahora bien, ¿de qué depende este “recorte” cerebral? Y, sobre todo, ¿es posible lograr que esta “poda” se produzca antes para que los adolescentes alcancen más pronto la madurez?

Aunque aún no están claros los factores que determinan este fenómeno, Giedd ha detectado que éste ocurre antes en las chicas que en los chicos, y que en los jóvenes más inteligentes se produce a edades más tempranas.

El experto apunta a la calidad y cantidad de actividades que realizan estos adolescentes, como idiomas o informática, como un posible factor de aceleración de este recorte neuronal, si bien no se ha confirmado si un exceso de actividad puede ser conveniente o contraproducente a la hora de determinar el desarrollo del cerebro.

Jay Giedd es uno de los once expertos que han participado en un curso sobre sexos e inteligencia organizado por el Consorcio Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Barcelona, en el que se ha intentado responder a cuestiones tan diversas como quiénes son más inteligentes, los hombres o mujeres, o por qué ellas son más propensas a sufrir enfermedades mentales.

“No se puede decir con rigor que un sexo es más inteligente que el otro, aunque sí se ha demostrado que existen muchas diferencias en los cerebros de hombres y mujeres, tanto en cuanto a su tamaño, como en las conexiones y las sustancias químicas que contienen», ha explicado a Efe el catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y coordinador de las jornadas Ignacio Morgado.

Morgado asegura que la forma de pensar y de procesar la información de hembras y varones es diferente, aunque al final el resultado es el mismo, pese a que se llegue por vías distintas.

Se sabe también que las mujeres son más sensibles a lo emocional y a la amenaza, así como más asustadizas y capaces de comprender las desgracias ajenas, lo que les hace ser más propensas a sufrir enfermedades de base emocional, como la ansiedad o la depresión.

Siempre se ha dicho, por otra parte, que los hombres son más hábiles en los números y más proclives a las adicciones, si bien estas características parecen responder más a la presión del entorno social que a diferencias cerebrales entre ambos sexos, como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las mujeres que acceden a carreras científicas y que fuman o beben.

En cualquier caso, Morgado considera que aún queda mucho camino por descubrir en cuanto a las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. “Cuanto más sepamos -advierte-, más nos daremos cuenta de que somos más diferentes de lo que pensamos».

PD

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