[Col}> Ernesto Lecuona, hijo / Estela Hernández Rodríguez

17-10-2011

Ernesto Lecuona, hijo, intérprete y compositor de fama universal.

En un modesto hogar de Guanabacoa, La Habana, nació el 6 de agosto de 1895 un niño de doce libras de peso. Era un pequeño que, al pasar de los años, se convertiría en un genio de la música. Su nombre: Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona y Casado.

Cuentan que este calificativo de genio tuvo que ver con la predicción de una negra, pobre y desamparada, de su natal Guanabacoa. El «¡Dios te bendiga, genio!» dicho por esa mujer delante de la cuna del niño Ernesto se convirtió con los años en una gran verdad, según cuenta el intelectual Orlando Martínez, uno de los biógrafos de Ernesto Lecuona, quien fuera además su amigo.

Ernesto Lecuona fue el iniciador de la auténtica visión de los valores afrocubanos en nuestra cultura, y nadie imaginó el alcance que tuvo tal predicción hasta que se convirtió en una realidad, pues Ernesto Lecuona compuso 406 canciones y 176 obras para piano, entre otras.

Ernesto Lecuona, así conocido por su nombre artístico, era hijo del periodista Ernesto Lecuona y Ramos, nacido en 1854 en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias), quien se radicó en Cuba.

Luego de la muerte de Ernesto Lecuona padre, la familia trató de ofrecer a Ernesto Lecuona hijo la mejor instrucción posible, y éste comenzó a estudiar piano bajo la tutela de su hermana Ernestina, la que, simultáneamente, le enseñaba música, hasta que el niño Ernesto pasó a estudiar con otros profesores para llevar adelante sus conocimientos en esta especialidad, que sería su  brillante porvenir.

A pesar de que la familia no estaba mal económicamente existían razones para que él se buscase un futuro prometedor, pues había quedado huérfano de padre a temprana edad, y su madre estaba delicada de salud.

Así, Ernesto comenzó a trabajar en el cine Fedora, lo que despertó su afición por este nuevo arte, y en 1907, con sólo 12 años de edad, dirigía al grupo musical de ese cine, y en los intermedios hacían instrumentales.

Su primer recital lo dio a los 5 años, y a los 13 realizó su primera composición, la marcha two step titulada «Cuba y América» para banda de concierto. De ahí que le llamaran niño prodigio.

Estudió en el Peyrellade Conservatoire, y a los 16 años se graduó en el Conservatorio Nacional de La Habana con medalla de oro en interpretación.

Su vida se desarrollaba de forma ascendente hasta que, conociendo ya bien su trabajo, creó la primera orquesta latina que hubo en los Estados Unidos, la llamada Lecuona Cuban Boys.

En ese entonces, por su obra para piano fue considerado como el músico cubano más destacado, y se le comparó con los grandes de esa manifestación artística, como Manuel de Falla y Maurice Ravel.

También incursionó en el teatro lírico cubano, y con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats formó la trilogía más importante de compositores, en especial del género de la zarzuela, en el que cabe destacar «Damisela Encantadora» y, entre sus canciones, «La Comparsa», «Malagueña», la «Rapsodia Negra», para piano y orquesta, además de su «Suite Española».

Una de sus obras, “Siempre en mi corazón”, fue nominada para el Oscar, premio que ese año ganó White Christmas.

Su música recorrió el mundo, y con ella dieron conciertos muchas personalidades. La interpretó el tenor Canario Alfredo Kraus, y, con una selección de piezas de Ernesto Lecuona, Plácido Domingo grabó un álbum al que tituló “Siempre en mi corazón”.

A su favor tuvo Ernesto Lecuona la crítica, que siempre hablaba bien de su persona.

Su música fue también llevada al cine en catorce oportunidades. Su zarzuela “María La O” se presentó en la pantalla del celuloide mexicano.

En la televisión, produjo en CMQ, y para la cantante Esther Borja, el programa “Álbum de Cuba», que se transmitió durante muchos años.

También en Cuba, la CMBF —emisora con una programación cultural informativa especializada en la difusión de música clásica, ballet, cine, teatro, artes plásticas, literatura y espacios de análisis sobre música y cultura general— tuvo el programa “Cómo recuerdas a Ernesto Lecuona”, programa, dedicado a este gran músico, en el cual destacadas personalidades hablaban de él y hacían un vivo retrato de su vida y éxitos.

Ernesto Lecuona expresó con talento e inspiración su cubanía, una identificación que dejó huellas en lo más profundo de su pueblo.

Su obra genial no puede quedar en el olvido. Está siempre vigente como un excelente legado, inclusive más allá de su muerte ocurrida a las 11:30 de la noche del viernes 29 de noviembre de 1963, en Santa Cruz de Tenerife, lugar donde había nacido, y donde también murió, su progenitor, Ernesto Lecuona y Ramos.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba)

[*Otros}– Diálogo entre Baldomero y Eulogia, una pareja de campesinos de Tazacorte (La Palma)

—¿De ande vienes tan alberejao, Baldo?

—Vengo del Puerto, Ulogia, y hablando ahí con uno ¡me dio una idea del carajo!

—¡Babaaan! Cuando tú me vienes con una idea mejor me echo corré por la serventía p’alantre

—Que no, Ulogia, que estuve hablando con mi compadre «el enturriao» y me dijo que por qué no
acotejamos el pajero y alquilamos los cuartos a gente de pa’fuera.

—Baldo, ¿¡tú tas loco!? ¿Y ande nos quedamos a dormir nosostros?

—Ulogia, nos quedamos en el cuarto chico que está detrás del pajero.

—Baldo, el cuarto chico está too lleno ‘e trafallos y tarecos, ¡¡buena chuscáa!!

—Eso s’acoteja y verás cómo nos cabe el catre y la mesa noche, Ulogia.

—¿Y la perra??

La perra se quea por fuera.

—¡¡Y una mierdaaa!!

—Yo le aquello una caseta tapaa con badana, y un dornajo por fuera y tú verás lo bien que está la perra, Ulogia.

—Pos no, ¡¡pa’too está!!

—Ulogia, que esto es el futuro, el turismo rurá que le dicen, y eso senefica unos tintines más pa’ nosotros.

—Pos yo no lo veo claro, Baldo, ¡eso de meté gente ajena en el pajero!

—Ulogia,… Y si m’apuras acotejo la cueva de los cochinos, como hizo El Vikingo en el Time, y la alquilo también.

—Baldo, tú, desde que te diste el samagaso en los plátanos regando al calabazo, ¡¡no andas bien del totiso!!

—Pos yo estoy embelecaito con la idea, Ulogia.

—¡Mía tú pa’rai! ¡Quién te vería a ti de empresario! Y mira que dejaste las lonas encima del muro de la cochinera y se te abicaron pa’dentro.

—¡Indito sía Dió! ¡Ay, que me las juran los cochinos, y son las que tengo pa’ dir a trabajar!

—No te aquelles, Manolo, que los cochinos se botaron pa’fuera del fatume que tenían las confiscaas lonas.

Cortesía de Roberto González Rodríguez

NotaCMP.- Por un módico precio mandaré por e-mail la traducción a quien me la pida.

 

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Antonio López de Botas

El Excmo. e Iltmo. Dr. Antonio López Botas, de quien nos vamos a ocupar en este capítulo, nació en la ciudad de Las Palmas el 17 de diciembre de 1818.

Cursó sus estudios literarios este eminente hijo de las Afortunadas en la Universidad de San Cristóbal de La Laguna, con notable aprovechamiento, distinguiéndose siempre entre sus numerosos condiscípulos en todos los cursos universitarios hasta obtener en buena lid la investidura de doctor periodista y escritor público de gran talla.

Desempeñó siempre los más importantísimos cargos en todas las carreras de la Administración Civil y Política. Fue diputado a cortes en varias legislaciones; senador del reino, diputado, tesorero, y cinco veces decano del Ilustre Colegio de Abogados de Las Palmas. Juez de primera instancia y promotor fiscal del mismo Juzgado; 1854, magistrado de la Audiencia del territorio; 1856-1866, vocal de la Junta de Disciplina y Establecimientos penales; alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento; 1861-1868 diputado y consejero provincial;

1852-1858; presidente de la Junta Provincial de Sanidad; vocal de La Beneficencia; jefe civil y gobernador económico del distrito de Las Palmas y ministro honorario de la Junta de Establecimientos Penales de Suiza.

Falleció este benemérito Canario en la ciudad de La Habana, donde había sido nombrado para el desempeño de la Fiscalía del Tribunal de Cuentas.

Como méritos y servicios particulares tuvo López Botas los de individuo de la Junta Inspectora del Crédito Territorial Español; presidente de la Exposición provincial de Canarias, en 1862; socio de la de Bellas Artes de Las Palmas, y de la Aragonesa; individuo de la Sociedad de Escritores y Artistas Españoles; fundador y vice-presidente del Gabinete Artístico-Literario de Las Palmas; y otros varios cargos.

