[LE}> Escritura adecuada de «sketch»

La voz inglesa sketch, que se emplea en referencia a un breve número cómico, se escribe en cursiva.

Uso no recomendado

• Eso es lo que puedes ver en este sketch que está triunfando en redes sociales.

• Martes y Trece desvelan los secretos del sketch de las empanadillas.

• El presentador y la actriz protagonizaron un divertido sketch.

Uso recomendado

• Eso es lo que puedes ver en esta escena que está triunfando en redes sociales.

• Martes y Trece desvelan los secretos del número cómico de las empanadillas.

• El presentador y la actriz protagonizaron una divertida secuencia cómica.

El término sketch está recogido en el diccionario académico con el sentido de ‘escena breve, normalmente cómica, que con otras de las mismas características se integra en un conjunto teatral, cinematográfico o televisivo’. Al no ajustarse a las pautas ortográficas del español, aparece en cursiva, que es lo adecuado cuando se emplea en los textos generales, aunque, si no se dispone de este tipo de letra, es posible entrecomillarlo.

No obstante, conviene recordar alternativas como secuencia o escena cómica y número o cuadro cómico, en función del contexto.

En ocasiones, sketch se puede encontrar también con otro sentido que tiene en inglés equivalente a bosquejo, borrador, croquis, esbozo…, dependiendo del contexto: «La Junta presentó un esbozo del proyecto a los asistentes» en lugar de «La Junta presentó un sketch del proyecto a los asistentes». Dado que se aplica a conceptos que existen desde hace mucho para los que ya hay voces asentadas, no hay razón para no emplear éstas.

Al ser un extranjerismo crudo, es decir, sin adaptar, su plural es el que corresponde a la lengua original: sketches.

Fuente

[Canarias}> El gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o majorero?

01-07-2023

Luis Socorro

El gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o majorero?

Las fuentes históricas sólo hablan de mahorero pero el término majo es muy común en documentos notariales de Fuerteventura

“El gentilicio histórico de los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, reconocido en las fuentes antiguas, es mahorero, no es ni majo ni maho. Eso es una construcción moderna y posterior”. Esta observación la hizo un lector cuando utilicé el vocablo majo en mi último reportaje.

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Baltasar Hernández, que así se llama el lector, acompañó su afirmación con tres citas para fundamentar su opinión. Con el propósito de arrojar luz a este asunto, hemos consultado a lingüistas y filólogos —no es exactamente lo mismo— de las dos universidades públicas de Canarias, a arqueólogos majoreros y lanzaroteños, a la Real Academia Española (RAE), al diccionario histórico del español de Canarias de la propia RAE y al diccionario básico de canarismos de la Academia Canaria de la Lengua.

La conclusión es clara. El lector tiene razón en la primera parte de su afirmación, pero no en la segunda porque hay matices. Y vamos a explicar por qué tras la investigación que hemos realizado. ¿Es correcto el gentilicio majorero —con jota— para los guanches de las dos islas orientales? Sí. De hecho debería de ser el predominante porque las fuentes históricas hablan de “mahorero”. ¿Es correcto el gentilicio majo para los primeros canarios de Lanzarote y Fuerteventura? No es incorrecto, tal como establece la Academia Canaria de la Lengua.

El sonido. Es fundamental aclarar este aspecto porque ayuda a clarificar el dilema que plantea este reportaje. La tradición oral es fundamental en la evolución de las palabras, también de la toponimia. Esta afirmación es incuestionable, como lo es la evolución de los sonidos en la pronunciación de cualquier palabra; ejemplos hay centenares en cualquier lengua del planeta. En el español, la letra H tiene orígenes distintos, de manera que en los textos antiguos pueden pronunciarse como aspirada o muda. No obstante, según nos comenta el lingüista Jonay Acosta, “la normalización ortográfica llevada a cabo por la RAE a mediados del siglo XVIII la convirtió en una grafía muda”. O sea, antes de esa fecha, la pronunciación era similar a la jota actual; de ahí la evolución lógica al término fonológico majorero.

