[Canarias}> Así eran los nombres de cada una de las islas de Canarias cuando las habitaban los aborígenes

24-05-2024

Laura Mesonero Ortiz

Así eran los nombres de cada una de las islas de Canarias cuando las habitaban los aborígenes

Los guanches, bimbaches y otras tribus isleñas llamaban a sus tierras de diferentes maneras. Con el tiempo los nombres han ido evolucionando hasta los que conocemos hoy

Los aborígenes canarios eran pueblos de origen bereber que vivieron en las Islas Canarias hasta que fueron conquistados por el Reino de Castilla entre 1402 y 1496. Aunque compartían un origen común, cada isla tenía sus propias leyes y costumbres, lo que a menudo provocaba conflictos entre comunidades.

Se estima que los primeros pobladores llegaron a las islas alrededor del siglo V a.C. Durante casi 2.000 años, los aborígenes vivieron de manera aislada en el archipiélago, desarrollando una cultura única y un modo de vida adaptado a un entorno salvaje y volcánico.

Los aborígenes canarios fueron los únicos nativos de la región de La Macaronesia. La mayoría vivía en cuevas, aunque en Lanzarote y Gran Canaria se han encontrado restos de aldeas. Su economía se basaba en la caza, la ganadería y, en algunos casos, la agricultura. Animales autóctonos como la cabra y la oveja eran esenciales para su subsistencia, ya que proporcionaban queso, mantequilla, carne, pieles para vestimenta y huesos para herramientas.

Los originales nombres de cada isla

Los guanches, bimbaches y otras tribus isleñas llamaban a sus tierras de diversas maneras. Con el tiempo estos nombres han evolucionado hasta los que conocemos y usamos hoy.

  • Tenerife: la isla más grande del Archipiélago conserva un nombre con raíces aborígenes. «Tenerife» proviene del nombre dado por los palmeros, que significa «monte nevado». Anteriormente, los habitantes aborígenes la llamaban «Achinech», aunque también se encuentran variantes como Chinet o Chinec en documentos históricos. La cartografía histórica sugiere otros nombres, siendo «Nivaria» el más popular, derivado de Plinio el Viejo, y también se conocía como la «Isla del Infierno». Los aborígenes de Tenerife son conocidos como guanches.
  • Gran Canaria: este nombre mantiene parte de su denominación original. Según Plinio el Viejo, el primer nombre fue «Canaria» por la gran cantidad de perros grandes en la isla. Después de una fallida conquista franco-normanda, se añadió el adjetivo «Grande». La crónica de esa conquista, «Le Canarien», es la primera en usar el nombre «Gran Canaria». En la lengua aborigen, la isla se llamaba «Tamarán».
  • Fuerteventura: los aborígenes de la isla, compartidos con Lanzarote, se llamaban mahos o majos. De aquí proviene el gentilicio «majoreros» y el antiguo nombre de la isla, «Maxorata». También se conocía como «Erbania». El nombre actual proviene de antiguos navegantes que la llamaban «Gran Afortunada» o «Forte Ventura».
  • Lanzarote: los majos llamaban a su isla «Tite-Roy-Gatra», que significa «Las Coloradas Lomas» debido al color rojizo del paisaje. El nombre «Lanzarote» deriva del marino genovés Lancelotto Malocello, uno de los primeros exploradores de la isla.
  • La Gomera: Ha experimentado pocos cambios desde la época aborigen. Originalmente conocida como «Gomera», se cree que este nombre tiene origen bereber, de los «gmara», y fue castellanizado.
  • La Palma: los habitantes originales la llamaban «Benahoare», que significa «mi tierra». La denominación actual podría deberse a su vegetación, aunque también se sugiere que proviene de «Planaria», nombre dado por Plinio el Viejo.
  • El Hierro: Su nombre actual aparece por primera vez en mapas y documentos del siglo XIV, como «Fero», que se cree es un error de escritura de «Ferro». La crónica «Le Canarien» de 1402 usa variantes como «Fer», «Fair», y «Ferre». Los primeros habitantes, los bimbaches, llamaban a la isla «Eseró».
  • La Graciosa: no tiene un nombre aborigen ya que nunca fue habitada por ellos. Su nombre actual proviene de navegantes del siglo XIV que la describieron como «graciosísima a la vista».

