[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXI

XXI

Por cumplir mi deber como tú has hecho,
mil veces me juzgaste por traidor.
Al volver a juzgarme, ve mejor
lo que es el fondo de mi noble pecho.

¿No has visto a nuestro jefe de partido
con los jefes contrarios pasear,
alegres en consultas y charlar
cual si adversarios nunca hubieran sido?

¿Por qué te extraña si hago yo lo mismo
con los contrarios de mi humilde esfera?
¡La ley, acaso, del embudo impera,
o pretendes quo llegue al servilismo?

Yo veo en cada noble ciudadano
a un miembro del gran mundo racional.
Todo hombre, aunque persiga otro ideal,
en vez de un enemigo… ¡es un hermano!

[*ElPaso}– ‘Epifanía’ y ‘Prepárate a morir’, últimos poemas de don Antonio Pino, recitados por él

06-03-12

Carlos M. Padrón

Como ya dicho, de don Antonio Pino Pérez, el gran poeta pasense, he publicado ya varios artículos en este blog, incluidos los recogidos en el libro “Dándole vueltas al viento” y, últimamente, los recitados por él mismo cuando ya estaba muy enfermo, como estos dos:

Hoy publico los dos últimos que, recitados por él, se conservan todavía, y que me llegaron acompañados de esta explicación dada por su hijo, Juan Antonio Pino, quien es médico:

«Mi padre había venido desde El Paso a Santa Cruz de Tenerife para verse con el traumatólogo, por las fosfatasas, y en una visita al urólogo se le detectó cáncer de próstata.

Cuando yo ya sabía que el proceso era maligno, sin que él lo supiera todavía se resistía al tratamiento agresivo, aunque me dijo que su temor era que el tumor fuera maligno.

Le tuve que decir la dura verdad: «Maligno es desde el principio, sólo que ahora hay tratamientos muy efectivos».

Guardó un silencio terrible y no volvió a quejarse.

Dos días después me entregó esas dos poesías: «Epifanía» y «Prepárate a Morir».

Aún así, y con tratamiento, se fue de nuevo a El Paso, de donde tuvo que venir con urgencia, pasados dos o tres meses, por una fractura patológica (metástasis) del fémur, de la que nunca quedó bien, empeorando bastante su estado general hasta su fallecimiento, sin salir del hospital de La Candelaria.

Cuando ya su ánimo había decaído se lamentaba de no haber podido hacerle una poesía a su nieta más pequeña, mi tercera hija, que había nacido en aquellos días.

Murió en el Hospital La Candelaria, de Santa Cruz de Tenerife, el 24/09/1970, y fue sepultado en el cementerio de El Paso».

Añado que luego, en 2009, su cuerpo fue exhumado y cremado, y sus cenizas reposan en un túmulo enclavado en la ladera de la Montaña de Enrique, en El Paso, desde donde se divisa la entrada a la Caldera de Taburiente, lugar que tanto amó el poeta, y al que dedicó este excelente poema.

De estos dos poemas que hoy publico, el último, Prepárate a Morir, es un sobrecogedor adiós de quien sabe con certeza que su inexorable fin está muy cerca, y lo enfrenta con valentía.

Gracias, don Antonio, por esa magnífica obra que nos has dejado, y que descanse usted en paz.

Para escuchar/bajar estos dos últimos poemas, clicar en su título:

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XX

– XX –

Cuando tú soltera estabas,
pude entonces comprender
que en tu anhelo de mujer
con tu porvenir soñabas.

Pasó el tiempo y te casaste,
y he podido investigar,
como con tanto soñar,
soñando te equivocaste.

¿Pensar acaso pudiste
con quien en ti no pensaba,
y como otro te admiraba,
a ese tal correspondiste?

¡A mí me da sentimiento
el pensar que hasta inmolarse,
mujeres van a casarse,
con otro en el pensamiento!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XVII

XVII

Viviendo del trabajo y no de balde,
¿por qué tu terquedad
en querer de tu pueblo ser alcalde
sin más utilidad?

De la causa el por qué no lo bosquejo;
por eso, buen señor,
que despeje la incógnita que dejo,
el juicioso lector.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XVI

XVI

¿Recuerdas aquella edad,
cuando conmigo jugabas
y tantas muestras me dabas
de tu sincera amistad?

Como eres hoy, ¿lo has pensado?
Pena me da tu falsía.
Por tu loca fantasía,
¡como tu ser ha cambiado!

Cuando de estudiar tornaste
y yo te fui a saludar,
absorto pude observar
lo que en tu viaje cambiaste.

No veinte abriles contabas
y ya la pedantería
tan fatuo y necio te hacía
que hasta unos lentes usabas.

Tu mirar era orgulloso
bajo los fuertes cristales,
y más bruscos tus modales
por lo necio y vanidoso.

