[*Opino}– Acerca de cómo escribir apodos y nombres propios

02-10-14

Carlos M. Padrón

Sinceramente, a veces no entiendo ni a Fundéu ni, lo que es peor, a la RAE.

Insisten en que los nombre propios se escriben con mayúscula inicial, pero, sin embargo, si se trata de apodos que llevan artículo, peste ha de escribirse con minúscula. Por ejemplo, dicen que el apodo de Pablo Simeone, director técnico del Atlético de Madrid, se escribe «el Cholo», y el del cantante José Luis Rodríguez, «el Puma».

Pero ocurre que a «el Cholo» no lo llaman Cholo, ni al «el Puma» lo llaman Puma, sino que ambos apodos van siempre precedidos del artículo ‘el’, por tanto, para mí ese ‘el’ forma parte del apodo y, por tanto, debería escribirse también con mayúscula inicial, o sea, El Puma y El Cholo.

Caso diferente es el de Juana «la loca», pues como nadie se refiere a ella como La Loca, sino como Juana «la loca», el apodo no funge como nombre propio.

En lo que copio abajo se insiste de nuevo en que el artículo que suele preceder al apodo se escribe en minúscula, y ponen como ejemplo «el H», apodo del jefe de un cártel mejicano. Como a ese individuo no lo llaman ‘H’, sino ‘el H’, opino que su apodo debe escribirse El H.

Y tal parece que Libertad Digital me da la razón:

Y esto es ya para confundirse más. Según Fundéu, «Se recuerda además que, cuando un artículo forma parte de un nombre propio, como en el caso de La Meca, lo apropiado es escribirlo en mayúscula (no la Meca), según señalan la Ortografía de la Lengua Española y el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Artículo relacionado:

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02/10/2014

Cartel’ y ‘cártel’, grafías válidas

Tanto cartel como cártel son grafías adecuadas para referirse a una ‘organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas’ o a un ‘convenio entre empresas para eliminar la competencia’, conforme al Diccionario Académico.

Con motivo de la detención del capo Héctor Beltrán Leyva, en los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «El cartel de los Beltrán Leyva es acusado de numerosos casos de secuestro, tortura y asesinatos en el centro del país»,
  • «Detienen al capo mexicano Héctor Beltrán Leyva, heredero de un poderoso cártel familiar» o
  • «Héctor Beltrán Leyva coordinaba las operaciones del cártel desde Querétaro».

De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, tanto la acentuación aguda como la llana son adecuadas, por lo que los tres ejemplos anteriores se consideran correctos, si bien esta misma obra prefiere la forma aguda (cartel).

Sus plurales respectivos son carteles y cárteles.

Asimismo, se recuerda que los apodos no necesitan comillas, salvo que aparezcan entre el nombre de pila y el apellido, y que el artículo que suele preceder al apodo se escribe en minúscula, por lo que en un ejemplo como

  • «Detenido “El H”, líder del cartel de los Beltrán Leyva»,

lo apropiado habría sido escribir

  • «Detenido el H, líder del cartel de los Beltrán Leyva».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Se armó la marimorena

30/09/2014

M. Arrizabalaga

Sinónimo de riña o pendencia, la marimorena se refiere al parecer a una tabernera madrileña del siglo XVI.

En España no se armaba la marimorena en tiempos de Maricastaña, pero casi, o al menos con esta expresión. Dos siglos después de que la brava gallega María Castaña diera pie al dicho popular, otra María encausada en 1579 unía para siempre su nombre al de la riña, la trifulca, la camorra y la pelea.

De María Morena habla ya en el año 1834 José María de Zuaznávar y Francia, un jurista y miembro de la Real Academia Española y de la Historia, consejero de Isabel II por aquellas fechas. En su búsqueda por las causas judiciales anteriores a 1700, Zuaznávar dio con un inventario de Juan de Valcárcel Dato en el que se refería la causa formada el año 1579 contra Alonso de Zayas y Mari Morena, su mujer, tabernera de corte, por tener en su casa cueros de vino y no quererlos vender».

