[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal (2/4)

David W. Fernández

Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal
(1594-1652)

En el puerto de La Habana (Cuba), ya había construido, en 1622 —o tal vez antes— un navío de 200 toneladas, al que puso por nombre «Nuestra Señora de las Aguas Santas», cuando el 12 de febrero de 1625 celebró contrato en Madrid para construir y equipar dos galeones en el mismo puerto. Con este fin se traslado al año siguiente a La Habana y, en 1627, ya había concluido los dos galeones cuya construcción le había sido ordenada por el Rey.

Siendo ya un consumado constructor de galeones, y con el fin de que los buques construidos en La Habana se ajustasen a las ordenanzas vigentes y fueran fabricados con la perfección y con la calidad que se requería, el 18 de diciembre de 1629 fue nombrado superintendente de las fábricas de navíos del referido puerto y de los demás de Barlovento.

Sus méritos hicieron que el gobierno le confiara el encargo de perseguir a los filibusteros que asolaban las costas de América, cuya orden recibió hallándose en La Habana, donde aprestó tres naves y zarpó hacia la isla de Santo Domingo con la intención de destruir el establecimiento de los bucaneros o filibusteros en la isla de la Tortuga, como lo comunicó al gobernador de Santo Domingo. Ppero la debilidad de dicho funcionario dificultó el proyecto y permitió a los piratas ponerse sobre aviso y colocar a buen recaudo su botín.

Hallándose invadida la población de Maracaibo por un gran número de filibusteros, y habiendo abandonado el reducto la escasa guarnición que formaba la avanzada de la rada, prestó muy valioso auxilio al gobernador de la Provincia de Maracaibo, pues al llegar con su buque embarcó parte de su tripulación en los botes y se apoderó del fortín que las tropas españolas habían abandonado. y con cuatro piezas de artillería que la guarnecían abrió fuego contra el poderoso enemigo que, creyéndose atacado por la retaguardia, huyó precipitadamente, dejando abandonado parte del botín.

En 1633 fue nombrado Almirante de la Flota de Nueva España, la cual se hallaba entonces a cargo del general don Lope de Hoces y Córdoba.

En 1634 regresó a la España peninsular, donde una enfermedad del pecho lo obligó a permanecer en tierra durante algunos años, en los cuales contrajo matrimonio con doña Alfonsa Jacinta de Vallecillo Ojeda y Velazco, natural de Portugalete (Provincia de Vizcaya).

Durante este tiempo sabemos que, en 1639, se le concedió licencia para fabricar navíos de quinientas a setecientas toneladas.

En 1640, hallándose en Sevilla, recibió el despacho de “General y Almirante de las Flotas y Armada Real de la Guarda de las Indias, Mar Océano y de las Costas de Andalucía”, las más altas graduaciones de la Marina de Guerra española de los tiempos de Felipe IV, lo cual lo obligó a lanzarse nuevamente al mar para traer el dinero a la metrópoli y enfrentarse a los piratas ingleses que, con sus constantes amenazas, inquietaban la navegación por las costas y los mares de América.

Con su escuadra arribó a la isla de Santo Domingo, en 1641, y habiendo recibido la orden de ocupar el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en el ínterin llegaba el tiempo de volver a España metropolitana con el dicho dinero.

El archipiélago formado por las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y por el cayo El Cangrejo, constituye hoy en día una de las intendencias de la República de Colombia, con el nombre oficial de San Andrés y Providencia, una extensión superficial de 44 Km2 y una población de 27.000 habitantes, situada a 480 millas de Cartagena (Colombia) y a 180 millas de Puerto Cabezas (Nicaragua). Fue descubierto por los navegantes españoles el 30 de noviembre de 1527, día de San Andrés, lo que hizo que se le diera este nombre a la mayor de las islas.

En 1629, presbiterianos ingleses y esclavos jamaicanos se instalaron en él y albergó a piratas y corsarios ingleses, franceses y holandeses, que abordaban las naves españolas que conducían el oro de América a la península española, y sirvió de cuartel general, establecido por los ingleses, para dirigir desde allí los ataques contra Cartagena, puerto donde se almacenaban el oro y otras grandes riquezas de las colonias para ser enviadas a la metrópoli.

Desde allí, el inglés Morgan (1635-1686) preparó el ataque a Panamá y se apoderó de la plaza, partiendo con su inmenso tesoro hacia Jamaica. Pero, abordado en alta mar por los piratas del Caribe, logró salvar parte del tesoro y refugiarse en San Andrés, al sur de cuya isla se abre una cueva bañada por el mar, llamada de Morgan, por creerse que fue el lugar donde él escondió aquel tesoro. Desde su ocupación por los extranjeros, intentaron los españoles desalojarlos por el Sargento Mayor don Antonio Maldonado, en 1640, pero lo impidieron lo bien defendidas que se hallaban y las dificultades que presentó un desembarco en ellas. Después de haber Díaz-Pimienta desalojado de allí a los ocupantes, volvieron a poder de los españoles.