Curiosidades de las Islas Canarias que seguramente no conocías

  • Ocho islas, no siete: en 2018, La Graciosa fue reconocida como la octava isla habitada, sumándose a Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro. Además, el archipiélago incluye islotes como Lobos y otros del archipiélago Chinijo.
  • Aguas canarias: Canarias es la única comunidad autónoma de España que incluye el mar como parte de su territorio, con un perímetro marítimo de 1.200 kilómetros, aumentando su superficie en más de 29.000 km².
  • Cabildos insulares: cada isla habitada (excepto La Graciosa) cuenta con su propio cabildo, una entidad administrativa única en Canarias que coordina servicios municipales y presta servicios públicos supramunicipales.
  • Una comunidad, dos capitales: Canarias tiene dos capitales: Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. La sede de la Presidencia se alterna entre ambas ciudades por periodos legislativos.
  • Una disputada hora menos: Canarias utiliza el huso horario UTC 00:00, una hora menos que la península, que se encuentra en UTC +01:00. Esta diferencia se estableció en 1940 y ha sido motivo de debate en propuestas recientes para eliminar el cambio de hora en la UE.
  • Un lenguaje propio: el español canario tiene influencias portuguesas, francesas, árabes e inglesas, y usa «ustedes» en lugar de «vosotros», el seseo, y términos propios como «guagua» (autobús) y «queque» (bizcocho). El silbo gomero, un lenguaje silbado de La Gomera, es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
  • Población de Canarias: con 2.127.685 habitantes, es la octava comunidad más poblada de España. Las Palmas de Gran Canaria, con 378.517 habitantes, es la ciudad más grande del archipiélago.
  • Sin aforamientos, ‘tasa rosa’ ni toros: Canarias eliminó los aforamientos para sus diputados y la «tasa rosa» (impuestos en productos de higiene femenina), y prohíbe las corridas de toros desde 1991, aunque permite las peleas de gallos, siendo uno de los pocos lugares en España donde aún son legales.

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[LE}> Uso de la tilde diacrítica

La lista de monosílabos con tilde diacrítica es la siguiente:

  • (pronombre personal), frente a tu (adjetivo posesivo): «Tú tienes muy claro cómo planear tu futuro».
  • Él (pronombre personal), frente a el (artículo): «Él siempre elige el camino más corto».
  • (pronombre personal), frente a mi (adjetivo posesivo o nota musical): «Para mí es importante que te acuerdes de que es mi cumpleaños».
  • (pronombre personal, adverbio de afirmación o sustantivo), frente a si (conjunción o nota musical): «Sí, el otro día se me olvidó comprobar si había apagado la televisión».
  • (sustantivo ‘infusión’), frente a te (pronombre o letra te): «Por lo que veo, el té rojo es el que más te gusta».
  • (forma del verbo dar), frente a de (preposición o letra de): «Me encanta que mi hijo me dé besos de esquimal».
  • (forma del verbo ser o saber), frente a se (pronombre, indicador de impersonalidad o de marca refleja): «Sé muy bien que no se rinde a la primera de cambio».
  • Más (adverbio, adjetivo, pronombre, conjunción con valor de suma o sustantivo), frente a mas (conjunción adversativa equivalente a pero): «Hoy he trabajado más horas, mas me siento con energía».

Por otra parte, también se aplica esta tilde diacrítica a unas cuantas palabras polisílabas, como los interrogativos y exclamativos cómo, cuándo, cuánto y (a)dónde, que forman serie con los interrogativos y exclamativos qué, cuál, cuán, quién.

Se recuerda además que, tal como explica la Real Academia Española en su página web, tanto los demostrativos (este, ese, aquel…) como la palabra solo se escriben sin tilde cuando funcionan como determinantes y adjetivo, respectivamente, mientras que, si son pronombres o adverbio, es posible tildarlos en los casos en los que, a juicio de quien escribe, existe riesgo de ambigüedad.

