[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: José Anchieta

El venerable padre José Anchieta —conocido por algunos con el nombre de Juan, célebre y distinguido escritor, llamado el apóstol del Brasil, cuyas virtudes han sido declaradas en grado heroico— nació en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, de Tenerife, en el año de 1533, y falleció en Río de Janeiro, desempeñando su noble y elevada misión.

A la edad de 28 años partió para Brasil este nuestro paisano con otros religiosos de su orden, donde, después de largos y penosos trabajos fundó el primer colegio de una extensa y rica comarca brasileña para la enseñanza primaria de los indios, conversión y civilización de los mismos.

 

Fue nombrado algunos años después gobernador de los indígenas convertidos y, de acuerdo con ellos, fundó la hermosa ciudad de San Sebastián, metrópoli de la América portuguesa, hoy República, por consecuencia de haber sido destronado el emperador D. Pedro Segundo de Braganza.

Anchieta dejó escrito entre sus muchos trabajos literarios un poema latino que consta de 5.000 versos. Hizo además un papel muy importante en la política de aquellos tiempos.

El padre Pedro Parrado de León y Alarcón, también natural de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, persona de revelantes prendas por sus virtudes e ilustración, murió en Japón desempeñando su apostolado.

El padre Anchieta era considerado como hombre de alta ciencia, y era llamado El Apóstol del Brasil. Fue uno de los fundadores del convento sobre cuyos escombros se construyó más tarde el Castillo San Antonio.

El venerable y sabio hijo de las Canarias era tan altamente considerado, que la Botánica le ha concedido el honor de bautizar con su legítimo nombre una de las plantas de Brasil, llamándola Anchieta. El nombre científico de tal planta es violaricas.

[Col}> Mi abuela Lola / Estela Hernández Rodríguez

27-05-2009

DEDICO A “EL PASO” ESTA BREVE HISTORIA

Estela Hernández Rodríguez

La emigración ha dejado huellas en aquéllos que una vez emprendieron otra vida sin saber lo que les depararía el destino. Quizás la desesperación de encontrar un futuro mejor llevaba a muchos de los emigrantes a dejar lo que nunca olvidaron: su terruño, a pesar de haber encontrado en esta isla de Cuba un lugar que con amor les ofreció.

Muchos años han pasado por estas personas que relatan sus vidas convertidas en historias, y con ellos la añoranza de sus Islas.

Quizás si económicamente les hubiera ido bien la vida, sin miserias ni calamidades, nunca habrían abandonado las Islas Canarias; o si una guerra cruel no les hubiera impuesto sus leyes hasta llevarlos a un servicio militar de maltratos y de agonía.

No había otra solución, la emigración era la única que tenían a la mano, y muy pocos países les negaron asilo; Cuba se los concedió. Aquí llegaron y se asentaron. Hicieron sus vidas, formaron sus familias, siguieron sus costumbres y dieron lo mejor de sí en el trabajo.

El campo fue uno de los mayores testigos, en las hojas verdes del tabaco y la tierra fértil que los ayudó en esa tarea. Allí también se oyeron sus cantos convertidos en poesías. Con ellos sembraron la semilla de la décima que, traída desde sus Islas, la legaron hasta nuestros días.

Para los emigrantes Canarios hablar de su historia es como volver a revivir el momento. Para ellos es una necesidad y, sobre todo, lo es hacer saber con ello que quieren a su terruño, y que no porque lo abandonaron dejan de ser isleños.

Por ello es tan significativo escribir sobre esas Islas, que éstas no se queden por dentro de sus corazones para que todos sepan cómo le fue la vida y cuánto se sufre cuando uno deja su tierra querida.

Contar esos momentos es entrar en el pensamiento añejo de las mentes de cada uno de estos isleños y de sus descendientes, no importa de qué islas sean. Es como si hubieran dormido por largos años, pero despiertos, de ahí que podrían catalogarse estas historias como Sueños de Emigrantes, título de mi libro aún no editado. De éste, les cuento estas breves vivencias de El Paso, donde nacieron mis abuelos.

La autora, Estela Hernández Rodríguez (La Habana, Cuba)

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MI ABUELA LOLA

Los isleños legaron a sus descendientes sus costumbres, las que han trasladado de generación en generación.

Es así cómo aprendí de mi abuela esas tradiciones y pude conocer algunas de sus anécdotas, pues ella, aunque añoraba su tierra, siempre se mantenía callada: Sólo sus expresiones, sus cantos, denunciaban algún pensamiento hacia su nativa isla.