E n 1822 se incorporaron a la República de Colombia como cantón dependiente de Cartagena. San Andrés tiene 27 Km2 de superficie, 13 Km. de largo y 3.5 Km. de ancho; Providencia, 17 Km2. Santa Catalina es apenas una muy pequeña isla próxima a Providencia; y El Cangrejo es sólo un cayo próximo a dichas islas.

Nicaragua pretendió incluir estas islas, situadas a unas cien millas de su costa oriental, en su departamento de Zelaya, pero por el tratado Esguerra-Bárcenas de 1982, que aspiró a solucionar todos los diferendos territoriales entre ambos países, le fueron concedidas a perpetuidad a Colombia.

El 6 de marzo de 1641 salió de Cartagena de Indias (Colombia) la expedición de Díaz-Pimienta para la toma de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. La componían unos 1.000 hombres montados en 12 barcos: los galeones «San Juan», de 400 toneladas, y «Jesus Maria de Castilla», del mismo porte; el «Santa Ana», de 350 toneladas; el «Convoy» y la «Teatina», de 300 toneladas; las urcas «Sanson» de 800, y «San Marcos», de 400; el «Jesús María de Agreda», barco portugués de 230, mandado por el conde de Castelmelhor; la charrúa «San Pedro», y tres pataches de 70 y 80 toneladas. lba el almirante en el «San Juan», y su segundo, Jerónimo de Ojeda, en el «Sansón».

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal (1/4)

David W. Fernández

Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal
(1594-1652)

Glorioso marino palmero cuya vida toda está jalonada de heroicos hechos de armas, algunos de los cuales tienen por escenario las costas americanas que baña el mar Caribe.

Nació don Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal en Tazacorte (La Palma), el 14 de agosto de 1594, y fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios, en los Llanos de Aridane (La Palma), a cuya jurisdicción eclesiástica pertenecía entonces su pueblo natal, siendo hijo natural del ilustre capitán don Francisco Díaz-Pimienta y Franco, y de doña Juana Pérez de Mendiáabal, y nieto por línea patema del capitán don Diego Díaz-Pimienta y de doña Mayor Franco, naturales de Cuba (Portugal).

La familia Díaz-Pimienta era originaria de Vidigueira, en la actual provincia de Beja, en Bajo Alemtejo (Portugal), y se había establecido en la isla de La Palma, en el archipiélago canario, hacia la segunda mitad del siglo XVI.

Su padre, el capitán don Francisco Díaz-Pimienta y Franco, natural de Puntallana (La Palma), era ilustre marino de la Armada española, donde había actuado con heroísmo, participando en gloriosos hechos bélicos, tales como la batalla naval de Lepanto (1571), en la que participó también, cubriéndose de gloria, el inmortal don Miguel de Cervantes Saavedra. Fue luego maestre de campo de la Compañía de Milicias de Puntallana, su pueblo natal, así como de las de San Andrés y Sauces, y Barlovento, en la misma isla de La Palma, y también regidor perpetuo del Cabildo de la dicha isla (1609), por renuncia de su yerno, el alférez mayor don Gabriel González del Valle y Gutiérrez de la Sierra, castellano de la fortaleza de Santa Catalina.

Sus méritos los reconoce Felipe III, en Real Cédula dada en Madrid el 6 de marzo de 1606, por la cual lo faculta para instituir dos Mayorazgos en las personas de sus dos hijas legítimas. De su legítimo matrimonio con doña Beatriz Rodríguez de Acosta, hija de don Miguel Rodríguez, natural de Alcázar Resales (Portugal), y de su mujer doña Ana de Acosta, tuvo el referido capitán don Francisco Díaz-Pimienta y Franco, cinco hijos, de los cuales tres murieron en edad púber, por lo que le quedaron dos hijas:

• Doña Inés, poseedora del primer mayorazgo de su Casa. Fue bautizada en la parroquia matriz del Salvador, de Santa Cruz de La Palma, el 15 de marzo de 1581, y casó dos veces: la primera con el capitán don Garcia de las Muñecas, y la segunda con el capitán don Pablo de Brito y Lugo, en la citada iglesia el 12 de mayo de 1613, y no tuvo sucesión de sus dos matrimonios; y,

• Doña Lucia, poseedora del segundo mayorazgo de Díaz-Pimienta, y una de las llamadas por su hermano natural para suceder en el importante mayorazgo que instituyó de sus bienes en 1652. Fue bautizada en la iglesia matriz del Salvador el 20 de diciembre de 1587, y se casó —en la misma parroquia y el 20 de septiembre de 1602— con don Gabriel González del Valle y Gutiérrez de la Sierra, Señor del Alferazgo Mayor de La Palma, Teniente de Gobernador, Alguacil mayor y Alcalde mayor de dicha isla, con ilustre descendencia en la isla de La Palma que llega a nuestros días.

