—María, ¿tú crees que soy cruel contigo?
—Cuando me desates te lo digo.
Chistes de aquí y de allá
—María, ¿tú crees que soy cruel contigo?
—Cuando me desates te lo digo.
En la tarde, a la salida de su oficina y en medio de un gran aguacero, un empresario que vuelve a su casa en su auto ve en la parada de autobuses a una bella mujer. Detiene el auto frente a ella y le dice:
—Llueve a cántaros, ¿la llevo?
—Ah, bueno, gracias—, responde ella entrando al auto.
Al llegar al edificio donde vive, ella lo invita a entrar:
— Con este frío, ¿no quiere usted tomarse un cafecito, un whisky, o algo a lo que yo pueda invitarle?
—No, gracias, debo llegar temprano a casa.
—Pero ha sido usted tan gentil; ¡suba siquiera un ratito!
Ante tan amable petición, él sube. Una vez en el apartamento, ella le sirve un buen coñac, y va luego a su dormitorio, del que retorna arreglada y perfumada, dejando entrever un cuerpo bellísimo bajo una sugestiva bata.
Beben algunos tragos, oyen música, charlan, ríen, toman confianza y, como tenía que ocurrir, se van a la cama, hacen lo mejor que ahí se hace, y luego caen dormidos.
A las 6 de la mañana siguiente, él se despierta y, preocupadísimo, exclama:
—¡Qué bruto! Me quedé dormido. Y ahora, ¿qué hago?
Medita, toma el teléfono, marca el número de su casa y, tan pronto le responde su mujer, grita:
—MARIANA, ¡NO PAGUES EL RESCATE! ¡HE LOGRADO ESCAPAR!
Cortesía de Eva Matute
Profesor: «¿69 entre 3?»
Alumno: «Imposible, profesor».
El mayordomo atentamente le abre la puerta, agacha su cabeza y reverencialmente saluda al noble inglés para el cual trabaja:
—Adelante, pedazo de idiota. ¿De dónde viene el Señor Conde con esa cara de pendejo?
A lo que el conde, sonriente, contesta:
—De comprarme un audífono, Perkins. ¡Estás despedido!
—Dígame cuál es su dirección, para mandarle los documentos.
—Calle Bosque, 31.
—¿Apartado de Correos?
—La verdad es que sí, queda un poco lejos.
Después de una pelea, la mujer, llorando, le dice al marido:
—¡A este matrimonio le falta magia!
Y el marido contesta:
—Entonces ¡desaparece viernes, sábado y domingo!
—¿De qué signo es tu mujer?
—Debe ser de exclamación, porque se pasa el día gritándome.
—Buenas. Vengo a graduarme la vista.
—Pues hará usted bien porque esto es una ferretería.
—¿Es grave lo mío, doctor?
—¿Ha oído ese refrán que dice que «lo que no mata, engorda»?
—Sí.
—Pues creo que usted comió alguna cosa que no engorda.