[Hum}– El vasco y la fimosis

Se encuentran dos vascos en la calle, y uno le dice al otro:

—Ayer me operé de fimosis.

—¿Y eso qué es?

—Que te cortan un pellejito del pito para poder descapullar.

—Y luego, ¿qué hacen con él?

—Pues yo me he hecho esta chamarra.

[Hum}– Odio ancestral… y cómo eliminarlo

Don Abraham, el judío, abre un flamante restaurante y le coloca en la ventana un gran letrero que dice: «PROHIBIDA LA ENTRADA A ÁRABES».

A los pocos días, uno de los meseros llega muy asustado y le dice a Don Abraham:

—¡Don Abraham, Don Abraham! Acaba de llegar un árabe, y quiere que le preparen un sándwich. ¿Qué hacemos?

Don Abraham, no queriendo escándalos en su restaurante recién inaugurado, le dice:

—Sírvele su sándwich, ¡pero cóbraselo al doble! Así entenderá que no debe venir aquí.

El mesero así lo hace, y el árabe paga sin chistar.

A los pocos días, llega el mesero otra vez a Don Abraham:

—¡Allí está otra vez ese árabe, y ahora quiere comida completa! ¿Le servimos?

—Sírvele lo que pide, ¡pero ahora cóbrale el triple!, para que ya no vuelva.

Así lo hace el mesero, y un rato después está de regreso con Don Abraham. Éste le pregunta:

—¿Qué pasó? ¿El árabe no quiso pagar?

—Sí, pagó, ¡pero quiere hacer una reserva para mañana por la noche para él y diez amigos más!

—Acéptale la reserva y, cuando vengan, ¡cóbrales diez veces más! Así aprenderán de una vez por todas a no venir más aquí.

La siguiente noche llegan los árabes, cenan, pagan el precio sin chistar, y hasta dejan abundante propina.

Al día siguiente, se puede ver en la ventana del restaurante un gran letrero que dice: «PROHIBIDA LA ENTRADA A JUDÍOS«

[Hum}– La madre judía

Un entusiasmado joven judío fue a casa de su madre, le anunció que se había enamorado y quería casarse, y luego añadió:

—Sólo por diversión, mamá, voy a traer aquí a tu casa a mi prometida y a dos amigas suyas, a ver si logras adivinar con cuál de las tres me voy a casar.

La madre estuvo de acuerdo, y al siguiente día el joven fue a su casa en compañía de tres mujeres. Él, su madre y las tres mujeres tomaron asiento, charlaron por un rato y entonces el joven dijo:

—OK, mamá, adivina con cuál de estas tres voy a casarme.

De inmediato, la madre contestó:

—Con la de la derecha.

—¡Es asombroso! —exclamó el joven—. ¿Cómo lo supiste?

Y la madre respondió:

—Porque es la que no me gusta.

Cortesía de Fernando Lacoste