Estaba condecorado con un diploma de distinción; era caballero de la Real y distinguida orden de Carlos III, tenía la Cruz de Beneficencia de primera clase, y era caballero Gran Cruz de la orden de Isabel la Católica.

Pero demos la palabra al Eco de Canarias de La Habana, que, en el momento de tener noticia del fallecimiento del gran patriota, se expresó en estos términos elocuentísimos:

«López Botas no fue sólo un distinguido abogado, un notable tribuno, o un eminente literato; López Botas, traspasando los limites de la honrosa carrera, llevó más allá sus nobles aspiraciones, que realizó con resultados felices, para gloria suya y provecho del suelo que le vio nacer.

Hombre de sentimientos nobles, elevados, de gran iniciativa, dotado de un civismo poco común, de un alma ardiente, espíritu recto y emprendedor y filántropo por temperamento, consagró la mejor parte de su vida en beneficio de su pueblo natal, y en beneficio también de cuantos a él acudieron en solicitud de su inagotable filantropía.

López Botas pertenece al número de esos héroes que forman época en la vida de los pueblos. López Botas fue a la ciudad de Las Palmas lo que el inolvidable José María Pinto fue a la ciudad de La Laguna, en Tenerife. Estos mártires de la humanidad, estos esclavos del deber, colocando una infranqueable barrera a las preocupaciones monomaniacas de los tiempos que les precedieron, abrieron ancho campo al progreso en sus distintas manifestaciones, y fijaron en nuestra provincia el punto de partida de la nueva etapa que nos ha elevado al nivel de los pueblos mis civilizados del globo. El señor López Botas fue fundador, rector y director del colegio de primera y segunda enseñanza de San Agustín, en la ciudad de Las Palmas, creado en 1844, y del cual fue constante catedrático de filosofía moral, derecho público y derecho constitucional, gramática castellana, religión y moral, geografía, psicología y lógica; el señor López Botas, repetimos, obtuvo con la fundación de ese plantel modelo los más halagüeños resultados que pudo apetecer.

De aquel famoso establecimiento logró sacar hombres tan respetables como León y Castillo, Pérez Galdós, Alvarado y Saz, Gutiérrez Brito, y otros muchos que hoy brillan en el campo de las Letras, que deben a López Botas la exquisita educación que los ha elevado a la envidiable altura en que se encuentran.

Pues bien: este hombre, cuyos inmensos beneficios hechos a la humanidad lo elevaron a la más alta consideración social; el héroe incógnito de la Revolución de Septiembre, el más consecuente amigo del duque de la Torre, el educador incansable de esa moderna pléyade de Canarios ilustres; este distinguido filántropo, cuya inmensa fortuna de mejores tiempos se dedicó con suma preferencia a engrandecer a su pueblo y a enjugar lágrimas y ahora suspiros de miles de necesitados; este ilustre pensador y eminente jurisconsulto… ¡ha muerto pobre, sumamente pobre!».

La noticia del fallecimiento del eminente hijo de las Afortunadas fue comunicada al distinguido periodista Manuel Linares, quien inmediatamente se dirigió al Dr. Cubas, presidente de la Sociedad de Beneficencia, dándole conocimiento del desgraciado suceso, acordando lo conducente a inhumar con la dignidad debida el cadáver del que fue don Antonio López Botas.

En efecto, el Dr. Cubas, con una actividad y una solicitud que lo enaltecen, hizo que los restos del ilustre Canario fuesen conducidos a la casa que ocupaba nuestra Sociedad de Beneficencia, en donde se levantó un magnifico catafalco, y de cuyo punto, seguido de un numeroso y distinguido acompañamiento, entre los que figuran representaciones civiles y militares, y a la vez comisiones de distintas sociedades benéficas, fue conducido el cadáver al Cementerio de Colón y depositado, en magnifica caja, en la bóveda que en aquel recinto mortuorio posee el ya mencionado Dr. Cubas y en donde se hallaban depositados los restos de otro hijo eminentísimo de las Canarias, Ldo. León y Mora.

[*Otros}– La erupción de El Hierro y el mito de la isla de San Borondón

11/10/2011

Muchos Canarios deben pensar estos días, a raíz de la actividad sísmica que está padeciendo en particular la isla de El Hierro, que San Borondón está haciendo acto de presencia.

San Borondón es una de las leyendas más arraigadas en el pueblo Canario, y particularmente en el herreño. Una leyenda que habla de una isla que aparece y desaparece.

Mapa que muestra la ubicación de la isla de San Borondón

San Borondón es la forma Canaria de Saint Brendan o Saint Brandan de Clonfert (480-576 d.C.), un monje irlandés protagonista de una de las leyendas más famosas de la cultura celta: el viaje de San Brendano, o Brandano, a la Tierra Prometida de los Bienaventurados, las islas de la Felicidad y la Fortuna.

Cuenta la leyenda que Saint Brendan partió a surcar el Atlántico junto con otros 14 monjes en una frágil embarcación. Parece que Brendan y compañía se toparon, un buen día, con una isla en la que decidieron desembarcar. Ésta, según narra la historia, estaba llena de árboles y otros tipos de vegetación.

Los monjes, a su llegada, decidieron celebrar misa tras tomar tierra, y parece ser que fue en ese preciso instante cuando el suelo empezó a temblar. La isla, que parecía tener vida propia, comenzó a moverse.

La leyenda relata que, en lugar de un islote, Brendan y compañía se encontraban encima del lomo de una gigantesca criatura marina.

Muchos se basan en esta leyenda para afirmar que en la Alta Edad Media marinos irlandeses debieron alcanzar, posiblemente, las costas de Norteamérica o de Terranova, así como de Islandia y otras islas del Atlántico Norte.

A partir del siglo XV, a lo largo del cual las Islas Canarias son conquistadas, comienzan a oírse los relatos de una octava isla, que a veces se divisaba al oeste de La Palma, El Hierro y La Gomera. Cuando los navegantes intentaban aproximarse a ella, y se encontraban cerca de sus costas, la isla era envuelta por la bruma y desaparecía completamente.

Evidentemente, la isla fue rápidamente identificada con la mítica isla-ballena de San Brendan, cuyo nombre se convirtió, en Canarias, en «San Borondón».

Los historiadores la mencionan desde el siglo XVI. Existen numerosos testigos a lo largo de la historia que aseguran haberla visto.

El historiador Abreu Galindo fue un paso más allá y se aventuró a dar sus coordenadas: diez grados y diez minutos de longitud, y veintinueve grados y treinta minutos de latitud. Es decir, al noroeste de la isla de El Hierro.

Quién sabe si San Borondón ha decidido estos días, a raíz de la actividad sísmica que vive últimamente el archipiélago Canario, asomar la cabeza para quedarse definitivamente.

[*Otros}– El Hierro registra el inicio de una erupción submarina cerca de la costa

10/10/2011

El director general de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias, Juan Manuel Santana, ha informado hoy de que se han detectado gases a 600 metros de profundidad bajo el mar y a unos 7 kilómetros de la zona de La Restinga, en la isla Canaria de El Hierro.

En rueda de prensa, Juan Manuel Santana indicó que los indicios apuntan a que se producirá una erupción, que sería submarina y no causaría peligro para los ciudadanos.

 

Esta misma mañana la isla de El Hierro ha registrado un terremoto de magnitud 2,9 y cuyo epicentro se ha producido en la zona de la carretera de la Restinga, en el municipio de Frontera, según datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

El seísmo, que se alargó durante 5 segundos, se produjo a las 09.58 horas de esta mañana, a una profundidad de 15 kilómetros.

Poco antes el alcalde de Frontera, David Cabrera, confirmaba en una entrevista a Radio Garoé de El Hierro, que se está produciendo una «preerupción submarina» en el sur de la isla, desde hace «tres o cuatro horas».

Así se lo han comunicado los científicos del Instituto Geológico Nacional a las autoridades de El Hierro en la reunión del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (Pevolca) que acaba de finalizar en El Cabildo de El Hierro, según informa ACN Press.

Fuentes del equipo del CSIC en la isla habían informado con anterioridad de que los últimos datos recogidos por las estaciones del Instituto Geológico Nacional en la isla sugerían la existencia de una erupción submarina en marcha a unos 2.000 metros de profundidad, en el mar de Las Calmas.

El Hierro se encuentra en alerta amarilla por riesgo volcánico desde hace semanas. Desde mediados de julio se han registrado alrededor de 9.600 movimientos sísmicos provocados por la actividad del magma en subsuelo de la isla, el más fuerte de ellos en la noche del pasado sábado, que alcanzó una magnitud de 4,3 grados en la escala de Richter.

