[Hum}– Siete reacciones ante una mosca en la taza de café

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  1. El italiano: lanza la taza contra la pared, la parte y se aleja en un ataque de rabia.
  2. El alemán: lava cuidadosamente la taza, la esteriliza y hace una nueva taza de café.
  3. El francés: saca la mosca y bebe el café.
  4. El chino: se come la mosca y tira a la basura el café.
  5. El ruso: bebe el café con la mosca, puesto que entró sin recargo.
  6. El israelí: vende el café al francés, vende la mosca a los chinos, vende la taza a los italianos, bebe una taza de té, y utiliza el dinero extra para inventar un dispositivo que impida que las moscas caigan en el café.
  7. Mientras tanto, los palestinos
    • culpan a Israel de que la mosca cayera en su café
    • protestan ante la ONU de un acto de agresión
    • toman un préstamo de la Unión Europea para comprar una nueva taza de café
    • utilizan el dinero para comprar explosivos, y entonces
    • hacen explotar la cafetería donde el italiano, el francés, el chino, el alemán y el ruso están todos tratando de explicar a los israelíes que den su taza de té a los palestinos.

[Hum}– A drunken man staggers into a Catholic Church

A drunken man staggers into a Catholic Church and sits down in a confession box and says nothing. The bewildered priest coughs to attract his attention, but still the man says nothing. 

The priest then knocks on the wall three times in a final attempt to get the man to speak, and finally the drunk replies: 

—No use knockin’, mate, there’s no paper in this one either!

Courtesy of Bob Meehan

[Hum}—Pura sinceridad

Diálogo durante una entrevista de trabajo.

El empleador le pregunta al candidato:

—¿Cuál cree usted que es su mayor defecto?

—La sinceridad—, contesta el candidato.

Extrañado, el empleador replica:

—Oiga, no creo que la sinceridad sea un defecto.

—¿Y a mí qué carajo me importa lo que usted crea?—, responde el candidato.

[Hum}– La triple boda

En aquellos tiempos —que hoy parecen prehistóricos y propios de ciencia-ficción— en que era norma que las mujeres llegaran vírgenes al matrimonio, tres jóvenes que vivían en una misma ciudad, que habían crecido juntos y eran amigos de toda su vida, se echaron novia, y las tres parejas llegaron a ser muy amigas.

Luego de un tiempo prudente de noviazgo, decidieron casarse y, como un reconocimiento a su larga amistad, los tres amigos acordaron que los tres matrimonios se celebrarían en la misma ceremonia, y la noche de bodas sería en el mejor hotel de la ciudad.

Una vez obtenida la aprobación de las novias, los tres amigos añadieron al acuerdo un punto más: a la mañana siguiente a la noche de bodas, los tres se reunirían en el bar del hotel para contarse sus experiencias.

Y así lo hicieron.

Pedro, el primero en llegar al bar, fue el más extrovertido de los tres, y, una vez que llegaron los otros dos, tomó la palabra y dijo:

—¡Soy un paciente artista! Como ustedes saben, Olga, mi ahora mujer, es muy tímida, así que no había forma de que se entregara. Que si tenía miedo, que si le daba vergüenza,… Con mucha paciencia, cariños y palabras suaves logré que se dejara hacer, y al fin lo hicimos cuando ya había amanecido. Luego ella, avergonzada, no quiso ni mirarme, se tapó hasta la coronilla con las sábanas y no dijo palabra, así que aproveché para bar al bar.

Pepe, el segundo dijo:

—Pues Remedios es también tímida, pero anoche sacó a relucir una característica que yo no le conocía: lo pragmática. Después de un rato de pretextos y evasivas, me miró y dijo: «Como esto hay que hacerlo tarde o temprano, cuando antes, mejor». Y lo hicimos.

Le tocaba el turno a Paco, pero éste permaneció en silencio y con la mirada fija en la taza de café. Después de unos minutos de silencio, Pedro le dijo:

—¿Qué pasó, Paco? ¿Metiste la pata?

—No—, contestó compungido Paco —, ¡pero cabía!