El lector tiene razón al afirmar: “El gentilicio histórico de los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, reconocido en las fuentes antiguas, es mahorero”. En efecto, Alonso de Espinosa señala en un texto de 1594: “los mahoreros que assi se llamã los naturales de aquellas Islas de Lançarote, y Fuerte ventura” (sic). Las otras dos citas en las que se apoya Baltasar Hernández para defender que el gentilicio aborigen es mahorero son de Frutuoso -«Os islenhos destas duas ilhas se chamam mahoreros, que em nossa linguagem quere dizer criadores de gados, porque êste é seu oficio»- y de Torriani, que escribió en 1590: “Dalli antichi iso-//lani fu detta Maoh, dalla quale essi chiamaronsi Maohreri, come da Sicilia Siciliani”.

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Parece evidente que denominar majoreros —con jota, para adaptarnos a la norma ortográfica vigente— a los primeros habitantes de las dos islas orientales es acertado. El catedrático de la ULPGC, Maximiano Trapero, cuando le comuniqué: ‘quiero redactar una noticia sobre el gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o mahorero (no sé si con j o con h)?’, me respondió lo siguiente: “En cuestiones de lengua, guíate siempre por la oralidad: no cabe otra que majorero”.

Un zapato llamado maoh o majo

El diccionario histórico del español de Canarias de la RAE aporta luz al debate. Certifica que el gentilicio original es mahorero y explica el origen de esta palabra. Obviamente se apoya en fuentes escritas. Abreu y Galindo dijo lo siguiente: “Los naturales destas dos islas, Lanzarote y Fuerteventura, se llaman mahoreros, porque traían calzados de los cueros de las cabras, el pelo afuera, unos como zapatos, a quien ellos llaman mahos; y algunos quieren decir que el nombre propio de la isla se dijo de este nombre, maho. Ibídem (lib. 1º, cap. xi, p.60): El vestido y hábito de los de esta isla era de pieles de carnero como salvajes, ropillas con mangas hasta el codo, calzón engosto hasta la rodilla, como los de los franceses, desnuda la rodilla, y de allí abajo cubierta la pierna con otra piel hasta el tubillo; y mahos, calzados, de donde son llamados mahoreros”.

El teldense Marín de Cubas, apoyándose en texto de Espinosa, escribió en 1694: “Traen todos en los pies majos, que es un pedazo de cuero por zapatos de donde son llamados majoreros. Venían delante de las andas cuatro capitanes con capotillos de badana llamados tamarcos, braguillas de junco, majos en los pies y guapiletes en la cabeza, y lo demás desnudo”.

Torriani también alude a un calzado llamado maoh: “Y por zapatos llevaban un pedazo de cuero de cabra envuelto a los pies, que llamaban maohs; y hasta hoy sigue esta costumbre, pero lo hacen de camello”.

Dos siglos después de la frase anterior de Torriani, el francés Bory señaló en 1803: “Quizás sea conveniente dar aquí una pequeña lista de palabras guanches que se han conservado, tomadas de diversos autores y de notas que han tenido a bien facilitarme. Maxo, zapatos”. Para añadir: “No encerraban sus pies en un zapato; todo su calzado consistía en una especie de sandalias, llamadas maxo, fijadas con ligaduras que se ataban en la parte superior del pie”. El dato de este autor francés —aunque escriba maho con equis— es muy interesante porque 400 años después de la conquista de Lanzarote y Fuerteventura se constata la pervivencia de palabras indígenas. Todavía hoy, en el siglo XXI, tenemos palabras aborígenes en nuestro léxico, como gofio.