La radio autonómica de Canarias ha informado de que los servicios de emergencia ya han dado instrucciones a todos los clubes de submarinismo de El Hierro para que suspendan cualquier inmersión en sus costas, que están entre las más apreciadas por los aficionados a este deporte debido la riqueza biológica de sus fondos.

Salvamento Marítimo recomienda, por su parte, no navegar en aguas de El Hierro, informa Europa Press. La recomendación se extiende en las cuatro millas a partir del punto 27º, 34,2N, 0,18º 00 Oeste, según han detallado las fuentes.

Esta erupción es la primera de la que se tiene constancia en España desde 1971, cuando emergió el volcán Teneguía en la isla de La Palma, también en Canarias. Esa erupción fue, a juicio del coordinador del Instituto Volcánico de Canarias (Involcan), Nemesio Pérez, un proceso parecido al que tiene lugar ahora en El Hierro, destaca Efe.

Tranquilidad entre los vecinos

Los vecinos de La Restinga, en El Hierro, permanecen tranquilos y realizando las labores habituales de cualquier día laboral, a pesar de que desde las 10:30 horas de este lunes ha aumentado «de manera importante» la presencia de efectivos de Protección Civil, Guardia Civil y Policía Local por las calles de la localidad. Además, dos helicópteros están sobrevolando la zona costera desde hace varias horas.

Así lo ha relatado a ACN Press la responsable del botiquín farmacéutico de La Restinga, quien también confirmó que desde media mañana se ordenó a los barcos que habían salido a faenar que volvieran a puerto, al igual que a los submarinistas que ya habían salido a hacer sus inmersiones.

«Salieron a buscarlos a todos. Parece ser que está teniendo lugar una erupción en el mar, pero te lo digo por los comentarios de los vecinos, aquí no ha venido nadie a decirnos nada», señala la farmacéutica.

Por ahora, los herreños permanecen tranquilos «no podemos hacer otra cosa sino esperar a ver qué ocurre». Lo que también tranquiliza a los vecinos es la ausencia de movimientos sísmicos. «En toda la mañana no hemos notado nada», confirma la farmacéutica.

23 desplazados por los seísmos

Con epicentros tanto al norte como al sur de la dorsal noroeste, y con profundidades de entre 10 a 15 kilómetros, los sismos en El Hierro no han provocado daños personales, pero sí desprendimientos en carreteras, el cierre del túnel que conecta la Frontera con Valverde, 53 desplazados y, sobre todo, un gran revuelo informativo.

El foco de los seísmos se localiza ahora en el Mar de las Calmas, al sur de la isla, lo que ha permitido que 36 de los 59 desplazados hayan regresado a sus casas en los barrios de Los Corchos, Luchón y la calle La Carrera, todas ellas en La Frontera.

Sin embargo, hay 23 personas que continúan durmiendo fuera de sus hogares —la mayoría de ellos están instalados en casa de familiares—, situadas en zonas de riesgo en Pie del Risco, Guinea y Las Puntas.

Como medida preventiva se suspendieron las clases en todos los colegios de la isla durante 24 horas por riesgo de que los desprendimientos de piedras afectaran al transporte escolar, y se ha trasladado a la isla la Unidad Militar de Emergencia (UME).

La crisis sísmica que se vive en El Hierro recuerda a la que se produjo en la isla entre el 27 de marzo y julio de 1793, cuando hubo bastantes terremotos y las autoridades pensaron que podría tratarse de un volcán, por lo que se tomaron medidas por si se evacuaba a la población en barco.

Fuente: ABC

[*Otros}– Ntra. Sra. del Rosario. Arte, devoción e historia en Sta. Cruz de La Palma / José G. Rodríguez Escudero

02-10-2011

Nuestra Señora del Rosario. Arte, devoción e historia en Santa Cruz de La Palma

José Guillermo Rodríguez Escudero

El fabuloso templo se erigió sobre la antigua iglesia del Convento dominico de San Miguel de Las Victorias, un cenobio que fue convertido en un verdadero panteón de conquistadores y descubridores del Nuevo Mundo.

Se levantó en los aledaños de la primitiva ermita fundada en 1530 por Fray Domingo de Mendoza, evangelizador del Nuevo Mundo, y dedicada por el Adelantado Fernández de Lugo al Patrón de la Isla.

Este suntuoso recinto cuenta con espléndidos retablos barrocos. El más antiguo es el de la capilla de la Virgen del Rosario, “muy aumentada en el aseo y riqueza de retablo, lámpara y otras alhajas”. Fue realizado en 1660 por Andrés del Rosario y su hijo, Lorenzo de Campos.

Por este magnífico trabajo recibieron 5.000 reales, “pagados con las limosnas de dinero, pan, vino azúcar que prometieron los hermanos de la cofradía”.

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Para la elaboración del bello retablo se utilizaron 40 tozas de viñátigo y, como nos recuerda Pérez Morera, “cortadas en 1658 en los montes de Breña Baja”. El mismo profesor nos confirma: “su traza, claramente manierista, parece derivar de la portada del tratado de arquitectura de Andrea Palladio”.

En las cuentas que corresponden al 8 de agosto de 1666 se hace mención de adquirir oro para llevar a cabo el completo dorado del bello retablo de la Virgen. En 1675 hay constancia de su terminación y la Hermandad paga “por sentar 18 libros de oro marca mayor 900 reales, y por 109 libros marca menor, 2.725 reales, finalizándose así la obra…” Fernández García nos informa de que “la Esclavitud recibe del Hermano Don Pablo Lorenzo Monteverde, 20 libros de oro y 15 reales para el retablo”. Indica, así mismo, que había sido obtenido en una alcancía que había llevado a América

El ático tiene un cuadro de Dios Padre colocado en 1664-1666. Es posible apreciar la influencia, tanto en líneas como en decoración, de la cercana portada principal de la Parroquia Matriz de El Salvador (1585).

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Prueba del antiguo fervor que el pueblo de La Palma dispensó a esta advocación del Rosario fue lo acontecido en noviembre de 1585, cuando el pirata Francis Drake intentó saquear la Isla.

La imagen antigua había sido escondida por los frailes dominicos por temor a que sufriese daño alguno, al igual que otros numerosos objetos importantes que se tenían en la ciudad.

Consta en documento de 19 de diciembre de 1586, fechado en Madrid, cómo se había encomendado la grave situación a la Virgen del Rosario, “en cuyo nombre fueron disparadas las primeras piezas de artillería a la nave capitana del inglés”. Vencido el enemigo, se procedió solemnemente a llevar a la iglesia a la venerada efigie

El capitán Pérez Pintado tuvo desde su niñez una especial devoción por la imagen de la Virgen del Rosario y su cofradía.

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Ese fervor lo motivó a hacer a su costa “un trono que se compone de cuatro gradas y su basa en que se ponen las andas todo de madera todo dorado y plateado”, del cual hizo gracia y donación a dicha imagen bajo varias condiciones; la primera era que sólo debía de armarse en las fiestas de la Naval, el primer domingo de octubre, aunque también, por ser el día de Año Nuevo una de las solemnidades del convento, podría facilitarse a la comunidad previo pago a la cofradía del Rosario de la cantidad de 50 reales de limosna. Y la segunda, en las ocasiones que visitara la iglesia la milagrosa imagen de la Virgen de Las Nieves, excelsa Patrona de La Palma, en su Procesión General cada lustro (Archivo de Protocolos Notariales. Pedro de Mendoza Alvarado, 1694).

La planta de la iglesia se completó, a finales del siglo XVI, con la adición de la citada capilla de El Rosario, que es la segunda colateral de la Epístola. A su fábrica mandó Esperanza Fernández de Aguiar dos doblas en 1594.

En ella, el pueblo iba “mucho mas en la devoción a rezar el rosario, cuyo santo ejercicio ha permitido la misericordia de Dios que se haya restituido con tanto fervor que es el milagro de milagros…”.

Esta capilla sufrió varios arreglos en su pavimento, poniéndose de mosaicos y levantando el mismo, supliéndose de esta forma el de ladrillos rojos enmarcados con madera. En aquella época –desde 1906 a 1928- regentaban la iglesia los Padres Paúles.

El mármol empezó a ser colocado durante la reforma de 1955. Los gastos serían sufragados por la Hermandad aunque también hubo aportación de particulares, no acabándose esta obra hasta 1962.

Numerosas aportaciones de devotos fueron llegando al templo de diversas formas. Era común fundar capellanías de misas rezadas por las almas de los fallecidos cuyas fundaciones quedaban registradas ante notarios.

Uno de tantos ejemplos fue la disposición testamentaria de Miguel Pérez, quien, en el convento de Santo Domingo había instituido “dos misas cantadas con sus vísperas y procesión alrededor del claustro, una en honor del Santísimo Sacramento y otra a Nuestra Señora del Rosario, en su festividad o en su octava”.

