[*Opino}– Recalcitrantes en el uso de la lengua

18-11-13

Carlos M. Padrón

Titular en El País (España) del 18/11/13:

  • El móvil sexual resurge en el ‘caso Yéremi Vargas’

Caramba, no sabía yo que había teléfonos sexuales. Y que nadie se asombre de mi ignorancia porque en España llaman ‘móvil’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘celular’, o equivalente, ya que esos teléfonos funcionan gracias a la telefonía celular, o sea, una tecnología basada en células —o celdas— geográficas, o áreas de cobertura de sus antenas.

Por otra parte, ‘móvil’ fue siempre usado como el motivo para hacer algo, como cometer un crimen; o sea, que tiene varias acepciones, pero, como sustantivo, ‘celular’ sólo tiene una.

Esa costumbre española de aferrarse a sus usos, aunque en lengua se trate de términos confusos, me parece recalcitrante, y tal vez el mejor ejemplo sea el de empeñarse en llamar ‘ordenador’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘computador/a’, que, para colmo, es el nombre que en inglés le dieron sus creadores: computer.

En la prensa digital española usaron por años el término ‘supercomputador’ porque, sinceramente, lo de ‘superordenador’ sonaba raro ya que, supongo, hacía pensar en un tipo que, más que ordenado, era súper ordenado. Pero ya adoptaron el uso de ‘superordenador’.

Sin embargo, parece que han olvidado algo, pues ¿ha escuchado o visto alguien que en vez de ‘computarizado’, palabra muy usada en el mundo hispanohablante, se diga ‘ordenarizado’ u ‘ordenatizado’? No me extrañaría que un buen día se descolgaron en España con alguno de éstos.

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Sicario

20-07-12

El término sicario proviene de los tiempos del Imperio Romano, en el que se popularizó el uso de un pequeño puñal llamado sica, fácilmente camuflable entre la ropa.

En multitud de ocasiones la sica era utilizada por simpatizantes que se acercaban a los rivales políticos de sus representantes y los apuñalaban. Esta práctica se realizaba con tanta asiduidad que, en el año 81 a. C., se tuvo que promulgar una ley para dar castigo a aquéllos que, por encargo de otros, herían o mataban a cambio de unas monedas.

La ley, promulgada durante la dictadura de Lucio Cornelio Sila, fue conocida como “Lex Cornelia de sicariis et veneficis” (Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores).

Desde entonces, y hasta nuestros días, la figura del asesino por encargo o a sueldo se ha ido introduciendo cada vez más en nuestra sociedad, quedando el nombre genérico de sicario como sello identificativo de este colectivo.

Cortesía de Leonardo Masina

LE}– Claridad vs. comprensión

18-10-13

Amando de Miguel

Hay veces en las que la expresión parece muy clara, pero su comprensión se hace ardua.

Por ejemplo, cuando la información sobre el tiempo (la que tiene más audiencia) nos dice que va a haber «lluvias dispersas». Es decir, que no nos pueden decir si va a llover o no en nuestro pueblo.

Igual de impreciso es lo de «grandes claros». Tampoco nos dice mucho que se anuncien “nubes de evolución”. ¿Es que hay nubes que no evolucionan?

Por cierto, los meteorólogos de la radio o la televisión nunca piden perdón cuando se equivocan en sus predicciones. Bueno, tampoco los economistas o los sociólogos.

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[LE}– Los errores más frecuentes de nuestra lengua

13/11/2013

El español es la lengua que compartimos 500 millones de personas.

Es la lengua en la que pensamos y dialogamos, en la que juramos y discutimos, en la que nos equivocamos.

La corriente de la consciencia de estos 500 millones de personas fluye en este idioma que, según tantos indicios, cada día cuidamos menos. Nadamos en esa corriente, y con nosotros fluyen nuestras dudas.

Tantas dudas como hablantes o más. Para todos se ha creado una guía muy útil en el Instituto Cervantes, publicada por Espasa. Resume en 500 casos muchos millones de consultas frecuentes, de tropiezos y trabalenguas en los que caemos a menudo. El que tiene boca se equivocam y el que tiene Twitter no digamos.

No maltrate el español

Saber si en los SMS se permiten faltas de ortografía, o abreviaturas sin puntos, poder consultar de un vistazo todas las dudas, ordenadas a tal efecto, es el fin de este libro. Aunque también es un gusto hojearlo (y ojearlo, a la caza de nuestros propios errores) .