Pero la pervivencia de la cultura guanche no es el objeto de este artículo. Lo que ponen de manifiesto los autores citados en el diccionario histórico del español de Canarias es que el origen del gentilicio mahorero —léase majorero, tal como se escribe en la actualidad y reconoce la RAE— procede del vocablo que definía el calzado de los indígenas. Ojo, no sólo en las islas orientales. En El Hierro, según detalla el filólogo Maximiano Trapero en su diccionario de guanchismos, “el término majo, siendo de origen guanche, ha pervivido en el habla popular de Canarias, pero sólo en la isla de El Hierro, y allí, justamente, con la significación que ya le asignaban Torriani y Abreu: majos llaman los pastores herreños al rústico calzado que ellos mismos usaron hasta tiempos recientes, siendo primero de cuero de ovejas o cabras y después de gomas de camiones”.

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El diccionario de canarismos de la Academia Canaria de la Lengua tiene dos acepciones de la palabra majo o maja. La primera es un adjetivo: “Se dice del individuo de los pueblos que habitaban las islas de Lanzarote y Fuerteventura al tiempo de la conquista de Canarias”. La segunda es un sustantivo masculino que se circunscribe a Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro: “Calzado rústico en cuya confección se emplean, entre otros materiales, piel sin curtir o goma de coche”.

¿Y qué dice ese diccionario del vocablo majorero/ra? Aporta ocho significados, pero ninguno alude al gentilicio de los aborígenes de las islas orientales. El primero refiere al natural de Fuerteventura; otra acepción es el adjetivo de perteneciente a la isla; en Tenerife y La Palma se usa para calificar a las cabras “con el lomo negro”, en Gran Canaria para definir a un pescado pequeño, salado y seco“ y también para calificar al perro bardino; en Lanzarote cuando se refiere al ”tiempo atemporalado del suroeste“, mientras que en La Gomera se usa como adjetivo ”de una cabra de color canelo“. Además, en Canarias, asevera Acosta, ”también se usa como cromónimo o nombre de color, no solo para designar animales, sino también accidentes geográficos, como sucede con unas montañas de El Hierro denominadas Las Majoreras debido a su color canelo“.

¿Qué aporta la RAE en este debate? La biblia de la lengua española afirma que majorero es un adjetivo, “natural de la isla de Fuerteventura” o “perteneciente o relativo a Fuerteventura”; no dice nada sobre el gentilicio aborigen, pero sí aporta un dato revelador sobre la etimología de majorero: “De Majorata, nombre indígena de la isla”. Respecto al vocablo majo, la RAE no lo vincula con Canarias; es un adjetivo con tres acepciones: “Que gusta por su simpatía, belleza o gracia” es la primera. Sinónimo de lindo, hermoso o vistoso, la segunda, y la tercera: “ataviado, compuesto, lujoso”.

Majo, presente en documentos notariales

El filólogo Jonay Acosta ha investigado el asunto y ha publicado interesantes trabajos al respecto. A modo de introducción, recuerda que los etnónimos y gentilicios, en muchas ocasiones, proceden del exterior y, según desde el lugar en el que se exprese, se puede decir de una manera u otra. Él se pone como ejemplo. De origen herreño de varias generaciones, tanto de padre como de madre, “en Tenerife soy herreño y en El Hierro soy tinerfeño porque nací en Tenerife”.

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Este experto sostiene que “como es muy improbable que hubiera contactos fluidos entre las poblaciones aborígenes de las diferentes islas, también lo es que existieran etnónimos de alcance insular (nesoetnónimos) antes del contacto con los europeos. Así pues, parece evidente que los nesoetnónimos canarios son fruto de las relaciones extra e interinsulares acaecidas, sobre todo, a raíz de la Conquista”.

En este sentido, las fuentes escritas le dan la razón ya que las primeras referencias del gentilicio de los primeros pobladores de Lanzarote y Fuerteventura es mahorero. Acosta explica que a diferencia de la palabra mahorero, “con registros desde el siglo XVI, de la palabra majo, como gentilicio, no hay ninguna referencia anterior al siglo XVII”. En consecuencia, majorero es el gentilicio original, pero majo también es válido, como veremos más adelante al analizar la toponimia.