Parece que desde su niñez don Francisco Díaz-Pimienta y Pérez de Mendizábal había sentido la misma vocación marinera de su padre, y le había pedido a éste que lo destinara a la Marina de Guerra española, pero su progenitor pretendió disuadirlo y lo envió a Sevilla para que allí siguiera la carrera eclesiástica, sufragando los gastos de sus estudios, los cuales ascendían a mil doscientos ducados anuales, y tuvo él tan buena disposición natural para los estudios que a los sólo catorce años de edad traducía con toda soltura los clásicos latinos.

El 12 de febrero de 1610, al testar su padre, se encontraba en Sevilla consagrado al aprendizaje teológico, y en él se hallaba cuando falleció su padre, en el referido año de 1610. Esta circunstancia le permitió abandonar dichos estudios e ingresar en la Armada en la categoría de Guardia Marina, siendo destinado a Flandes.

En las costas de Flandes realizó su primera campaña.

Durante una tormenta, las tempestuosas olas hicieron caer al mar, desde el alcázar de popa, al comandante de su buque. Díaz-Pimienta se lanzó al mar cuando su jefe estaba a punto de ahogarse, se aferró con él a uno de los toneles que la tripulación arrojaba al mar con este fin, y logró así dar tiempo a la llegada del bote que los auxiliara, salvándolo de una muerte segura. Este gesto de valor y humanidad le valió el ascenso a alférez, que fue el punto de partida de una serie de hechos heroicos en los que puso a prueba sus condiciones.

Luego tomó parte en algunos abordajes contra buques holandeses, después de los cuales le fue dado el mando de uno de los buques de la vanguardia del convoy que, al mando del marqués de Andújar, salió en protección de los galeones cargados de oro que se dirigían desde el Perú a la España peninsular, pudiendo evitar que los poderosos cruceros ingleses se apoderaran de él, en las proximidades de las costas de Galicia, cuando sabiéndose perseguido por dos navíos ingleses que le cortaban el paso, les presentó batalla y los venció, pudiendo así entrar triunfante el convoy a El Ferrol.

Luchó también en aguas de Nápoles, tomando parte activa en la protección que la escuadra de España dio al asalto y rendición de los sublevados que ocupaban las fortalezas de Nápoles, llevada a cabo por el duque de Onate. Alli le tocó comandar a la Armada española, por haber sustituido, a su muerte, a don Jerónimo Gornez de Sandoval en el mando de los navíos de alto borde, viniendo esta armada a las órdenes del generalísimo don Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV, compuesta de 22 galeras, 12 naves gruesas y 14 buques menores, y montando 4.000 hombres.

Esta armada, cuya misión era defender y proteger a las tropas leales a la Corona atacadas por los insurrectos, se avistó frente al golfo de Nápoles, el 1° de octubre de 1617, a la armada del duque de Richelieu, enviado desde Francia con el objeto de oponerse a la de España. La escuadra española le dio el frente y se trabó en combate parcial sin decisión alguna, pero, al pretender reanudar el combate, la escuadra francesa lo rehuyó y se esfumó por completo. En todo este tiempo, Díaz-Pimienta estuvo asesorando en el mar a don Juan Jose de Austria.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández – Prólogo

Del libro “Palmeros en América” (palmeros = naturales de la isla de La Palma, Canarias) me propongo publicar tantas reseñas biográficas como pueda, y comienzo con el prólogo de ese libro, a cargo de Alianza Palmera, asociación civil, de Venezuela, que en 1993 editó “Palmeros en América”.

Carlos M. Padrón

***

ALIANZA PALMERA, A. C.

Caracas, 3 de noviembre de 1993

Representa para nosotros un verdadero placer y justificado orgullo presentarles al autor de esta obra, quien siendo nuestro coterráneo contribuye a enaltecer el gentilicio palmero.

Nació David Fernández Pérez en Santa Cruz de La Palma el 29 de noviembre de 1932. Hijo de Daniel Fernández González y de Alejandra Paula Pérez y Pérez, y habiendo sido asentado en la correspondiente acta de nacimiento como David Wistremundo, es por lo que nuestro amigo firma sus trabajos literarios como David W. Fernández, como un obvio recuerdo a su progenitor.

En el año 1952 emigró a Venezuela, donde reside, salvo algunos años que pasó en Uruguay para realizar estudios superiores, y donde contrajo nupcias con Doña María del Carmen Mesa Rodríguez, natural de Santa Úrsula, Tenerife pero ostentando la nacionalidad venezolana.

Es Bachiller por la Universidad de La Laguna de Tenerife (1951), Técnico en Radiología por la Universidad de la República Oriental del Uruguay (1963), y Licenciado en Historia por la Universidad Central de Venezuela (1969).

Ha sido Director del Periódico «El Drago», de Montevideo (1960-1962) y de la Revista «Canarias Gráfica», de Caracas (1972-1974). Fue Profesor de Historia Económica de Venezuela e Historia Económica General en la Escuela de Administración y Contaduría de la Universidad Central de Venezuela (1972-1975), y, desde 1980, es Profesor de Historia de la Medicina en la Escuela de Medicina «Luis Razetti» de la misma Universidad.