De cómo era mi abuela canaria

Mi abuela era una abuela como todas las que son buenas y quieren a sus nietos. Una posible diferencia de las demás es que ella era oriunda de las Islas Canarias y, concretamente, de El Paso.

Sus padres, fueron Don Laureano Arocha, del pueblo de Tías (Lanzarote), y Doña Basilisa Alonso Rodríguez, de El Paso. Podría haber otras mujeres del mismo lugar pero no posiblemente que respondan al nombre de Dolores Arocha Alonso (Lola), como así se apodaba, y que llegaran a Cuba en el año 1910 en el vapor “California”.

Sobre esa travesía nos contó mi abuela un día, a mi hermana y a mí, sentadas las tres en aquel parque del pueblo donde vivíamos en la provincia de La Habana. Salíamos de la iglesia, como todos los domingos en que religiosamente asistíamos a la santa misa, y no sé por qué salieron a relucir esas Islas, y así comenzó mi abuela su narración.

Contaba que durante el viaje tenía los malestares e inconvenientes de ese momento para un emigrante, y más en aquellos tiempos en que no existían las tecnologías en lo que a transporte marítimo se refiere.

En aquel entonces abuela Lola contaba con 16 años y en ese instante, con ojos pensativos y de añoranza, nos dijo que aquel día sintió que la embargaba una tristeza muy grande, pues había dejado su patria, Canarias, por las circunstancias económicas en que se encontraba su familia, la cual constaba de sus padres y tres hermanas, María, Efigenia y Áurea. No teníamos otra alternativa —decía— y por eso buscamos otros horizontes.

Cuba fue uno de los países que abrió sus puertas a los emigrantes Canarios, razón por la que existo y por la que ella pudo contar algunas de sus vivencias de allá y de ésta, su segunda patria.

Contaba abuela Lola que,

—Yo venía en el barco muy pensativa y con muchos deseos de llorar, aunque con la esperanza de encontrar un camino mejor, lo cual daba un poco de alivio a mi pesar. De pronto quise dejar de lado los pensamientos y las conversaciones de familia y amigos que demostraban tanto la añoranza como los deseos de tocar la tierra cubana para iniciar una nueva vida que pudiera traer un poco más de alegría a nuestros corazones.

Pues fíjate lo que trae la vida. La mar estaba tranquila y el sol irradiaba sus rayos con alegría, como para contagiarnos y tranquilizarnos; a pesar de todo era un día muy bonito. Subí yo por una de las escalerillas del barco, hasta a la proa, y entonces fue cuando comencé a gritar de miedo porque vi a un hombre, negro como el azabache, vestido con una bata blanca, tan blanca como su pelo y su barba.

Cual sería mi sorpresa que casi me desmayo del susto. Pensé que pudiera haber sido una visión, pero no, era un hombre de carne y hueso que venía del África y fue precisamente allí donde, por primera vez, vi a un hombre africano. Cosas que tiene la vida.

Abuela contaba, y para mí su relato no pasaba de ser curioso. Pero cuando crecí y conocí un poco más de Geografía pensaba en él y me preguntaba entonces por qué si las Canarias están tan cerca de África, cómo era que mi abuela no sabía de las características de los africanos ni del color de su piel.

—Para mí, ése fue el momento más difícil que pasé durante el viaje a Cuba—, dijo abuela Lola.

Tanto va el cántaro a la fuente

Pues sí, abuela siguió contando y la conversación la llevó a la ciudad de El Paso, donde nació. Allí —decía— no todo era malo a pesar de las vicisitudes existentes y de la escasez. Había un lugar muy bonito que los habitantes de esa región tenían por necesidad que visitar a menudo: La Fuente del Pino. Era la zona que de forma natural les suministraba agua, el preciado líquido que salía de sus manantiales limpio y transparente.

—Allí nos reuníamos los muchachos, los que además de rellenar los porrones y cántaros, jugábamos y hacíamos la rueda con cantos y bailes. Un día, de pronto comenzó a llover y uno de los muchachos, huyéndole al agua y a las gotas que golpeaban ligeramente su cara y cuerpo, tropezó con ella y le rompió el recipiente. Sebastián, que así se llamaba el muchacho, se puso rojo como un tomate y no sabía cuántas disculpas iba a pedir por haber cometido tal acción.