También el doctor Pedro García Escudero de Segura, presbítero y Protonotario Apostólico de Su Santidad, instituyó sesenta misas: treinta de réquiem y otras treinta dedicada a la Virgen en sus festividades (A.P.N., 1687).

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El Camarín de la Virgen fue construido entre 1697-1698 bajo la dirección del maestro Domingo Álvarez, “a quien los regidores del cabildo llamaron a sala en 1697 para que dispusiese por fuera la cañería que conducía el agua al puerto”.

Su costo total ascendió a 7.323 reales, sufragados en su mayor parte por las dádivas de los feligreses y vecinos en general. Esta acción de engrandecimiento transformó la iglesia y el convento en la más completa muestra del barroco de todo el Archipiélago.

En uno de los laterales de la capilla mariana se encuentra el exvoto pictórico marinero más antiguo de España, fechado en 1621 y cuyas medidas son 49 x 67,5 cms.

La imagen de la Virgen del Rosario aparece plasmada con el Niño Jesús al costado izquierdo, si bien la talla a la que imita no es la que preside la capilla.

En la escena del naufragio, aparece el barco que mandaba “Musiu Roso” que tuvo lugar el 21 de septiembre de 1621, entre las Islas de Martinica y las Bermudas.

Hubo otro en este templo, actualmente colgado en la iglesia parroquial de Teguise (Lanzarote); el segundo en antigüedad (1639) y otros cinco (1704, 1722, 1757, 1768 y 1867) aún cuelgan en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. En la ermita del Santo Cristo de El Planto existen también otros cuatro: 1715, 1722, 1751 y 1757.

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Otros cuadros exvotos se hallaban en esta capilla hasta principios de siglo pasado, perpetuando con ello las gracias y favores que la Virgen había concedido a los devotos. Fernández García nos recuerda uno de ellos, pintado en lienzo, en el que se representaba el milagro obrado en el pequeño Antonio Vicente, con graves imperfecciones físicas desde su nacimiento que lo impedían andar.

Su madre, desconsolada, había solicitado su ingreso en la Cofradía del Santísimo Rosario “y haciéndole rezar un tercio diariamente: a los ocho días se logró la mejoría por mandato sobrenatural de la Virgen, según refirió el menor, quien dijo que había visto una ‘cosa más linda que el cielo, la cara más blanca que la Luna vestida de blanco…” El milagroso suceso ocurría en enero de 1730.

Como curiosidad, digamos que en esta capilla está enterrado el ilustre hijo de La Palma, el abogado garafiano Anselmo Pérez de Brito (1728-1772).

Gracias a la mediación de este paladín de libertades, adelantado de su época, se logró que el Consejo de Castilla, por resolución de 3 de diciembre de 1771, aboliera el gobierno de los regidores perpetuos.

Esto derivó en que Santa Cruz de La Palma fuera la adelantada de la democracia, pues tuvo el primer Ayuntamiento de la España moderna elegido por voto popular.

La imagen de Nuestra Señora del Rosario había recibido hasta entonces la veneración popular en el altar de la capilla de La Soledad, costeada por Gonzalo de Carmona —mercader y almojarife de La Palma— y su sobrino, el licenciado Diego de Santa Cruz. Es la primera colateral del Evangelio, donde consta se hallaba en 1589.

Uno de los más fervientes devotos de la Virgen fue el prior del monasterio, muerto en loor de santidad en 1716, Fray Francisco de Lima y Roxas, quien también contribuyó al majestuoso acabado del templo con su exquisito gusto.

Así mismo sucedía con Fray Andrés Perera, fallecido en 1708, dejando entre sus bienes 100 libros de oro, 50 de plata y 400 pesos escudos, a fin de finalizar el dorado de los altares del sagrado recinto.

Recordemos que, a principios del siglo XVIII, el templo de San Miguel de Las Victorias se convertía en uno de los más suntuosos de las islas, con cátedras de filosofía, teología, brillando también en las artes y las letras.

En los últimos tiempos ha cobrado mucho interés las andas de baldaquino —las más antiguas de Canarias— que pertenecen a la Virgen del Rosario, ejecutadas en el último trienio el siglo XVII.

Se trata de una bella pieza en la que encontramos, quizá, el precedente en el que Pedro Merín se basó para su tabernáculo de Santo Domingo de La Laguna.

La importancia de esta obra ha sido expuesta por la profesora Constanza Negrín, quien restituye uno a uno a todos los artesanos que tuvieron que ver en la misma. En 1633 se había construido un trono de madera, ejecutado por el afamado Antonio de Orbarán, que sustituía otro anterior.

Lo que suscita mayor interés, aparte de su elegantísima factura y de su posterior importancia para la plata Canaria, es que, a los autores a los que tradicionalmente se había atribuido, Silvestre y Diego Viñoli —orotavenses afincados en Santa Cruz de La Palma—, hay que unir al platero Diego Agustín de la Torre Betancur, que realiza la peana, los brazos y las estrellas del cielo.

Este autor, del que no se conoce más obra documentada, podría ser, así mismo, la mano hacedora de piezas similares, tanto en La Palma como en otras Islas, dando así al descubrimiento de la mencionada profesora el interés de haber abierto un nuevo foco de investigación.

La cabeza y las manos de la actual y preciosa imagen de candelero fueron talladas en 1832 en madera policromada por el prestigioso y afamado imaginero orotavense Fernando Estévez del Sacramento (1788-1854). El maestro —“que había llegado a la plenitud de su arte”— atendía así el encargo del mayordomo de la “Hermandad del Rosario” Francisco de Amarante y el resto de la comunidad de Padres Predicadores.

El artista había recibido por su trabajo 80 pesos. El cuerpo o candelero había sido confeccionado en esta ciudad “recibiendo el oficial de carpintería y su ayudante, 2 pesos, 7 reales 5 cuartos”.

Los dominicos habían establecido ya en 1530 la devoción por la advocación del Rosario, aunque es en el siglo XVII donde se funda la mencionada Hermandad.

A ella pertenecieron ricas y notables familias que aportaron grandes donativos y prestigio a fin de favorecer el culto y la suntuosidad necesarios para que la devoción a la Virgen se arraigara aún más entre la población.

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Tras una época de decadencia tras la suspensión temporal de conventos en 1821 —aunque la definitiva vendría en 1835—, se volvió a reorganizar en 1858 gracias a la devoción que un grupo de vecinos de esta ciudad tenía a la Virgen.

Tras otra época de crisis, desde 1910 hasta 1923, la Confraternidad vuelve a organizarse, acordándose por unanimidad enviar la petición a S. M. Alfonso XIII para que fuese Hermano Mayor honorario, atendiendo a la gracia que su abuela había otorgado.

Fuentes Pérez publica que fueron 80 pesos los que se “dieron al escultor por hechura de la cabeza y manos como consta de su recibo”. Así se desprende de la factura número 13 anotada en el Libro de la Cofradía del Rosario, sección «descargos».

Un gasto adicional de 14 reales tuvo que hacerse para la “hechura de un cajón de madera” que sirviera para transportar a la imagen desde La Orotava hasta el Puerto de la Cruz. Allí se embarcó rumbo a la capital palmera el 6 de septiembre de 1833.

La bella imagen —de estilo clasicista, de 1,62 mts. de altura— sustituyó a otra antigua de la misma advocación que se venera actualmente en la capilla del lado del Evangelio en la Parroquia de San Blas de Villa de Mazo.

En los documentos de la Hermandad del Rosario de este templo macense, hay constancia de estar ya trasladada la antigua imagen el 2 de agosto de 1853. Fernández García nos decía que “no hemos podido hallar el nombre del artista que la esculpió ni fecha en que fue tallada, ya que esto debiera estar consignado en el libro primero de la Hermandad, el que desde antiguo no existe”.

Una vez entronizada la nueva imagen en el extinto convento dominico de San Miguel de Las Victorias y, siguiendo el relato de Fuentes Pérez, “un oficial de carpinteros y un mozo de oficio prepararon el maniquí de madera con lienzo y engrudo para formar el cuerpo de la imagen y asegurar la cabeza y manos”.

Unos diecisiete años después de su llegada, algún incidente o inconveniente surgió para que el Beneficiado Manuel Díaz, en unos apuntes sobre el estado de los templos de La Palma de 1850 y en poder del archivo de El Salvador, proponía que se llevara a cabo la ejecución de una nueva talla de escultura, similar a la “Virgen del Carmen”, también de Estévez, venerada en aquel templo matriz.