Actualmente se desempeña, además, como Técnico Radiólogo en la Unidad Nacional de Psiquiatría «Dr. Jesús Mata de Gregorio» del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, y como Profesor de Historia en la Unidad Educativa «Benito Canónico», de Guarenas, de cuya Ciudad es también Cronista Oficial y creador de su Escudo de Armas.

Es asimismo Presidente del Instituto Venezolano de Cultura Canaria;, Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, de cuya institución acaba de ser nombrado Presidente para el periodo 1993-1995; 2° Vicepresidente del Centro de Historia del Estado Miranda (Venezuela, Secretario General del Instituto Venezolano de la Cultura Hispánica; Secretario del Centro Distrital de Guarenas de la Sociedad Bolivariana de Venezuela; Secretario de Actas y Correspondencia de la Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Ciudades de Venezuela; 1° Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Cronistas Oficiales de Ciudades del Estado Miranda; y Director de la Sección de Historia del Hogar Americano, de Caracas.

Es Miembro de Número del Instituto de Estudios Canarios, incorporado al Consejo de Investigaciones Científicas de España; del Instituto de Estudios Históricos Mirandino; del Instituto Venezolano de Genealogía; de la Sociedad Numismática Venezolana; y del Instituto de Estudios Colombinos de la Isla de La Gomera.

Miembro Correspondiente del Centro de Estudios del Pasado Uruguayo; del Instituto de Numismática e Historia de San Miguel de los Arroyos (Argentina); del Centro de Historia del Departamento Vargas (Venezuela); del Instituto Argentino de Numismática y Medallística; del Ateneo de Historia de la Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina); y de la Sociedad Chilena de la Historia y de la Geografía.

Miembro de Honor de la Académie Européenne des Arts (Bélgica) y Socio Honorario del Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay.

Pertenece, además, a otras instituciones culturales, tales como la Societé Internationale d’Histoire de la Médecine (Francia); del Institutum Canarium (Austria), y la Asociación de Escritores de Venezuela.

Ha publicado más de trescientos cincuenta trabajos de investigación histórica —en su gran mayoría aparecidos en diversas revistas y periódicos nacionales y extranjero—, además de los siguientes libros y folletos:

• Los periódicos Canarios en América (1956);

• José Fernández Romero y la fundación de Montevideo (1959);
• El Padre José de Arce y Rojas (1963);
• El Almirante Canario Antonio Fernández Rojas (1970);
• La Familia de Miranda (1972);

• Ascendencia Canaria de Andrés Bello (1975);
• La Fundación de Guarenas (1978);
• Los Antepasados de Bello (1978);
• Juan Perdomo introductor de la variolización en Venezuela (1979);
• Juan Francisco de León y su descendencia (1979);

• Poetas de Guarenas (1981);
• Presencia de Bello en Guarenas (1982);
• Bolívar en Guarenas (1983);
• Influencia de Garachico en Hispanoamérica (1983);
• Historia de la Medicina en Guarenas (1984);

• Los Periódicos de Guarenas (1984);
• Los Canarios en la Historia de Venezuela (1986);
• La Advocación de la Virgen de Candelaria en Venezuela (1987);
• La Casa de Ribas en Guarenas (1989);
• Diccionario Biográfico Canario Americano (1989);

• Presencia de los herreños en América (1990);
• Influencia de Icod de los Vinos en Hispanoamérica (1991), de cuyas Fiestas de Arte fue Mantenedor en el año 1989;
• La Identidad de Guarenas (1992), y,
• Geohistoria de Guarenas (1992).

Se cuenta en el equipo de colaboradores que prepararon el Diccionario de Historia de Venezuela (Caracas, Fundación Polar, 1988).

Ha sido condecorado con,
• La Orden «Francisco de Miranda», 2ª Clase (1981);
• La Orden «Andrés Bello», 1ª. Clase (1984),
• La Orden «27 de Junio», 1ª Clase (1986), por el Gobierno de la República de Venezuela;

• La Orden «Diego de Lozada», 1ª Clase (1991) por el Consejo Municipal de Caracas;
• La Orden «Ambrosio Plaza», 1ª Clase (1982) por el Consejo Municipal de Guarenas;
• La Medalla de la Ciudad de Puerto de la Cruz, en Bronce (1973) por el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz (Canarias);
• La Medalla de Oro del Instituto Venezolano de Cultura Hispánica (1978).

También ha sido declarado Huésped de Honor de varias ciudades que ha visitado como delegado de congresos, convenciones y asambleas, tanto nacionales como extranjeras.

La presente obra es uno de los trabajos más recientes del autor, ya que actualmente tiene algunos en prensa, y en preparación varios de investigación histórica.

Por esa labor que prestigia nuestra patria chica, en este año de 1993 David W. Fernández ha sido nombrado Miembro Honorario de Alianza Palmera A.C.

