Abogado: «Ella tenía 3 hijos, ¿verdad?».
Testigo: «Verdad».
Abogado: «¿Y cuántos era niños?»
Testigo: «Ninguno».
Abogado: ¿Y cuántas niñas?».
Capítulo que, como, su título indica, está dedicado al humor y a la lengua española.
Abogado: «Ella tenía 3 hijos, ¿verdad?».
Testigo: «Verdad».
Abogado: «¿Y cuántos era niños?»
Testigo: «Ninguno».
Abogado: ¿Y cuántas niñas?».
El adverbio latino sic, que significa ‘así’, se usa exclusivamente en la escritura cuando al citar un texto ajeno hay algo que es incorrecto o que resulta chocante.
Este latinismo se escribe entre paréntesis (sic) o corchetes [sic], detrás de ese elemento sobre el que se quiere atraer la atención del lector, para indicar que no es una errata, un error o una rareza del que lo cita, sino que estaba así escrito o así se había dicho.
La propia palabra sic se escribe en cursiva (no tanto por ser latinismo, sino por ser externa al texto) y, al no ser abreviatura, no le sigue punto:
También se usa una exclamación entre paréntesis (!) cuando se trata de algo chocante, pero no es habitual que se haga en citas.
Como alternativa a sic puede optarse por hacer la corrección directamente, si se trata de una evidente errata y la estricta fidelidad a la forma original no es esencial, o bien dar entre corchetes la forma corregida, lo que en ciertos casos puede ser de ayuda al lector, pues este no tiene por qué saber cuál es el error.
El empleo de sic puede tener también cierta intención de ridiculización, dado que resalta lo que se consideran usos impropios de la lengua:
Me hicieron una redundancia [sic] magnética.
«Better to lose a lover than love a loser«.
26/05/2015
El pronombre le debe ir en plural si el complemento al que se refiere también es plural:
Es común encontrar en la prensa casos en los que se descuida esa concordancia, como los siguientes:
Se escribe le cuando el complemento al que se refiere es singular («le dijo a él»), y les cuando el complemento es plural («les dijo a ellos»), tal como lo explica el Diccionario Panhispánico de Dudas.
En consecuencia, en los ejemplos citados lo adecuado correcto habría sido escribir:
ABOGADO: «TODAS sus respuestas tienen que ser ORALES, ¿OK? ¿A qué escuela fue usted?»
TESTIGO: «Orales».
25/05/2015
El término tiroides se puede emplear tanto en masculino como en femenino (el/la tiroides), y termina siempre en ese, por lo que se aconseja no escribir tiroide.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como
Tal como puede apreciarse en todos los diccionarios, el sustantivo tiroides termina en s aún en su forma singular, por lo que, en el primero de los ejemplos anteriores, lo apropiado habría sido escribir
En este sentido, dado que sólo hay una de estas glándulas en cada persona o animal, lo adecuado es decir el/la tiroides, en vez de los/las tiroides, de modo que en
Por otra parte, cabe señalar que el vocablo tiroides puede utilizarse como adjetivo (la glándula tiroides) o como sustantivo: el tiroides o la tiroides. En este sentido, respecto al género, el Diccionario de Dudas y Dificultades de la Lengua Española, de Manuel Seco, recuerda que este término se usa frecuentemente como sustantivo masculino, pero que hay quien lo feminiza por sobrentenderse la referencia a la glándula, que es voz femenina.
Por su parte, el Diccionario Panhispánico de Dudas señala que en España se utilizan ambos géneros, con preferencia por el masculino, mientras que en América prevalece el femenino: la tiroides, criterio ratificado en la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.
Así pues, los dos últimos ejemplos pueden considerarse igualmente válidos.
22/05/2015
El lingüista español Alberto Gómez Font disertó en Rabat sobre los préstamos de palabras del árabe al español.
Pero especialmente las llegadas del español al árabe dialectal de Marruecos, extremo este menos conocido y que sorprendió al público del Instituto Cervantes.
Gómez Font, que residió en Rabat durante dos años (2012-14) en que fue director del Cervantes, sacó a relucir primero las palabras ya caídas en desuso en España para designar antiguamente las «comidas o afeites de moros» como el alcuzcuz, hoy más conocido como cuscús, o la alheña, que todo el mundo llama henna.
Sacó a colación el kohl con el que las árabes se maquillan los ojos, que es la misma palabra que alcohol o la alhóndiga (patio de huéspedes con dos pisos), palabra ya olvidada para lo que también se llamó fonda o que los árabes siguen llamando funduk.
Pero lo que sin duda más divirtió a los asistentes a la conferencia, realizada con motivo de las Semanas de Amistad Hispano-marroquí, fue la cantidad de palabras de uso corriente en el árabe dialectal prestadas del español, o más bien «robadas —matizó Gómez Font— pues no se devolvieron».
Así los marroquíes calzan sabbat (zapatos), montan en coche o carro que tienen ruedas, y si tienen mala suirti y enferman, se sanan en el sbitar (hospital).
Algunos incluso se enteraron de que, cuando comen su sopa, llamada bufartuna, están comiéndose su buena fortuna, y que sus sabrosos pocadeos son una deformación local del castizo bocadillo.
El lingüista demostró lo viajeras que son algunas palabras: la naranja, por ejemplo, fue llamada así en España por un vocablo de origen árabe (laranya), pero luego llegaron desde China variedades más dulces que los españoles llamaron naranjas de la China, y aún hoy, en Puerto Rico y en el norte de Marruecos, se siguen llamando chinas.
En el dialectal marroquí, curiosamente, la palabra más corriente para la naranja es limún, mientras que nuestras mandarinas viajaron por el mundo anglosajón con la denominación de tangerinas, por haberse aclimatado con tanta facilidad al clima de Tánger.
Abogado: «Sr. Marcos, ¿cuántas veces se ha casado usted?».
Testigo: «Una sola vez».
Abogado: «¿Y por qué se acabó su primer matrimonio?».
Testigo: «Por muerte del cónyuge».
Abogado : «¿Y por muerte de cuál cónyuge se acabó?»
21/05/2015
Inés Izquierdo
Es muy frecuente escuchar, más de lo que suponemos, errores de concordancia en casos como: la gente, la mayoría, etc.
Debemos recordar que, según la norma general, cuando en una oración simple el sujeto es «la gente», tanto el verbo como cualquier otro elemento referido a «gente» deben ir en singular, por ejemplo: «La gente opina que no es bonito ese paisaje».
Lo que sucede con gente es que siempre nos asalta la duda cuando el nombre y el verbo están separados por algún elemento, y entonces la tendencia es usar el verbo en plural, pero eso es un error, no podemos decir: «La gente opinan que no es bonito ese paisaje».
Se preguntarán cuándo está permitida la concordancia en plural. Pues eso ocurre cuando hay dos oraciones, porque se entiende que el sujeto del segundo verbo es en plural (ellos): «La gente acudió a la plaza y allí empezaron a gritar».
También en oraciones copulativas con el verbo «ser» cuando el atributo es sustantivo, la concordancia se hace en plural. «La gente que ves son hermanos».