Acosta aclara que “existen los dos gentilicios y se han utilizado para designar a la población de ambas islas; lo que no sabemos es si tienen el mismo origen por el problema de las grafías”. Por ello, “no es seguro que majo sea un acortamiento del primero. Se necesitan registros tempranos de majo para saberlo, ya que en el siglo XVI la j y la h representaban fonemas distintos en español y ambas grafías comenzaron a confundirse a partir de mediados del siglo XVII, debido al proceso denominado reajuste de sibilantes del español, que fue bastante tardío en las Islas y América”.

El historiador y arqueólogo José de León, originario de Lanzarote pero nacido en Uruguay, durante su tesis doctoral tampoco encontró registros de la palabra majo —con jota, equis o hache—, como gentilicio o etnónimo, anteriores al siglo XVII. Con todo, De León considera que “las dos fórmulas son válidas, majo y majorero. Las referencias documentales citan a los dos. Es verdad que en mi tesis no encontré el término majo en la documentación, pero sí es verdad que hay mucha toponimia referente a los majos en ambas islas”. El historiador cuenta con una documentación de 1590 “que habla de las chozas de los majoreros, en Tiagua (Lanzarote), pero puede ser majorero de Fuerteventura porque ahí vivió Alonso el de Jandía. Sin embargo, en documentos notariales de Fuerteventura es muy común el término majo”. En consecuencia, sentencia el investigador, “los términos majo y majorero está vigente en las dos islas desde tiempo inmemorial”.

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La toponimia, como bien dice De León, disipa dudas sobre el gentilicio majo para designar a los guanches de las dos islas orientales. El catedrático Trapero, en su diccionario de guanchismos, sostiene que “el término majo, con la referencia a sus respectivos aborígenes”, lo ha localizado en siete lugares “en Fuerteventura y en seis de Lanzarote, tanto en singular como en plural”. El filólogo aclara que “los toponimios no tienen que ser todos ellos de la época de la Conquista, pues han podido haber nacido más tarde para señalar aquella referencia”. Algunos de esos lugares son: Casita de los Majos, Lomo del Majo, Cueva de los Majos o Carrera de los Majos.

Majorero en Marruecos

El término majorero también se usa fuera de las fronteras de Canarias, concretamente en Marruecos. El director del Museo Arqueológico de Fuerteventura, Luis Mata, se quedó asombrado cuando hace ocho años, en Tarfaya —sur de Marruecos, a sólo 34 kilómetros de la frontera con Sahara Occidental—, “escuché a un señor mayor saharaui, natural de El Aiun, decir que la palabra majorero la usaban para definir a una persona que se dedicaba a un oficio vinculado con la artesanía”.

Tras este hallazgo casual, el historiador majorero empezó a indagar y confirmó que, en efecto, “el término fonológico majorero se mantiene en lugares de Marruecos, como sostiene el lingüista Ahmed Sabir, profesor de la universidad de Ibn Zohr”, en Agadir. Sabir relaciona el vocablo majorero, según Mata, “con un grupo étnico diferenciado por sus actividades artesanales”. “Aunque apenas se utilice”, sentencia Mata, “en la lengua bereber aún se puede escuchar el término majorero”. El libro de Sabir Las Canarias Preeuropeas y el Norte de África. El Ejemplo de Marruecos. Paralelismos Lingüísticos y Culturales, cita numerosas semejanzas entre la toponimia de origen guanche de Canarias con la de localidades norteafricanas, principalmente marroquíes. En este trabajo se recoge el término majorero.

Respecto al gentilicio de los primeros pobladores de las islas orientales, el director del MAF sostiene, como atesoran las fuentes históricas citadas en este reportaje, “la relación del término más aceptada es la que se relaciona con el tipo de calzado que utilizaban —maho— los mahoreros”. Luis Mata concluye que este calzado “debió ser tan excepcional que diferenció la nominación a los pobladores de las islas orientales del resto”, aunque como señala el catedrático Maximiano Trapero, majo también se usa en El Hierro.