[*Otros}– Tenerife recuerda a las 583 víctimas de Los Rodeos 30 años después del siniestro aéreo

27/03/2007

Un total de 583 personas fallecieron en el choque de dos ‘Jumbos’, uno de KLM y otro de Pan Am. Los aviones habían sido desviados a Tenerife por una alerta de bomba en Gran Canaria.

El avión holandés comenzó la maniobra de despegue sin permiso de la torre de control. Una densa niebla cubría las instalaciones del aeropuerto tinerfeño

Desde la Mesa Mota, un pequeño monte ubicado en el municipio norteño de La Laguna, en Tenerife, hay unas vistas espectaculares del aeropuerto de Los Rodeos. Hasta allí ascendieron cientos de tinerfeños el 27 de marzo de 1977, hace ahora 30 años, para ver con sus propios ojos los efectos del mayor accidente en la historia de la aviación comercial de todos los tiempos.

Esta tarde, en ese mismo lugar, se inaugura un monumento en homenaje a las 583 víctimas de la tragedia. ‘La escalera de caracol’, una escultura de acero de 18 metros del artista holandés Rudi van de Wint, se erige, en perpetua memoria de los fallecidos, con la presencia de algunos de sus familiares llegados desde Holanda y Estados Unidos, y de representantes de los Gobiernos de España y los dos países originarios de los aviones siniestrados.

La Asociación en Memoria de las Víctimas ‘Tenerife Memorial’ es la impulsora del acto y la entidad que ha donado la escultura al Cabildo de Tenerife. Horas antes, sobre mediodía, y por primera vez desde el accidente, un acto internacional conmemorativo del evento tendrá lugar en la capital tinerfeña.

Un cúmulo de coincidencias

El 27 de marzo de 1977 la mala suerte se cebó con los ocupantes de sendos Boeing-747 de las compañías KLM (Holanda) y Pan Am (EEUU).

Ese día, ninguno de los dos debería haber estado en Tenerife. Los 373 pasajeros del avión estadounidense, y los 234 del holandés tenían como lugar de destino el vecino aeropuerto de Gran Canaria. Sin embargo, la explosión de una bomba en ese aeródromo y el anuncio de una segunda deflagración obligaron a las autoridades aéreas a desviar los vuelos al aeropuerto de Los Rodeos.

En el aeropuerto de Los Rodeos —también conocido hoy como Tenerife Norte— llovía, la visibilidad era escasa. No obstante, los aterrizajes y despegues se desarrollaban con normalidad hasta que, como consecuencia de la llegada de los vuelos desviados, pronto se saturaron las zonas de aparcamiento y los aviones tuvieron que ser aparcados en las calles de rodadura.

Fue eso lo que sucedió con los dos ‘Jumbos’ siniestrados. Con los accesos a la zona de despegue bloqueados por otras aeronaves, se vieron obligados a utilizar la pista principal para ubicarse en la posición idónea para el despegue una vez que el tráfico con Gran Canaria fue restablecido.

Esta circunstancia, sin ser del todo irregular, resultó siniestramente determinante para que se produjera el accidente. Con baja visibilidad a causa de la bruma, ni las tripulaciones de los dos aviones ni los controladores aéreos pudieron confirmar a tiempo que uno de los dos había comenzado su carrera de despegue mientras el otro aún invadía la pista de vuelos.

Como también fue determinante el fallo en las comunicaciones entre la torre de control y los pilotos de ambos aviones. Según los investigadores del accidente, es más que probable que una de las órdenes emitidas desde el centro de control no fuera convenientemente interpretada en ambas cabinas de mandos.

Muchas otras hipótesis, como el cansancio de las tripulaciones, se han barajado en los informes sobre las causas. Pero lo único absolutamente cierto es que a las 17.06 horas el cielo de La Laguna, el municipio que acoge las instalaciones aeroportuarias, se tiñó de rojo y así permaneció hasta las tres y media de la madrugada del día siguiente.

Los 55.500 litros de combustible del avión de KLM, que aprovechó la espera para repostar el queroseno necesario para volver a Holanda, fueron determinantes en el alcance de la tragedia: ni un sólo superviviente entre los que se encontraban en esa aeronave. Los bomberos no conseguían acercarse al lugar de las llamas a causa de las elevadas temperaturas, sólo podían mirar desde la distancia lo que sucedía.

El avión holandés, en plena carrera de despegue sin contar con la autorización pertinente, chocó primero contra el ala del de Pan Am y luego, en un intento desesperado, consiguió levantar el vuelo apenas unos metros y arrasó la cubierta superior del otro avión, desplomándose entonces y provocando la muerte a 321 ocupantes del avión estadounidense.

En total, 583 fallecidos. Poco después del suceso, Tenerife puso en marcha su segundo aeropuerto, el Reina Sofía, en el sur de la isla, reservando Los Rodeos para los vuelos interinsulares.

