[Hum}– Lo subjetivo del frío

+18° C – En Hawai usan dos mantas.
+10° C – En los edificios de Helsinki quitan la calefacción.
+02° C – Los coches italianos no arrancan.
    0° C – El agua se congela.
0-1° C – Ves tu aliento. Los rusos están tomando helado y bebiendo cerveza fría.
-04° C – Tu perro se mete en tu cama.
-10° C – Los coches franceses no arrancan.
-12° C – Los políticos empiezan a hablar de los vagabundos.
-15° C – Los coches useños no arrancan.
-20° C – Oyes tu respiración.
-24° C – Los coches japoneses no arrancan.
-28° C – Tu perro se mete en tu pijama.
-29° C – Los coches alemanes no arrancan.
-30° C – No hay ningún coche normal que arranque.
-36° C – Los coches rusos no arrancan.
-39° C – Los rusos se abrochan todos los botones de la camisa.
-50° C – Tu coche se mete en tu cama.
-60° C – La gente en Helsinki está congelada. En Moscú se abrochan los abrigos.
-70° C – El infierno está congelado.
-72° C – Los abogados empiezan a ponerse las manos en los bolsillos.
-120° C – El alcohol se congela. Los rusos se ponen bastante nerviosos.
-273,15° C – Cero absoluto. Las moléculas dejan de moverse. Los rusos chupan el vodka congelado.

Cortesía de Leonardo Masina

[Hum}– De psiquiatras teóricos y prácticos

Desde que era chiquito, siempre tuve miedo de ir a dormir porque suponía que había alguien debajo de mi cama. Ya mayor, y cansado de esto, un día fui a ver al psiquiatra y le conté:

—Tengo problemas. Cada vez que voy a acostarme creo que hay alguien debajo de mi cama, y me da mucho miedo. ¿Me estaré volviendo loco?

El psiquiatra respondió:

—Déjame eso a mí, que en doce meses te curo. Ven a verme tres veces a la semana, y te curaré de todos esos miedos.

—¿Y cuánto me cobrará, doctor?

—Barato. Ochenta dólares cada visita.

—Bueno, es un poco caro, pero tal vez valga la pena—, le dije.

Seis meses después fui al cine y, sin esperarlo, me encontré allí con el psiquiatra. Me paró en seco y me dijo:

—¡Ey! Después de la tercera vez que vino a mi consulta no apareció más. ¿Por qué?

—Bueno, doctor, ochenta dólares por consulta tres veces a la semana es mucho dinero. Una noche fui a un bar y el camarero que me atendió me curó en una sola sesión y por sólo diez dólares. Me puse tan contento con el dinero que ahorré que me compré un carro nuevo.

—¿¡No me diga!?— respondió el doctor bastante molesto—. ¿Y se puede saber cómo un camarero, que sólo sabe de servir tragos, lo curó por diez dólares?

—Me dijo que le cortara las patas a mi cama,… ¡y ya no puede haber nadie debajo!

Cortesía de Manuel Alberto Gutiérrez

[Hum}– ‘El retrato’, o la idiosincrasia femenina

Una mujer casada a la que le diagnosticaron una enfermedad terminal, y, como mucho, le dieron sólo dos meses vida, decidió ir a un pintor para que le hicieran un retrato y así dejar un bello recuerdo a su familia.

El día que llegó al taller del pintor, se sentó para posar y el pintor comenzó su trabajo.

Al cabo de un rato, ella le dijo: 

—Perdón, ¿podría pintarme una diadema de diamantes en la cabeza?

—Sí, señora, por supuesto.

Apenas minutos después. dijo de nuevo la señora: 

—¿Y un collar de perlas en el cuello?

—Por supuesto, señora.

Y así fue pidiendo que le pintara también una sortija con un rubí, una pulsera de oro macizo, etc.

Cuando después de muchas horas estuvo listo el retrato que mostraba a la señora llena de joyas, el pintor, sin poder contenerse, le preguntó:

—Perdone usted, señora, ¿para qué ha querido que le pinte tantas joyas?

—¡Para que la zorra con la que se case mi marido se vuelva loca buscándolas!

Cortesía de Esteban Zajía