En el informe, el Cura Díaz opinaba que, teniendo la imagen de la Virgen “ricos vestidos, prendas y alhajas de algún valor: que repetidos y tristes hechos tienen acreditado que nada hay sagrado para codiciosos e infames ladrones; y que por lo mismo convendría que se venda todo y se haga una imagen de talla aprovechando para esto el rostro y manos que actualmente tiene y construyó pocos años hace el inteligente artista D. Fernando Estevez: aplicando lo demás a lo que mejor convenga para la decencia y ornato de la Capilla altar y retablo en que se venera…”

Este intento no fructificó. Por ello la “Virgen del Rosario” recibió nuevos y valiosos mantos, joyas y vestiduras. El Niño Jesús, que pertenecía a la anterior imagen, fue enviado a Estévez para que el maestro lo reformase.

Fernández García nos aclara que, la reforma fue tan grande “que el artista hizo puesto que al contemplarlo hoy podemos admirar una obra más por él realizada. Posteriormente la Hermandad determina esculpir nuevo niño en tamaño mayor con objeto de que guardara mejores proporciones con la Virgen”.

Ya Estévez había fallecido cuando se decidió a tallar al Infante, por lo que el encargo recayó en el palmero Aurelio Carmona (1821-1901), el escultor más sobresaliente de todos los que florecieron en La Palma en la segunda mitad del siglo XIX , “quién realizó una copia del que sostiene la Virgen del Carmen…” de El Salvador.

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Fuentes detalla que “el rostro de María, sobre un cuello de cisne, se muestra severamente frío, muy académico, carente del toque angelical tan propio del escultor orotavense. El modelado es correcto, partiendo de ejemplos clásicos”.

La preciosa efigie se halla rodeada por una enorme aureola de plata, un sol elíptico de ráfagas muy prietas. Va revestida con amplios ropajes y gran manto y un valioso rostrillo. Lleva lujosas prendas, dádivas de devotos agradecidos por su intersección ante conflictos personales.

Era costumbre donar alhajas a la Virgen, y así se dejaba constancia en los testamentos. Uno de los primeros donativos en joyas del que se tiene referencia, lo hace el vecino Pantaleón Pintor en 1643, y consistió en una cruz de perlas.

Otro ejemplo fue el de Leonor González, muerta el 18 de enero de 1656, quien mandó que se diera “una gargantilla de oro compuesta por veinticuatro cuentas grandes y seis pequeñas”. (A.P.N., 1656).

Luis de Consuegra, sin descendencia, había dejado en una cláusula testamentaria a “Nuestra Señora del Rosario del Convento de Santo Domingo una corona de rosario engarzada en oro de frutilla” (A.P.N., 1678).

Y así una larga lista de donaciones.

En 1717 se menciona por primera vez la magnífica corona de plata repujada y sobredorada, atribuida al orfebre Silvestre Viñoli (según Fernández García). En el inventario que hace el padre prior don Pedro Massieu y Sotomayor, Caballero de la Orden de Santiago, el 20 de noviembre de 1798, hay constancia de un importante número de joyas.

Entre el catálogo sobresale un valioso rostrillo que estaba formado por 113 perlas y 53 esmeraldas, todo engastado en oro. Se enumera, además, numerosos broches, collaretes, anillos, cruces, rosarios…

La primera noticia que se tiene del cargo de Camarera de la Virgen la ofrece el libro de la Hermandad, en fecha 2 de febrero de 1721, cuando el Padre Predicador General fray Mateo Camacho hace “entrega a María Camacho, como Camarera de la imagen, de una sortija con nueve esmeraldas que le había donado un devoto”.

Este cargo había sido encomendado a varias damas que pertenecían a la Confraternidad, siendo una de las últimas doña Carmen Kábana y Valcárcel, que también hizo a la imagen una valiosa donación en joyas.

Si bien la onomástica de la Virgen se celebra cada 7 de octubre, la fiesta más suntuosa se le dedicaba el primer domingo de octubre.

En la antigüedad la celebración más importante consistía en una solemne función, tras la cual se tenía la procesión de la imagen por el interior del templo y el claustro del monasterio. En 1638 el obispo autoriza a que la procesión saliera en torno al cenobio de las catalinas en cuyo itinerario tenían lugar las comedias, a cargo del Hermano Mayor o Mayordomo de la Esclavitud de la Virgen. En 1644 dejaron de hacerse por la dificultad que suponía su puesta en escena.

Desde muy antiguo también se ha venido celebrando, hasta algunas décadas, otra fiesta muy importante que se hacía en torno de la imagen del Rosario: la novena “de la rosa”.

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El hermano Andrés del Rosario dejaba constancia en las cuentas de 1672 de los 50 reales que se dieron por diez libras de cera destinadas a los cirios y velas destinadas a iluminar el trono de la Virgen en el primer domingo de mayo, “fiesta de la Rosa”.

La Hermandad trasladó la celebración para el último domingo de ese mes puesto que había coincidencia con las fiestas de la Cruz, Patrona de la Ciudad.

Se ignora la fecha exacta de la fundación de la Cofradía del Santo Rosario, encargada de hacer la “Fiesta de la Naval” con procesión por las calles y su octava; “salve y letanía todos los primeros domingos de mes, por la tarde, y los entierros de sus congregantes con un aniversario general por los mismos”.

En 1729, por ejemplo, en testamento de Cristobalina Márquez, se desprende que “…acuerdo de la Hermandad y con la carga y obligación que lo ha de tener perpetuamente dicho cajon de encender y enramar uno de los dias de la infraoctava de la festividad de Nuestra Señora del Rosario que dicen de Naval en la forma que hoy se acostumbra hacer en los demas días…”

Sus nuevas constituciones fueron aprobadas por Real Orden de 4 de abril de 1862, “en las cuales se hace protesta de que, al reorganizarse bajo nuevas reglas, se hace con la antigüedad del año de 1530”.

Su Majestad la Reina doña Isabel II, en Real Orden de 11 de septiembre de 1862, se dignó aceptar el cargo de Hermana y Camarera Honoraria que le fue propuesto por esta Real Hermandad del Santísimo Rosario.

La solicitud de la Hermandad había sido dirigida a Antonio María Claret, Arzobispo de Cuba y Confesor de Su Majestad, nombrado Santo tras su canonización el 7 de mayo de 1950. Desde la aceptación de la Reina y tras recibir la Real Cédula, la Hermandad pasó a llamarse “Real y Venerable Hermandad del Santísimo Rosario”.

El día 5 de octubre de 1729 comenzó a hacerse en esta ciudad la procesión de la Virgen hasta la Cruz del Tercero, en la Plaza de la Alameda; se originaron varios pleitos porque “los frailes se excedieron de su territorio, saliendo del círculo acostumbrado”.

El Provisor y Gobernador del Obispado, Luis Manrique de Lara mandó que los frailes eligiesen las calles y que, elegidas, quedasen demarcadas para siempre. Así, los religiosos señalaron “las que se han venido siguiendo, que son las mismas de cualquier procesión general”.

El 4 de noviembre de 1709 la Hermandad de la Virgen acordó hacer la fiesta de octava de Naval a la que se obligaba a participar en los actos de la mañana y de la tarde. Luego, Pedro Massieu Monteverde, Oidor de la Real Audiencia de Sevilla, llegó a hacerse cargo voluntariamente de esta festividad desde 1713.

Las Fiestas en honor a la Virgen, llamadas de “Naval”, llegaron a ser unas de las más alegres, espectaculares y multitudinarias de cuantas se celebraban en la Isla, después de las de la Bajada de la Virgen. Se llamaron así en conmemoración del triunfo conseguido en el Golfo de Lepanto “contra el enemigo, por el poder taumatúrgico del Santo Rosario que, en rogativas, se rezaba en Roma”.

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En la capital palmera hay constancia ya de la celebración de la “Fiesta de Naval” desde 1635. Como nos recuerda Fernández García, “especificándose así en las constituciones que se conservan las que fueron aprobadas por el Vicario General fray Diego de Flores y firmadas por fray Juan de Rebolledo y fray Pedro de Vandale”.

Un hijo de La Palma, Francisco Díaz Pimienta, precisamente, había tomado parte activa en la célebre Batalla de Lepanto, luchando encarnizadamente junto a don Juan de Austria.

La plaza de Santo Domingo, por dichas fiestas, se iluminaba con hachos de tea y montoncitos de serrín y brea que se repartían por toda ella y se le colocaban unos palos con brazos de hierro en forma de “ese” asemejando un gigantesco candelabro, rematados por farolillos con velas.

Pero luego llegó la luz eléctrica. Ocurría en diciembre de 1893. Éste es otro dato curioso que nos da una idea de la importancia que tuvieron estos festejos. “El Electrón”, fundada en la capital palmera para el suministro de luz eléctrica a la población, debía encender el alumbrado público: “en dos de los tres días de Carnaval, Domingo de Piñata, Nochebuena, Vísperas de las Fiestas de La Naval y San Francisco… incluso los festejos que se celebraran cada cinco años con motivo de la Bajada de la Virgen…”.