Por último, la Academia señala asimismo que la tilde diacrítica «no se emplea en español para distinguir pares de palabras de igual forma y distinto significado que siempre son tónicas, como di del verbo decir y di del verbo dar», ambas sin tilde.

NotaCMP.- Ejemplos de confusión creada por no acentuar el adverbio SÓLO.

  • «Es triste ver un obispo que se pavonea, que vive solo para su vanidad». ¿Es que por vanidad vive solo o que solamente vive para su vanidad?
  • «Yo estaba solo en la habitación, y solo pude comer una manzana». ¿Es que solamente pudo comer la manzana, o que estaba solo cuando se la comió?
  • «Estuve teniendo sexo solo una hora». ¿Es que estuvo teniendo sexo solamente una hora o que lo estuvo teniendo solo?

    «Volver a casa solo por Navidad». ¿Es que por Navidad vuelve a casa solo o que solamente vuelve por Navidad?

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[Canarias}> Islas Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano y que fue clave en la conquista de América

21-05-2024

Rafael Balbás

Islas Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano y que fue clave en la conquista de América

El historiador Alessandro Vanoli recopila la historia de la Humanidad desde el punto de vista de su relación con mares y océanos.

Según las crónicas medievales, a finales del siglo XIII «dos galeras muy bien armadas» mandadas por Ugolino Vivaldi y su hermano Valdino partieron del puerto de Génova repletas de agua y provisiones para su largo viaje más allá del Mediterráneo y las Columnas de Hércules.

Nunca se supo con certeza cuál era su destino. Desaparecieron pasado el cabo Juby y nunca se supo si avistaron las islas Canarias. Casi un siglo después, en el año 1341, el Atlántico comenzaba a atraer a las coronas ibéricas.

Dos buques tripulados por castellanos, portugueses, catalanes e italianos partieron de Lisboa rumbo al sur, siguiendo una ruta similar a la de las desaparecidas naves genovesas. Volvieron con vida y su periplo fue narrado por la pluma del propio Giovanni Boccaccio, autor de El Decamerón. El literato sabía que no habían descubierto nada nuevo y que el lugar ya había sido explorado por los romanos antes de caer en el olvido sobre el siglo IV d.C.

Pronto llamaron la atención del reino de Castilla, obcecado en hacerse con ellas a cualquier coste. «Resultó ser uno de esos acontecimientos casi fortuitos que cambian la Historia, porque esta posesión puso a Castilla en posición de apoderarse literalmente del resto del Atlántico. No sólo porque las Canarias estaban situadas casi en el centro del océano, sino que también, y sobre todo, porque se encontraban en una posición casi opuesta respecto a los vientos alisios», explica en Historia del mar (Ático de los Libros) Alessandro Vanoli, doctor en Historia Social Europea por la Universidad de Venecia.

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Canarias, el archipiélago africano que hechizó al Imperio romano, fue clave en la conquista de América. Instituto Geográfico Nacional

El Instituto Geográfico Nacional Castilla esgrimió como argumento, sin ninguna base, que Canarias formaba parte de la Hispania visigoda, lo que levantó miradas suspicaces entre los soberanos de Aragón y Portugal que dejaron hacer a su vecino.

Allí, según las crónicas, sólo había «salvajes por sus costumbres y hábitos».

A finales del siglo XV, Cristóbal Colón logró camelarse a los Reyes Católicos y su plan de alcanzar las costas de las Indias navegando hacia el oeste fue aprobado. El resultado es de sobra conocido: tras recoger agua y los últimos suministros en Canarias, el 12 de octubre de 1492 descubrió América y el archipiélago africano se volvió una escala imprescindible en la ruta hacia el Nuevo Mundo.

Las sirenas de Colón

El mar es la medida de todos los imperios. «Quien domina el mar, controla el comercio; quien domina el comercio, gobierna el mundo», afirmó en el siglo XVI el político inglés Walter Raleigh. En la monumental obra de Alessandro Vanoli —que en sus 672 páginas abarca cuatro mil millones de años—, la geología, la historia y las diferentes mitologías y religiones de decenas de pueblos se funden y entremezclan con gran maestría formando una novedosa historia del mar y su relación con la Humanidad.