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Es ilustrativo destacar que el vocablo majorero o majorera lo encontramos en la toponimia de islas como La Palma —Llano de las Majoreras, en el municipio de Puntallana—, El Hierro —Camino de las Majoreras, en Frontera— o Gran Canaria —Las Majoreras, un barrio de Ingenio, o Roque Majorero, en el municipio de Mogán—.

En definitiva, el gentilicio de los indígenas, aborígenes o guanches —la RAE designa este gentilicio a “un pueblo que habitaba las Islas Canarias al tiempo de su conquista”— de Lanzarote y Fuerteventura es majorero y majo indistintamente. De la misma manera que la cultura de los primeros pobladores de Canarias evolucionó durante los aproximadamente 1.300 años que perduró hasta la Conquista, el lenguaje y el sonido de las palabras también evoluciona. Así, tras la Conquista se usaba el vocablo mahorero, como reflejan los cronistas citados, evolucionó, no se sabe exactamente por qué, y surgió el gentilicio majo sin que se perdiera el majorero.

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[LE}> «Contrarreloj», no «a contrarreloj»

En las expresiones contrarreloj y contra reloj no se antepone la preposición ‘a’, y en la grafía en una palabra se duplica la erre.

Uso no adecuado

• Operación a contrarreloj para encontrar el submarino que exploraba los restos del Titanic.

• Búsqueda a contrareloj del submarino.

• La vuelta termina con una etapa a contra reloj.

• Intentan rescatar a contrarreloj a un niño.

Uso adecuado

• Operación contra reloj para encontrar el submarino que exploraba los restos del Titanic.

• Búsqueda contra reloj del submarino.

• La vuelta termina con una etapa contrarreloj.

• Intentan rescatar contra reloj a un niño.

De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, cuando se emplea como sustantivo o adjetivo en alusión a la carrera en la que los participantes salen de uno en uno a intervalos regulares y se clasifican según el tiempo que emplean en llegar a la meta, es preferible usar contrarreloj (plural contrarrelojes), en una sola palabra y con doble erre: carrera contrarreloj, prueba contrarreloj, una contrarreloj.

En el resto de los casos, es decir, cuando modifica a un verbo o si se emplea con el sentido de ‘con suma urgencia o con un plazo de tiempo perentorio’, lo recomendado es la grafía en dos palabras (se disputa contra reloj, salvamento contra reloj), aunque se considera válida también la unitaria.

Ya se escriba de un modo u otro y con independencia del sentido, es inadecuado anteponer la preposición ‘a’. Cuando no se escribe unido, es posible intercalar un artículo: trabajar contra el reloj o victoria contra el reloj.

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[LE}> El plural de «el cara a cara» es «los cara a cara»

El plural de la expresión cara a cara, cuando se usa como sustantivo, es invariable: los cara a cara.

Uso no recomendado

• El candidato dijo que participará en las mesas redondas, los debates y los cara a caras que sean necesarios.

• La periodista se refería al rechazo del líder a la propuesta previa de seis «cara a caras» lanzada por el socialista.

Uso recomendado

• El candidato dijo que participará en las mesas redondas, los debates y los cara a cara que sean necesarios.

• La periodista se refería al rechazo del líder a la propuesta previa de seis cara a cara lanzada por el socialista.

Aunque en origen tiene valor adverbial y significa ‘en presencia de alguien y descubiertamente’ o ‘de manera abierta y directa’ («Resolvieron el asunto cara a cara»), diccionarios de uso como el de Seco, Andrés y Ramos la incluyen como locución sustantiva con el significado de ‘encuentro entre dos personas en que se hablan o enfrentan abiertamente’.

Tiene género masculino (un cara a cara) y su plural es invariable (unos cara a cara), como sucede en expresiones similares (mano a mano o vis a vis). Al ser una expresión asentada en español, no requiere el uso de comillas ni cursivas.