Luego me contó abuela que días después ella y Sebastián volvieron a encontrarse en el mismo lugar, y en ese momento abuela tuvo que correr mucho, esta vez no por la lluvia sino por unos chicos que le cortaron el paso tirándole piedras, y sobre ello reiteró:

—Imagínense ustedes qué iba a hacer yo, no podía hacer nada. Pero en ese momento apareció, como ángel de la guarda, Sebastián, y gracias a él pude evadir el mal comportamiento de aquellos pilluelos.

Quién iba a decir que luego, al transcurrir de los años, aquel niño llamado Sebastián Rodríguez Sicilia, también de El Paso, se encontraría con mi abuela Lola en Cuba y los dos se casarían y tendrían una hija llamada Graciela, que fue mi madre.

[Col}– Las 13 Islas Canarias

En nombre de mi tierra, muchas gracias a Charo, mi ciber-amiga, por haberse tomado el tiempo y permitido la dedicación necesarios para armar este bello PPS en homenaje a Canarias en su día.

Como detalle para mí digno de encomio, incluyó no sólo las más conocidas siete islas sino también las muy pequeñas, y los islotes del archipiélago Chinijo, poco conocido.

Además, ha colocado en su blog esta creación suya. A su blog puede llegarse clicando en el nombre Charo Bodega que aparece más abajo.

¡GRACIAS, CHARO!

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Tiene sonido.

Para bajar/ver el archivo, clicar AQUÍ

Cortesía de Charo Bodega

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Antonio López de Gomara

Siguiendo el orden cronológico que nos hemos trazado, vamos a dar principio a esta serie de biografías de Canarios, que han sido hombres de Ciencias, literatos y periodistas, con el nombre de un compatriota ilustradísimo de quien, por un olvido sumamente originalísimo sin duda, no se han ocupado nuestros historiadores más que para citar sus obras, cuando en apoyo de sus apreciaciones lo han considerado oportuno.

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La generalidad de los hijos de nuestras Atlántidas, aún aquéllos que se consideren más eruditos y versados en la historia general de nuestro Archipiélago, han ignorado que el sabio a que nos referimos fuera hijo de las Canarias; y creemos, por lo mismo, que esta causa y no otra sea lo que ha motivado que Viera, particularmente, no lo haya colocado entre los Canarios más distinguidos de su época.

Es éste, pues, Francisco López de la Gomara, conocido por Gomara, primer historiador de las Américas, nació en la villa de San Sebastián de La Gomera el año de 1510, de una de las familias mas distinguidas.

Enrique de Vedia, uno de los recopiladores de la Biblioteca de Autores Españoles, no sólo duda de que nuestro dignísimo compatriota Gomara estuviese con Cortes en México, sino que, desuncido y sin esperar en mientes, coloca su nacimiento en Sevilla, tierra de María Santísima, añadiendo que sólo relata lo que le ha sido dable inquirir sobre tan distinguido escritor, pero que le extraña que Ortiz de Zúñiga, en los anales de Sevilla, no haga mención de un compatriota tan distinguido, al enumerar los escritores que ha producido hasta 1598 la noble y muy ilustrada ciudad de Sevilla. Y claro es, habiendo tenido la dicha de nacer Gomara en San Sebastián de La Gomera, mal podía Zúñiga, ni ningún otro historiador sesudo, colocar el nacimiento de Gomara en Sevilla, salvo que falseara la historia. Démosle at César lo que es del César.

Viendo sus padres las naturales disposiciones que nuestro Gomara manifestaba desde su más tierna edad, lo enviaron a Sevilla para que siguiera la carrera de las armas, pero nuestro joven compatriota se inclinaba por la carrera eclesiástica, a cuya vocación sus nobles padres no pudieron menos que ceder, enviándole a estudiar a la Universidad de Alcalá, donde recibió el grado de doctor en Letras y Humanidades. Allí ocupó muchos años la cátedra de Retórica, distinguiéndose notablemente de los demás colegas tanto por sus luces como por su elocuencia.

Era nuestro López de Gomara, según el Diccionario Histórico de Hombres Célebres, muy versado en la Historia Universal, antigua y moderna, y muy especialmente en la de su país. Así es que, deseando nuestro paisano dar una relación completa del descubrimiento y conquista de las Indias, pasó a México, donde permaneció cuatro años, y a su regreso a la Península Ibérica publicó la primera, segunda y tercera entregas de la Historia General de las Indias, conquista de México y Nueva España.

Hasta entonces no se habían leído en Europa sino relaciones muy incompletas del descubrimiento de América y, por consiguiente, la historia del ilustradísimo hijo de las Canarias no podía dejar de causar gran sensación; por eso su obra fue traducida, sin pérdida de tiempo, al italiano y al latín por Cravaliz y Lucio Mauro, y al francés por Martin Fumee.