«Es muy verosímil que el nombre y el apellido de esta mujer encausada, su clase y la calidad de su culpa, hubiesen dado origen desde el año 1579 a la expresión, hoy muy usual de Marimorena por pendencia», recogió Zuaznávar en sus «Noticias para literatos acerca de los Archivos públicos de la hoy extinguida Sala de Señores Alcaldes de Casa y Corte», un folleto de ocho páginas impreso en San Sebastián al que alude José María Iribarren en «El porqué de los dichos».

También La Ilustración Española y Americana da cuenta de esta mención el 22 de marzo de 1884: «Como Zuaznávar decía muy bien, el nombre y apellido de la encausada, su condición social y la calidad de su culpa harto se prestan a deducir que de ella, de su casa y de su industria debió nacer la expresión».

Diego Clemencín (1765-1834) corrobora esta versión al glosar la expresión proverbial «dar morena» de El Quijote.. El cervantista murciano señala en su nota 36 al capítulo XXVI (1º parte) que ésta «envuelve amenaza de averiguación y litigio mayor» y añade que «hay quien atribuye el origen de esta voz a las quimeras que antiguamente excitó una María Morena, tabernera de Madrid, y dieron ocasión a ruidosos procesos judiciales, que se guardaban, según se dice, en el archivo de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte».

La «España Moderna» indicaba en 1899 que la expresión ya estaba admitida en el Diccionario de la Lengua como sinónimo de riña o pendencia «por lo que se colige que la taberna de Mari-Morena debía ser el centro de toda la gente maleante de aquel tiempo y el palenque de todas las reyertas del escándalo». La taberna llevaba al parecer el nombre de Mari-Morena, destacaba la publicación «Alrededor del Mundo» del 25 de agosto de aquel mismo año de 1899.

Sin embargo, nada cuentan de Mari Morena ni Covarrubias en su «Tesoro de la Lengua Castellana», ni Correas, en su «Vocabulario de Refranes», ambas obras del siglo XVII, destaca Iribarren. Ni tampoco Luis Montoto se refiere a ella en su «Paquete de cartas, modismos, locuciones, frases hechas…» de 1888.

Una tabernera ¿cualquiera?

José Luis Rodríguez Plasencia señalaba en 2013 en la Revista de Folklore la versión de otros autores, que consideran significativo que la mayoría de las taberneras y venteras del siglo XVI se llamasen María, como la Maritornes del Quijote, criada de la venta de Palomeque el Zurdo, mujeres rudas y desvergonzadas que no dudaban en enzarzarse en las pendencias con los hombres.

«Con lo cual el dicho tanto pudo referirse a la mujer de Alonso Zayas como a una tabernera —María— cualquiera», según estos autores para quienes lo de morena sólo sería un modo típico y tópico de referirse a la mujer española en general.

Rodríguez Plasencia apuntaba una última hipótesis «que se equivoca en cuanto a la fecha», que sitúa a la Marimorena en una taberna madrileña del siglo XIX. «Según parece, tanto ella como su marido, reservaban los mejores vinos para los clientes de alcurnia, hasta que un grupo de parroquianos asiduos le echó en cara tal preferencia, y exigieron deber los mismos caldos que aquellos. Se negó el matrimonio a sus requerimientos, por lo cual se armó una trifulca tal que hasta tuvo que intervenir la justicia para poner orden»

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[LE}– ‘Selfi’, adaptación al español de ‘selfie’

01/10/2014

La grafía selfi, plural selfis, es una adaptación adecuada al español de la forma inglesa selfie, término empleado para referirse a las fotografías que uno toma de sí mismo, solo o en compañía de otros, en general con teléfonos celulares, tabletas o cámaras web.

La voz inglesa selfie (de self, ‘auto’ o ‘a sí mismo’) se utiliza con mucha frecuencia en los medios de comunicación en español, en ejemplos como

  • «Todos se apuntaron a la ‘selfie’ de la presentadora» o
  • «En agosto, un selfie en el que se mostraba al papa Francisco en compañía de un grupo de jóvenes dio la vuelta a la red».