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‘Cristóbal Colón en su barco’, grabado de los siglos XVI-XVII en el que se representaron seres mitológicos. Museo de Arte de Harvard

En esta conexión milenaria, muchos pueblos en diferentes partes del mundo y momentos históricos cazaron ballenas, morsas, delfines y tiburones entre demás bestias marinas.

Surcaron sus aguas, a veces amables y otras inclementes, para comerciar, pescar y entrar en contacto con pueblos extraños. Lejos del hogar enfrentándose a su inmensidad, muchos marineros afirmaron ver criaturas misteriosas que pasaron a la cultura popular. Tal es el caso del Kraken o las sirenas.

«Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz», ordenaron las sirenas a Ulises en su fatídico regreso a Ítaca tras la destrucción de Troya. Eran mitad mujer y mitad pájaro, hijas de Aqueloo, dios del río e hijo de la ninfa Tetis y el titán Océano.

Aquellos seres mutaron con el tiempo y están presentes en casi todas las culturas. Aparecen en Japón con el nombre de ningyo: seres con torso humano, boca de mono dientes y cola de pez. En China se decía que de sus lágrimas nacían perlas.

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Óleo de 1891 de John William Waterhouse que muestra la escena de Ulises y las sirenas. Galería Nacional de Victoria (Australia).

En la Edad Media adquirieron aspecto de pez y se convirtieron en el símbolo de la lujuria. «Desde siempre, los marineros han jurado haberlas visto. Algunos de ellos fueron bastante famosos, como Cristóbal Colón, que afirmó haber avistado hasta tres sirenas en su segundo viaje, en 1493, mientras estaba en altamar», narra el historiador.

En la Odisea, el primer gran poema sobre el mar según el autor, varias de estas criaturas se suicidaron arrojándose a las profundidades del Mediterráneo al fracasar en su intento de arrastrar a Ulises hacia la muerte.

La tripulación del héroe homérico se tapó los oídos con cera mientras su líder, atado a un mástil, desafío a las criaturas escuchando su canto, el cual quería guardar en su memoria. «Recordar y olvidar: casi parece que el secreto del viaje sea ése. Ulises siempre debe recordar algo para encontrar el camino de vuelta a casa», apunta Vanoli.

Redescubrir las Canarias

Desde el siglo IV d.C. la historia occidental había olvidado el las Canarias hasta que en 1341 los buques lisboetas llegaron a sus costas y avistaron a los guanches. En aquella ocasión, el literato Boccaccio —que narró el periplo— sabía que aquellas islas no eran nuevas ni se había realizado descubrimiento geográfico alguno. El historiador romano Plinio el Viejo ya había hablado de ellas hacía mil años.

Según los fragmentados textos romanos, a principios del siglo I a.C. un gobernante indígena del norte de África llamado Juba desveló al Imperio romano una ruta marítima desconocida.

A cinco meses de navegación desde Gadir (Cádiz), se encontraban las legendarias Islas Afortunadas. Según la mitología clásica allí moraban las almas virtuosas. El poeta Horacio cantó sobre ellas que «la tierra da grano sin labrar y la vid sin podar siempre florece y la rama de olivo brota sin engaño».

Según los relatos del periplo, su belleza les hechizó, pero su estancia allí fue cuando menos extraña. No vieron hombres, pero sí las ruinas de un viejo y pequeño templo de piedra desgastado por el viento y una aldea abandonada. Algunos juraron ver sombras humanas vigilándoles desde los riscos.

«Luego llegaron los perros, atraídos al principio por el fuego del campamento (…). Dicen que el nombre se les ocurrió a los marineros: con todos esos animales, aquella isla sólo podía llamarse Canaria«, cierra el historiador.

