[Hum}— Sucedió en Amsterdam

Un turista de mediana edad, en su primera visita a Amsterdam encuentra la Zona Roja y entra en un gran burdel. La matrona lo invita a tomar asiento y le envía una muchacha joven para que lo entretenga. Se sientan, juguetean un ratito, se ríen un poquito, beben otro poquito, y la muchacha se sienta en el regazo del turista. Él le dice algo al oído y ella se sorprende y sale corriendo.

Viendo esto, la matrona le envía a una chica más experimentada. Se sientan, juguetean un ratito, se ríen un poquito, beben otro poquito, y ella se sienta en el regazo del turista. Él le dice algo al oído y ella grita: «Noooo!», y sale caminando rápidamente.

La matrona está sorprendida. ¿Cómo es posible que este hombre del montón haya pedido algo tan extraño? ¿Cómo es posible que sus dos chicas no quieran hacer nada con él? Decide que sólo logrará algo la más experimentada: Lola.

Lola nunca ha dicho que no a nada, y no hay nada, pero nada, que la sorprenda. Así que la matrona la envía con el caballero de marras. Se sientan, juguetean un ratito, se ríen un poquito, beben otro poquito, y Lola se sienta en el regazo del turista. Él le dice algo al oído y ella grita: «¡¡DE NINGUNA MANERA, AMIGO!!». Le da una bofetada y se va.

La matrona está ahora absolutamente intrigada. Jamás ha visto algo similar en todos sus años administrando burdeles. Hace mucho que no hace el trabajo, pero está segura de que ha dicho «sí» a todas las cosas que un hombre pueda pedir. Debe averiguar qué ha pedido este hombre que ha hecho enojar a las chicas. Además, no se le escapa que ésta es una gran oportunidad para darle una lección a sus muchachas.

Así que se acerca al hombre y le dice que ella es lo mejor de la casa y que está disponible. Se sienta y conversan. Juguetean, ríen, beben, y después ella se sienta en el regazo de él. Él se inclina y le susurra al oído:

«¿Puedo pagarte en bolívares?»

[Hum}— Don Juan Tenorio y el confinamiento

Alguien quiso emular a Zorrilla en clave de humor, y escribió esto que me ha hecho llegar Charo Bodega.

DON  JUAN
 
¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
no hay que llevar mascarilla
y se respira mejor?
 
He venido desde lejos
(aunque el lugar me lo callo)
a lomos de mi caballo
para tirarte los tejos.
 
Y es verdad, y yo no miento,
que arriesgándome salí
burlando el confinamiento,
que he amarrado mi bajel,
que está todo ventilado,
que las manos me he lavado
y que me he puesto hidrogel.
 
Sea, pues bella señora,
concededme vuestro amor.
Os lo pido, por favor,
¡ya hace más de una hora!
 
DOÑA INÉS
 
Callad, por Dios, caballero,
que es ya público y notorio
que aunque vos seáis un tenorio,
la salud es lo primero.
 
Con todo lo que se ha dicho
prefiero yo no arriesgar,
¡que a mí me da miedo el «bicho»!
 
Tenéos, por caridad,
portaos con elegancia,
y mantened la distancia
que es por la seguridad.
 
Que este año no hay romance;
se rompe la tradición.
Ya habrá mejor ocasión
con la vacuna al alcance.
 
Andad, pues, por la vereda
y no lo  hagáis muy despacio.
Volved a vuestro palacio
antes del toque de queda.

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Y AÑADE EL AUTOR ANÓNIMO

Malos tiempos corren hoy
para encuentros y reuniones.
Huyamos de los follones,
y ya, con esto, me voy.
 
Me despido, mis señores,
y agradezco la atención.
Deseo de corazón
que vengan tiempo mejores.
 
Solamente pretendí
arrancar una sonrisa
porque hoy no tengo prisa.
No sé si lo conseguí.

[Hum}— No vales nada

Una pareja de esposos discutía airadamente en la calle:
–   ¡Te voy a demostrar que no vales nada!  

El señor le hace señas a un taxista que se detiene frente a ellos.
–   ¿Cuánto me cobra hasta el aeropuerto?
–   Hasta allá, pues $70.00
–   ¿Y con mi mujer?
–    Lo mismo
–   Ya ves: ¡no vales nada!

Cortesía de Ramón López

[Hum}— Negociaciones en el matrimonio

Cuatro hombres casados van a pescar. Después de una hora, tuvo lugar esta conversación:

HOMBRE 1: «No tienen idea lo que tuve que hacer para venir a pescar este fin de semana. Tuve que prometerle a mi señora que pintaría toda la casa el próximo fin de semana!»

HOMBRE 2: «Eso no es nada. Yo tuve que prometerle a la mía que le construiría una terraza nueva para la piscina, ¡con paragüitas y todo!

HOMBRE 3: «Pero hombre, ¡a ustedes les toca fácil! Yo tuve que prometerle que remodelaría la cocina completa, incluyendo el cambio de todos los electrodomésticos»

Y continuaron pescando hasta que cayeron en cuenta de que el cuarto amigo no había dicho una palabra, así que decidieron preguntarle: «Y tú no has dicho nada acerca de lo que tuviste que prometerle a tu mujer para venir a pescar este fin de semana. ¿No vas a decir que no tuviste que prometer nada?»

HOMBRE 4: «Pues, no. Yo puse el despertador a las 5:30 am y, cuando sonó, me acerqué al oído de mi mujer y le dije: «¿Pesca o sexo?». Y ella me contesto: «Abrígate bien…»