Autofoto, con cierto uso ya:

  • «Móviles diseñados para el arte de la autofoto»,
  • «… ha lanzado una campaña de autofotos para familiarizar a los europeos con el nuevo diseño»,

o incluso autorretrato son alternativas completamente adecuadas en español, propuestas hace ya meses por la Fundéu BBVA.

Sin embargo, la evidencia del uso abrumador de la voz inglesa, tanto en medios hablados como escritos, sugiere la pertinencia de proponer la adaptación selfi (plural selfis), que refleja en español la pronunciación de este término inglés y no ofrece problemas de adaptación a nuestro sistema ortográfico.

Puesto que la forma inglesa en textos españoles se emplea en masculino y en femenino (el selfie/la selfie), y en tanto el uso mayoritario se decante por una u otra forma, la adaptación selfi puede considerarse también ambigua en cuanto al género (el/la selfi), como el/la mar, el/la armazón y otras muchas palabras.

Asimismo, se recuerda que no es preciso destacar este neologismo español ni con comillas ni con cursiva.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito 

  • «Todos se apuntaron a la selfi de la presentadora» y
  • «En agosto, un selfi en el que se mostraba al papa Francisco en compañía de un grupo de jóvenes dio la vuelta a la red».

De cualquier forma, si se elige emplear el anglicismo selfie, lo adecuado es escribirlo en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.

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NotaCMP.- Por fin, una decisión inteligente, aunque en la versión correcta falto escribir ‘Red’ con mayúscula (lo resalto en amarillo), pues no se trata de cualquier red sino de una que tiene nombre propio y por eso se le llama a veces «red de redes». Y eso de que reconozcan el ‘uso abrumador de la voz inglesa’ es una eperanza.

[LE] ‘Hongkonés’, gentilicio de Hong Kong

29/09/2014

El gentilicio hongkonés, con ‘ge’ en la primera sílaba, pero no en la última, es el recomendado para referirse a los habitantes de Hong Kong.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «El vicesecretario de la Asamblea Nacional Popular fue recibido con abucheos por activistas prodemocracia y parlamentarios honkoneses»,
  • «Los mercados hongkongueses sufrieron fuertes pérdidas desde el primer momento de la jornada, afectados por las protestas prodemocráticas» o
  • «El magnate hongkonguense de 77 años es dueño del puerto de Veracruz, entre otros».

El Diccionario panhispánico de dudas indica que el gentilicio mayoritario y recomendado de esta región administrativa especial de China es hongkonés, plural hongkoneses, mientras que se desaconsejan la forma honkonés, sin ‘ge’ antes de la ‘ka’, por separarse gráficamente del topónimo, y las grafías hongkongués y hongkonguense, estas últimas consideradas de uso minoritario.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir hongkonés

  • «El vicesecretario de la Asamblea Nacional Popular fue recibido con abucheos por activistas prodemocracia y parlamentarios hongkoneses»,
  • «Los mercados hongkoneses sufrieron fuertes pérdidas desde el primer momento de la jornada, afectados por las protestas prodemocráticas» y
  • «El magnate hongkonés de 77 años es dueño del puerto de Veracruz, entre otros».

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[LE}– ‘Ileso’ sólo debe uarse cuando no hay daño ni lesión

26/09/2014

Sin embargo, en los medios de comunicación pueden encontrarse noticias que encierran contradicciones debido a un uso inadecuado de este adjetivo.

Así, en una noticia cuyo titular es «Conductor ileso tras volcar», se descubre más adelante, en el desarrollo del texto, que

  • «El conductor del automóvil resultó con heridas leves», 

lo cual desmiente la idea sugerida inicialmente.