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[FP}> Hoy, 23-05-2024, cumple PADRONEL 18 años

23-05-2024

Carlos M. Padrón

Nació gracias a la insistencia de mi amigo exIBMista ya fallecido, Jairo Martínez (q.e.p.d.), y de mi hija Elena, y acumula al momento más de 10.938.900 visitas, nada mal para un “periodiquito”, como lo llamó al principio mi hija Alicia, que, además de mi diario entrenimiento revisando la prensa, sigue siendo mi forma de dejar constancia de mis ideas o vivencias, de promocionar Canarias y de saber qué ocurre en el mundo.

[LE}> Asteroide, meteoro, meteorito y bólido. Diferencias

El término asteroide hace referencia a un cuerpo menor del sistema solar que orbita alrededor del Sol, mientras que meteoro y meteorito dan nombre a los cuerpos sólidos procedentes del espacio que entran en la atmósfera terrestre; por su parte, un bólido es un meteoro que atraviesa la atmósfera rápido y normalmente se desintegra.

Uso no recomendado

  • El meteorito que iluminó el cielo acabó a 54 km de altura sobre el océano Atlántico.
  • Este meteoro en realidad no significa ningún peligro, ya que en su momento de mayor proximidad estará a una distancia de 4,2 millones de kilómetros.
  • Un meteoro de 40 metros de diámetro pasará cerca de la Tierra.

Uso recomendado

  • El bólido que iluminó el cielo acabó a 54 km de altura sobre el océano Atlántico.
  • Este asteroide en realidad no significa ningún peligro, ya que en su momento de mayor proximidad estará a una distancia de 4,2 millones de kilómetros.
  • Un asteroide de 40 metros de diámetro pasará cerca de la Tierra.

El Diccionario de la lengua española explica que un asteroide es un ‘cuerpo menor del sistema solar, de dimensiones inferiores a 1000 km de diámetro y que frecuentemente gira alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter’.

Por su parte, un meteoroide es un cuerpo celeste que se desprende de otros de mayor tamaño, como planetas o asteroides. La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales explica que si es atraído por la gravedad terrestre y cruza la atmósfera dando lugar a una estrella fugaz que se denomina meteoro, término también utilizado para nombrar a cualquier fenómeno que se origina en la atmósfera, como la nieve o el arcoíris. Si este cuerpo llega a caer sobre la superficie de la Tierra, recibe el nombre de meteorito.

Por otra parte, un bólido es un meteoro que, de acuerdo con el diccionario académico, ‘atraviesa rápidamente la atmósfera con la apariencia de un globo inflamado y suele estallar y dividirse en pedazos’

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[LE}> «Hable claro, por favor»: la RAE se vuelca con el derecho a entender de los ciudadanos

«Hable claro, por favor»: la RAE se vuelca con el derecho a entender de los ciudadanos

La Academia reúne desde el lunes a unas 180 instituciones en una convención sobre el lenguaje claro.

NotaCMP.- También deberían insistir en lo que llamo ‘taquigrafía verbal’: eso de hablar a alta velocidad, comprimiendo palabras y pronunciando mal, algo que parece ir en aumento sobre todo en medios televisivos.

[LE}> «Consensúa», con tilde, no «consensua»

El verbo consensuar se acentúa como actuar, por lo que lo apropiado es escribir consensúo, consensúas, consensúa, consensúan, consensúe, consensúes…, con tilde en la ‘u’.

Uso no adecuado

  • El Ayuntamiento de Cartagena consensua con los vecinos la reposición de arenas en la playa de Calnegre.
  • Gobierno y farmacéuticas consensuan primeras acciones para el pago de deudas.
  • El sindicato ha reclamado que esas instrucciones se consensuen previamente.

Uso adecuado

  • El Ayuntamiento de Cartagena consensúa con los vecinos la reposición de arenas en la playa de Calnegre.
  • Gobierno y farmacéuticas consensúan primeras acciones para el pago de deudas.
  • El sindicato ha reclamado que esas instrucciones se consensúen previamente.

Tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas, el verbo consensuar sigue el modelo de acentuación de actuar, por lo que no son apropiadas las grafías consensuo, consensuas, consensua, consensuan, etc., sin tilde.

La misma obra académica mencionada anteriormente señala que en algunas zonas, como México, también se utiliza con frecuencia y es válida la variante consensar.

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