[Hum}– Los rayos catódicos y los Reyes Católicos

Sabido es —y creo haberlo dicho ya en este blog— que cada país usa algún gentilicio, propio o ajeno, para imputarle los chistes de brutos e ignorantes. En USA usan a los polacos, en España a los leperos, en Colombia a los pastusos, en Venezuela a los gochos, etc., y en Canarias a los gomeros, o sea, a los naturales de la isla de La Gomera e, incluso, si se quiere ser más hiriente, a los de Chipude, un pequeño pueblo de esa isla.

Tal vez la excepción a esta regla sea la de los argentinos quienes, desde siglos, la han emprendido con los gallegos, y sobre ellos descargan tales chistes. ¿Será efecto del desmedido ego de los argentinos?

Pues bien, para que los lectores gallegos de este blog vean que no tengo nada contra ellos, aquí va un chiste de gomero, cortesía de Roberto González Rodríguez,

Al departamento de Recursos Humanos de una empresa llegó un gomero a pedir trabajo. El empleado, o entrevistador, que lo atendió le dijo que comenzaría por hacerle unas preguntas para evaluar sus conocimientos. Y comenzó con ésta:

—Explíqueme brevemente qué son los rayos catódicos.

El gomero pensó por unos segundos y contestó:

—Los rayos catódicos son Isabel y Fernando.

El examinador quedó estupefacto, y preguntó de nuevo:

—Entonces, si Isabel y Fernando son los «rayos catódicos», ¿quiénes son los Reyes Católicos?

A lo que el gomero contestó de inmediato:

—Pues Melchor, Gaspar y Baltasar.

Al límite de su paciencia, sólo para rematar y por mera curiosidad, el entrevistador hizo una última pregunta:

—Y si Melchor, Gaspar y Baltasar son los «Reyes Católicos», ¿quiénes son los Reyes Magos?

El gomero, mostrándose extrañado, respondió:

—En serio, ¿no sabe usted quiénes son los Reyes Magos?

El entrevistador negó con la cabeza, y entonces el gomero se levantó, se acercó al entrevistador y, al oído y en voz baja, le dijo:

—Los Reyes Magos son los padres.

 

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[Hum}– Vacaciones celestiales

Un día, Dios se acercó a Jesucristo y al Espíritu Santo y les dijo:

—Oye, estoy pensando en que nos podríamos ir de vacaciones. ¿Qué os parece si visitamos Jerusalén?

Jesús respondió diciendo:

—No, que la última vez que estuve allí me lo hicieron pasar muy mal. ¡Todavía me duelen las manos!

Entonces Dios dijo:

—Bueno, ¿y qué os parece si vamos al Vaticano?

Inmediatamente, el Espíritu Santo contestó con júbilo:

—¡Sí, sí, sí! ¡Que nunca he estado allí!

Cortesía de Leonardo Masina

 

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[Hum}– El nombre del niño

Una mujer va a bautizar a su hijo, y, llegado el momento, el sacerdote le pregunta:

—¿Cómo se va a llamar tu hijo?

—Simeón.

—Pues si le quitas el SI, se queda en meón.

—Pues si a usted se le quita el SA, se queda en CERDOTE.

Cortesía de Leonardo Masina

[Hum}– Dos mendigos en Roma

Dos mendigos estaban sentados, uno al lado del otro, en el frente de la Basílica en Roma.

Uno tenía ante sí una gran cruz de madera,…

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… y el otro, una Estrella de David.

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La gente que pasaba por el lugar se quedaba mirando, extrañada, a ambos mendigos, pero le daba dinero sólo al de la Cruz.

Un obispo que acertó a pasar por allí no pudo evitar darse cuenta de que nadie le daba dinero al mendigo de la Estrella de David, así que se acercó a éste y le dijo:

—Hijo, ¡parece que no entiendes! Éste es un país católico, esta ciudad es la base del catolicismo mundial. Las personas nunca le darán dinero si usted se sienta ahí con una Estrella de David, especialmente si está al lado de un mendigo que tiene una cruz. De hecho, probablemente muchos le darán a él ¡por rechazo hacia usted!

Después de escuchar atentamente al obispo, el mendigo de la Estrella de David se volvió al otro, al de la Cruz, y le dijo:

—Jacobo, ¡mira quién trata de enseñar marketing a los hermanos Goldstein!

Cortesía de Ramón López

[Hum}– Jesucristo y Judas

Jesucristo va caminando por el desierto con sus doce apóstoles. En un momento dado les ordena:

—¡Tomad una piedra y marchad con ella a cuestas!

Todos toman una piedra bien grande, salvo Judas que toma una bien pequeña. Al poco tiempo, le dicen a Jesús:

—Maestro, ¡tenemos sed!

Jesucristo exclama:

—Entonces, ¡que las piedras se conviertan en agua!

Todos beben hasta hartarse, menos Judas, a quien apenas le alcanza para un sorbito. Jesucristo vuelve a ordenar:

—¡Tomad otra piedra y volved a caminar!

Todos toman una piedra como la anterior, excepto Judas que, esta vez, toma un peñasco de una tonelada.

Trescientos kilómetros después, ven a un campesino que, por falta de abono, no obtiene nada de su tierra. Ante esto, Jesucristo exclama:

—¡Que las piedras se conviertan en abono!

Judas, casi totalmente cubierto por la mierda, alza sus brazos y clama al cielo:

—¿¡Es pa’traicionarlo, o no es pa’traicionarlo!?

Cortesía de Charo Bodega