En este sentido, cabe recordar que, si se sufre un accidente del que se sale herido levemente, no es apropiado emplear el término ileso, que únicamente se recomienda utilizar en aquellos casos en que no sobreviene daño alguno, tal como indica el Diccionario de la Lengua Española, de la Academia.

Por tanto, en el ejemplo anterior lo apropiado habría sido cambiar el titular y escribir, por ejemplo,

  • «Conductor sin heridas de consideración tras volcar».

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[LE}– El olor de la lluvia sobre la tierra seca, y otras 28 cosas que no sabías que tenían nombre

25 de septiembre de 2014

Jaime Rubio Hancock

Hasta ahora, cada vez que te ponías a coser botones, clavabas las agujas que no utilizabas en lo que tú llamabas “cojincico” o “la cosa ésa de las agujas”.

Gracias a esta lista, podrás usar el nombre correcto tanto de esta almohadilla (que es un acerico) como de otras 28 cosas imprescindibles para tu vida diaria o para tus partidas de scrabble, como la espuma de la cerveza o ese maravilloso olor que deja la lluvia después de caer en un lugar seco.

  1. Acerico. Almohada pequeña. Y también la almohadilla que sirve para clavar alfileres o agujas.
  2. Agrafe. Pieza de metal para sujetar el cierre de botellas y frascos. Por ejemplo, el alambre y la chapa de las botellas de cava.
  3. Ampersand. El signo &.
  4. Ápice. Acento o cualquiera de los signos que se colocan sobre las letras, como el punto de las íes. Eso sí, el acento de la eñe se llama virgulilla.
  5. Carúncula. La cresta de gallos y pavos.
  6. Crencha. Raya del pelo, y cada una de las partes en las que la crencha divide el cabello.
  7. Criptomnesia. Fenómeno que consiste en creer que se te acaba de ocurrir algo que en realidad sólo lo estabas recordando, aunque no recuerdes que ya lo sabías. Por ejemplo, cuando plagias involuntariamente un tuit.
  8. Diastema. Espacio entre los dientes.
  9. Estepicursor. El matojo rodante típico de las películas del oeste o de cuando cuentas un chiste en un bar. También se llama rodamundos, sorrasca, calamino, boja, salicón, salicor, salicornio, salicornia, barrilla, corredora del desierto, bola del oeste, apretaculos, capitana, malvecino, alicornio, cardo ruso, planta rodadora, bruja, chamizo, cachanilla, maromera, salsola, y rodadora.
  10. Filtrum. Surco subnasal, es decir, la ranura situada debajo de la nariz y encima de los labios.
  11. Fosfenos. Las manchas luminosas que se ven al frotar los párpados.
  12. Ginecomastia. Volumen excesivo de las mamas de un hombre, producido por alteración hormonal.
  13. Giste. La espuma de la cerveza.
  14. Guedeja. Cabellera larga, y también la melena del león.
  15. Herrete. Cada una de las puntas de plástico o metal de los cordones.
  16. Jeme. Distancia que hay desde la punta del pulgar a la del índice, separando el uno del otro todo lo posible. Unidad de medida equivalente a “un cacho así”.
  17. Lemniscata. Curva plana de forma semejante a un 8. Es el término correcto del símbolo de infinito.
  18. Lúnula. El espacio blanquecino semilunar de la raíz de las uñas.
  19. Óbelo. Signo de división. El de multiplicar es una más común: aspa.
  20. Petricor. El olor de la lluvia en sitios secos.
  21. Pie de Morton, o pie griego. Cuando el segundo dedo del pie es más largo que el gordo. (¿Estas personas son alienígenas infiltrados? Este sería otro debate).
  22. Quincunce. Disposición como la figura de un cinco en un dado, con cuatro puntos formando un rectángulo y otro punto en el centro.
  23. Recazo. La parte del cuchillo opuesta al filo.
  24. Sangradura. La parte hundida del brazo opuesta al codo.
  25. Telson. La cola de los crustáceos. Ejemplo: “¿Tú te comes el telson de los langostinos? Yo sí. Soy un poco bruto”.
  26. Tenesmo. Ganas frecuentes de ir al baño.
  27. Vagido. Gemido o llanto del recién nacido.
  28. Virola. Es una abrazadera de metal que se coloca en algunos instrumentos, incluyendo la anilla metálica que une el lápiz con la goma de borrar, y la punta de un paraguas, por ejemplo. No confundir con “vitola”.
  29. Vitola. La anilla de los cigarros puros.