En la actualidad, y con notables mejoras en las ayudas a la navegación aérea, Tenerife Norte, o Los Rodeos, vuelve a estar abierto al tráfico nacional e internacional, y se consolida como una de las apuestas más decisivas para el turismo en la zona.

El Mundo.

[*Otros}– El Gran Telescopio Canarias, del Observatorio del Roque de los Muchachos (La Palma)­ ultima la puesta a punto para captar su primera luz

20/02/2007

Los segmentos del espejo con los que se captará la primera luz están ya montados. Las observaciones iniciales apuntarán a la Estrella Polar y servirán para hacer ajustes en el telescopio.

Después de seis años de construcción, y de cien millones de euros de inversión, la cúpula plateada del Gran Telescopio Canarias (GTC) se abrirá por fin una noche de mediados de primavera para apuntar a la Estrella Polar y dejar que los espejos del telescopio capten su primera luz.

Con un espejo primario de 85 metros cuadrados, equivalente a un apartamento de tres o cuatro habitaciones, el GTC desplazará a los Keck de Hawai como el mayor telescopio óptico del hemisferio norte —aunque los dos Keck juntos suman 150 metros y superan al GTC—, y el segundo del mundo después del SALT de Sudáfrica. Esta gran superficie para recoger luz de galaxias y estrellas lejanas permitirá distinguir astros muy tenues que se remontan a la infancia del Universo.

«Podremos estudiar la formación y evolución de las galaxias a lo largo de la historia del Universo, investigar por qué se formaban más estrellas en el Universo pasado que en el actual, u observar los anillos de materia a partir de los que nacen planetas alrededor de estrellas jóvenes», explica José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del GTC.

Los científicos e ingenieros que trabajan en la construcción del telescopio en el Observatorio del Roque de los Muchachos, a 2.400 metros de altitud en la isla de La Palma (Canarias), han instalado ya los primeros seis segmentos del espejo primario con los que está previsto iniciar las pruebas del telescopio a finales de abril o principios de mayo. Pero falta aún cerca de un año para que la instalación pueda funcionar a pleno rendimiento, advierten los responsables del proyecto.

«Lo primero que veremos será una imagen que parecerá de seis estrellas, porque los seis segmentos del telescopio no van a estar perfectamente alineados, y vamos a tener que ajustarlos para que esas seis imágenes de la misma estrella se unan en una sola», explica Pedro Álvarez, director de la empresa Grantecan, creada por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) para ejecutar el proyecto.

Después habrá que afinar el software de control del telescopio, que ya está escrito pero aún no se ha podido probar en acción, de modo que las imágenes de los distintos segmentos del espejo se mantengan juntas cuando se mueva el telescopio para seguir un astro a lo largo de la noche. Para julio está prevista una ceremonia oficial de primera luz con presencia del príncipe Felipe, aficionado a la astronomía desde niño. Los trabajos de montaje de los 36 segmentos del espejo principal, que formarán una red de hexágonos como un panal de abeja, continuarán hasta finales de verano. Y al llegar a septiembre, una vez completado el espejo primario y ajustado el software, está previsto instalar el primer instrumento científico del telescopio, llamado Osiris y desarrollado por el Instituto de Astrofísica de Canarias para buscar fenómenos cósmicos violentos, como agujeros negros y galaxias activas.

El segundo instrumento, llamado CanaryCam y desarrollado por la Universidad de Florida (EE.UU.) para detectar sistemas planetarios en formación, se instalará cuatro meses más tarde. Cada uno de estos dos instrumentos necesitará unos cuatro meses de puesta a punto antes de poder iniciar las observaciones científicas. De modo que Osiris estará listo para hacer ciencia alrededor de navidades, y CanaryCam, en la primavera de 2008.

El motivo por el que se ha seleccionado la Estrella Polar como el primer astro que observará el GTC no es su interés científico sino el hecho de que es la única que se encuentra en el mismo punto del cielo a lo largo de toda la noche, de modo que no hace falta mover el telescopio para seguirla. La puesta a punto del telescopio «va a ser menos complicada si apuntamos a la polar», explica José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del proyecto.

El GTC, que tendrá un presupuesto de funcionamiento de unos 7 millones de euros anuales, ha sido financiado en un 90% por España —mitad Estado, mitad Canarias—, en un 5% por la Universidad de Florida (EE.UU.), y en un 5% por México (a través de dos instituciones científicas). España tendrá derecho, por tanto, a un 90% del tiempo de observación, lo que representa «una gran oportunidad para potenciar aún más la comunidad astrofísica española, que ya aporta el 6% de la producción científica mundial», destaca Pedro Álvarez, director de Grantecan. Según Álvarez, el GTC no sólo facilitará que los astrofísicos españoles desarrollen sus propios programas de observación, sino también que se ejecuten colaboraciones fructíferas con equipos científicos de otros países interesados en utilizar el telescopio.

La Vanguardia.

[*Otros}– La revista «Fama» premia al Carnaval de Tenerife como el mejor del mundo.

