[*Otros}– Volcán Teneguía (Fuencaliente, La Palma)

28-04-13

Carlos M. Padrón

En julio de 2006, a pocas semanas de haber comenzado yo este blog, publiqué el artículo El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular (1) en el que narré los detalles de las diferentes etapas de esa erupción —explosión, columna de humo «sólido», lanzamiento explosivo de rocas incandescentes, emanación de polvo, y fluir de la lava— tal y como los viví cuando yo tenía apenas 9 años de edad.

Entonces no se hacían videos ni se tomaban fotos a color; no al menos en La Palma de 1949. Sin embargo, volcán es volcán, y para ilustrar alguna de las etapas por las que el Cumbre Vieja pasó, adjunto un vídeo —cortesía de Mary Carmen Barbuzano— tomado al que fuera el siguiente volcán palmero: el Teneguía, que hizo erupción en 1971.

Se le llamó el «volcán del turismo» porque su cráter, ubicado en el municipio de Fuencaliente, atrajo mucho turismo porque estaba entre la costa y el tramo de la carretera de circunvalación que pasa por ese municipio, y más cerca de ésta que de aquélla, por lo cual desde esa carretera se tenía una vista privilegiada del cráter y de todo lo que en él pasaba.

Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download. Todo lo que puede verse en este archivo podría ser aplicado al Cumbre Vieja.

(1) NotaCMP.- De forma para mi sorpresiva, y por demás desagradable, este artículo ha cobrado actualidad siete años después de publicado porque alguien entendió que en él ofendí la memoria de un pasense a quien admiro y cuyo nombre ni siquiera mencioné en el tal artículo.

[*Otros}– El gofio: de manjar dietético a sustituto para la harina en Japón

25/04/2013

Una empresa Canaria vende, en los supermercados nipones, y en Estados Unidos y Alemania, este tipo de harina tostada.

El gofio Canario, un manjar dietético, natural e integral, presente en muchos platos de la gastronomía de Canarias, da el salto a Japón, donde una empresa familiar lo promociona en sustitución de la harina kinako, elaborada a base de habas tostadas y molidas, y utilizada para hacer dulces.

El empresario José Luis García, propietario de La Molineta, un molino de gofio que su tatarabuelo puso en marcha en Tenerife en 1886, se ha propuesto vender el gofio, un tipo de harina tostada, en los supermercados de Japón, tal y como ya lo hace en Estados Unidos y Alemania.

«Hay muchas posibilidades en Japón, llevamos dos años ya allí», manifiesta José Luis García en una entrevista a Efe, en la que explica que su empresa ha impulsado una página web en cinco idiomas, entre ellos el japonés, en la que se explica qué es el gofio, y se ofrecen varias recetas.

Aunque de primeras la combinación de sushi y gofio en un mismo plato sea difícil de visualizar, este emprendedor asegura que el mercado japonés tiene interés por el producto Canario, que se puede degustar en forma de mousse, magdalenas y helados.

No obstante, en Canarias, de donde es típico, se asocia de forma tradicional a otro tipo de comidas, como el escaldón, compuesto por gofio y cazuela de pescado rociado de mojo; o el frangollo, un postre que mezcla gofio, leche, huevo, canela, limón, pasas y almendras1.

Estos platos, cotidianos en los fogones de las abuelas, dan paso a otros más «universales» que traspasan fronteras y presentan el gofio en los hogares extranjeros como un alimento natural ideal para los desayunos en los meses fríos de invierno.

La Molineta ofrece diferentes tipos de gofio elaborados con distintos tipos de cereales y tuestes: unos enfocados para niños, con tres cereales; otro para jóvenes, que contiene siete cereales; y el tradicional que, en el caso de Tenerife, es el de trigo, y en el de Las Palmas el de maíz.

También hay gofio para diabéticos, que no contiene sal y está más tostado; para las personas que necesitan fibra en su dieta, a base de cebada; y la joya de la corona es el gofio elaborado con garbanzos, con una textura y un aroma exquisitos.