Recordemos que Santa Cruz de La Palma fue la pionera en Canarias en tener, entre tantos otros avances, luz eléctrica. Fue la sexta ciudad del mundo en poseerla: Paris, 1879; Nueva York, 1882; Londres, 1886; Barcelona, 1888 (iluminación de la Exposición Universal); Madrid, 1891; Santa Cruz de La Palma, 1893.

Con ello, las fiestas se vieron mejoradas en todos los aspectos. Eran realmente espectaculares. Como también lo eran los “paseos de gala”, en los que las damas estrenaban y lucían los complicados atuendos a la última moda. La plaza de Santo Domingo se convertía en el centro neurálgico de las reuniones de la capital palmera. Ésta lucía los más vistosos adornos.

Con motivo de una epidemia de viruela en el vecino Barrio de San Telmo, las fiestas fueron suspendidas en 1897. Tan sólo se celebró el programa de actos religiosos.

Con la apertura de la plaza a la calle de San Telmo (finales del siglo XIX y principios del XX) se dio inicio al plantado de los laureles y la plaza cobró aún más belleza. La autorización para las obras la dio el arcipreste Benigno Mascareño.

Lamentablemente, en nuestros días fueron cortados y tan sólo quedan un par de ejemplares. Un triste fin para unos magníficos árboles y una espléndida plaza. No queda ya el menor vestigio de su esplendor. Una histórica plaza convertida en una explanada.

Por esa época, la imagen mariana comienza a hacer su salida por el mencionado Barrio de San Telmo en la víspera de su onomástica, iniciándose gracias a la generosidad de Miguel Lorenzo González, una vez éste regresó de Venezuela.

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También el Barrio de San Sebastián quiso que la procesión pasara por sus calles en la misma víspera, asunto que ocasionó algún que otro disgusto a los de San Telmo. La Hermandad decidió que en 1902 la Virgen ascendiera por primera vez las engalanadas calles del Barrio de “La Canela”, como popularmente se empezó a conocer a partir de entonces al de San Sebastián.

Las calles parecían un bosque de faya por la frondosidad de las ramas cortadas para adornarla. En la fuente de El Dornajo, al final de la pendiente, se colocó un pabellón diseñado por el artista madrileño Ubaldo Bordanova bajo el cual se situó el trono para que la imagen recibiera el canto de loas y fuegos de artificio.

Una vez la procesión llegaba a la abarrotada plaza, la Virgen era colocada detrás de un gigantesco arco formado por piezas de pirotecnia, dando la sensación de que la Virgen estaba nimbada de fuegos de artificio.

Luego se iniciaban los acordes del aria “Rosario de María de misterioso emblema…” cuya letra se debe al poeta palmero Domingo Carmona Pérez, y cuya música es obra de Victoriano Rodas (1827-1916).

Más tarde, el músico Manuel Henríquez Arozena (1888-1920) compuso la loa que se ha venido cantando en los últimos años. También Domingo Santos Rodríguez en 1927 dedicó a la Virgen otra partitura, junto con su letra.

Fernández García nos describía —con profusión de detalles en la prensa local de 1963— cómo la plaza de Santo Domingo se convertía en una especie de “gran salón” en el que llegó a interpretarse para estas fiestas en 1940, un Carro de la Bajada de la Virgen titulado “Reina de La Paz”. Esto nos da una idea de su importancia.

Como hemos visto, la Virgen desfilaba procesionalmente por las empedradas y empinadas calles de los barrios colindantes a la iglesia en los días 6 y 7 de octubre de todos los años.

En estas últimas ediciones tan sólo lo ha hecho el día de su onomástica. Todo un espectáculo artístico que se ha desarrollado entre la devoción ancestral de un pueblo que, ambiguamente, no olvida sus tradiciones pero, lamentablemente, sí las deja morir.

Aquellas “Fiestas de Naval” competían en espectacularidad con las de San Francisco de Asís, también de la capital palmera. Esta “pugna” generó muchas anécdotas curiosas a lo largo de los años.

Los Hermanos del Rosario enviaron un ramo de flores a los Hermanos de la Venerable O. T. de San Francisco en la víspera la onomástica de este santo. “La Orden Tercera entendió prontamente la suave ironía que encerraba, pero las flores fueron colocadas en la iglesia. al terminar la fiesta, al día siguiente de la octava, estando ya completamente secos los ramos, fueron devueltos a la Real Hermandad con una emotiva cuarteta compuesta por el Capitán Comandante graduado Don José Fernández Felipe (825-1883) que había heredado esta afición de su padre, el poeta Don José Fernández Herrera. Decía así: Imitemos la humildad/ que el seráfico siguió/ que en su santa caridad/ de lo que dieron, dio.”

Eran tiempos de loas, cuadros plásticos, banderas, mantones, altares efímeros, comparsas de “gigantes y cabezudos”, reuniones vecinales para limpiar las calles y embellecerlas con gallardetes y damascos, etc., en un tiempo donde el pueblo orgulloso y diferente se unía en este dulce “pique” para demostrar a propios y extraños de lo que era capaz.

Lamentablemente esto ya se ha ido acabando. El pueblo palmero, poco a poco, está perdiendo su identidad y esto, irremediablemente, llevará a convertirlo en uno más, en una copia clonada de otro pueblo cualquiera falto de la gloriosa historia que el nuestro sí ha tenido.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Archivo de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma, (A.P.N.), Andrés de Chavez, 1630; Blas González Ximénez, 1656; Pedro de Escobar, 1678; Pedro Dávila Marroquí, 1687; José Albertos Álvarez, 1742
  • CALERO RUIZ, Clementina; QUESADA ACOSTA, Ana María. La escultura hasta 1900. Centro de la Cultura Popular Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 1990.
  • CONCEPCIÓN RODRÍGUEZ, José. «Exvotos pintados en Canarias», en IX Coloquio de Historia Canario-Americana, tomo II, Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1990
  • FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José: «La Esclavitud y Hermandad del Santísimo Rosario». Diario de Avisos, (24 de octubre de 1963).
  • FUENTES PÉREZ, Gerardo. Canarias: el Clasicismo en la Escultura, Aula de Cultura de Tenerife, Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, 1990.
  • VV.AA.: Gran Enciclopedia del Arte en Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, Gobierno de Canarias, 1998
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista: Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, t. I y II, 1975-1997.
  • PADRÓN ACOSTA, Sebastián. El escultor canario D. Fernando Estévez (1788-1854), Santa Cruz de Tenerife, 1943.
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime: Los Carmona de La Palma. Artistas y artesanos. Servicios de Publicaciones de Caja Canarias, Excmo Cabildo de La Palma, 2001.
  • Idem. Casas y familias de una ciudad histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma. Madrid, 1995
  • – Idem. Fastos biográficos de La Palma, Madrid, 2009
  • PÉREZ MORERA, Jesús: Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad. CajaCanarias, publicación nº 242, Arte 27, 2000
  • Idem. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994.

[*Otros}— Los canarios y San Antonio de Texas (USA)

La traducción es bastante mala, pero así me llegó. Hice las correcciones que me parecieron obvias, pero tal vez caí en lo de «traduttore, tradittore«.

Carlos M. Padrón

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El comienzo de la ciudad de San Antonio, en la provincia de Tejas, esta generalmente asociado con la llegada de 16 familias integradas por 55 inmigrantes de las Islas Canarias.

Por real decreto del Rey de España se fundó la Villa de San Fernando, que fue nombrada así en honor de Fernando VI, el heredero al trono español, que estableció el primer gobierno civil.

Como primeros pobladores, los Canarios —también llamados Isleños— tenían derecho a formar el gobierno de la ciudad, recibir asignación de buenas tierras, y llevar el título nobiliario de hidalgo que viene de Hijo Dalgo y significa «hijo de noble linaje».

Los Canarios se unieron a una comunidad militar que había existido desde 1715, y juntos formaron el núcleo de la villa de San Antonio de Béjar, la que es ahora la ciudad de San Antonio.

Dos años antes, en febrero de 1729, el Marqués de San Miguel de Aguayo hizo pasó un informe a Felipe V, rey de España, en el que propuso que 400 familias se transportaran desde las Islas Canarias, Galicia, o La Habana para poblar la provincia de Texas.

Su plan fue aprobado y se dio aviso a los Canarios de que proporcionaran 200 de esas familias. Sin embargo, el Consejo de Indias propuso que el total de 400 familias fueran enviadas desde Canarias a Texas a través de La Habana y de Veracruz.

El 27 de marzo de 1730, desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife zarpó el barco España con rumbo a las Filipinas Nuevas, o a Texas, como luego se llamaba ese territorio.

