[Hum}– Del ‘amor’ entre argentinos y gallegos: El sofá.

Manolo le pidió ayuda a su vecino Paco para mover un sofá que se había atorado en la puerta de su casa. Paco se puso por un extremo del sofá, y Manolo por el extremo opuesto. Forcejearon un buen rato hasta que quedaron exhaustos, pero el sofá no se movió.

—Olvídalo, Paco, ¡jamás podremos meter esto!

Paco miró muy serio a Manolo y exclamó:

—¡Ahh! ¿era meterlo?

[Hum}– Mudez de media hora

Llega corriendo el marido a la cocina, donde se encuentra su esposa, y le dice:

—¡Mi amor, mi amor, hace media hora que tu mamá se cayó de la azotea!

La esposa, muy alarmada, le recrimina:

—¿¡Y ahora me lo dices!?

—Es que a causa de la risa, ahora es que pude hablar.

[Hum}– Técnica infalible contra la embriaguez

Un hombre entra en un bar y pide un whisky. Minutos después de haber tomado otro, el camarero observa que el hombre, al mismo tiempo que bebe, introduce su mano en el bolsillo y saca algo, lo observa y, acto seguido, lo vuelve a guardar en su bolsillo. Y repite esto varias veces a medida que bebe.

Cuando ya no puede aguantar la curiosidad, el camarero se acerca al hombre y le pregunta:

—¿Podría decirme que es lo que saca del bolsillo y contempla con tanta insistencia?

—Sí, es la foto de mi suegra. Cuando empiezo a encontrarla agradable es que es hora de dejar de beber.

[Hum}– Trato con la suegra

Se encuentran dos amigos y le pregunta uno al otro:

– Oye, Juancho, ¿cómo te va con tu suegra?.

A lo que Pepe responde:

– Pues te cuento, ¡me trata como a un dios!.

Juancho pregunta:

– ¡Eres el primero a quien oigo hablar tan bien de su suegra! Y ¿cómo es eso de que te trata como a un dios?.

Y Pepe le explica:

– Sí, me trata como a un dios: ¡sabe que existo, pero no me puede ver!

[Hum}– El abogado y la rubia

Un abogado y una rubia viajan en asientos contiguos durante un largo vuelo desde Los Ángeles a New York. El abogado le pregunta a la rubia si le gustaría jugar un juego muy entretenido, pero como ella está cansada y sólo quiere dormir, declina amablemente la oferta y se da vuelta hacia la ventanilla buscando tranquilidad. El abogado insiste:

—El juego es realmente fácil y muy entretenido: Yo te hago una pregunta, y, si tú no sabes la respuesta, me pagas; luego me preguntas tú, y,si no sé la respuesta, te pago.

Una vez más, ella declina la oferta diplomáticamente e intenta conciliar el sueño. Pero el terco (!?) abogado (perdonen la redundancia) imagina que puede ganarle muy fácilmente, y mejora la oferta:

—Está bien, ¿que tal si tú me pagas sólo 5 dólares, pero si yo no sé la respuesta te pago 500?

Temiendo que el tormento no tenga fin, y seducida por la ventaja ofrecida, la rubia acepta finalmente. El abogado hace la primera pregunta:

—Cuál es la distancia entre la Tierra y la Luna?

La rubia no dice nada, mete la mano en el bolsillo, saca un billete de 5 dólares y se lo pasa al abogado. Y ahora es el turno de la rubia. Pregunta al abogado:

—¿Qué es lo que sube una montaña con tres piernas y baja de vuelta con cuatro?»

El abogado la mira absolutamente perplejo. Saca su computadora portátil y busca en todas sus referencias. Salta al Airphone con su modem y rastrea por todo Internet, e incluso se mete en la Biblioteca del Congreso, pero nada. Frustrado y furioso envía e-mails a todos los colegas y amigos, pero todo es en vano… Luego de más de una hora buscando alguna posible respuesta, se da por vencido. Despierta a la rubia y le entrega un billete de 500 dólares.

La rubia toma suavemente el billete, lo guarda, y se da vuelta para seguir durmiendo.

El abogado, que está realmente molesto, le pregunta:

—Y bien, ¿cuál era la respuesta?»

Nuevamente, y sin decir palabra, la rubia mete la mano en el bolsillo, le da al abogado un billete de 5 dólares, se da media vuelta y sigue durmiendo.

[Hum}– The ventriloquist

A young ventriloquist is touring the clubs and one night  he’s doing a show in a small club in a small town in Arkansas.  With his dummy on his knee, he’s going through his usual dumb blonde jokes when a blonde woman in the 4th row stands on her chair and  starts shouting:  

—I’ve heard enough of your stupid blonde jokes.  What makes you think you can stereotype women  that way?  What does the color of a person’s hair have to do with her worth as a human being? It’s  guys like you who keep women like me from being respected at work, and in the community and from reaching our full potential as a person.  Because you and your kind continue to perpetuate discrimination against, not only blondes, but women in general …and all in the name of humor!

The ventriloquist is embarrassed and begins to apologize, when the blonde yells,  

—You stay out of this, mister! I’m talking to that little bastard on your knee!