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[LE}> «Restos» o «pecios de una nave», mejor que «ruinas»

Los restos y los pecios, pero no las ‘ruinas’, son expresiones adecuadas para referirse a las partes que quedan de una nave hundida.

Uso no recomendado

• Desaparecieron a bordo de un submarino que se usaba para visitar las ruinas del Titanic.

• El submarino se dirigía a las ruinas del Titanic.

• El objetivo del submarino turístico era llegar a las ruinas del Titanic.

Como indica el Diccionario de la lengua española, resto significa ‘parte que queda de un todo’, mientras que ruinas, usado en plural, alude específicamente a los restos de un edificio: «No podrán evitar la visión de las ruinas del hotel». Por ello, es inadecuado emplear ruinas cuando lo referido no es una edificación, sino otro tipo de construcciones, como ocurre en el caso de los barcos y los submarinos.

Otra opción posible, y quizá más precisa, es pecio, que se usa para los fragmentos hundidos de embarcaciones, como recuerda la Real Academia Española en su cuenta de Twitter («El director empleó los minisubmarinos para filmar los pecios del Titanic»), o para el barco hundido o naufragado («Encontraron un pecio bizantino lleno de tesoros»), según el Pequeño Larousse ilustrado. Así, el singular y el plural son justificables, en función de que se hable o bien del barco sumergido, o bien de los restos de este.

Uso recomendado

• Desaparecieron a bordo de un submarino que se usaba para visitar los pecios del Titanic.

• El submarino se dirigía a los restos del Titanic.

• El objetivo del submarino turístico era llegar al pecio del Titanic.

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[Canarias}> Los romanos llegaron a Lanzarote en el siglo I antes de Cristo

10/06/2023

Luis Socorro

Los romanos llegaron a Lanzarote en el siglo I antes de Cristo

Los romanos o poblaciones romanizadas, originarias del Mediterráneo occidental, recalaron en Lanzarote en el siglo I antes de la era común. Así lo ha confirmado a esta redacción Pablo Atoche, arqueólogo y catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Durante la última excavación realizada el verano pasado en el yacimiento El Bebedero (oeste de Lanzarote), Atoche y su equipo encontraron numerosos restos cerámicos “de indudable factura romana”, además de huesos de cabras y ovejas. El hallazgo más espectacular fue un ánfora completa, con la boca modificada para “reutilizarla para otro uso”, en El Bebedero. Hasta ahora, tan sólo había constancia científica de la presencia romana en Canarias en el islote de Lobos.

El profesor Atoche lleva más de treinta años investigando la presencia de culturas mediterráneas en Lanzarote. Los resultados de la última excavación en El Bebedero, realizada en el julio de 2022, confirmó investigaciones anteriores, en ese yacimiento y en el de Buenavista, y los presentó el pasado mes de abril en la Sociedad Económica Amigos del País de Las Palmas, en una conferencia titulada La colonización protohistórica del archipiélago canario a la luz de los hallazgos de Lanzarote.

Hasta ahora, Atoche cuenta con “27 dataciones de carbono 14 de restos animales y vegetales”, registros arqueológicos excavados en el yacimiento El Bebedero. Estos vestigios se han excavado “en seis niveles estratigráficos bien definidos”, con un marco cronológico —afirma el investigador— que va del “siglo I antes de Cristo al XIV de la era, justo en la centuria anterior a la conquista de Canarias, que se prolongó prácticamente a lo largo del siglo XV. Los arqueólogos han encontrado ”cerámica romana, molinos de piedra para moler cereales, material lítico para el tratamiento de pieles y bastantes restos de fauna —“el 90% son huesos de cabras y ovejas”— animal y marina, principalmente moluscos“.