Mas, por lego hay quo juzgar
quien pretende en sus anhelos
hacer ver quo es de altos vuelos
por unos lentes usar.

Como aquéllas de Babel,
nunca formes ilusiones
que son vanas pretensiones
cual las que tuvo Luzbel.

Deja tan torpe creencia
y abandona esa ilusión:
purifica el corazón,
cultiva la inteligencia.

La vida ¡suerte fatal!
que baya aún quien se ilusiona
por que lleve una persona
unos lentes de cristal.

Ésos son cual fatuos fuegos
que fenecen al nacer,
y el tiempo quieren perder
como el pequeño en los juegos.

Hay quien lentes necesita,
pero una gran mayoría
los llevan por tontería
y por soberbia maldita.

Buen lector, si eres de edad
y el asunto has estudiado,
habrás de fijo pensado:
¡Qué altiva es la Humanidad!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XIV

– XIV –

Te he visto tan amble en ocasiones,
que sincero en verdad me parecías;
mas pude comprender que así fingías,
halándote en periodo de elecciones.

Has hecho por tu mal que nunca crea
en cariño que nace en un instante:
yo quiero la amistad perseverante,
no al necio en quien se engendra falsa idea.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XIII

XIII

¿Recuerdas —un amigo me decía—
lo que lloré al dejarme aquella hermosa
que, con aire soberbio do alta diosa,
en hacerme sufrir se complacía?

Y cuando en tu amistad me consolabas,
disipando de mi alma las heridas
que sangraban amor, penas sentidas,
por desengaño vil cicatrizadas?

Pues la bella mujer que por ventura,
mi pasión despreció con despotismo,
entre otras mil, del vicio en el abismo,
para siempre cayó. ¡Triste hermosura!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: La muerte

LA MUERTE

A la memoria de mi madre y de mi hija.
Oye, funesta emanación del caos,
del pecado de Adán el primer fruto.
(La Hija de las Selvas)

La muerte es un fantasma que vaga por el mundo.
cortando do los seres la efímera existencia.
La Muerte es un misterio arcano el más profundo.
Y al hombre ese anatema le dio la Omnipotencia.

Espectro que del caos desciende hasta el planeta,
sediento de las vidas que mata fieramente;
Monarca de los mundos, del Orbe fuerte atleta,
que cumple los decretos del Dios Omnipotente.

Adusta mensajera, de incógnita jornada,
que lleva a los hogares la angustia y el dolor.
Es fin, si en ella empiezan las sombras de la nada,
es vida a los que mueren, si han muerto en el Señor.

Gigante segadora que corta tenazmente
las mieses de ]a vida que da Naturaleza,
y siempre por la Tierra, sañuda y prepotente,
ansiosa de amarguras, difunde la tristeza.

Potente soberana de todo el Universo;
enigma misterioso del ser y del no ser;
emblema que en los mundos encuéntrase disperso
y causa que la Ciencia no llega a comprender.

¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!

Si ojeo algunas veces el libro de tu historia,
yo siento el alma mía, sumida en el pesar,
y cuando algunos seres recuerda mi memoria,
entonces, ¡ay!, me siento con ansias de llorar.

Entonces en mi monte titila la razón,
y vuela hasta ultratumba mi inquieto pensamiento.
Entonces en mi pecho se agita el corazón,
henchido en la amargura que sangra mi tormento.

Pues surge a la memoria mi madre idolatrada,
mi tierna Carmencita, pedazo de mi ser,
y muchos otros seres a quienes la Ensañada,
del mundo a los sepulcros hiciera descender.

¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!

No temo a tus enconos, ¡oh, Muerte despiadada!
No temo a tus guadañas, ¡oh, Muerte traicionera!
Yo cumplo mis deberes del mundo en la jornada,
y espero, pues, tranquilo, tu espíritu de fiera…

Mas, ¡ay! clemencia, ¡oh, cielos! que oscila mi razón.
La Muerte es un arcano que encierra tu sentencia.
¡Perdóname, Dios santo, y acoge mi oración!
¡¡Yo acato los decretos de tu alta Omnipotencia!!

Yo acato tus designios, ¡oh, Excelso Soberano!
y unido al Universo te rindo mi tributo.
Yo acato tus decretos: la Muerte… el gran arcano…
del mundo el anatema… ¡de Adán el triste fruto!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Fratricida

FRATRICIDA

Desde el principio de la edad remota
en que Caín mató a su buen hermano,
el germen de su mal es un arcano
que de los pechos de los hombres brota.

Y marcha desde entonces por la Tierra,
el hombre en el gran mar de las pasiones;
por eso han provocado las naciones
el mar retrogradante de la guerra.

Ese fantasma, espectro de la muerte,
que se opone a las leyes de la vida.
Mientras impere, el hombre, por su suerte, será como el pasado: ¡¡fratricida!!