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[LE}– ‘Motochorro’ es quien roba en motocicleta

23/09/2014

El sustantivo motochorro, ampliamente extendido en el área lingüística del Río de la Plata, es un neologismo válido para referirse a la ‘persona que roba y huye en motocicleta u otro vehículo motorizado’.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Turista estadounidense grabó cómo le robó un motochorro»,
  • «El motochorro argentino, furor en todo el mundo» o
  • «Un joven turista de Estados Unidos logró escaparse de un asalto protagonizado por un “motochorro”».

El Diccionario de Americanismos recoge el sustantivo chorro como ‘ladrón, estafador’ y, tanto esta obra como el Diccionario Académico, definen la locución a chorro como ‘dicho de un ladrón: Que arrebata a la carrera algún bien a alguien’.

Se trata, pues, de un término ya asentado, a partir del cual puede formarse el compuesto motochorro, por analogía con motosierra, motocarro o motonave.

Dado que este compuesto está bien creado y se encuentra sobradamente difundido en el área del Río de la Plata, no resulta necesario aplicarle ningún resalte, al menos en esa área, por lo que en el tercero de los ejemplos podría haberse escrito motochorro sin comillas.

Asimismo, por tratarse de un término que viene a cubrir un vacío léxico, se aconseja tenerlo en consideración no sólo en la citada área lingüística, sino en cualquier otro país hispanohablante.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Eres más tonto que Abundio

22/09/2014

M. Arrizabalaga

Hay distintas hipótesis sobre el personaje que da origen a ese dicho, desde un campesino cordobés o navarro a un capitán de fragata.

A los más de 600 españoles que se llaman Abundio a buen seguro que no les hace ninguna gracia el dicho popular «ser más tonto que Abundio». Entre los miles de nombres que existen, ¿por qué tuvo que tocar el suyo? ¿Quién fue ese Abundio que les colgó el sambenito?, pensarán.

De Abundio dicen «que vendió los zapatos para comprarse los cordones», «que vendió el coche para comprar gasolina», «que vendió la vaca para comprar leche» o «que fue a vendimiar y se llevó uvas de postre». Así ha caído para muchos el nombre de origen latino que significa «abundante», «desbordante» o «copioso» y que llevaron diversos santos de la Iglesia Católica.

En España el nombre gozó de popularidad debido al culto a san Abundio, un presbítero cordobés martirizado por los árabes en el año 854 cuya fiesta se celebra el 11 de julio. Hay quien cuenta que este mismo santo estaría en el origen del dicho ya que hasta en once ocasiones le ofrecieron los musulmanes desdecirse de sus supuestas injurias al Corán, pero sin éxito.

En la misma Córdoba sitúa Pancracio Celdrán a otro Abundio susceptible de haber popularizado el refrán. En «El gran libro de los insultos» señala que, al , «el personaje existió entre los siglos XVII y XVIII en Córdoba, donde protagonizaría alguna solemne tontería».

A este Abundio se le achaca el haber pretendido regar un cortijo «con el solo chorrillo de la verga», es decir, con apenas agua. «Acaso nos encontremos ante el precursor del riego por goteo, y debiéramos levantarle un monumento», dice Celdrán, aunque «en su día pasó por loco insigne, diciéndose hoy de quien da muestras de imbecilidad que es «más tonto que Abundio, que en una carrera en la que corría él sólo llegó el segundo»».

José María Iribarren menciona en «El porqué de los dichos» a un Abundio navarro «que cuando iba a vendimiar se llevaba uvas para postre» del que cuentan que «una tarde de estío los dueños de una huerta le mandaron al pueblo por bolados y, a la vuelta, para que no se le calentasen los azucarillos, sumergía la cesta en las acequias del trayecto».

