[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXIII

–  XXIII – 

De tus medias la tenue transparencia,
el color de tus piernas deja ver,
y el escote que llevas, ¡oh, mujer!,
tu terso pecho de blancura esencia.

Atractivos sagrados que el Señor
concedió a la mujer, a esa figura
que, cuando ostenta angélica hermosura,
a los hombres inspira un puro amor.

Yo admiro esa belleza, el gran poema
de la carne atractiva y misteriosa,
cual los pétalos frescos de una rosa,
que tienen su lenguaje y su dilema,

que me hablan de tus místicas sonrisas,
de tus ansias pletóricas de anhelos,
tan puras, cual los astros de los cielos,
y el azul de los mares y las brisas.

Porque es fénix tu cuerpo de hermosura;
porque es vaso sagrado y  de valor,
cuando encierra y destila un puro amor,
y un alma de virtudes y ternura.

Pero al pensar, porque es tu obstinación
el que adviertan tu física belleza,
un pensamiento surge en mi cabeza,
que disipa mi efímera ilusión.

Pretextando la moda, fabricada
con el yunque servil de las pasiones,
pervirtiéndose van los corazones,
de la vida en la lúgubre jornada.

La moda del gran mundo intelectual,
en alas de una sólida virtud,
acógela en tu hermosa juventud,
y noble será siempre tu ideal.

——

De tus medias la tenue transparencia
que el color de tus piernas deja ver,
y el escote que llevas, ¡oh, mujer!,
ante todos acusa tu inocencia.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXII

XXII

Siempre que hablas conmigo,
nunca sé de tus frases qué decir:
si serás enemigo
que con arte me tratas de oprimir,

o tu amigo en verdad,
capaz de dar tu vida por la mía.
Por eso, en tu amistad,
no sé si encuentro amores o falsía.

¡Oh, Fabio! Jamás creo
del mundo en las palabras engañosas.
Admiro en lo que veo,
las obras de las almas generosas.

La vida, al proseguir,
cada cual manifiesta solamente,
lo que debe decir:
lo que en sí es cada ser, queda en la mente.

——

Siempre que hablas conmigo,
yo no sé si me dices la verdad;
si serás enemigo
o sincera es, acaso, tu amistad.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXI

XXI

Por cumplir mi deber como tú has hecho,
mil veces me juzgaste por traidor.
Al volver a juzgarme, ve mejor
lo que es el fondo de mi noble pecho.

¿No has visto a nuestro jefe de partido
con los jefes contrarios pasear,
alegres en consultas y charlar
cual si adversarios nunca hubieran sido?

¿Por qué te extraña si hago yo lo mismo
con los contrarios de mi humilde esfera?
¡La ley, acaso, del embudo impera,
o pretendes quo llegue al servilismo?

Yo veo en cada noble ciudadano
a un miembro del gran mundo racional.
Todo hombre, aunque persiga otro ideal,
en vez de un enemigo… ¡es un hermano!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XX

– XX –

Cuando tú soltera estabas,
pude entonces comprender
que en tu anhelo de mujer
con tu porvenir soñabas.

Pasó el tiempo y te casaste,
y he podido investigar,
como con tanto soñar,
soñando te equivocaste.

¿Pensar acaso pudiste
con quien en ti no pensaba,
y como otro te admiraba,
a ese tal correspondiste?

¡A mí me da sentimiento
el pensar que hasta inmolarse,
mujeres van a casarse,
con otro en el pensamiento!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XIX

XIX

Me dices que a tu esposo mucho quieres,
porque es tu amor primero.
Al estudiar tu fondo y ver lo que eres,
también decirte quiero:

Si en tu frente quedara reflejado
tu fugaz pensamiento,
lo mismo que la huella del pecado,
¡cuánto es lo que presiento!

Diría el mundo que todo es ilusión
y todo falsedad.
Yo digo sólo, al ver tu perversión:
¡Así es la Humanidad!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XVII

XVII

Viviendo del trabajo y no de balde,
¿por qué tu terquedad
en querer de tu pueblo ser alcalde
sin más utilidad?

De la causa el por qué no lo bosquejo;
por eso, buen señor,
que despeje la incógnita que dejo,
el juicioso lector.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XVI

XVI

¿Recuerdas aquella edad,
cuando conmigo jugabas
y tantas muestras me dabas
de tu sincera amistad?

Como eres hoy, ¿lo has pensado?
Pena me da tu falsía.
Por tu loca fantasía,
¡como tu ser ha cambiado!

Cuando de estudiar tornaste
y yo te fui a saludar,
absorto pude observar
lo que en tu viaje cambiaste.

No veinte abriles contabas
y ya la pedantería
tan fatuo y necio te hacía
que hasta unos lentes usabas.

Tu mirar era orgulloso
bajo los fuertes cristales,
y más bruscos tus modales
por lo necio y vanidoso.

Mas, por lego hay quo juzgar
quien pretende en sus anhelos
hacer ver quo es de altos vuelos
por unos lentes usar.

Como aquéllas de Babel,
nunca formes ilusiones
que son vanas pretensiones
cual las que tuvo Luzbel.

Deja tan torpe creencia
y abandona esa ilusión:
purifica el corazón,
cultiva la inteligencia.

La vida ¡suerte fatal!
que baya aún quien se ilusiona
por que lleve una persona
unos lentes de cristal.

Ésos son cual fatuos fuegos
que fenecen al nacer,
y el tiempo quieren perder
como el pequeño en los juegos.

Hay quien lentes necesita,
pero una gran mayoría
los llevan por tontería
y por soberbia maldita.

Buen lector, si eres de edad
y el asunto has estudiado,
habrás de fijo pensado:
¡Qué altiva es la Humanidad!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XV

xv

Te mire y me miraste, gran mujer;
te ofrecí amor, y amores me ofreciste.
Desde entonces soy tuyo, mas tú fuiste
con otro, por el oro, a padecer.

Pasando el tiempo pude comprender
que me amas, porque sufres y estás triste,
unida al que tú siempre aborreciste,
al que tu padre te obligó a querer.

Víctima has sido del sentir paterno,
queriendo al que es verdugo de tu pena,
y a una vida de mártir te condena.
Tu existencia será continuo infierno,
porque tu esposo no llenó tu pecho.
¡Ése es el crimen que tu padre ha hecho!