En junio de 1730, y antes de que llegara de España la orden de detener ese movimiento, 25 familias habían llegado a Cuba, y 10 habían sido enviadas a Veracruz, y el 09 de septiembre de 1730 llegaron a Quantitlán, un antiguo pueblo azteca cerca de la ciudad de México.

El 08 de noviembre se hizo una lista oficial de esas familias y, en ese momento y debido a los matrimonios, el grupo había aumentado a quince familias y cuatro hombres solteros, para un total de cincuenta y seis personas en la lista.

Los cuatro hombres solteros eran considerados una «familia» y figuran con el número 16. Debido a que no estaban casados, tenían que dividir la propiedad que se concedía normalmente al cabeza de familia.

Se quedaron allí hasta el 15 de noviembre cuando comenzaron el difícil viaje por tierra hasta el río San Antonio. La ruta, trazada para ellos por el gobierno español, les llevó a través de San Luis Potosí, y Saltillo.

Hicieron una corta parada en el presidio de San Juan Bautista, en el Río Bravo, donde antes de partir dejaron los caballos que habían usado.

Bajo la dirección de Juan Leal Goraz, el grupo marchó por tierra hasta el presidio de San Antonio de Béjar, donde llegaron a las once horas del 09 de marzo 1731, un año después de su salida de las Islas Canarias.

Por el momento en que los isleños habían completado su arduo viaje a través del Atlántico y el viaje a Texas, dos viudas encabezaban dos de las familias:

1. María Rodríguez-Provayna, también conocida como María Robaina de Bethencourt, que sólo tenía 27 años y ya tenía 6 hijos que iban desde un mes hasta los trece años de edad. Su esposo, Juan Rodríguez Granado murió en Veracruz el 5 de mayo de 1730. María alegó ser descendiente de Juan de Bethencourt quien a principios del siglo XV logró la conquista de las Islas Canarias para el rey Enrique III de España.

2. La otra viuda cabeza una familia era Mariana Delgado Meleano que tenía treinta años y tuvo tres hijos con edades desde dos hasta dieciséis años. Su hijo mayor fue enumerado como el jefe de la familia 12. Su marido fue Lucas Delgado, quien también murió en Veracruz el 5 de julio de 1730.

El sitio para la ubicación de la Iglesia de San Fernando fue elegido el 2 de julio de 1731, cuando Juan Antonio Pérez de Almazán, capitán del Presidio de San Antonio, designó para ello una plaza central de la villa de San Fernando de Béjar que se convirtió en el centro de la parroquia de San Fernando.

La primera piedra de la iglesia no se colocó hasta tres años después de la llegada de los Canarios, el 13 de mayo 1734. Los retrasos por falta de fondos hicieron que la iglesia permaneciera sin terminar durante más de 20 años, pero finalmente se terminó en 1755. Hoy en día, la Catedral de San Fernando se erige como una de las catedrales más antiguas de los Estados Unidos.

 

Rosa María Padrón fue el primer bebé de ascendencia Canaria nacido en San Antonio.

Bexareño es el gentilicio español para un residente de San Antonio. Desde el momento en que los Canarios llegaron por primera vez, hasta la época de la Revolución, muchas familias del Texas bexareño vinieron a poblar la zona. Muchas se establecieron en La Villa de San Fernando, o se asentaron alrededor de las misiones, en haciendas y en muchos ranchos a lo largo del río San Antonio y sus alrededores.

Junto con los colonos de Presidio, los Canarios formaron la base de la población de San Antonio de Béjar que luchó para crecer durante los próximos 100 años, y en 1762 había alcanzado aproximadamente los 661 habitantes.

 

Para el censo de 1790 había 1.033 personas registradas como residentes en San Fernando de Béjar, sin incluir a los residentes en las misiones de los alrededores. En 1820 había una población de casi 1.600 bexareños.

 

 

Uno de estos familiares bexareños fue Pedro Carlos de Los Angeles Charle. Llegó a la Luisiana de Francia a una edad de entre 18 a 20 años, y cuando Jacinto de Barrios fue nombrado gobernador de Texas llegó a la frontera del presidio de Los Adaes en el servicio militar de Francia, y acompañó al gobernador a San Antonio de Béjar en algún momento entre 1756 y 1759.

En 1760, y en La Villa de San Fernando de Maldonado, se casó con Águeda, hija de Luis Maldonado y de Luisa Manuela Pérez, que era la hija de Cayetano Pérez de Los Adaes, y mayordomo de la misión en 1739.

[Los descendientes Charle Informe]

En 1778, después de la muerte de su esposa, Pedro se casó con María de Estrada y tuvo 2 hijos. Su hija Concepción de Los Ángeles se casó con Ventura Charle Losoya, el hijo de Miguel Antonio Lozoya y de María del Pilar Hidalgo, que había llegado a San Antonio de Béjar cerca de 1770.

Ventura y Concepción tuvieron tres hijos. Toribio Losoya, el mayor, luchó y murió en la batalla de El Álamo. Losoya, la madre de Toribio, su hermano menor, Juan, y su hermana, Juana Francisca Melton, la esposa de Eliel Melton, estuvieron presentes en El Álamo y sobrevivieron al asedio y la batalla.

José Toribio Losoya, también bajo Seguín, fue asesinado en El Álamo en su hora final, y su cuerpo fue quemado con los de los otros defensores.

La familia Losoya probablemente tenía más derecho a estar en El Álamo que cualquiera de los otros no combatientes, ya que los Losoya vivieron durante un tiempo en el recinto de Álamo.

Descendientes [Losoya Informe]

 

José Francisco Salinas, el Alférez, nacido alrededor de 1722, vino a San Antonio de Béjar en 1742, se casó con Margila Chirino, y tuvieron un hijo que se casó con Josefa Salinas en 1811.

 

Francisco Antonio Flores de Abrego llegó a San Antonio de Béjar desde Saltillo en algún momento antes de 1746. Se casó con Rosa Hermenegilda Hernández, hija de Francisco Hernández, uno de los colonos originales de Presidio.

Sus hijos y nietos se casaron con miembros de familias establecidas en Béxar, como los Montes de Oca, Rodríguez, y Seguin, por mencionar algunos.

José María Victoriano Flores de Abrego, bisnieto de Francisco, se casó con María Lionides Seguin, la hija del patriota texano Erasmo Seguín Bacerra. Su hija, Josefa Agustina Flores de Abrego, nacida alrededor de 1833, creció en los extensos terrenos de la familia, y el 17 de abril de 1854 se casó en San Antonio con Samuel Williams Barker, quien se convirtió en el primer sheriff del Condado de Wilson.

Cuando su padre murió, Josefa heredó una parte de su patrimonio: unos 200 acres que donó para fundar la ciudad de Floresville

Flores de Abrego Informe Descendiente]

 

Pedro Huízar (o Guízar), nativo de Aguascalientes llegó a la Villa de Béjar en algún momento antes de 1778, y estaba casado con María de la Trinidad Henriques. Pedro y María tuvieron por lo menos 6 niños nacidos en La Villa de San Fernando.

Pedro, que era carpintero y escultor, estaba empleado en la misión de San José y San Miguel de Aguayo, la segunda de cinco misiones españolas alrededor de San Antonio de Béjar. Es conocido por haber esculpido, en la iglesia de la misión, el rosetón y la fachada.

Durante la década de 1790 ayudó a la misión trabjando en las tierras de cultivo en el momento de la secularización, y en diciembre 1790 Pedro Huízar fue el encargado de elaborar los planes para la reconstrucción del Presidio de San Antonio de Béxar y la mejora de sus defensas.

En 1793 recibió una beca de tierra de la gran superficie cultivada por los indios que vivían en la Misión de San Antonio Valero. En 1798 fue nombrado juez en la Misión de San José.

La familia Esparza llegó por primera vez al área de San Antonio de Béjar cuando José Francisco María Esparza y su tercera esposa. Jacinta Gertrudis Briseño. llegaron a la Villa de Béjar de Saltillo, Coahuila, en torno a 1788.

Esparza tuvo 4 hijos, y su nieto, José María Esparza, también conocido como Gregorio Esparza, fue uno de los defensores que murieron en El Álamo. Gregorio, junto con su esposa Ana Salazar y su familia, estaban en El Álamo durante el sitio, y su hijo Enrique Esparza fue testigo ocular de los hechos.

Los herederos de Gregorio fueron clave en la fundación de San Agustín, al sureste de Pleasanton, en el Condado de Atascosa. 

El origen del nombre de Tejas —o Texas— proviene de la pronunciación del español de una india Hasinai, y es palabra que significa «amigos» o «aliados». En el siglo 17, la palabra «tejas» fue usada por los exploradores y colonos españoles para referirse a la indios Caddo del este de Texas.

Los nombres de Tejas y Hasinai fueron utilizados indistintamente por los primeros exploradores españoles que conocían la zona más occidental de indios Caddo como «el gran reino de Tejas».