Otros apuntan, sin embargo, a un capitán de fragata llamado al parecer Abundio Martínez de Soria, que habría nacido en 1848.

Cuentan que, en 1898, en la guerra de Filipinas, se encontró de frente con la Armada estadounidense y, en lugar de huir, se enfrentó solo a ella, hundiendo la embarcación en su ataque. Esta supuesta hazaña, de la que no hay noticia en las hemerotecas, habría sido considerada en la Península como una tontería, dando pie al dicho.

La explicación más plausible la ofrece Roberto Faure en su «Diccionario de los nombres propios», donde constata que antiguamente fue nombre frecuente entre la gente del pueblo. «Probablemente por ser nombre considerado rústico y propio de labradores nació el famoso dicho de “Más tonto que Abundio, que cuando se fue a vendimiar se llevó uvas para el postre”».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Saber más que Lepe

19/09/2014

M. Arrizabalaga

¿Por qué de entre los sabios de la Historia fue el obispo Don Pedro de Lepe quien dio nombre al dicho?

Misterios de la Historia, pero lo cierto es que el obispo Don Pedro de Lepe debió impresionar tanto a sus contemporáneos que desde el siglo XVII se conserva su recuerdo en el dicho popular «Saber más que Lepe».

La Real Academia de la Lengua explica así el origen de la expresión por alusiones a este «obispo de Calahorra y la Calzada durante el siglo XV, y autor de un libro titulado Catecismo católico».

El diccionario de la RAE contiene, sin embargo, un error. Don Pedro de Lepe y Dorantes nació en Sanlúcar de Barrameda en el año 1641 y fue obispo de la diócesis de Calahorra y la Calzada desde 1686 hasta su muerte en Arnedillo el 05 de diciembre de 1700. Es decir, dos siglos más tarde.

Hijo de una familia de hidalgos onubenses, según lo presenta la obra «Espejo de prelados» del que fuera su secretario de cámara Francisco Torres de Navarrete, la fama de «sabio, humilde y santo» le valió ser promocionado para obispo por Carlos II.

Publicó en 1697 un «Catecismo Catholico» que según la tesis de Ignacio Granado Hijelmo, «es uno de los grandes textos doctrinales de la reforma tridentina en España» en la línea de los de Carranza, Vives, Ripalda, Astete, Ledesma y Calatayud. Este catecismo gozó al parecer de gran popularidad en los siglos XVII y XVIII, y Don Pedro de Lepe fue incluido entre las personalidades del Diccionario de Autoridades de la Lengua (1732).

Sin embargo, no parece que fuera el catecismo ni sus numerosas cartas episcopales las que le hicieron alcanzar la popularidad que forjaría el dicho, sino su recorrido por todos los pueblos, aldeas y villas a lo largo de más de diez años hasta su muerte a los 59 años.

«En su larga visita pastoral predicaba a los fieles desde todos los púlpitos de la diócesis, y es fácil que esta predicación de diez años por toda la Rioja navarra y alavesa diera al apellido del obispo el arraigo popular que se refleja en la frase «Saber más que Lepe»», se reseñaba Blanco y Negro en 1899.

El olvido del obispo que dio nombre al dicho ha llevado a variaciones populares como la de «saber más que Lepe, Lepijo y su hijo» o que Lepe y sus cincuenta hijos».

Otra versión recogida por el historiador Pedro Voltes Bou en «El reverso de la historia» (1993) vincula el dicho con un tal Juan de Lepe, natural de Lepe (Huelva). Este marino aventurero se ganó la confianza de Enrique VII y llegó a convertirse en rey de Inglaterra por un día al ganar una partida de cartas con él en 1457.

Hecho un potentado, regresó a su Lepe natal donde fue enterrado a su muerte en el convento de los franciscanos de Nuestra Señora la Bella.

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