19/10/2006

Miami (EE.UU.).- El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife (Canarias), el mejor del mundo según la revista estadounidense «Fama», supera al de Río de Janeiro «por sus motivaciones y porque no hay límite de edad».

Así lo dijo a Efe Ileana de Dios Muñiz, la presidenta de esta publicación mensual en español con más de un millón de lectores, antes de entregar hoy el premio al concejal de Fiestas del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Bruno Piqué, en un hotel de Miami Beach.

Piqué declaró su «satisfacción total» por este premio, que recibirá en una ceremonia que comenzará a las 23.30 GMT, y subrayó que es un «triunfo» que corresponde a «las miles y miles de personas implicadas» en el Carnaval tinerfeño. Es, además, un galardón que confirma que estas fiestas tinerfeñas son «un trampolín para numerosos artistas latinos», dijo Piqué en declaraciones a Efe.

Piqué recordó que en el Carnaval de 2005 el concierto del cantante mexicano Alejandro Fernández congregó a unas 100.000 personas. «Él (Fernández) estaba maravillado de la acogida», resaltó. La distinción, en palabras de la presidenta de la revista «Fama», supone un reconocimiento no sólo a la «espectacular» puesta en escena del Carnaval de Tenerife, sino a su «seguridad», «organización» y defensa de las «raíces culturales».

Con este premio, «queremos también reconocer el esfuerzo que el Carnaval de Tenerife lleva a cabo por preservar la tradición y el aspecto familiar, de pueblo» de esta fiesta isleña, afirmó Muñiz. «Por sus motivaciones y porque no hay límite de edad —pues en el Carnaval de Tenerife encuentras tanto personas de la tercera edad como niños— lo pongo por delante del que se festeja en Río de Janeiro », insistió.

Una opinión que corroboró Piqué al señalar que, a diferencia de otros carnavales «más multitudinarios», el que se celebra en Santa Cruz de Tenerife impacta por el «ambiente familiar (participan desde chiquitines hasta personas de la tercera edad) y la seguridad» con que se desarrollan las diferentes actividades festivas.

Miles de tinerfeños y de turistas se echan cada año a las calles de Santa Cruz de Tenerife para celebrar el Carnaval, que, entre cabalgatas, desfiles, multitudinarios bailes y diversión, ha convertido estas fiestas de Tenerife en unas de las más populares del mundo.

http://www.lavanguardia.es/

[*Otros}– Cuidado con Canarias

Por J. J. Armas Marcelo. Escritor

Ni en los momentos más hambrientos de su pequeña y sufrida historia han planteado las Islas Canarias problemas mayores a España y al Estado.

Al contrario. Basta leer “La fe nacional “, de Benito Pérez Galdós, para darnos cuenta del sentimiento español que, contra ciertas apariencias, siempre habitó la condición humana del insular Canario.

Aunque en muchas ocasiones sus justas reivindicaciones — desde el punto de vista histórico, mal manejadas, y peor gestionadas por sus clases dirigentes— fueron desoídas por los gobernantes del país, Canarias no fue nunca «un grave problema» para quienes, exagerando la nota colonial, enviaban desde Madrid a jugar el papel oficial de gobernadores civiles de las Islas a bedeles de los ministerios a los que se les agradecían las lealtades prestadas.

No sin exquisita sorna british, Domingo Pérez Minik pudo afirmar que «Los dos principales errores históricos de la historia de Canarias fueron no dejar entrar a Nelson, y dejar salir a Franco».

En la mitad de los años 50 del siglo XX, un insólito fenómeno sociológico, el turismo europeo, tomó cuerpo al sol y en las playas de las Islas Canarias, y el turbión de un cambio tan repentino se hizo notar en los modos y costumbres, pero, sobre todo, en la economía del Archipiélago.

Fue el nacimiento del milagro económico Canario, que pasaba de los menesteres de la agricultura sudorosa del plátano, el tomate y la cochinilla, a la riqueza repentina y sorprendente del turismo internacional.

No todo fue coser y cantar en un país, Canarias, cuya única epopeya escrita en su historia se reducía a la emigración masiva a América, especialmente a Cuba y a Venezuela.

Pioneros y fundadores fuimos los Canarios —aunque se desconozca o se ningunee flagrantemente— en El Paso,  San Antonio de Texas, y San Bernardo de Nueva Orleáns, en el norte; y en Ica y Montevideo, en el sur, por dar sólo un par de ejemplos.

Hay, además, una diferencia del emigrante Canario a América con respecto al resto de los emigrantes españoles: su voluntad de naturalizarse del lugar que lo recibía, sin olvido de su insularidad, pero sin reproducir fuera los vicios de origen, la temida indolencia, su gusto por lo rutinario, el conservadurismo letal y el constante desguace de las ilusiones.

No insisto en Cuba ni en Venezuela, donde es bien conocida la cantidad y la calidad de la emigración Canaria, que contribuyó sustancialmente a la construcción nacional de esos países, hasta el punto de que muchos Canarios nos describimos como «españoles raros» (repárese en que «raro» es adjetivo, y que «español» es sustantivo: lo sustancial), mitad venezolanos, mitad cubanos.

