[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-VII

– VII –

¡Oh, sí! Te vi bañar
de la playa en las aguas nacaradas,
y con tu ser de formas delicadas,
allí jugaba el mar.

Cual soñada sirena,
que está en la mente de inspirado artista,
formabas una estela como arista
llegando hasta la arena.

Entre blancas espumas,
cuando bajo las olas te creía,
tu cara angelical aparecía,
cual Febo entre las brumas.

Quedo el mar un momento,
tendida entre sus aguas reposabas,
y en éxtasis profundo contemplabas
el bello firmamento.

Figura vaporosa
o ninfa, de los mares parecías.
Nadando, muchas veces emergías
en forma caprichosa.

De nuevo tu cabeza
aparecía en las inquietas olas,
y entusiasmado contemplaba a solas
de tu ser la belleza.

Mas, en lapso apacible,
en reposo la mar, en un instante,
te vi sobre sus aguas, arrogante
como un ser intangible.

De fragancias esencia,
y extracto de lo bello en la hermosura,
de tu alto ser tal era la figura,
que sólo era inocencia.

Las líneas cabalísticas
y los perfiles de tu ser sonado,
le daban a tu cuerpo delicado
direcciones artísticas.

Ya en pie sobre la arena,
y envuelta en blanco manto, te enjugabas;
el oleaje extática mirabas,
con reto de sirena.

Más que ninfa dichosa,
angélica visión me parecías,
cuando sobre tus carnes extendías
tu cabellera hermosa.

Allí lo acariciaba
el aura, y por tu cuerpo seductor,
en mis ansias pletóricas de amor,
ansioso te miraba.

Y cuando a tu retiro
tornabas leda, de ventura en pos,
tenues olas enviábante un adiós,
y mi alma un fiel suspiro.

¡Oh, sí! Tu gran belleza
hizo en mi pecho el corazón latir,
y en mi cerebro un ideal surgir,
basado en tu grandeza.

Y además completaba
el valor do tu física hermosura,
la existencia de un alma bella y pura
que en tu faz reflejaba.

Dones que te dio el Cielo,
que en ti desde aquel día he contemplado,
y este sencillo canto han inspirado,
ansioso en mi desvelo.

Porque ores, bella flor,
el hada en quien pensaba con delirio;
por ti seguí el sendero del martirio,
la ruta del amor.

¡Oh, sí! Te vi bañar
de ribera en las aguas nacarinas,
y alcé para tus gracias peregrinas
en mi pecho un altar.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2, II

– II – 

Nada creo, aunque oiga y vea,
del mundo degenerado.
Hizo que así piense y crea,
aquélla que me ha burlado.
¡Maldita, maldita sea!

Por una hermosa mujer
do hallara solo cariño,
virtud y eterno querer,
soñaba desde muy niño,
ángel que no pude ver.

En mi madre solamente,
amores mil encontraba;
pero en mi ser imperaba
la ley del Omnipotente,
y en otra mujer soñaba.

En mis ansias por el mundo
iba en pos de esa deidad,
viendo con dolor profundo,
hijas do la vanidad.
¡Y proseguía errabundo!

Un día en cierto balcón,
encontré la ninfa aquélla,
que me miró con pasión…
Entonces… creyendo en ella,
latir sentí el corazón.

De la altiva aristocracia
era la joven hermosa
a quien amé por desgracia;
por lo bella y por su gracia
parecíame una diosa.

Yo amaba a aquella mujer
y en mi constante delirio,
ya no sabía qué hacer:
si continuar mi martirio
u ofrecerla mi querer.

Un día tras otro día,
mirábala y me miraba,
mi pecho en amor ardía,
la duda me atormentaba,
y amándola padecía.

Con mi espíritu en torturas
y el cerebro en devaneos,
soñaba mil aventuras
que aumentaban mis deseos,
mis ansias tiernas y puras.

Y hablarla de la pureza
de mis primeros amores;
mas, pensaba en mi pobreza
y concebía temores
que me causaban tristeza.

Por fin, ante aquel balcón,
la declare mi pasión,
y, quien creí enamorada,
diome por contestación
¡sarcástica carcajada!

Aquel fatal desengaño,
por espejo lo he tomado,
de que todo es un engaño;
del mundo degenerado
de nada malo me extraño.

Nada creo, aunque oiga y vea
la verdad más inaudita.
Hizo que así piense y crea
aquella mujer maldita.
¡¡Maldita, maldita sea!!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-I

– I –

Soberbio por tu pobre inteligencia,
el misterio más grande lo escarneces
y niegas del Supremo la existencia;
pero has dicho que siempre te estremeces
a la punzante voz de la Conciencia,
que escuchas intranquilo muchas veces.
Pues eso que has sentido ¡ser pequeño!
es la voz del que niegas con empeño.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: El espacio

EL ESPACIO

Del infinito espacio la grandeza
no concibe el humano pensamiento;
en el diáfano azul del firmamento,
se pierde del ingenio la agudeza.

En sus éteres dio Naturaleza
los mundos que en constante movimiento,
cual átomos movidos por el viento,
forman dispersos sin igual belleza…

El espacio es grandiosa realidad
que no cabe en la humana inteligencia,
recóndito secreto do la Ciencia,

se estrella al escrutar su inmensidad.
No vaya el hombre de ese arcano en pos.
¿Quien, pues, lo abarca? ¡Solamente Dios!