El arqueólogo sitúa los materiales de factura romana entre los siglos I antes de la era común y el IV de la era, final del periodo de la cultura romana. “Se trata de bandejas y recipientes muy similares a los que hemos encontrado en el yacimiento de Buenavista”, a poco más de 500 metros de El Bebedero; ambos enclaves están en la misma comarca lanzaroteña, cerca de la playa de Famara, una zona en la que se podía fondear durante los meses de mar abierto, cuando las condiciones eran propicias para la navegación.

Ánfora tuneada

Pablo Atoche califica de “espectaculares” los hallazgos de la última campaña, la del pasado verano. “Tenemos seis grupos de diferentes tipos de pastas de cerámica que corresponden a seis tipos de ánforas, en algunos casos tenemos conteras, bordes, etcétera”. 2022 “ha sido espectacular en cuanto al número de fragmentos de ánforas y otros elementos de procedencia romana”.

Los análisis de los materiales indican la procedencia: “Las ánforas campaniformes son de Italia, pero hay restos procedentes de la antigua zona de Cartago o de la Bética”, sur de la Península Ibérica. Junto a los fragmentos cerámicos, se han excavado “elementos metálicos, sílex del norte de África, abalorios…”. Los recipientes anfóricos, añade el investigador, “contenían vino, aceite y salazones”.

Pero el hallazgo más sobresaliente se produjo cuando limpiaban un nuevo perfil en la parte oriental del yacimiento de El Bebedero. “Nos aparece un objeto y lo primero que pensamos es que se trata de una tubería de agua fecales, pero, a medida que vamos limpiando, la tubería se convierte en un recipiente”. La primera duda “es que no aparecía la contera, la base del recipiente”, relata el arqueólogo. El recipiente está hecho a torno, o sea, no es de factura indígena, y se localizó en el estrato cuatro, “que lo tenemos fechado justo en el cambio de era”. Finalmente, aparece la contera: “Estamos hablando de un ánfora completa de procedencia romana, fechada en torno al cambio de era”.

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Cuatro imágenes del proceso de excavación del ánfora romana en El Bebedero, en julio de 2022. Captura del vídeo de la conferencia de Atoche en la RSEAP de Las Palmas, en abril de 2023.

La tipología, explica Atoche, “es bastante curiosa, poco frecuente en el Mediterráneo”. El arqueólogo destaca la modificación que “le hicieron en la boca, la ampliaron para reutilizarla evidentemente”. De hecho, continúa el investigador, “la analítica del contenido nos está indicando que tuvo un contenido inicial” —este dato lo reserva hasta la publicación de los resultados en una revista científica— “y tuvo otro posteriormente y tuvo que ver con el mundo indígena, con unas costumbres que hemos detectado en el ámbito indígena en Lanzarote y Fuerteventura”.

Atoche precisa que se “trata de la primera ánfora completa que aparece en un contexto indígena”. Sin embargo, durante la conferencia el arqueólogo no aportó pruebas de que el origen del yacimiento sea aborigen y que después, como sostiene, llegaron los romanos. El profesor de la Universidad de Las Palmas aclara que está pendiente de publicar los resultados en una revista científica, motivo porque el que tampoco nos facilitó las fotografías de la ánfora y de otros fragmentos de cerámica encontrados en la excavación realizada el verano pasado en El Bebedero. “Quiero publicarlas primero en una revista especializada”, comentó a Canarias Ahora- elDiario.es.

Atoche es un profesional muy reservado en su trabajo y poco dado a difundir sus investigaciones en los medios de comunicación. De hecho, el autor de esta noticia le solicitó realizar un reportaje durante la última campaña arqueológica, en julio del año pasado, y no fue atendida su petición.

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Una arqueóloga toma notas junto a una de la estructuras del yacimiento de Buenavista. Foto cedida Ayuntamiento de Teguise.