El estilo de nuestro Gomara, sostiene un autor distinguidísimo, es puro, elegante y lleno de atractivo, y hay pocos escritores españoles que le hayan aventajado en el talento de interesarse por una expresión siempre clara, enérgica y constante. Publicó además en Madrid el insigne hijo de las Afortunadas La Descripción y traza de todas las Indias, Historia de Horrue y Haradin Babarroja, Reyes de Argel, y Anales del Emperador Carlos V.

La obra de Gomara se publicó por primera vez en 1552 en Zaragoza; repitiose en 1553, en Medina del Campo; en 1554 se hizo otra edición en Zaragoza; en Amberes la imprimieron el mismo año Martin Nucio y Juan Steelsio. En Venecia, en 1560-1565, Agustín Gravaliz. Lucio Mauro en Roma, en 1556. En Francia en 1578, 84, 87, 97 y 1605.

Esta multitud de ediciones en la lengua nativa y principales de Europa, dice Enrique de Vedia, es un testimonio irrecusable del mérito de Gomara y del interés con que el mundo civilizado miraba las empresas de los españoles en América.

Sin embargo, no fue todo flores para el eminente hijo de las Canarias. La ingratitud y la envidia parece que eran el distintivo de aquellos tiempos. Y en medio de las satisfacciones que naturalmente causara a nuestro Gomara el éxito brillante de sus trabajos literarios, tuvo el disgusto de que lo que a todo el mundo extranjero agradara no agradase al Gobierno de Madrid; y se sabe que, por una cédula del príncipe D. Felipe, expedida en Valladolid el 17 de noviembre de 1553, se mandó coger y Ilevar al consejo cuantos ejemplares se hallasen de su obra, imponiendo la pena de doscientos mil maravedíes de multa a quien en adelante la imprimiese y vendiese, multándose al año siguiente a once libreros de Sevilla.

De los numerosísimos trabajos de nuestro compatriota Gomara, por fortuna sólo pudo salvarse de aquel riguroso naufragio el que lleva por titulo De Cortes y sus cartas, donde redacta con gran extensión y acierto los sucesos de la vida de Hernán Cortés en la conquista de México, que por si solo es bastante para asegurar a su autor un puesto altamente distinguido entre los escritores más eminentes de la lengua castellana y que con mas éxito han ilustrado la historia patria.

Nuestro Gomara falleció en Madrid el año de 1560, dejando bien puesto, entre los hombres ilustrados de su época, el nombre de las Canarias.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Pedro Bravo de Laguna

El general de brigada de quien nos vamos a ocupar nació en la isla de Las Palmas, hijo de una familia ilustre y bien acomodada de la ciudad de Las Palmas.

Por Real Orden de 18 de septiembre de 1850 fue nombrado sub-teniente de las Milicias de Canarias, ingresando en el ejército, mediante examen, por Real Orden de 30 de septiembre de 1853.

En 1854 tomó parte en los sucesos desarrollados en Barcelona con motivo de la huelga de los obreros, y más tarde en los que tuvieron lugar en Madrid los días 17, 18 y 19 de junio de dicho año, valiéndole su comportamiento el grado de teniente.

Figuró en 1855 en el cuerpo expedicionario que marcho a sofocar la sublevación carlista del Alto Aragón, y en 1856, en la columna 9 operó en el sitio y bloqueo de Zaragoza.

El 27 de enero de 1857 ascendió a teniente por antigüedad. El 25 de octubre de 1861 se le concedió el empleo de capitán con destino al Batallón San Marcial, expedicionario a Santo Domingo. Sus principales hechos de armas los encontramos en esta campaña.

Al frente de dos compañía marchó en febrero de 1863 a Puerto Plata, consiguiendo abortar la conspiración fraguada por los jefes y oficiales de las Reservas contra la anexión de la Isla a España. Como legítima recompensa a sus méritos y servicios, el gobernador del distrito le confió el mando absoluto de la fuerza de la guarnición y, poco tiempo después, el grado de comandante.

Sublevada de nuevo la Isla en julio del citado año se le ordenó marchase con sus fuerzas a guarnecer las Flechas de Colón, el Castillo de los Cacaos y la ciudad de Samaná.

En 16 v 28 de octubre y 18 de noviembre derrotó y puso en precipitada fuga a los revolucionarios en los campos de Samaná, y el 2 del último mes referido les batió de nuevo en las faldas de los Montes de los Cacaos apoderándose de armamentos, caballos y provisiones, y destruyendo el campamento de los adversarios.