En el acto, que tuvo lugar ayer en el Instituto Cervantes de Madrid, se presentó el volumen «Las 500 dudas más frecuentes del español», un volumen que da continuidad al publicado el pasado año: «El libro del español correcto».

Pero para Víctor García de la Concha, director del Cervantes, habría que dar un paso más y emprender una campaña: «No maltrate el español. Hable y escriba bien».

Durante la presentación del textom dirigido por Florentino Paredes y en el que han colaborado Salvador Álvaro García y Luna Paredes Zurdo, García de la Concha se refirió al Cervantes como la «casa del bien hablar y bien escribir» y señaló que los institutos «están en la calle de muchos países. Se trata de enseñar un español correcto pero muy vivo».

El esfuerzo de resumir las infinitas dudas en las 500 más habituales ha sido ímprobo. «Dudar es comenzar a acertar», dicen sus responsables, y el libro pretende responder a «esas dudas que todos tenemos y que es importante que tengamos».

La tecnología ha sometido a nueva presión al idioma, ya que nos comunicamos en cada vez más plataformas. Como consecuencia, en los últimos años internet y el uso de los teléfonos celulares han acelerado el proceso de mutación y han traído consigo numerosos cambios significativos, variando la forma en la que nos comunicamos.

El lenguaje está más vivo que nunca, y las dudas son un mar cada vez más inmenso. Este libro permite navegarlo.

Rigor y claridad son las virtudes buscadas, y a buen seguro logradas, en el proyecto: es «fácilmente legible evitando los tecnicismos gramaticales» y es actual, «ya que se ajusta a lo que hoy es la norma, que se va transformando con el paso del tiempo».

Por eso tiene tres apéndices sobre la bibliografía utilizada, un índice de dudas y un índice de palabras, expresiones y materias. Todo ello ayudará a una mejor utilización del español en el que es imprescindible, en opinión del director del Instituto Cervantes, la lectura.

Pero no se aprende a hablar bien leyendo tratados, por más que ayuden; de lo que se trata es de aprender leyendo. Y en eso, García de la Concha reconoce que España, al menos, no lo está haciendo bien. Cada día llegan estudiantes más incapacitados para la expresión y el raciocinio a la Universidad. Hablemos bien.

García de la Concha: «Todos somos unos deslenguados»

–¿Cuáles son los errores más comunes?

–Depende. Unos se hacen comunes en una época, otros desaparecen. Hay cosas que empiezan siendo errores y al final dejan de serlo. Álgido es frío desde el punto de vista léxico, y ya todos lo entendemos como el punto candente. Casi todo el mundo dice «de este agua no beberé», en lugar de «de esta agua…» que es lo correcto.

–¿Y los medios somos culpables?

–Basta que, en un programa del corazón alguien haya dicho «punto y final» para que todo el mundo lo repita.

–¿Qué fue del dequeísmo?

–Pues hubo una época en la que todo el mundo era dequeísta, y ahora ha decaído hasta el extremo de que la mayoría es queísta. Cada gazapo va evolucionando, porque la norma es cambiante

–Pero la fija la Academia.

–La norma la hace el pueblo. Porque el lenguaje es dominio del pueblo, y el uso es el que hace que una cosa sea considerada más o menos correcta.

–¿Hay alguien que no cometa errores?

–Sería alguien bastante intratable.

–¿Y Víctor García de la Concha? ¿Cuál fue su último error, o duda?

–El otro día estaba escribiendo y dudé si «a gusto» era junto o separado. Primero pregunté a la secretaria y ella tampoco estaba segura, así que fuimos al diccionario los dos para resolverlo. La duda surge de la manera más estúpida.

–Usted dice que usamos un español zarrapastroso…

–Lo dije el año pasado y ha tenido mucho eco. Estamos en una etapa de poco cuidado de la lengua. Tendríamos que hacer una campaña: «No maltrate usted el español, hable bien y escriba bien». Lo maltratamos. Todos sabemos que no es lo mismo hablar coloquialmente que en un discurso, pero lo que está ocurriendo es que el lenguaje conversacional se ha deslenguado. Somos todos unos deslenguados. La vida social comportaba condicionamientos antes. Hoy una chica de 14 o 16 habla como un carretero. Con el respeto que merecen los carreteros que era una profesión muy digna, pero trabajaban con las bestias y no las decían: «Caballo, adelante por favor».

