Cuando hay corte de luz y la corriente se abstiene de llegar.
Etiqueta: chiste
[Hum}– Cibercomparaciones maritales

[Hum}– Cibercasamiento

[Hum}– Para los gallegos, la Tierra es redonda
Cortesía de Ramón López
[Hum}– Safety warning / Alerta de seguridad
Safety warning!
Condoms do not necessarily provide safe sex. A friend of mine was wearing one when he was shot by the woman’s husband.
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¡Alerta de seguridad!
Los condones no necesariamente garantizan sexo seguro. Un amigo mío estaba usando uno cuando el marido de la mujer le disparó en la cabeza.
Cortesía de Luis Álvarez
[Hum}– Moscas
Yo, hombre de poca fe, siempre creí que lo que contaba mi difunto hermano, y que conté yo aquí, era chiste.
Pues, no, era cierto, y aquí está la prueba: la mujer saliendo del estadio.

[Hum}– Ratones deportistas
Un loco va al médico y dice:
—Doctor, no puedo dormir en las noches, veo ratones jugando baloncesto.
El médico le dice:
—Tómese esta pastilla para que duerma.
A lo que responde el loco:
—Uhmmmm,… Pero me la tomaré mañana, ¡porque esta noche es la final!
Cortesía de Eva Matute
[Hum}– El embarazo
La novia le dice al novio:
—Amor, amor, estoy embarazada, ¿qué te gustaría que fuera?
—¡¡Mentira!!
[Hum}– El ancianato
Tres abuelas sinvergüenzonas estaban sentadas en uno de los bancos del jardín de su ancianato y, al ver que Bill, un viejito bisabuelo y huésped también del mismo ancianato, se acercaba a ellas, una le gritó:
—Bill, te apuesto a que podemos adivinar la edad exacta que tienes.
Bill se detuvo en seco y respondió:
—Lo dudo. ¡No hay forma de que ustedes sepan cuántos años tengo!
Entonces, una de las viejitas dijo:
—Por supuesto que sí podemos. Bájate los pantalones y los calzoncillos y te diremos exactamente cuántos años tienes.
Avergonzado, pero decidido a demostrar que las viejitas no podrían lograr lo que decían, Bill hizo lo que éstas le habían pedido.
Ya con calzoncillos y pantalones caídos sobre sus tobillos, las abuelitas le pidieron que diera dos vueltas sobre sí mismo y que saltara después seis veces.
Más decidido que antes, Bill hizo todo eso, y cuando terminó, las viejitas dijeron al unísono:
—¡Tienes 93 años!
Con su ropa aún caída sobre los tobillos, Bill preguntó:
—¿Cómo carajo adivinaron ustedes mi edad?
Chocando rodilla con rodilla, celebrando entre ellas con «choca esos cinco», y con sonrisas de oreja a oreja, las tres viejitas gritaron:
—¡Estuvimos ayer en tu fiesta de cumpleaños!
Cortesía de Carmen O’Dogherty