Estas innovaciones se suman a otras, que, aunque menos tienen que ver con seducir los paladares de los clientes, hacen por mejorar la sostenibilidad de la empresa, que intenta eliminar el plástico de los envases, prefiriendo el papel, y lleva a cabo un proyecto con la Universidad de La Laguna para desarrollar un horno tostador que funcione con energías limpias.

El I+D+i y la tradición se dan la mano en este molino de gofio, situado en el centro de La Laguna y donde cada día acuden madres buscando el mejor alimento para sus hijos, deportistas y, en general, personas preocupadas por una alimentación natural.

Así lo asegura el empresario, que cuando tomó las riendas del negocio se propuso dar a conocer el gofio, que también se vende en Estados Unidos, donde se toma en batido frío como la horchata.

«Nuestra filosofía no es vender», continúa José Luis, quien, entre bromas, indica que La Molineta es una microempresa «y no la Coca-Cola», cuyo sentido es crecer en consonancia con las ventas, que dice que han caído con la crisis económica.

Aunque en la calle se diga lo contrario por lo barato que es adquirir este producto, el empresario confiesa que la crisis económica afecta al negocio, que ha visto cómo muchas de las pequeñas ventas a las que surte cierran sus puertas.

Pese a ello, José Luis no pierde el ánimo ni las fuerzas para seguir adelante con su molino de gofio, donde empezó haciendo unas prácticas de verano y donde ahora pasa el mayor tiempo del día atendiendo a sus clientes, saboreando el gofio y pensado en la próxima innovación.

Fuente: La Vanguardia

(1) NotaCMP.

  • Sí, por siglos, el gofio fue parte primordial de la dieta del Canario, sobre todo del campesino.
  • Lo de dietético no significa que sirva para adelgazar.
  • En El Paso no se le dice escaldón sino potaje.
  • Y en la lista faltan, además del «gofio escaldado» (el mezclado y revuelto con el caldo del potaje), el «leche con gofio», que, al menos hasta mis tiempos allá (final de la década de los ’50s) fue nuestro desayuno diario, y que es una delicia si la leche que para él se usa es recién ordeñada.

[*Otros}– Agustín de Betancourt y Molina, el ‘Leonardo Da Vinci’ Canario

Aunque muchos no conozcamos en profundidad a Agustín de Betancourt y Molina —su nombre completo era Agustín José Pedro del Carmen Domingo de Candelaria de Betancourt y Molina—, y nunca haya tenido él su merecido reconocimiento, fue como un «Leonardo da Vinci» Canario, nacido en el Puerto de la Cruz (Tenerife), en 1758.

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(Agustín de Betancourt y Molina)

Fue tan prolífico y genial como el italiano —cada uno a su tiempo, obviamente—, pues entre sus inventos se cuenta,

  • Una máquina epicilíndrica de hilar seda.
  • La máquina de vapor de doble efecto, parecida a la de Watt pero de superior rendimiento.
  • Un horno de destilación de hulla,
  • El trípode para romper cañones,
  • Un molino de subir agua,
  • Una máquina para cortar hierba
  • Los andamios de elevación de las columnas del Pórtico de San Isaac, en San Petersburgo.

Creó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales, fue director General de Correos, Consejero de Hacienda, etc.

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(Estatua de Agustín de Betancourt y Molina, en el Puerto de la Cruz, Tenerife)

Como quiso dibujar bien para sus diseños, se presentó en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla. Allí no fue aprobado, sino que ¡le hicieron Miembro de Honor de la Academia!

Fue gran matemático, ingeniero hidráulico, de minas, de caminos y canales, y dominaba la mecánica.

Unió Madrid con Aranjuez mediante telegrafía eléctrica el año 1797, es decir 47 años antes de que Samuel F. B. Morse lograra enviar sus puntos y rayas por un cable. Lo hizo cuando aún le faltaban 5 años a Alejandro Volta para descubrir la pila de corriente eléctrica, es decir, cuando aún no existía la electricidad que hoy conocemos.