–¿No es de temer la fragmentación que provoca el SMS y el Twitter?

–Le tengo menos miedo, es un lenguaje convencional. La escritura nació con abreviaturas porque el espacio era poco…

–Sí, el español nació en los márgenes, con las glosas.

–Sí, y aprovechaba la abreviatura para ganar espacio a la comunicación.

–¿Pero es culpa de los periodistas?

–Los periodistas son profesionales del lenguaje que no son muy proclives a cometer errores, lo que ocurre es que cuando los cometen son mucho más evidentes.

–¿Echa en falta «El dardo en la palabra», aquellos artículos de Lázaro Carreter?

–Marcaron una época. Pero muchos de aquellos pecados son hoy virtudes.

–¿No es un dardazo este libro?

–No, es un libro que invita a repensar.

–Un ciudadano que habla peor…

–Es menos libre y está empobrecido. La riqueza lingüística de la persona no va al terreno de ser erudito, se trata de un problema que afecta al ser. Es que somos lengua, y si nuestra lengua se degrada, se degrada nuestro ser. ¡Se degrada nuestro ser! Nuestra capacidad de pensar, enjuiciar, defender, reclamar…

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LE}– Las ‘puntocoms’, grafía adecuada

12/11/2013

Las puntocoms, en redonda, en una sola palabra y con plural terminado en ‘s’, es la forma adecuada de referirse a las empresas que desarrollan su actividad principal en internet.

Es habitual, sin embargo, encontrar noticias en las que se escribe con otras grafías

  • «En un sector como el de las puntocom, la red del pajarito y los 140 caracteres ha recaudado un buen colchón de dinero»,
  • «Antes de la crisis de las punto.com el índice llegó a los 1553 puntos» o
  • «El índice llegó a niveles similares a los que conquistó durante la burbuja de las punto com».

Dado que se trata de un término ya maduro en nuestra lengua, puntocom ha perdido la tonicidad en /púnto/ para trasladarla a /cóm/, dando como resultado la pronunciación /puntocóm/, que es la base de la grafía de este neologismo.

Respecto al plural de puntocom, aunque el uso mayoritario es las puntocom, invariable, lo aconsejable es las puntocoms, terminado en ‘s’, de acuerdo con las normas académicas sobre la formación del plural y con la entrada al respecto del diccionario Clave.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «En un sector como el de las puntocoms, la red del pajarito y los 140 caracteres ha recaudado un buen colchón de dinero»,
  • «Antes de la crisis de las puntocoms el índice llegó a los 1553 puntos» o
  • «El índice llegó a niveles similares a los que conquistó durante la burbuja de las puntocoms».

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NotaCMP.- La pronunciación de la ‘s’ en puntocoms lo veo tan crudo como la pronunciación de la ‘g’ en cíborg. Y, a propósito, ¿qué pasará con la pronunciación de la ‘s’ en cíborgs?

[LE}– ‘De cierto modo’ no es lo mismo que ‘en cierto modo’

11/11/2013

La expresión en cierto modo, que significa ‘en parte’ o ‘de alguna manera’, no equivale a de cierto modo, cuyo significado es ‘de una forma determinada’, tal como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas, de las Academias de la Lengua.

Sin embargo, en algunas noticias se usan esas expresiones de manera impropia, como en los siguientes ejemplos:

  • «La propuesta de gravar las ganancias de capital tiene muchos años y, de cierta manera, era algo esperado»,
  • «El debut con los Gigantes fue emocionante, pero de cierto modo muy distinto a lo que se imaginaba».

Para indicar que algo no se especifica, se comprende o se conoce con precisión, las expresiones adecuadas son en cierto modo y en cierta manera, por lo que en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido

  • «La propuesta de gravar las ganancias de capital tiene muchos años y, en cierta manera, era algo esperado»,
  • «El debut con los Gigantes fue emocionante, pero en cierto modo muy distinto a lo que se imaginaba».

Sí es apropiado emplear de cierta manera o de cierto modo cuando significan ‘de un modo determinado’, como en

  • «Permiten que el novio controle sus mensajes, las llame a todas horas, les pida que no se vistan de cierta manera…»,

pues lo que se expresa es que los novios rechazan que se vistan de una manera concreta.