Lo que no ha encontrado el equipo de Pablo Atoche, durante los aproximadamente treinta años de investigación en los enclaves de Buenavista y El Bebedero, son restos humanos, lo que induce a pensar a otros arqueólogos que esos asentamientos del oeste de Lanzarote, en el municipio de Teguise, no eran permanentes porque fueron construidos por esos navegantes que llegaron a Canarias cuando Roma controlaba la franja costera del norte de África. Estos dos yacimientos no fueron afectados por la erupción del volcán Timanfaya —1730-1736—, que sí sepultó varios pueblos y otros enclaves arqueológicos de los majos, denominación de los primeros pobladores de las islas de Lanzarote y Fuerteventura.

Hasta ahora, los vestigios humanos indígenas más antiguos del Archipiélago están fechados entre los años 207 y 260 de la era común, o sea, principios del siglos III después de Cristo. Fueron encontrados en 1968 en Lanzarote, en La Chifletera, un tubo volcánico en el municipio de Yaiza. La arqueóloga Verónica Alberto coordinó una investigación sobre todos los restos humanos localizados en yacimientos lanzaroteños. Se publicó en el otoño de 2021 en Anuario de Estudios Atlánticos, con el título Sobre el tiempo de los majos. Nuevas fechas para el conocimiento del poblamiento aborigen de Lanzarote, trabajo firmado por siete especialistas.

De lo que sí hay constancia documental es de las primeras navegaciones para explorar el Atlántico al sur de las Columnas de Hércules, al sur del Estrecho de Gibraltar. Juba II (52 o 50 a. C.-23 d. C.), el rey norteafricano de las provincias romanas de Numidia y Mauritania, financió varias expediciones que se realizaron aproximadamente en torno al año 20 antes de la era común. Los resultados de esas travesías las recogió Plinio el Viejo en su famosa enciclopedia Historia Natural, publicada en el año 77 de la era, en el siglo I.

Aunque los yacimientos de El Bebedero y Buenavista se encontraron antes que el de Lobos —islote al norte de Fuerteventura—, descubierto en 2013 cuando un turista encontró fragmentos de cerámica antigua, mientras que los enclaves lanzaroteños se empezaron a excavar a finales del siglo XX, el asentamiento de Lobos fue el primero en el que se demostró de manera irrefutable la presencia romana en Canarias. Es coetáneo a los citados yacimientos de Lanzarote.

Lobos, como afirma el doctor Ramón Cebrián, “es un regalo para la arqueología de Canarias”, al tratarse del único asentamiento romano de carácter económico construido por los romanos o por poblaciones romanizadas. Cebrián es autor de la única tesis doctoral realizada hasta ahora sobre el taller de producción de púrpura de Lobos. La púrpura era un tinte muy cotizado en el Imperio Romano.

En este yacimiento tampoco se han encontrado restos humanos. Era un taller estacional, ya que la zafra del molusco del que se extrae la púrpura duraba poco más de tres meses. Los historiadores consideran que la púrpura se trasladaba a Gades —la actual Cádiz—, ciudad muy importante en la civilización romana por su privilegiada posición geográfica, puerto de salida y llegada de las expediciones por el Océano Atlántico.

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[LE}> «Precampaña», no «pre campaña» ni «pre-campaña»

El prefijo ‘pre-‘, que se utiliza en la formación de nombres y adjetivos, se escribe unido a la palabra a la que acompaña, sin espacio ni guion intermedios.

Uso no recomendado

• Comienza la pre campaña electoral.

• Este es el calendario pre electoral a partir de ahora.

• Visitará el municipio para iniciar la pre-campaña de las elecciones generales.

Uso recomendado

• Comienza la precampaña electoral.

• Éste es el calendario preelectoral a partir de ahora.

• Visitará el municipio para iniciar la precampaña de las elecciones generales.

De acuerdo con la Ortografía de la lengua española, los prefijos se escriben unidos a la palabra a la que modifican (precampaña y preelectoral) y, por tanto, no son adecuadas las grafías en las que el prefijo aparece unido con un guion (pre-campaña, pre-electoral) o separado por un espacio en blanco (pre campaña, pre electoral).

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