A las órdenes del comandante Calleja resistió los ataques que tuvieron lugar los días 10, 16, 24 y 31 de diciembre, contribuyendo al desastre del enemigo en el último ataque por medio de un movimiento envolvente practicado con su columna, cayendo en su poder multitud de prisioneros con sus familias, víveres v pertrechos. Por esta acción obtuvo la Cruz Roja del mérito Militar de primera clase.

En febrero de 1864, a solicitud propia, se le trasladó a Seibo y Hato, donde se hallaba concentrado el núcleo de los revolucionarios.

Los batió en San Antonio de Guerra en las noches del 16 y 26 de marzo en que intentaron sorprender y apoderarse del pueblo, y en la llanuras de San José el 30 de abril, a pesar de la gran diferencia de fuerzas, haciéndoles muchos muertos, heridos y prisioneros. Por este hecho se le otorgó, sobre el campo de batalla y por orden general dada al ejército, el empleo de comandante.

Tomó parte además en otros importantes encuentros hasta que una grave enfermedad contraída en la campaña, le obligó marchar a Puerto Rico.

Por gracia especial obtuvo el grado de teniente coronel en septiembre de 1868, y el de coronel en junio de 1871. Y por antigüedad el empleo de teniente coronel en agosto de 1874, y el de coronel en enero de 1881.

En 1892 ascendió a general de brigada pasando a la reserva por el delicado estado de su salud.

Desde muy joven ingresó Bravo de Laguna en la política, compartiendo con ésta sus deberes militares. Su gestión fue fructífera para el distrito oriental del Archipiélago mientras lo representó en Cortes y aún después de que sus achaques le llevaron al retraimiento.

Reconociendo en Fernando de León v Castillo una esperanza para la patria, hizo abstracción completa del brillante porvenir que veía dibujado en lontananza, y gustoso prestó su concurso para avudarle en el triunfo de su política liberal.

Como senador por la provincia consiguió en 1877 que se incluyeran en el plan general de carreteras las siguientes: de Las Palmas a San Bartolomé de Tirajana; de Arucas a Azuage; de Tuineje a Puerto de Cabras, y de este pueblo a La Oliva.

En 1878 recabó del gobierno ciento sesenta mil pesetas para las obras del séptimo trozo de la carretera de Agaete y primero de la de Arrecife a Haria; y la aprobación del noveno de la primera en dichas vías.

En 1879 gestionó con feliz resultado el remate del cuarto trozo de la de Agüimes, importando unas 200.000 pesetas y se aprobó el estudio del sexto de la de Guía.

En 1882 sostuvo en el Congreso la necesidad de variar el trazado del cable telegráfico de Cádiz, mediante cuya reforma disfrutarían las Islas Canarias de igual beneficio, según su criterio, y economizaba el Estado 91.000 pesos.

En el indicado año pronunció otro discurso en el Congreso pidiendo protección para las islas de Lanzarote y Fuerteventura, que atravesaban una terrible crisis económica, logrando que el gobierno concediese 10.000 pesetas como auxilio.

Colaboró con el señor León y Castillo en la aprobación de los trozos séptimo y octavo de la carretera de Guía; en la compra por el Estado del tabaco de estas Islas; en la cesión por éste de 60.000 pesetas para las obras del Puerto de Las Palmas, y en la concesión del Lazareto de Gando.

Contribuyó eficazmente a la construcción del Lazareto del Puerto de la Luz, edificio del gobierno militar de la plaza, teatro «Tirso de Molina» y otras obras de pública utilidad, cediendo unas veces el terreno, otras, piedras y cal, y frecuentemente entregando importantes cantidades en metálico. Últimamente dio atribuciones a las Hermanas de la Caridad para recoger en la Isleta el material necesario para el asilo en el Puerto de la Luz.

En las postrimerías de su vida consumó el sacrificio de ir a Madrid como diputado por Guía, recogiendo en este periodo de tiempo nuevos triunfos y relevantes pruebas de su patriotismo y de su ardiente celo.

Las recientes concesiones recibidas por el distrito de Las Palmas son el último legado hecho a su patria por el hijo esclarecido.

El general Bravo de Laguna fue,

• Director de la «Económica de Amigos del País» de Las Palmas,

• Presidente del «Gabinete Literario»,

• Socio de mérito de ambos centros

• Presidente de la Sociedad de Náufragos.

