– V –
Tan coqueta y lujosa te vi ayer,
que hoy ya estás de los vicios en el lodo;
mañana, por tu innoble proceder,
el desprecio serás del mundo todo.
El hombre mismo por tu orgullo necio,
tendrá para tu acción hondo desprecio.
– V –
Tan coqueta y lujosa te vi ayer,
que hoy ya estás de los vicios en el lodo;
mañana, por tu innoble proceder,
el desprecio serás del mundo todo.
El hombre mismo por tu orgullo necio,
tendrá para tu acción hondo desprecio.
– III –
Al trabar en tu pecho aquella flor,
cual la amapola tus mejillas vi.
Entonces tus virtudes comprendí,
y tuyo, desde entonces, es mi amor.
– II –
Nada creo, aunque oiga y vea,
del mundo degenerado.
Hizo que así piense y crea,
aquélla que me ha burlado.
¡Maldita, maldita sea!
Por una hermosa mujer
do hallara solo cariño,
virtud y eterno querer,
soñaba desde muy niño,
ángel que no pude ver.
En mi madre solamente,
amores mil encontraba;
pero en mi ser imperaba
la ley del Omnipotente,
y en otra mujer soñaba.
En mis ansias por el mundo
iba en pos de esa deidad,
viendo con dolor profundo,
hijas do la vanidad.
¡Y proseguía errabundo!
Un día en cierto balcón,
encontré la ninfa aquélla,
que me miró con pasión…
Entonces… creyendo en ella,
latir sentí el corazón.
De la altiva aristocracia
era la joven hermosa
a quien amé por desgracia;
por lo bella y por su gracia
parecíame una diosa.
Yo amaba a aquella mujer
y en mi constante delirio,
ya no sabía qué hacer:
si continuar mi martirio
u ofrecerla mi querer.
Un día tras otro día,
mirábala y me miraba,
mi pecho en amor ardía,
la duda me atormentaba,
y amándola padecía.
Con mi espíritu en torturas
y el cerebro en devaneos,
soñaba mil aventuras
que aumentaban mis deseos,
mis ansias tiernas y puras.
Y hablarla de la pureza
de mis primeros amores;
mas, pensaba en mi pobreza
y concebía temores
que me causaban tristeza.
Por fin, ante aquel balcón,
la declare mi pasión,
y, quien creí enamorada,
diome por contestación
¡sarcástica carcajada!
Aquel fatal desengaño,
por espejo lo he tomado,
de que todo es un engaño;
del mundo degenerado
de nada malo me extraño.
Nada creo, aunque oiga y vea
la verdad más inaudita.
Hizo que así piense y crea
aquella mujer maldita.
¡¡Maldita, maldita sea!!
– VI –
Queriendo tus bondades saber por tu expresión,
tus ojos y tu boca me han dicho tu portento:
aquéllos, lo que siente tu noble corazón,
aquésta, la grandeza de tu alto pensamiento.
– IV-
De mi pueblo en la oculta pradería,
tanto charlas conmigo,
que otro al verte charlar te tomaría
por mi mejor amigo.
Mas si te viera, sólo al saludarte
estando en la ciudad,
diría con acierto al contemplarte:
¡Qué clara falsedad!
– I –
Soberbio por tu pobre inteligencia,
el misterio más grande lo escarneces
y niegas del Supremo la existencia;
pero has dicho que siempre te estremeces
a la punzante voz de la Conciencia,
que escuchas intranquilo muchas veces.
Pues eso que has sentido ¡ser pequeño!
es la voz del que niegas con empeño.
DEDICATORIA
A vosotros, hipócritas, farsantes,
espíritus esclavos del dinero,
que vivís de soberbia exuberantes,
esta parte del libro ofrecer quiero.
MÁRTIR DE LA VIDA
¡Cuánto luchas, obrero!
¡Cuánto bien proporcionas en el mundo!
No obstante, buen bracero,
siempre has vivido mísero, errabundo.
Tan sólo es de riqueza
el trabajo que empleas diariamente;
mas, siempre en la pobreza perduras
ante el rico indiferente.
También obrero soy
y a tus masas encuéntrome afiliado.
Por eso ayer como hoy,
de los grandes me he visto despreciado…
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¡Cuánto luchas, obrero!
¡Cuánto bien proporcionas en el mundo!
No obstante, buen bracero,
¡desprecios lloras con dolor profundo!
LA MUERTE
A la memoria de mi madre y de mi hija.
Oye, funesta emanación del caos,
del pecado de Adán el primer fruto.
(La Hija de las Selvas)
La muerte es un fantasma que vaga por el mundo.
cortando do los seres la efímera existencia.
La Muerte es un misterio arcano el más profundo.
Y al hombre ese anatema le dio la Omnipotencia.
Espectro que del caos desciende hasta el planeta,
sediento de las vidas que mata fieramente;
Monarca de los mundos, del Orbe fuerte atleta,
que cumple los decretos del Dios Omnipotente.
Adusta mensajera, de incógnita jornada,
que lleva a los hogares la angustia y el dolor.
Es fin, si en ella empiezan las sombras de la nada,
es vida a los que mueren, si han muerto en el Señor.
Gigante segadora que corta tenazmente
las mieses de ]a vida que da Naturaleza,
y siempre por la Tierra, sañuda y prepotente,
ansiosa de amarguras, difunde la tristeza.
Potente soberana de todo el Universo;
enigma misterioso del ser y del no ser;
emblema que en los mundos encuéntrase disperso
y causa que la Ciencia no llega a comprender.
¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!
Si ojeo algunas veces el libro de tu historia,
yo siento el alma mía, sumida en el pesar,
y cuando algunos seres recuerda mi memoria,
entonces, ¡ay!, me siento con ansias de llorar.
Entonces en mi monte titila la razón,
y vuela hasta ultratumba mi inquieto pensamiento.
Entonces en mi pecho se agita el corazón,
henchido en la amargura que sangra mi tormento.
Pues surge a la memoria mi madre idolatrada,
mi tierna Carmencita, pedazo de mi ser,
y muchos otros seres a quienes la Ensañada,
del mundo a los sepulcros hiciera descender.
¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!
No temo a tus enconos, ¡oh, Muerte despiadada!
No temo a tus guadañas, ¡oh, Muerte traicionera!
Yo cumplo mis deberes del mundo en la jornada,
y espero, pues, tranquilo, tu espíritu de fiera…
Mas, ¡ay! clemencia, ¡oh, cielos! que oscila mi razón.
La Muerte es un arcano que encierra tu sentencia.
¡Perdóname, Dios santo, y acoge mi oración!
¡¡Yo acato los decretos de tu alta Omnipotencia!!
Yo acato tus designios, ¡oh, Excelso Soberano!
y unido al Universo te rindo mi tributo.
Yo acato tus decretos: la Muerte… el gran arcano…
del mundo el anatema… ¡de Adán el triste fruto!