[Hum}– El hijo cirujano

Un hombre está en la mesa de operaciones, listo para ser operado por su propio hijo, que es el cirujano.

El padre le dice:

—Hijo, hazlo sin ningún tipo de presión, con tranquilidad, y todo saldrá bien. Piensa únicamente en que, si algo me pasa a mí, tu madre irá a vivir contigo.

[Hum}– Negro: El parte médico

En el hospital, un señor esperaba que saliera el doctor para saber cómo estaba su esposa. Cuando al fin salió el doctor, le dijo que la señora estaba muy grave, y tanto que, de por de vida, tendría él que ponerle en la boca todos los alimentos, y bien licuados, porque ella no podría mover las manos. Además, tendría que ponerle pañales para sus necesidades, le tendría que cambiar de ropa, bañarla, curarla diariamente, pagar un fisioterapeuta, etc.

El marido se puso a llorar, y el doctor agregó:

—Estaba bromeando, hombre. ¡Ya se murió!

[Hum}– Apendicitis

Los médicos estamos acostumbrados a que nos llamen por teléfono a cualquier hora. Una noche me despertó un hombre a cuya esposa ya había atendido yo antes.

—Siento molestarlo tan tarde —me dijo—, pero creo que mi mujer tiene apendicitis.

Aún medio dormido, le recordé que, dos años atrás, yo le había quitado el apéndice a su esposa, y le dije:

—Nadie tiene un segundo apéndice.

—Doctor, quizás usted no haya oído hablar de un segundo apéndice, pero sí de que podemos tener una segunda esposa.

[Hum}– Negro, muy negro

Después de varios chequeos físicos, y a la vista del resultado de muchos análisis, el doctor le dice al paciente:

—Tengo que darle dos malas noticias: la primera es que usted tiene cáncer, y la segunda es que usted tiene alzhéimer.

Responde el paciente:

—Vaya, ¡por lo menos no tengo cáncer!

Cortesía de Fernando Lacoste