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[LE}– ‘Kamikaze’ se escribe sin comillas

08/11/2013

El sustantivo kamikaze, con el significado de ‘persona que se juega la vida realizando una acción temeraria’, aparece en el Diccionario Académico, y en los diccionarios de uso de referencia habitual, por lo que lo apropiado es escribirlo sin comillas.

En los medios de comunicación es común encontrarse con frases como

  • «El Tribunal Supremo ha anulado el indulto que el Gobierno concedió en diciembre de 2012 a un conductor “kamikaze”» o
  • «La familia de la víctima del ‘kamikaze’ pide al Gobierno que acate el fallo».

Aunque en su origen designaba al ‘piloto japonés que tripulaba un avión con explosivos con el que se lanzaba contra objetivos, suicidándose, en la Segunda Guerra Mundial’, el uso de kamikaze como ‘conductor extremadamente temerario’ se halla también plenamente asentado en nuestro idioma.

Respecto a su grafía, la Ortografía de la Lengua Española indica que «la letra k en representación del fonema /k/ se emplea hoy en español, en cualquier posición, en la escritura de numerosos préstamos de muy diverso origen», como harakiri o ikebana entre las que proceden del japonés; además, señala que «existen en español algunas palabras que se escriben siempre con z ante e, i», como zeta o nazi.

Así pues, kamikaze se considera en la actualidad una palabra española, por lo que en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribirla sin comillas.

Por otra parte, tal como señala el Diccionario del estudiante, de la Academia, se trata de un sustantivo común en cuanto al género: el kamikaze y la kamikaze.

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[LE}– ‘Emprendimiento’, no ‘emprendurismo’ ni ‘emprendedurismo’

07/11/2013

La palabra emprendimiento, mejor que emprendurismo y emprendedurismo, es la apropiada para aludir al espíritu emprendedor o el ímpetu por iniciar algo, en sentido empresarial.

En los medios es habitual encontrar frases como

  • «Los programas se centran en el emprendedurismo, la educación financiera y la inserción laboral» o
  • «La innovación, la productividad y el emprendurismo deben ser objetivos prioritarios de la política económica».

Emprendurismo y emprendedurismo son malas traducciones de la palabra inglesa entrepreneurship, por lo que se recomienda emplear emprendimiento, que ya figura en el avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, con los significados de ‘acción y efecto de emprender (acometer una obra)’ y ‘cualidad de emprendedor’.

En los ejemplos anteriores, pues, habría sido preferible escribir

  • «Los programas se centran en el emprendimiento, la educación financiera y la inserción laboral» o
  • «La innovación, la productividad y el emprendimiento deben ser objetivos prioritarios de la política económica».

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[LE}– ‘Hacerse a la idea’ no es lo mismo que ‘hacerse una idea’

06/11/2013

La expresión hacerse a la idea de algo significa ‘aceptarlo’ o ‘familiarizarse con cierta idea’, mientras que hacerse una idea de algo es ‘imaginárselo o formarse concepto al respecto’.

En los medios de comunicación es frecuente ver un uso inadecuado de hacerse a la idea en frases como

  • «La existencia de numerosas casas de dos plantas, y de hasta 250 metros cuadrados, permite hacerse a la idea del poderío económico de este minúsculo pueblo» o
  • «Después de ocho jornadas, uno puede hacerse a la idea del equipo tipo que más le gusta al entrenador».

En esos casos, y ya que lo que se quiere expresar es que uno puede imaginar el poderío económico del pueblo o los gustos del entrenador, lo apropiado habría sido escribir

  • «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite hacerse una idea del poderío económico de este minúsculo pueblo» y
  • «Después de ocho jornadas, uno puede hacerse una idea del equipo tipo que más le gusta al entrenador».

En cambio, esa expresión sí resulta adecuada en frases como

  • «A los ciclistas aún les cuesta hacerse a la idea de que esto se acaba y de que su equipo desaparecerá la próxima temporada»,

ya que en ese caso lo que se quiere decir es que a los ciclistas aún les cuesta aceptar la desaparición del equipo.

El Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, añade una tercera forma, hacerse idea o hacerse la idea, con el significado de ‘formarse un propósito’, como en

  • «Ya me he hecho idea de visitarle mañana».

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