En este caso, sabemos lo que estamos diciendo: contaminados benéficamente, los Canarios somos de muchos lugares a la vez, de esos lugares a los que hemos ido y de los que hemos vuelto, una y otra vez, en nuestra pequeña historia. Como si fuéramos las Islas, lo que en todo caso también somos, en definición del mismo Pérez Minik: entrada y salida de viajeros.

Y aquí, en la entrada y salida de viajeros, está el verdadero problema de hoy.

Los tiempos, la entrada de España en la Comunidad Europea, y el reconocimiento de territorio ultraperiférico, han sacado a  Canarias, tan tildada de Islas Afortunadas en los escritos desde la Antigüedad clásica, de la pobreza secular —lo dicen sus índices económicos—, además de transformarla en receptora de la inmigración, cuando de toda la vida no era más que masiva «dadora de emigrantes» a América.

Desde luego, Canarias no es ni mucho menos aquella región frontera con inmensas posibilidades de todo género, incluso culturales, pero esencialmente económicas, que señaló el inolvidable Antonio Carballo Cotanda en sus insoslayables ensayos, porque el error del hombre Canario ha estado siempre en resolver sólo sus problemas inmediatos, sin plantear debidamente la resolución de esos problemas a medio y largo plazo.

Por eso sigue siendo un territorio imprevisible, frágil, fragmentado, y con tendencia suicida al «fragmentarismo» interior, atomizado en su mentalidad (una isla no es lo mismo que otra, por mucho que sea su espejo) e inseguro.

A pesar del autogobierno y la autonomía de los últimos veinticinco años de democracia, Canarias se delata además como una fórmula histórica que, en términos de identidad, sobrepasa la contradicción razonable: aunque mestizados hasta perder la memoria, somos blancos en la inmediata África negra; geográficamente somos africanos, pero políticamente somos Europa por españoles (o seríamos ingleses, si hubiéramos dejado entrar a Nelson), pero pensamos y actuamos con la indolencia americana del Caribe y Venezuela. Y nos dejamos llevar, más de la cuenta, por el carpe diem, porque creemos que mañana, y siempre, Dios (el sol del turismo) proveerá.

Pero se nos ha olvidado a los Canarios, y a España entera, un par de asuntos muy relevantes: que, en comparación con el mundo del que venimos, ya somos ricos; y que, en comparación con lo que nos viene como una avalancha humana sobre nosotros, somos riquísimos.

De ahí, de los múltiples «efectos llamada», de la televisión, de las sucesivas malas políticas de inmigración en origen y destino, de nuestro progreso y, sobre todo, de la ruina histórica de los países del Este y los latinoamericanos, y de la gran miseria de África, nos viene la inmigración actual. Me refiero a la inmigración ilegal y criminal, que es de la que estamos ahora hablando: la de los cayucos.

Del viernes 12 al 19 del presente mes de mayo de 2006, casi 2.500 inmigrantes ilegales ingresaron a las Islas Canarias, tras salir ilegalmente de sus países de origen, y navegar durante días las cientos de millas de un viaje las más de las veces trágico y mortal.

Quienes digan desde el gobierno español que esta avalancha de inmigrantes ilegales se produce por «la circunstancia especial» del buen clima y del excelente estado de la mar, como un plato de plata, y expedito como un camino sin riesgos, no saben bien lo que dicen. Y, si lo saben, mienten.

Como no se tomen urgentes medidas diplomáticas, económicas, políticas y culturales, con los países de origen; como el gobierno español no se apreste a ver que la gravedad del problema está empezando, y no terminando; como las autoridades de la Comunidad Económica no se den debida cuenta del drama cotidiano de la inmigración ilegal en las costas Canarias, y atajen con soluciones, tan urgentes como pertinentes, la invasión que no ha hecho más que comenzar y que, de otro modo, será imparable, ¡cuidado con Canarias!.

Ojo, pues, con Canarias. Ya es un gravísimo problema la superpoblación del Archipiélago, que no da abasto a cuanta gente —por ser rico, por ser percibido como rico aeropuerto europeo de entrada y salida de «viajeros»— llega a las Islas. ¿¡Cómo no va a ser un grave problema la avalancha de los cayucos de la inmigración ilegal!?

Literalmente, y sin exageraciones, no hay sitio, no hay lugar para más gente.

Ese grito está subiendo de tono en Canarias sin que nadie en España y en Europa repare en el problema que está en puertas.

Sólo estamos en los prolegómenos. ¡Ojo con Canarias! Aunque no lo parezca, aunque nadie lo perciba con claridad, puede estallar cuando menos se lo esperen.

Y los daños —no sólo económicos, sino de reconocimiento histórico de España— pueden ser irreparables. Hay tiempo todavía, pero cada vez menos para evitar el desastre que tiene, sin dudas, sus responsables Canarios, españoles y europeos.

Fuente: ABC