 

Esta historia se remonta a la fundación misma de la Provincia de Texas, con los primeros colonos de Presidio, y más tarde, en 1731, con las familias de los isleños de Canarias que habían venido a establecerse en los alrededores bexareños.

El término «tejano» proviene de estos tejanos de origen Canario que no eran sólo una parte de la fundación de San Antonio de Béjar y de la Villa de San Fernando, sino que lucharon por la Independencia de Texas en 1836.

El término «tejano» sólo comenzó a utilizarse durante el período inmediatamente anterior a la Revolución de Texas, entre 1821 y 1836.

 

Al final de la Guerra de Independencia de México, en 1821, había alrededor de 4.000 tejanos que vivían en la provincia de Texas. La mayoría ubicados en Nacogdoches, San Antonio de Béjar, y La Bahía del Espíritu Santo(Goliad). Alrededor de 1800, casi la mitad vivían en San Antonio de Béjar.

Muchos colonos anglo-estadounidense, dirigidos por Stephen F. Austin, empezaron a establecerse a lo largo del río Brazos, en 1821, cuando Texas fue controlada por la República de México, recién independizado de España.

En 1830, los 30.000 colonos anglos de Texas superaron a los tejanos seis a uno.

Los tejanos se rebelaron contra la autoridad centralizada de la Ciudad de México, y contra el régimen de Antonio López de Santa Anna. Las tensiones entre el gobierno centralista dictatorial y los colonos de Texas finalmente desembocaron en la Revolución de Texas, que comenzó oficialmente con la batalla de González, el 2 de octubre de 1835, y terminó con la batalla de San Jacinto, el 21 de abril de 1836.

En 18 minutos, el General Sam Houston llevó al ejército tejano a la victoria sobre una parte del ejército mexicano al mando del general Santa Anna.

La República de Texas fue una nación soberana desde 1836 hasta 1845 cuando, con base a los Tratados de Velasco entre la recién creada República de Texas y México. se establecieron las fronteras que abarcaban un área que incluía todo el actual estado de Texas, y las partes del actual Nuevo México, Oklahoma, Kansas, Colorado y Wyoming,

Entre los 56 que firmaron la Declaración de Independencia de Texas el 2 de marzo de 1836, tres eran hispanos: dos tejanos, José Antonio Navarro y José Francisco Ruiz, y el primer vicepresidente de de la República, Lorenzo de Zavala.

Blas Herrera y José Cassiano exploraron el movimiento de Santa Anna en su marcha a San Antonio de Béjar.

Mientras que siete tejanos lucharon y murieron junto a los anglo-americanos en la Batalla de El Álamo, los hombres de San Antonio lucharon con Juan Seguín y Manuel Flores y ocuparon un lugar destacado en la victoria en la Batalla de San Jacinto.

El capitán Juan Seguin comandó a estos valientes nativos tejanos como miembros del Segundo Regimiento de Voluntarios de Texas.

Uno de los primeros tejanos en entrar de nuevo a San Antonio, después de la batalla de San Jacinto, fue el coronel Seguin. Tomó posesión de la ciudad el 4 de junio de 1836. Fue nombrado comandante militar y alcalde provisional de San Antonio.

 

José Antonio Menchaca, miembro de la tercera generación de bexareños y oficial del ejército tejano, cuya familia recibió una subvención de la corona española en 1762, fue un verdadero patriota de Texas a lo largo de toda su vida.

Luchó en la batalla de San Jacinto, desempeñó varios mandatos como concejal, y participó en la defensa de San Antonio cuando el general Adrián Woll dirigió un ejército mexicano en Texas en septiembre de 1842.

Durante la existencia de la República de Texas, sólo cuatro tejanos (desde el Distrito de Bexar) lograron ganar la elección al Congreso de Texas: José Antonio Navarro, José Francisco Ruiz, Juan Seguín y Rafael de la Garza.

 

Otro bexareño, Juan Martín de Veramendi , hijo de Fernando Veramendi, fue elegido vicegobernador de Coahuila y Texas en 1830. Su hija, Úrsula María de Veramendi, se casó con James Bowie.

 

El único tejano que fue juez del condado de Bexar antes de finales del siglo XX fue Erasmo Seguín. José Antonio Navarro, y Chávez Ignacio fueron elegidos para el gobierno del condado como jueces asociados.

 

Para obtener una lista de los defensores de El Álamo, ir a «Los texanos y texanos en el Alamo«, ubicado en el Álamo de Parras sitio Web.

La siguiente sección es una breve biografía de los hombres y mujeres procedente de la Islas Canarias que en 1731 fueron los padres fundadores de San Antonio, así como de los soldados y colonos que vinieron a San Antonio de Béjar muchos años antes de que llegaran los Canarios.

El Capitán José de Urrutia vino de Guipúzcoa, España, poco antes de 1691. Vino a Tejas como miembro de la expedición de Domingo Terán de los Ríos.

Antes de su llegada a San Antonio de Béjar vivió con la Kanohatinos, Tohos, y con los indios Xarames durante siete años. Fue nombrado «capitán general» de todas las naciones hostiles a los apaches, y llevó a cabo amplias campañas contra ellos.

Se reunió con sus compatriotas, poco después de la fundación de San Juan Bautista de la Misión, en 1700. El 23 de julio 1733, cuando Urrutia se hizo Capitán del Presidio de San Antonio de Béjar, ya tenía «cuarenta años de experiencia con los indios en Coahuila, Nuevo León y Texas, y fue probablemente el mejor informado de todos los españoles sobre los asuntos indígenas en Texas. 

 

Juan Banul, maestro herrero, nació en Bruselas, Bélgica, cuando ésta se encontraba bajo el dominio español. Cuando todavía era un hombre joven y con amor por la aventura, viajó a la Nueva España buscando una nueva vida con mejores oportunidades.

En 1719 estuvo en el presidio de San Antonio de Béjar. Dos años más tarde, el joven herrero acompañada al Marqués de Aguayo al este de Texas como miembro de la expedición Aguayo.

Teniendo ya el grado de cabo, Banul ayudó a construir seis misiones y presidios, dos en el este de Texas y Louisiana.

De vuelta en San Antonio hacia 1723, hizo gran parte de la herrería en las misiones de San Antonio de Valero, San José, y San Miguel de Aguayo. En 1730, Juan y María Banul Adriana García, una viuda de Flandes, se casaron.

Pedro de Ocón y Trillo era soldado en el presidio de Béjar a mediados de 1720. Se casó, en 1728, con Ignacia Flores Valdés, quien probablemente era hija de uno de los otros soldados.

En 1746 se casó, por segunda vez, con Juana de Urrutia, hija del Capitán José de Urrutia.

Después de retirarse del ejército, Pedro se trasladó por un tiempo con su familia a Saltillo pero luego volvió a Béjar donde ya se quedó también con su familia. 

 

José Macario Zambrano (Sambrano) se casó con Juana Ocón y Trillo a mediados de 1750. Ella era hija de Pedro Ocón y Trillo, y de Juana de Urrutia.

Macario y Juana fueron padres de 12 hijos, uno de los cuales, José Darío Zambrano, se convirtió en sacerdote de San Fernando. En San Antonio de Béjar, cuando la revuelta de Casas estalló a principios de 1811, se unieron a la contrarrevolución realista encabezada por su hermano, el teniente coronel Zambrano Juan Manuel.encargado de sofocar la revuelta y mantener para España el control de los realistas.

La rebelión de Casas fue uno de los muchos levantamientos contra la autoridad imperial que se desató en toda la Nueva España después de que Miguel Hidalgo y Costilla iniciara en septiembre de 1810 el movimiento para que México se independizara de España.

Sin embargo, en 1821, unos 12 años después de la revuelta de Casas, fue cuando el movimiento revolucionario consiguió finalmente la independencia de México.

La hermana de Juana, María Luisa Ocón y Trillo, se casó con Bartolo Seguin que llegó a San Antonio de Béjar en torno a 1744 y fue el antepasado de la famosa familia Seguin, de Texas. que adquirió fama durante la Revolución.

Juan José Montes de Oca nació en 1720. Su padre era de la Isla de Cuba, y llegó a San Antonio en 1741.

Recibió una beca en abril de 1751, cuando declaró que él había hecho varios viajes por su cuenta para traer a los indios al seno de la Santa Iglesia Católica.

Su matrimonio con Marcela de la Peña, en 1742, está registrado en los archivos de la iglesia de San Fernando. Tuvieron 12 hijos. Su abuela, María Leonarda Montes de Oca, se casó con Ignacio Chaves, hijo de Francisco Xavier Chaves, intérprete de la India.

[Montes de Oca] Informe Desendants, [Chaves Desendants Informe]

Biografías: Bexar Genealogy