• Senador del Reino en 1876, y reelegido en 1879.

• Diputado a Cortes por Las Palmas en 1870, 1881 y 1896.

Estaba en posesi6n de las siguientes cruces:

• Mérito militar Roja de segunda clase y primera clase.

• Comendador de las de Carlos III e Isabel la Católica.

• Cruz y Placa de San Hermenegildo.

• Cruz de la Legación de Honor.

Mucho más pudiéramos decir, pero se haría demasiado larga la nomenclatura histórica de los canarios que se han distinguido en las armas y que, a la vez que han sido descubridores y conquistadores, han sido también pobladores y hombres de gobierno.

Pero, no concluiremos nuestro relato en esta parte de la historia de Los Canarios en América, sin hacer mención de los generales Borges, en Ia República del Uruguay; Pulido y Quevedo, en Venezuela; Pedro Zea, Berriz, Denis, Madan y otros muchos que se han distinguido en Cuba, Santo Domingo y México, en las últimas desavenencias que contra estos países hermanos se sustuvieron por consecuencia de una política fatal, extraviada y altamente desastrosa.

A propósito hemos dejado para este momento el hablar de nuestro distinguidísimo paisano el teniente general D. Luis de Cubas y Fernández, que ocupara en Madrid el alto cargo de consejero en el Tribunal Supremo de Guerra y Marina; y su hermano D. Sebastián, el presidente de la Excma. Audiencia de La Habana.

Cerramos con broche de oro esta serie de biografía, y abrimos la siguiente con la de uno de los hijos mas notables que en la Edad Media han producido las Afortunadas.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Domingo de León y Falcón

El brigadier don Domingo de León y Falcón, tío del hombre Estado Fernando de León y Castillo, después de haberse distinguido en Filipinas como pundonoroso militar, pasó a la isla de Cuba a presentar sus servicios.

Fue teniente gobernador de Matanzas y San Cristóbal, comandante general de Cienfuegos y Pinar del Rio, y Magistrado del Tribunal de Cuentas de La Habana, cuyos importantísimos cargos desempeñó con honradez e inteligencia.

Nació en la ciudad de Las Palmas y falleció en la de La Habana en noviembre de 1888.

[*Otros}– Léxico canario

Hoy les quisiera explicar
cuál es el significado
de esas palabras tan raras
que usan nuestros ancianos.

Un BELILLO es una piedra
y una persona muy bruta.
Si se lo dice un canario
más vale que no discuta.

La pena se llama MAGUA,
Borracho es estar JALADO,
GOLIFIÓN es un curioso
y enyugado, está ENGAJADO.

Si vemos algo torcido,
solemos decir CAMBADO,
y si no nos gusta así
decimos que está EMPENADO.

Autobús decimos GUAGUA,
chichón aquí es un TOTUFO.
La BAIFA es una cabrita,
y tozudo es TORRONTUDO.

A la gente “echá pa´lante”
se le dice PALANQUÍN,
y al que es un poco tonto
lo llamamos TORTOLÍN.

PORRETA es al higo seco
lo que abubilla al TABOBO.
El FRANGOLLO es un postre
y al chiquero llaman GORO.

Si hace frío, hace PELETE,
si hace VIRUJE también.
Y aquí a una salamanquesa
la llamamos PERENQUÉN.

Libélula es FOLELÉ
y CHUCHANGA un caracol.
CHÁCARAS son castañuelas
y tunante, BALANDRÓN.

CHISCADO es que tiene miedo,
jorobado aquí es PETUDO,
si es bobo dile TOLETE,
y FONIL es un embudo.

Si escucha TOLMO o TONIQUE
están hablando de piedras,
y si oye hablar de GOFIO
escucha PELOTA y PELLA.

Si el vino se echa a perder
se dice que está VIRADO,
y si se mezcla con otro
oirá que está MESTURADO.

Un FISCO es poquita cosa,
y la barca una CHALANA,
Altramuz lo llaman CHOCHO
y al puñetazo TROMPADA.

TURRE es que salgas pitando,
chapucero un CHAFALMEJA,
EN EL INTRE es al momento,
y BASINILLA, escupidera.

El GUACHINCHE es una tasca,
y se llama PUNCHA al clavo,
a la canica BOLICHE,
y VARISCAZO es dar un palo.

Yo les ruego que perdonen
si esto ha sido un poco largo,
pero es triste que se pierda
nuestro léxico canario.

***
Cortesía de Roberto Rodríguez González.
Ignoro quién es el autor.