Utilizó impulsos electrostáticos de la descarga de unas botellas de Leyden (antiguos condensadores eléctricos), cargadas con una máquina de Whimshurt, adelantándose casi 200 años a su época.

Los impulsos iban en codificación binaria en octetos, o conjuntos de 8 bits (cómo las computadoras) mediante 8 cables. Pero se adelantó tanto a su época que la electricidad que pudo usar (estática) no era fiable, por lo que se dedicó a perfeccionar la telegrafía óptica tipo Chappé.

Y así, el ingeniero Canario del que hablamos, llamado Don Agustín de Betancourt y Molina, tuvo una idea genial: Utilizó una «T» que giraba por su centro de gravedad con un timón similar al de un barco, con 36 brazos, con lo que podía representar 10 números y 26 letras. Los operadores no necesitaban saber los códigos, porque las letras estaban anotadas en el timón que posicionaba la gran «T» exterior.

El sistema era mucho más sencillo, efectivo y rápido que el de Chappé, funcionó entre Madrid y Cádiz, Madrid y Bayona, Madrid y los Reales Sitios de Aranjuez, El Escorial y Segovia, e incluso el propio Napoleón dijo que quería que en Francia se instalara un telégrafo «como el de Cádiz».

El mismísimo Chappé no lo permitió, porque su propio telégrafo iría al rincón de los olvidos y él era Director General de los Telégrafos franceses.

Godoy, Príncipe de la Paz y afrancesado, denunció a Betancourt por su herejía de decir que también podía enviar la palabra por medio de un cable electrizado, lo cual sonaba a brujería, y Betancourt tuvo que salir a toda prisa de España, pidiendo asilo en la embajada rusa.

A finales de 1807 viajó a San Petersburgo invitado por el Zar Alejandro I de Rusia y permaneció allí durante seis meses. Tras regresar a París para presentar con Lanz el Ensayo, regresó a Rusia donde permaneció hasta su muerte al servicio de Alejandro I.

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Medalla, emitida en Rusia, para conmemorar los 250 años del nacimiento de Agustín de Betancourt

Llegó a ser mariscal del ejército ruso, quedó adscrito al Consejo Asesor del Departamento de Vías de Comunicación. Posteriormente fue nombrado Inspector del Instituto del Cuerpo de Ingenieros y, en 1819, Director del Departamento de Vías de Comunicación.

A lo largo de los 16 años de su estancia en Rusia alternó la dirección académica del Instituto de Ingenieros con numerosas obras públicas, como

A partir de 1822 comenzó a tener problemas con el Zar y fue sustituido en la dirección del Instituto, quedando relegado hasta su muerte, ocurrida en 1824.

En 2008 se emitió en Rusia un sello (imagen de la derecha) conmemorativo celebrando los 250 años de su nacimiento,

A su muerte, en 1824, comenzó a utilizarse un telégrafo óptico con transmisión binaria de 10 bits que permitía 1.024 signos diferentes.

Fuente: Museo Elder

Rescatado para este blog por Manuel Alberto Gutiérrez

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COMENTARIOS

Roberto
Gracias a los dos, Carlos y Don Manuel A. Gutiérrez, por recordar a este ilustre e insigne canario que no ha recibido todavía el homenaje que se merece.

Aquí, junto a mi casa, en el Instituto Cabrera Pinto, de La Laguna (Tenerife) sí que le hemos honrado con un pequeño acto.

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutierrez V..

Sí, amigo Manny, me dijiste eso, pero ocurre que yo no recordaba la existencia de ese ilustre Canario, y menos recordaba haber distribuido algo acerca de su obra. Por tanto, lo tuyo fue para mí un rescate. Gracias d enuevo.

Manuel A. Gutierrez V.
Estimado Carlos, debo recordarte que el rescate mencionado está dentro de un archivo de respaldo titulado “Correos especiales (para mí) enviados por CMP” . Este tiene fecha 07/04/2003. O sea, acaba de cumplir diez años, y es, además de educativo, maravilloso.

Gracias otra vez.